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Español
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2025-12-09
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Una sonrisa se ilumina en su estúpida cara, y claro que lo hará

Summary:

Mu había admirado a Deathmask por tanto tiempo, era imposible no notarlo. Aún así, tiene mucho que aprender.

 

Titulo de Pretty girls make graves de The Smiths

Notes:

solo para dejar un poco claro el contexto. Ambos son adolecentes, Deathmask tiene 16 y Mu tiene 14. Deathmask, Afrodita y Shura viven en casa de Saga y Mu con Shion, pero visita a Saga porque son hermanos.

Work Text:

El rollo de papel fue rápidamente descartado al suelo, las manos de Deathmask aleteando por su alrededor para disipar el humo, ignorando por completo como Mu sé acercaba, demasiado entusiasta para su gusto.

—¿Qué haces aquí?— preguntó. Molestia se escurría por su voz como cada vez, pero Mu había comprendido que era simplemente el patrón natural de su habla.

No respondió. Entre ellos ya se habían acostumbrado a lo que al principio les parecía una presencia casi mística en una casa tan desastrosa en cuanto a personalidades. Mu era calmo. Al principio hablaba tan poco que ni a Saga le respondía. Solo miraba fijamente, cuando lo hacía. Del resto permanecía totalmente quieto a un lado, sin mayor entretenimiento y sin llamar la atención. Después de todo, por algo Saga había insistido en que los visitara tan seguido.

—No estabas tú.— permanecía ignorante ante lo que Deathmask intentaba ocultar. — Están jugando dominó. No sé dieron cuenta de nada.

El mayor río. —Asi deberán estar. Saga se vuelve una ladilla cuando toma.

—No lo creo… Lo veo tranquilo…

— Porque no es a ti a quien despierta a media noche a decirte que lo siente tanto por ser mala persona, o que te ama demasiado, o que daría todo por ti…

Ligeras carcajadas escapaban entre las manos que cubrían el rostro del menor. El imaginar a su hermano así se sentía tan extraño a el sin dejar de perder todo el sentido del mundo, considerando su personalidad. Aún así, por más que pensarlo resultará gracioso para el, lo que le daba el toque era la narración de su amigo.

Muchas veces Deathmask ni siquiera debía tener la intención de hacer reír. Mu lo consideraba natural en su persona, teorizaba que por eso resultó tan cercano a él ante cualquier otro de los chicos que habitaban la casa de Saga. Siempre tenía algo que decir, alguna respuesta sarcástica o ingeniosa ante cualquier cosa que se le pusiera al frente. No todos lo apreciaban, pero Mu sí.

También sabía que eso no lo era todo. Entre lepes por salido y chistes que no le gustaban a nadie excepto a ellos dos, había un joven que sabía cuando tenía que tomarse las cosas en serio. La primera vez que lo vio genuinamente molesto un escalofrío recorrió su cuerpo. No era violento, no cuando procuraba que nadie lo viera. Había unl choque con el Deathmask que le revolvía el cabello y se burlaba de pequeñas cosas ante un Deathmask con el ceño fruncido, que por momentos parecía hasta mayor de lo que realmente era. Su cuerpo entero se tensaba, evitaba a los demás, tomaba las cosas de mala gana antes de desaparecer y llegar muy en la noche oliendo a mierda para ser recibido por un Saga muerto de preocupación y miedo en la puerta.

No fueron muchas las veces que Mu fue testigo de estas escenas, y aún así no olvidaba la pesadez en su estómago. Quedarse despierto junto a Saga, escondido para que no lo mandara a dormir. Era Deathmask quién dictaba lo último. Volvía a revolver su cabello mandándolo a la cama antes de entrar al cuarto que. Y si devolverle el aliento era la intención de ese pequeño gesto, fallaba de la forma más miserable.

Era imposible que no lo notarán los demás, pensaba. Cada vez que visitaba se mantenía detrás de él como un techo en el que se podía mantener en medio de todo. No sé sentía incómodo en esa casa ni mucho menos, pero era Deathmask quién tomaba una iniciativa distinta a la de los demás. Mientras Saga, Shura y Afrodita lo trataban como si fuera aún preescolar, Deathmask era distinto. Quizás si era un niño pequeño siguiéndolo a todos lados pero él nunca lo sobreprotegía como sentía que los demás lo hacían, sin dejar de olvidar la gran charla que Saga les dió a los tres muchos años atrás sobre tratarlo bien y cuidarlo y ser su amigo.

—No… No hace eso— seguía riendo, sonrisa que se propagó hasta contagiarse al rostro de Deathmask.

—Seguro quiere dar un buen ejemplo.

—¿No como tú?

—¡Lo intento!— defendió el mayor aún entre risas. —Además, no es culpa mía que decidas aparecer cada vez que estoy haciendo algo inmoral.

Mu no pudo pelear eso. Sea fumando, escabullendo alcohol… un poquito muy cerca de sus amigos. Lo último no necesariamente lo mataba de celos, además, no era excluido de su atención, incluso si no tan distinta como él quisiera.

Quedaron en silencio por unos segundos. Mirándose el uno al otro como esperando algo más.

—Tengo frío.— Mu soltó casualmente. Abrigándose entre sus brazos y rompiendo el contacto visual.

Deathmask también se movió, volteandose para volver a evitar a Mu. — Devuelvete antes de que se den cuenta que el bebé no está y les de algo.

—¿Y tú?

—No voy a volver dentro de un rato.— Se encogió de brazos mientras sus dedos jugaban con la pequeña caja en su bolsillo.

Algo en los ojos del se iluminó. Choques eléctricos en su cerebro le decían que quizás está era su oportunidad, al menos de pasar tiempo a solas con él, tiempo que anhelaba tanto desde la última vez que lo vió cuando no soltaba a la otra adolescente de la casa pero no por error. Dió un par de pasos más hasta acercarse lo suficiente para casi rozar sus cuerpos. El primer instinto de Deathmask fue querer dar un paso hacia atrás, pero había algo en el rostro de Mu, sus ojos tan abiertos como siempre mezclados con una sonrisa tonta que dejaría pasar de no ser por la forma en que sus labios quedaban entreabiertos. Respiraba por la boca mientras miraba hacia arriba, a él.

—No me quiero devolver sin tí.

 

Un calor creció tanto en su estómago como a lo largo de su rostro. Observar todos los detalles del rostro del joven que ya había memorizado desde el día uno lo hacía sentir tan distinto, como si el temor de hacer el ridículo pasara a quinto plano. Recorrió ese rostro con la mirada, divagando entre las grandes ojeras intensificadas con maquillaje negro que nunca terminaba de quitarse y el vello facial que cubría todo su mentón y el que nacía poco a poco sobre sus labios. Labios en los que no sabía cómo no parar de observar.

—Saga me va a culpar a mi de lo que te pase o no te pase.— No debía. No debía haber esto. Estaba cavando su propia tumba y la del rubio. ¿Era tan malo eso? Deathmask lo conocía. Conocía sus intenciones detrás del buen comportamiento porque Mu era mucho peor actor de lo que él mismo se daba crédito por. Decidió ignorarlo, ya tenía a dos personas distintas con quién ya había compartido todo lo que podía entregarle a un amante. Personas que en medio de la discordia y el caos habían abandonado lo que alguna vez habían sido. Selló su ataúd deslizando sus dedos desde la cien de el otro, peinando su cabello hacía atrás. —No quiero ser…

 

—Una mala influencia.— Lo cortó antes de que terminara de hablar. —Saga esto, Saga lo otro… ¿Qué hay de mí? ¿Él debe decidir todo lo que hago?

Su respiración paró cuando los mismos dedos fueron a parar por debajo de su mandíbula. Perdió toda la confianza que estaba intentando construir a el punto que solo quería dejarse llevar. No sabía si Deathmask le daría la dicha de guiarlo en su inexperiencia, enseñarle en la práctica todo lo que debía saber para estar con alguien como él. Alguien que admiraba, como quien quería llegar a ser algún dia, que quería lucir como.

—¿Y Mu me matará si lo mantengo aquí un rato?

—No, no creo.

—¿Crees? ¿A quien debería preguntarle entonces? —Terminó la oración y Mu solo quería terminar de cerrar el espacio entre ellos. Estaba paralizado ante los nervios, jamás hubiera pensado que estaría tan cerca, lo más cercado a reciprocidad que pudo anhelar alguna vez. No le podía importar si era un juego, si era solo está vez ante los oídos ciegos de los demás. Lo quería. Quería darse la dicha.

—Deathmask… —Suspiró.

—¿A mí?— Lo acercó con sus dedos. Mu tropezó un poco sobre su propio andar, en su reflejo, Deathmask pasó de solo tener sus dedos en su rostro a tomarlo completamente con su mano, atrapándolo en el proceso. —Creo que eso pudo haber sido una muerte segura. Y creo que deberías volver a casa antes de que algo más pase.

—Solo quieres seguir fumando tranquilo. —Se quejó, casi en un sollozo. —¿Por eso mencionas tanto a Saga? Claro que no quieres que te descubra.

Deathmask se rió ante el ceño fruncido de Mu. —Si, es irrespetuoso.

Mu tragó saliva.

—Quizas no le diga, si me das algo a cambio…

—¿Sí?

Volvieron a mirarse a los ojos. No había más nada excepto su respiración y los pocos carros que pasaban a esas horas.

—Quiero lo que siempre le das a Afrodita.

Mu se estaba regalando para que Deathmask lo siguiera molestando, pero algo dentro de el lo detuvo. Aún manteniendo su rostro en su mano, lo acercó a él, aún sin tocarse totalmente.

—¿No le dirás a nadie?

—A absolutamente nadie.

—¿Lo prometes?

El sentimiento cocinándose en el interior de Mu solo crecía cada segundo. Su garganta se cerraba, su rostro estaba hirviendo y aún no recordaba como respirar. Un instinto casi primal para una situación tan tonta ante cualquier otro ojo.

—Lo intentaré.

Y así, Mu cerró sus ojos el momento que los labios de Deathmask presionaron contra los suyos. Era un sentimiento suave, muy suave a lo que pensaría de un tipo tan tosco para cuántas otras cosas. Sus labios eran fríos, ligeramente húmedos. Era extraño. Tan correcto como incorrecto a la vez.

Deathmask acariciaba su cabello, aceptó su destino y sin miedo a nada escabulló una mano a sujetar su cintura. Mu podía morir ahí mismo. Quería llorar y no entendía porque.

El mayor fue el que rompió el contacto. Sonriendo a si mismo ante la cara congelada de Mu con la boca abierta y los ojos cerrados. Fue reaccionando poco a poco mientras se acoplaba de nuevo a la realidad tan oscura de la noche ante lo que acababa de experimentar.

—De nuevo.

—¿Porqué?

—Con Afrodita tu-

—Quizás deberías pedírselo a ella entonces.

La respuesta no le gustó nada a Mu, quién solo despegó la mirada de el mientras su ceñó se volvía a fruncir. Deathmask chasqueó su lengua y se volvió a acercar a él, tomando su rostro de nuevo tan cerca como antes. Dejó un par de besos por debajo de sus ojos y mejillas, logrando encontrar de nuevo una sonrisa en el.

—Ahí está.— Volvió a besarlo en la boca, empezando tranquilo y poco a poco subiendo la intensidad de este.

Si antes Mu estaba desequilibrado ahora estaba enteramente perdido. No se molestaba en seguirle el ritmo al otro. Su mente estaba en blanco de no ser por la felicidad que lo consumía cada vez que Deathmask presionaba su cuerpo con el suyo. No quería más nada en la vida.

Duraron así un largo rato, sin tomar en cuenta el tiempo que pasaba o los gritos de carros y motos a lo que hacían. Deathmask de separó una última vez a admirar a su compañero, encontraba tanta ternura en la imagen incluso cuando hacían lo que hacían.

—Ya debemos volver, bebé.— Susurró a su oído pero los puños de Mu se aferraron a su camisa.

—No…

—Es muy tarde.— Deathmask solo caminó de nuevo a la casa, no se tuvo que voltear para saber que Mu lo seguía. Genuinamente era adorable.

Entraron con cautela aunque nadie parecía haberse dado cuenta. Aiolos, Saga, Afrodita y Shura se encontraban aún jugando al dominó, discutiendo con fervor acerca del puntaje de la partida. Aiolia yacía dormido en el sofá, de Kanon no había el más mínimo rastro. Deathmask solo miró al cielo de que nadie lo notara y entró con cautela con el hermano menor del dueño detrás de él, en camino al pasillo donde se encontraban la habitación de este y la que los tres mayores compartían, Mu se detuvo.

—Quedate conmigo.— Susurró tomando sus manos en las suyas. Eran tan cálidas, no podía evitar acariciarlas mientras miraba entre risas al mayor ante el. Se notaba que Deathmask quería evitarlo, mirando hacia los costados pero fallando a concentrarse de nuevo en las pupilas brillantes de Mu.

—Ya me voy a dormir. No quiero estar para cuando se empiecen a matar a golpes.

—Duerme conmigo.

A Deathmask no le dió tiempo de expresar su desconcierto y oposición ya que al instante, Mu ya lo estaba jalando del brazo directo a su habitación, con tanta intensidad como cautela para no ser escuchados. Cerró la puerta entre risas incluso cuando Deathmask no se reía tanto.

Nunca había estado en la habitación que Mu se quedaba. Ordenada, como no. Decorada de colores sobrios y con un aroma agradable que su falta de conocimiento en la materia le impedía reconocer, solo sabía que olía a él. Olor que se intensificó cuando Mu volvió a acercarse a él, sin dejar ir sus manos.

—¿Por favor?

—No tienes idea de lo que estás haciendo.— Ya su voz no era sobrada y envolvente si no que había cambiado a un tono enteramente serio y firme, como cuando le respondía a Saga cuando estaba enojado o aturdido por algo más. Aún así, no miraba a Mu con esos ojos llenos de ira o disgusto, muy por el contrario, a pesar del ceño fruncido todavía podía notar algo de suavidad en su mirar.

—Solo quiero que te quedes aquí.

—¿En tu cuarto? Yo sé que no te gusta pero lo digo en serio. Saga me puede matar.— Deathmask estaba visiblemente estresado ante esto. Mu no sabía que debía hacer, no quería simplemente dejarlo ir, quería que no se preocupara por algo que a él no podía importarle menos.

—Quédate hasta que me duerma.— Ofreció, ahora guiandolo hasta su cama. Los nervios lo consumían, cada tonta acción tan contraria a su timidez inicial lo hacían querer ser tragado por la tierra de la vergüenza. Pero Deathmask se dejó llevar, no quitaba el rostro de preocupación y aún así permitió que Mu, al sentarse sobre la cama, volviera a tomar su rostro entre sus manos.

Ya estaban ahí, ya que. Deathmask no esperó nada antes de volver a atacar los labios del menor con la misma intensidad que lo habían dejado afuera de la casa. Su respiración volvía a detenerse mientras Deathmask lo besaba con tanto cariño que no entendía cómo podía venir de él hacía su persona. Entre el beso, lentamente Deathmask lo dejó caer sobre el colchón, él sobre su cuerpo sin despegarse un segundo de él.

Ya recostados, Deathmask suavizó un poco. De sus labios, ahora dejaba pequeños besos a lo largo y ancho de su rostro. A Mu no le parecía suficiente, intentaba buscar sus labios como podía pero Deathmask siempre lo evitaba para desviarlos a otro sitio.

—Deja de jugar.

—No estoy jugando. Esto también es parte de.— Besó su frente antes de caer recostado a su lado. —¿O qué esperas tú?

Mu tragó saliva, de nuevo repleto de nervios. —Yo que sé. Esa vez…

—¿Qué vez?— interrumpió el mayor con de nuevo una mirada más seria, pero Mu ya estaba de nuevo besándolo con desespero. Lo apartó con una mano a lo que recibió un sonido de hartazgo del menor. —La estabas abrazando y estaban muy cerca.—Mu continuaba jugando al tonto, mientras sus manos viajaban desde los hombros a el torso de Deathmask. —¿Por favor?

Pero el mayor no cedió. Al contrario, confirmó la sospecha que tenía en su cabeza a pesar de lo que aún quería pensar de el menor frente a él. Sus manos envolvieron las de Mu con suavidad y gentileza, la suficiente para volver a detener la respiración de este y que le observara con unos ojos que parecían al borde del llanto. Las retiró de su cuerpo y sin soltarlas, las llevó casi al nivel de su rostro y el de Mu. Aquí, besándolas con absolutamente más nada que no sea cariño y ternura por el otro adolescente.

—No te pondré un dedo encima, si eso es a lo que te refieres.

Su voz rasposa estaba a estallar de serenidad, romántico, Mu pensó antes de darse cuenta por completo de lo que estaba diciendo. Su rostro se rompió del trance en el que estaba, pero no sé movió de dónde estaba, inseguro de que debía hacer.

—Yo… Lo siento.— Si antes pensaba que quería llorar ahora estaba seguro. —¿Por qué no?— temblaba su voz —Se que no soy…

Pero cuando Deathmask supo la implicación que iba a seguir, volvió a besar sus manos, logrando interrumpir la maraña de pensamientos que venían de su amigo.

—No es eso. No es momento para eso y ya. Eres muy jóven aún e incluso si no fuera así…

—¿Es por Saga?— Mu no dudó en acusar —No eres nada mayor que yo. No soy un niño pequeño, solo nos llevamos dos años. Te conozco… Me gustas. ¿Porque importa lo que Saga piense?

Deathmask no podía evitar sentir pena por el pobre.

—No me importa Saga.— aclaró —Podrías ser hijo único para lo que me importa, podrías ser solo dos semanas menor, pero mi respuesta es la misma. No es el momento.

¿Nunca te hablaron de esto?

¿Eso importaba? Mu pensó. No estaba enojado o decepcionado, pero independientemente una sensación de vacío lo llenaba. De no ser suficiente.

—Sé que todo esto es un juego.— resopló, ocultando su rostro. —Sé que te gusta ella, y se que solo me ves como el hermano de Saga. No me importa. Siempre lo supe.

El esfuerzo que Deathmask hizo para contener una pequeña risa fue inhumano. En vez de eso, acaricio su rostro apenado con la parte de atrás de sus dedos.

—Eso no responde mi pregunta.

—No. No, pero ¿qué importa? Tampoco soy tan estúpido como a ustedes les gusta pensar.

Deathmask posó sus labios sobre la frente de Mu. No sé resistió mientras el de pelo oscuro lo atrapó en un suave abrazo, con su cabeza ahora reposando contra su pecho.

—¿Entonces nunca te dijeron lo grosero que es insistir?

Mu se quedó callado, pero Deathmask no sonaba cruel.

—No es por qué piense que eres estúpido. Es porque simplemente aún no es el momento. ¿Acabamos de besarnos y ya pretendes que me case contigo? No estaría en contra. Eres increíble, Mu. Me vuelves loco, pero me estaría aprovechando de tí

—Pero yo te quiero.

—Yo también te quiero. Por eso no quiero que sea un recuerdo malo.— Elevó el rostro del otro para volver a estar cara a cara. —Creo que sería mejor después de salir un rato, cuando sepamos que nos soportamos de esa forma, que nadie nos va a molestar, ya sabés.

La conversación calmó a Mu. Lo hizo darse cuenta de lo idiota y horrible que sonaba llorando así, pero Deathmask no parecía enojado en lo más mínimo.

—Lo siento.— Su labio temblaba y miraba a Deathmask con una tristeza interminable antes de solo volverlo a besar. Sin aquel instinto secundario, sin ningún tipo de necesidad más que la de sentir el afecto que alguien tan misterioso ante sus ojos, le estaba ofreciendo con tanta facilidad.

—Me puedo quedar aquí, si eso quieres.

—Lo siento mucho.

—Me da flojera irme a mi cuarto. Aparte ya estoy muy cómodo.— Deathmask ignoró. No quería que Mu se ahogara en la culpa, no lo culpaba de nada más que de inexperticia y falta de conocimiento.

Le sorprendía un poco aún así, considerando que alguna vez Saga si había hablado de estos temas con ellos. Durante una semana entera sorprendió a cada uno en un momento a solas para hablar de responsabilidad y seguridad y todo eso, las tres veces fue encontrado con risa y burla por lo inesperado que era escuchar esas palabras de él, pero las tres veces fue valorado. Saga había llegado un poco muy tarde, no lo suficiente para que cometieran alguna irresponsabilidad pero Deathmask no podía evitar ver a Mu tan vulnerable y embobado y pensar en sí mismo. No denominaría su experiencia mala, si se quedaba solo con la gente que amo y lo amo de vuelta, con sus amigos de toda la vida de los que no era tan distinto. Prefería quedarse con eso, y claro, darle lo mismo al chico en sus brazos.

Por otro lado, Mu no podía pasar tanto tiempo con los labios alejados de su piel. Cuando se cansaba de sus labios, se desviaba hacia las comisuras y el ancho de su mandíbula, rozando su mejilla contra el vello facial que volvía a salir poco a poco. Sus ojos se mantenían llenos de tristeza por la incomodidad de la conversación pero nada lo detenía de querer aprovechar la presencia del chico que había admirado por tanto tiempo mientras lo tenía solo para él.

—Quédate hasta que me despierte.

—No planeo otra cosa.— rió el mayor. —Solo cómo voy a evitar que cualquiera me vea y quiera asesinarme.

Mu fue contagiado de la risa.

—¿Porqué? Yo fui quien te trajo.— Lo besó de nuevo, Deathmask tuvo que sostener esa sonrisa tan tonta entre sus dedos para lograr responder.

—Se ve mal salir del cuarto de alguien a primera hora de la mañana, igualmente

Y Mu volvía a besarlo. Era tan tierno para él, como un cachorro emocionado y lamiendo el rostro de su madre o su dueño, escondiéndose luego en el cuello de Deathmask.

El sueño poco a poco se continuaba apoderando de él. Nunca fue de acostarse tarde ni nada por el estilo, tantas veces recuerda hablar de la mano o el pantalón de Shion en reuniones o fiestas por ya querer irse a casa y dormir envuelto en los brazos de su padre. Hoy no sería la excepción, si fuera más pequeño, estuviera mirando a alguno fijamente solo para de esa forma avisar que ya estaba cansado de todo lo que pasaba.

Pero ahora compartía su cama con Deathmask. Le daba vergüenza quedarse dormido y verse estúpido o molestar al otro de alguna forma, pasar de ser compañia a una molestia o estorbo. Luchaba con todas sus fuerzas contra su cuerpo, conforme el tiempo pasaba sus pestañas se volvían más y más pesadas y su cerebro iba dejando de reconocer los estímulos a su alrededor. Toda su voluntad se enfocaba era en seguir buscando el cariño del otro.

Deathmask no se encontraba en un estado tan distinto al suyo, solo no se molestaba en octultarlo en absoluto. Entre el ruido blanco de la conversación fuera de la habitación y de los besos, cada vez más débiles, que Mu dejaba sobre su piel, también cedía más y más a el sueño, y con ello, a la cursilería.

—Eres tan lindo, Mu.— Sus palabras se tropiezan sobre sí mismas.

—¿Te gusto?

—Me fascinas.— No podía dejar de acariciarlo mientras hablaba. —Eres hermoso, dentro y fuera. Demasiado para tu propio bien.

Mu se acurrucó aún más en el cuerpo de Deathmask, casi como si quisiera que sus cuerpos se volvieran uno. —¿Te voy a gustar mañana?

—Me gustas hace rato, no me vas a dejar de gustar pronto.

—Yo estoy enamorado de ti.