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Tercio de Manzana, Copo de Nieve y Resonancia

Summary:

Finalmente los tres amigos encuentran tiempo en sus agendas para cenar juntos. Una noche prometedora cargada de risas, recuerdos y remordimientos pasados que poco a poco construye los cimientos de algo más.

One Shot

Notes:

Hola que tal, mu' buenas tardes.

Aquí Takato en un fanfic de Love And Deepspace, efectivamente, leyeron bien. No hay donde perderse, prosigamos.

Importante. Que acá la MC va a ser el MC. ¿Motivo? Simple, los jugadores masculinos también merecemos representación. Aunque esto es un detalle menor, no es que tenga mayor relevancia en el one shot más allá de alguna que otra interacción. Que aunque sea el MC pueden imaginarse a sus chicas, vaya. Libertad de expresión.

¿Algo más? Ah, si. Aguante el SnowAppleMc, mi trío favorito y la única relación poliamorosa en la que yo me metería porque es que son tan lindos juntos, ayuda. Necesitamos más contenido del shipp y para algo sé dibujar y relativamente escribir.

Disfruten la lectura, comenten bastante y ya se la saben. Que son casi 14k palabras.

Buenas tardes.

Work Text:

Mi pie había comenzado a moverse inquieto en la entrada de la tienda. Llevaba esperando a Caleb por más de media hora y ni siquiera recibí algún mensaje justificando su atraso o un simple visto.

Yo seguía enviándole mensaje tras mensaje. Uno tras otro hasta directamente empezar a spammearlo enviando emojis sueltos al azar, esperando que al menos no pudiera usar su celular a menos que me respondiera las decenas de mensajes que le estaba enviando por minuto.

Hasta que algo cayó en mi cabeza.

Un avión de papel.

No me molesté en levantar la vista, solo lo desarmé para ver que clase de excusa me ponía esta vez. Era un dibujo que supongo yo era una manzana llorando acompañado de un "discúlpame, sucedió algo".

—Eres tontísimo, Caleb —dije seguido de un suspiro.

Ahí estaba él. A unos diez pasos de mi con cara de perro abandonado, haciéndome ojitos para que olvidara que me tenía de pie como idiota. Sacudí la cabeza y entré en la tienda manteniendo una mueca de disgusto, aunque fuese falsa, conociéndolo entraría corriendo detrás de mí intentando excusarse.

Efectivamente así fue, escuché unos pasos acelerados y un intento por decir algo. Así de mucho lo conocía, no por nada hemos sido amigos desde niños, iba a seguir una disculpa y luego a excusarse echándole la culpa a alguien quien probablemente sería Gideon cuando tal vez lo que pasó es que no supo que ponerse y se le hizo tarde. Claro, a pesar de poder controlar la gravedad el niño debía tomar un taxi hasta el sitio en vez de literal volar hasta acá.

—Disculpa por la tardanza. Te juro que fue algo muy importante que no podía evitar —dijo él. Intentar mantener la cara de póker era complicado cuando ponía esa cara, no podía soportar que estuviera molesto con él y por supuesto que me había aprovechado un poco de eso en el pasado. Como cuando me abandonó por jugar un partido de futbol con sus amigos y me recompensó con una copa de helado enorme solo por lloriquearle a Zayne, me sirvió para chantajearlo más de alguna vez.

—¿Qué hizo Gideon esta vez?

—Si es que Gideon es un pesado. Yo estaba saliendo y que me manda un mensaje diciéndome que pasara a dejarle un recado a su abuela porque la pobre está mal de una pierna —explicó. La verdad me lo estaba poniendo difícil.

—¿No que su abuela se murió la semana pasada?

—Es que no me entiendes, esa fue su abuela paterna. Esta es su abuela materna. Que la gente usualmente tiene dos abuelas, MC.

—Disculpa por no saberme ese dato, yo solo tuve una que encima explotó y ni siquiera pude enterrarla porque no había cuerpo que enterrar.

Se quedó pasmado en el sitio, mirando nervioso a diferentes sitios al darse cuenta de que la había cagado. Yo ya no pude más y me reí en su cara. Era demasiado gracioso molestarlo y además me colocaba las situaciones en charola de plata, si es que no podía enojarme de verdad con Caleb.

—Mira, déjalo. Digamos que te creo que la abuela no muerta, porque no está muerta, de Gideon te pidió algo y no es que se te hizo tarde porque te lo veo en el pelo húmedo.

—Perdón...

—Pero mantén la mentira hasta el final. A la que tengo que perdonar yo es a la doña esa por mantenerme al perro ocupado.

—¿Cómo que perro? —volví a reír y le sujete del collar. Comencé a caminar y por ende él tuvo que ir detrás de mi teniendo cuidado de no chocar conmigo. —No me pasees como si fuera tu perro —se quejó.

No le hice caso y seguí caminando directo hacia los snacks. Recién ahí lo solté y me enfoqué en ver que sería lo que llevaríamos. Íbamos a casa de Zayne, el plan era cenar y pasar la noche charlando de nuestras vidas ya que al fin nuestro horarios coincidían. Podía llegar a considerarse como una pijamada ya que incluimos también el ver alguna película o jugar algo. Y podía sonar como algo un tanto infantil, cosa que el dueño de la casa nos dijo, pero la última la tuvimos antes de que Zayne entrara a la universidad y de eso ya ha pasado mucha agua debajo del puente.

Siempre era yo la que salía con uno o con otro pero entre ellos no había momento en que pudieran coincidir más que mensajes de texto respondidos a las horas. Al final uno era un doctor con una agenda apretada y cuyo horario era casi esclavizante, mientras que el otro trabajaba en la flota y debía hacer viajes de semanas o incluso un par de meses al espacio, así que tenían bastante que conversar.

La cena la haría él. Nosotros llevaríamos el postre y alguna que otra cosa para picar o beber. Solo teníamos claro una cosa que sí o sí debíamos de llevar para Zayne, helado, a poder ser el más dulce que hubiera. Así él podría hacer algo mientras nosotros nos enfocábamos en otra cosa.

—¿Crees que tenga limón? —preguntó.

—Depende de si estamos hablando de unas micheladas o tequilazos.

—Micheladas. Vi que venden unas cervezas de miel y quiero probarlas.

—Creo que tenía jugo de limón. Ni de cerca es limón pero se acerca.

—Deja le pregunto.

Nuestro querido Zayne no bebía alcohol, no porque no le guste, sino porque su tolerancia al mismo es nula. Por lo que ideamos darle el helado mientras nosotros bebíamos sin miedo de que se aburriera o sintiera mal. Igualmente compramos una cerveza sin alcohol por si quería acompañarnos.

Pasamos por el pasillo del alcohol y bueno. Llevamos seis botellas de esa cerveza con miel que Caleb quería beber y una del mismo tipo pero sin alcohol por si nuestro doctor se animaba a beber algo. Considerando la cantidad que llevábamos el siguiente objetivo fueron frutos secos, bastante buenos para bajar el alcohol, y algunas frituras para picotear. Lo último fueron un par de bolsas de gomitas de sabores considerando la cantidad de salado que llevábamos y que el helado no iba a ser para nosotros.

Al pasar por caja recién nos percatamos que parecía que íbamos a una fiesta. En cierta forma me trajo algunos recuerdos graciosos de nuestra época universitaria. Botellones que hacían de diferentes facultades a las que Caleb y yo íbamos sin conocer a nadie a pasar un rato y luego irnos. Aunque en este caso me resonaba más la vez que hicimos una pijamada e invitamos a Zayne. Yo recién cumplía la mayoría de edad y Caleb estaba convencido de que nuestra primera vez bebiendo, ya que Zayne tampoco lo había hecho, debía ser con él.

Era algo bastante precario ya que él había comprado un vino blanco en caja y un tarro de duraznos en conserva. Nosotros estábamos intrigados del por qué la fruta y por qué abrió la caja de vino y echó los duraznos ahí. Luego de que nosotros bebiéramos no salió nada bien. Tanto Zayne como yo morimos y Caleb tuvo que encargarse de nosotros mientras rezaba para que la abuela no se diera cuenta de lo que sucedía y la versión que le dijimos siempre fue que algo de lo que habíamos comprado para comer estaba vencido, pero el aroma a alcohol era bastante fuerte. Dudo que alguna vez nos creyera y más considerando mis lloriqueos porque pensaba que me iba a morir de lo mucho que estaba vomitando.

A pesar de todo fue una buena noche y bueno, también de las últimas noches que pasamos juntos los tres.

Yo fui empacando todo en las bolsas mientras Caleb pagaba. Llevábamos todo lo esencial para una noche cervecera y al parecer Zayne si tenía limones y merquén para poder michelar.

—¿Sabes a qué me recuerda esto? —preguntó Caleb mientras salíamos de la tienda. —La primera fiesta a la que fuimos en la universidad.

—Me acabas de desbloquear un recuerdo que había felizmente olvidado. Yo debí aprender a no acompañarte a más fiestas después de esa —dije riendo. Esa noche había sido desastrosa. Todo lo que pudo salir mal, salió mal. Me quedé esperando a Caleb como un tonto por casi una hora, un par de chicas raras me coquetearon, Zayne tuvo que ir a buscarnos a las 4 de la madrugada, entre otras cosas.

Y aún así lo seguí acompañando a las fiestas que lo invitaban para evitar que se metiera en problemas porque Zayne nunca tenía tiempo para relevarme debido a sus estudios y prácticas. Bueno, hubo una vez que lo acompañó en mi lugar pero al día siguiente al despertarme vi un bonito mensaje que decía "nunca más en mi vida lo acompaño, prefiero morir. Disculpa".

En lo que esperábamos un taxi Caleb me contaba sobre la flota y de algún que otro chisme que había escuchado entre enfermeras y cadetes, obvio estaban inflados de fantasía pero a este punto traducir a Caleb era pan comido.

—Mira, la enfermera que me revisó el brazo de la nada me preguntó si conocía a uno de los cadetes nuevos. Ella estaba MUY interesada porque me dijo que le tocó vendarle una pierna que nunca en su vida había visto tantísimo músculo en una pierna. Entonces me dijo su nombre y yo le respondí que si lo conocía de vista pero que tampoco era una pierna muy destacable, ahí ella me dice que cómo podía estar tan seguro. Ahí yo moví ficha me golpee un poco el muslo y le dije que esta si era una buena pierna. Quedó loquísima —la mitad de eso es mentira. Si le quitamos lo exagerado y lo imposible el chisme real es que una enfermera le gustó un cadete nuevo y Caleb le dio el nombre, ya está. En caso de que de verdad la haya intentado ligar lo más probable es que ella se haya ido.

Así era él. Sus historias siempre estaban cargadas de exageración y drama innecesario que lo dejaban a él como el ser humano más irresistible del planeta, casi como un melodrama de medio oriente con esa cantidad de fantasía. Siempre fue igual. De niños me creía todas y cada una de sus fantasías y ahí iba yo presumiendo que mi amigo era el más fuerte, el más ligón, el más épico y que podía con todo lo que le echaran encima. Por supuesto eso nos metió en más de un problema que tuvo que solucionar la abuela.

Por suerte para mi, tenía a Zayne a mi lado. Él empezó a enseñarme a identificar todas esas situaciones imposibles y la entender mejor la realidad que ocultaban sus cuentos, podría decirse que él me enseñó a traducir a Caleb. Por medio de sus expresiones, hacia donde miraba, el tono de su voz, incluso manías que tenía cuando tenía y lo pillaban. Él podía leer a Caleb como si fuera un libro, no había mentira que le pudiera decir sin que lo atrapara.

Incluso cuando jugábamos juntos, bueno, cuando los padres de Zayne lo sacaban de la casa para jugar con nosotros, regañaba a Caleb diciéndole que no me mintiera y siempre se generaba la situación de Caleb intentando probar que si era cierto lo que decía y Zayne evitando que se hiciera daño o rompiera algo.

Una dinámica que mantuvimos toda la vida. En la escuela y universidad también. Cuando íbamos a buscar a Zayne a su facultad para almorzar y Caleb se jactaba de cómo el profesor lo llamaba un estudiante modelo y que era el mejor de su generación. Yo intercambiaba una mirada cómplice con Zayne y ya rendidos le seguíamos sus fantasías delirantes.

—¿Entonces al fin vas a tener novia? Así me dejas de dar la lata con cada mujer que se te hace atractiva pero que te da pena hablarle.

—¡Oye!

—Que si, que si. Que les das tu número después de impresionarlas a todas y cada una de ellas pero que quedan tan encandiladas por ti que les da cosa hablarte. Se me olvidaba esa parte.

—Cuidado con lo que pides, MC. Que cuando tenga novia no voy a poder usar mi valioso tiempo libre en salir con mi amigo, voy a ser un hombre devoto a su mujer.

—Ya, un perro faldero. Básicamente. Bueno, supongo que aprovecharé que sigas siendo nuestro perro antes que te nos vayas con otra.

Y así siguió. Era agradable y de mucha ayuda para que los viajes se sintieran mucho más cortos. Ya estábamos llegando a casa de Zayne y empezaban a salir tanto la luna como el frío. Esta vez quien pagó fui yo mientras mi perro salió casi corriendo a tocar el timbre. Al salir le entregué una de las bolsas y a pesar de que nuestro doctor estaba saliendo a abrirnos la puerta no me contuve y di un golpe a Caleb en las costillas.

Zayne abrió la puerta y nos recibió con su camisa negra con las mangas cubiertas de harina. El aroma que alcanzaba a sentir de él no me daba algún indicativo de si lo que estaba haciendo era algo dulce o salado. Era masa sí o sí. Ahora, podía tratarse de masa fresca para pasta o repostería.

Nos hizo pasar rápido y nosotros fuimos hasta el salón. Como siempre su casa impoluta, curioso considerando que no pasaba mucho tiempo ahí, creo que ambos pasábamos casi la misma cantidad de tiempo ahí. ¿Quién pasaba más tiempo en su casa? No sabría decir si él o yo. Nunca desperdiciaba el cenar con él cada vez que podía o ir a verlo en sus días libres para hacerle compañía. Incluso tenía algo de ropa que había dejado olvidada en su casa y que nunca me llevé de regreso como un par de pijamas y ropa de cambio. Era útil para planes así en los que me quedaría a pasar la noche.

Creo que paso más tiempo en su casa que en mi departamento y aún así la mía es un desastre en comparación que era cubierto un poco por inciensos que me regalaba Tara. El departamento de Caleb también se mantenía vacío por largos periodos de tiempo y tampoco se salvaba de verse desastroso en ciertas partes.

—Llegan tarde —fue lo primero que dijo. Y mi reacción muscular fue apuntar a Caleb. —Me hago una idea. ¿Otra vez Gideon?

—Otra vez Gideon, si es que es un pesado. Se la pasa pidiéndole cosas y como no sabe decirle que no pues ahí va —seguí el teatrillo exagerando con mis manos.

—Lo siento, me educaron bien. Aparte que vi a su abuelo y-

—Abuela, era su abuela —lo interrumpí.

—Cierto, abuela. Es que su abuela está toda desvalida y apenas puede hacer nada.

Zayne suspiró.

—¿Qué traen ahí? Son bolsas grandes.

—¡Frituras y helado! —Caleb levantó sus brazos emocionado y consigo la bolsa que llevaba.

—¡Cerveza! —lo imité.

Sentía como Zayne nos juzgaba con la mirada considerando que el tamaño de una bolsa era más grande que la otra, obvio la de las bebidas. Yo atiné a abrirla y buscar la que era sin alcohol y se la mostré.

—Pensamos en ti. Por si te quieres poner a tono con nosotros pues tienes esta, es sin alcohol.

Zayne suspiró.

—Mira, Zayne —dijo Caleb, conmocionado. —Que aquí el que debería estar molesto soy yo porque no puede ser que de las 3 o 4 veces que te he visto este año me hayas recibido siempre con la misma maldita camisa negra.

—Me gusta esta camisa, eso es todo.

—Apenas te duermas voy a agarrar esa camisa y le voy a prender fuego.

—Yo no te digo nada por tu collar de perro que llevas a todas partes. Por eso las chicas no te hablan. Ven que ya tienes dueña.

—Gracias por hablar así de mis regalos, eh —ambos me miraron. Esa era nuestra dinámica de siempre, molestarnos entre todos con sutiles puyas. Aunque el objetivo de las bromas por lo general era Caleb.

Empezamos a sacar las cosas de las bolsas para que él las fuera guardando y acomodando. Yo me iba fijando en la cocina y la isla de la misma en la que estaban colocado los platos y cubiertos. Una decoración demasiado elegante para una cena casual. Nosotros tomamos asiento y pude notar como le brillaron los ojos al ver el helado de castañas. Un litro de helado casi completo para él. Mientras, Caleb tenía sus ojos pegados en la decoración de la casa, parecía que era su primera vez ahí.

Observé el horno que estaba encendido y apenas pude ver a través del vidrio que había algo dentro.

—¿Lasaña? —pregunté.

—Claro —respondió.

—Ya que todo se ve tan elegante supongo que nos la irás a servir como en los restaurantes. Con una ramita verde arriba —y miré a Caleb.

—Por supuesto. Una rama de cilantro recién cortado.

—Entonces espero que la salsa tenga bastante zanahoria para que tenga sabor —Caleb infló el pecho, desafiante.

—De toda la gente que podría ser mi amigo fui a agarrar a los dos mañosos que no les gustan justo dos cosas que van en casi todos los platos. Impresionante mi suerte —ambos me miraron feo.

La campanilla del horno sonó, la comida ya estaba lista así que supongo que al final no llegamos tarde. Creo.

Caleb se levantó para ayudarlo a servir mientras yo llenaba los vasos con agua. Un ambiente bastante cómodo y distendido, lleno de bromas y puyas al aire que sirvió para que Caleb se fuera poniendo al día con Zayne sobre una amplia cantidad de temas. Para mi sorpresa eran muchos menos de los que esperaba, asumo que se hablan poco pero los trozos de texto serán algo extensos. Incluso hubieron un par de chismes que Zayne le preguntó que yo no me sabía. Como que los demás coroneles al parecer se andaban metiendo medicamentos sin receta médica, por supuesto que le interesaba ese tema, era su área.

El resto de la cena fuimos nosotros en un pseudo interrogatorio a Zayne para que nos contara que tal su día y un esfuerzo enorme por parte de Caleb de intentar saber más de lo que había estado haciendo y no le decía porque lo único que le escribía era "estoy trabajando, cosas médicas". Y todas las respuestas que conseguíamos eran monosílabos.

Si. No. Quizás. Puede.

Incluso solo un movimiento de cabeza que afirmara o negara. Hablaba más cuando le preguntábamos sobre detalles médicos o si nos podía tirar algún dato aleatorio aunque la mayoría de las veces no fueran lo mejor para oír mientras comes. Ese dato de que los muertos se orinan y defecan es algo con lo que ya no me voy a poder morir en paz o que el comer carne cruda te podría generar triquinosis, que nos explicó como "gusanos en el cerebro". Y justo esos datos turbios nos los decía con una sonrisa en la cara.

No sé cómo pero terminamos la cena sin ascos. Creo que ya estábamos curados del susto con esos datos de Zayne. Recuerdo cómo nos contaba cada cosa rara que le tocaba ver en emergencias.

Cucarachas metidas en orejas. Hematomas horribles causados por chupones de apasionados amantes. Quemaduras de cuerdas y velas de personas que se metían en relaciones más brutas y que no tomaban medidas adecuadas. Aunque las más divertidas eran las que se relacionaban a personas que decidían meterse cosas vía rectal y que se atascaban. Principalmente por lo bizarro que resultaban las escenas que él debía ver, por suerte no es de reírse. Caleb y yo nos habríamos reído en la cara del paciente, aunque bueno, no precisamente en su cara.

Las peores historias siempre eran casos raros que descubría navegando por internet o leyendo los libros de medicina de su facultad. Virus extraños o porcentajes ínfimos pero que existen en nuestro día a día que pueden acabar en urgencias que más de alguna vez nos dejaron sin poder dormir mientras él si lo hacía. Con el tiempo y debido a nuestros trabajos también, le perdimos el miedo y la impresión. Creo.

En lo que él lavaba los platos y cubiertos, Caleb por su lado colocaba las frituras y gomitas en cuencos que dejaba en la mesa de café de la sala. Yo por mi lado me dispuse a hacer mi magia. Cortas un par de limones en gajos y llenar un plato con sal y merquén. Tenía también listos conmigo y procedí a armar las micheladas.

Primero pasando un gajo por el borde del vaso, luego sumergiendo el borde en la mezcla de merquén y sal para escarcharlo, un par de golpes suaves en la base para retirar excesos y después exprimir el resto dentro del vaso y agregar jugo de limón. Finalmente inclino los vasos y sirvo las cervezas frías previamente destapadas.

—Ya sabes como me gustan. Mucha sal —me dijo mientras se tiraba sobre el sofá.

Yo le llevé su cerveza ya lista, por supuesto que sabía cómo armar las suyas, incluso nos faltaba un elemento crucial para que fuesen totalmente de su gusto porque a Zayne no le gustaba y a nosotros se nos olvidó comprar, el tabasco.

—Aquí está su pedido señor. ¿Va a querer pedir algo más? Antes que cocina cierre —dije en mi papel de aparente mesero. Él se rio mientras se sobaba el estómago.

Las porciones que habíamos comido eran bastante generosas. Algo bueno ya que no solo estaba deliciosa, sino que también evitaría que nos emborracháramos rápido y en palabras de Zayne "no quería tener que lidiar con ningún borracho".

Él se acomodó sentándose con las piernas cruzadas, recibió la michelada y se la bebió completa de una sola sentada. Luego de devolverme el vaso para que le hiciera otra me dedicó una ronda de aplausos y halagos por mi habilidad para armar cervezas.

—Ey, tienen que durar. ¿O quieres ir a comprar más a las 2 de la madrugada? —lo regañé.

—Déjame. Hace bastante que no me tomo una cerveza. Me la merezco.

Se serví otra y en lo que se la fui a dar. Zayne estaba sentado en el suelo apoyando su espalda en el sofá.

—Disculpe mesero. ¿Podría servirme una michelada? Sin alcohol, por favor.

Ambos celebramos con gritos y aplausos exagerados por nuestro amigo que iba a beber, a su manera, con nosotros quienes básicamente éramos sus amigos alcohólicos en comparación.

Considerando que sería su primera vez la hice con mucho cariño y orgullo. Un ligero escarchado con más sal que merquén y sin tanto limón para mantener el dulce gusto de la miel. Cuando el vaso estuvo entre sus manos, me senté frente a él para capturar este evento histórico en mi memoria. Caleb estaba a su espalda casi encima de él mirando.

Llevó el vaso a sus labios. Le dio un corto sorbo. Tragó. Y entonces su cara nos dijo todo.

—¿Cómo pueden beber esto? —dijo con sus ojos cerrados. Su mueca de disgusto nos hizo reír. Era imposible que un trago amargo y ácido le gustase pero al menos lo probó. Y nos brindó una expresión digna del recuerdo.

—Me gusta la mezcla —respondió Caleb. —Igual pensamos en esto así que el helado es todo tuyo. Bueno, 90% tuyo.

—Veo una diferencia grande entre 900ml de helado y lo que supongo será litro y medio para cada uno de cerveza.

—Detalles. Minucias. Mira, a nosotros esto nos pasa como agua —resolví.

—No creo que sea algo de lo que debas estar orgulloso. Piensa en tu hígado de veinte años más.

—Salud por eso —dijo Caleb y yo levanté mi vaso para brindar.

Al final el trago no nos lo dividimos Caleb y yo. Zayne, tan lindo él, se negó a dárnoslo porque ya que se lo había hecho a él y habíamos comprado una cerveza sin alcohol especialmente para él, iba a terminársela aunque no le gustase. Claro está que iba bebiendo un poco cada cinco o diez minutos en lo que cubría el sabor casi de inmediato con el dulzor del helado.

Un mensaje de Caleb había llegado a mi celular burlándose "míralo lo tierno que es tomándose la cerveza, es que me lo como". No cubría su risa, es más, estaba riéndose a carcajadas sobre el sofá. Zayne lo regañó diciéndole que no quería manchas de cerveza en su sofá.

A partir de aquí entre risas y las botellas de alcohol que iban poco a poco bajando, entre Caleb y yo, íbamos recordando todo tipo de anécdotas banales. Tanto laborales como pros y contras de cada uno de nuestros laburos como experiencias que hubiéramos pasado juntos. Cosa que a primeras eran historias divertidas en las que salíamos al parque a jugar, nos perdíamos o peleas tontas que teníamos de niños. Pero al ir avanzando en el tiempo rápidamente nos quedamos sin anécdotas en las que estuviera nuestro doctor.

Zayne nunca tuvo precisamente tiempo libre para que compartiéramos. La mayoría son de cuando éramos niños y esto debido a que sus padres lo sacaban de su casa para que jugara con nosotros. Siempre se adecuaba a lo que nosotros queríamos hacer o jugar, al ser el mayor tenía otros intereses. Alguna que otra vez le preguntamos que quería hacer él y se puso a leernos alguno de sus libros del mundo animal y al ver que nosotros nos aburríamos volvía a hacer lo que a nosotros nos hacía felices.

Al ir creciendo si llegamos a tener algunos gustos en común los tres relacionados a películas de terror o un par de videojuegos concretos. Los momentos más abundantes son de él ayudándonos a estudiar y siendo más estricto que nuestros propios profesores.

Y cuando entró a la universidad su tiempo desapareció. En su primer par de semestres nosotros íbamos a verlo para comer algo durante sus ratos libres pero al tiempo Caleb empezó su viaje como aviador y al final yo como cazador de los wanderer. Ya para esos años no había mucho tiempo que pudiéramos compartir juntos. A veces salía con Caleb, otras con Zayne, algunas veces salieron juntos pero hace ya mucho que no estábamos los 3 compartiendo más de media hora sin interrupciones.

Claro, se había revertido pero solo conmigo. En el último tiempo ya que lo veía cada vez que tenía tiempo libre para pasar conmigo, pero por años no fue así. E ir pasando entre historias en las que siempre estaba yo pero nos faltaba el otro... me iba tocando poco a poco una fibra sensible que potenciada por el alcohol me hizo maquinar un pequeño plan en mi cabeza.

Entonces un dedo me apuntó al rostro. Era Caleb.

—¿Qué? ¿Vas en la mitad de tu segunda botella y ya te pusiste sensible? —se veía gracioso con sus orejas y nariz roja. Estaba tendido sobre el sofá como si fuese su casa y arrastraba un poco las palabras.

—Repite eso último que dijiste, no te entendí bien. ¿Ya estás borracho? Como se nota que hace mucho no bebes. Ya no eres el Caleb de antes que se bebía todo lo que le ponían delante.

—Te lo dije. Además que son mega aburridos en los dormitorios. Lo más arriesgado que hacen es hacerse ojos e irse a encerrar a algún lado. No hay música, ni algún borracho que haga de host y mantenga un mood animado —apoyó sus manos detrás de su nuca. —Además, ese Caleb está muerto —increíble, ahora hablaba en tercera persona. —Hizo muchas cosas que lo metieron en problemas innecesarios. ¿Verdad, Zayne?

—Se agradece que maduraras pero no me lo recuerdes. Una sola vez fui a una fiesta contigo y me bastó para nunca más querer acompañarte. ¿Siempre se comportó así?

—Depende porque nunca me dijiste que tan desastroso fue. ¿Qué hizo? ¿Ir de ligón y dando pena con medio mundo? ¿Vomitar en el baño del dueño de casa y morir? ¿Intentar ligarse a una chica con novio? ¿Algún chisme que yo no sepa de él?

—Si, por suerte no, si, no quiero recordar eso —el rostro de Zayne estaba mucho más relajado. Incluso se permitía sonreír mientras hablaba.

Con eso me hice una idea general de lo que había pasado esa noche. Al final nunca me dijeron y cada vez que les preguntaba me evadían la pregunta.

—Pues no tuviste la experiencia Caleb completa, una lástima —lloriqueé.

—Una lástima para mi. Imagina haber tenido que cargarlo después de que vomitara.

—¿Qué lástima por ti? ¡Lástima por mi! Es que tú no sabes lo que fue, mira —me reacomodé en mi lugar, mucho más animado. —Yo estaba tranquilo tomándome un vodka con jugo cuando este tipo enorme llega tambaleándose y me dice que se siente mal y que lo ayude a ir al baño a vomitar. Lo llevo al maldito baño, lo ayudo a arrodillarse sin que se cayera y al intentar salir me dice que no lo deje solo ahí. Si es que es un desgraciado.

El susodicho estalló en carcajadas mientras mi mente era atacada por flashbacks poco agradables pero necesarios por si necesito de su ayuda a futuro.

—Cuestión que me quedo con él ahí y que intenta vomitar, y no le sale. ¡Y que me pide ayuda! —me llevé las manos a la cabeza para enfatizar el drama. — Yo le dije que se metiera los dedos en la boca y que así iba a vomitar. ¿Sabes que me respondió el bastardo?

—Sorpréndeme —Zayne apenas se aguantaba la risa.

—Me dijo que le daba asco. ASCO. Y que si le podía meter yo lo dedos para que vomitara. Le digo que no y me empieza a hacer escándalo. Que no lo quería, que no era su amigo y que sentía que se iba a morir. Me acuerdo y te juro que le rompería un vaso en la cabeza.

—Espera —me interrumpió Zayne. —¿Qué tan asqueroso es el remate de la historia?

—Pues que accedí a meterle los dedos en la garganta y me vomitó la mano. Que agradezca que no usa el pelo largo porque se lo habría sujetado con esa mano —le di un trago a lo que quedaba en mi vaso para calmarme un poco. —¡Pero lo que más me molesta! —hasta que recordé más detalles. —Después de eso murió y tuve que cargarlo en la espalda. Acostarlo en una cama de la casa y cuidar que no vomitara de nuevo para que no se ahogara, no dormí NADA de la preocupación.

—Basta... me duele de tanto reír... —Caleb se sujetaba el estómago.

—Esa es fácil de las peores noches de mi vida.

—¿Tienes un top del tema? —preguntó Zayne, intrigado.

—No lo sé, solo tengo claros los dos pesos pesados y esa es una.

—¿De casualidad la otra es...? —Caleb había dejado de reírse y pude ver en su mirada que pensamos en lo mismo. —No. MC, no por favor. Esa si me da vergüenza.

—¡Ah! ¡Conoces la vergüenza! Tremenda novedad para mi, te juro.

—Esto quiero saberlo yo, cuenta —Zayne estaba muy interesado. —Habla, habla.

—La primera fiesta de universidad a la que fuimos. Fue en la facultad de biomecánica así que no conocíamos a nadie, llegamos solo porque un tipo nos dejó un volante —apoyé los codos sobre la mesa y le lancé una sonrisa a Caleb para que se le bajara un poco la vergüenza que le tenía el rostro más colorado que un tomate maduro. Llegamos y sabes cómo es Caleb. Pecho palomo que se las liga a todas y en realidad ninguna cae. La cosa es que se juntó un grupo para jugar a la botella y este don me agarra del brazo y me lleva allá para jugar. Todo bien porque si nos tocó algún beso con las chicas que bastante guapas eran.

—¿Vas a narrar toda la noche? —Caleb se había volteado para darnos la espalda. Zayne solo apoyó su mano sobre su cabello para acariciarlo y dejar algún palmadita esporádica como si fuera un perro.

—Para que veas lo mucho que me marcó. Yo me levanté y fui al baño, todo bien hasta que vuelvo a la mesa y veo a este en un beso con otras dos chicas. Yo ahí dije, aquí lo dejo, voy a ver que me depara el destino y me acerqué a otra chica que estaba bastante bonita —solté un suspiro para dar paso y dramatismo a la parte más densa. —De la nada me causa curiosidad saber dónde estaba y que lo veo caminando sujeto de la mano de una de las chicas. Detrás de esta iba el novio y entran los tres a una de las habitaciones. Doy paso al acusado para que testifique su versión de los hechos.

—No quiero dar declaración.

—La cosa es que de pronto recibo un mensaje suyo diciéndome que lo espere y no me vaya y me tuvo esperando su media hora más o menos. Y cuando este sale de la habitación y yo justo me estaba acercando más a esta chica de antes me dice que nos vayamos. Obvio hiper borracho que se me tiró encima para no caerse y partirse el cráneo. La chica no me creyó que era mi amigo, se incomodó y se fue. Señor juez, juzgue.

—Tremendo amigo —fue todo lo que dijo.

—Por eso decía que ese Caleb ya está muerto. No me relacionen con ese sujeto, no lo conozco —se volteó a verme todo colorado mientras me ponía sus ojos de cachorro abandonado. —Necesito otra cerveza —y yo le armé otra. —¿Podemos hablar de algo que no sea yo? Ya sé que les encanta hablar de mi pero veamos. Me gastan.

—Así que por eso me llamaste a las 4 de la mañana —Zayne se sujetaba el mentón. Como si en su cabeza estuviera uniendo cabos sueltos. —Interesante.

—¿No le vas a decir nada? —me quejé.

—No soy su padre.

—Que buena persona eres, Zayne. Joder —Caleb se reacomodó para abrazarlo. Zayne se dejó mientras solo asentía con la cabeza.

—Así que te metiste con una pareja —dijo perplejo.

—No. O sea... si pero no... fue raro. A ver —se sentó bien en el sofá. — La cosa es que sí, ella me había invitado a algo con su novio y yo como iba más para allá que para acá, accedí. Pero ya en la habitación yo estaba a besándola a ella y su novio se pegó a mi espalda. Digamos que... —bajó el volumen de su voz. —digamos que me asusté. Y me inventé que iba al baño rápido y bueno. Quería irme.

—Zayne... revisa si está bien... está hablando de la realidad sin fantasía alguna.

—¡Oye! —me sacó la lengua. —Al final no sucedió nada.

—Pues mira, me había creído que la cosa había sido más intensa. Al final me tuviste esperando media hora.

—A ver, que era un rato la chica conmigo, luego con su novio y después volvía conmigo.

—¿Y no quisiste ir hasta el final? —Zayne estaba curioso. —¿O solo no son lo tuyo los hombres?

—Creo que fue porque fue raro. Pero no raro porque fuera raro. Raro porque no se sintió raro... ¿se entiende?

—Más o menos —respondió Zayne. Mientras volvía a acariciarle el cabello. —Como pregunta... ¿no te generó dudas?

—¿No? ¿Quizás? La verdad no lo sé. No me lo planteé mucho más, además iba borrachísimo.

—Veamos, una situación así en ambiente de fiesta tampoco significa mucho. Besos de amigos, besos de amigas —opiné. —En ese contexto supongo que da igual mientras no se produzca algún tipo de abuso, obvio.

—¿Y... ustedes? —Caleb nos rebotó la pregunta.

Medité un poco mi respuesta. Tenía una respuesta a medias y no quería expresarla de manera errónea y tener que dar explicaciones innecesarias. Y el alcohol en la sangre no me estaba ayudando.

—Nunca me lo he planteado —Zayne respondió antes que yo. —En general, me refiero. Ni hombres ni mujeres. No he tenido citas, ni tiempo u oportunidades para pensarlo.

—¿Nada? —pregunté.

—Estaba muy enfrascado en estudiar y una vez terminé la carrera mi mayor interés era ser cada vez mejor y mejor doctor. Más de alguna vez me hicieron propuestas de citas o encuentros casuales pero siempre dije que no —entonces ambas miradas se pusieron sobre mi.

—Yo lo veo.. yo lo veo como que a cada uno le gusta lo que le gusta y ya. Darle un beso a alguien no tiene por qué tener una implicancia romántica necesariamente. Por ejemplo yo a ustedes si les daría un beso y me daría igual, supongo.

—¡¿Que te damos igual?! Eso está feo, MC —se quejó Caleb, haciendo un puchero.

—A ver, en el caso de ustedes me daría igual pero porque ustedes saben lo importantes que son para mí y ya. Al final el beso solo sería mantener una forma de expresarles el cariño. Pero con otras personas en una fiesta pues solo sería algo de fiesta y ya. ¿Se entiende?

Zayne asintió.

Los cuencos ya estaban empezando a vaciarse y yo abrí mi última botella de cerveza. El pequeño picor que tenía en el pecho antes ahora se sentía cada vez más y en lo que ellos charlaban de sus perspectivas sobre los besos entre amigos, ambos llegando a una conclusión muy similar a la mía, yo até los detalles finales del plan que tenía en la cabeza de hace un rato.

Así que apenas terminaron de hablar yo ofrecí que jugáramos algo. Ninguno se veía con sueño y nos quedaba bastante noche por delante aún, apenas llegaban a ser las 1 de la madrugada.

Caleb volvió a sentarse con las piernas cruzadas y abrazado del cuello de Zayne preguntó qué tenía en mente. Obvio habrían shots involucrados. Yo respondí que un simple verdad o reto, aunque la parte de reto nos la podíamos saltar así que sería un verdad o shot. Si teníamos preguntas incómodas que quisiéramos hacer era el momento ya que a saber cuándo nos volveríamos a juntar así.

Podía ser trillado o cliché pero sabía que hacer para que aceptaran de inmediato. Solo tenía que desafiarlos con un "acaso no se atreven" y listo, entraron al juego. Bueno, en realidad Caleb pero con eso bastaba para ser un 2 contra 1 y que se hiciera el juego.

Zayne se sirvió la segunda mitad de la botella que le quedaba. Al menos el juego le serviría para bebérsela. Y aunque nosotros nos volviéramos a ofrecer para bebérnosla se negaba. Eso haría que Caleb intentara hacer las preguntas más incómodas posibles para que se la pasara tomando. Tendría que combatir contra eso pero si hacía las preguntas necesarias podría llevar el juego por la vertiente que quería.

Como siempre las primeras eran cosas tranquilas, a lo mejor un recuerdo incómodo o mentira que nunca hayamos confesado. Al final solo era cosa de tiempo para que se empezara a caldear un ambiente que con la pregunta necesaria empezara a caer una bola de nieve.

Tal cuál.

—MC —Caleb me apuntó. —¿Prefieres pasar el tiempo conmigo o Zayne? —ni siquiera lo pensé. Me bebí el shot.

—Paso de herir egos. A ver, Zayne. ¿Alguna cosa que hayamos hecho que te haya hecho sentir mal y nunca nos hayas dicho? —intrincado y dejaba bastante a la vista a donde iban a dirigirse mis preguntas pero había que hacerlo eventualmente. Quizás no tuviéramos otra oportunidad para sincerarnos entre todos.

—No voy a responder —bebió. La verdad me impresionó un poco. Porque podría haber dicho que no había nada o bueno, él es muy directo y no le tiembla la voz en decirnos nuestras verdades a la cara, así que debe haber algo ahí que de verdad lo haya afectado. —MC. Dame tu teléfono y déjame enviar un mensaje.

Memoria muscular, me tomé un shot. Si hubiera sido Caleb se lo pasaba porque dentro de todo es bastante infantil y lo que mandara no se lo creería nadie. Pero Zayne... me generó un escalofrío siquiera pensar en lo que podía llegar a enviar. Él sique tiene información sensible y el intelecto para hacerme caer, paso.

—Caleb —dije. —Si tuvieras que darle un beso a alguien de aquí, ¿a quién sería?

Ladeó su cabeza pensando y entonces me hizo una señal para que me acercase.

—Amigo, era una pregunta nada más. No estamos jugando con retos —sonreí.

—Solo es un beso de amigos —dijo él, riendo.

Me levanté y me acerqué a ellos, en lo que yo acercaba el rostro, él ladeó el rostro de Zayne para incluirlo en el beso.

—Mientras nuestras manos no se toquen, todo bien —reí.

Y entonces sucedió. Un suave y corto beso entre los tres.

—Saben a alcohol —se quejó Zayne.

—¿Alcohol? ¿YO? —ironizó Caleb. —MC, dale un beso. No es pregunta, es reto.

Sacudí mi cabeza y bebí. Luego le saqué la lengua a Caleb. Quizás ya era hora de hacer una de las preguntas que tenía guardadas, antes que todo se fuera más de madre.

—Zayne, pregunta. ¿Tienes algún remordimiento?

—Muchos. Como todos, supongo. Si tengo que contar uno... cuando no los acompañé a comer hamburguesas — mi mente se detuvo intentando recordar cuándo había sido eso. —Fue cuando terminaste secundaria.

Caleb chaqueó sus dedos. —Fue la vez que nos salió una cucaracha en el pan y nos dieron una orden familiar como compensación. ¿Te arrepientes de no ir?

—Claro. Suena como una nimiedad pero habría sido divertido. Además que a la semana cerraron el local —la verdad si esperaba una respuesta que fuera por ahí. Pero algo mucho más reciente. No algo de lo que estaba entre las lagunas de memoria. — Caleb, misma pregunta.

—Arrepentimientos... quizás el no haber ido a tu última fiesta de cumpleaños por haberme enojado contigo —otro recuerdo de infancia. —Quería ir al parque con MC y nos dijiste que no porque ya se estaba haciendo de noche. Justo la abuela preguntó que por qué tantos gritos, le dijiste y me regañó. Al día siguiente era tu cumpleaños y no quise ir.

—A mi me dijeron que no fuiste porque estabas enfermo.

—Enfermo de tonto, habrá sido. Pero el punto es ese. No fui y nunca más te hicieron fiestas de cumpleaños.

Ambas miradas se pusieron sobre mi. La pregunta era obvia ya que ambos se estaban rajando en canal, a mi también me tocaría. Y tenía lista mi respuesta. Costaba un poco de sacar pero opté por darle un buen trago a la cerveza para tomar valor y sacarlo.

—Olvidar y tener que "conocerlos" varias veces.

Bueno, ahí estaba. A donde quería llegar con esto y aunque quería explicarme un poco más en lo que había dicho, no podía porque me dolía la garganta.

Desde pequeño había tenido problemas de memoria. No recuerdo nada antes de los siete años, ahora sabemos el motivo de ello, y luego de eso hay varias lagunas sueltas y por ende me faltan muchos recuerdos de los tres juntos, de hecho muchos de los que tengo son porque me los contaron varias veces ellos mismos.

—No puedes arrepentirte de algo que no es tu culpa —sentí la mano de Zayne revolviéndome el cabello.

—Curioso. Porque aún así me arrepiento. No lo sé. Ver que ahora mismo apenas nos vemos me hace atesorar mucho cada recuerdo. Pero también me hace extrañar los momentos esos momentos que ustedes tal ves ni recuerden. Si ninguno de los 3 los recuerda ¿existieron en verdad?

—Te fumaste algo y no nos estás compartiendo. Eso está feo —bromeó Caleb para quitarle hierro al asunto —Míralo a este, que se acuerda de una salida a unas hamburguesas con cucaracha. Seguro se acuerda de todo.

—Y tú te acuerdas de una rabieta tonta. Supongo que lo que yo no recuerde lo tendrás tú.

Me sentía mejor, sin duda. Al final estos dos han sido un soporte importante en mi vida y que todos tengamos esos arrepentimientos tan... ¿emocionales? Dejaba entrever que al menos había un cariño genuino entre nosotros.

Tenía un par de preguntas más en la garganta para sacar pero eran cosas muchísimo más banales como si Zayne tendría alguna fantasía en su trabajo o si había sucedido alguna cosa media extraña en los dormitorios de los pilotos. Pero Zayne no querría contestar y Caleb ya lo había dicho antes sin necesidad de preguntar.

Así que para alegrar el ambiente Caleb empezó a tirar preguntas tontas al aire y propuestas para salidas a futuro haciendo hincapié en que Zayne se tomara más días libres cuando él estuviera en tierra.

Propuestas para ir a un acuario, ir al cine, salir a un restaurante nuevo que abrió hace poco en el centro. Los tres sabíamos que sería complicado volver a cuadrar de esta manera, pero al menos teníamos este día para hacer lo que quisiéramos. Podíamos despertar a medio día si así lo quisiéramos e ir a comer a algún sitio, pasar todo el día juntos en casa de Zayne o fuera respirando aire fresco.

Al final como posible idea surgió solo levantarnos para ir a comprar algo para cocinar y quedarnos el día jugando cualquier cosa, incluso podíamos volver a quedarnos y al día siguiente ya cada uno a su casa y que fuera lo que tuviera que ser.

La charla terminó poco después y en lo que Zayne y yo limpiábamos, nuestro amigo algo tambaleándose se dirigía al baño para cambiarse. Yo poco después fui a la habitación de Zayne a fisgonear en su closet el espacio que me había terminado hecho para mi ropa y escogí lo primero que vi para cambiarme.

Al volver Caleb ya estaba con ropa mucho más cómoda mirando fijamente el sofá.

—Entonces. ¿Quién duerme en el sofá? ¿O quieres dejarlo a la suerte? —me preguntó Caleb.

—Ninguno. No los voy a dejar durmiendo aquí. Hace frío —interrumpió Zayne.

—¿Entonces? ¿Ambos dormimos en el suelo de tu habitación? —volvió a preguntar.

Zayne suspiró.

—Cabemos perfectamente en mi cama. Vayan a ver.

Era verdad. Su cama era enorme. Bueno, toda la habitación era espaciosa. Me sentía pequeño en la estancia y además todo estaba tan ordenado. Ni una sola mota de polvo en el suelo o flotando en el aire. Las sábanas planchadas y estiradas. Como se notaba el dinero.

Además de que ese colchón era lo más cercano a dormir en el cielo que conocía. Cualquier dolor que tuviese en la espalda desaparecía luego de dormir una noche ahí. Lo sabía por todas las veces que me había quedado en su casa, nunca dejaba que durmiera en el sofá o en la habitación de invitados. Hemos dormido en la misma cama bastantes veces ya y yo podía usar todo el espacio que quisiera y aún así sobraba espacio.

Al principio pensaba que era por cortesía pero rápidamente comprendí que no era por eso. Zayne no quería dormir solo, eso era todo. Pasaba suficiente tiempo solo como para buscar aprovechar cualquier momento libre que tenía para pasarlo acompañado conmigo y eso aplicaba también para el dormir.

Caleb se había dejado caer sobre la cama, estirándose de manera exagerada. Su rostro demostraba lo cómodo que se encontraba en el centro de la cama, usando gran parte del espacio y no parecía tener intención alguna de moverse. Le di un par de palmadas en un muslo para que me hiciera espacio pero no me hizo caso alguno, dejándome como única opción moverlo a la fuerza.

Rodeé la cama y le sujete por los brazos para arrastrarlo un poco y acomodarlo a duras penas. Al final por mucha fuerza que tuviera nuestro perro media casi metro noventa de estatura y pesaría al menos 80 kilos de puro músculo. Obviamente estaba sufriendo un poco el acomodarlo, aunque daría por hecho que él también estaba usando su evol para hacerme el trabajo aún más difícil.

—Eres demasiado débil.

—O tú demasiado pesado.

Seguí en mi batalla contra las leyes de la gravedad para dejar al perro bien colocado y poder tener un trozo de cama sin sufrir por girar un poco y caerme. Desde la puerta Zayne nos observaba bastante divertido con el cuadro que éramos.

Nos indicó dónde estaba el control remoto para que escogiéramos algo para ver. Recién entonces es que el desgraciado se movió por cuenta propia para apoyarse en el respaldo de la cama y meter las piernas bajo las sábanas, que por si fuese poco dejó distendidas solo por joder. Yo solo me hice mi lugar junto a él un poco a la fuerza y dejé caer una de mis piernas sobre una de él. Los dos podíamos jugar ese juego.

En cuánto a lo íbamos a ver, la respuesta obvia era algo de terror. Posiblemente alguna clásica de thriller. No por el terror como tal, sino porque solíamos irlas pausando cada tanto para ir comentando la jugada de los personajes y si eran tontísimos o directamente imbéciles. Además de celebrar cada vez que el asesino de turno mataba a alguno. De terror no había nada en realidad.

Una vez Zayne volvió ya con su pijama y se intestó acostar se encontró con el mismo percal que tuve que enfrentar yo. Soltó un suspiro y también a base de fuerza bruta pasó una de sus piernas por debajo de la de Caleb. Nos acomodamos un poco mejor antes de comenzar la película pero tampoco cambiamos nuestras posiciones mucho más, dentro de lo que cabía estábamos cómodos así de revueltos.

Habíamos elegido una de las películas de Saw. Para irle preguntando a nuestro doctor que tan posibles eran las trampas y si era posible sacarte una llave del ojo, tiempo de acción de venenos y antídotos. Sabíamos que todo era en base a ficción pero el hecho de que hubieran alguna trampas que si eran posibles de evadir o modos alternativos que encontraba para resolverlas era un plus.

La película como tal la disfrutamos bastante y como esperaba las risas y críticas a los personajes no se hicieron esperar. Los comentarios sarcásticos mezclados con jerga médica de Zayne por un lado, por el otro yo intentando descifrar los acertijos que iban colocando en las cintas y Caleb quejándose de algunas decisiones sin sentido.

Era agradable, al margen de los gritos que salían de la película. Y por supuesto en una situación así el único que podría salvarse sería Zayne. ¿Yo y Caleb? Muertos en la primera media hora de película porque la situación nos bloquearía igual que a algunos de los personajes. La verdad si sobrevivíamos sería solo por Zayne que nos tendría que explicar el paso a paso de todo para no pegarnos un tiro en el camino.

Incluso llegamos a apuntar algunos de los personajes y animarlos. ¿El resultado? Caleb molesto porque la chica que eligió para animar, solo porque era bonita, tenía la prueba más fácil de todas y la perdió de la manera más tonta posible.

—¡¿Pero por qué mete las dos manos?! Si es que idiota. ¡Era super fácil además! Iba a buscar un palo y agarra a golpes la caja y la rompía —estaba super indignado.

—O usar un palo como apoyo y mantenerla abierta en lo que sacaba el antídoto.

—Zayne, no hables más. Me voy a matar. ¿Es que como puede ser tan tonta? Claro, las drogas. No se droguen nunca o van a terminar como ella.

—Creo que tienes que ser mucho más que un drogadicto para estar en esa situación tan específica —detalló.

—Zayne, cállate —dijo molesto. Zayne soltó una suave risa y bajó su mano que se encontraba acariciando en cabello de Caleb. —Ey, no te dije que pararas. Sigue —exigió.

—A veces me pregunto si de verdad eres un perro —aproveché de molestarlo un poco. —Mira que amar que te acaricien la cabeza. Entiendo que es agradable pero para ti es como una droga.

—Woof —ladró.

—Ladra de nuevo y duermes en el suelo —dijo Zayne.

Seguimos viendo la película un poco más en silencio, no solo porque al menos a mi ya me picaba un poco la garganta de todo lo que había hablado durante la noche, también me sentía bastante cómodo como para incluso agarrar un poco de sueño.

Me permití usar el hombro de Caleb como almohada y debido al frío que empezaba a sentir me acurruqué más pegado a él. Obvio él mucho más despatarrado también estaba apoyándose sobre el cuerpo de nuestro doctor.

—¿Tienes frío? —preguntó Zayne.

—Un poco —respondí.

Entonces dejó de acariciarle el pelo a Caleb para pasar su brazo por detrás de mi espalda y sujetar mi hombro, sobándolo un poco y de paso pegándonos aún más todavía. Sirvió para abrigarme un poco más pero no solo porque estaba contra dos calefactores enormes, sino porque me percaté al fin de lo comprometedora que resultaba la escena. Al final estábamos los tres en una misma cama en algo que se veía bastante íntimo.

Genuinamente no lo sentía como algo extraño, al final ambos eran las personas más importantes para mí y no me molestaba este nivel de "intimidad" si se le podía considerar así. En ese momento entendí de mejor forma el cómo se había explicado Caleb antes. Era raro. Pero no raro porque fuese raro, cosa que si era, era raro porque no se sentía así. Lo sentía tan natural entre nosotros 3 que no me importaba.

Incluso, creo que nunca me había encontrado en una situación similar con alguna persona en el pasado que no fuesen mis dos amigos. Ver películas abrazados, caricias, abrazos y bueno, directamente dormir junto a alguien. No, nunca. Solo con ellos y tenía la certeza de que era igual para ellos.

Zayne era sumamente frío con la gente, reacio al contacto físico y muestras de cariño. Pero ahí estaba, apoyando su cabeza junto a la de Caleb y abrazándonos a ambos.

Caleb era mucho más extrovertido pero también un poco repelente con las chicas. Nos contaba cuando le gustaba alguien y después ahí estaba diciéndonos que se les declaraba y siempre lo rechazaban. Así que no hay chance de que haya estado en una situación tan doméstica con alguien.

Y creo que no era el único que se estaba volviendo cada vez más consciente de ello. Al levantar la mirada veía como Caleb intentaba enfocarse en la película pero su vista también se movía por diferentes puntos y la mano de Zayne en mi hombro se debatía entre si seguir generando calor o detenerse y soltarme.

Había entrado en calor hacía ya un rato, también podía estirarme como quisiera pero estaba cómo ahí. No quería moverme ni alejarme de ellos. Incluso mis brazos habían decidido por si mismos rodear a Zayne por la cintura y abrazarlo.

De hecho, sabíamos que estábamos jugando con fuego pero no nos importaba quemarnos, no, no nos importaba incinerarnos vivos en ese momento. Así de mucho los conocía. Al punto de reconocer cuando había duda en algún toque de sus manos, tensión en algún músculo y lo que decía el bombeo de sus corazones que podía sentir en mi oído pegado al pecho de Caleb y en mi hombro donde estaba la muñeca de Zayne.

En cierto punto ya no pude prestarle atención a la película que llegaba a su clímax. Mi mente estaba ocupada en otra cosa. Estaba más pendiente de no enloquecer con los latidos del corazón de Caleb que eran enviados directamente a mi cerebro.

Al levantar la mirada hice contacto visual con Zayne quien me esquivó la mirada y la devolvió a la pantalla. Tragó saliva y bajó su mano desde mi hombro con lentitud hasta posarla sobre mi cadera, recién ahí volvió a tensar su agarre.

La respiración de Caleb se volvía cada vez más pesada, incluso notaba como voltea su rostro para ocultarlo en el cuello de Zayne. ¿Estaría respirando u oliendo? En definitiva era la segunda y nuestro doctor le daba mayor acceso a su cuello.

Los tres estábamos ahí, al borde el precipicio a punto de caer en la locura.

Eventualmente la película terminó y Caleb apagó la televisión.

Ninguno se movió de su posición por un rato.

Zayne se aclaró la garganta. —Uhm... ¿dormimos?

Nosotros dos asentimos y recién nos recostamos como para intentar dormir. Y a pesar de ser esa la última oportunidad para despegarnos y evitar caer al vacío, volvimos a nuestros lugares esta vez cubiertos por las sábanas que nos estaban cocinando vivos. Enredando nuestras piernas y sujetándonos entre nuestros brazos casi evitando que alguno pudiera escapara.

Mi cabeza había quedado cerca del cuello de Caleb. Ya no tendría que soportar sus latidos que retumbaban mi cerebro, pero ahora lidiaría con su respiración descontrolada.

Cerré mis ojos para intentar dormir, misión que fallé miserablemente considerando los sutiles cambios que se fueron haciendo entre nosotros. Supuse que el muslo donde tenía mi mano sería de Caleb, por el tamaño, y que la mano que me acariciaba el cabello sería de Zayne, ya que a él le gustaba hacer eso.

Era insoportable. Me costaba respirar y cada vez que ejercía presión con mi pierna salían suspiros que se mezclaban.

Ya no soportaba.

Me obligué a apartarme un poco y me senté, necesitaba oxígeno en mi cerebro. Zayne encendió la lampara que tenía a su lado e intercambiamos miradas sin decir nada. El único sonido en esa habitación éramos nosotros intentando controlar nuestra respiración.

Miradas confundidas en nuestros rostros. Intentos fallidos de romper ese intento de silencio.

La voz de mi instinto me gritaba lo que debía hacer y esta se contradecía con mi sentido común. Estaba debatiéndome sobre a cuál hacerle caso. Una me decía que fuese al baño a mojarme la cara y al volver me acostara y les diese la espalda, la lógica. Pero la otra me decía que le lanzara al vacío, que diera el paso y comenzara una caída libre hacia lo desconocido sin saber la reacción de mis amigos.

Amigos.

Eso me repetía una y otra vez. Eso éramos. Amigos de la infancia cuya dinámica en algún momento indeterminado dejó de discernir entre acciones amistosas y románticas.

El silencio era terriblemente ruidoso.

Era insoportable.

—A la mierda —y entonces me lancé al vacío.

Es como si los dos hubieran estado esperando que diera el paso o hiciera alguna señal para saltar conmigo.

Y sucedió. Un beso entre los tres que compartía una equilibrada mezcla de hambre de mi parte, necesidad de Zayne y desesperación de Caleb. Un beso cuya intensidad iba en un peligroso incremento a medida que se incorporaban nuestras lenguas y la desinhibición. Pudiendo enredarnos ya sin ningún tapujo, permitiéndonos el recorrer el cuerpo del otro y ceder ante nuestros deseos.

Ahí estábamos. Sucumbiendo antes nuestros más carnales deseos. Besándonos y agarrando todo cuánto pudiéramos. Era frenético. Errático. Una dulce tentación que si me llevaría a la locura, con gusto me comería por completo y al mismo tiempo me permitiría ser devorado por las dos bestias que estaban conmigo compartiendo saliva.

No existía ser humano en el planeta con quién quisiera compartir la totalidad de mi vida y esencia. Corrijo, no existía persona en el universo con quién quisiese.

Para mí el concepto de media naranja no aplicaba, al menos en nuestro caso. En mi cabeza la idea de Zayne o Caleb era un sinsentido, una estupidez, un fallo matemático o gramatical. Debía ser Zayne Y Caleb, Caleb Y Zayne.

Podía decirse que esos dos eran mi todo y me hacían sentir completo. Una vida en la que me faltara uno no merecía la pena, sería vacía y el hecho de que era un sentimiento compartido solo me hacía desear que nunca se terminara. A los tres nos faltaba algo, los tres podíamos aportarle algo al otro y los tres llenábamos el vacío que sentía el otro.

Ellos eran mis dos tercios de manzana. Mis dos tercios de copo de nieve. Y mi seguridad al respecto podría deberse a haber activado mi evol sin querer en pleno beso o los años de relación con ambos.

Fue un gemido de Caleb lo que cortó el beso y agitados nos preguntamos con la mirada si seguir o dejarlo ahí. No hizo falta una respuesta verbal, solo un par de sonrisas genuinas que nos animaron a seguir yendo más allá y sumergirnos en el otro.

Con un fuerte apretón es que Caleb nos hizo rodar sobre el colchón. Arrojando las sábanas que nos cubrían casi con odio. Yo quedé hombro a hombro con Zayne mientras que nuestro amigo usaba nuestras piernas como asiento. Llevé mis manos a su cintura para levantar y quitarle la camiseta, acto que terminó por él mismo mientras que Zayne volvía a apoderarse de mi boca en un beso que me quemaba vivo pero que al mismo tiempo me refrescaba.

Claro, la mano helada de Zayne se había colado por debajo de mi camiseta. Al parecer mi evol no era el único que se estaba descontrolando.

Por mi mente se cruzó el pensamiento de qué haríamos una vez despertáramos y volviéramos a la realidad. Una en la que solo éramos tres amigos que iban a tener una conversación quizás incómoda sobre si esto afectaría nuestra relación de alguna manera. De alguna forma esa preocupación me sacó un poco del mood que llevábamos.

—No te contengas ahora... —y entonces Zayne intensificó el beso. Quizás me lo estaría inventando o tal vez era mi evol, pero podía sentir a través de ese beso que tenía las mismas sensaciones que yo. Y a medida que el beso se avanzaban, mis dudas se reducían. Al menos hasta que un gimoteo nos interrumpió.

Ahí estaba Caleb. Observándonos fijamente mientras cubría su boca para evitar el dejar salir más sonidos, sus piernas temblaban mucho, nuestro chico era un desastre. Era con diferencia el más agitado de los tres y requería atención en ese momento.

En un movimiento decidido Zayne movió su mano fría, generándome un escalofrío y alcanzando la cadera de Caleb. Colándose dentro de su pantalón y dando un firme agarrón a uno de sus glúteos lo acercó a nosotros. Apenas tuvo tiempo de reaccionar y sujetarse al respaldo de la cama para no caer sobre nosotros. Ese era nuestro chico, un desastre que se sujetaba a un respaldo como si estuviera colgando de un acantilado.

Mi mirada cómplice con Zayne indicaba que teníamos la misma idea. Hacerlo caer. Por supuesto ni en esta situación perderíamos la oportunidad de meternos con él, además que ese torso sudado que colgaba sobre mi cara era demasiado tentador como para no pegarle una probada.

Y en lo que yo me entretenía repartiendo lamidas y alguna mordida suelta, nuestro doctor seguía jugueteando con su glúteo hasta que decidió avanzar y lentamente meter su mano dentro de la ropa interior. Claro que Caleb tuvo apoyar una mano al costado de mi cabeza para no desfallecer. Acto que Zayne aprovechó para moverse de mi lado y tomar asiento detrás de él.

Yo aproveché para quedarme en ropa interior y ayudar a Caleb a deshacerse de la ropa que le incomodaba en el tren inferior. El único que aún permanecía totalmente vestido era Zayne, pero no lo que yo me entretenía con la boca de nuestro chico, él se encargó de su ropa.

Quedando los tres arrodillados en el centro de la cama con una última capa de ropa cubriendo nuestra intimidad. Fue Zayne quien tomó la iniciativa de terminar de desnudarse y recostarse apoyado en el respaldo con sus piernas ligeramente abiertas, esperando a ver que hacíamos nosotros.

Yo tenía solo una cosa en la cabeza y tal cuál se terminó de generar la idea la ejecuté. Acercarme a él, separar sus piernas y utilizar mi boca. La sonrisa de satisfacción que dejó al ver mi actuar solo me generó más ganas de hacerlo. Así que lo sujeté con firmeza, moví un poco mi mano arriba y abajo y al escuchar un suspiro cargado de satisfacción acerqué mi boca. Introduciendo solo la punta en primera instancia y teniendo sumo cuidado con mis dientes, solo usé la lengua y a medida que me iba sintiendo cómodo con lo que hacía empecé a tomar un poco más. Teniendo cuidado de tener alguna arcada. Él me iba dando indicaciones, las cuales seguía al pie de la letra y más de algún gemido pude sacarle, acompañado de sus muslos juntándose. Con eso yo ya me daba por pagado.

Sentí movimiento a mi costado, sabía quien era e intuí que estaría moviéndose para reclamar un pedazo de Zayne. Efectivamente. Ni lento ni perezoso había empezado a restregar la cara en su pecho. Ya me ocuparía yo luego de él.

De momento toda mi atención estaba centrada en Zayne y como recompensa una de sus manos me sujetó del cabello. No hizo fuerza ni se movió, de hecho su mano estaba ahí solo acompañando el movimiento de mi cabeza mientras yo me abrazaba como un loco a sus muslos.

No seguí mucho más ya que no quería que la cuestión acabara ahí. Así que vacié mi boca y me dediqué a dejar besos en cada una de las cicatrices de sus muslos, subiendo por las de su abdomen, luego sus costillas y al llegar a la clavícula me desvié para encargarme de las cicatrices que vestían sus brazos.

En el proceso hice contacto visual con Caleb. Quien estaba ocupado repartiendo lametones a lo largo de su cuello y salivando todo rastro de piel que tenía delante. Le comuniqué a través de una mirada si quería el mismo trato y su respuesta fue ocultar su rostro en cuello de nuestro doctor mientras separaba sus piernas. En algún momento se había quitado la ropa interior.

Repetí la operación. Sujetándolo y acercando la boca. Solo que con mucho más cuidado. Zayne sabía contenerse, pero considerando el estado de Caleb... podía tratarse de una actividad riesgosa. En caso de que cerrara los muslos con demasiada fuerza en una reacción errática, podía aplastarme la cabeza. O incluso mover la cadera y generarme algo peor a una arcada si golpeaba demasiado profundo.

¿La solución? Rogarle a Zayne con la mirada que lo mantuviera tranquilo. No tenía planes ni ganas de alguna contusión.

Así que él se volcó sobre Caleb para guiarlo con ejercicios básicos de respiración susurrados directamente a su oído y con una mano sujetándole el pecho. Un poco difícil saber si me estaba ayudando o no.

Al menos funcionaba. Sentía sus muslos presionar a los costados a mi cabeza pero no era fuerte, además que lo único que hacían era temblar. Los gemidos que salían de su garganta también eran mucho más moderados y casi guturales. Fuese lo que fuese que estuviera haciendo Zayne pegado a su cuello, estaba funcionando.

Yo continué ya con mucha menos precaución, permitiéndome disfrutar mucho más de él y poder tomar un poco más. Ensimismándome en la acción y volviendo a sentir los gemidos de Caleb descontrolándose un poco y la presión de sus muslos aumentando un poco.

Lo consideré normal ya que era todo mucho más intenso y conseguía controlarse bastante bien dentro de lo que cabía. Incluso con sus gemidos y respiración mucho más descontrolada había abierto más sus piernas, todo iba bien.

Hasta que bueno, de pronto cerró sus piernas con fuerza seguido de un agudo alarido. Fue rápido y no duró, al menos.

Yo abrí los ojos y los miré. Caleb me miraba con preocupación de que me hubiera hecho daño y Zayne... bueno. Una sonrisa pícara mientras seguía con sus dedos alrededor de uno de los pezones de Caleb.

—Ups, mi error —fue todo lo que dijo. Acompañado de una risa sonora luego de desplomarse hacia un costado.

Caleb comenzó a disculparse con esos ojos de perro abandonado. Incluso, cuando me senté sobre mis tobillos se me lanzó encima para abrazarme y repetir constantemente que lo sentía. Casi caímos de la cama y mientras yo le acariciaba el cabello y espalda, el autor intelectual nos observaba con triunfante.

—Te voy a matar, Zayne —dije intentando lucir amenazante.

—Ven, hagan lo que quieran —respondió, desafiante.

—¿Lo... que quiera? —preguntó Caleb.

Con un sutil gesto de su mano lo llamó y casi hipnotizado fue hacia él. Supongo que el perro tenía un dueño favorito.

—MC —Zayne me apuntó su closet, puntualmente una caja metálica.

En lo que yo salía de la cama para buscarla ellos siguieron a lo suyo. Sentándose Caleb a horcajadas sobre Zayne. Por curiosidad abrí la caja aunque era más que obvio lo que tenía dentro. Al acercársela, nuestro doctor tomó uno de los sobres de lubricante y lo abrió con cuidado antes de esparcirlo entre sus dedos.

Lo hizo despacio y mirando a Caleb a los ojos, volviendo a preguntar sin decir palabra alguna. Y la respuesta de Caleb fue acomodarse de mejor forma sobre él.

Yo por mi lado era el único que aún estaba en ropa interior y claramente era una molestia, así que volví a subirme a la cama ya desnudo y me recosté de lado junto a ellos, atento a la escena para no perderme ningún detalle.

La verdad no había mejor persona para eso que Zayne. Aplicó el lubricante con cuidado y al momento de empezar a preparar a Caleb le fue ayudando a mantener la calma por medio de los mismos ejercicios de respiración de antes, pero ahora sí mucho más pendiente de que no saliera nada mal, que no se sintiera incómodo y que no saliera lastimado.

—Caleb, va otro dedo. ¿Seguro que...? —era la primera pregunta que se hacía en voz alta. Asumo que por el rostro rojo de Caleb que tenía una ligera mueca de dolor.

—Si... sigue... si quiero, Zayne...

Yo le sujeté el costado del rostro, acariciando su piel buscando que se sintiera un poco más relajado. Si, mostró un poco de dolor con el segundo dedo, pero era parte del proceso y Zayne se estaba tomando todo el tiempo del mundo para hacerlo lo mejor posible.

Con el tiempo su rostro se empezó a relajar, entonces yo me acerqué para dejarle varios besos suaves en los labios. Besos que una vez se empezaron a intensificar junto con jadeos, eran señal de que ya estaba listo.

Zayne me dedicó una mirada para que lo hiciera yo. Junto con otro de los sobres que abrí y coloqué sobre mí. Al ponerme detrás de Caleb, la verdad era una vista que nunca esperé ver. Su enorme espalda, las manos de Zayne firmes en sus caderas y su trasero preparado y listo para que entrase.

Con sumo cuidado me alineé con él y lentamente empujé. Un quejido salió de su garganta y me detuve, cuando él me indicó de seguir, continué. Así hasta haber entrado por completo en él. Lo abracé con fuerza y apoyé mi cabeza sobre su hombro, veía a Zayne continuar con los ejercicios de respiración.

La complicidad entre los tres incluso estaba presente en ese momento. Aunque bueno, como tal era el momento más importante en el que nuestra complicidad tenía que estar.

Fue él quien me indicó cuando comenzar a moverme. Yo estaba en el cielo, no había sensación alguna que pudiera compararse a lo que estaba sintiendo en ese momento. Al margen de lo cálido y apretado que era. Ese sentimiento de estarme quemando vivo no se apagaba en ningún momento, solo incrementaba y era el contraste con las manos frías de Zayne lo que me traía de regreso a la habitación. Nuestra ancla a tierra que impedía que Caleb y yo explotásemos ahí mismo.

Con el tiempo todo agarró mucho más ritmo, ya no era necesario que Zayne regulara la respiración de Caleb, así que podía darse el lujo de también disfrutar de él mientras yo empezaba a marcar mi propio ritmo.

Una vez mis movimientos comenzaron a ser erráticos intenté controlarme cuanto pude, dejando una mordida en el hombro de Caleb. Antes de alcanzar el clímax me obligué a parar y apartarme, cosa que no fue muy del agrado de nuestro chico el cuál se quejó. No era justo que yo terminara y los dejase a los dos ahí y era momento de un cambio.

—Caleb... —gimoteó Zayne pegado a los labios del susodicho. —Si quieres puedes hacerlo tú...

—No... —se negó y los obligó a rodar para intercambiar posiciones. Quedando él recostado y Zayne sobre él. —Se sentía bien. Hazlo tú, yo estoy bien así.

Le entregué otro sobre más y comenzaron con lo suyo. La forma de Zayne era muy distinta, yo comencé lento y fui aumentando el ritmo poco a poco mientras nos acostumbrábamos. Él por su parte comenzó lento y fue bajando la velocidad cada vez más. Enfocándose mucho más en devorar cada trozo de piel que tenía a la vista que en el movimiento.

O quizás disfrutaba más de ver como Caleb iba perdiendo la cabeza hasta que en algún punto le pidiese de forma explícita el aumentar el ritmo. Podía ser cualquiera de las dos opciones.

Yo por mientras me dediqué a atrapar en mi boca todos y cada uno de los sonidos que soltaba Caleb. Cuya mente estaba al borde de la locura con una cara de felicidad y satisfacción que era todo lo que necesitábamos para confirmar que seguía entre nosotros. Y justo cuando yo ya pensaba que terminarían es que lo pidió.

—Zayne... —el nombrado levantó la cabeza de su cuello y lo observó directamente a los ojos. Con esa mirada afilada y cabello pegado a su frente. —¿Puedes...? Ya sabes...

Él solo tomó su mano y dejó un beso en el dorso.

—¿Saber... qué? —su sonrisa maliciosa volvió a aparecer. —Saber... saber, sé muchas cosas.

Caleb solo cerró sus ojos y lo dejó salir.

—Quiero que lo hagas más rápido —y se cubrió la cara con ambas manos. —Joder, las cosas que me haces decir.

—Al menos sirvió para que volvieras a decir algo coherente. Entre gemidos y alaridos me sorprende que no te haya salido un ladrido, cachorrito.

Caleb y yo intercambiamos miradas, asentimos y yo comencé a golpearlo con una almohada mientras él le daba pellizcos en la cara. Poco después continuaron con lo suyo mucho con Zayne siendo mucho más enérgico en el proceso.

Los sobres vacíos iban acumulándose poco a poco en el suelo mientras avanzaba lo que parecía ser una noche congelada en una apasionada escena que no llegaba a su fin. Ninguno quería detenerse, ninguno quería que terminara, siempre obligándonos a nosotros mismos a bajar la pasión para no llegar así a un clímax que marcara un punto final a la situación. Volviendo a cambiar posiciones más de una vez para volver a repetir los mismos patrones que cada vez eran más difíciles de detener.

Y así, finalmente, terminó. Nuestras respiraciones agotadas mezclándose y los latidos de nuestros corazones completamente sincronizados. Cubiertos apenas por una delgada sábana mientras mirábamos algún punto indeterminado del techo.

No era necesario hablar, las pequeñas caricias que nos dábamos con las yemas de los dedos lo decían todo. Una conversación casi telepática en la que nada importaba, en la que los tres concordábamos y que alejó cualquier miedo que tuviéramos al tener que conversar de lo ocurrido en la mañana que estaba pronta a llegar.

Una vez cerré los ojos ya pude dormir, bastante tranquilo he de decir. Ya que no caímos en un abismo. Caímos en un lago tranquilo cuyo fondo no alcanzamos a tocar ya que volvimos a la superficie y luego a una segura orilla. Siendo ese miedo algo mucho más infundado que algo real.

Nada había cambiado ni cambiaría. Y si lo había hecho, era para mejor, para afianzar todavía más nuestra relación si es que se podía.

Solo que aquel paisaje idílico que podía divisar en mis sueños se vio interrumpido por un pitido que solo lo pude reconocer como una alarma. Una alarma que ya había escuchado más de una vez y que siempre me despertaba cuando me quedaba con él.

Ya sin el calor del momento abrí los ojos y los vi a ambos durmiendo plácidamente junto a mi, Zayne también abrió sus ojos. Nuestras miradas se encontraron y como si nos hubieran tirado un balde de agua fría reaccionamos a todo lo que habíamos dicho y hecho anoche.

Sentándonos en la cama con los ojos abiertos a más no poder e intentando cubrirnos con las sábanas.

—Fallé como médico —fue lo primero que dijo mientras ocultaba su rostro con sus manos.

—¿Fallaste? Una mierda, Zayne. Que quien tuvo más cuidado fuiste tú.

—¿Ah, sí? A ver, responde. ¿Qué fue algo crucial que nos pasamos por alto?

—Nada —me miró con las cejas fruncidas.

—No nos protegimos, MC. Eso es básico.

—Ah, eso... bue... ya fue —ya no solo me estaba juzgando con la mirada. Me estaba acribillando. Agradecía que las miradas no sean capaces de matar. —A ver. No me refiero a eso. Mira... ¿tú estás con alguien? Porque yo no. Este perro de aquí muchísimo menos y a los tres nos hacen exámenes de sangre con regularidad.

—No deja de ser una irresponsabilidad enorme. Aparte de que no se trata solo de alguna ITS. También es para evitar fisuras y demás lesiones —le echó una mirada culpable a Caleb quien a pesar del alboroto que estábamos haciendo no se inmutaba, solo veíamos su espalda ya que estaba durmiendo boca abajo. Luego buscó donde había ido a parar su ropa. —¿Podrías... mirar a otro lado? —me dijo en un tono avergonzado antes de levantarse.

Me cubrí los ojos en lo que él se volvía a vestir y luego salió de la habitación casi corriendo. Dejándome con Caleb quien estaba más en calidad de bulto.

Primero lo moví un poco y tranquilamente le hablé al oído para que despertara. Como las medidas amables no funcionaron no me quedó de otra más que usar la fuerza, para sorpresa de nadie.

Me vestí y de paso le dejé su ropa acomodada a su lado. Luego levanté la pierna y empecé a moverlo de la forma más brusca posible a base de patadas. Sí, despertó, bastante asustado y desorientado pero despertó y es lo que importa.

—Ya, ya, ¡ya! ¡YA! ¡QUE YA ESTOY DESPIERTO!

—Yo creo que un par de golpes extra no vendrían mal para confirmarlo.

Miró a todas partes, intentando reconocer dónde estaba. Cuando intentó sentarse en la cama y puso una mueca de dolor, supuse que había recordado. Comenzó a vestirse y al igual que Zayne me pidió que no mirara, algo bastante tierno considerando que ahora se pusieran pudorosos después de todo lo que hicimos anoche.

Zayne entró poco después con un vaso de agua y varias cosas en sus brazos, las cuáles dejó sobre la cama y entró en su papel de doctor preguntándole como se sentía, si le dolía algo y demás. Le entregó un blíster de paracetamol para el dolor junto con la indicación de tomarse uno cada 8 horas y si luego de unos 15 minutos no empezaba a hacer efecto se tomara la mitad de otro.

—Date la vuelto —le dijo mientras abría un ungüento.

—No. ¿Por?

—Ordenes de tu doctor, hazme caso. Dijiste que te escuece. Anda, no es nada que no haya visto.

De mala gana obedeció y Zayne aplicó el ungüento. De nuevo explicando lo que estaba haciendo y para lo que era, acompañado de un par de cosas incómodas que no necesitábamos escuchar en caso de que alguno agarrara alguna infección urinaria o una fisura rectal infectada.

Una vez terminó su trabajo le dejó una palmada y lo dejó vestirse. Claro que Caleb nos regañó ya que a él le había tocado la parte más dura y nosotros rebatimos conque varias veces le preguntamos si quería cambiar y nunca quiso así que no jodiera.

Nuestro doctor pensativo tomó la caja metálica para mirar dentro, estaba convencido de que sí habían condones ahí. Y si, sacó una tira y entonces ambas miradas se movieron lentamente hasta mí.

—¿Qué? No me vengan a echar la culpa. Que la caja es tuya y sabías lo que tenías, que a todo esto, doctor Zayne. ¿Por qué tienes tantos condones?

—No me rebotes la culpa, el que estaba repartiendo las cosas eras tú, MC.

—Claro, porque obvio no podías pararte a pensar un toque, de que justo pensar en frío y decir "¿creo que me falta algo?"

—Lo mismo te digo.

—¿Quieren dejar de pelear? El que debería estarse quejando soy yo.

—Y no lo estás haciendo —reí. —Asumo que la cosa es que te gustó lo de ser rellenado como pavo en navidad.

Me arrojó una almohada a la cara y luego se me lanzó encima. Habíamos empezado a pelear en el suelo de la habitación de Zayne mientras este nos miraba.

Acerca de lo que sucedió después pues tuvimos que charlar largo y tendido sobre lo que habíamos hecho. Si había algo que decirnos entre nosotros o que hacer.

La conversación no fue la gran cosa. Todos nos sentíamos de la misma manera y disfrutábamos de la compañía de los otros dos por igual, no habían remordimientos ni palabras no dichas. Incluso estábamos abiertos a la posibilidad de que se repitiera tanto los tres juntos como algo aislado entre solo dos.

Solo debíamos ser lo más honestos posibles entre nosotros. Cada vez que hubiera algún gesto o acción que nos incomodara la comunicaríamos para darle solución y que aquellos fuertes cimientos que teníamos no empezaran a desmoronarse.

Seguimos igual. No hubo ninguna propuesta de intentar algo romántico entre los tres ni nada, seguíamos siendo amigos y nada cambiaría, ¿verdad?

En parte si y en parte no. Porque continuamos con nuestra dinámica como si nada pero hubo algo que cambió. Un engranaje que nunca habíamos notado que estaba en nuestro mecanismo había empezado a moverse, bueno, sería más honesto decir que recién notamos la existencia de ese engranaje que siempre estuvo girando. Nuestro trato comenzó a volverse cada vez más cariñoso. Las salidas amistosas que teníamos parecían cada vez más citas, preocupándonos de vernos bien para el otro y generar recuerdos cálidos que no solo quedaban registrados en nuestra memoria, también en nuestro chat de grupo que empezaba a llenarse de fotos, videos y todo tipo de audios de lo terminaron siendo citas.

Zayne enseñándole a Caleb a surfear. Yo cenando en un restaurante con Zayne. Caleb conmigo en los acuarios de la ciudad. Los tres en una escapada a cabañas en las montañas.

No solo eso. Comenzaron los regalos espontáneos solo porque nos acordamos del otro. Intentos de ajustar al máximo nuestras agendas para charlas por videollamada al menos una vez por semana y si se daba el milagro, poder juntarnos más de una vez por mes los tres.

De nuevo, nunca hubo una propuesta. Nunca en alguna cita uno se levantó para profesar amor y solicitarle a los demás salir e intentar llevar esta relación de tres más allá y extrapolarla a algo romántico. No. Solo sucedió.

Incluso el título de "novios" o "parejas" también salió con el tiempo. Cuando Tara me preguntó si quería que me presentara una amiga, yo respondí en piloto automático "gracias, pero ya tengo novio, dos, de hecho". Tuve que dar muchas explicaciones ese día y enfrentar un par de regaños por no haberle contado el chisme.

Zayne también empezó a decirlo cuando algún paciente le preguntaba por su situación amorosa o las enfermeras cuchicheaban sobre quién le había regalado el pasador nuevo de su corbata. Una clara señal de propiedad que pusimos después de que nos dijera que una de las chicas haciendo pasantías había empezado a acercarse a él. Yvonne era la que corregía a las enfermeras conque era un regalo del "par favorito del doctor Zayne", el doctor Greyson solo decía que era complicado.

Caleb... Caleb era Caleb y a su manera le había comunicado a los chicos de su flota la actualización de su estatus amoroso. Presumiendo más que nunca el "collar de perro" que le había regalado yo y también la nueva adquisición que venía de parte de nuestro doctor, una pulsera con un copo de nieve. No sabemos la versión que les habrá contado, pero sí estamos seguro de que nadie le cree que sea verdad.

Nuestras vidas habían encontrado una forma en que funcionáramos. Y en caso de que alguno fallase, estaban los otros dos para brindarle el apoyo que necesitara, así fue toda la vida y así será. No por nada ese par es mi todo y mis anclas cuando el destino me complica las cosas.

Y así sería por siempre.

Por siempre nosotros seríamos nuestros propios tercio de manzana, tercio de copo de nieve y tercio de resonancia.