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Language:
Español
Series:
Part 5 of 𝖼𝗁𝗂𝗅𝗅𝗂 𝗌𝖺𝗎𝖼𝖾 ٠ ─ 𝟧𝟧 𝗁𝖺𝗋𝖾𝗆
Stats:
Published:
2025-12-02
Words:
4,186
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
42
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6
Hits:
674

𝖽𝗎𝗅𝖼𝖾 𝖿𝗂𝗃𝖺𝖼𝗂ó𝗇 ٠ ─ 𝖼𝖺𝗋𝖻𝗈𝗇𝗈

Summary:

porque a Carlos le encanta sentir su boquita llena.

o.

dónde se da cuenta que el español tiene fijacion oral y Albon decide ayudarlo.

Work Text:

Carlos empezaba a sospechar que tenía alguna adicción o algo. No podía entender como siempre terminaba con algo entre sus labios.

Ya sea los sorbetes de sus bebidas, las cuales mantenía succionando aún cuando no tenía más refresco; su dedo índice, al cuál a veces mordisqueaba o chupaba cuando nadie lo estaba viendo. O bien por el placer que recorría su espina dorsal apenas algo tomaba contacto con su lengua.

Se sentía un degenerado.

Pero no podía evitarlo, las ganas de mordisquear, lamer, succionar, chupar, eran mucho más grandes que su autocontrol, aún cuando tenía cámaras apuntando hacía él.

Le gustaba llamarlo descuidos en sus momentos de disociación, teniendo que verse luego por internet, siendo captado en esos momentos en los cuales jugueteaba con lo que sea entre sus grandes belfos, como cuando intentaba tomar agua o el más reciente, de este fin de semana, en dónde se había mantenido más de lo necesario el pedacito de madera de aquella muestra de sirope.

Videos sorpresivos con comentarios sugestivos hacia su persona, dudando de su aparente heterosexualidad, cosa que ya él se había planteado varias veces.

Más cuando se imaginaba con algo duro y caliente llenando cada espacio de su cavidad bucal.

Y ahí se encontraba él, jugando con la manguerita de su botella mientras mantenía su atención en el celular, como de costumbre, a la vez que esperaba a que la chica de marketing le avisara que tenían que hacer.

Estaba realmente entretenido, sin importarle mucho como movía de un lado a otro aquel plástico con su lengua, queriendo creer en la intimidad de su calm room. Hasta que la puerta se abrió sutilmente, pasando desapercibido al opacarse por el sonido alto del aparato tecnológico que se mantenía sobre la mano del madrileño, al cuál no le estaba prestando tanta atención al enfocarse en las sensaciones de succionar aquello con emoción.

Un calor atravesó todo su cuerpo ante la escena que tenía en frente. Su estómago se revolvió y sus manos picaron; su garganta se secó y no supo como reaccionar. Porque, bueno, tener a carlos lamiendo sin vergüenza alguna un pedazo de plástico no era algo que esperaba ver; siendo la reacción de su sistema poco esperable también.

Nunca pensó calentarse tanto por eso.

Por lo qué, solo quiso ver un poco más, casi jadeando cuando el madrileño cerró sus ojos mientras seguía en lo suyo.

Estuvo a punto de actuar cuando escuchó pasos en el pasillo. Mordió su labio, resignado, y prefirió fingir como si nada había pasado, saliendo un poco de la habitación para tocar la puerta, haciendo más ruido para que el español lo notase.

─ carlitos, te estaba buscando ─, carraspeo al notar su voz áspera por la excitación que comenzara a correr por sus venas. Intentó forzar una sonrisa, apoyándose sobre el marco de la puerta, con sus brazos cruzados en su pecho, ─ ¿estabas ocupado?, tenemos que grabar un par de cosas. ─

Sintió satisfacción al ver el sonrojo de carlos bañar todo su rostro, soltando su botella casi con desesperación cuando lo notó entrando a su habitación. Sacudió su ropa, parándose rápidamente.

─ para nada, estaba esperando a que me llamen. ─

Su voz denotaba nerviosismo, pero albon solo decidió no decir nada más, levantando su mano para acercarla al rostro de carlos, el cuál lo observaba atentamente.

Dejó que su dedo delineara sutilmente sobre el labio del español, secando de forma delicada su comisura, sonriéndole de una forma que sainz no supo descifrar, al igual que no pudo explicar aquél leve temblor que sufrieron sus piernas, tratando de controlar de forma sobrehumana el no lamer aquél pulgar que jugaba con su cordura.

─ vamos entonces, carlos. ─

Habló tan bajo que el nombrado comenzó a sudar frío, mirándolo fijamente, totalmente perdido en las sensaciones que le estaba proporcionando.

Asintió de forma boba, dejándose llevar por la gran mano ajena hasta el cuarto en donde grabarían el contenido en cuestión. Tomó una gran respiración, tratando de relajar su sistema mientras intentaba amarrarse el delantal que las chicas de marketing le habían pasado.

─ te veo en problemas. ─

Escuchó detrás suyo, sintiendo los calientes dígitos de albon rozando su piel, parpadeó rápido, girando un poco su cabeza, tratando de ver que hacía.

─ déjame ayudarte. ─ murmuró, reemplazándolo para hacer aquél nudo que tanto le estaba costando.

Carlos miró al frente, sintiendo cada movimiento que tenía, hasta cuándo apretó de más aquella tela, quitándole la respiración, ─ ¿así te gusta? ─, preguntó el más alto, casi en un susurro, estando lo suficientemente cerca como para alterar al mayor, el cuál empezaba a sentir su piel erizándose, sus manos temblar y su boca secarse.

Volvió a mover su cabeza para asentir y así terminar con esa tortura, respirando con normalidad cuando al fin albon salió de detrás suyo, caminando como si nada al balcón, posicionándose frente a las cámaras y a la mesa llena de toppings, salsas y demás cosas dulces que habían preparado para la ocasión.

Cuando el español se incorporó a la escena, empezaron con aquella actividad.

Era fácil, debían decorar unos beaver tails con lo que le pareciera apropiado usar. Algo sencillo, algo que no debería dar problemas.

Pero parecía que eso no iba a estar en los planes de alex.

Lo primero fueron las miradas, aún cuándo con sus lentes pasaba desapercibido para las cámaras, carlos podía notarlo. El como lo observaba, siguiendo cada movimiento al punto de hacer sentir sutilmente rigido al mayor.

Luego fue la distancia, que comenzaba a acortarse entre ellos, a causa del menor que estiraba su mano hacia los dulces que estaban del lado del madrileño, produciendo que su costado rozara de alguna forma u otra.

Hasta que llegaron a ese momento, en el cuál no fue mejor idea de carlos que tomar la crema batida con su dedo y tratando de manchar un poco a alex, como algo divertido, como una pequeña broma. Pero después de eso, el pote de crema fue tomado por el tailandés, batiendola un poco mientras lo miraba con una sonrisa ladeada.

─ ¿quieres? ─, le preguntó de forma inocente, mientras acercaba de a poco la boquilla del dulce a sus labios, ─ abrí grande ─ pronunció bajo, dejándolo sin opción más que darle acceso a su boca, levantar un poco su cabeza, y cerrar sus ojos, dejando que poco a poco aquel producto comenzara a llenar su cavidad, bañando las papilas gustativas por el característico sabor adictivo de la crema batida, haciéndolo sacar un suave suspiro mientras saboreaba todo lo que había caído. Sintiendo como poco a poco sus sentidos se iban nublando, su estómago dolía y solo quería repetirlo, una y otra vez, tener aquello sobre su lengua, sentir el frío de la comida contrarrestando con su propia calidez.

Sus pies cosquilleaban, tratando de no ceder ante los estímulos, pasando su propia lengua por sus labios, quitando un poco de esos restos que no había llegado a atrapar bien.

Contuvo su respiración viendo lo que tenía en frente, agradeciéndole a lo que sea por haber tomado de forma improvisada aquellos anteojos de sol, porque si fuera por el objeto, sería tan evidente el como sus pupilas se habían dilatado ante aquél espectáculo.

Era poco decir las millones de cosas que pasaron por su mente, tantos escenarios en dónde carlos era protagonista, tantas en donde su boca era profanada y llenada a su antojo.

Tosió, soltando una suave risa mientras escuchaba la burda excusa que decía su compañero de equipo, mientras su rostro mostraba un sutil pero tierno sonrojo, siendo ignorados por el equipo que sólo reía por sus tonterías.

Volvieron a mirarse, con sonrisas adornando sus rostros y restos del dulce que no llegaron a limpiarse, pero en esa acción había más que solo camaderia, no cuándo al terminar carlos pasó al lado de su compañero, tocando de forma sutil su mano, girando un poco para verlo sobre su hombro, a la vez que atrapaba su labio inferior entre sus labios, y con esa voz coqueta que lo caracterizaba, decirle.

─ me dejaste con ganas de que sigas llenandome la boca de crema. ─

Pronunció para que solo él lo escuchara, a la vez que salía del balcón, comenzando a irse del set de grabaciones, sin volver a mirar atrás.

En un rápido movimiento se quitó su propio delantal, tomando el pote protagonista de todo, siguiendo el trazado que el mayor había tomado para caminar apurado en dirección a la habitación de pilotos ajena, encontrando la puerta entre abierta, siendo una invitación clara a que pasara, que lo esperaba, que lo quería ahí con él.

Y eso hizo.

Se adentró al cuarto, cerrando con llave antes de avanzar, aturdiendose a sí mismo con el click que produjo la cerradura.

Caminó con cautela, hasta encontrándose la figura ajena sobre el sofá. Conectaron al instante, sintiéndose sumergidos en el castaño color de los ojos contrarios. Albon decidió avanzar, acortando aquella distancia con pasos decididos, siendo envuelto por el silencio ensordecedor de la situación.

─ ¿te parece correcto provocar a los demás sin tener consecuencia alguna? ─

La voz profunda del tailandés llegó a sus oídos, haciéndolo estremecer sobre la tela de aquél sillón, mientras no despegaba su vista del más alto, teniéndolo cada vez más cerca. Pudo verlo dejar la lata del dulce sobre la mesa al lado del sofá, y seguir su camino hasta tenerlo finalmente en frente.

─ ¿querés más? ─, el menor extendió su brazo hasta tomar la mandíbula ajena con sus dedos, haciendo que levante su vista. Sonriente comenzó a deslizar su dedo pulgar por los carnosos labios del español, ─ te daré más, pero no quiero quejas. ─

Y sin preámbulo, agachó un poco su propio cuerpo, hasta atrapar finalmente a carlos en un beso rudo, fogoso, totalmente sin cuidado. En donde sus bocas peleaban por una dominación, que ya estaba impuesta, pero eso no le impedía al español intentar llevar la contraria, por mucho que le salga caro después.

El calor comenzó a bañar sus cuerpos, a la vez que albon se metía entre las grandes y carnosas piernas españolas, produciendo así que éste estuviese casi recostado por completo sobre el mueble en el que estaban.

Los jadeos de carlos de mezclaban con los chasquidos que producían sus bocas al separarse, tomar aire y volver a unirse. Las manos experimentadas del menor viajaban por los costados ajenos, deleitándose por el músculo magro que notaba, aún con aquella camiseta puesta. En cambio, carlos mantenía sus dígitos en el cuello del chico, jugando con el cabello que ahí yacia, a la vez que en su interior se revolvía todo.

Estaba amando tener el labio de albon entre sus dientes.

Los mordisqueaba, jugaba con ellos, llenándose de ese placer particular que sentía cada que su boca tenía contacto con algo.

El más alto lo notó, decidido a darte todo lo que su español quisiese.

Así que, aprovechando los jadeos involuntarios del mayor, decidió introducir su lengua en la cavidad contraria, recorriendola a su antojo.

Sus lenguas batallaban, volviendo aún más sucio el beso que compartían. Carlos tiraba de su cabello a la vez que ya no retenía gemidos, mezclándose junto a los propios de albon, el cuál sostenía con dureza la cintura contraria; sutiles hilos de saliva se perdían en sus ropas, moviéndose con violencia contra el cuerpo ajeno, queriendo sentirse cada vez más.

Ya cansado con sentirse asfixiado, carlos se separó de ese increíble beso, tratando de regular un poco su respiración, mientras tomaba el borde de su camiseta para poder quitársela en un rápido movimiento. Suspiró, sintiéndose menos preso del calor conforme iba retirándose prendas.

─ dios albon, estoy todo mojado. ─

Murmuró mientras el nombrado trazaba con sus dedos su propio camino por los pectorales españoles, disfrutando de aquella saliva que se les había escapado, usándola a favor para frotar con sus dígitos uno de los pezones contrarios, sonriendo satisfecho al lograr quitarle algunos quejidos.

─ pude notarlo ─, le respondió, dejando luego que su mano siguiera aquél recorrido, hasta llegar al borde del pantalón; sonriente lo desabrochó, pudiendo ver la humedad que contenía la ropa interior. Delineó su erección, lamiendo su propio labio, ─ y parece que aquí también, ¿tanto te excitó que nos besaramos, mhm? ─

El mayor solo pudo atinar a sonrojarse, mirando hacía otro lado, aún sintiendo la mano de albon sobre su extensión, logrando que el contrario contuviera por un par de segundos su respiración.

─ estás tan duro gracias a mí. ─

Soltó sintiéndose orgulloso de si mismo, colando su mano dentro de esa prenda, tomándolo con confianza para empezar a masturbarlo lentamente.

─ y solo con unos besos, ¿no te parece increíble? ─, se burló, acercando su rostro sobre el grueso cuello español, repartiendo marcas para nada sutiles.

Llevo su izquierda hacia su rostro, sintiéndose bochornoso por las palabras ajenas, avergonzado por lo evidente que era su excitación; mordió su labio, tratando de contener esos sonidos que amagaban por salir.

─ alex ─, pronunció como pudo entre suaves jadeos, casi una melodía perfecta para el menor.

─ ¿que sucede, cariño? ¿ahora te haces el tímido? ─

Rio suave contra su piel, dándole un significativo mordisco para después subir hacia el oído ajeno.

─ no sientas vergüenza conmigo, carlos. ─ susurró, levantando su mano desocupada para meter un par de dígitos a la boquita del mencionado, suspirando ante la viscosidad.

─ yo lo sé, sé cuanto te gusta tener la boca ocupada. ─

Y de golpe se separó, deshaciendose rápidamente de todas sus prendas, quedando completamente desnudo frente al mayor, quién no podía retirar su mirada del esbelto cuerpo, bien formado, grande, bastante grande.

Con la misma rapidez se subió sobre carlos, dejando que parte de su peso cayera sobre el pecho ajeno, pero a la vez sosteniéndose con sus piernas para estar en la altura de lo que quería hacer.

─ ahora te daré eso que tanto quieres. ─

Volvió a hablar, estirándose un poco para tomar aquella crema olvidada, batiendo apenas para apuntar la boquilla hacía su eje, dejando que el dulce se posara en su punta, deslizándose un poco al ya estar algo tibia.

Tiró el tarro hacía un costado, rodeando con una de sus manos su base, acercando su miembro a los esponjosos labios que caracterizaban al español, suspiró, dejando esparcir la crema sobre ellos, dándole un brillo de lo más pecaminoso.

─ abre tu boquita, gatito. ─, y carlos no tuvo otra opción que hacer caso; estaba cumpliendo eso que tanto había imaginado, aquello que tanto había soñado, deseoso de tener un gran trozo del cuál chupar. Su cuerpo tembló, a la vez que poco a poco su cavidad iba llenándose con cada centímetro que introducía albon; jadeó, totalmente perdido en ello, en como no dejaba espacio libre, cerró sus ojos y lo envolvió con sus labios, comenzando a trazar con su lengua tímidos caminos por el glande, quedando fascinado por lo bien que combinaba los sabores, ese dulce característico con el particular y adictivo sabor del menor.

Respiró como pudo, sintiendo la gran mano ajena tomar su cabello, comenzando un suave y sutil balanceo contra él, profanando poco a poco cada espacio que su boca tenía. Hasta llegar a meterlo completamente, cortando su respiración al sentir el trozo tocar su garganta.

Abrió sus ojos, levantando la mirada para conectarla con la del tailandés, a la vez que de los propios corrían calientes lágrimas. Tosió un poco cuando alex se alejó, dejándolo respirar, pero volviendo a hacer lo mismo, una y otra vez, consiguiendo que carlos entendiera el ritmo, siendo el mismo el que lo obligaba a ahogarlo, tomándolo de la cintura con sus musculosos brazos para que no se separe, maravillado del cosquilleo que sentía al no poder respirar, el como todo su ser cedía y estaba a total merced del mas alto.

Y sin darse cuenta, su cuerpo comenzó a contraerse, sacudiéndose cuando alex arremetió profundamente en su cavidad. Cerró sus ojos con fuerza, quedándose sin aire mientras terminaba en gruesas tiras, las cuáles cayeron pesadamente sobre su vientre, logrando algunas llegar hasta la espalda baja del chico sobre él.

─ mierda, carlos. ─

Pronunció el menor, con dejes de sorpresa a la vez que volteaba un poco, viendo el estómago ajeno hecho un desastre, sonrió volviendo hacía el frente, sacando su miembro de entre esos belfos, dando suaves golpes en ellos.

─ ni te he tocado y ya has terminado ─, dejó que sus dígitos tomaran de aquél líquido viscoso, llevando su mano hacía la boca ajena, introduciendo los dedos en ella.

─ eres una putita que solo necesita que llenen su boquita para estar satisfecho. ─

Carlos solo atinó a mirarlo fijo, a la vez que chupaba y lamía con esmero los dedos en su boca, perdido aún en las sensaciones del fuerte orgasmo que había tenido.

Pero no era suficiente, no cuando aún tenía el erecto miembro ajeno apuntándole.

─ albon ─.

pronunció con dificultad al aún tenerlo en su boca, mirándolo con esos grandes ojos, los cuáles harían ceder a cualquiera.

Pero el menor ya lo conocía, y no iba a caer tan fácil.

─ vamos, dime que es lo que tanto quieres. ─

Sus dedos comenzaron a imitar a una tijera dentro de la boca ajena, llenándose de saliva con cada segundo que pasaba.

─ ¿quieres que te coja, no es eso? ─ volvió a hablar al no escuchar nada por parte del mayor, recibiendo un asentimiento como respuesta, ─ con palabras, bebé. ─

Pudo verlo fruncir su ceño, haciéndolo ver tan caliente que albon no pudo evitar suspirar.

Con rudeza, carlos lo tomó por la muñeca, sacándolo de su boca, ─ deja de jugar conmigo y cogeme, albon. ─ musitó, mirándolo fijo, ya harto de que lo hagan esperar.

El nombrado solo rió bajo, saliéndose de donde estaba para colarse entre las piernas ajenas de nuevo, quitándole la ropa que había quedado a medio sacar, estando ahora ambos en mismas condiciones.

─ si me lo pides así, príncipe. ─

Y sin más, metió aquellos dedos bien humedecidos dentro de la cavidad del mayor, recibiendo un gran gemido por su parte.

Ante ésto, el más alto se tiro sobre su cuerpo, atrapando su boca en un beso húmedo, para después de un par de segundos separarse, quedando a centímetros de él, tan cerca que sus respiraciones se mezclaban.

─ gimes tan bien, me prende tanto escucharte carlos, ─ comenzó a hablar, sin dejar de dilatarlo para lo que venía, ─ pero si acaso no quieres que todo el equipo te escuche gritando por mí, deberías bajar un poco la voz, bonito. ─

Sus besos bajaron por su mandíbula, retomando hacía su oído, en donde se entretuvo un rato mordisqueando su lóbulo, satisfecho por los bajos suspiros que el mayor soltaba.

─ ya luego te llevaré al hotel y ahí podrás gritar todo lo que quieras, gatito. ─

Susurró, sintiendo las palpitaciones que había tenido, atrapando sus dedos de una forma tan exquisita que no quiso esperar más; Se enderezó, mirando a su mayor hecho un lío bajo suyo, sus ojos grandes mirándolo, expectante a lo que iba a hacer, sus piernas dispuestas para él, su cabello revuelto, y sobre todo, sus labios rojos y entreabiertos, jadeando por su culpa.

─ mírate carlos, eres un puta obra de arte. ─

Su rostro se enrojeció, dejando que el menor posara una de sus piernas sobre su hombro, notando como poco a poco aquél miembro comenzaba a hundirse dentro suyo.

Tapó su boca, conteniendo sus maldiciones y quejidos lo mejor que pudo, sintiendo cada centímetro, como lo expandía y lo fascinante que se sentía tenerlo profanando esa zona tan íntima, algo que nunca había hecho antes, por lo que era obvio lo abrumado que estaba comenzando a sentirse.

Su mano libre tomó con fuerza el antebrazo ajeno, logrando que alex se detuviera.

─ ve despacio, por favor. ─

Sus palabras salieron en forma de lloriqueo, sorprendiéndose a si mismo por como se escuchaba, y a la vez sin pararse a pensar en como debería verse. No podía siquiera hacerlo, no cuándo parecía que el contrario había hecho oídos sordos a su petición, empezando a sentirlo deslizarse fuera y dentro de su cuerpo, produciendo así que miles de escalofríos atravesaran su columna vertebral.

─ ¡albon!, dios, albon por favor. ─ volvió a lloriquear, dejando que ambas manos se perdieran, hasta lograr sostenerse de la tela gruesa del sofá.

─ calla carlos, no pienso detenerme. ─

Jadeó contra la caliente piel del moreno, volviendo a jugar con sus pezones, atrapándolos entre sus dientes, a la vez que los suaves gemidos ajenos lo cautivaban, penetrandolo de forma constante pero a la vez suave, tampoco era tan malo.

No aún.

Los sonidos contenidos de carlos solo hacían que la temperatura en su cuerpo crezca. El sudor estaba presente en ambos, de forma inevitable ante el esfuerzo físico que estaban teniendo.

Albon se movía con precisión, aumentando de a poco la velocidad con la cuál arremetia contra aquél español, el cuál se mantenía perdido entre tanto placer.

─ más, mierda, ¡más! ─

Repetía en forma de mantra, adornando a veces la frase con el nombre del hombre encima suyo; mordió su labio con fuerza, dejando que sus manos recorrieran el torso ajeno, notando lo poco marcada que estaba, a comparación de él, así que, enredó sus brazos en el cuello ajeno, tirándolo hacía abajo para comenzar a atacar aquella piel color canela, deleitándose por los jadeos bajos que retumbaban en todo su calm room.

El ruido de sus pieles los aturdía a ambos, la velocidad era casi inhumana, estando sorprendido por la gran resistencia que su menor tenía. Sus ojos amagaron en ponerse blancos, jugando en el filo de perder la cabeza a causa del placer, antes de decidir hacer algo.

Trató de enfocar su vista, y en un rápido movimiento tomar una de las muñecas del más alto, llevando aquella mano hasta su rostro, apoyándola sobre su mejilla. Albon sonrió, causándole cierta ternura aquél acto, pero cuando menos de lo esperó, carlos tomó tres de sus dedos y los introdujo en su boca, comenzando a lamerlos de forma casi desesperada.

Su respiración se cortó, mientras sentía una punzada en su vientre. Tenerlo chupandolo mientras lo embestía había sido demasiada estimulación visual, perdiéndose en lo excitante que era verlo a carlos tan sumiso, tan perdido en sus propios pensamientos, importandole poco el ruido que llegaba a causar. Importandole poco lo obsceno que podía ser.

Se dejó hacer, hundiendo sus dígitos en esa cavidad, a la vez que penetraba cada vez más profundo, disfrutando de las lágrimas que por las mejillas ajenas corrían, sabiendo muy bien que con toda esa estimulación a su chico no le iba a faltar mucho.

Y estaba en lo correcto.

─ albon. ─ pronunció con dificultad, estirando más de lo necesario las vocales en su nombre, ─ albon yo, estoy tan cerca. ─ Gimoteó, volviendo a su tarea de jugar con aquellos dedos, como si su vida dependiera de ello.

En cambio, el tailandes no estaba en condiciones tan distintas del mayor, sintiéndose abrumado por el cosquilleo en su parte baja. Por lo qué, se acomodó, posando ahora ambas piernas en sus hombros, sosteniéndose con su izquierda de uno de sus gruesos muslos, empezando con una seguidilla de penetraciones, cada una más profundas que las anteriores, sintiéndose cada vez más cautivado por el calor abrazador que lo rodeaba.

Una tras otra, cada embestida golpeaba ese punto en su interior que lo había hecho temblar sin piedad alguna, realmente no podía más, las sensaciones lo bañaban, de pies a cabeza, cada parte de sí mismo la sentía sensible. Era tan fantástico que solo supo cerrar sus ojos y dejarse llevar.

Jadeante miró la escena bajo suyo, el como su mayor terminaba había sido digno de una película porno; su cabello alborotado, ceño fruncido, espalda arqueada, su boca siendo profanada por sus largos dedos, su pecho subía y bajaba con violencia y su miembro de sacudía con cada tira que soltaba, llegando incluso a manchar sus propios muslos y algo del mentón de alex.

Ante tales vistas no supo frenarse a sí mismo, por lo qué, con rudeza se enterró profundamente en el español, comenzando a pintar sus paredes con su semilla, tirando su cabeza hacia atrás, mordiendo su labio con espero, evitando así que cualquier sonido se le escape.

El peso del chico cayó encima suyo como si se hubiera desmayado, haciendo que un pequeño ruidito saliera de los labios de carlos, causando una suave risa en el menor. Al pasar los segundos decidió incorporarse, saliendo del interior del castaño, causando un suave suspiro por parte de ambos.

Carlos bajó su vista, notando su cuerpo totalmente hecho un desastre, instalándose una mueca en su rostro.

─ estoy demasiado pegajoso. ─

Se quejó, notando restos de la crema esparcidos por su torso, pensando seriamente como las iba a quitar, sobresaltandose al notar la lengua del menor pasar por encima de ellas, jadeando por tal acción.

─ dios, alex, ¿no tuviste demasiado ya? ─, musitó con una sonrisa en su rostro, mirando desde arriba al chico, notando como mordisqueaba apenas su costado.

─ no cuando sabes tan dulce, eres adictivo carlos. ─

Y en un rápido movimiento se sentó en el sofá, tomándolo por las caderas para posarlo sobre su regazo, teniendo su rostro a pocos centímetros.

Suspiró, rendido ante las caricias del otro, negando con su cabeza.

─ deberíamos ducharnos, vamos. ─

Trató de persuadirlo, recibiendo un quejido por parte de alex, el cuál se escondía en su cuello, lamiendo la zona sin vergüenza alguna.

─ no, todavía no terminé mi postre. ─