Chapter Text
Jaekyung llevó el cigarro a sus labios, lo encendió y dió una calada profunda, una sensación áspera rozó su garganta y aguanto las ganas de toser, poco a poco se ha acostumbrado a esa sensación. La primera vez tosió de forma incontrolable, estaba solo en su casa y necesitaba algo que lo ayudará a tranquilizarse, no deseaba acercarse al alcohol o las drogas, el cigarro fue la opción más “amigable” que estuvo a su alcance.
Quería poner en calma su jodida mente. Su padre había muerto, su madre le pidió que no volviera a hablarle después de contarle que tenía una nueva familia; seguro era la esposa y madre ideal para alguien más, quizás le brindaba su cariño incondicional al hijo deseado mientras Jaekyung solo prometió cumplir su petición y recordarse que fue un niño abandonado y sin amor, un huérfano que está por su cuenta en la vida.
Un sabor parecido a madera quemada se instala en su boca, al principio era desagradable, pero no tanto como el sabor metálico de la sangre, las peleas callejeras eran una gran oportunidad para sacar la rabia y el dolor que sentía por dentro, aparte la paga era buena cuando ganaba así que no podía quejarse. Había decidido abandonar el boxeo, de todos modos su sueño de ser rico y darle una buena vida a su madre ya no tenía sentido.
Cada calada logra relajar sus hombros, deja de ser tan brusca como la inicial, su cuerpo la espera con anticipación; siente como el humo se va a su pecho y una efímera calidez se instala en su interior, exhala y el humo dibuja una nube gris en el aire dejando el rastro de un olor penetrante que se adhiere a su cabello y ropa. Al principio solía ser molesto para Jaekyung, pero ahora ya le da igual. Mira con indiferencia las nubes grises que él mismo crea y deja que sean parte de su vida.
Al diablo lo que pueda pasarle a su capacidad pulmonar, quizá su padre estaba en lo cierto, y su línea sanguínea estaba destinada al fracaso, no le importaba morir joven, o morir en lo absoluto, la muerte era lo único certero que había en la vida. Estaba solo y a nadie le importaría si él desaparecía de la faz de la tierra.
Sus días se pasaban entre peleas, meterse en problemas y escapar a toda velocidad en un motocicleta que parecía ser su única compañía, la adrenalina inundaba su ser y mitigaba el dolor que había en su cuerpo. Por unos breves instantes estaba libre y no había pensamientos destructivos en su cabeza. No sé arrepentía de sus acciones y no se sentía un fracaso. Pero esa calma desaparecía tan pronto como llegaba; las noches eran más difíciles pues la soledad se volvía sofocante, un recordatorio constante de su situación, dormir era una tarea casi imposible para él.
Nubes grises cubrían el cielo en su totalidad, estaba a punto de empezar a llover, Jaekyung estaba solo en el callejón detrás de una tienda de conveniencia, era un lugar tranquilo para él, ninguno de los maleantes con los que solía pasar el rato pasaba por ahí. Seguramente porque la estación de policía estaba a la vuelta y varios estaban a una detención más de pisar la cárcel. Él también había tenido sus roces con la ley por daños a la propiedad, nada tan ilegal como los otros chicos con los que frecuentaba.
La lluvia se convierte en compañera de Jaekyung, toma un cigarro y lo lleva a su boca, lo enciende y observa la llama del encendedor hasta que su dedo se aparta y la luz se extingue, el callejón está en penumbra y está bien porque él está familiarizado con vivir en las sombras.
Exhala y el humo que sale de su boca se convierte en un espiral que desaparece cuando una gélida brisa sopla hacia su dirección, el frío cala sus huesos y la lluvia pasa de ser ligera a convertirse en un aguacero violento que empapa todo a su paso.
Cuando menos lo espera un chico corre hacia el callejón buscando refugio, aunque parece algo inútil pues su ropa se ve empapada. Su cuerpo tiembla y sus labios están cerrados con fuerza para evitar que sus dientes castañeen, está tan concentrado en no morir de frío que la presencia de Jaekyung pasa desapercibida para él, de igual manera no planea irse hasta que la lluvia pare.
El desconocido es joven, delgado, con cabello castaño y un par de centímetros más bajo que Jaekyung, nadie fuera de lo normal, excepto por su mirada melancólica, sus ojos parecían transmitir cierta tristeza que podría pasar desapercibida para muchos, pero Jaekyung la noto ya que sus ojos reflejaban el mismo sentimiento. Decían que las almas atormentadas se reconocían entre sí.
El chico tomó un cigarro de un paquete casi vacío y lo llevó a su boca, dejándolo ahí unos instantes antes de buscar su encendedor en el bolsillo de su pantalón, quería entrar en calor y fumar parecía la única forma de conseguir un poco de alivio; tras unos segundos de búsqueda se dio por vencido, no lo tenía con él, quizás lo había olvidado en casa o perdido.
Sus hombros caen con desgano y está a punto de guardar su cigarrillo. Jaekyung notó su infortunio y hace algo inusual, se acercó y prendió el cigarro del desconocido con su propio encendedor. La pequeña flama destella e ilumina sus rostros por unos segundos, sus miradas se encuentran revelando un sentimiento de cansancio y dolor común.
Jaekyung se aparta en cuanto el cigarro del extrañó está encendido, aquello fue demasiado impulsivo de su parte, no debió acercarse, bastaba con ofrecerlo o simplemente ignorarlo, que no tuviera con que prenderlo no era problema suyo.
Da una última calada a su gastado cigarrillo antes de tirarlo al suelo y aplastarlo con la suela del zapato. La lluvia sigue cayendo pero ha perdido intensidad, debería irse de una buena vez.
El chico alejó el cigarrillo de su boca antes de hablar, tomándolo por sorpresa.
—Gracias —exclamó una voz en tono amable, Jaekyung nunca lo admitiría pero le resultó agradable escucharla. Era la primera vez en mucho tiempo que alguien le agradecía algo.
Se encogió de hombros y dió media vuelta evitando mirarlo. Las gotas de lluvia lo acompañaron hasta llegar a casa.
