Chapter Text
Dean Winchester entró con sigilo a la pequeña oficina en el sótano de la estación de policía que compartía con su hermano. La luz estaba encendida y sobre el escritorio descansaban las placas que acreditaban a ambos como detectives acompañando a una multitud avasalladora de declaraciones, fotografías y expedientes por archivar. Coronando el desorden estaban los enormes pies de Sam, que dormía recargado en el igualmente gigantesco sillón de cuero café. Dean dejó caer violentamente sobre el escritorio la carpeta que llevaba en manos. Sam casi se fue de espaldas intentando sacar la pistola del cinturón y poner los pies en el suelo al mismo tiempo. Su hermano fingió que nada había pasado y se sentó tranquilamente detrás de su propio escritorio, dando un buen sorbo a su taza de café. Sam carraspeó con molestia, frunció el ceño y se frotó los ojos.
—¿Qué? —dijo Dean fingiendo inocencia.
—Dijiste que el de los cuatreros en Maryland sería el último caso, —reclamó con voz amodorrada.
Dean dejó la taza en el escritorio y se dedicó a hurgar en los cajones.
—¡Uh, la temible viuda Atkins!... bueno... sobre eso, quizá te mentí, un poco. Te diría que lo siento pero... ¡Eh, mira! —exclamó, alzando con triunfo la mitad de una galleta glaseada que tenía bastante mal aspecto, pero tras olfatearla, Dean pareció calificar como lo suficiente buena para comerla.
—La última vez que Bobby trajo galletas fue hace dos semanas, —lo reprendió Sam—. Y sabes que no puedo, tengo mi examen para ingresar a la Facultad.
—Podrías al menos revisarlo ¿sabes?
—¡Claaro! En cuanto tú te des el tiempo de revisar mi guía de examen, —espetó Sam, lanzando a su hermano un ciento de hojas cosidas entre sí.
El cuadernillo cayó abierto sobre el escritorio de Dean, haciendo que la taza se tambaleara.
—Es un buen caso ¿vale? —intentó justificarse.
Sam soltó una risita sarcástica.
—¿Un buen caso como ése de la ancianita que robaba latas en las tiendas de conveniencia?
—Un buen caso como uno que incluye homicidios, en plural, —se defendió Dean, poniéndose de pie para abrir él mismo la carpeta—. Todos desaparecidos y luego encontrados muertos. Y a éste, Andy Gallagher, no lo han hallado todavía pero creo que te imaginas...
Dean simuló que se echaba una soga al cuello. Sam rodó los ojos y hojeó la carpeta.
—¡¿Crescent City?! Dean, eso está como a mil kilómetros de aquí, —protestó Sam—. Además, probablemente sean sólo casos inconexos. Cosas de un pueblito.
—Eso creí yo, —explicó Dean, metiéndo la mano en el bolsillo—. Pero mira con más atención mi aprendiz, son rangos de edades completamente diferentes, ningún perfil encaja... y Bobby notó algo curioso, todos han aparecido en la costa, maniatados y con una piedra al cuello. Es un mismo asesino.
Sam se mordió el interior de la mejilla y torció la boca.
—Ni siquiera está en nuestra jurisdicción.
—Bueno, —sonrió Dean con suficiencia—. Tampoco está en la jurisdicción de la ley seca. Además, Bobby investigó un poco y la policía allá no está ni de lejos capacitada para resolver esto sola. Refuerzos Sammy, somos la caballería. ¡Washington D.C., a la carga!
Sam se frotó el hombro, donde Dean le había dado un manotazo. Replicó, cerrando la carpeta y haciéndola a un lado.
—Dile a Adam.
—¿Adam? ¡Adam! ¿Adam el que casi se orina encima de emoción cuando le digo “hola” por el pasillo? ¡Tío! ¿Estás escuchando lo que dices? Es el mejor caso que jamás hayas visto, esto nos abrirá las puertas del departamento, te lo digo.
—Ya te he dicho que no me interesa. Tengo el examen de la Facultad.
—Oh, no seas idiota. ¿Cuándo dices que es?
—En marzo 2.
Dean puso cara de concentración mientras hacía cuentas.
—¡Pero bueno! -exclamó al fin—. Eso es en dos semanas. ¡Estaremos de vuelta para entonces!
—Febrero 25 de hace cinco años, el asesino de ojos amarillos que incineraba a sus víctimas. Marzo 3 hace cuatro años, el falso fantasma de Milwauke. Marzo 10 de hace dos años, el maniático que plantaba trampas ocultas en las paredes de edificios públicos. ¿Necesitas que siga?
—Ya, ya. Olvídalo.
—Ni se te ocurra sugerir que papá me arregle un examen, el que sea director de la facultad no significa...
—Olvídalo, le diré a alguien más.
—Estoy harto de tener que desviarme todo el tiempo para ir a cudar tus pasos, como si dependiéramos el uno del otro para todo lo que...
—¡Dije que lo olvides Sammy! Puedo hacerlo solo.
Dean frunció el entrecejo pero se dedicó a hojear una revista desde su asiento. Sam se mordió el interior de la mejilla; abrió tímidamente la carpeta frente a su escritorio.
—Sería bueno tener experiencia. Poner en práctica lo que he aprendido, —comentó.
Su hermano alzó la mirada.
—Excelente.
—Pero ésta vez es en serio, pase lo que pase, regreso a D.C en dos semanas.
Dean le dió una palmada en la espalda.
—Puedes regresar con mi bendición, lo prometo, —tomó su sombrero del perchero junto a la puerta y se apresuró a salir—. Iré a decirle a Bobby que salimos mañana. Prepara las maletas, hermanito.
—¿Nos vamos hoy? ¡Pero sería de noche para cuando logremos tener todo listo!
—Son tres días de camino, ya veremos el sol en algún momento del viaje. —Dean le guiñó un ojo antes de salir.
