Work Text:
Diosito no sabía si creía en Dios, en los ángeles, o en los demonios, pero cuando lo veía a él, creía, no sabe en qué, pero creía.
Pastor representa para Juan Pablo, lo que Dios representa para un creyente, todo.
Y cuando le mira, con esos ojos de borde, cansados y ojerosos, cree en los ángeles y es devoto a uno solo, a él.
Piensa entonces que si Miguel le pidiera que le rece de rodillas, él lo haría al toque, y; en sus pensamientos más indignos, se imagina de rodillas con él enfrente, pero ahí, no reza.
No se ha atrevido, porque se siente mal consigo mismo, le da vergüenza, sin embargo, ha pensado en prenderle una veladora por las noches, mas no quiere ensuciarse derramando cera.
No es que sea puto, pero piensa en Miguel de formas no muy amistosas, lucha con las ganas de meterse toda la merca en la nariz cada que se lo imagina.
Ahí, cuando está a punto de hacerse la paja con la mina linda de la revista, se le viene a la mente Pastor y se da asco, se siente sucio y se le bajan las ganas.
La culpa lo persigue en las duchas, cuando se lo cruza y, casi por inercia, la mirada lo traiciona y mira donde no debería.
Lo que no entiende es porque se abandona y lo sigue a dónde va, siempre atento a cada movimiento, incluso disfruta que Mario lo rete cuando le ve embobado pensando en él, se siente revolucionario, Miguel es eso que Marito no puede controlarle, algo prohibido.
Miguel es eso que le confunde, la sustancia de la que no debería beber pero que ama probar, la que le deja un bajón que le hace sentir culpable pero, que el subidón enérgico, hace que valga la pena.
Aquel elixir al que no controla, ni él, ni Mario, ni nadie; piensa.
