Chapter Text
En retrospectiva, la vida de Tweek parecía perfecta. Tan perfecta, de hecho, que resultaba difícil creer que no fuera una mentira.
Podría decirse que lo tenía todo.
Había contraído matrimonio con un buen alfa, y en el altar, frente a todos, juró amarlo con todo su corazón. Su voz no tembló al prometerle fidelidad y un amor dedicado únicamente a él. Pronto se convirtió en un amo de casa orgulloso, feliz de dedicar sus días al cuidado del hogar que compartían, aguardando con una sonrisa el regreso de su esposo cada tarde.
Se suponía que él era el indicado.
El único.
Su más grande amor.
Entonces, si era así, ¿por qué se atrevía a sonreír y babear como un idiota al tener clavada la gran verga de su vecino en el culo?
Un hombre que no era su marido.
—¡Espera...! Craig...
Sus súplicas fueron silenciadas por una fuerte embestida en lo más profundo de sus entrañas, haciéndolo chillar al instante del dolor y placer que le inundó la mente de un salto.
—¿Cómo voy a detenerme? Mira como te la tragas—su amante le susurró con burla al oído. Sin soltar ni por un segundo sus caderas, tomándolo con firmeza en tanto se empujaba duramente contra su interior—. Siempre estás listo para recibirme. Me estás asfixiando aquí abajo, ten paciencia. Pronto te enterraré mi nudo, con eso de que tanto te gusta...
Su propio pene estaba erguido hacia arriba con total descaro, afirmando las cínicas palabras del hombre.
No. No había manera negarse.
Le gustaba demasiado esa sensación. El roce de esa gruesa dureza raspando sus paredes internas, resbalando entre sus fluidos con la suficiente confianza para alcanzar ese lugar sensible dentro de su cuerpo que despertaba su mayor instinto de procrear. Solo con Craig podía sentir esto, sin importar que estuviera postrado boca abajo en el comedor de vidrio de su hogar, con su pecho al desnudo, chocando constantemente sus duros pezones con la fría barra, estremeciéndose al mismo tiempo por las fuertes estocadas que otro macho le daba por su enrojecida entrada.
No podía parar de gemir y maullar su nombre como un rezo.
Craig tenía esa habilidad increíble para hacer de cualquier lugar, en un espacio de alta tensión sexual que de manera obligatoria tenía que ser resuelta con sus cuerpos fundidos en uno solo.
Lloró sintiéndose cada vez más cercas del clímax. Sin embargo, un pequeño temor lo poseyó, los golpes de su amante contra su agujero se estaban volviendo cada vez más deliciosamente lentos.
—¡No...! Craig, hazlo afuera. Si...si te vienes dentro, yo... —rogó entre lágrimas de excitación. El nudo del alfa estaba comenzando a hincharse, y pensar en quedar enganchados era tan caliente, pero a su vez, muy peligroso.
Y aunque le encantaba el peligro. Debía ser cuidadoso, estaba seguro de que sus días más fértiles se hallaban a la vuelta de la esquina.
—¿Temes quedar embarazado?—le menciono, repartiéndole besos por su cuello. Siendo consciente de que no podría dejarle ni un chupetón, y mucho menos mordidas, así fuera que lo deseara mucho. Era un pacto silencioso entre los dos para no ser descubiertos—. Pero si hace días lloraste cuando quise usar condón, casi me rogaste por tener un bebé.
—¡Estaba en celo! —se defendió, pegando de nuevo su rostro en la mesa. No le daría el gusto de que viera su enrojecida cara.
—¿No te gustaría tener un cachorro...?
Abrió sus ojos de par en par de la sorpresa, pero aun así, no se aventuró a responder, en cambio, meneo su trasero hacia atrás, pegándose por completo a la pelvis de Craig. Permitiendo que el orgasmo los inundará al mismo tiempo y el nudo los atrapará, logrando su liberación mediante líneas blancas de su propio semen que pintorearon su vientre y parte del suelo, en tanto su amante consiguió desbordar su fértil semilla en lo más profundo de su culo, dejándolos pegados.
Se recargó en la mesa, con la vista nublada y su respiración agitada llenando el comedor. Jadeo del dolor al sentir a Craig jalar accidentalmente su nudo dentro de él.
Siempre terminaba así, sucumbiendo al éxtasis que significaba el aparearse con Craig.
Suspiro, y sin querer, sus ojos bicolores fueron a parar al retrato de su boda puesto frente al comedor. Tenía una sonrisa grande en el rostro, usando el lindo traje blanco que él mismo escogió con minuciosidad para ese gran día, mientras pasaba su mano por debajo del brazo de su esposo con elegancia.
Su marido, Christopher, se veía muy bien en esa foto.
¿Cómo termino haciéndole esto?
Su boda se había festejado cuatro meses atrás, después de todo, Tweek y Christopher, ya habían estado juntos cuatro años antes de casarse. Una relación que inició en sus días de universidad, y que luego de culminar con esa etapa, para el omega no fue una sorpresa recibir el anillo por parte de su alfa.
Eso lo había hecho el novio más feliz en su momento. Mejor aún cuando empezaron a planear su futuro, el cómo Tweek sin dudar ni un poco, siguió a Christopher hasta otro estado por una grandiosa oferta de trabajo que le dieron, y gustoso, acepto ser la esposa amo de casa en el hogar al que se le permitió elegir.
Quedó enamorado del vecindario de su hogar tan pronto como llegó. Todas eran casas tan hogareñas y llenas de vida, con pequeños cachorros que salían a juguetear todas las tardes. Quizá ese era de forma inconsciente su deseo propio de ser madre.
En el instante en que piso el patio delantero de su hogar junto a su marido, se hizo una promesa a sí mismo; juro que sería la mejor esposa y que lo haría muy feliz.
Porque eso era a lo que estaban destinados. Ya que eso es lo que llaman un matrimonio.
Uno de sus primeros días en su nuevo hogar, Christopher lo alentó a que se presentaran con sus vecinos. Tweek no tan convencido, término aceptando, incluso aprovecho para hornear unos cupcakes para la ocasión.
Nada fue fuera de lo común, la mayoría eran parejas jóvenes, ya con algunos cachorros. A excepción de uno de sus vecinos, justo el que vivía a lado de su hogar. Cuando toco la puerta de esa casa, la verdad que no esperaba nada diferente a como eran los demás. Sin embargo, cuando el llamado a su toque fue correspondido y esa puerta se abrió, algo le hizo tambalear ese pensamiento.
Eso fue la silueta alta de un hombre de cabellos oscuros, quien los recibió con cierta indiferencia en su expresión. Para Tweek fue como ver a una esbelta pantera salir de su guarida, con esos ojos verdes depredadores que brillaban incluso ante poca luz. No pudo evitar admirarlo con la mirada, era muy alto, de rasgos duros y dominantes en el rostro, un hombre bien formado por lo que dejaba ver su vestimenta casual, todo bajo un aura de estoicismo y misterio que de manera inconsciente solo hacía que quisiera descubrir más de él.
Ese día, Tweek saludo con demasiada timidez, en respuesta de no saber como reaccionar con exactitud, más que el de conectar sus miradas todo el tiempo en que ese hombre y su marido duraron hablando. Sin saberlo en ese entonces, permitió que esa conexión siguiera. No sentía feromonas en el aire, por lo que asumió que era un beta.
Era extraño, pero quería que ese hombre que se presentó a sí mismo como "Craig Tucker", también lo siguiera viendo. Peor aún, cuando intento saludarlo, y sus manos rozaron piel con piel, sintió todo su cuerpo arder de una manera tan...rara. De una forma que nunca antes había sentido.
Hasta ese punto, ignoró esa inevitable atracción, acuñándolo a que debía estar estresado por todo el asunto de mudanza y el reciente trabajo ajetreado de Christopher.
Después de eso, los días pasaron, y no estaba tan seguro del porqué, pero siempre trataba de buscarlo con los ojos cuando paseaba por su jardín. O, también lo buscaba en su inconsciencia, cuando veía por la ventana que daba en dirección a su casa.
Aunque, cuando al fin chocaban por accidente sus miradas, rápidamente, cambiaba la dirección de sus ojos. Eran momentos muy vergonzosos para el omega, sin embargo, no pasó mucho tiempo en no ser el único en buscar conectarse, porque aquel hombre que creía un beta, también comenzó a observarlo.
Sentía su mirada pesada en su figura, como si estuviera recorriendo cada parte de su ser y si era muy sincero, eso le agradaba muy en el fondo. Al grado de poner una sonrisilla tímida en su cara.
Aunque, claro, seguía sin darle mucha importancia. A fin de cuentas, solo eran dos vecinos conociéndose.
Y bueno, quien diría que ahora, dos meses después, estos dos vecinos descarados se conocían hasta el lunar más recóndito en el cuerpo del otro.
—Por esta vista es que siempre digo que es mejor hacerlo sin condón.
No hizo falta preguntar a qué vista se refería, por supuesto que el mismo lo sabía, al sentirlo retirar su pene de su interior. Su piel se estremeció ante la calidez del semen de ese alfa descendiendo por sus muslos.
—Te dije que no acabarás dentro —reclamo el omega—. Es difícil limpiarme después.
Pese al temblor de sus piernas, quiso ponerse de pie, su estómago no tardaría en rugir por comida, y antes de hacer cualquier otra cosa, necesitaba bañarse.
Sin embargo, su debilidad fue más, porque casi se iba de espaldas al primer paso, siendo prevenido por la mano de Craig a su cintura, tirando de su cuerpo para recargarlo al suyo.
—Vamos, tienes que tener cuidado — le susurró al oído—. Te ayudaré a llegar a la habitación.
Su cara se puso rosa hasta las orejas, casi había olvidado que ambos estaban desnudos. Dios, a este punto aún no entendía porque se sentía tan avergonzado cada vez que terminaban, no era la primera vez que tenían sexo, y claramente, no sería la última.
Soltó un pobre gimoteo al sentir otra vez esa erección caliente presionarse con sus nalgas. Aquí iba de nuevo.
—N-no... ¿No tenías una reunión hoy?—le pregunto al alfa. No, no quería que se detuviera, pero si tenía leves recuerdos sobre algo así. Además, vamos, tenían que descansar aunque sea cinco minutos.
—¿Y el cuernudo de tu marido no llegaba hoy? —le regresó.
Tweek lo miro ofendido.
—No le digas así... — espetó en un chillido agudo. El pene de Craig había comenzado a frotarse sobre su entrada, tentándolo a empinarse de una vez por todas—. Si tienes trabajo que hacer, entonces puedes irte.
—¿Quieres que me vaya y te deje con las ganas? — cuestionó el azabache con un tono sarcástico. Un suspiro áspero salió del omega ante un beso casto tras el lóbulo de su oreja.
No conforme con eso, esos labios bajaron hasta su nuca. Besándola con obvio deseo de clavar sus dientes en ese lugar. Junto a esas frías manos que lo hacían retorcerse en sus momentos del clímax, estimulando sus erectos pezones.
No. Al carajo.
Se giró con rapidez, atrapando sus húmedos labios con los suyos. Besándolo con desesperación, como si nunca hubieran cogido igual que unas bestias minutos atrás. Dios santo, aún sentía la semilla de Craig salirse de su trasero, pero de todas formas, su culo vibraba emocionado por la idea de recibirlo de nuevo.
—Diles que se vayan a la mierda — ordenó el rubio, empujando con fuerza al alfa en el sofá de su sala.
Ni siquiera le dio la oportunidad de que respondiera, porque tomó la verga ya hinchada de su amante, poniéndola directamente en su ano, y con un gemido entrecortado, dejó que se hundiera de golpe dentro de él.
Olvidando por arte de magia su cansancio, lo volvió a cabalgar como muchas veces lo había hecho. Meneando sus caderas sin pudor alguno, gimiendo en alto por el placer que le provocaba el ardor delicioso que infundían sus cuerpos al entrar y salir.
Pero, incluso entre la perdida de su conciencia debido al furor de su nuevo apareamiento, se permitió regresar un poco al pasado en sus memorias.
En esos instantes en los que aún eran unos vecinos normales. De forma precisa, en el pequeño festival del vecindario donde inició su amistad.
El día en que se atrevió a dar un paso hacia él.
—No podré ir contigo. Lo siento mucho, Cariño. Ya sabes, aún me ven como el nuevo y...
Christopher, una vez más, se justificaba por medio de una llamada telefónica para dejarlo plantado en un evento. No debería ser una sorpresa, esa empresa lo estaba asfixiando hasta los huesos. En esos casos, a Tweek no le quedaba más que suspirar y seguir adelante con lo que tenían planeado, pero con su ausencia.
Su alfa hacía esto para darle una vida mejor, no tenía por qué quejarse cuando su único trabajo era mantener la integridad de su hogar.
Aunque su primer pensamiento respecto al festival del vecindario que sus vecinos organizaron, era no ir, cambió de opinión al pensar en que podría divertirse al menos un poco en esos tontos juegos de feria.
Y contra su buen juicio, y con tan solo unos minutos, se dio cuenta de que esas fiestas no eran para alguien tan aburrido como lo era él. Pero de todas formas acepto ser parte de uno de los juego de mesa al no tener nada mejor que hacer. Claro, jamás hubiera esperado la coincidencia de que pusieran a cierto hombre como su compañero de juego.
Craig Tucker.
Al principio se sorprendió, más aún cuando volvieron a conectar el azul cielo y el esmeralda profundo de sus ojos. Un contacto bien recibido por los dos, porque ninguno pudo apartar la mirada del otro por un tiempo eterno. En el fondo, Tweek supo que no era normal esa manera verse; en un parpadeo lento que ocuparon para reconocerse, como si estuvieran traspasando a la desnudez de su piel.
Únicamente cuando el silbato de uno de los otros vecinos sonó, se dio cuenta de lo que estaban haciendo, y tratando de negarlo, así como de ignorarlo, empezó a tirar de las fichas de sus manos.
Craig, quien también salió del trance, le siguió el juego. Dándole una de las fichas de manera directa en su mano.
Lo que fue un gran error. Porque al rozar las yemas de sus dedos, el mismo calor extraño que le recorrió el cuerpo el primer día que se conocieron le llegó de golpe. Erizando cada bello disponible en su piel. Si no fuera por su autocontrol, pudo haber jadeado de manera ridícula.
Algo dentro de su cabeza, quizá su parte más racional, le rogó por huir, pero otra parte, esa que parecía ser dominada por sus instintos de omega, le suplicó por volver a conseguir ese toque.
Temblando un poco, tomo otra de las fichas, y así, siguieron su juego.
Partidos tontos, alguna que otra victoria y malos perdedores fue el saldo final de su juego de mesa. En esos instantes, ninguno perdió la oportunidad para entablar una conversación fuera del tema de la feria.
Sobre ellos dos conociéndose.
Solo así, se dio cuenta de que Craig tenía veintiséis años, ganándole a Tweek por dos años, que además, era maestro en una primaria, vivía solo y el detalle que no pasó por alto dentro de su mente: era soltero.
Tweek también habló de sí mismo; del lugar donde nació, su familia, sus pasatiempos, las cosas que le agradaban, la tonta película de Terrance y Philip que tanto le gustaba...nimiedades con las que se sintió cómodo de hablar con su vecino.
—¿Aún no estás marcado? Pensé que estabas casado.
La pregunta que Craig le hizo en esa noche, lo tomo desprevenido, lo que en automático lo llevo a palpar sus dedos a su nuca desprovista de marcas. El hombre lo había notado de alguna forma, pese a que ese día optó por una camisa de cuello.
—Pensábamos que aún era muy pronto— confesó con un pequeño sonrojo en sus mejillas—. Una mordida es un lazo de por vida, y bueno, aún estamos muy jóvenes. Talvez después...
—Ah, ¿cuándo tengan a su primer hijo? — le cuestionó con la mirada fija en lo que respondiera.
—Oh... -gimió asustado-. Eso es muy...—por alguna razón, se sentía incómodo de responder algo tan simple como eso.
Quizá era porque había una pequeña mentira en eso. Porque era Tweek, el único que se negaba a ser marcado por su alfa, contrario a Christopher, quien siempre le insistió hacerlo después de casarse.
Tweek era quien creía que era muy pronto para tener esa marca perpetua.
Por alguna razón, aún no se sentía listo para dar ese gran paso. No estaba preparado para encerrarse en el aroma de una única feromona en lo que le restaba de vida.
—Bueno, fue un gusto jugar contigo, Craig. La verdad es que sí me divertí—habló, pisando los primeros escalones de su pórtico.
Eran las diez de la noche, y su marido no parecía llegar aún. Las luces de la feria seguían brillando con tanta vida, pero Tweek ya estaba muy cansado para seguir jugando, y de antemano, sabía que con Craig era lo mismo. Mañana se levantaría temprano para ir a trabajar.
No fue su intención, sin embargo, sus ojos volvieron a conectar de esa manera profunda. Ambos se sonrieron sin saber por qué, y ahí quedó todo por esa noche.
Los días que le siguieron a eso, marcaron un punto nuevo de su amistad.
Se saludaban con una sonrisa cada vez que se encontraban. Platicaban casi siempre que se daba la oportunidad.
Seguían dándose más de esas miradas fugaces extrañas.
No había día en que no salieran por las tardes de su hogar para toparse con él en su jardín trasero, y platicar mientras regaban sus plantas. Fue gracias a eso que encontraron una abertura en la cerca de ambos que casi funcionaba como una puerta de entrada al jardín del otro. Cosa a la que le sacaron provecho para ayudarse de forma mutua con cualquier defecto de su hogar.
Lo que, inevitablemente, los término volviendo más cercanos.
—El clima está terrible. Está lloviendo como si fuera el fin del mundo, ¿qué tal las cosas en San Diego? — le pregunto a su marido durante una de sus llamadas.
Christopher últimamente viajaba mucho, un sacrificio que tenía que hacer para conseguir un ascenso que su jefe ya le venía prometiendo desde hace semanas.
—Demasiado calor para mi gusto. Dios, ya no soporto esto, quiero regresar a casa contigo, Cariño — lamento su alfa. Le escucho soltar un suspiro sufrido por la situación—.Quiero comer tus comidas y salir a pasear solo los dos.
—Yo también, Chris—le dijo, viendo con cierta tristeza la tormenta fuera del auto.
No se atrevía a decirle al castaño que su auto no encendía y que no trajo una sombrilla consigo. Sí o sí, se empaparía si es que quería llegar a casa temprano. No tenía caso contarle su estrés actual si no podía ayudarlo desde miles de kilómetros lejos de South Park.
Sin contar que estaba muy cercas de entrar en celo.
Y estaría completamente solo en eso.
Qué tristeza su vida.
—Prometo que te compraré algo lindo. Tengo que irme, Tweek. Te amo.
Con eso, su conversación terminó. Apagó su celular, y recargo con desesperanza su cabeza al volante. Una vez más, levantó su cara, y conecto las llaves al auto en un último intento por ver si no funcionaba. Dando un giro a la llave conectada al auto, sin respuesta, dejó ver que ya no tenía caso el seguir tratando.
Suspiro, haciéndose a la idea de que tendría que salir y bañarse en la lluvia si es que quería alcanzar un techado, y con mucha suerte, conseguir señal para pedir un uber que lo llevará a casa.
Y pensar que lo único que quería hacer, eran sus compras semanales de reserva para su hogar. Siempre tenía mala suerte a la hora de llevar a cabo sus deseos mundanos.
Con mucho valor, así como de resignación, abrió su auto, saliendo lo más rápido que pudo y corrió, intentando cubrirse de la lluvia sin éxito. No fue hasta que vio una tienda de conveniencia cercana, que entró a toda velocidad.
Respiro agitado, sintiendo demasiado frío. No era para menos, estaba completamente empapado y temblando por la baja temperatura.
—Mierda... —mascullo por lo bajo. Su celular había quedado inservible, la pantalla tenía su fondo de pantalla estático, con franjas de verde y morado neón que no dejaban a sus dedos moverle a la pantalla táctil. Ya ni siquiera encendía bien.
¿Por qué esta clase de cosas tenían que pasarle solo a él?
De pronto, soltó un estornudo. Había pescado un maldito resfriado con todo esto. Sin querer, se burló con histeria, con las lágrimas queriendo aparecer en sus ojos.
Quería ir casa.
—¿Tweek?
Levantó la vista de inmediato en dirección a esa voz familiar. Con sorpresa, solo atino a susurrar su nombre con lamento.
—Craig...—las lágrimas amenazaban con caer.
Su vecino estaba a un metro suyo, mirándolo con el mismo asombró que el omega. No dando crédito a que su pequeño vecino estuviera luciendo hecho un desastre.
—Si no te resfriaste antes, lo harás ahora si no te cambias.
Jadeo boquiabierto, Craig se estaba quitando el suéter azul que nunca se cambiaba, cediéndoselo a él. Dejando al descubierto una delgada camisa blanca por debajo, que por pura casualidad divina, dejaba ver un poco de sus músculos naturales bien trabajados.
Trago su saliva sin ser consciente.
—Te llevaré a casa— le dijo. Una simple frase que le hizo bajar la mirada, llenándole de calidez el rostro. Sin mayor problema, se puso el suéter que le quedaba holgado y camino junto al hombre en dirección a su auto, el cual estaba aparcado al frente de la tienda.
Por primera vez en días, alguien lo escuchaba entre sus lamentos.
El camino a casa lejos de ser incómodo, le parecía acogedor. Una lluvia que no paraba, en un auto que navegaba lento, permitiendo que viera el paisaje de manera atenta, junto a un vecino amable que le brindo el calor de un suéter de aroma mentolado, no hacía más que no quisiera que terminará su camino.
Sin darse cuenta, estaba tan cómodo que sus suaves feromonas de miel se liberaron con tranquilidad en el auto. Cerrando sus ojos, casi sonriendo, se permitió llegar a su momento de paz.
—Bien, llegamos—sentenció con calma su vecino. Talvez había pensado que se quedó dormido—. Te ayudaré a bajar las cosas.
Había olvidado que incluso Craig se ofreció a sacar las bolsas del supermercado de su auto, pese a que gracias a eso, también termino empapado, y llamado a una grúa para qué se llevarán el auto averiado a un taller mecánico que le recomendó en el camino. Le estaba ayudando tanto.
—No tenemos opción, Tweek—le dijo, viendo que el aguacero seguía cayendo sin piedad por la ciudad.
—Bueno, peor no podemos acabar.
Respondió con gracia, dado que ambos ya estaban algo mojados, no importaba si se volvían a bañar bajo la lluvia.
Craig tomó las bolsas de mandado y a la cuenta de tres, los dos salieron casi corriendo al pórtico del rubio. Tweek quien en un principio se había irritado por el clima que le atacó horas atrás sin ninguna consideración, soltó una risilla al ver a su vecino tropezar de manera graciosa con el lodo de su entrada.
El hombre al verlo reír, fue inevitable que también lo terminara haciendo.
—Entra, Craig. Te traeré una toalla.
Tan rápido como entraron, abandonó al azabache en su sala de estar mientras corría a su habitación en busca de aquello que le prometió.
Ahora que lo pensaba, era la primera vez que Craig entraba a su hogar. Todas las demás veces que se habían visto, fueron en reuniones de los demás vecinos, o en su propio patio, pero jamás por dentro de la casa.
Tal vez como agradecimiento por tanta ayuda, sería bueno invitarle una buena comida que solo Tweek sabía hacer.
Al menos, eso fue lo que pensó. Sin poder imaginar que tan pronto regreso a dónde dejo al azabache, no lo encontraría. Extrañado de no verlo, solo hicieron falta unos pasos para dar con su rastro cercas de la puerta de entrada. La inquietud chispeó en sus pupilas al notar que estaba casi agachado en el suelo, temblando como si sintiera mucho dolor en el estómago.
—Dios mío, Craig. ¿Estás bien?—le pregunto visiblemente consternado—. ¿Quieres que te lleve al hospital?
Al no recibir una respuesta, el rubio tocó su hombro, lo que ocasionó que el de mayor altura se tensara, comenzando por respirar agitado y sus temblores se hicieran más prominentes.
—Yo debo de irme...No estoy bien, Tweek.
El omega sin entender sus razones, se le acercó por la espalda, intentando darle muestra de su apoyo. Si tenía que llamar a una ambulancia, lo haría, pero no dejaría solo a un amigo que claramente estaba sufriendo. No era ese tipo de persona indiferente con los demás.
Sin embargo, así como se acercó, un olor tenue amaderado y fresco del almizcle le inundó las fosas nasales. Un aroma tan atrayente, como refrescante que lo dejo estático en su sitio.
Su respiración se detuvo por un momento, y su corazón se aceleró casi de inmediato.
No podía ser cierto. Craig no era un...
—¿E-eres un alfa...?
Por primera vez, el azabache le miro. Su expresión estaba tan perdida, al igual que esos ojos esmeralda que siempre lo veían con un brillo resplandeciente, ahora se veían opacos, difuminados en una extraña necesidad de querer poseer a cualquiera que se le pusiera al frente.
Un alfa en celo.
—Debo irme... — susurro el mayor, queriendo abrir la puerta de salida, y fracasando en el intento debido a su estado inestable.
La primera vez que lo vio, creyó que se trataba de un beta dado que no pudo sentir ningún aroma venir de él. En todo este tiempo, había estado conviviendo con toda libertad a lado de un completo macho.
¿Cómo es que no pudo darse cuenta?
Por primera vez, sus instintos de omega, le dijeron que estaba en una situación peligrosa. Por eso mismo, retiro la mano que había posado en su hombro, y dio unos pasos atrás, pretendiendo alejarse de él. Porque no sería correcto que un alfa en celo y un omega estuvieran tan cercas de sí, si no eran pareja.
Pero entre las grandes vueltas que da la vida, no logro alejarse de las garras de los instintos.
Porque en un asalto que no previo, Craig lo había tomado por una de sus muñecas y sin darle el tiempo de pensar, lo inmovilizó con un rápido y duro abrazo, uniendo su espalda al fornido pecho del azabache. Soltando su mano, los fuertes brazos del alfa le rodearon la cintura, en tanto la nariz de Craig olfateaba con insistencia su nuca.
—Qué dulce miel ...—le susurro con voz agravada, la excitación en ese tono no se podía ignorar. Era el Craig de siempre, pero a su vez se sentía diferente.
—Craig ... —mascullo, completamente dócil. Sin saber que hacer a continuación.
La mirada del rubio se agrandó aún más, percibiendo como el azabache pegaba en su totalidad su cuerpo a su espalda, juntando la pelvis con su trasero. Solo de esa forma sintió chocar algo grande y duro entre sus nalgas, frotándose en él. No era uno tonto como para no saber lo que era.
—Omega...
—¡C-Craig...!—le reclamó, no era algo que Tweek habría esperado ni en mil años.
Mucho menos habría esperado el sonido de la bragueta del alfa bajar. El ambiente de pronto se había tornado sofocante, ardiente como la necesidad del azabache por restregar su cálida erección por sobre la ropa del trasero de Tweek.
—Uhh...basta... —trato de detenerlo entre quejidos, con las mejillas coloreadas y un calor emergiendo de sus partes bajas.
Craig lo había tomado de las caderas para que no fuera a escaparse, simulando embestidas lentas para estimular a su parte omega a entrar en celo. Lo que parecía funcionar, porque el propio Tweek se estremecía con cada golpe.
Sin embargo, regreso a la realidad en cuanto las manos del alfa fueron directo a agarrar los dobladillos de su pantalón, queriendo bajarlos.
—¡No, basta Craig!
Exclamó, tomado el valor de darse la vuelta y encararlo, llevándose la sorpresa de estar frente a la cara desprovista de cualquier emoción que no fuera del deseo en Craig, un muy apenas sutil sonrojó le adornaba. Su parte alfa era quien le estaba dominando.
Pero el peor error de Tweek, fue bajar sus ojos bicolores abajo al sentirse cohibido por la lujuria ajena.
Porque pudo ver con un buen lujo de detalle el gran pene erecto de Craig expuesto, libre de sus pantalones esperando por ayuda. El omega tragó su saliva con fuerza, sintiendo su cara calentarse el doble que antes.
Su erección se encontraba tan levantada que casi se pegaba al vientre del azabache. Tan grande y dura, con su glande rojizo con líquido preseminal ya escurriéndose a lo largo hasta llegar a sus testículos.
No había visto nunca un pene del mismo tamaño que el de Craig, ni siquiera el de su marido se asemejaba a esa grande talla. Con eso ya no le quedaban dudas, ese era el grosor de un verdadero alfa.
Aunque el de mayor altura no se atreviera a decirlo, toda su expresión gritaba por buscar un alivio, a su modo estaba sufriendo. Y vaya que Tweek lo entendía muy bien, después de todo, era un omega que había pasado muchos de sus celos en soledad, sabía de antemano lo doloroso que era no poder liberarse de ese instinto.
—T-te ayudaré...
Susurro con un tono tímido, que a su vez era decidido, al fin y al cabo, Craig era su amigo, solo por esta vez podría darle una mano.
Literal.
Alzo su mano derecha en dirección al glande hinchado del contrario, primero dedicándose a tantearlo y en acariciar la cabeza con cierta admiración inconsciente. Pero en cuanto escucho el primer jadeo venir de los labios del alfa, se llenó de la confianza suficiente para deslizar sus dedos a lo largo del cuerpo del falo.
Encerrando sus dedos a lo ancho de ese pene, comenzó a subir a bajar con ayuda de los apenas rastros de semen de Craig. Al inicio, el bombeo de su mano fue lento, aunque sintiendo lo ardiente que era a su tacto y el cómo las arterias de ese lugar palpitaban con fuerza, algo muy oscuro en Tweek surgió. Su culo de manera inesperada comenzó a humedecerse, y los latidos acelerados de su corazón lo hicieron suspirar con una agonía que lo obligó a soltar pequeños gemidos que aumentaron la hinchazón en esa verga, así como los gruñidos de placer de Craig lo llevaron a mover más rápido su mano.
Tweek sentía que se ahogaba, las feromonas espesas de Craig se impregnaban con fuerza a los alrededores de su hogar. Entre más las respiraba, la frustración dentro de él crecía, y su propio pene enclaustrado en sus pantalones empezaba a cobrar vida.
Junto sus piernas como si eso le pudiera dar algún alivio al rozarse con su propia ropa. No, no lo estaba consiguiendo.
—¡C-Craig...!—gimió en voz alta, sin detener el bombeo de su mano, palpando cada vez más un bulto en la base que iniciaba a crecer.
El alfa estaba muy cercas del clímax, y en un deseo impuro del omega que no se podía sacar de la mente, llevo su otra mano a los testículos endurecidos para masajearlos. Ahogo un gemido, palpado el ardor en ellos por querer liberarse.
Craig quién se había mantenido en una posición pasiva, perdió el entero control ante su estímulo, moviendo sus caderas y embistiendo la mano de Tweek, ayudándolo con esa caliente fricción que les nublo los sentidos. El rubio, simplemente, no podía dejar de verle la verga, era majestuosa a sus ojos, la manera en que seguía dura, y cada vez más roja apuntándolo.
—Oh...¡No, Craig!
Con un último aullido lleno de excitación que casi hizo sollozar a Tweek, fue testigo del final. Craig había dado una última embestida, soltando un gruñido gutural que marco lo intenso de su orgasmo, mientras que su semilla salió disparada, manchando la ropa de ambos y salpicando la cara del omega.
Ambos respiraron con dificultad, tratando de recomponerse, siendo Tweek el más afectado. Sus bóxer estaban empapados en sus fluidos, en algún punto, él también debió haberse corrido.
Solo así, libero sus manos del pene de Craig, llevándolas a su rostro, pasando uno de sus dedos directo en su mejilla, dónde algunas de las gotas de la esencia del hombre cayó. Cuando se quitó aquello de su piel, observó el líquido espeso blanco correr por su dedo.
Otro impuso obsceno se apoderó de su cuerpo, el omega en su interior se removían con desesperación por querer hacer algo con eso: comérselo.
Pero con eso, también recupero los sentidos y cayó en cuenta de todo lo que había pasado.
¿Cómo se había atrevido a tanto...?
Su corazón se agitó de la ansiedad, sabiendo el pecado que acababa de cometer. Esto era una completa pesadilla.
—Tweek... —susurro el alfa, quién parecía haberse recuperado de su libido.
—Vete.
Le ordenó con una expresión perturbada, sintiéndose tan contrariado y mareado en toda su maraña de pensamientos. El ambiente en ese mismo momento se le hacía tan insoportable que lo abandonó en su sala de estar en lo que corría a recluirse a su habitación, esperando a que se fuera lo más pronto posible y esa sensación extraña en sus pantalones desapareciera.
No volvió a ser lo mismo.
Dos días después de aquella escena, fueron todo un infierno personal. Entre que ahora no podía ver a Craig a la cara, y se la vivía encerrado en las paredes de su hogar para no tener que toparse con él, también la culpa lo abordo en unos de esos días en que Christopher llegó de imprevisto en una "visita rápida".
Pese a intentar actuar como siempre y convencer a su marido de que todo se encontraba bien, tal como lo había dejado en su partida anterior, no lo estaba. El beso de bienvenida, el comer juntos y estar tomados de la mano mientras veían una película se había sentido particularmente mal, como si Tweek no tuviera el derecho a actuar normal.
Pero ahí estaba, dándole un último beso de despedida a su esposo, bajo la promesa de que a su regreso, estaría más tiempo a su lado. El rubio solo le sonrió, animándolo a que así sería.
Sin embargo, cuando el auto se marchó y esa puerta se cerró, solo atino a soltar un largo suspiro, como si estuviera cansado, y a su vez, aliviado de no tener que seguir lidiando con ese sentimiento extraño que aguardaba en su corazón en la presencia de su alfa.
Nunca iba a poder confesarle sobre la "ayuda" que le dio a Craig sin que se malinterpretara. Mucho menos iba a poder decirle que esa escena se repetía una y otra vez en su cabeza como una cinta trabada. No lo hacía mejor el que cada vez que lo recordara, sus dedos picaran como si recordarán lo caliente que era sostener ese gran trozo de carne y su parte íntima palpitará con anhelo descarado.
Debía estarse volviendo loco.
Negó con la cabeza. Era mejor olvidar ese recuerdo cuanto antes.
Suspirante, movió con destreza el cuchillo que sostenía, pasando su filo sobre la zanahoria que cortaba en rodajas finas para la comida. Terminando con ella, la pasaba directamente a un tazón y continuaba cortando la siguiente, pero pasando de un vegetal a otro, uno entre todos los que estaban dispuestos en la mesa llamo su atención casi de inmediato.
Un verde y brillante pepino. Soltó el cuchillo que tenía agarrado y tomo la fruta entre sus manos con una palpable curiosidad, era fresca, así como era muy suave a sus dedos, pero también...muy grande y gruesa.
Respiro entrecortadamente, sintiendo sus partes bajas doler. Una vez más, ese recuerdo atacaba su mente; la manera en que su mano se movía alrededor de la verga de Craig sin ningún pudor, y como este reaccionaba hinchándose más a su atrevido tacto.
Su cuerpo no parecía poder resistirlo más, y por eso mismo, sus propias feromonas salieron disparadas. Su pecho comenzó a latir a alta velocidad, los bellos de su piel se erizaron y el sudor en sus manos casi dejaron caer el pepino. Un calor insoportable se estaba formando en su entrepierna. La hembra en su interior le estaba gritando por alivio, que necesitaba aparearse.
El haber tenido su cabeza en otro lado le hizo olvidar aquel detalle importante que había estado pasando por alto en estos últimos dos días: hoy comenzaría su celo.
Ya estaba siendo atacado por sus instintos primitivos, su pequeño pene endurecido apretando su pantalón lo confirmo. Sabía que le esperaba un largo ciclo de calor en soledad, por lo que fue directo apagar la olla que tenía en la lumbre.
Antes de salir de cocina, con sus últimas fuerzas, quiso dejar el pepino sobre la mesa, pero por más que lo deseaba, su mano no pudo soltarlo. No, no había manera de que pudiera dejarlo.
Su mente en el furor de su calentura le hizo la mala jugada de ya no poder ver esa verdura de manera normal. No era un simple pepino.
Se relamió los labios y su culo se humedeció del deseo. Era del mismo tamaño del pene que no podía olvidar.
Se parecía tanto a la verga monumental de Craig.
Ni siquiera alcanzo a ir a su habitación, sus pasos torpes solo le permitieron llegar al sofá de su sala. Estaba tan desesperado, y tan cachondo, que se bajó el pantalón con todo y bóxer de un tirón, dejándose caer a las almohadas del sofá con las piernas bien abiertas. Su agujero le ardía con una fuerte necesidad de tener algo dentro.
Por lo que aprovechando su humedad en la zona, metió de golpe dos de sus dedos, liberando un dulce quejido de sus labios. Con su otra mano libre agarro el pepino, mirándolo con toda la lujuria del mundo e imaginando a cierto pene erecto, empezó por lamerlo en círculos la punta, antes de meterlo de lleno a su boca. Su imaginación era tan buena que casi estaba seguro de sentir el salado en su paladar y el calor palpitante que días antes lo habían vuelto loco.
Siguió penetrándose con sus propios dedos, expandiendo aún más su entrada que estaba más que lista para recibir el pene de un alfa que no llegaría.
—Ngh... — su boca libero la gran fruta, inhalando fuertes respiraciones después de sentirse casi ahogado por el grosor.
En este punto tan alto de su libido, ya nada le importaba, su omega rogaba por qué una enorme verga se corriera dentro suyo.
Tweek sabía que eso no pasaría, pero para ayudarse a sí mismo, paso por alto lo extraño que se veía llevar ese gran vegetal a la entrada de su zona íntima, acariciando ese lugar con un fuerte deseo.
—Alfa... —susurro completamente excitado.
"Omega..."
La manera en que su amigo le llamo aquella vez resonó en su consciencia. Con esa voz tan ronca y llena de lujuria por querer montarlo por detrás, mientras que su fuerte erección se frotaba en su trasero.
"Omega..."
Lo quería, no, le urgía con toda la vida tener ese glande dentro de él. Por lo que con su hambre consumiéndolo, hundió con lentitud la fruta en su agujero apretado, invadiendo sus paredes. Aulló del placer al comenzar a moverlo con su mano.
—Más...Quiero más... ¡Más!
El autopenetrase no era suficiente, con su otra mano abrió su camisa de botones, deslizándose directo a masajear y pellizcar uno de sus pezones. Los gemidos de Tweek eran lo único que se podía escuchar en toda la sala.
—Quiero más...Alfa — rogó, deseando que eso que tenía clavado en el culo fuera más que solo una fruta.
Quería que fuera una real. Quería el pene hinchado de su alfa.
Inconcientemente, no era su marido a quien se refería y quién dominaba sus pensamientos más indecentes. Si no, más bien...su alfa.
Su alfa.
El sonido inesperado al timbre de su puerta paro todo movimiento suyo, así como callo cualquier sonido que su boca pudiera emitir, sacándolo por un instante de su frenesí del celo.
—¿Tweek...? ¿Estás allí? Necesito hablar contigo. Sé que no quieres hacerlo, pero quiero disculparme...
Esa voz, esa maldita voz jovial y a su vez, grave que no podía eliminar de sus pensamientos más sucios.
Oh, como la había extrañado.
Se retiró la hortaliza de sus adentros, y la dejo de lado por detrás del sofá. Su parte omega estaba eufórico, revoloteándose de la emoción porque el real le hubiera llegado en bandeja de plata. Tan cegado estaba por la hembra en su interior que se levantó el escuchar más de esa voz hablándole, como si le respondiera el llamado de aparearse.
Sus pasos tontos y tambaleantes, pero inundados de la más pura necesidad se aproximaron a la puerta. Tenía los ojos difuminados fuertemente de la excitación, saboreando hasta casi salivar por la sombra que se distinguía por debajo de la puerta.
Estaba tan cercas de él, que su trasero continuo lubricando el doble, liberando más de su aroma de miel más dulce.
Con su omega dominando, le dio igual estar semidesnudo, solo tapando parte de su pecho por la camisa que no alcanzo a quitarse por completo cuando se estaba masturbando.
Sonriendo con claro deseo, abrió la puerta, asomando solo su cara al dejarla entre abierta.
"Alfa..."
Y ahí estaba ese alfa.
Craig Tucker. El alfa azabache que lo miraba con una mezcla de sorpresa y esceptisismo, quizá no esperando que le abriera. Pero, pronto, captando el poco aroma que se escapaba por la puerta, el hombre entendió casi de inmediato lo que estaba ocurriendo.
—¿Tweek, tu estás en ...?
—Alfa...
Ni siquiera lo dejo terminar, abrió aún más la puerta dejándole a la vista su silueta completa. Sus piernas de piel nívea desnudas, y parte de su pecho al descubierto, donde uno de sus pezones erectos se asomaban para llamar la atención del alfa. Craig se tambaleó, respirando con dificultad e inhalando las feromonas excitadas del omega.
Esa era la fuerza de las feromonas de una hembra. Las de un alfa en celo eran demasiado atrayentes, haciendo suspirar de deseo a más de un omega, pero no hacían más que eso. Pero, por otro lado, las feromonas de un omega en celo, eran las más poderosas de las dos castas. Dado que el fin de que un omega entre en calor es reproducirse y conseguirlo en una sola monta, su aroma dulce y audaz, puede hacer que cualquier alfa a su alrededor sea inducido a la fuerza al celo para conseguirlo.
Por lo que no fue una sorpresa que Craig lo aventara de regreso dentro de su hogar y cerrará de una patada la puerta tras de sí. Sin decir nada más, el alfa lo atrapó en la pared de su entrada con un beso posesivo, tomándolo de las caderas para juntar el calor de sus entrepiernas.
Tweek libero varios quejidos, tirando de sus oscuros cabellos en cuando el hombre se alejó de sus labios para ir a inundar de besos bajo su mentón, pasando su lengua por sus clavículas deteniéndose en sus pezones por un momento, como si los admirara antes de poner sus labios en ellos succionándolos.
—Alfa... —jadeo, suspirando del éxtasis de tener a ese macho estimulando sus partes más sensibles.
Contuvo por un instante el aliento, viendo como Craig se separaban por un momento para quitarse la polera y sus pantalones, revelando su robusto cuerpo de abdomen marcado y el bóxer negro apretado que aguardaba por esa carne por la que Tweek tanto soñó cuando se dio placer a sí mismo.
Suspiro anhelante, sintiendo hervir todo su cuerpo.
—Rápido... —rogó, acostándose en el piso casi de inmediato viendo como se bajaba esa última tela de la entrepierna.
Su culo se estremeció con rapidez al ver la dura erección de Craig aparecer al desnudo, levantado y con las venas palpitantes por cumplir su cometido, sabiendo a qué había venido al mundo.
Se abrió de piernas tan pronto Craig se acercó y se acomodó entre sus muslos, sintiendo una fuerte ansiedad, el omega alcanzo la cabeza de la hinchadura del alfa, apuntándola de a una a su entrada.
—Aquí... — susurro con los ojos llenos de lágrimas por la desesperación, ya no podía soportarlo más.
—Vaya, pobre. Tienes tanta hambre de mi verga que ya hasta estás dilatado —le hablo el azabache una vez más con ese tono ronco de excitación que hizo al omega temblar y suspirar al mismo tiempo. Una sonrisa clara de triunfo se asomaba en esos ojos esmeraldas—. No parece que sea algo que te den en casa.
—Por favor... -suplico.
—¿Sí...?
Craig había tomado su propia erección con una de sus manos, rozando su rojo glande por la entrada del rubio. Restregándose y jugando con la poca cordura que ya le quedaba.
—¿No has olvidado ese día, verdad?
Por un instante, Tweek detuvo sus gimoteos y solo quedó su respiración entrecortada por la estimulación en su parte íntima como respuesta. Era verdad, no había podido olvidarlo.
¿Y cómo hacerlo? Craig era un alfa en toda regla. Tenía unas feromonas de almizcle tan buenas, un cuerpo fuerte e impresionante, así como su pene estaba a la altura de un macho digno con el cual aparearse.
—Yo tampoco lo he olvidado. No he podido sacarte de mi cabeza — le confesó el hombre en un susurro, robándole el aliento al omega al saberse que no era el único—. Había estado soñando con tenerte así, debajo de mí, metiéndotela hasta el fondo, anudándome en tus paredes y corriéndome dentro de ti con fuerza que estoy tan seguro de que te dejaría preñado. ¿Eso es lo que quieres, no?
—Craig...
—Después de todo, eso es lo único que quiero hacerte ahora.
El alfa empujó su glande por su orificio acuoso, presionando para entrar a la fuerza en su totalidad. Tweek desprendió un quejido por la dura intromisión, arqueando su espalda del dolor y del placer de haberlo obtenido.
—Vamos, bonito. Relájate, que todavía no ha entrado toda — se burló, admirando con fogosidad la manera en que sus paredes se apretaban alrededor de su pene.
—C-craig ... ¡A-ah...! — grito con las mejillas tornándose rosadas. La sensación era tanta, que su pequeño pene erguido no resistió mucho más y terminó disparando prematuramente su semen en el abdomen.
Su cuerpo era tan sensible, pero no podía creer que apenas se la habían metido y ya se hubiera corrido. Algo así no le había ocurrido antes, que situación más vergonzosa.
—¿Tan rápido? Bueno, apenas comenzamos, podrás hacerlo muchas veces más.
Poniendo de imprevisto las manos bajo los muslos del rubio, Craig lo abrió más de piernas y sin darle la oportunidad de respirar correctamente, empezó a embestirlo con dureza. Meneando sus caderas de atrás y hacia delante como un animal desesperado por el delicioso contacto, arrancándole a su paso varios jadeos agudos a Tweek, quién se retorcía en cada golpe a sus estrechas entrañas.
Tweek casi podía llorar de la felicidad de sentirse tan completo y a su vez, tan lleno. No podía de parar de gemir en cada ocasión que sentía ese gran falo resbalar con dureza en sus cálidas paredes, incluso no se había callado cuando Craig soltó sus caderas para inclinarse hacia adelante y robarle un húmedo beso que lo dejo a su total merced.
—¡C-Craig...! —sollozo, pasando sus manos por detrás de esa ancha espalda desnuda.
Esto le gustaba tanto. Por un motivo desconocido, esto que estaban haciendo se sentía tan correcto, como si fuera algo esperado por los dos. Sin importar que estuvieran en el pasillo de su entrada, en un piso de madera de caoba tan frío, sus cuerpos seguían uniéndose entre sí en un frenesí exasperado por reproducirse.
Con Craig tomándolo de una manera tan posesiva, gruñendo a su oído mientras los movimientos de su verga dentro del omega se volvían cada vez más certeros en ese punto sensible de su cuello uterino. Su mente estaba perdida entre sus jadeos candentes, escuchando con todo el erotismo posible el cómo su unión de piel con piel provocaba el sonido más obsceno que solo lo hacía lagrimear aún más de la felicidad.
Pero como si no fuera suficiente el mar de feromonas que se suscitaba, también la hembra en su interior quería hacerse ver al atrapar las caderas del macho con sus piernas. No tenía pensado dejarlo , no cuando ya estaba sintiéndolo hinchar en su interior.
Estaba tan cercas de anudar. Solo faltaba un poco...
—A-Alfa...Aquí...
Señalo su vientre con la mano, en su expresión sonriente no quedaban dudas de lo que diría. Entonces, sin pensar más que con sus hormonas de omega recién follado, susurro esas benditas palabras.
—Pon un bebé aquí...
Craig, quién ya penetraba a un ritmo rudo, se detuvo por unos instantes, como si lo estuviera considerando, antes de regresar al vaivén impaciente con el que estaban, dando estocadas cada vez más profundas que las anteriores, tirando de sus caderas para empujarse aún más profundo de su cuerpo.
—¡Craig! —grito, aferrándose a su espalda como una ancla en la cual recuperarse de cada golpe a su orificio—. ¡Más despacio...! Así no voy a soportarlo más...Ah...¡Me voy a volver loco...Ngh!
—Loco me tienes tú con este culo tan apretado y caliente. ¡Casi me haces creer que me estoy follando a un virgen! — se burló, dando otra fuerte embestida—. Me estás envolviendo tan bien...
Su pene parado dolía cada vez más, y esa sensación de querer orinar le daba vueltas la cabeza, sabiendo bien que estaba a punto de correrse. El aliento de Craig había estado dejando de golpear a su oído entre jadeos, porque sus labios pasaron a los suyos adueñándose por completo de su omega.
—Craig...¡Craig!—repetía su nombre una y otra vez con sus ojos cristalinos y la baba corriendo por sus labios.
Hasta que finalmente Tweek ya no pudo más, y terminó disparando con fuerza su esencia sobre el estómago de ambos. El alfa por su parte, siguió penetrándolo hasta el punto de hincharse por dentro de su cuerpo, donde dio un último golpe mortal, con el pene bien adentro expulsó todo su caliente esperma sobre el útero ajeno.
—¡Craig...! — lo abrazo con dureza, dando el último largo grito de éxtasis por el orgasmo compartido.
Su parte hembra estaba que se regocijaba del gusto de tener su cálido semen recorriendo cada centímetro de su canal reproductivo con ese gran nudo que no dejó escapar ni una gota.
Con la respiración entrecortada y las lágrimas de júbilo recorriendo sus mejillas, quiso enfocar su vista al frente sin éxito, encontrando su propia visión borrosa y la mirada hambrienta de su vecino que no había tenido suficiente de su cuerpo.
Sonriendo solemnemente, Tweek lo abrazo por el cuello, acercando sus labios al oído ajeno.
—Monta mi trasero una vez más, alfa.
En respuesta, el macho lo beso con demasiada pasión, dando inicio a su nuevo apareamiento. Moviendo lentamente sus caderas para estimular el nudo de su pene a deshincharse para volver a cogerse a ese travieso omega.
Tweek, ebrio por el calor del celo, solo sonreía como un tonto cada vez que ese pene entraba y salía de él.
Quizá, ese día fue el más largo de su vida, y el más emocionante por si solo
Bastaron varias horas después en las que su celo termino, y ese alfa salió de su casa. Poco después, recuperó su conciencia del bien y el mal, dándose cuenta de que su balanza sobre el mal había ganado.
Le había sido infiel a su esposo.
Había roto su voto matrimonial...
Los días pasaron, volviéndose lentamente en los más terroríficos de toda su vida. Entre la culpa y la frustración de haber sido tan débil ante sus instintos primarios, no se permitió poder dormir con la consciencia tranquila. Sin querer, unas pequeñas ojeras se habían comenzado a formar bajo sus ojos y los pensamientos intrusivos sobre su gran traición a su amado marido le hacían un eco constante en la mente.
Peor aún, porque no solo su parte omega era la que hablaba, sino también el propio Tweek el que admitía que había disfrutado del tener sexo con Craig. Nunca se había derretido con tanta facilidad ante otra persona, ni mucho menos se había corrido tanto como lo hizo con ese alfa.
Lo que le creaba un gran remordimiento en torno a Christopher. Por lo que en nombre de ese lamentable sentimiento, y de querer reafirmar su amor por su marido, tan pronto como lo vio entrar por la puerta de entrada a su regreso, se abalanzó a sus brazos dándole un fuerte beso ansioso que lo instara a querer unirse a él.
Sin embargo, cuando Christopher respondió ante la iniciativa de su esposa, y le regreso el beso con el mismo sentimiento, poniéndole las manos sobre la cadera, Tweek lo alejo de inmediato. La idea de los dedos del castaño recorriendo su piel fue tan abrumador que se sintió nauseoso a la mínima señal de avance de su esposo, lo que le hizo terminar aquel contacto de manera inesperada con su expiación de la culpa.
Era como si fuera algo completamente incorrecto.
Lo cual hizo sentir peor al omega, siendo atrapado por una profunda desesperación que lo hizo llorar en esa misma escena, tomando por sorpresa a su pareja, quién no sabiendo la razón o el motivo de su llanto, solo pudo intentar consolarlo.
El tiempo después de eso, no fue el mejor. Las cosas con Christopher ya no eran lo que fueron en sus primeros meses de casados, pero no era algo por lo que el alfa pareciera molesto o preocupado, dado que aún continuaba viajando constantemente, tal vez ni siquiera lo había notado.
Pero Tweek sí que lo notaba, es decir, era el propio omega quien rechazaba cada iniciativa en el dormitorio de su matrimonio. Ese malestar estaba tan impregnado en él, que casi suspiraba del alivio cada que su esposo se marchaba. Aunque estar solo tampoco era una gran ayuda, ya ni siquiera podía salir a su patio sin tener miedo de encontrarse con Craig por accidente.
No obstante, sabía que no podía evitarlo para siempre y de una manera a otra, tendría que estar algún día frente a frente con él.
Y vaya que era un omega sin nada de suerte.
—¡Realmente te va muy bien, Christopher!—halago Stan, uno de sus vecinos más cercanos. Él y el nombrado miraban con hipnotismo el fuego de las brazas del asador—. Tú y tu esposa sí que están viviendo la gran vida de recién casados. No saben lo que les espera cuando vienen los niños...
El hombre hablaba con cierta envidia en su tono de voz, aunque también la experiencia reboso al final de sus palabras. Después de todo, dos de sus cachorros que no compartían edad —pero que seguían siendo pequeños—, corrían gritando de la emoción de jugar con los otros niños del vecindario. Stan Marsh tenía tres hijos en total, producto de su matrimonio con su adorable omega, Gary, el rubio sonriente en la mesa que mecía al niño menor que descansaba en sus piernas.
Tenían experiencia de sobra en el tema de los hijos.
—Es bueno ver más matrimonios jóvenes en el vecindario — seguía hablando su vecino—. Ahora que lo pienso, eso es lo que más abunda aquí. Es más raro ver solterones amargados y caras de culo como Craig —se burló.
Tweek siguió las risillas que se desataron poco después entre los invitados por el comentario directo de Stan, a manera de calmar sus nervios. No quería levantar su vista al frente, por el contrario, la mantenía en su plato del asado que lentamente se comenzaba a terminar.
No quería tener que ver de forma tan directa a Craig a la cara. No cuando estaban sentados en la mesa uno adelante del otro. El azabache, pese a la burla a su persona, solo respondió con un bufido fastidiado y siguió comiendo sin quitarle los ojos de encima.
Si no fuera por el suéter que llevaba puesto, quedaría en evidencia que su mirada esmeralda le erizaba los bellos de su tersa piel.
Tweek no quería estar en esa reunión, pero Christopher no le permitió faltar cuando un Stan emocionado tocó su puerta un viernes por la tarde para invitarlos a un domingo de asado en su hogar. Según comentaba el anfitrión, esas reuniones las hacían una vez al mes para meramente convivir entre todos los vecinos.
No pudo declinar la invitación por nada del mundo cuando su marido parecía feliz por aquello. Al fin y al cabo, su alfa estaba de viaje de negocios la mayor parte del tiempo que no había podido convivir con toda esa gente como el rubio si lo hizo en su momento.
Se moría de las ganas de decirle a su alfa que ya se fueran, pero el valor nunca terminaba de florecer, no cuando el castaño estaba más que inmerso en la plática sobre autos que compartía con Stan. Por lo que no le quedó más que resignarse a continuar sentado en la mesa mientras sentía a Craig observarlo todo el tiempo.
Sabía que si por asomo levantaba sus ojos bicolores en su dirección, todos los recuerdos le llegarían de golpe. Que de por sí, ya era abrumador vivir con ellos la mayor parte del día, e incluso entre sueños no paraban de aparecer.
No podía olvidarlo.
Desde imaginándose a sí mismo siendo follado en distintos lugares, con esas grandes manos sujetando sus caderas, mientras el habla vulgar a su oído de esa voz aterciopelada desataba una tormenta en su mente mientras era penetrado con brusquedad. Hasta masturbarse en soledad teniendo en mente esa gran verga que ya tuvo la suerte de tener dentro.
Tweek no era un imbécil.
Eso no estaba bien, era muy consciente de ello. Por eso se estaba esforzando al máximo en seguir sosteniendo la mano de su Christopher como siempre lo había hecho los últimos años. Recordado fervientemente aquel juramento que le hizo en el altar pocos meses atrás.
Esto solo sería pasajero, quiso convencerse a sí mismo. Un día de estos, lo olvidaría por completo, ni siquiera el polvo quedaría.
Porque un desliz, estaba condenado a ser un simple desliz que nunca volvería a pasar.
—Mamá. ¿Cuando darán el pastel...?— soltando un bufido de decepción, uno de los hijos de Stan se refirió a su madre en voz alta—. Dijeron que sería pronto, pero ya pasaron muchas horas...
—Bueno, quizá sea la sorpresa del final— consoló el amable rubio.
Ante la mención del infante, en automático llevo su mirada a su marido, quién le hizo señas de que "ya era hora de la sorpresa". Tweek comprendiendo su lugar, se levantó de la mesa con todo el sigilo posible y camino dentro del hogar de los Marsh en busca de su refrigerador.
Cómo parte del compromiso imaginario en el que su esposo los había metido, Tweek paso la mayor parte del día horneando un pastel de vainilla para sus nuevos amigos. Era lo mínimo que sentía que podía darles por haber sido tan amables con ellos dos desde que llegaron.
—Creo que debí traer leche chocolatada para los niños...—menciono en voz alta, soltando un decepcionante suspiro mientras metía sus manos a la nevera.
—Así está bien, si se los hubieras traído, más desesperantes serían los gritos de esos mocosos.
Un estremecimiento súbito le recorrió de arriba a abajo, su mirada atónita la descargo en el empaque del pastel dentro del refrigerador, y su pulso se alteró como mero instinto ante esa voz a la que tanto le había estado huyendo. No, no voltearía.
Porque si lo hacía, vería a Craig Tucker recargado en el marco de la puerta del comedor de los Marsh. Si tan solo lo miraba de reojo, su cuerpo reaccionaría de esa manera tan rara que quería evitar a toda costa.
Quién sabe de qué parte se sacó el valor para sacar el refractario del pastel, pero lo hizo, poniéndolo sobre la mesa sin dirigirle la mirada y ni una sola palabra a Craig. Este tipo de cosas no se pueden ignorar a la ligera, pero Tweek se quería hacer a la idea de que si podía, pero los pasos lentos de ese depredador le cortaron las alas para huir.
Por unos segundos no pudo respirar, el alfa con su caminar pausado, parecía estar tentando su paciencia. Paseándose vagamente por detrás de su espalda, como si estuviera buscando algo.
—Me mandaron por los platos— menciono, paseando todavía sus ojos esmeralda por todos lados.
Pensaba seguir ignorándolo, de no ser porque sus ojos captaron justo adelante de su pastel el paquete de los platos desechables. Sin embargo, antes de que pudiera decir que los encontró, el azabache se le adelantó
—Ahí están.
Con un susurro, el aliento tibio de Craig le rozo el cuello como una pluma traviesa que le hizo tensarse por completo. Su gran cuerpo sin previo aviso se había presionado a su espalda, y sus fríos dedos se habían deslizado desde sus hombros, pasando lentamente por sus brazos hasta alcanzar sus manos encerrándolas por unos instantes. Por inercia, soltó el paquete del pastel dejando que la conmoción persistiera en su mente.
De pronto, el cuerpo del alfa se apegó aún más intentando alcanzar los desechables, lo que inevitablemente hizo que su pelvis se pegará al trasero de Tweek como ese día que el chico trataba de olvidar. Un pequeño frotaje en ese lugar íntimo, que aparentaba ser casualidad, hizo reaccionar al omega.
—¿¡Q-qué estás haciendo...!?
No, no podía ser una casualidad. Mucho menos podría ser una al escuchar una sutil burla de los labios de Craig.
—¿Por cuánto tiempo más vas a seguir negandote a tus deseos, omega?
Pregunto, con esa manera tan firme y cínica que solo un alfa cómo esa pantera depredadora sabía hacerlo. Toda su piel vibró sin ser consciente en tanto esas manos pronto abandonaron sus manos para deslizarse por su espalda hasta llegar a sus caderas sosteniéndolo con firmeza.
Un nuevo roce de la entrepierna ajena se hizo presente contra sus nalgas.
—Uhh... —soltó un pequeño gemido y sus ojos comenzaron a cristalizarse por instinto. Esto era tan parecido a una de sus tantas fantasías con el alfa—. Basta...Esto no está bien.
—Creo que es peor que te estés reprimiendo— le respondió en voz baja, sin despegarse de su oído, sonriendo al ver los vellos de su nuca erizados por el contacto, exponiéndose sin ninguna duda—. ¿No lo deseas tanto como yo, Tweek?
El omega suspiro agitado, el pene de Craig parecía haber cobrado vida por qué se sentía el bulto duro frotándose contra su dócil cuerpo.
—Craig ...
—Ven a mi está noche—sugirió, sin vacilar en ningún instante—. Si lo haces, te daré tanto placer con mi verga como no te imaginas, y si no vienes, lo olvidaré todo, incluso la manera en que te retorcías del éxtasis debajo de mí mientras te anudaba.
Un espasmo lo sacudió en menos de un segundo ante su propuesta. Algo así no podía ser cierto, debía ser un jodido sueño suyo como los que había estado teniendo los últimos días. Su vecino no podía ser tan descarado, peor aún, que el propio Tweek ni siquiera tuviera una respuesta para ello cuando se suponía que en automático tenía que dar un rotundo "no".
—Bien, me llevaré esto — dijo así sin más el azabache, alejándose de su cuerpo y tomando los platos desechables.
Se abrazó así mismo, intentando regular su respiración.
—Piénsalo bien, Tweek.
Le menciono por última vez con tono travieso, antes de abandonarlo por completo en la cocina.
Tweek solo pudo enojarse con su cuerpo por reaccionar a su estímulo, porque con tan poco, su pene dolía con una fuerte erección que lo hizo correr de inmediato a las puertas del baño de su vecino.
¿Cuándo se había vuelto tan sensible?
...
—El siguiente asado, deberíamos hacerlo aquí. Creo que sería divertido—hablo Christopher de la nada.
Habiéndose preparado para dormir, su marido seguía hablando de la reunión con los Marsh. Se veía tan emocionado por ello, que Tweek no se atrevía a callarlo.
—Aunque es una lástima que eso tendrá que esperar, la siguiente semana me iré a Chicago a cerrar un negocio — lamento el castaño con un suspiro.
—¿Realmente te irás?—después de mucho tiempo, el rubio se atrevió a hablar, dándole la mirada al acomodarse más cercas del alfa en la cama.
—Vamos, cariño. Sabes que no me tardaré mucho—Christopher se acercó aún más, depositándole un suave beso—. Regresaré lo más pronto que pueda.
Las manos de su marido se acercaron a sus mejillas, tirando de ellas para profundizar el beso. Sin embargo, cuando los labios de su marido pasaron de estar de centímetros a milímetros de los suyos, giró la cabeza desviando sus labios al pómulo contrario, dejándole un pequeño beso en esa zona. Un beso que su esposo recibió con cierto desconcierto, pero pese a que su expresión mostrará duda, guardo silencio y le sonrió después de todo.
Tweek no se atrevía a llegar a más con la culpa que ya se cargaba.
—Dulces sueños, mi amor.
Christopher le dijo por última vez antes de caer rendido por completo ante el sueño que ya lo acechaba. Por su parte, Tweek apagó la luz de la mesita de noche, y lo miro dormir por última vez con un gran remordimiento, moviéndose de un lado a otro intentando conciliar el sueño de alguna forma. Por más que cerraba los ojos con fuerza, no podía quedarse dormido.
La luz de la luna que se colaba por su ventana ayudo a qué pudiera ver el reloj pegado a la pared. Era media noche.
Quiso cerrar los ojos de nueva cuenta. Anhelando muy en el fondo caer de una buena vez en los brazos del mundo de los sueños. Era lo único que pedía por hoy.
Solo eso. Nada más.
"¿Por cuánto tiempo más vas a seguir negandote a tus deseos, omega?"
Entreabrió sus ojos con cierto deje de terror. Aún podía sentir su aliento tibio al decirlo y sus peligrosas pupilas esmeraldas devorando la piel de su cuello. La calidez de su cuerpo al juntarse al suyo, y esas manos frías que le hicieron estremecer al entrar en contacto con sus pequeñas manos.
"¿No lo deseas tanto como yo, Tweek?"
Una nueva fantasía lo invadió, en esta, el omega estaba completamente desnudo, de espaldas y doblegado ante esa voz. Mientras reprimía sus gemidos con una mano al tener ese duro miembro del alfa frotándose por su entrada, provocando que lubricara aún más, en la espera de que se decidiera a atacarlo.
"¿No quieres mi nudo?"
Un quejido ahogado se le escapó, su parte íntima comenzaba a reaccionar con demasiada necesidad. Con un pequeño suspiro que buscaba apaciguar, sabiendo que su marido dormía a un lado suyo, llevo su mano temblorosa al bulto pequeño de sus pantalones, acariciando por arriba de la ropa buscando el mínimo consuelo a todo este calor.
"Ven a mí está noche"
Por reflejo, volvió a mirar el reloj con el ceño fruncido. Apenas marcaba la una de la madrugada, y por una razón, eso lo hacía sentir más ansioso, al grado de que volvió a moverse una y otra vez en la cama, hasta que quedó de frente a Christopher una vez más.
Respiraba con toda la tranquilidad del mundo, roncando ocasionalmente, con la expresión más apacible que no le había visto en semanas de arduo trabajo en la empresa. Mientras que aquí estaba Tweek, su esposa, el que no hacía más que tener limpio su hogar y haciendo cosas mínimas, sin poder dormir ni un poco, con los pensamientos más grotescos al aire sobre la fidelidad que le decía tener.
Sus ojos se cristalizaron en poco tiempo, y con una nota muy bajita, casi lastimera, le susurro por última vez.
—Lo lamento, Chris.
Después de eso, quiso convencerse a sí mismo de que había algo mal con él que no le dejaba pensar con claridad. Que esa noche no era el Tweek con sus cinco sentidos funcionales. Que estos sentimientos que carcomían su corazón no eran más que una respuesta al estrés acumulado en todos estos días, y que solo estaba delirando.
Es decir, no encontraba como explicar ese sentir en su piel que le hizo salir en silencio de la habitación, con pasos tan sigilosos, al igual que un fantasma, caminando casi en puntillas hasta llegar a la puerta principal de su hogar, la cual no miro dos veces antes de dejarla atrás.
Ni tampoco en que momento pleno de sus facultades mentales tuvo la audacia de caminar a esa puerta ajena y tocar el timbre con demasiada impaciencia.
Esperando a que esa persona no haya abandonado esa propuesta. A este punto, sabía que ya no había marcha atrás en todos los sentidos.
Y por primera vez, el pensamiento de "no me importa" surco tan pronto como esa puerta se abrió con deleite, tal cual ese alfa ya lo estuviera esperando.
—Tweek... —lo nombró a manera de saludo.
Tan rápido ese tono seductor se impregnó en su conciencia, el omega dejo toda pena atrás, y, en cambio, tiro con brusquedad del cuello de la camisa del azabache para atraerlo a sus labios, besándolo con una desesperación que buscaba ser atendía.
Una urgencia que solo Craig podía resolver, y una que ese mismo nombre estaba más que dispuesto a resolver por la sonrisa victoriosa que se le escapaba de los labios cada vez que se separaban por algún segundo.
Poco después de eso, sus recuerdos navegaron de un lado a otro, sumido en el placer que solo ese alfa podía entregarle con su nudo.
—M-más...¡Más! Quiero más...—mascullo entre gemidos, siendo acortado abruptamente en cada salto que le robaba el aliento.
Con una energía que Tweek creía haber perdido con el tiempo, montaba la verga de su vecino con gran intensidad, desnudos y rogando por qué la velocidad pudiera aumentar aún más. Tenía las mejillas teñidas de rojo, y los ojos al borde de las lágrimas perdido en la excitación. Era un placer inexplicable tener el pene de Craig entrando y saliendo de su apretado agujero con cada meneo de sus caderas, era un ardor electrizante que por más cansado que estuviera se negaba a detener.
—¿Te gusta tanto mi pene no es así, Tweek?
Resaltó con humor el hombre en cuestión, una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro al dar en el clavo, pero también la lujuria estaba más que prendida en su expresión al entrecerrar los ojos y jadear con cada embestida.
—Me encanta... —confesó el rubio sonriente, en un ataque de éxtasis, aumentando el ritmo de sus caderas que delataba estar casi llegando al final—. Me gusta...¡Lo amo!
—Y a mí...me gusta metértela bien adentro.
Tomándolo de las nalgas, Craig se empujó aún más profundo del cuerpo de Tweek, dando una última estocada que los hizo gemir en alto, consiguiendo hincharse y vaciar su semen en el cálido interior del omega.
Tweek mascullaba aún perdido en su orgasmo, sintiendo que con cada espasmo del pene del alfa, más se chorreaba de su esperma dentro de sus paredes.
El descanso ni siquiera fue una opción para ellos, porque apenas el nudo de Craig se deshizo, el hombre salió de su trasero, se levantó de la cama, y aún viéndolo respirar —intentando recuperar el aliento acostado—, lo levanto un poco por las caderas, queriendo exponer únicamente su culo.
—Uhh...¿Ahora de perrito? — al ver sus intenciones de querer ponerlo en cuatro, Tweek le preguntó, al mismo tiempo que se ponía en esa posición por su cuenta.
Dándole la vista de su entrada hinchada, y con rastros de semen fugándose de su recién apareamiento.
—Vamos, alfa...
Sin perder más tiempo, Craig metió su endurecido pene en el cuerpo de ese necesitado omega.
—Disfrútalo, por ahora es tuyo — le dijo, mientras continuaba arremetiendo dentro de sus entrañas.
Cegados por el instinto y el deseo, se unieron varias veces más en esa noche. Sin embargo, las palabras de Craig no fueron en vano, era verdad que desde ese punto, marcaría al futuro que llevarían de ahora en adelante.
Porque los días y las semanas que le siguieron a eso, fueron lo mismo, se reunían casi todos los días para tener sexo desenfrenado donde fuera que cayeran. Sus cuerpos se necesitaban tanto que apenas el marido de Tweek salía a su trabajo, ambos vecinos quedaban para verse.
Haciéndolo una y otra vez en la casa del alfa, y en cada rincón disponible del hogar de Tweek. Aunque claro, en tan corto tiempo, hasta la presencia de Christopher dejo de ser un impedimento.
—Nos van a oír... Uh—gimió, intentando callar los ruidos que se le salían por descuido de los labios.
Se estremeció al ritmo del vaivén de caderas que Craig dominaba al penetrar su culo desnudo sin nada de cuidado. De fondo, se escuchaban las carcajadas de su marido y de Stan que provenían del patio de esa casa.
Era el cumpleaños del hijo mayor de Stan, por lo que el ruido de los niños, la música infantil y lo que sea que se contarán los adultos amortiguaban el propio escándalo que estaban haciendo Tweek y Craig en el cuarto del cumpleañero.
En un principio, solo quería ir al baño, pero grande fue su sorpresa cuando se dio cuenta de que Craig lo había seguido, aprovechando que no eran el foco de atención.
Y bueno, y como Tweek se había estado acostumbrando a decir en estas situaciones: "una cosa llevo a la otra."
—¡Me voy a correr...! — aviso el rubio tan rápido como ese cosquilleo en su pene se volvió más doloroso.
Se abrazó al oso de felpa de la cama, retorciéndose al compás de las tiradas de fluidos de su cuerpo y a las embestidas bruscas de Craig, mordiendo el peluche para no gritar tanto como quería.
—Ahh...Ngh ...— aun así, no pudo evitar que los jadeos se le escaparan, sintiendo la calidez que lo envolvían por dentro cuando el alfa dio una última embestida.
—De verdad quería anudarme dentro de ti — le dijo el mayor con decepción.
Craig se deslizó lentamente fuera de sus paredes, Tweek no pudo evitar echar la mirada atrás encontrando su pene aún erecto, con una delgada línea blanquecina que aún lo unía a su entrada. Estaba hinchado de la base, mostrando que de verdad no lo había alcanzado a anudar.
"Qué desperdicio." Fue lo primero que pensó al notar que la verga del alfa seguía derramando su esencia hacía la nada.
—Un verdadero desperdicio... —alcanzo a susurrar.
—¿Lo es?—cuestiono Craig con una ceja alzada y una mirada retadora—. ¿Entonces porque dejas que se desperdicie?
Tweek sonrió, un sentir de entusiasmo lo había invadido al grado de ignorar su cansancio, levantándose de la cama y empujando al alfa en el lugar que antes le había pertenecido para que se sentara. Teniéndolo así, se agachó en el piso, posicionando su cara a la altura de su entrepierna, y lo miro una vez más, alentando a Craig a qué soltará un solemne gemido al meter de lleno la boca sobre su gran pene.
Sin importarle que antes ese falo hubiera estado en sus entrañas, saboreaba encantado cada gota del semen de su vecino, fascinado porque con cada vez que succionaba, salía más de aquel líquido disparado.
—Me pregunto... ¿Que pasaría si él te viera así? —comenzó a interrogarle, jadeando cada vez que liberaba su pene e inmediatamente volvía a tragárselo—. ¿Comiéndote gustoso la verga de otro macho? Quizá deba llenarte la cara y hacer que vayas así con él.
Siguió lamiéndolo, sintiendo que esa hinchazón no bajaba, al contrario, persistía, endureciéndose aún más a su alrededor.
—Oh...Mierda, voy a...
Poniendo una mano en cada lado de su cara, Craig le había quitado el control total que había estado ejerciendo sobre el oral, siendo el quién comenzará a entrar cada vez más adentro de su cavidad bucal. Tweek quien en un principio forcejeo al borde de las lágrimas, pronto se dejó hacer al ver qué estaba por correrse.
—¡Mierda!—gimió en voz alta el alfa, consiguiendo correrse en lo profundo de su garganta, dejando toda su hinchazón dentro de la boca del omega.
El maldito había anudado dentro de su jodida boca. Pero lejos de estar enojado, su pequeño pene y sus pezones endurecidos mostraban lo excitado que lo había puesto el atrevimiento de su vecino.
Después de todo, no podía negarse.
Amaba el pene de Craig.
—¡Tweek! ¿Te hizo mal la carne?
A su regreso a la fiesta, Christopher fue el primero en acercársele, viéndolo con preocupación por la expresión exhausta que el rubio se cargaba.
—U-un poquito... —contesto nervioso.
No quería llamar la atención de más, que de por sí ya lo había hecho su marido al preguntarle aquello. Aunque le parecía sorprendente que únicamente todos preguntarán por su bienestar, cuando Craig también desapareció de escena por poco más de una hora.
Vamos, a veces no creía que todos fueran tan ciegos. Pero si era sincero, eso le parecía una bendición.
Levantando un poco la mirada a los demás, sus ojos se encontraron por una pequeña fracción de segundos. Esos ojos esmeraldas que tanto le enloquecían, le penetraban el alma haciéndole estremecer, cómplices a lo que habían hecho en ese pequeño descuido de todo el vecindario. No pasaba por alto la pequeña sonrisa llena de confianza que le decía el placer que le generaba que pronto sus cuerpos podrían volver a conectarse.
No era para menos, Christopher salía de viaje mañana temprano, y de ahí, solo tendría que esperar dos horas, antes de llegar al motel que había alquilado junto a Craig para su siguiente encuentro.
...
Regresando a su actualidad, aún le parecía extraordinario todo lo que habían hecho en menos de dos meses. Aunque de vez en cuando no podía evitar la culpa de ver a la cara a su esposo y saber lo que le estaba haciendo era algo muy malo, era más su deseo por continuar apareándose como dos animales en celo con Craig.
Solo rogaba porque esto nunca se descubriera.
—¡Mierda, es Christopher!
Pese a qué hace dos segundos atrás estaba montando la verga de Craig como todo un profesional en el área, se levantó desesperado de la pelvis del hombre y del sofá, escuchando el sonido clásico que hacía el auto de su esposo al entrar al porche. Busco con ansiedad su ropa y la del alfa, cuando dio con ella se le tiró encima, quien se levantó con un gruñido de mal humor, aun con una erección latente que ya no se iban a molestar en bajar.
—¡Rápido! Iré a hacer como que me estoy bañando, tu vete por la puerta de atrás — le ordenó al azabache sin esperar respuesta.
Esta era la segunda vez en que casi eran descubiertos, agradecía enormemente a esa pequeña puerta en la cerca de su patio trasero. Eso hacía más fácil la huida del alfa hacia su hogar, librándolos de un evento dramático e innecesario que no necesitaban vivir.
Apenas llegó a la bañera, abrió la pequeña alacena donde aguardaba todos sus artículos de higiene, rebuscando detrás de unas latas de talco que Christopher nunca tocaba, un pequeño envase de supresor de aroma en aerosol.
Craig no acostumbraba a liberar mucho de sus feromonas cuando tenían relaciones en la casa de Tweek, por lo que rara vez le quedaba impregnado su aroma en el cuerpo. Pero siempre le quedaba esa espinita de que tal vez en esta ocasión si podría oler un poco, y quizá él no se dé cuenta de eso. Por lo que como precaución, evitando cualquier cosa que lo pusiera en duda, lo usaba, rociándose por todo el cuerpo.
Aunque a veces lamentaba que tal aroma delicioso del sándalo se perdiera.
Saliendo de su baño, bajo por las escaleras al piso de abajo, siendo recibido por el tarareo feliz de su marido en la cocina, meciendo su cuerpo con suavidad al ritmo de la canción que tenía en mente. Hace mucho tiempo que no lo veía tan alegre por querer cocinar, ya que esas acciones por lo regular eran el trabajo de Tweek como esposa.
Sus mejillas se tornaron de un pequeño tono carmesí al verlo cortar una verdura sobre el comedor. Un espacio que minutos antes de su llegada fue el testigo mudo de cuando Craig lo estaba follando sin piedad, con su cuerpo montando arriba de la mesa.
Negó con la cabeza, ese no era un buen momento para recordar cosas.
—Oh, amor, terminaste de bañarte—el castaño le sonrió al tenerlo entrando a la cocina—. Ven, ¿que crees?
—¿Qué ocurrió? — le sonrió de vuelta.
—¡Me ascendieron! Finalmente lo logré, ya no tendré que viajar tanto — reveló con alegría genuina. Esperando que eso lo hiciera feliz.
Sin embargo, lejos de eso, la sonrisa en Tweek desapareció por unos segundos. No asimilando del todo la "gran" noticia, muy adentro de él, esperaba que solo fuera una broma. Aunque dándose cuenta de la situación, volvió a sonreír, pero casi de manera forzada.
Con menos viajes, eso significaba menos tiempo libre con cierto alfa.
—Me alegro, Chris— dijo con la misma sonrisa torcida, pretendiendo volverla dulce con el paso de los segundos.
Esa no era la noticia que esperaba.
—Deberíamos ir de viaje a la playa o ir más a los eventos del vecindario —empezó a planear el entusiasmado alfa—. También deberíamos de... —se detuvo por un momento.
Tweek quien aún estaba tratando de asimilar todo, no había visto que Christopher comenzó a olfatear con impaciencia a su alrededor, había encontrado un aroma que llamo su atención por completo.
—Tweek... —susurro aproximándose a su cuerpo, inhalando su olor más de cercas. De inmediato, sus ojos lucieron sorprendidos—. ¿Por qué...? Tú olor nunca había sido tan dulce...
Antes de que el omega pudiera reaccionar, su marido fue más rápido al averiguar el porqué, tomándolo por los hombros, con un semblante que gritaba que estaba a nada de llorar, casi muriendo de la emoción que lo embargaba.
—¿Por qué no me lo dijiste? Sabes que te amo sin importar que... —las primeras lágrimas cayeron del alfa.
—¿Decir que...? — interrogó asustado y confundido.
Todas sus alarmas se encendieron. Estaba tan nervioso, la idea de que fuera el aroma de Craig lo que olfateaba...
Si era así, entonces...
—¡Que estás embarazado! Que al fin seremos padres...
El hombre liberó más lágrimas de auténtica felicidad que nadie pudo calmar. Estaba tan ensimismado en su propia emoción, que no le dejo ver la expresión de shock en su esposa. Quién solo podía ver una gran figura de ojos esmeralda depredadores en su mente como respuesta.
Oh...oh.
