Chapter Text
Miércoles 4 de Mayo, año 2196.
Sus pasos eran cada vez más irregulares y su dolor de cabeza era insoportable, solo empeorando a medida que su medicación perdía su efectividad ¡Y ni siquiera había anochecido aún! Eso solo significa que tendrían que aumentarle la dosis y ella no lo quería. Su estaba visión borrosa y las personas a su alrededor no eran más que ecos que taladraban en su nuca, cada vez con más fuerza. Las luces Led de los comercios de conveniencia se difuminaban en el borde de su mirada, no sabe cuando fueron reemplazadas por centros comerciales. No sabe a donde va.
No sabe a dónde irá a parar si continúa así.
Se estaba perdiendo a sí misma, ¿Qué pasaría cuando la medicación no sea efectiva y enloquezca? ¿Qué pasa sí la medicación es tan efectiva que se encontrará constantemente así de pérdida?
¿Acaso a alguien le importaría?
Ella es Himiko Toga , la hija mayor de una familia amorosa.
"¡Aléjate de tu hermana, monstruo!"
"¡¿No puedes ser normal ?! ¡¿No ves el esfuerzo que hacemos por nuestro futuro?!"
Es una estudiante aplicada, amada por todo su salón y la favorita de los profesores.
"¿Que le pasa a tus dientes? Cúbrelos para no asustar a tus compañeros de clase. Deberías pensar en ser más considerada, ¿Sabes?"
"Ugh ¿Te gustan las pelis de terror? Pff, no quiero que me asocien con un bicho raro como tú, regresa cuando tengas gustos más normales, rarita."
Es una persona... ¿Normal? Lo es cuando toma sus medicinas y deja de ser ella misma. Solo puede encajar cuando su conciencia es etérea y borrosa.
"¡¿No sabes cuanta influencia tuve que mover para que nadie hiciera un escándalo cuando mordiste al gato del vecino?!"
"Si no puedes ser normal entonces mas te vale aprender ¡No queremos monstruos en esta casa! ¡Nadie querría a uno como tú!"
Ella... Ella solo quiere ser amada, y para ello debe fingir ser 'normal' , porque ninguna persona normal la aceptaría de otro modo. Pero por más que se esfuerza en ocultar su hambre y apegarse a los deseos de sus padres y la sociedad nadie parece satisfecho. Miradas pasan sobre ella y solo la notan cuando se equivoca, cuando una grieta por más pequeña que fuera aparecía en la mascara de porcelana que a la fuerza le imponen.
Nadie la ama, ni se preocupa por ella. Solo les importa su propia imagen, todos son superficiales, cegados por lo que es 'normal' en un mundo donde nada tiene sentido. Fuego que sale por gargantas, mujeres y hombres todopoderosos , figuras heroicas que sostienen el mundo de mentiras e ilusiones donde solo unos pocos pueden destacar con poderes regalados desde el nacimiento. ¿Eso convierte a esos héroes en figuras de porcelana tan falsas como su mascara? ¿No significa que eventualmente se romperán?
Este mundo no es normal , debería desaparecer. Una parte oscura en la cabeza de la muchacha espera que ese día llegue pronto.
Himiko se detuvo cuando su visión se aclaró casi totalmente, sus pupilas extra dilatadas y redondas lentamente se achicaban a su tamaño normal, rasgándose en esa mirada felina tan poco normal . Miró vagamente a su alrededor pero no pudo reconocer este lado de la ciudad "
"¿Dónde estoy?"
Frunció el ceño, la medicación a estas alturas ya no le debería hacer alucinar como al inicio ¿Por qué no reconoce este sitio? ¿Se equivocó de tren? ¿Se bajó antes de lo debido? ¿Decidieron renovar la ciudad? ¿La tocó un Don que la envió a un mundo más apto para ella? Su teléfono, debería revisarlo y...-
¡GRRRRLW!
— Ughh... —Se dobló sobre sí misma llevándose ambas manos al estómago donde un doloroso vacío la empezaba a golpear como sí le debíera dinero al universo.
La gente alrededor se alejó de ella por instinto, todos ellos 'normales' que no se querían arriesgar a qué una loca con un don descontrolado debute como villana. Algo extrañamente común si lo pensabas bien; bien podría tener un don que convertirse a todos en polvo o algo aterrador como... ¿Dar vuelta a tus órganos y arrancar tu piel?
¡Grrrrrrlw...!
"No, espera. Muy sangriento, muy sangriento, muy anormal... Retrocede un poco, Himiko. Solo respira y toma un descanso." Pensó la muchacha, mordiendo con cuidado su lengua para evitar soltar algún otro quejido. "Espera hasta que los efectos pasen del todo y luego trata de preguntar a otros. Siempre y cuando no vean tus dientes no se asustarán. Podrás parecer normal."
Solo debía esperar.
Esperar, y con suerte todo mejoraría...
Aunque esperar parada en medio de la acera no es la mejor decisión.
"Este sitio se ve adecuado para alguien como yo."
Sentada en un estrecho callejón a la espera de recuperar todos sus sentidos, Himiko no pudo evitar divagar allí junto a bolsas de basura donde sus padres probablemente crean que merece estar. Abrazaba sus piernas en un intento de mantenerse pequeña y menos visible; además de poder clavarse las uñas sí tenía pensamientos anormales al ver algún animalito. Sabe que está mal morderlos por eso de dañar otra vida, pero le preocupa más no caer tan bajo como para morder algo que probablemente no tenga sus vacunas puestas. Aunque en clase de biología le enseñaron estudios que demuestran qué muchos animales callejeros tienen defensas mucho más altas que hace cien años al punto de ser inmunes a muchas enfermedades cómo los dones, decían.
Así que de seguro podría dar un pequeño...- "No ¿Por qué de repente morder un gato callejero parece buena idea...?"
— Argh... Himiko mala, sabes que no es normal pensar esas cosas... —Se regañó tratando de sonar como sus padres.
Pero clavarse las uñas en la pierna no era ni de cerca tan doloroso como la mirada de asco que le dedicaban cuando hacía algo anormal.
¿Por qué nació así? Defectuosa, rota, malvada como un demonio.
Su familia no es cómo ella, nadie que ha conocido es igual que ella. ¿Significa que está sola y dañada en este mundo? ¿Es su culpa por nacer así? ¿Acaso hay formas de deshacerse de su don que tanto enfado provoca en quienes la rodean?
— Esto no tiene sentido... —Murmuró de forma casi inaudible, ahogando sus palabras contra la mascarilla clínica que traía para ocultar sus desagradables rasgos.
Miró a los lados, el callejón conectaba con dos calles distintas, aunque no recordaba por donde se suponía que había entrado. A un lado el sol brillaba en luces naranjas, probablemente las últimas del día; pero del otro habían incontables sombras que se cernían sobre el camino.
Permaneció en silencio tratando de descubrir hacia donde debía ir a pesar de qué la idea de quedarse en ese callejón sea muy tentadora. No era la primera vez que esa posibilidad de no moverse más pasaba por su cabeza; pero los riesgos estaban allí: Su padre la buscaría, no por cariño, sino para mantener la imagen de familia normal que tanto se esfuerza por pulir.
Aunque... Sí fuera a Ciudad Deika podría estar a salvo un tiempo, ¡Su padre nunca dejaba de quejarse sobre lo complicado que era investigar esa ciudad!
— A-auch... —Se había pellizcado antes de que sus ideas pudieran formarse. Al menos el medicamento había desaparecido de su sistema, sus sentidos regresaban en sí y... Podía escucharlo, algo se acercaba a ella.
Ahí, desde el extremo más oscuro del callejón. Pasos lentos y unos murmullos imposibles de descifrar la pusieron alerta. Sus pupilas se contrajeron sin que ella lo controlase permitiéndole mejorar su visión en la penumbra. Como un gato listo para cazar, algunos mechones de su cabello rubio pálido se erizaron involuntariamente ante lo desconocido. Caminando desde el extremo más oscuro del callejón, un chico de aproximadamente su edad, o quizás menor, cojeaba mientras se sujetaba el costado del cuerpo con una expresión de dolor en el rostro. Cabello verde, ojos verdes, pecas en el rostro, de aspecto casi simplón y poco interesante. Él la notó casi al instante, pero ella esperaba ser ignorada como hasta ahora, sin dudas era más fácil de esa forma cuando la alternativa suele ser ser insultada.
Caminó hasta quedar de pie frente a ella, se detuvo y se agachó a su altura a pesar del dolor de su dolor. Ahora que estaba más cerca también podía apreciar como su gakuran negro mostraba un gran daño por quemaduras que explicaban su hedor a humo. Pero había algo más, un tenue aroma a sangre seca que la torturaba en ese momento e hizo que su boca empezara a salivar sin control. Tenía hambre, podía comérselo en ese instante y sería tan fácil saciar su deseo. Se relamió los labios debajo de la mascarilla, presionó el cúter que tenía escondido debajo de su suéter. La medicación había perdido poder sobre ella y de cierto modo también podría decirse que ella perdía poder sobre sí misma; de sus impulsos.
— ¿Estás bien? —Le preguntó el peliverde. Sonaba preocupado, su mueca de dolor aún estaba allí pero se combinó con una genuina luz de preocupación e interés que Himiko no estaba segura de haber visto antes.— Parece... Parece que necesitas ayuda.
Su mundo se detuvo en ese instante, desvió la mirada con dificultad cuando notó que estaban mirándose a los ojos.
Definitivamente no esperaba eso, aunque en realidad no sabía que esperar. Si no tuviera su mascarilla habría esperado ver miedo en los ojos ajenos, o incomodidad por sus dientes. Pero lo único que tenía en ese momento eran sus ojos, mismos que el chico no podía dejar de ver con... ¿Lo que sea que esa mirada? ¿Por qué no la mira con asco como todos los demás en su vida? ¿Dónde está el miedo?
— ¿Que... te hace pensar que necesito ayuda? —Le cuestionó con lentitud, tratando de ocultar lo vulnerable que se había sentido hace un instante. Movió sus ojos hacia el chico, dándole otro vistazo a su ropa antes de continuar hablando. Desviaría la conversación y luego él se iría.— En todo caso, tú pareces necesitar más ayuda que yo, hueles a... Palizas, y humo, y... ¿Estás bien? —De la cabeza, obviamente. Nadie normal se acerca a otro en un callejón.— ¿Por qué te... Por qué te importaría una desconocida?
Él se quedó quieto por eternos segundos antes de simplemente sentarse frente a ella en ese sucio lugar. Sus ojos verdes se desviaron hacia un lado ahora que la conversación se centró en él, moviendo los labios para responder con algo de torpeza:
— Y-yo pregunté primero.
Himiko parpadeó confundida por este cambio en el muchacho. No dijo nada, dejando que el silencio se instale en el callejón. Podía notarlo retorciéndose de nerviosismo bajo su mirada dorada ahora que los papeles se invirtieron. Eso era interesante, lo suficiente para poder tragar la saliva que se acumuló en su boca.
— Tú eres quien parece necesitar más ayuda aquí, estás herido. —Insistió, todavía sin poder entender cómo alguien podía ignorar tan fácilmente el dolor que probablemente sentía.
Pero el chico no le ofreció respuestas, solo se giró hacia ella con esa mirada preocupada. No había asco ni miedo como con su madre, ni tampoco un solo ápice de frialdad y control como su padre.
¿Así se siente ser mirada como una humana...?
Abrió la boca para responder. Luchó con un nudo inesperado en su garganta, luego apretó los ojos con fuerza y agachó la cabeza.
— Yo solamente... —Su voz tembló más de lo que ella habría deseado.— Solo es un t-tontería, no es algo normal de lo que debas preocuparte. —Trató de desviar la conversación, disimulando lo mejor posible la mueca que formó al tener que usar la misma palabra que tanto odiaba.
Él la miró, abriendo la boca para objetarle a pesar de haber perdido algo de ese impulso inicial y tropezándose con sus palabras:
— Estamos... Pero... Eh, si... s-supongo.
Había pasado por distintas emociones, todas muy evidentes y poco disimuladas, lo miró a través de su fleco. Primero hubo algo de preocupación, luego confusión, finalmente se resignó un poco y bajó la mirada como ella. "Bien, probablemente se iba a largar y..."
Y entonces una chispa de determinación se encendió en sus ojos. Himiko vislumbró fuego, llamas cálidas que un chico como él no debería tener ¿Era su don? ¿Hacerte sentir mejor? Vamos, sonaba estúpido y raro, y-
Era ardiente, era aterrador. ¿Qué se sentiría recibir esa mirada directamente a la cara? No pudo evitar alzar lentamente la cabeza, se inclinaba un poco al frente en anticipación.
—Creo que lo 'normal' no tiene sentido. —Afirmó con sus ojos clavados en el espacio de suelo entre ambos, desplazándolos poco a poco hasta que dio con las zapatillas rosas de Himiko. Frunció los labios mientras parecía recordar algo.— Desde que los Dones se llamaban "Habilidad-Meta" esa palabra no tiene sentido, cualquier cosa es posible y aún así todos se aferran a lo que se supone que debería ser, cuando...
El chico levantó la mirada, haciendo contacto visual con ella y deslumbrándola en el acto. Agradecía internamente estar usando su mascarilla para que no se note que tenia la boca abierta ante esa declaración tan poco... Tan poco normal, tan sincera, tan determinada. Su cuerpo ardía con la calidez de aquellas palabras, casi estaba agradecida esa pausa dramática para poder extender este breve instante. Porque esa mirada la hizo sentir humana.
Y estaba aterrada por no volver a ser vista de esa manera.
— Cuando en este mundo la gente puede escupir fuego alimentado con los químicos del cerebro, o poder forzar a los átomos a adquirir magnetismo con telequinesis especializada, creo que buscar la normalidad es bobo. —Extendió sus brazos a sus lados en un gesto casi teatral.— Cualquier cosa es posible, y sí te molestan por algo relacionado a tu don, o la falta de él, entonces yo te ayudaré. P-puede que no sea fuerte, y... Bueno, no tengo un...- Pero estoy seguro de que algo podría intentar, el fuego siempre ayuda.
Himiko desconectó un poco cuando el discurso del chico bajó hasta murmullos aterradores, tan extraños y anormales que seguramente espantaría a sus padres. Esa idea hizo que le agradase el chico, le arrebató unas risas suaves que la desconectaron un momento de su realidad. No podía dejar de mirarlo con admiración, no quería romper la agradable burbuja que los rodeaba donde sus sentidos felinos se agudizaron sólo para enfocarse totalmente en el muchacho. Aún con eso era incapaz de entender sus murmullos pero no le molestaba, mirarlo era agradable. Los orbes esmeralda se convirtieron en un par de faros que no podía dejar de apreciar. Sonrió inconscientemente una vez las palabras que pudo entender se asentaron en su pecho, llenándola con un calor casi burbujeante. Algo sobre quemar todo lo injusto con un spray para el pelo y un mechero, o algo así, era casi romántico.
Se sentía mejor ahora, extrañamente liviana. Aunque su preocupación por él no había desaparecido.
Oh, pero esto no había terminado. El muchacho frente a ella se detuvo abruptamente al darse cuenta de sus propios murmullos y ahora estaba poniéndose nervioso con el silencio y la falta de respuestas.
— Digo, no e-no estas obligada a contarme nada, es t-tu vida yyy...- Desde luego no busco forzarte a decirme nada que no quieras, s-supongo que solo me emocioné... —Su tono se disparó, Himiko entrecerró un ojo mientras sus sentidos dejaban de hiperfijarse; pero luego volvió a centrarlo en lo que decía, pues su tono descendía hasta alcanzar un nivel casi inaudible, que junto a su velocidad y aparente habilidad pulmonar de primera categoría dificultó entenderlo del todo.— Soy un poco tonto, me puse a hablar de más y me puse extremadamente nervioso por hablar con una chica linda...
Oh, oh, espera, retrocede un poco ¿Qué fue ese último?
— ¿Crees que soy linda? —Le preguntó, haciéndolo sobresaltarse en su lugar al ser sacado de sus murmullos nuevamente.
La miró con los ojos tan abiertos como platos, llevándose ambas manos a la boca sin creer realmente que sus pensamientos se hayan filtrado de tal manera. Una pizca de resignación indicaba que esto ocurría con más frecuencia de la que podría parecer. Ahora ella fue la que se puso nerviosa esperando una respuesta, mordiéndose el labio con anticipación.
Pero no obtuvo respuesta, él se quedó en blanco, casi aterrado, sí ella tenía que adivinar.
Así que tendría que hacerle de nuevo la pregunta, solo para estar seguro. Aunque su ilusión murió realmente rápido cuando recordó la mascarilla que cubría la sonrisa que poco a poco borraba de su rostro, esa que más de una vez ha sido catalogada de 'Jodidamente espeluznante' por algunas de sus compañeras más ' normales ' del instituto. Aquellas con dones bonitos y brillantes, sutiles y sin ninguna mutación vistosa de por medio.
— Ush, no creo que sigas pensando eso sí me quitase la boba máscara. —Lamentó Himiko en el instante que el chico parecía haber reunido el valor para abrir la boca, solo para cerrarla casi al instante.
La miró por otro segundo. Su mirada bajó hasta la mascarilla médica, luego subió hasta sus ojos y cuando ella lo miró de vuelta pudo apreciar la chispa volver a encenderse. A este paso ella sería consumida en el fuego de esos ojos.
No se quejaría.
Himiko se tenso suavemente cuando el muchacho levantó lentamente un dedo y señaló la mascarilla, solo para luego bajar la mano rápidamente y sujetarla contra su cuerpo. Era evidente que quería ver que había debajo, pero tampoco quería ser grosero.
Sí tan solo supiera que está siendo la persona más educada con la qué ha hablado.
"Cubre tus monstruosos rasgos, sí vas a estar en público al menos deberías evitarnos la vergüenza."
Himiko suspiró con amargura, lista para negarse rotundamente a exponerse más. Pero ninguna palabra salió de su boca. Permanecieron allí sentados en un silencio cómodo-incómodo, como en esa paradoja del gato de ñórdinyer, o como se llame.
— Estoy seguro de qué seguirías siendo b-bonita sí te la quitas.—Tartamudeó el peliverde, jalándose los dedos de una mano para calmar su ansiedad. Estaba esforzándose en mirarla a pesar de su evidente nerviosismo, Himiko lo agradecía.— A-aunque seguro es algo genial, ¿Sabes? Tienes ojos felinos, ¿Tu Don te da rasgos de gato? Significaría que tendrías colmillos, o una lengua felina. Aunque no puedo ver orejas felinas, pero podrías tener rasgos felinos en orejas humanas. ¿Significa entonces que puedes girarlas ciento ochenta grados? O quizás tienes una helix más puntiaguda.
Y luego ella lo perdió totalmente en sus murmullos, no mentiría, era algo preocupante y aterrador la forma en la que pudo adivinar que ella tenía dientes anómalos; no lo interrumpió, con suerte su acompañante olvidaría respirar y se desmayaría, y ella podría irse sin sentirse tan culpable por abandonarlo en el callejón cuando él solo quería ayudarla de algún modo del que ella no tiene idea.
Pero se quedó allí, apreciándolo divagar en una tormenta de murmullos sin fin durante un rato, poco a poco reducía el ritmo hasta algo más comprensible:
— No he visto muchos ejemplos de héroes felinos de verdad, los Wild Wild Pussycats solo manejan la temática, y aunque RagDoll es mi favorita, únicamente Tiger tiene un Don que podrías llamar 'felino', solo sí consideramos su flexibilidad como algún rasgo exclusivo de esa familia. ¿Tendrás una dieta distinta? Hay quienes tienen alimentaciones totalmente diferentes por causa de sus Dones, ¿Comerás ratones y esas cosas? ¿O...?
— Podrías comerte a ti en cualquier momento si sigues por esa línea. —Le interrumpió con brusquedad, haciendolo saltar del susto.
— ¡L-lo siento mucho! Fue... Fue grosero de mi parte, n-no puedo controlar bien esa costumbre, es aterradora, algunos me dicen que soy un raro por eso. Dicen que no es normal , que no soy normal . —Murmuró lo último, aunque Himiko pudo escuchar perfectamente como, en lugar de decirlo con amargura, se reía entre dientes.
Como sí le pareciera chistoso, o no le importase lo que otros dijesen de él. Eso era justo como ella quería actuar frente a los problemas.
— Pues que se vayan al infierno, da igual quien lo diga ¡A mi me gustó escucharte! Es... Es algo raro, pero... Escucharte significa que sigues aquí. Aunque ¿Por qué crees que comería r-ratas? —Desvió la mirada, recordando algunos de sus puntos más bajos de hambre.— Digo, una vez mordí un pájaro, pero no me lo comí, y también mordí a un gato, pero me arañó y no pude...-
Himiko cerró la boca de golpe, dándose cuenta en el último momento de su desliz. ¿Era estúpida o seguía medicada? Sea como fuere, no importaba ahora que lo dijo en voz alta. Seguramente el chico se asustaría o fingiría que era...-
— Oh, ¿Tu Don requiere que muerdas animales? ¿Funciona con todos o solo con los de sangre caliente? Tendría sentido en la teoría de su naturaleza felina. —El peliverde se llevó una mano al mentón, sonriendo.— ¡Suena genial! ¿También sirve mordiendo humanos? Técnicamente somos animales, de algún modo, ¿Qué pasaría si me muerdes? Espera, significa que debes tener una dentadura poderosa, y colmillos adecuados, ¿Por eso fue que mencionaste el morderme?
— Eh… ¿Q-qué…? —Balbuceó en respuesta, alzando la mano libre del cúter para detenerlo antes de que caiga en otra espiral previsible murmurante.— ¿Genial? ¡No es genial! Mi Don es...-
Se ahogó con sus palabras, se quedaron atrapadas en su garganta antes de poder decirlas: Aterrador, espeluznante, de monstruo, ANORMAL . Palabras que le han repetido sin cesar, palabras que no desea que sean realidad.
— Sea cual sea tu Don, es genial. —Sostuvo el chico, sin dejar margen a negociación.
De nuevo esa mirada determinada que la hacía paralizar, que la hacía sentir segura, débil, feliz, nerviosa. La derretía y costaba aferrarse a su máscara de porcelana. No quería que se rompiera, no podría... Repararla. Abrazó sus propias piernas contra su pecho, mirando fijamente el espacio entre ambas rodillas. Con suerte su fleco podría evitar que él la viera a punto de llorar.
—... Sangre.—Confesó como quien admite un enorme pecado.— Mi... mi Don requiere sangre. —Murmuró con la esperanza dividida entre ser escuchada, o que él no la haya oído y poder tener tiempo de inventar algo menos aterrador.— Es Aterrador, lo sé.
No recibió respuesta, pero escuchó movimientos rápidos y algo torpes de parte del chico, "Así que finalmente se fue" , asumió con amargura resbalando por su garganta, quizás bilis. Cuando la medicina pierde efecto siempre le dan náuseas al cabo del rato. También pierde sensibilidad en los dedos, no tardará mucho para que llegue ese síntoma.
No contó con que el chico volviera hacia ella a gran velocidad para alguien herido, colocando un cuaderno abierto encima de sus rodillas muy cerca de su rostro. Se vio un dibujo de un hombre musculoso con mandíbula prominente y un traje de héroe, con el título "Vlad King: Héroe de la Sangre" y una cantidad increíble de texto, notas adhesivas con dibujos de guanteletes con agujas y algunas palabras clave.
— ¿Que...Que es esto? —Soltó su férreo agarre en sí misma para tomar el cuaderno con una delicadeza inusual. Parpadeó repetidamente para deshacerse de las lágrimas que escocían en las comisuras de los ojos y apreciar mejor lo que el chico le ofrecía.
No levantó la mirada, tenía miedo de hacer contacto visual con el peliverde y prenderse en llamas.
— Los Dones de sangre son raros, pero son geniales. Vlad King es solamente uno de tantos héroes que usan la sangre, ya sea propia o de un tercero; para combatir el crimen. Otros ejemplos populares podrían ser Crimson Samurai, atacado con espadas hechas de sangre coagulada; Red Joint puede disparar sus extremidades propulsadas con sangre a alta presión. —Detuvo su parloteo un instante para tomar aire.— Es cierto que los dones de sangre son un tabú casi tan grande como los de control mental, o los que implican hacerse daño para ser útiles, o lo catalogados como "Meta" que afecta a otros dones ¡Pero no por eso son malos! Todos los dones son fenomenales, y sí crees que hay algo aterrador en tu don, entonces estás equivocada, ¡Todos los que te lo hayan dicho están equivocados!
Y se desinfló en el borde de su visión, respirando agitado por el esfuerzo que le significó hablar tan rápido en voz alta.
Finalmente ella levantó su mirada del libro luego de haber leído algunas de las notas; iban desde la incapacidad del héroe de sufrir anemia extraído de un comentario en el festival deportivo de segundo año de hace no mucho, según la misma nota, cómo se había convertido en profesor de la UA hace un par de años, un análisis detallado de cómo su guantelete le saca sangre para que él la manipule, y una lista de incontables preguntas acerca de los límites de sus construcciones, cómo podría cambiar el don dependiendo del tipo de sangre, citas a fuentes externas, o sí el héroe en sí mismo tuviera un tipo de sangre especial y por ello solo puede controlar la suya propia en lugar de la de todo aquel que comparte su grupo sanguíneo, incluso media página estaba dedicada a una teoría sobre cómo su sangre tenía un alto nivel en hierro, y su don realmente sólo era magnetismo a grado atómico especializado. Había sido como leer sus murmullos, pero dificultado por sus propias lágrimas al caer en cuentas de lo que estaba ocurriendo.
El chico que estaba ahora de pie le decía que su don de sangre era genial. Claro que no sabía los detalles, pero...- No puede dejar que su máscara caiga tan fácilmente.
— ¿Y que pasaría sí... sí mi don requiriera consumir sangre? —Temblaba temerosa de la respuesta y de cierto modo deseando que el chico nunca deje de mirarla de ese modo tan cálido. A este ritmo pensaría que decía la verdad con respecto a que ella era 'linda'.
Su mascara cubrebocas cayó, lo presionaba entre sus manos contra su pecho. Una enorme y llorosa sonrisa le era robada con toda esa ilusión y esperanza; sacaba a relucir sus caninos afilados, e incisivos algo más pronunciados. Su boca era grande, así que sí quisiera podría incluso morderle el rostro. Era aterradora, un monstruo, alguien que ni sus propios padres podrían llegar a querer jamás.
A quien nadie amaría. Que no merece ni siquiera ser mirada con una fracción de la calidez casi incendiaria de este chico.
— Entonces prepárate, porque creo que empezaré a murmurar ahora mismo acerca de lo genial que parece. —Le contestó con toda la honestidad que había en este mundo, demonios, Himiko empezó a reírse ante esa respuesta. Aunque la risa se combinaba con un hipido bajo que la hace sonar patética.
Reír y llorar era su respuesta, porque no era en absoluto lo que imaginaba que pasaría. Pero era lo que deseaba ¿Acaso era un sueño?
— ¿Cómo funciona? —La consulta venía con un tono alegre y contenido, estaba genuinamente interesado en ella. Ahora mueve sus manos con emoción, sin un solo gramo de nerviosismo.
— Y-yo... No lo sé. —Suspiró con pesar, confundiendo visiblemente al peliverde.— Solo me hace desear beber sangre como sí de eso dependiera mi vida, pero esa parte ya aterra a mis padres. —Soltó un gruñido, aflojaba su frustración, su tristeza y emociones apagadas por la soledad.— Tengo... tengo que tomar medicamentos que adormecen un poco mi... todo. Pero solo me hacen sentir horrible todo el tiempo porque tengo... Hambre, y-y cada vez es más difícil ocultarlo. No sé exactamente qué hace, ni por qué específicamente debe ser sangre. Pero simplemente lo camuflan como una mutación felina ¿Sabes? Creo que por mi mamá, ella puede transformarse en gato, pero no lo usa nunca porque es 'repugnante', o algo así...
Aflojó un poco su postura. Se liberaba de una vez por todas de todo lo que nunca pudo decir con nadie más, su sonrisa vacilaba un poco, pero no pretendía esconderse más, ni se pinchaba con sus uñas. Luego de esto una parte de ella (Minúscula, pero existente) estaba segura que el chico huirá, pero otra empezaba a sospechar lo que ocurriría: Murmuraría acerca de esta información y sería torpe cuando ella lo sacase de esa ensoñación de dones. Sin que el chico lo notase, Himiko sacó su identificación de dentro de su cárdigan y la extendió algo temblorosa. Donde debería aparecer su don decía simplemente "Lince". probablemente un intento por hacer pasar sus ojos y colmillos como algo menos... ¿Malo?
Los ojos esmeralda analizaron la información como sí fuera un texto sagrado y rápidamente se colocó en una posición de pensar, como Himiko lo llamaría de ahora en adelante. Mano ahuecando su barbilla y labios moviéndose con rapidez dando forma a sus pensamientos con murmullos que luego comenzaron en palabras entendibles.
— Las dietas como la tuya que exigen al usuario consumir algo en concreto son muy normales; un chico en mi salón debe consumir ciertas cantidades de silicio, pues su don convierte partes de su cuerpo en rocas. Y estoy seguro de haber visto a Mera-san masticar algo de carbón en los pasillos. —Se frotó distraídamente el costado, con una pequeña mueca de dolor.— Pero también hay héroes; ¡Cómo Starborn por ejemplo!
Himiko parpadeó dos veces, no le sonaba de nada.
— Consume agua, solamente agua. Se alimenta de los átomos de hidrógeno y los descompone para alimentar un reactor de fusión nuclear en su cuerpo; Reina Escarlata solo come cosas de color rojo, pues absorbe la luz que se refleja en ellas; ¡Y una compañera de mi clase solo bebe bebidas isotónicas y come comida chatarra porque su cuerpo usa los químicos nocivos como energía! Oh, y no creo que duerma nunca pero esto es solo una teoría mía, no es muy conversadora cuando se trata de eso.
El chico tomó un segundo para tomar aire, y luego continuar bajo su muy atenta mirada.
— El punto es que los dones cambian la forma en la que muchos viven, y es bobo que te quieran obligar a vivir de un modo cuando tus necesidades son otras. Es cruel, casi de villano. Ocultar la información de tu don y tirarlo todo bajo la alfombra, privarte de algo tan sustancial como el funcionamiento de tu propio cuerpo, y... Tu dieta... ¿Todos te dieron la espalda?
Se quedó en silencio unos segundos, fue testigo de una chispa de algo más agresivo, casi de indignación que empezó un fuego nuevo en esos ojos. La miró fijamente a los ojos de cierto modo buscando alguna confirmación tácita en la mirada dorada.
— ¿Tus padres...? —Empezó a interrogar, pero se calló cuando la expresión de Himiko se oscureció. Mala primera opción.— ¿Qué hay de tu especialista de don...?
No hubo respuesta verbal, pero la palabra "Lince" estaba en esa identificación. No fue tampoco buena opción.
— ¿Tu escuela?
El chico ya se mostró indignado, ella solo respiraba lenta y profundamente. Estaba sola en lo más profundo de este mundo, mirando el horizonte incapaz de compartir la belleza del mismo.
— ¿Tus maestros...? ¿No? Me gustaría al menos fingir sorpresa... Nunca ayudan... —Mascullando esto último, el peliverde miró a ambos lados del callejón. Vio a la gente ir por ahí en un horizonte que los aislaba ambos en la oscuridad.
Ahora estaba algo molesto, con sus ojos convertidos en un incendio forestal que albergaban una indignación apenas contenida. Dirigida por un momento hacia todos los que no la ayudaron antes que él. Personas con más recursos, que estaban en el deber de ayudar no solo por decencia básica, sino por estar dentro de sus responsabilidades.
Pero él apreció, ¡De todo el mundo ha sido él quien iluminaba a a Himiko Toga con su decencia humana básica.
— Nadie... ¿Nadie te ayudó? ¿Qué pasa con los héroes? Hay en todos lados, ¿Nunca...?- —Ella agitó la cabeza a los lados.—¿No...? Olvídalo...- No importa, ya no.
Con un rápido movimiento se arremangó la manga de su gakuran hasta su codo.
Hubo silencio, uno doloroso para ambos. Pero él no esperaba más, se arrodilló frente a ella extendiendo algo más que solo su mano. Mostraba su antebrazo cubierto de vendas de las que rápidamente se desprendió con sus dientes frente a ella. Aún no se quitaba todas cuando ya le estaba hablando:
— Si necesitas sangre, pu-puedes tomar un poco de la mía. Con gusto sangraré para que no sufras hambre. —Declaró, de algún modo el fuego de sus ojos se desplazó a su voz.
Porque solo con escucharlo su cuerpo entero se estremeció de un modo totalmente antinatural para ella. No pensó ni por un misero instante que fuese una broma, no dudó de su capacidad para convertirse en esa comida que ella tanto anheló toda su vida.
Levantó su mirada hacia él, encontró en sus ojos determinación por ayudar pero se esforzaba en ocultar algo del pánico que sentía, además de también ocultar una creciente rabia por las injusticias vividas por ella. Deslizó su mirada hacia su boca, detalló su rostro lentamente como un crítico examinando el aspecto de un festín. Cuatro pecas en cada apetitosa mejilla, un cabello demasiado parecido a un brocoli, ojos como esmeraldas refulgentes, piel pálida. Pero no había miedo, ni un solo gramo.
Él no le tenía miedo.
Miró el brazo del chico, sin las vendas ahora eran visibles marcas de quemaduras leves, piel enrojecida y algo ampollada; es delgado, no parece tener mucha grasa corporal, solo algo de musculo que se contraía a simple vista en su antebrazo cuando abría y cerraba el puño para la eficiente circulación de sangre.
Era tan considerado con ella, un festín andante de la más alta calidad que la tiene babeando con anticipación como una bestia salvaje, con su respiración algo agitada, extendiendo sus manos como garras hacia su piel para retenerlo. Aunque duda de que fuese a huir, no cuando le sonrió directamente como sí dijese: "Todo está bien, yo estoy aquí."
Grrlw...
— Y-Yo... ¿Estás seguro? —Su voz le tembló, deseando con todas sus fuerzas que el chico no se arrepienta. La desesperación en su voz no coincide con las dudas en su tono.— N-nisiquiera me conoces, n-no... no sé tu nombre, tampoco somos amigos, ¡Demonios! —Lo apretó entre sus manos, reía mientras lloraba; su estomago la castigaba por cada segundo que pasaba.— ¿Y sí enloquezco por el hambre y te dejo seco? ¡Por un momento pensé en apuñalarte y beber de la herida! ¡Pensé en matarte y comerte como sí eso fuera mi única opción! ¡¿P-por qué haces esto por mí?!
Trató de empujar el brazo del peliverde fuera de su rostro, pero sus uñas solo se clavaron en la piel sin ser capaces de alejarlo. Aunque no tenía garras reales, sus dedos se sentían peligrosamente capaces de servir como unas. Él le acercó su extremidad a su boca, a estas alturas ella tenía que hacer un esfuerzo titánico en no llorar de la alegría y frustración a partes iguales. Algo de baba goteaba de su boca y caía sobre la piel, jadeaba como un animal directamente sobre él. Sus ojos brillaban como los de una bestia desatada.
Un zumbido horrible en su cabeza silenció todo lo demás.
"¿Estudiar su don? Ningún especialista va a darle sangre a mi hija si puedo evitarlo. Ella no se convertirá en un monstruo más grande." Recordó a su padre. Siempre con esa mascara de estatua inamovible.
Sus dientes rozaron la piel, enviando un cosquilleo anormal a su cerebro. La última vez que se alimentó no acabó bien.
"¡Detente! ¿¡Que le hiciste a esa ave, monstruo!? " Recordó a su madre, siempre... Preocupada con que todos vean lo normales que son.
Su lengua presionó tentativamente la piel herida del chico, bailando sobre su carne en busca de alguna vena para acelerar el proceso. Buscaba extraer sangre con más facilidad y no dañar innecesariamente primera persona que se la ha ofrecido. No quería extenderlo, no quería tener otra ave muriendo entre sus dientes.
No él, por favor.
"Tu cara da miedo, pareces una villana." Recordó a sus compañeros de clase, a ellos sí los dejaría morir.
Pero no es lo que él haría. Apretó con fuerza los ojos, lágrimas fluyeron como ríos por sus mejillas. Sus dientes rasparon la superficie, listos para hundirse a la altura de su antebrazo luego de que una vena palpitó contra sus colmillos.
"Debes aprender a no ser una molestia para tus padres, donaron mucho dinero a la escuela para que permitamos que andes sin supervisión policial." Recordó los rostros borrosos de sus profesores, todos igual de apáticos. A todos ellos los dejaría morir.
Pero él no lo haría ¿Verdad? Sí la salva a ella, una monstruo que no conoce ¿Qué cosas no haría por cualquier otra persona?. Hundió finalmente sus dientes con suavidad sin sentir alguna clase de oposición, ni escuchar quejas. Succionó con torpeza, esforzándose al máximo de no dañar al chico. Pero su delicadeza se desvaneció cuando las primeras gotas llenaron el interior de su boca. Entonces su mandíbula se apretó con violencia, casi podía sentir el hueso, tendones, nervios. Sería tan delicioso despedazarlo ¡Ser ella misma y:..! Y...-
Este chico... ¿Por qué ahora le venía a la cabeza todo lo que dijo?
"Entonces yo te ayudaré."
"Los Dones de sangre son geniales".
"Sí crees que hay algo aterrador en tu don, entonces estás equivocada, ¡Todos los que te lo hayan dicho están equivocados!."
"Estoy seguro de qué seguirías siendo bonita sí te la quitas."
Él... Sujetó con firmeza la máscara de porcelana que con tanta desesperación Himiko quería mantener y la lanzó contra el suelo haciéndola estallar en cientos de pedazos. Repararla ahora sería imposible, pero... No la necesitaba, ya no .
Quizás ella nunca estuvo rota. Ahora podía brillar y arder gracias al fuego de este chico. Convertirse en cenizas, ¡Renacer en lo que ella quiera!
Quiere renacer como él.
El dolor en su estomago no se detuvo, pero se mitigó enormemente ahora que su hambre estaba siendo saciada. Desprendió sus dientes del brazo con un chapoteo desagradable, pero seguía aferrada a él con sus manos; había estado muy desesperada cuando succionó y ahora tenía los alrededores de su boca tintadas con el sabroso carmesí. Estaba llorando, su nariz moqueaba y todo eso caía sobre su brazo.
Él le puso una mano sobre la cabeza con tanta ternura, solo empeoró la fuerza de su llanto cuando empezó a acariciarle con suavidad para ofrecerle consuelo. Todo acompañado de una sonrisa temblorosa y lágrimas en las comisuras de sus ojos, probablemente aguantando cualquier queja por el dolor de ser mordido, de que una bestia monstruosa haya tratado de acabar con él.
— Creo que luces muy bonita. —Sonaba convincente, genuino, sincero como ninguna otra persona que ella haya conocido. Himiko le creyó sin dudarlo.
— ¿D-de verdad? —Hipó, restregando el rostro contra las vendas sueltas del brazo para tratar de limpiar las lágrimas que no se detenían, pero el desastre solo los manchó de sangre a los dos. Se separó con cuidado, buscando su mirada por encima de todo lo demás.
— Eres la chica más bonita que he visto. —Le afirmó, aunque temblaba bajo su agarre.
Ella también temblaba, le faltaba el aire, sollozaba ruidosamente con cada respiración que lograba completar.
— Y t-tú... Tú eres mi h-héroe. —Su voz se rompió con su voz ahogada por la tela. Pudo sentir como el chico se sobresaltaba un poco ante esa declaración, con lagrimas que se acumulaban en el borde de sus ojos. Una sonrisa creció en el rostro de su héroe, él se alegró al escucharla— Eres mi héroe... Mi Héroe... Héroe...-
Repitió una y otra vez, a estas alturas la palabra incluso le sonaba rara, nunca esperó decirle así a nadie, pero no importaba. Él parecía tan feliz cuando la escuchó la primera vez, quería verlo sonreír más. Que esa sonrisa jamás desaparezca, que sea eterna e ilumine todos y cada uno de los días de Himiko.
Cuando fue momento de separarse no pudo quitarle los ojos de encima, ojos soñadores e ilusionados. Libres del peso de una máscara que ocultaba su belleza afilada y peligrosa.
Y entonces él se tambaleó. Himiko por reflejo extendió las manos para sostenerlo poniéndose de pie para tratar de ayudarle. Notó que ella era más alta por algunos centímetros.
— O-oye, oye —Tragó saliva ruidosamente, todavía había restos de sangre en su boca.— ¿Te encuentras... Bien? B-bueno, espera, creo... creo que te saqué mucha sangre, ¡L-lo siento muchísimo!
— No te disculpes, lo haré de nuevo si hace falta. — Declaró el... El chico que le dejó beber de su sangre y cuyo nombre no sabía. — D-debo irme a casa, mi padre viene de visita, con suerte podré evadir preguntas si no me ven así. L-lo siento.
Trató de soltarse, lo logró porque Himiko tenía miedo de asustarlo sí lo retenía. Pero el chico cojeó luego de dar un paso en dirección a su bolso tirado en la pared opuesta y su expresión reflejó dolor puro mientras siseaba en voz baja. Ella se apresuró a tomar la mochila por él junto a su propio bolso antes de colarse bajo uno de sus brazos, todo para servirle de apoyo de algún tipo.
Para serle útil a él.
—Te acompañaré. —Con una chispa de heroísmo imitada en pánico, la rubia simplemente no podía imaginarse abandonando al muchacho ahora. Sí algo le llegase a pasar tomaría los fragmentos de su mascara y los metería en los oídos de los culpables.
— N-no tienes q-que hacerlo, no quiero ser una m-molestia. Y además...
Sea lo que sea que él fuera a decir se quedó atrapado en su garganta cuando ella le dedicó una mirada que dejaba en claro que esto no quedaba a discusión; su cabello se erizó en las puntas y sus pupilas se rasgaron preventivamente hasta convertirse en filos alargados. El chico abrió la boca, luego la cerró con inteligencia, pero volvió a intentarlo buscando alguna excusa y al no encontrar nada se desinfló notoriamente junto a ella, sonrojándose locamente y tratando de hacerse más pequeño.
— B-bien... —Cedió con timidez.
— Je, t-tú me salvaste, ahora es mi turno, Héroe-kun. —Le susurró con una suavidad sedosa, casi empalagosa. Lo último que quería era ponerlo más nervioso, aunque el apodo claramente logró lo contrario.— Oye, oye... —Lo llamó, pero el chico no tuvo el valor de mirarla.
Ella le sonreía ampliamente, y se esforzó mucho en ofrecerle la misma mirada cálida que él le brindó. Solo logró avergonzarlo más, pero significaba que tenía su atención.
— Soy Himiko Toga, pero puedes llamarme solo 'Himiko', ¿Cuál es tu nombre, Héroe-kun?
Él se retorció bajo su brazo, balbuceó un par de respuestas torpes y se quedó callado un par de segundos mientras caminaban en dirección a la salida más luminosa del callejón. Dejando atrás el cúter junto a la basura. Ella le seguía sonriendo, y en algún punto él se contagió un poco por la sonrisa. Algo de confianza parecía florecer en su mirada y eso la hace sonreír con más fuerza que antes.
— S-Soy I-izuku Mirodill... Midoriya. Izuku Midoriya, sí, lo dije bien. —Se presentó con torpeza, alegrándose más de lo que Himiko esperaría de una presentación.— Vivo no muy lejos de aquí, así que...
— Te acompañaré, estas herido, y me siento culpable por haber... —Su alegría se apagó un poco, recordando lo que le hizo al chico. Lo hirió.—Bueno, ya sabes. Haberte chupado y todo eso... ¡A-además, quiero ser tu heroína ahora! ¿Qué clase de 'Héroe' sería si te dejo aquí abandonado a tu suerte en un callejón? Desde luego no sería como tú. Aunque... Creo...- Quiero ayudarte. Lo necesito. —Soltó mientras pensaba en el estado del chico, no se veía del todo bien.
Él le ofreció una sonrisa compasiva, trató de seguirle el ritmo y ella se dio cuenta que había estado caminando muy rápido. Su error. Tras una torpe disculpa hacia él este solo mantuvo la sonrisa, con un creciente brillo de emoción en sus ojos.
Él extendió una mano hacia su rostro, sujetándole las mejillas y frotando su pulgar contra sus comisuras con cuidado. Ella se inclinó hacia el tacto con ansías de más, liberando un ronroneo ligero que intrigó al chico. Era raro, pero solo raro de vergonzoso. Ella no sabía como mirarlo luego de esto.
— Te-tenías algo de... Ya sabes. ¡N-no digo que me moleste! P-pero... —Se señaló la mano una vez retirada de la mejilla de Himiko, algunas motas carmesí habían tintado su piel pálida de un tono rosáceo..
Se llevó una mano a la boca para ahogar el resto de sus risas y cubrir su sonrojo a partes iguales. Izuku hizo lo mismo, aunque se acabó lamiendo su propia sangre sin encontrarle realmente un sabor muy llamativo. Al no hallar nada, se frotó el brazo temblorosamente contra su gakuran y deslizó la manga a su lugar para cubrirse la herida.
— ¿A ti también te sabe un metal o...?
— Izuku, eres muy genial ¿Sabías?
— ¿G-ge... Genial? ¿Oye?
Ella ignoró muy fuerte los intentos del chico en desestimar esa declaración. Después de todo, Izuku se convirtió en la persona más genial que ella ha conocido, al mismo tiempo era el ser más importante de su vida.
El único héroe verdadero que ha conocido es un chico que parece un brócoli, y era maravilloso. Nunca imaginó que estaría feliz de haber tomado sus medicinas, y poco podría importarle el regaño que sus padres le darán por desprenderse de su mascara. Ambos caminaron hacia la salida iluminada del callejón, apoyándose hombro con hombro.
Más tarde, cuando ambos caminaban juntos por la calle y atraían toda clase de miradas; Himiko no se sintió en ningún momento como un monstruo ¡Y presumió con orgullo sus colmillos! Le dedicaba enormes sonrisas a todo aquel que la miraba sin importarle lo que pensarían de ella.
Izuku no la juzgó, solo sonreía con honestidad mientras la guiaba por esta ciudad desconocida y ahora tan preciosa. Solo tenía poco menos de una hora de haber conocido a Izuku, pero sí él se lo pidiera ella apuñalaría a quien fuera. ¿No los hace entonces verdaderos amigos?
Corregido y editado posteriormente a su publicación el 1 de Mayo del 2026.
Se agradecen las correcciones en comentarios, soy algo ciegüito.
