Chapter Text
Lo despertó la voz del presentador del noticiero matutino, sonriéndole desde el televisor, programado para encenderse todos los días a las siete de la mañana. Un poco después, la chica del clima anunció que la nevada de la noche anterior había dejado la ciudad cubierta de una ligera capa blanca, no lo bastante densa como para afectar las actividades cotidianas. Por eso Thor salió al fin de la cama a las siete treinta y cinco, tras un par de intentos fallidos en los que había terminado haciéndose un ovillo entre la calidez de las mantas, deseando que la primavera llegara pronto.
Al levantarse no se dirigió a la regadera como todas las mañanas. Hacía bastante frío, así que la ducha podía esperar para más tarde y, tras mirarse en el espejo y pasarse la mano por la incipiente barba de un día, decidió que la afeitada también. Se puso pantalones de mezclilla, un suéter gris y botas de nieve, para luego enfundarse en un grueso abrigo de lana y la afelpada bufanda roja que su madre le había regalado por navidad el año anterior. Volvió a mirar su reflejo y trató de sonreír. Últimamente no le resultaba tan natural: desistió.
Por un momento consideró seriamente llamar al trabajo, excusarse diciendo que estaba enfermo y pasarse el día hibernando; pero la idea se esfumó tan pronto como había llegado al recordar que si de algún modo Sif se llegaba a enterar, se preocuparía y terminaría tomando el primer vuelo disponible sólo para cerciorarse de que él estaba bien; además, su sentido del deber todavía era más grande que el desgano.
Luego, cuando por fin estuvo listo, bajó a la sala, guardó cuidadosamente su contrabajo en el estuche, lo llevó al auto y arrancó rumbo al auditorio. Encendió el estéreo sin darse cuenta, movido por la fuerza de la costumbre, y sonrió cuando las primeras notas de Caravan vibraron en sus oídos. Al instante se borró cualquier señal de apatía y terminó de sacudirse los remanentes de somnolencia, pues si alguna pieza tenía la capacidad de levantarle el ánimo y hasta hacerlo entrar en calor, era precisamente ésa. “Nada como un buen standard para empezar el día”, pensó y condujo los cinco kilómetros de camino, convencido de que todo iría bien.
***
Ya había algunos músicos alistándose para el ensayo; sentados en sus lugares, revisaban la afinación de sus instrumentos, repasaban algunos pasajes de las partituras o simplemente charlaban entre ellos.
-¡Buenos días! -saludó Thor con su voz de trueno, grave y potente, al tiempo que colocaba su voluminoso instrumento a un lado y se frotaba las manos para calentarlas un poco. Los demás correspondieron, unos auténticamente animados, otros sólo por la cortesía obligada entre colegas.
Se quitó de encima el exceso de ropa para no sentirse tan torpe, sacó el contrabajo de la funda, tomó su arco, tensó las cerdas, las frotó con resina y luego giró ligeramente las clavijas, cerciorándose de que las cuerdas sonaban en el tono correcto. Finalmente comenzó a tocar un par de escalas, abstrayéndose un poco del bullicio que lo rodeaba.
No, definitivamente no era el Thor ruidoso y animado de siempre (ése que deslumbraba casi tanto como el resplandor de su larga melena rubia con sólo entrar en la sala) y no solamente todos lo notaban, sino que estaban perfectamente conscientes del motivo, por lo que preferían no decir nada y guardaban la distancia tanto como les era posible.
El resto de la orquesta fue llegando de a poco, y a las nueve en punto ya todos estaban en su sitio, tan sólo esperando que apareciera el director, quien no tardó en presentarse, acompañado de un hombre joven, alto y delgado, de cabello oscuro y unos ojos verdes con expresión altiva que no causaron una muy buena primera impresión en el grupo; por no mencionar el atuendo que llevaba, quizá demasiado elegante para un ensayo común, que enseguida hizo pensar a muchos que aquel sujeto estaba ávido de notoriedad. Y como la atención de todos se había centrado en ellos de modo casi automático, el director simplemente asumió su puesto al centro de la sala y comenzó a hablar.
-Buenos días, compañeros. -Se aclaró la garganta, así que se trataba de algo importante. –Como ya saben, Víctor tuvo que volver a su país inesperadamente por causas de fuerza mayor; pero antes de marcharse me recomendó un sustituto que creyó adecuado, quien después de una impresionante audición, hoy se une a nosotros -hizo una pausa y con una seña le indicó al aludido que se acercara. –Él es Loki Laufeyson, nuestro nuevo primer violín. Estoy seguro que tanto ustedes como él se acoplaran rápidamente y no habrá retrasos en la preparación del programa. Asegúrense de hacerlo sentir bienvenido. Y ahora, a trabajar -concluyó sin mayores sutilezas, indicándole al aludido que se sentara, lo que éste acató en silencio. Y tan sólo unos minutos después, comenzó el ensayo de la primera pieza, el Concierto para violín de Sibelius, seguida de la Sinfonía Patética de Tchaikovsky.
***
-Pues a mí me pareció bastante antipático -dijo Fandral a sus otros dos amigos mientras caminaban hacia la mesa del fondo, en el café-bar donde se reunían siempre después del trabajo.
Thor ya estaba ahí, con ese aire melancólico que tanto se esforzaba por disimular (sin éxito), esperándolos frente a un enorme tarro de cerveza oscura a medio terminar; pero al escucharlos, no pudo evitar dirigirles una mirada entre divertida y curiosa.
-Habla del nuevo -le informó Volstagg antes de que hubiera formulado pregunta alguna.
-Su currículum es impresionante, y qué decir de su técnica -añadió Hogun, justo cuando Thor apenas estaba abriendo la boca para responder.
Por lo visto, la llegada del tal Laufeyson había causado un gran revuelo, tomando en cuenta que hacer hablar a Hogun no era precisamente una tarea sencilla, y por supuesto, Fandral tenía más que decir al respecto, pues no tardó en responder al comentario, haciendo un gesto despectivo.
-Claro, si te gustan las interpretaciones carentes de pasión.
-Oh, vamos. ¿Van a seguir discutiendo sobre alguien con quien ni siquiera han hablado? -volvió a intervenir el corpulento y bonachón Volstagg, dándose un par de palmadas en el abdomen–. Mejor ordenemos de una vez. Fue una sesión más larga de lo habitual y tengo tanta hambre que me comería un elefante.
Thor abandonó cualquier tentativa de intervenir en la conversación, limitándose a reír de lo que escuchaba, tras lo cual los demás por fin se sentaron y cambiaron de tema -aunque sólo en parte-, hablando del poco tiempo que quedaba para el comienzo de la temporada de conciertos y preguntándose si aquel “virtuoso” se acoplaría bien a la forma de trabajar de la orquesta, entre otras cosas por el estilo.
-¿Y tú qué crees, Thor? -preguntó Fandral.
-Yo creo que debieron invitarlo a unírsenos y tratar de hacerlo sentir bienvenido, como dijo el director -respondió en tono casual y luego se bebió la cerveza que le quedaba de un solo trago.
Esa vez prefirió guardarse su verdadera opinión. No tanto porque le importara lo que sus amigos pensaran si confesaba que había sentido gran curiosidad por Loki tras ese primer vistazo (pues, ¿qué clase de persona sería digna de recibir una recomendación personal del orgulloso Víctor?); sino porque necesitaba saber más de él antes de aventurar cualquier comentario, por más banal que pareciera y antes de abandonar la sala, casi sin pensarlo, había intentado hacer precisamente lo que acababa de sugerir; no obstante, al parecer el otro tenía mucha prisa por irse y Thor no pudo alcanzarlo. Había sido una lástima; sin embargo, estaba seguro de que ya habría oportunidad para volver a tratar.
La charla no se prolongó mucho más después de que los cuatro hubieron devorado el contenido de sus platos y pronto todos se dispusieron a abandonar el local. Thor caminó lentamente hacia el estacionamiento y quedó al último, pero justo cuando estaba subiendo a su auto, Volstagg lo interceptó.
-Deberías venir esta noche al Black Bird. Salir te ayudará a distraerte -le dio una suave palmada en el hombro, expresando sin palabras mucho más que la simple invitación.
Fue un gesto de empatía y auténtica preocupación, que Thor recibió no sin cierta culpa por saber que desde la partida de Sif se había aislado de sus amigos, y a pesar de sus constantes negativas ellos seguían intentando animarlo.
-Lo pensaré -respondió con una media sonrisa en los labios y cerró la puerta.
***
Aquella tarde volvió a casa con una sensación de desasosiego que no había experimentado desde hacía mucho tiempo y de pronto el vacío y el silencio reinantes en el lugar se hicieron más evidentes cuando se percató de que había comprado cena para dos y que no tenía bastante apetito para dar cuenta de todo él solo. Al instante supo que era porque extrañaba a Sif, dolorosa, obsesivamente.
Quería llamarla, pero había dos pequeños detalles que lo detenían: primero, el de la diferencia de horarios y segundo, que no quería hacerla creer que se arrepentía de apoyarla en su decisión de dejar la orquesta y mudarse a medio mundo de distancia.
Sif siempre había sido una mujer talentosa, fuerte e independiente. Por eso Thor se había enamorado de ella y después se habían acoplado tan perfectamente como compañeros de vida… pero también por eso le resultó tan natural aceptar la idea cuando ella le dijo que iba a concursar por una beca en la más prestigiosa escuela de laudería, en Italia. Se habían prometido que si se marchaba nada iba a cambiar; estaban convencidos de que su amor era a prueba de todo, y que eventualmente volverían a estar juntos. Pero a veces la promesa no era tan sencilla de cumplir y era entonces cuando sucumbía a esos episodios de tristeza. Se sentía tentado a llamarla y decirle cuánto le hacía falta: lo mucho que deseaba poder abrazarla en aquellas noches frías. Al final lograba resistirse, quizá un poco por orgullo, pero también porque simplemente no lo creía correcto; pues para él era de suma importancia cumplir su palabra.
Dejó el plato a medio terminar sobre la barra de la cocina y se sentó en la sala a ver televisión. Cambió los canales una y otra vez hasta que su cabeza estuvo a punto de estallar de aburrimiento. Y probablemente eso habría terminado por sucederle de no ser por la insistencia de Volstagg, que acababa de enviarle un mensaje de texto: “Jam session en el BB. Necesitamos un bajista”. Al parecer no estaban dispuestos a dejarlo hundirse en su propia miseria.
Permaneció indeciso un buen rato, dándole vueltas a la idea. Era verdad que él mismo también comenzaba a hartarse de la inmovilidad, de esa especie de duelo en que había estado el último mes, así que finalmente accedió pensando que tal vez lo mejor que podía hacer era mantenerse ocupado. Y qué mejor que con lo único capaz de rivalizar con su amor por Sif… Tomó el móvil para responder. “Está bien. Cuenten conmigo”.
Después de esa noche volvió a dedicarse a la música con una energía renovada. Descubrió que lo mejor que podía hacer era trabajar hasta que en su cabeza no hubiera lugar para nada más que para el contrabajo; y cuando no estaba ensayando el repertorio de la orquesta, practicaba su técnica de jazz. Por las mañanas iba a la sala de conciertos, por las noches volvía a frecuentar los clubes de jazz de la ciudad.
El cambio fue inmediato y para bien, así que tanto sus amigos como el resto de la gente con la que convivía a diario lo agradecieron sinceramente, pues preferían al Thor alegre por sobre la criatura triste, sombría y excesivamente temperamental que parecía haberse apoderado de él los días pasados.
***
Esa mañana se había despertado más temprano de lo habitual, con mucha energía, pero también bastante hambriento, y luego de descubrir que la nevera estaba vacía, decidió que iría a buscar un buen desayuno para después ir al auditorio y aprovechar practicando un poco sin las distracciones de la casa, como la televisión o la cama.
Eligió un buffet donde comió hasta saciarse –quizá un poco más-, lo cual lo puso de mejor humor del que ya estaba y llegó a la zona tras bambalinas tarareando una melodía sin sentido que se le acababa de ocurrir. No obstante, tan pronto se acercó a la entrada de la sala, escuchó claramente la música de un violín y suspiró decepcionado, pensando que sería mejor marcharse y hacer tiempo hasta que llegara la hora del ensayo, ya que no podría estar solo como había planeado; pero cuando distinguió que se trataba de Le grand tango, de Piazzolla (uno de sus compositores favoritos), se quedó de pie en su sitio, preguntándose quién estaría tocando.
Avanzó lentamente y cuidándose de no hacer mucho ruido, pues su curiosidad se había ido haciendo más grande: quien quiera que fuera, había hecho que se le erizara la piel con su interpretación y no recordaba la última vez que le había ocurrido algo así. Por ello sintió que no podía irse sin dar por lo menos una ojeada.
Y cuando se asomó del todo, su asombro fue más grande de lo que podía asimilar. El violinista era ni más ni menos que el escurridizo y poco sociable Loki Laufeyson, el recién llegado cuyas ejecuciones eran impecables, pero a las que siempre parecía faltarles algo (pasión, en palabras de Fandral); sin embargo, lo que ahora estaba presenciando era completamente distinto… tanto que cuando terminó la pieza no pudo dejar de mirarlo (tan absorto estaba que tenía la boca abierta) y el otro lo descubrió, devolviéndole una mirada hostil y despectiva antes de darse la vuelta, dirigiéndose a la salida que se hallaba al lado opuesto de donde estaba Thor, ante lo cual éste se apresuró a detenerlo.
-¡Espera! No era mi intención interrumpirte de ese modo. -Corrió como si el peso del contrabajo en su espalda no fuera una carga y alcanzó al otro, sujetándolo por el hombro.
-No me interrumpiste, ya había terminado –dijo poniendo los ojos en blanco, exasperado-, y ahora me voy.
Y justamente así lo hizo, sin mayores consideraciones, dejando al rubio tan perplejo como divertido, haciéndolo pensar que hasta la fecha no había conocido a un primer violín que no fuera una diva engreída y que, después de todo, quizá Fandral tenía razón sobre él. Así fue como decidió no hacer más intentos de ser amable con Loki; pero eso no evitó que más tarde siguiera recordando la forma en que se había estremecido al escucharlo tocar, ni que dejara de sentir el deseo de repetir la experiencia. Y muy a pesar suyo, el resto de la jornada aquella melodía estuvo rondando en su cabeza, atormentándolo como si se tratara de un enigma que necesitaba ser resuelto.
