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Solo es un Final

Summary:

Un pequeño relato donde no existe final feliz o triste, solo un final donde Izuku Midoriya logra cumplir su sueño.

Chapter 1: Izuku Midoriya

Chapter Text

El timbre estruendoso suena entre todos los pasillos de la academia UA, indicando que las clases habían culminado por ese día.

En el salón 1A, el grupo de aspirantes en su primer año, suspiraron aliviados ante la señal de fin de la jornada escolar.

El profesor se puso de pie luego de corroborar la hora exacta en su reloj de mano y dirigió una sonrisa radiante al grupo de jóvenes frente a él.

—Muy bien, chicos. Finalizó la clase, antes de retirarse, coloquen la tarea de hoy sobre el escritorio — entonó con amabilidad un hombre de cabello rizado color verdoso.

Su semblante apacible se mantuvo hasta que el último estudiante colocó su trabajo sobre la mesa.

—Hasta mañana, Midoriya-sensei— se despidió en coro el grupo más aplicado y él contestó con un gesto de su mano antes de comenzar a ordenar los documentos.

Izuku Midoriya, uno de los profesores más famoso e importante en la academia, reconocido también como el ex héroe Deku quien le devolvió la seguridad a Japón luego de vencer a su más grande enemigo.

Han pasado casi ocho años desde aquel suceso y actualmente labora como docente en su alma mater.

Luego de perder definitivamente su don, Izuku aún mantiene su plan de ayudar a los que necesitan y una de las tantas formas de realizarlo es impartiendo sus experiencias y conocimientos para ayudar en la formación de los futuros héroes del país.

Suele sentirse solo a veces puesto que no ve a sus amigos tan frecuentemente como antes, para ser sinceros, ellos andan tan ocupados que no pueden coincidir para reunirse y charlar un poco de sus nuevas vidas; pero está orgulloso de cada uno y es feliz al contemplar que pudieron cumplir ese gran sueño.

Además, tiene otras prioridades en su vida ahora.

Deku cuelga su gran mochila sobre sus hombros y toma consigo la pila de carpetas que guardan la tarea realizada de sus alumnos, se dirige de manera pasada hacia la oficina de maestros donde tiene pensado dejar listo todos sus deberes para mañana y llevar a casa solo lo necesario.

Se acomoda en la gran mesa que comparte con otros colegas y primero se encarga de corregir los exámenes de la semana pasada para poder entregar las notas del tercer año a tiempo, estaban próximamente a graduarse así que todo debe estar en orden.

Suspira al recordar su propia fiesta de fin de curso. Momentos que los guarda cmo hermosos recuerdos.

El teléfono a su lado vibra debido a los mensajes acumulados en su bandeja de entrada, recibe por chat algunas indicaciones para el resto de su tarde y confirmó de inmediato al contacto que va a realizarlas al pie de la letra.

Izuku suelta un suspiro, está vez nostálgico y desolado, mientras su mirada jade se queda embelesada en la ventana frente a él. Un bonito atardecer comienza a pintar el inmenso cielo.

—¿Otra vez perdido en el horizonte?— aquella voz ronca y cansada lo sobresalta.

Deku se gira y se encuentra con su ex profesor y actual colega. Sonríe apenado mientras rasca su nuca.

—Ah… sí, me preguntaba qué estarán haciendo los demás en este momento…—

—Bueno, te puedo asegurar que uno de ellos está haciendo un escándalo ahora mismo..—

El pecoso observa al mayor con curiosidad y nota como sostiene su teléfono frente a su mirada.

—No soy una maldita obra de museo, dejen de grabarme todo el jodido tiempo —

Deku se encoge de hombros al reconocer aquella voz.

—Ay Kacchan…— esconde su rostro con timidez tras una de sus palmas.

—Si sigue de esa forma no logrará entrar al ranking de popularidad— menciona el pelinegro con un semblante exhausto.

—Aun así… creo que él se ve contento— acota Izuku con una sonrisa mientras otra vez se pierde entre sus pensamientos.

—Luego de la rehabilitación no ha parado ni un segundo en su trabajo. Es impresionante ¿no lo cree?—

Aizawa toma asiento frente a Midoriya y se deja caer sobre el respaldo con soltura.

—Es excepcional pero debe manejar mejor el carácter que tiene. Bueno, supongo que ya no es problema mío… ninguno de ustedes—

Izuku deja escapar una risilla.

Sabe que no habla en serio, lo ha observado con detenimiento y se dio cuenta que pese a que todos son adultos ahora, Aizawa sensei aún sigue pendiente de cada paso que dan sus ex alumnos.

De no ser así, no se preocuparía tanto por el rubio cenizo ni tampoco le haría compañía en las tardes para asegurarse de que no se sienta solo o triste por su situación.

Aizawa comienza una charla acerca de los próximos festivales al pecoso y pierden la noción del tiempo en lo que concierne la preparación del evento y en agendar reuniones con las posibles agencias que podrían ser invitadas, justo como se solía hacer siempre en antaño.

En un descanso, Deku mira el reloj de la pared y sus ojos se abren con espanto al descubrir la hora y notar que se le estaba haciendo tarde, otra vez.

—N-No puede ser, su madre va a martarme—

Deku se puso de pie con brusquedad e inquietó al pelinegro quien al observar el reloj, entendió el repentino manojo de nervios del joven maestro.

Shota observó sin emoción alguna como Izuku se movía de un lado a otro para guardar sus pertenencias en el maletín y para colocar sus pendientes en el casillero, por las prisas y el miedo, se colocó mal su chaqueta y su bufanda, agarró como pudo los portafolios y se encaminó a la puerta de salida pero olvidando en el transcurso su billetera, el registro de notas y la lonchera que trajo su almuerzo para ese día.

—¡Hey, Midoriya!— llamó su atención el mayor sin ofuscarse, era una situación de todos los días, nada fuera de lo común.

—Aún te faltan cosas…—

El pecoso regresó y Aizawa lo ayudó para que le sea más sencillo, colgó la maleta en su cuello, acomodó el folder y la billetera entre sus dientes.

—Gragias Ajiwa senjsei…— murmuró incomprensible y salió corriendo a toda velocidad.

Su ex maestro solo suspiró mientras negaba con la cabeza.

—Los chicos problemas siempre serán los chicos problemas— murmuró al aire mientras una sutil sonrisa se dibuja en su labios.

|...|

Durante su trayecto en el taxi, Izuku trató de mejorar su aspecto y de ordenar mejor sus cosas para no tener el inconveniente de perder un documento importante.

Llegó en pocos minutos a su destino, nervioso y sudando frío por estar dentro del tiempo límite pero del rango de tardanza aceptable.

Deku bajó del auto con rapidez y se dirigió a la puerta principal de un colorido jardín de niños, ahí le esperaba una linda mujer con sonrisa angelical, la cual pareció titubear en cuando vio al pecoso.

—Señor Midoriya, buenas tardes— una de sus cejas parece temblar inquieta.

—Casi rompe su racha de impuntualidad hoy—Comentó con ironía sin borrar el semblante tranquilo de su rostro.

—L-Lo siento mucho— dice con urgencia el pecoso mientras se encoge de hombros.

—Otra vez no me di cuenta de la hora—

La maestra levanta una ceja juzgando su excusa y dirige su mirada hacia el reloj en su muñeca.

—Si que es un padre despistado— ella suelta un suspiro. —Típico de los primerizos—

—Perdón de nuevo—Izuku inclina su cuerpo en señal de disculpa mientras que la maestra ingresa al recinto.

—¡Hazuki! ¡Kazuo!—exclama cómo llamado para alertar a los dueños de esos nombres.

Deku esperó paciente a que regresara la maestra y en pocos segundos, dos niños salieron corriendo en su dirección para abrazarlo.

Sonríe con genuino cariño y acaricia con amor ambas cabelleras rizadas de un bonito color castaño.

Los dos pequeños levantan la mirada, regalándole al adulto una hermosa imagen de sus ojos color esmeralda y de sus chispeantes pecas en las mejillas.

—¡Papi, que gusto verte!— expresa con felicidad Hazuki mientras sonríe, dejando ver sus curiosos hoyuelos.

—Otra vez te tardaste— se quejó Kazuo con los brazos cruzados y dirigiendo su ceño fruncido al mayor.

—Oh, si, perdón niños—

Izuku se dirige a la profesora y baja un poco su cabeza en señal de respeto.

—Muchas gracias, Harumi-san. Prometo que mejoraré en la puntualidad—

—Todos esperamos que sí, Midoriya-san…— recalcó la profesora con una sonrisa pero Deku sabía que por dentro era una clara advertencia.

—Incluso mami— comentó risueña la niña.

—Va a enojarse contigo—declaró su hijo con burla.

—Por favor, no me digan eso—

Izuku se despidió de su colega y tomó a sus gemelitos de las manos para emprender el camino hacia su hogar.

—¿Estuviste corrigiendo exámenes?—indagó con interés Hazuki mientras una de sus manos se aferra a la solapa de su mochila.

Escuchó como su hermano chasqueó la lengua.

—Seguro que solo se olvidó de nosotros—

—¡Papi jamás haría eso Kazuo!—

Hazuki saca la lengua hacia su gemelo y este responde con el mismo gesto acompañado de un sonido de burla.

—Oh vamos, amores. No hagan eso, pueden lastimar los sentimientos del otro—

Kazuo desvío la mirada con aburrimiento.

—Tu jamás nos olvidarias a propósito ¿verdad, papi?— La niña abraza la mano de su padre y lo observa con ojitos de cachorrito.

—Claro que no, cariño. Me distraje con Aizawa-sensei al hablar del próximo festival deportivo en UA—

Ambos pares de ojos jade brillaron con entusiasmo al oírlo.

—Este año también podremos ir a ver el show ¿Verdad?— preguntó con emoción su hijo mientras movía su brazo en un suave balanceo.

—Espero que sí, ya saben que todo depende de mami— les recuerda que su visita solo puede suceder si son invitados por un héroe profesional.

Deku como profesor no tenía esas ventajas.

—Sí estará—afirma confiado Kazuo sin borrar su semblante.

—Nunca ha faltado a ninguno— agrega Hazuki con seguridad.

Ellos creen ciegamente en la genialidad de su madre. Aquello hace sentir ternura en Izuku.

—Mami es una persona increíble capaz de hacer cualquier cosa—

—Y aún así, siempre tiene tiempo para nosotros cuando no está salvando a la gente—

—Mami siempre está trabajando mucho por nosotros ¿No?— agrega con orgullo el pecoso.

—Eso es porque alguien nos tiene viviendo en un cuchitril de mala muerte— agrega en murmullos el niño.

Aquello fue una estaca directa al orgullo del pecoso.

—¡Kazuo!— regaña la niña con severidad.

—¿Qué? Es la verdad… si no fuera por mami y su estupendo trabajo, estaríamos viviendo debajo de un puente—

—¡Pero papi se esfuerza!— trata de defender la menor.

—¡Papi nos lleva a comer ramen en el puesto de la esquina!— ataca con seriedad Kazuo con una mueca de disgusto.

—¡Me gusta el ramen!— contradice a su hermano para evitar que su papá se sienta triste.

Aunque es demasiado tarde. Deku tiene un aura depresiva alrededor de él.

—Pues a mi me encanta el Katsudon de mami pero ya no cocina porque siempre está trabajando—

—Bueno ¡Ser un héroe es genial, mami es impresionante!— exclama con admiración la pequeña y su gemelo asiente estando de acuerdo.

Su propio comentario trae dudas a la cabeza de Hazuki quien luego observa con inquietud a su progenitor.

—Papi ¿no extrañas ser un héroe?— aquella pregunta toma desprevenido a Izuku.

—Y ganar mucho dinero—

—Kazuo— emite como advertencia Hazuki.

—Me gusta mi trabajo de ahora… también es importante— admite el adulto con una sonrisa honesta.

—¿De qué forma?— pregunta su hijo con genuino interés.

—¿O solo lo dices para no llorar?— termina de decir con algo de decepción, provoca una risa en su padre.

—Hace poco les conté la historia de un niño de cabello morado ¿recuerdan?—

Ambos asienten ante la mención.

—Esa es una buena manera de ayudar sin ser héroe con don excepcional. Yo trato de ayudar y de incentivar a las nuevas generaciones a creer en sí mismos y en la academia, como docente trabajo en su formación para que sean los mejores—

Izuku levanta el mentón con altivez, muy orgulloso de su nueva labor luego de perder one for all.

Intenta enseñar a sus pequeños que no todo en la vida es poseer dones extravagantes sino también el crecimiento intento en cada uno.

—¿Y si es tan bueno porque no ganas más dinero?—

—¡Kazuo, eres muy cruel! ¡Le diré a mami!—

—Estoy trabajando en ello, Kazuo. Ya lo verás muy pronto, he hablado con el director para dejar dedicarme a dictar clase de una materia y que me asigne una clase para mi solo—

—No sé cuántas veces he oído lo mismo— menciona sin esperanza el menor mientras niega con su cabeza.

—Yo ya me cansé de regañarte—

—Sabes que tengo la razón, Hazuki—

—Chicos nuestro hogar no es tan malo ¿O si?—la voz de Izuku tiembla con nerviosismo y sus hijos solo se dirigen una mirada cómplice irradiando incomodidad.

Los tres llegan a un complejo de departamentos pequeños en una zona bastante alejada de la ciudad.

La distancia no es por seguridad o algo parecido sino porque el actual salario de Midoriya no logró cubrir algo más céntrico y exclusivo, aunque viendo el único lado positivo, está cerca del nido de los pequeños.

Suben hasta el tercer piso y los niños corren hasta la última puerta del pasadizo que corresponde a su departamento.

Izuku llega y abre la cerradura para que puedan ingresar.

Lo primero que todos notan es el aroma a lavanda en el ambiente y luego que el suelo está perfectamente ordenado, muy distinto a como lo dejaron ellos en la mañana, es decir, ya no había papeles, portafolios, cuadernos, colores, juguetes o ropa tirada por todos lados.

Los niños no necesitan caminar mucho para llegar al baño diminuto del departamento petit y se toman su tiempo en pelear para ver quién acapara primero el pequeño perímetro para poder asearse.

Deku por el contrario, parpadeó asombrado mientras cierra la puerta y guarda la llave en su sitio asignado.

Al parecer su pareja llegó antes y se tomó la molestia de limpiar su hogar, Izuku tiene el impulso de ir en su búsqueda a la habitación pero sus ojos captaron una nota pegada en el refrigerador portátil que está sobre la mesa de la cocina.

“Vine un par de horas antes de mi siguiente turno, ordené el desastre e hice las compras. Hay todo lo necesario para que hagas una cena decente.

P.d. No los lleve a comer ramen esta noche. Estuvieron con gasesitos toda la madrugada la última vez.”

Izuku pasó saliva con dificultad, aunque solo sea un escrito, puede sentir una vibra extraña en aquella postdata.

Sus ojos viajan a la encimera y nota las veinte bolsas del supermercado sobre ella.

El mayor se retira el saco de su traje y luego de arremangar su camisa hasta los codos, lavó sus manos para empezar a ordenar las compras según se le solicitó.

Entre la labor de sus quehaceres, claramente puede escuchar las risas de sus niños y también cómo corretean en el espacio reducido de su departamento.

Hay un ambiente cálido en su hogar y aquello lo hace sonreír con las mejillas sonrosadas.

—Auch… me empujaste, Hazuki— se queja de pronto su pequeño.

—Lo siento— se oye dulce al principio. —¡Pero es tu culpa por meterte en mi camino, tonto!—

—¡No es mi culpa que vivamos en una ratonera! ¡Auch!—

—¡No le digas ratonera, mami la decoró para que se vea bonita!—

—¡Niños, dejen de gritar así entre ustedes!— advierte el padre mientras se encuentra ordenando las frutas.

—La mesita del centro está libre ¿Qué tal si realizan sus tareas en los que preparo la cena?—

—¡Mami hizo las compras!— anuncia la menor con alegría mientras se asoma por la encimera y ve que su papá tiene varias verduras entre sus manos.

—¡Eso quiere decir que hoy no hay ramen!—grita con alivio Kazuo al lado de su hermana quién asiente estando de acuerdo.

Ambos niños salieron corriendo hacia su habitación para traer sus materiales escolares.

El pecoso sonríe algo indignado por su alegría del no ramen. No los entiende, la verdad es que es deliciosa. Aunque claro, nada se compara al Katsudon que prepara su pareja.

Deku da un rápido vistazo alrededor con un semblante preocupado.

Su hogar es acogedor pero no lo suficiente grande para que cuatro personas vivan ahí, sobre todo con niños en pleno crecimiento y con mucha energía.

Luego de la puerta principal hay un pequeño pasillo estrecho donde se encuentra una zapatera para guardar el calzado de la calle y una repisa apenas larga donde se ubica un plato de cerámica con temática de All Might donde reposan todas las llaves.

La siguiente área corresponde a la sala que también comparte espacio con la cocina y el comedor, hay un sillón para dos personas y un televisor antiguo que fue un obsequio de sus suegros. Algo más grande y moderno no alcanzaría.

Después se encuentra otro pasillo con tres puertas situadas en los laterales. Una del lado derecho que conduce al baño y las otras dos en el lado izquierdo que corresponde a los dormitorios. El más grande es de los niños por obvias razones.

En la casa solo cabía lo estrictamente necesario y por eso su preciada colección sobre el símbolo de la paz había sido dejada en casa de su madre y Deku siempre pide a los cielos que su progenitora les dé el cuidado que se merecen para perduren en el tiempo.

Los gastos son excesivos pese a que no llevan una vida ostentosa, su sueldo de maestro no es mucho y su pareja quien recién se está haciendo de un nombre en el ámbito heroico tampoco gana lo suficiente y como bonus extra, se independizaron muy rápido y fueron padres demasiado jóvenes.

Él paga el alquiler del cuarto y los servicios básicos, su cónyuge se encarga de la despensa, las colegiaturas, el seguro médico y también las necesidades de sus dos pequeños. También se reparten las tareas del hogar la mayor parte del tiempo pero es Izuku quien netamente se encarga de los menores todo el día, se ocupa de alistarlos en la mañana, los deja en la escuela y también los recoge, a veces les cocina o los lleva a comer fuera, por último los baña en las noches y los deja dormidos en sus camas muy temprano.

Aunque debe ser sincero y confesar que todo el horario de los pequeños está estipulado por la madre. Él sólo sigue órdenes muy al pie de la letra.

Realmente espera que aquello sea un buen trabajo en equipo, sobre todo porque quiere compensar el doble trabajo que de por sí ejerce su pareja.

Izuku retira su anillo de matrimonio y lo guarda en un sitio seguro, luego comienza a cortar los vegetales que usará para las tortillas saludables que hará para sus hijos.

Hace ruido en la cocina mientras busca los utensilios necesarios para la preparación, después toma un cuaderno de uno de los cajones y se dedica a buscar la receta que escribió su cónyuge de aquella comida.

“Así evito que cocines algo no comestible y letal”

—¿Rojo y azul dan color…?—

—Violeta, como el ojo de los villanos luego de un golpe el héroe Shoto—

—¿Azul y amarillo dan color…?—

—Verde como el vómito que me provoca el ramen de dudosa procedencia de mi papi—

—¿Rojo y amarillo?—

—Anaranjado, como la zanahoria que me obliga a comer mi mami—

—¡Aish, ya cállate, Kazuo!—se queja su hermana al no encontrar paz para hacer su tarea.

—Que buen método para acordarte, cariño—

Izuku llega con sus hijos luego de dejar el arroz en la olla y se sienta a su lado para evaluar lo que hacen.

—¿Algo en lo que les pueda ayudar?— ofrece el pecoso con una sonrisa.

—Si, quizá puedas leerme este problema de matemática— solicita Hazuki puesto que gracias a su hermano ya había terminado la tarea anterior.

—Si tienes dos manzanas y María se come una ¿Cuál sería el resultado?— lee el mayor de manera clara.

—Yo con mis dos manzanas y María con un ojo morado que sale de la combinación rojo y azul según Kazuo, porque nadie me quita mi manzana — afirma con seguridad la menor y una sonrisa orgullosa.

Izuku frunce el ceño incrédulo.

—Muy bien dicho, Hazuki— felicitó Kazuo y levantó una mano para darle los cinco a su gemela.

—Eso no es…— Deku suelta un suspiro rendido.

No sabe exactamente qué decir ante ello.

Su teléfono lo salvó por el momento, era una llamada entrante y la curiosidad lo cubrió al leer el nombre de su mentor en la pantalla.

—Si, dime All Might…— contestó y activó el altavoz para charlar mientras revisaba los cuadernos de los menores.

Ambos niños sonrieron con admiración ante la mención de aquel nombre.

—Joven Midoriya, por fin arrive en Japón y mañana me encontraré en la ciudad, me preguntaba si podríamos vernos en la menor brevedad posible—

Deku alza las cejas con sorpresa.

—Claro que sí, puede ser mañana. Recojo a mis hijos y te doy el alcance en la plaza central—

—Mejor nos vemos en tu hogar, creo que podría ser más cómodo—

—Oh sí, está bien—

—¡Abuelo Yagi!— Gritaron en unísono los menores y Hazuki tomó el teléfono para acercarlo a ellos.

Deku aprovechó eso para ir a la cocina a freír la masa de las tortillas, escucha de fondo como inicia una amena conversación entre los niños y su mentor.

—El día de hoy tuvimos una clase de colores muy divertida— expresó Hazuki.

—Y también una extraña en donde para enseñar te quitan las cosas—

—Se llaman restas, Kazuo—

Izuku soltó una sutil risa la cual contrastó con la de Yagi Toshinori.

Los menores terminaron de contar sus anécdotas del día y acercaron el teléfono a su padre luego de una petición del ex símbolo de la paz.

—Entonces, joven Midoriya, nos vemos mañana—

—Si, estaremos aquí a partir de las seis—

—Muy bien, un abrazo para todos y saluda al joven Bakugo por mi—

—Si logro cruzarme con él, le diré— mencionó casi inaudible y con tono triste.

El mayor cortó la comunicación y el pecoso respiró profundo antes de preparar los platos para cada uno. Sirvió las porciones y las llevó a la única mesita de la casa.

Deku encendió la televisión y puso el canal de noticias, esa es su forma de poder enterarse sobre cómo le va a cada uno de sus amigos.

A su lado, sus hijos comían feliz la comida casera que había hecho.

—¡Está delicioso, papi!—halago la pequeña con un sonrojo en sus pecosas mejillas.

—He comido mejores— refuta su hermano antes de comer un bocado.

—No hables—

—Muchas gracias, niños—

—Oww es el héroe Shoto ¡Papi subele el volumen!— anima Kazuo con una mirada de admiración hacia la pantalla.

Deku toma el control remoto y obedece su orden.

En el televisor se observa un video sobre la última gran hazaña del héroe y posteriormente la pequeña entrevista que le hicieron antes de que se marche.

Izuku se alegra al notar la sonrisa sincera de su amigo frente a las cámaras y como todos se sienten cómodos a su lado.

—Felicidades, Todoroki-kun—susurró ante su crecimiento personal.

—Algunas últimas palabras, héroe Shoto—

El semialbino sonríe con ternura mientras se dirige a la cámara, más de una chica suspiró enamorada ante el gesto.

—Sí, un saludo para mis dos ahijados. Espero que estén viendo esto—

Shoto agita su mano como saludo y después utiliza uno de sus dones para alejarse del sitio.

—¡Ahh! ¡Nos mandó un saludo!— grita eufórico Kazuo muy impresionado.

—¿Por eso prendiste el televisor, papi?— pregunta Hazuki con duda ya que su madre les tiene prohibido ver aparatos electrónicos mientras cenan.

—Si, el tío Shoto me avisó que saldría esta noche—

—Que amable es…— suspiró encantada la menor.

—Es un héroe genial… quisiera ser como él algún día. Yo también quiero tener dos dones— enuncia fascinado el menor mientras levanta sus manos al techo.

—¿Te imaginas, Hazuki? ¿Quizá uno que nos permita flotar?—

—Y escupir fuego al mismo tiempo— agrega con ilusión su gemela.

Deku frunce sus labios y observa en silencio a los niños hablar con tanta pasión acerca de sus posibles dones.

Él ha pasado últimos meses investigando acerca de las teorías de las particularidades y tanto él como su pareja, no encontraron alguna evidencia sobre de que fuera posible que un descendiente de un quirkles sea capaz de adquirir uno, a decir verdad cuando ya hay uno en la generación lo más probable es que la línea de dones se termine justo ahí, no importa si el otro gen sí es mutado.

—¿Y cuál es el problema?—

—¿Qué se supone que debo hacer? Todo el tiempo hablan de querer tener dones como podría solo decirles que no lo tendrán por mi culpa—

—Creo que estás exagerando, tu mejor que nadie eres la prueba que aún sin tus poderes sigues siendo un héroe—

—Ellos quieren ser los héroes que ven en pantalla, a lo que ellos llaman, reales. No quiero romperles el corazón, aún no pierden la esperanza debido a ti pero…—

—Van a estar bien, Izuku—

—Yo de verdad quiero que ellos cumplan sus sueños—

—Tu y yo podemos encargarnos de que así sea—

Deku deja salir un suspiro.

La conversación sucederá en cualquier momento solo espera poder estar preparado para las reacciones de sus pequeños, aunque su pareja lo apoye sabe que será un duro golpe a la realidad para ellos.

Después de todo, qué seguridad pueden tener si su padre dejó de ser héroe solo porque perdió su quirk.

La cena terminó sin más.

Izuku recogió los platos mientras los menores se dirigían al baño a lavar sus dientes.

Luego de dejar limpia la cocina, Deku calentó agua en ollas para bañar a sus pequeños, los vistió con sus pijamas y los acostó exactamente a las ocho de la noche.

Él hace lo propio tiempo más tarde y cuando por fin tiene ropa más cómoda, se acomodó en el escritorio de la habitación conyugal para continuar sus deberes como docente. Comienza a evaluar los exámenes que faltaban mientras escucha la suave melodía que utilizan sus hijos para conciliar el sueño.

El ambiente nocturno es muy pacifico y aquella tranquilidad provoca que suelte un suspiro anhelante. Sus ojos verdes se dirigen a la pared de al lado en donde observa un calendario que muestra el mes actual.

Otra noche más que se encuentra solo en aquella habitación.

Sus cejas se curvan con pesar, se siente algo abandonado y no es posible evitar desear tener un poco de calidez aquella noche.

Toma el teléfono que está al lado de su computadora y se apresura a escribir un mensaje corto.

*¿Podemos hablar ahora?

Espera ansioso una respuesta pero pasan los minutos y su bandeja de entrada no recibe una notificación.

Al cabo de una hora, el pecoso se da por vencido.

“Si no respondo tus mensajes de inmediato es porque estoy en servicio y sin posibilidades de responder”

“¿Entendiste? Será mejor que no empieces a imaginar malentendidos”

*Te extraño, me gustaría que estés a mi lado ahora.

Envía un último mensaje sin la esperanza de hallar una respuesta y después se dedicó a terminar sus pendientes.

Al día siguiente, Izuku se levanta somnoliento entre un gran desastre de papeles regados sobre su cama

Se deprimió bastante luego de que su pareja no le envié ningún recado en toda la noche así que mientras derramaba lágrimas sin control también preparó los exámenes prácticos para el fin de curso y los próximos deberes de su materia, perdió la noción del tiempo que no se acuerda a qué hora exactamente se durmió.

Alcanzó su teléfono que estaba sobre su mesita de noche y al ver la hora, se dio cuenta que no había escuchado la alarma de las mañanas.

Sus hijos podrían llegar tarde a la escuela otra vez y una notificación a su pareja es lo menos que necesita si quiere que su integridad física quede conservada.

Izuku salió de sus cavilaciones al oír una música proveniente de afuera de la habitación.

Vive en una piña debajo del mar…

—¡Bob esponja!— Gritan sus hijos felices al compás de la canción.

La distorsión en su tono le da a entender a Izuku que tienen trozos de comida en la boca, aquello siembre una pequeña sospecha.

El mayor sale del cuarto con prisa con la ilusión de encontrar a su pareja en la cocina, usando un bonito delantal rosa y preparando el desayuno del día para todos.

Los ojos del pecoso brillan con añoranza y una sonrisa se le forma en los labios, no obstante, al llegar, se decepciona al ver la estufa vacía sin nadie ahí.

Deku gira inmediatamente hacia sus hijos que siguen cantando la canción de la caricatura y nota que están perfectamente vestidos con su uniforme, bien peinados, perfumados y con el desayuno servido en la mesita de la sala.

La primera en notar la presencia del mayor es Hazuki.

—¡Papi, buenos días! ¿Cómo amaneciste?—

—¿Se te pegaron las sábanas, papi?— se burla su gemelo antes de reírse.

—¡Oi, Kazuo!—

—¿Qué? Mami dijo lo mismo—

—Buenos días, niños…— se acerca a ellos mientras observa los alrededores y acaricia sus lindos cabellos castaños a modo de saludo.

Se da cuenta que las mochilas y las loncheras están listas sobre el sofá.

—¿Su mamá?— pregunta con la esperanza de que aún no se haya ido.

—Se levantó muy temprano y a nosotros también—responde su hijo antes de tomar su jugo de frutas.

—Dijo que debíamos hacer todo en silencio para no levantarte porque te veías muy cansado—

—¡Preparó una comida deliciosa!— exclama Kazuo mientras señala los ricos panqueques de su plato.

—¡Tu parte está aquí!— avisa Hazuki.

—Siéntate a comer con nosotros— agrega mientras jala de su mano para indicar que había un lugar libre a su lado.

—Claro que sí, cariño—

—Luego de dejarnos listos, salió—terminó de contar el menor.

—¿A comprar?— pregunta el mayor con fe.

—No, se fue a trabajar.. sino estaríamos viviendo en una caja al costado de la abuela Inko— anuncia con ironía Kazuo.

—Kazuo—

—Si, tienes toda la razón, le debemos todo lo que tenemos—contesta sin ánimos el padre.

Izuku sonríe con tristeza y se dedica a comer su porción, degusta el dulce sabor y aquello casi provoca que empiece a llorar.

La nostalgia lo invade y su mano tiembla contra el tenedor que está usando.

Extraña mucho probar la comida de su cónyuge, además, echa de menos los días en los cuales todos están juntos en familia. Lamentablemente, su pareja siempre está dobleteando los turnos y la mayor parte del tiempo no coinciden para verse.

—Espero que haya descansado lo suficiente—

—Dijo que no demores mucho en bañarte y cambiarte decentemente, no quiere volver a recibir las quejas de la maestra sino será tu último idea sobre la tierra—

—¡Hazuki!— exclamó indignado su hermano al oírla pero de forma irónica.

—¿Como le puedes hablar a papi así?— Kazuo niega con desaprobación y Hazuki frunce el ceño ante su hipocresía.

—Solo cumplo las órdenes de mami..— grita contra su gemelo y después ve con ojitos de cachorrito al pecoso.

—Perdón, papi—

Izuku se ríe con soltura; besó la coronilla de su hija y agitó la cabellera suave de su pequeño antes de ponerse de pie para alistarse.

Antes de ingresar al baño, revisa otra vez su celular para corroborar que si había puesto la alarma la noche anterior y se da cuenta de que tiene un mensaje sin leer en su bandeja.

*También te extraño, llegaré en la madrugada, con suerte te encuentro despierto, amor.

Deku sonríe completamente enamorado y con un poco de pena. Le hubiera gustado haber tomado más café para mantenerse despierto, quizá así hubiera tenido la oportunidad de encontrarse con su pareja.

|...|

—Le aseguro, director Nezu, que puede confiar en mí… me siento muy capacitado para llevar a cuesta un aula completa… se que tal vez no tenga poderes para resguardar en caso de emergencia pero soy muy hábil para hallar soluciones con rapidez y efectuarlas de manera perfecta—

El pequeño roedor blanco agita sus pies sobre su silla y porta una sonrisa mientras lee todo el currículum que Izuku preparó para sustentar un ascenso.

Deku lo ve con esperanza y un poco de súplica.

Ha estado trabajando arduo para poder cambiar su posición, dejar de ser solo un maestro de asignatura y convertirse en un tutor.

Es la única manera que encuentra para tener mayor provecho a sus habilidades y también el acceso a un nuevo y mejorado sueldo.

—Mmm Midoriya..— inicia el director con delicadeza.

—No necesitas tantos argumentos, yo mejor que nadie conozco tus habilidades y la clase de docente que eres…—

—Gracias pero de verdad quiero convencerlo de que no será un error si me asigna estudiantes, no se va a arrepentir—

—Se que no lo haré— responde con una sonrisa sincera.

—Entonces, eso significa que…— indaga con esperanza.

—Lo lamento Midoriya, se que eres muy capaz pero por el momento creo que no sería adecuado hacerlo—

La sonrisa de Izuku se desvaneció y el semblante de Nezu cambió a uno culpable.

—¿Qué?—

—Tal vez en un año, quizá en algunos meses… hay que ver primero cómo avanzan las cosas ¿no crees?—

—Pero… con todo respeto, director, llevo coordinando estás reuniones desde hace mucho y siempre me responde lo mismo…—

Nezu se baja de su asiento y se dirige a un pequeño estante donde hay una tetera llena de café.

—Debes tener un poco más de paciencia, y dejar que el destino forme sus hilos, tal vez te aguarde otro futuro más adelante. El porvenir a veces tiene cosas preparadas para nosotros, solo debemos saber esperar—

El director se sirve una taza de la bebida caliente y después se gira hacia el maestro.

—Yo..— quiere refutar la decisión pero recibe una sonrisa de Nezu.

—Eso es todo por hoy, no te quito más tiempo—

—Que tenga buenas tardes—

Izuku se pone de pie cabizbajo y sale de la oficina con el ánimo por los suelos.

No puede ser que haya sido rechazado por cuarto año consecutivo. No entiende porque no se le da la oportunidad.

¿Es porque no es de confianza? ¿Es porque ya no es tan fuerte como antes? ¿Es porque perdió one for all?

—Todavía puedes intentar el otro año— trató de animar Aizawa una vez que Izuku le contó al respecto.

—¡Ahhh!— exclama el pecoso mientras se deja caer sobre el escritorio de maestros.

—A veces pienso que solo estoy aferrándome a algo imposible—

—Este no eres tú ¿Te rindes así de fácil?— Shota se cruza de brazos y observa fijamente a su ex alumno.

“Hay alguien que se va enojar si te ve de esa forma” piensa en sus adentros.

—No, pero si hiere un poco no ser tomado en cuenta … me gusta mi trabajo, no creo que esté a un nivel inferior solo porque ejerzo como maestro y no como héroe… Me siento bien, feliz y cómodo—

Izuku deja salir un suspiro y apoya el mentón sobre sus brazos flexionados.

—Solo busco ayudar de mejores maneras… no solo enseñando el curso de estrategia práctica… sino tener una generación a mi cargo que en un futuro formaré para que sean los mejores… guiarlos y motivarlos para cumplir sus metas a pesar de las cosas en contra…—

—Y no quieres que tus hijos estén decepcionados, ¿no?—

Izuku hace un puchero.

—Kazuo dice que vivimos en un cuchitril y Hazuki odia el ramen aunque haga un esfuerzo por no hacerme sentir mal—

Aizawa suelta una carcajada, adora a esos niños.

Cada uno de los pequeños pecosos tiene una personalidad muy particular.

—Además, quiero demostrar que los dones no lo son todo… —

Deku quiere tener un sustento sólido para poder tener las charlas de particularidades con ellos sin hacerlos llorar o provocar el odio en ellos hacia él.

—¡No podría soportar que mi mayor adoración me odie—

—Midoriya…—

—¿Si?— pregunta con desánimo y algunas lágrimas en sus ojos.

—Son las cinco de la tarde— anunció su colega mientras observa el reloj en la pared.

—¡Que! ¡Cómo sucedió eso!— exclama alarmado Izuku.

—Quizá tú reunión con Nezu duró más de lo planeado…—

—Ay— Deku recuerda la razón.

—Es que no contaba con la hora del té y galletitas.. — el pecoso entra en pánico.

—¡Ahhh va a matarme! Debo irme—

Dicho esto tomó todas sus cosas con prisa y salió corriendo del sitio.

Izuku miró su reloj en lo que corre y recuerda que también tenía la visita de All Might en su casa

La frustración y desesperación lo consumen mientras viaja en el autobús, en hora punta.

Lamentablemente no encontró ningún taxi disponible a esa hora y tampoco podía perder el tiempo.

Izuku por fin bajó en el paradero indicado, uno que estaba a diez calles de distancia de la escuela, el docente tuvo que hacer gala de su exhaustivo entrenamiento en piernas para correr a toda velocidad.

Iba sin mirar a los lados y asustando a los transeúntes que estaban en su camino.

Llegó exactamente a las seis de la tarde a la puerta de la escuela donde ya no había ningún niño por los alrededores ni tampoco los maestros ni padres e incluso observó que la tutora de sus hijos se estaba despidiendo del portero para ya retirarse a su casa.

—¡Harumi-san!— Gritó con fuerza asustando a la maestra quien observaba al pecoso respirar muy agitado frente a ella.

—¿Señor Midoriya?—

—M-Mis hijos..— logra decir a duras penas por la falta de aire pero la mujer entendió a qué se refería.

—¿Eh? Sus hijos no están aquí—

—¿Qué?— Pregunta exasperado y confundido.

La mirada dura del pecoso la logró poner un poco nerviosa.

—S-Si, hace una hora los vinieron a recoger—

Para este momento, el temor comenzaba a invadir al padre.

—Pero eso no puede ser, la única persona que los puede recoger además de mi es…—

Deku cayó en cuenta de lo que iba decir al mismo tiempo que a lo lejos observaba la silueta de sus hijos con otra persona más, una que reconoció a la perfección.

El alma se devolvió a su cuerpo.

—Está bien, disculpe las molestias—

Izuku da una reverencia y comienza a correr en dirección hacia su casa.

No tardó mucho en lograr acercarse a un metro de distancia, puede oír y reconocer la angelical voz de sus pequeños.

—¿Adivina qué nos dijeron hoy?— empieza a contar ilusión Hazuki.

—Qué iremos a un paseo la próxima semana— completa la anécdota Kazuo.

—¡Vamos a ir al zoológico!— exclaman eufóricos ambos niños.

—¿No es genial?—

Ambos niños contaban felices la noticia mientras Izuku llegaba a su encuentro.

—¿Hah? Buena suerte evitando que se los coman los leones—

Ambos pequeños jadearon por la tenebrosa sorpresa.

—¡Kacchan!—

Los tres se detienen ante la voz del pecoso y giran en su dirección, él está respirando agitado por las prisas.

—¿Q-Qué estás haciendo aquí?— el mencionado levanta una ceja mientras cruza sus brazos, los pequeños imitan su acción.

—Dándome cuenta de lo tarde que vienes por estos mocosos—

Deku traga saliva pesado y con un sudor frío bajando por su nuca.

—Ya le contamos todo, papi..— la dulce voz de Hazuki se deja escuchar a un lado del rubio.

—Todas las veces que llegas tarde y la maestra Harumi se queja— confiesa sin vergüenza el menor quien tiene una sonrisa torcida dibujada en sus labios.

—Perdón, papi, pero no le podemos mentir a mami— dice con culpabilidad la pequeña.

—Eres un desastre, Izuku—

Katsuki Bakugo niega con la cabeza la irresponsabilidad del pecoso y él siente como sus labios forman una sonrisa temblorosa.

—He tenido muchas ganas de verte, Kacchan—

Deku camina unos pasos y se apresura a estrujar al rubio entre sus brazos, inhala sin vergüenza la loción del perfume en su cuello, se deleita con el aroma fresco de su shampoo y la menta impregnada en su piel.

—No vayas a llorar en público — advirtieron Katsuki y los dos pequeños con temor.

El pecoso suelta una pasada carcajada mientras da un último fuerte abrazo. Se aleja luego de depositar un beso fugaz en la mejilla del rubio y nota que viste prendas casuales.

—Estuviste en casa…— afirma con seguridad.

Deku toma la mano de Hazuki y su pareja la de Kazuo, ambos hermanos también deciden entrelazar las suyas; de esa forma la familia empieza a caminar de nuevo.

—¿Y que esperabas, idiota? Dijiste que All Might iría de visita a casa, así que me tomé el resto del día libre y vine por los niños…—

—Quisimos esperarte para volver juntos—comenta Hazuki.

—Pero como todos los días, llegaste tarde…—termina la oración Kazuo.

Izuku se encoge de hombros al ser acusado y por la mirada fulminante que recibe de su esposo.

—Mami nos invitó un helado en lo que te esperábamos pero nos aburrimos porque demorabas mucho así que decidimos irnos sin ti—

—¿Así que? ¿Cuál es tu excusa ahora, papi?—

—Niños, por favor, no me hagan esto—

—Dejen en paz a su padre, pequeños revoltosos, hace lo que puede el muy torpe—

—Gracias, amor—

—Pero podría mejorar—

—¡Kazuo!— regañaron Hazuki y Kacchan.

—Entonces ¿tienes el resto del día libre?— corrobora Izuku con una sonrisa.

—En realidad toda la semana, Jeanist me mandó de vacaciones forzadas…. Ese desgraciado—

—Es la mejor noticia que hemos oído — gritaron animados los tres pecosos provocando una sonrisa enternecida en el rubio.

La familia llegó al condominio y detuvieron sus pasos al ver al ex símbolo de la paz de pie frente a la entrada principal y con una sospechosa maleta en la mano derecha, con la izquierda revisaba la hora del momento.

Toshinori gira su vista y se alegra al ver a la joven pareja con los niños.

—Joven Midoriya.. joven Bakugo…—

Ellos se acercan con semblante amigable.

—Oi, All Might, sabes que ya no uso ese apellido…—

—Oh, cierto, perdón. Es un gusto verlos de nuevo—

—All Might, nos hubiera dicho tu hora de llegada para ir al aeropuerto— Izuku saluda con un apretón de manos a su mentor, los niños también lo saludan pero con un fuerte abrazo.

Katsuki mira inquisitivo la maleta que trae el mentor de su esposo y Yagi al darse cuenta le guiña el ojo. Confirmó de esa manera sus sospechas.

—Bueno, iré llevando a los niños—

Katsuki toma las manos de los menores y los conduce hacia la escalera, detrás los siguen, Deku y All Might.

Izuku comienza a hacer preguntas sobre el viaje del mayor a I-Island, pregunta por el señor Shield y su hija Melisa, esto último con cautela y fingiendo indiferencia para no enojar a su esposo.

—Las cosas van muy bien, la tecnología ha avanzado mucho por allá, me he quedado impresionado por las novedades que han realizado en conjunto..—

—No cabe duda de que son los mejores..— halago Izuku con una sonrisa.

Katsuki lleva una bandeja con bebidas calientes y las deja en la mesita de la sala donde están ubicados los adultos.

Los pequeños se encuentran viendo con curiosidad la maleta negra de All Might.

—¿Y tú cómo vas?—habla Yagi antes de soplar contra la bebida en su taza.

—Bien, bueno… los parciales ya van a empezar y la mayoría de aspirantes cumple con las expectativas de la academia; el próximo mes inicia un nuevo grupo, quise convencer a Nezu que sería un perfecto candidato para ser tutor por fin pero… como siempre se negó—

—¿Qué?— exclamaron con indignación los otros tres miembros de su familia.

—¿Quiere decir que seguiremos en este cuartucho?— acusa Kazuo ofendido.

—¿Comiendo ramen todas las tardes?—Dice con temor su hermana.

Una gotita de sudor resbala por la cien del ex símbolo de la paz.

—C-claro que no….— se apresura a responder Izuku para calmar a sus hijos.

—Solo debo esforzarme más para mejorar mis habilidades…—

—¿En ser maestro?—

—¿En convencer?—

—¿O en suplicar?—

—¡Kacchan!—

Yagi se carcajada ante la interacción de la familia.

—Joven Midoriya, creo que deberías pensar más detenidamente en los consejos de Nezu— interviene Toshinori con voz apacible.

—¿Eh?

—A veces no son oportunidades negadas sino puertas que aguardan a ser abiertas en el momento preciso..—

Yagi toma el maletín que trajo y lo presenta frente a Izuku quien lo observa con desconcierto.

—En mi caso, la pelea que tuve hace ocho años contra all for one creó algunas rutas que en la actualidad ha logrado dirigir un nuevo sistema… como te darás cuenta, todo sigue evolucionando de la mano, la tecnología, los dones y las perspectivas …—

Izuku alza sus cejas con sorpresa al recordar el acontecimiento que Yagi hace mención. Recuerda muy bien la manera en como pudo utilizar dones aún cuando ya no portaba el One for All consigo.

—No, no me digas que…— Deku hace una pausa mientras sus manos tiemblan, está conmocionado.

—Esto parece demasiado caro…— susurra con incredulidad.

—Fue creado por mi amigo en EEUU junto a la señorita Hatsume y financiado por tus amigos del salón A …—

Yagi gira hacia Katsuki y Midoriya sigue la dirección de sus ojos.

—En especial por el joven Bak…—se interrumpe así mismo al recordar que ahora tiene su apellido de casado.

—Kacchan…— murmuró conmovido con un rastro de lágrimas en sus ojos.

El rubio chasqueó la lengua avergonzado.

—Todos ayudaron, aunque bueno, les fue más sencillo. Ellos no tienen dos mocosos al cuidado..—

Responde con una sonrisa mientras acariciaba las cabelleras castañas de sus niños.

Izuku no puede creerlo, las lágrimas caen por sus mejillas sin control.

Ahora entiende todos esos doble turnos de Katsuki, eran por esta razón.

Era por él.

—Llévate esto en el corazón, chico. Esto también es un poder que te has ganado de manera justa y honesta.—

—¿Qué dices, Izuku? ¿Quieres que seamos héroes juntos..?—

Katsuki extiende su mano hacia su esposo y él solo puede sonreír entusiasmado mientras acepta la proposición.

—¡Papi también será un héroe, Hazuki!—

—¡Eso es genial! ¡Felicidades, papi!—

—¡Ya no viviremos en este cuchitril!—

—¡Kazuo!—

—¡Muchas gracias!— responde entrecortado el pecoso con dirección a All Might y él sonríe en respuesta, también tiene unas lágrimas en sus ojos.

—Es lo menos que te mereces—

Izuku recuerda con nostalgia la primera vez que se cruzó con All Might, cuando le preguntó si podía ser un héroe aún sin tener un don, fue claro que no podría ser así por las circunstancias pero ahora sí es una realidad.

—Tú también puedes ser un héroe, papi—

Siempre hay una forma de cumplir tu más grande sueño.

—Tal vez deberías probar el nuevo traje especial, amor— persuade el rubio cenizo.

—Sí, vamos a la azotea— motiva Kazuo mientras toma la mano de su padre.

—Vamos, papi. Debe verse alucinante ¿Me consigues uno igual a mi abuelo Yagi?— pregunta con ilusión Hazuki.

—Ah bueno quizá cuando seas más grande..—

—Si no tengo un don tal vez puedas obsequiarme uno así, papi—

Aquello detuvo por unos segundos al pecoso quien observó con sorpresa a su hijo.

Kazuo le sonríe con alegría y todo el peso en los hombros del pecoso parece ser solo una ligera nube en comparación.

—¿Más tranquilo, Izuku?—pregunta con sutileza su esposo y él asiente con felicidad.

—Lo cual no creo porque sí o sí, heredaremos el don de mami..—

—Es verdad— apoya Hazuki.

—Ah, no. Esté don es mío, renacuajos, busquen el suyo o fabriquenlo—

—¿Qué?— se quejan ambos niños.

—Kacchan no sea cruel, por favor—

|...|

Horas más tarde, esa noche.

La tranquilidad y el silencio cubría todo el hogar Midoriya debido a que los niños habían ido de visita a la casa de sus abuelos maternos como todos los fines de semana.

Katsuki se encontraba lavando los trastes sucios mientras Izuku estaba en la sala leyendo el manual de su nuevo traje.

Era impresionante como el armamento podía imitar casi a la perfección todos los dones el ofa. Al menos la gran mayoría.

—Vaya, usa un comando de voz para activar las diferentes opciones de poder y tal parece que también me permite combinar cada uno de ellos como el one for all. Si que te luciste con los detalles de cada don Kacchan… Definitivamente, nadie hubiera conseguido una buena similitud sin tus datos—

—Si, bueno, ya cállate. No es la gran cosa—

—Para mi sí—

Izuku se pone de pie y se acerca a su esposo, se coloca detrás de él y rodea su cintura con afecto. Disfruta el aroma dulce de Kacchan y después da gentiles besos sobre la piel de su nuca.

—¿Alguna vez te he dicho lo mucho que te amo?— susurra contra la mejilla ajena.

—Hasta en sueños, idiota— responde bajo una risa ligera mientras termina con los últimos platos.

Deku roza su nariz contra el hombro del rubio mientras sus manos logran escabullirse bajo la camiseta negra que lo cubre, suspira encantado al percibir la suavidad de la piel de su esposo contra su tacto la cual, también se eriza ante la cálida caricia de su pareja.

—Te amo tanto, Kacchan—

El mencionado se gira con un semblante enternecido y cruza sus brazos sobre la nuca del pecoso.

—Te he extrañado demasiado, nerd—

Sus dedos se pierden entre sus verdes rizos y empuja la cabeza ajena hacia sí mismo para degustar sus labios por fin.

El roce inicial es delicado, se toman un tiempo para acariciarse con adoración, primero quieren corresponder el anhelo que sentían por volver a estar juntos de esta manera tan íntima, tan secreta y excitante.

Poco a poco suben la intensidad, Izuku abraza a su esposo por la cintura y se aferra a su calor mientras su boca no deja de danzar contra la ajena, un baile sensual y lujurioso que les provoca suspirar.

Katsuki rompe la conexión de sus bocas con una sonrisa socarrona al sentir las palmas de su pareja haciendo masajes sobre su trasero.

—Oí Midoriya-sensei… se nota un poco entusiasta está noche—

Katsuki muerde su labio con picardía al oír un gruñido proveniente de su pareja.

—Oh amor, ya sabes lo que me provocas cuando me llamas así—

Izuku vuelve a besarlo para no escuchar sus palabras insinuantes y también lo conduce por el pequeño espacio hasta llegar a su habitación.

Lo recuesta con suavidad sobre la cama y se acomoda entre sus piernas. Se toma su tiempo para acariciar los cabellos rubios de su esposo y para observarlo enamorado.

—¿Estás listo para tomar mi mano y ser héroes juntos como lo soñabas de niño?— murmura con suavidad el rubio mientras sus manos recorren el abdomen del pecoso.

—Desde que te dije te amo, estoy listo para compartir toda mi vida contigo..—

Izuku se inclina y sus labios comienzan a besar el cuello ajeno, una de su manos se arrastra sobre la otra y en cuanto encuentran los dedos de su esposo, los entrelaza con fuerza.

—Mierda, eres tan cursi. Voy a vomitar—

—Jamás podré agradecerles por esta oportunidad, Kacchan—

—No se como harás con los otros extras, pero yo al menos, me doy por bien servido si me follas hasta desmayarme—

Katsuki besa el hombro de su esposo que está más cerca a sus labios mientras sus dedos se dirigen al pantalón ajeno para retirar el cinturón y desabrochar el botón.

—Voy a hacerte el amor como un loco—

Declaró el pecoso con sensualidad antes de volver a devorar la boca de la persona que más ama en el mundo y quien solo ha traído grandes bendiciones a su vida.