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Language:
Español
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Published:
2025-10-26
Words:
1,193
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1/1
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4
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72

Azul y Verde

Summary:

Cuando Abascal recibe una invitación al despacho de Feijóo, piensa que al fin van a plantearse presentar una moción de censura contra Sánchez. Lo que Santiago no sabe es que el líder del Partido Popular tiene otras intenciones.

(Vamos que Feijóo se la intenta chupar a Santiago.)

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Abascal miró de nuevo su reloj de pulsera, pero por mucho que contemplara las manecillas, el tiempo seguía pasando con la misma lentitud.
Al principio, la sesión llegó a parecerle entretenida, las intervenciones de sus compañeros habían sido excelentes. Sin embargo, según se iban alargando los discursos de los diputados, las palabras iban perdiendo su significado y se convertían en ruido de fondo mientras el protagonista de sus pensamientos pasaba a ser el hombre que se sentaba ocho escaños a la derecha.

Esa misma mañana, el señor Núñez Feijóo le había propuesto un "encuentro informal" en su despacho tras la sesión de control al Gobierno. Desde fuera podía parecer extraño. En el pasado, el Partido Popular había hecho lo imposible por ignorar a Vox, y al mismo tiempo, Vox les acusaba de blanquear a la "mafia" que era el gobierno de Sánchez.


¿Cuál podía ser el motivo por el que, justo aquel 25 de junio, Feijóo hubiera decidido reunirse con el líder del partido al que tanto había menospreciado?
Para Santiago la respuesta estaba clara.
Su partido ya habia presentado dos mociones de censura en el pasado, ambas habían fracasado: nunca lograban llegar al mínimo de diputados. Pero ahora que el PP estaba interesado en aprovecharse del "caso Koldo", veían necesario reunir todo el apoyo posible para probar suerte y proponer una moción de censura.
De repente, una mano alargada y delgada se posó sobre su hombro.


—¿Vamos? — susurró Feijoo, procurando no llamar la atención de sus compañeros.
—Sí, sí... por supuesto — respondió mientras se despedía de Millán y Figaredo con un ademán leve.


Santiago no solía visitar el despacho reservado al líder de la oposición, así que se limitó a seguir a Feijóo mientras repasaba mentalmente los asuntos que quería tratar: por supuesto la moción de censura, ciertos temas de ámbito nacional e incluso puede que alguna cuestión de carácter internacional.


Feijóo se detuvo ante la puerta su despacho y la abrió dejando paso a su invitado.


Lo primero que llamó la atención de Abascal fue la bandera de España que se escondía en una esquina del anticuado despacho, descansaba erguida pero muy arrugada, casi como si estuviera avergonzada de sí misma.
El suelo, ajedrezado, producía una sensación de vertigo. El revestimiento de madera que cubría las paredes recordaba al confesionario de una iglesia, y las plantas decorativas parecían sacadas de la sala de espera de un hospital.


—Un amigo de Galicia me ha regalado un par de botellas de Vega Sicilia ¿Te sirvo una copa? — Preguntó Alberto, señalando una mesita que uno esperaría ver cubierta de cartas de poker en un bar en vez de en el despacho del lider de la oposición.
—Sí, muchas gracias — respondió Abascal con una sonrisa cordial.


Feijóo sirvió el vino cuidadosamente y le tendió la copa a Santiago. Le dio un sorbo. El vino era color caoba y mucho más dulce de lo que esperaba.
—Muy bueno — dijo, disimulando una mueca de asco por el regusto en su boca.
—Es mí favorito — sonrió Feijóo mientras se quitaba la chaqueta para posarla sobre el respaldo de la silla de su escritorio.


Hubo un silencio incómodo. La mirada de Feijóo estaba clavada en los ojos verdes de Abascal. Era el momento perfecto para sacar el tema de la moción de censura. Santiago tomó aire y se preparó para soltar el pequeño discurso que había preparado:
—Gracias por contar con Vox, la derecha tiene que mantenerse fuerte y unida para enfrentarse a la corrupción y a las mentiras de este gobierno de izquierdas que... — Santiago se detuvo al ver la expresión de Alberto. Parecía incómodo.

—Un momento, creo que ha habido un malentendido. No te cité para hablar de trabajo, solo quería invitarte a una copa y...— Feijoo dejó la frase en suspenso. Se ajustó las gafas y observó la reacción de Santiago, tras unos largos segundos, frunció el ceño. Alberto no alcanzaba a adivinar si el gesto era de confusión o de ira.

—¿Y para que me has llamado? — dijo soltando la copa de vino sobre la mesita con un golpe seco.
—Bueno, tan solo pense que estaría bien olvidarnos un poco de la política por una vez.—Feijóo permanecía escondido tras su escritorio, junto a la bandera.

—¿Y la moción de censura? — no hubo respuesta. —Vamos, que quieres que brindemos como dos gilipollas mientras la mitad del congreso se ríe de nosotros.

Feijóo miró a Santiago como un profesor mira a un niñato que le acaba de faltar al respeto.

—Si , Santiago, ese era el plan.— la voz de Feijóo había perdido su tono amistoso, su fuerte acento gallego ahora sonaba más firme y confiado. 

 

Abascal bajo la mirada para evitar los ojos zarcos y fríos de Alberto. No entendía del todo la situación. ¿Feijóo? ¿Invitándolo a beber para "olvidarse de la política".

Empezó a pensar, a recordar más bien. A recordar unos rumores que había escuchado a principios de los 2000s, cuando Vox aún no existía y él presidía Nuevas Generaciones en el País Vasco. Unos rumores sobre el director de Correos del gobierno de Aznar.

Abascal sacudió la cabeza y frunció aún más el ceño, no era confusión ni ira: era asco.

 

—Ya lo entiendo — dijo con un resoplido que sonó más a desprecio que a risa

—¿El qué? — Feijóo ya sospechaba que Santiago había adivinado sus intenciones, pero decidió hacerse el desentendido para estar seguro.

—¿Te crees que no me he dado cuenta de lo que estabas intentando? ¿a cuantos hombres has traído a tu despacho para "tomar una copa"?  

Feijóo no respondió. La verdad era que Santiago había sido el primer hombre que había invitado a una cita desde su llegada a Madrid. 

—A mí no me van esas cosas.— continuo Santiago bajando un poco el tono de voz pero conservando su actitud de superioridad.— Mira que podías haberte tirado a cualquier chaval de Chueca.

Abascal miró de reojo la puerta del despacho. Podía irse y fingir que nada había pasado.

Estuvo a punto de darse la vuelta pero... Sí salía de ahí tras haberle soltado todo eso a Feijóo ya podía ir olvidándose de la moción de censura.

Tampoco esque fuera a pedir perdón. Ja. Eso no.

Lo que iba a hacer era cambiar de tema e intentar acabar la reunión en una nota más positiva.

Cada minuto que pasaba ahí, pensando en silencio, era más incómodo que el anterior, así que cuando se le vino a la mente un artículo de cotilleo de la voz de Galicia, decidió arriesgarse y preguntar al respecto.

 

—Oye, ¿es verdad eso de que Fraga te obligó a casarte?

La expresión de Alberto era un poema. No esperaba que Santiago llevara por ahí la conversación.

—Era lo mejor para la imagen del partido, yo no me sentí obligado — respondió, aún a la defensiva.

—Cuando estaba en nuevas generaciones se decía que ligabas mucho.

—¿Te sorprende?

Abascal alzó las cejas de manera sarcástica.

—La verdad esque no te puedo imaginar haciendo ese tipo de cosas.

—Puede que haya pasado el tiempo pero aún no he olvidado algunos trucos...

—Eso me gustaría verlo a mí.

A Feijóo se le escapó una pequeña sonrisa.

—No malpienses —aclaró Abascal.

Notes:

Basado en la reunión de Abacsal y Feijóo que se celebró el 25 de junio de 2025.