Chapter Text
El crepúsculo teñía de naranja y púrpura el cielo sobre Fuyuki, y Shinji Matou caminaba con una sonrisa burlona y anticipatoria hacia la residencia Emiya.
Externamente, era la visita casual de un amigo para pasar la noche, otra de esas innumerables veces que se quedaba a dormir.
Pero en lo más profundo de su ser, un fuego lujurioso ardía con una intensidad que casi lo mareaba.
La verdadera atracción no era Shirou, no sus torpes intentos de cocinar o sus conversaciones aburridamente amigables. No, el verdadero premio, la razón por la que su corazón latía con fuerza contra su costilla y su sangre corría caliente, era la oportunidad de verla a ella.
Irisviel Von Einzbern.
La madre adoptiva de Shirou Emiya.
Solo pensé en ella hacía que Shinji se ajustara el pantalón incómodamente.
Esa cabellera blanca como la nieve que caía en cascada sobre sus hombros, esos ojos de rubí que parecían ver a través de ti con una inocencia desconcertante, que contrataba con ese cuerpo… ¡Dioses, ese cuerpo!, Una figura de reloj de arena que lloraría de envidia a cualquier modelo, con un par de tetas generosas y redondas que se mecían con un balanceo hipnótico bajo sus vestidos claros, y un trasero respingón y perfectamente esculpido que parecía una invitación constante a nalguearlo.
Shinji había perdido la cuenta de cuántas noches se había masturbado en silencio pensando en ella, imaginando esas curvas, ese cutis de porcelana, esos labios carnosos, era su obsesión secreta, su tesoro más preciado y, hasta ahora, inalcanzable.
Pero hoy sería diferente, aparte de su cero talento para la magia o que sea inferior en casi todo lo que hace Shirou Emiya, había algo en lo que lo supera.
Era muy capaz, popular entre las mujeres y dominaba bien el arte de conquistar mujeres.
Después de meses de pulir su encanto, con un encuentro casual con cualquier mujer, su relación cambiaba rápido a una muy íntimamente, chicas inocentes, con novios, casadas, había llevado todas a la cama.
El que se hayan ido después decepcionadas, no era su culpa, ella no apreciaba una buena polla.
Quitando esos pequeños inconvenientes, el fruto de su trabajo lo iba a usar hoy con la madre de su amigo, por eso tocó con entusiasmo la puerta de su mejor 'amigo' en cuanto estuvo ante la puerta.
Toc, toc
Shirou lo recibió en la puerta con su habitual sonrisa sencilla. "Shinji, pasa, hay curry para la cena."
"Genial". Respondió Shinji, con una sonrisa falsa mientras pasaba, sus ojos escaneando la sala en busca de un destello de cabello blanco. "¿E Iris?"
"Durmiendo". Dijo Shirou, llevándolo hacia la sala de estar. "Illya y las chicas se fueron esta mañana de viaje de chicas por una semana, Iris las ayuda a empacar, así que está cansada, y papá está… ya sabes, en otro de sus viajes de trabajo."
“Sí, lo sé”. Respondió Shinji con una oleada de alegría maliciosa creciendo en su interior. 《El viejo Kiritsugu siempre ausente, dejando a esta diosa sola y sin duda, hambrienta por la polla de un hombre, ¡Qué desperdicio!》.
La cena transcurrió con normalidad. Shirou hablaba de sus clases, de su club de tiro con arco, Shinji asentía, dando respuestas apropiadas, pero su mente estaba en otra parte, específicamente, en la sala de baños de arriba.
Irisviel hace poco se había despertado y había comido con ellos, solo para decir que se iba a dar un baño, el peliazul no evitar imagine aguas el agua caliente corriendo por el cuerpo desnudo de Irisviel, enjabonando esos pechos magníficos, deslizándose entre esas piernas pálidas…
"Voy al baño”. Anunció Shinji de repente, levantándose tan rápido que casi volcó su silla.
Shirou parpadeó. "Está bien, el de arriba el de la izquierda está libre"
Shinji no necesitaba que se lo dijeran dos veces, no tampoco lo iba a usar.
Subió las escaleras de dos en dos, su corazón palpitando como un tambor de guerra, siguió el sonido del agua corriendo, el vapor que se escapaba por debajo de la puerta del baño principal.
Contuvo la respiración, acercándose sigilosamente, la puerta no estaba del todo cerrada, dejando una rendija de unos centímetros.
Un regalo del cielo.
Con el pulso acelerado, se acercó y miró por la ranura.
Y allí estaba. Irisviel, de espaldas a él, bajo el chorro de agua caliente.
Su piel albina brillaba a la luz del baño, el agua resbalaba por la curva sensual de su espalda, sobre las nalgas increíblemente redondas y firmes que habían habitado sus fantasías más íntimas, sus largas piernas suaves solo prendia más leña a su lujuria.
Y llegó justo en el momento oportuno, ya que ella se inclinó para recoger el jabón que se le resbaló de las manos, y contuvo la respiración al ver cómo sus pechos pesados y pálidos se balanceaban libremente, viendo detenidamente los pezones rosados y erectos por el calor.
Casi entró corriendo para violarla, al ver la carne rosada de su coño carnoso, los labios vaginales parecían tan sellados y apretados que parecía una broma que ya había dado luz a gemelas.
Era más de lo que había imaginado.
Más perfecta, más sensual, y sobre todo… más follable.
La lujuria lo inundó, una marea cruda y posesiva.
Ya no bastaba con mirar.
Ya no bastaba con masturbarse en la oscuridad con su imagen.
Él quería tocar. Quería poseer. Quería hundir sus manos en esa carne blanca, morder esos pezones, clavar su propia y no tan impresionante polla en ese trasero perfecto, y sobre todo penetrar ese coño que sin duda estaría tan apretado y prístino como el resto de ella.
"Quiero follarte". Murmuró Shinji tan silenciosamente, su voz un susurro ronco y lleno de deseo. "Tengo que follarte, Iris, a como dé lugar".
Fue en ese momento de confesión lujuriosa cuando ella se volvió ligeramente, y sus ojos rubí, que deberían estar nublados por el vapor, se encontraron directamente con los suyos a través de la rendija de la puerta.
No hubo sorpresa, no hubo alarma. Solo una calma profunda, casi… divertida.
Un escalofrío repentino recorrió la espina dorsal de Shinji.
《¿Me vio?》. Se preguntó lo obvió, pero viendo la sonrisa pícara de Irisviel, pensó que ella le estaba invitando a entrar.
La sangre enseguida fue hacia su polla, esa era su oportunidad, su diosa lo vio y le estaba invitando a follarla.
“¿Eh?”.
Pero antes de que pudiera proceder, un destello de luz roja, tan rápido que podría haber sido una ilusión, brilló en las pupilas de Irisviel, y Shinji sintió una pesadez instantánea en sus extremidades, como si se hubiera sumergido en miel caliente.
El pánico lo inundó, intentó gritar, pero su boca no se movió, intentó dar un paso atrás, pero sus pies estaban clavados al suelo.
Estaba completamente paralizado, un prisionero en su propio cuerpo.
No fue lo peor, su visión se nubló en los bordes, oscureciéndose hasta que todo lo que podía ver con claridad era una imagen cuadrada, con la figura de Irisviel en la ducha, como si viera la televisión proyectada directamente en su cerebro.
Irisviel salió tranquilamente de la ducha, el agua goteando de su cuerpo desnudo, caminó directamente hacia él, la puerta ahora abierta de par en par, pero Shinji no podía mover ni un músculo para aprovechar la vista.
Ella se detuvo frente a él, sus ojos escaneándolo de la cabeza a los pies con una curiosidad clínica y de burla.
"Hola de nuevo Shinji-kun”. Dijo su voz, melosa como la plata, pero con un filo de hielo. "Qué maleducado, espiar a una mujer así. Y con intenciones tan… vulgares". Sonrió, una expresión que no llegaba a sus ojos.
"Pensé que eras más inteligente, pero los niños traviesos necesitan lecciones."
Levantó una mano, y otro destello de luz roja, esta vez formando runas complejas en el aire, envolvió a Shinji.
Este sintió una extraña sensación de desapego, como si se estuviera desvaneciendo del mundo.
"Ahora" Susurró sensualmente Irisviel en su oído, sintió su aliento caliente en su oído a pesar de que él no podía sentir nada más de su cuerpo. "Serás mi espectador especial. Invisible. Intocable. Incapaz de interferir”. Se alejó, y vio la malicia en sus ojos color rubí, como un demonio de los más crueles.
“Voy a mostrarte un espectáculo Shinji-kun, uno que anhelabas ser parte, pero para el que nunca serás parte. Solo mira y ve… y sufre".
Shinji, atrapado en su prisión mental, sólo podía procesar las palabras, y una horrible comprensión comenzó a formarse en su mente.
La oscuridad lo envolvió por completo durante un momento, y cuando su visión regresó, se dio cuenta de que estaba *dentro* del baño, de pie en una esquina, aún paralizado.
Pero extrañamente, podía ver todo: la ducha, el vapor, las toallas colgadas, el espejo empañado.
Sobre todo a Irisviel, ahora sumergida bajo el agua, pero esta vez, tenía una sonrisa de triunfo en sus labios.
Luego, ella abrió la boca y lanzó un grito agudo que parecía genuinamente asustado.
"¡AAAAHHHHH! ¡Shirou!"
Enseguida, pasos rápidos resonaron en el pasillo.
"¿Irisviel? ¿Qué pasa?". La voz de Shirou, llena de preocupación genuina sono en el pasillo.
"¡Shirou! ¡Aquí! ¡En el baño!". Gritó Irisviel, con voz temblorosa.
La puerta se abrió de golpe y Shirou irrumpió, su rostro pálido por la alarma.
"¿Mamá? ¿Estás bien?..."Su voz se cortó cuando sus ojos se posaron en ella, desnuda y temblorosa bajo el agua, y una oleada de rubor inmediato cubrió su rostro. Sus ojos se movieron ligeramente, incapaces de evitar recorrer la figura casi expuesta de su madre.
"¡Allí! ¡En la pared! ¡Una araña enorme!". Irisviel señaló con un dedo tembloroso hacia una esquina alta, donde, efectivamente, un insecto negro e inofensivo estaba quieto.
Shinji, desde su rincón invisible, quiso reír amargamente. 《¿Una araña? ¿Eso es todo?》. Pero no pudo, su ‘amigo’ había caído en una trampa obvia de una mujer que lo está viendo como algo más que un hijo.
Shirou, aún desconcertado y visiblemente avergonzado por la desnudez de su madre, siguió su mirada.
"Ah… está bien, mamá. Es solo una". Con un movimiento rápido, aplastó al insecto con una toalla y lo tiró al inodoro. "Ya está. Ya se fue”. Dijo e inconscientemente vio en la dirección de su madre, un grave error.
"Gracias, Shirou, mi héroe". Dijo Irisviel, jadeando ligeramente, una mano sobre su pecho, lo que solo servía para destacar la generosa curva de sus senos. Shirou desvió rápidamente la mirada, su propio rostro estaba colorado al verlas, más al ver los cerezos rosados y jugosos.
"De nada. Yo… yo me voy". Dijo Shirou nervioso y se dirigió a la puerta que se había cerrado en algún momento, giró el picaporte.
No se movió. Lo intentó de nuevo, con más fuerza. Mismo resultado, la puerta no se abrió.
"Eh… eso es extraño. Parece que está atascada”.
Irisviel sonrió internamente. 《Sí, querido. Muy atascada》. Pero por fuera, mostró preocupación. "¿Oh, no? ¿Y ahora qué hacemos?"
Shinji observó cómo Shirou comenzaba a mostrarse inquieto. Se frotó la nuca, su respiración parecía un poco más pesada de lo normal.
El propio Shinji también comenzaba a sentirse extraño.
Un calor que no provenía del vapor se extendía por su cuerpo, así como un cosquilleo familiar en su entrepierna, y un pensamientole vino a la mente.
《¿Afrodisíaco? ¡Esa zorra liberó un afrodisíaco en el aire!》
Irisviel salió del agua y salió de la ducha, sin molestarse en cubrirse. Se acercó a la espalda de Shirou, quien dio un paso más hacia la puerta instintivamente, pero no pudo ir muy lejos contra la puerta cerrada.
"Shirou~♥︎". Dijo ella, su voz suave y maternal, pero con un tono subyacente y sensual que hizo que tanto Shirou como a Shinji se le erizaran el vello de la nuca.
"Hace tanto tiempo que no nos bañamos juntos, ¿sabes? Cuando eras pequeño, siempre te lavaba la espalda." Extendió una mano y tocó su brazo. Shirou se estremeció. "Déjame lavarte la espalda, como recompensa por salvarme de ese… bicho aterrador."
Shirou negó con la cabeza con vehemencia, su rostro escarlata. "¡N-no, mamá! Eso es… ¡No es apropiado! ¡Ya soy mayor!"
"Oh, tonterías". Dijo Irisviel con una risa alegre, sus brazos lo rodearon como si le pensara dar un abrazo, pero sus dedos se deslizaron hacia los botones de su camisa.
"Solo soy tu madre. Y estás tan tenso…" Sus manos eran sorprendentemente ágiles, y antes de que Shirou pudiera protestar con seriedad, había desabrochado varios botones.
La combinación del afrodisíaco en el aire, la vista del cuerpo desnudo de su madre y sus tácticas audaces estaban abrumando sus defensas.
"Ma-mamá, para…". Suplicó Shirou, pero su voz carecía de convicción, su mente estaba clavado en la imagen de los pechos desnudos de Irisviel, que ahora estaban a solo centímetros de su espalda.
En cuestión de segundos, Shirou estaba completamente desnudo, su propia excitación evidente e impresionante, incluso para el celoso Shinji.
Irisviel lo guió bajo el agua tibia y comenzó a enjabonar su espalda, sus pechos presionándose ocasionalmente contra él con cada movimiento.
La respiración de Shirou se volvió entrecortada, sus puños se apretaron a los lados.
Shinji lo vio todo, la rabia y la lujuria impotente hirviendo dentro de él, vio cómo la voluntad de Shirou se desmoronaba, ente vio de lado.
En consecuencia, vio cómo Irisviel se movía hacia ese lado, una sonrisa triunfal y maternal fue lo que el pelirrojo vio, ella miró directamente los ojos de su hijo.
Un destello, y Shirou sintió una atracción inmensa.
~Kiss♥︎~
Y luego, Shirou, impulsado por una oleada de deseos que no podía comprender ni controlar, se inclinó y capturó los labios de su madre en un beso profundo y hambriento.
Irisviel respondió de inmediato, enredando sus dedos en su cabello castaño rojizo, un gemido de victoria y lujuria acumulada escapando de su garganta, parecía el momento más esperado y ansiado de la mujer.
Pero para Shinji, fue el momento más agonizante de su vida. La mujer de sus sueños, el objeto de todos sus deseos, estaba siendo besada, tocada, poseída por otro hombre, nada menor por un ser inferior a él.
Y él, no podía hacer nada más que mirar, un espectador invisible y paralizado en el rincón, mientras comenzaba el espectáculo que Irisviel había prometido.
El beso se intensificó, Shirou se paró y se volteó, la abrazo y sus manos se encontraron con las curvas que había estado mirando de reojo, el tacto era suave, quiso más, y apretó el culo suave y elastico de la mujer que vio cómo madre.
Irisviel gimió con placer, pero lo guió hacia la pared de la ducha, prendió la regadera, el agua caliente cayendo sobre ellos, sellando su destino y el tormento de Shinji.
“Mmm♥︎… nah♥︎… mnm♡…”.
El beso pareció durar una eternidad para Shinji, cada segundo una aguja envenenada clavándose en su psique.
Vio como la lengua de Shirou, ese idiota ordinario, invadiendo la boca de la diosa que él anhelaba.
El beso fue una bofetada de lujuria para Shinji. No fue un beso tierno, fue una invasión.
La lengua de ese maldito Shirou, ese imbécil de sonrisa simple, se metió a la fuerza en la boca de *su* diosa, la boca que él había fantaseado con lamer y chupar durante incontables noches.
Shinji pudo ver cómo los músculos del cuello de Irisviel se movían al tragar la saliva de su propio hijo, y un rugido mudo de rabia le quemó la garganta.
Sus ojos, forzados a permanecer abiertos, captaron cada detalle obsceno: las manos de Shirou no se contentaban con tocar; agarraban las nalgas perfectamente redondas de Irisviel, los dedos hundiéndose en la carne pálida y suave como si fuera masa, marcándola, reclamándola.
Las manos de Shirou, callosas por el entrenamiento de espadas y la alquería, se aferraban y amasaban las nalgas perfectamente esculpidas de Irisviel, hundiéndose en esa carne pálida y suave que Shinji solo había soñado tocar.
“!MAlgrr…diþ… to!…”.
Un sonido gutural, algo entre un gruñido y un grito ahogado, trató de escapar de la garganta de Shinji, pero la maldición lo mantuvo en silencio, convirtiendo su rabia en una presión agonizante dentro de su cráneo.
Shinji sintió una punzada de celos tan intensa que le dobló el estómago. Él solo había soñado con acariciar ese culo, y ahí estaba Shirou, estrujándolo como si fuera su derecho de nacimiento.
Irisviel rompió el beso con un jadeo teatral, una línea de saliva conectando sus labios hinchados con los de Shirou. Sus ojos de rubí, ahora vidriosos y llenos de un fuego lujurioso, se clavaron en los de su hijo.
"Shirou... mi buen chico," susurró, su voz un hilacho de miel envenenada. "¿Ves? No hay nada malo en esto. Esto… es natural". Su mano derecha, pálida y delicada, bajó por el pecho de Shirou, sobre su abdomen tenso, y se cerró alrededor de su polla.
No fue un toque exploratorio; fue un agarre firme y posesivo alrededor de la verga que ya palpitaba, gruesa y dura contra su palma, que no podía cerrar con una mano.
Shirou emitió un sonido ahogado, un cruce entre un gemido y un quejido de culpa. "Iris... esto está... mal.. ."
"¿Está mal sentirse bien?". Irisviel frotó la longitud de su pene con una habilidad que hizo temblar a Shirou.
"¿Está mal que una madre le muestre a su hijo todo su amor?, De todas las formas posibles.". Se inclinó entonces, y ante la mirada celosa de Shinji, se llevó la punta de la verga de Shirou a la boca, chupándolo y lameándolo como una puta hambrienta.
“¡Iris!♥︎”.
Shirou gritó, una exclamación cruda de shock y placer, su cabeza se fue hacia atrás, cualquier resistencia restante se desvaneció, ahogada por el afrodisíaco y la abrumadora atracción hacia el cuerpo desnudo de su madre.
Sus propias manos se volvieron más audaces, agarró las tetas pesadas y pálidas de Irisviel, amasándolas con fuerza, sus dedos hundiéndose en la carne suave hasta deformarla con una mezcla de reverencia y lujuria cruda.
"¡Oka-san!...". Gimió, usando la palabra que rara vez pronunciaba, un signo de su creciente rendición, la palabra sonando sucia y prohibida en sus labios.
La rabia de Shinji era un ácido que le corría por las venas. 《¡Él no tiene derecho! ¡Esa boca, esas tetas, ese coño... son míos!, ¡Yo soy el que la desea de la manera correcta!》. Pero sus maldiciones solo resonaban en el vacío de su propio cráneo. Estaba paralizado, un fantasma atrapado en su peor fantasía, No podía cerrar los ojos. No podía dejar de ver.
Irisviel, con una sonrisa de triunfo que cortaba como un cuchillo, se dio la vuelta. Se inclinó sobre el borde de la bañera, ofreciéndole a Shirou la vista que había vuelto loco a Shinji: su culo perfecto, redondo alto y firme, las nalgas pálidas separadas ligeramente, mostrando la entrada rosada de su coño estrechó.
"Shirou♥︎~". Dijo sobre su hombro, su voz cargada de una promesa sucia y goteaba lujuria manipuladora.
"Muéstrame... muéstrame con tu polla cuánto me amas".
Shirou vaciló sólo un instante, su mirada fija en el trasero expuesto de su madre. Luego, con un gruñido que era puro animal, se colocó detrás de ella. Agarró su verga gruesa llena de venas, y guió la cabeza hinchada rojiza hacia la entrada apretada de su propia madre.
La entrada era tan estrecha que tuvo que poner fuerza para poder ingresar la punta, sacándole a él como a Irisviel un grito de placer.
“Oka-san… estas tan apretada…”. Dijo con placer, la punta de su glande había ingresado primero y el placer no tardó en recorrer su polla, el coño carnoso y cachondo de su madre era caliente y estrecho que sintió que casi se corría.
Shinji contuvo la respiración al ver como el hermoso coño pristino y casi sellado de Irisviel se estiraba por la verga de Shirou, un último y desesperado "¡NO!" mudo gritando en su mente y alma, pero fue inútil.
Con un empuje brutal que era pura necesidad carnal, Shirou penetró a su madre hasta el fondo, formando un gran bulto en su vientre plano.
“¡Ahhh~❤️!”.
El grito de Irisviel no fue de dolor, sino de victoria obscena. Un chillido agudo y triunfal que llenó el baño. Su cuerpo aceptó la monstruosa polla de su hijo, y los músculos de su coño apretado, se cerraron alrededor de la intrusión con un espasmo de dolor y placer.
Shirou gritó también, un sonido de shock y éxtasis al sentir el calor y la opresiva estrechez del sexo de su propia madre.
~Splas~ ~Splas~ ~Splas~ ~Splas~ ~Splas~
Y así comenzó la follada tabú entre madre e hijo. Shirou, una vez que cruzó el límite, se convirtió en una bestia.
Y así comenzó el acto depravado de Shirou, una vez que cruzó la línea prohibida, pareció liberar una bestia reprimida, sus caderas se movían con una fuerza y un ritmo que no sabía que poseía, cada embestida era clara y resonante en la pequeña habitación.
Sus caderas se estrellaron contra las nalgas de Irisviel con una fuerza salvaje, cada embestida produciendo un sonido húmedo y nítido de carne contra carne.
El agua salpicaba por todas partes, el vapor se elevaba alrededor de sus cuerpos entrelazados, como un espectador más de este incesto prohibido y placentero, madre e hijo, ahora convertidos en amante y amado, en una danza de tabúes rotos.
"¡Sí❤️, Shirou! ¡Justo ah💓í!”. Irisviel era una furia vocal y entusiasta. “¡Tu polla es tan grande💞... me está desgarrando💗! ¡Me llenas por completo💕!"
Sus palabras eran cuchillos para Shinji. Ella miró por encima del hombro, y sus ojos se encontraron directamente con los de él, el espectador invisible.
Y sonrió.
Una sonrisa de desprecio y burla.
《Mira, gusano. Mira lo que está mujer realmente quiere, ¿Ves lo que nunca tendrás?》. Fue lo que su sonrisa transmitía, solo para deformarse en un 0 cuando la polla golpeó la boca de su útero.
“¡Si❤️!... ¡Shirou!, jode el coño💕 cachondo de tu madre💓, jódeme con tu pollaaaah❤️!…”. Irisviel volvió rápidamente a su contraparte vocal y entusiasta, sus gemidos eran melodiosos y placenteros, con un toque calculado, cada uno diseñado para enloquecer y para torturar a Shinji, y sobre todo para encender aún más la lujuria de Shirou, quien movió su polla en un ángulo diferente, golpeando un punto dulce de Irisviel.
"¡Sí, Shirou💕! ¡Justo ahí💞! ¡Tu polla es tan grande💓... tan caliente❤️! ¡Me llena por completo💗!". Sus palabras eran dardos envenenados para el espectador invisible,
Shinji sentía que se volvía loco. Su propia polla, patética y pequeña en comparación, se había puesto dura en sus pantalones, humillándolo aún más, la lujuria que sentía por Irisviel se retorcía y se deformaba en algo oscuro y envidioso.
Quería ser Shirou.
Quería ser el que estaba penetrando ese coño divino.
Quería ser el que hacía gritar a esa mujer como una zorra en celo.
Al mismo tiempo, lo odiaba.
Odiaba a Shirou con cada fibra de su ser por tener lo que él codiciaba.
Odiaba la polla de Shirou infinitamente más grande que la suya, sobre todo odiaba la estúpida expresión de éxtasis de Shirou al follar el cuerpo que tanto deseaba.
¡¡Odiaba la existencia misma de Shirou con cada fibra de su ser en ese momento!!.
Pero lo único que podía hacer era mirar como la mujer que tanto anhela era follada salvajemente por el hombre que tanto despreciaba.
El espectáculo continuó, volviéndose más intenso y creativo.
Irisviel guió a Shirou para que se recostara, y luego se montó sobre él, ensartandose en su verga con un gemido largo y satisfecho, cabalgándolo con una gracia salvaje que era hipnótica de ver.
Irisviel cabalgó a su hijo con una energía frenética, sus tetas balanceándose salvajemente sobre el rostro de Shirou. Él, en un arrebato de lujuria filial, se alzó y tomó uno de sus pezones en la boca, chupándolo con fuerza pero mordiéndolo suavemente como un bebé, al mismo tiempo lamio y succiono la cereza con la ferocidad de un hombre.
"¡Ah! ¡Shirou! ¡Sí!" gritó Irisviel, arqueando la espalda en un éxtasis teatral, sus manos se apoyaron en sus pectorales con fuerza. "¡Chupa las tetas de tu guarra madre!, ¡Hazme sentir bien!, ¡Hazme tu puta!".
Shinji pensó que vomitaría de rabia, si tan solo pudiera controlar sus músculos, al mismo tiempo sintió excitación al ver, una combinación enfermiza que lo hacía sentirse sucio por dentro.
Esta era la mujer de sus sueños, degradándose voluntariamente a una puta necesitada para su hijo, Y lo peor de todo era que una parte de él, la parte más baja y depravada, encontraba la escena increíblemente excitante, la cosa más excitante y depravada que había visto.
Su propio miembro, traicionero y débil, se había endurecido en sus pantalones, una respuesta humillante a la profanación depravada que estaba presenciando.
Irisviel, como si pudiera sentir su conflicto, cambió de posición una vez más, poniéndose a cuatro patas, luego, meneó su culo provocativamente. "Shirou". Jadeó. "Por detrás, Quiero que me folles el culo, quiero sentirlo... quiero tu leche ahí."
Shirou, ahora completamente perdido en el acto, obedeció, sin dudarlo, agarrando la fina y esbelta cintura de su madre, y guió su polla, ahora resbaladiza por los jugos de su madre, hacia su ano virgen.
~¡¡¡Plas!!!~
La penetración anal fue violenta, aún más violenta que la penetración a su coño. Irisviel gritó, un sonido genuino de dolor y sorpresa esta vez, ella se inclinó hacia adelante como si se rindiera, mientras Shirou le abría el culo a la fuerza.
Shirou no espero, al ingresar su polla hasta la empuñadura, comenzó a embestirla.
~¡Plas!~ ~¡Plas!~ ~¡Plas!~ ~¡Plas!~ ~¡Plas!~
Sus embestidas eran profundas y brutales, y conforme pasaba el tiempo fue aún más violento, los golpes de sus caderas contra las nalgas de Irisviel producían un sonido húmedo y nítido.
Los gemidos de Irisviel se volvieron más guturales, menos coherentes y más llenos de éxtasis, parecía que incluso ella, la arquitecta de esta locura, estaba siendo arrastrada por la corriente del placer tabú.
Shinji fue forzado a verlo todo, cada detalle.
El coño de Irisviel, rojo y usado, goteando sus fluidos vaginales de placer.
El ano estirado alrededor de la polla de Shirou.
La expresión de éxtasis y sumisión en el rostro de la mujer.
El sudor que se mezclaba con el agua en la espalda de Shirou, y los movimientos salvajes de su cintura al golpear el culo suave y redondo de Irisviel.
Sobre todo vio la expresión de éxtasis absoluto en el rostro de Irisviel, la forma en que su cuerpo perfecto se movía y respondía a cada embestida.
Era un infierno personalizado, una tortura diseñada específicamente para sus más profundas obsesiones e inseguridades.
Era su pesadilla viviente, un infierno lleno de lujuria, traición, tabú y depravación de la que tenía prohibido formar parte.
Finalmente, con un rugido gutural, Shirou se corrió, vaciando su semilla en lo más profundo del recto de su madre.
“¡¡Hyaaahhhh❤️❤️~💦💦~!!”.
Irisviel gritó con él, su cuerpo convulsionándose en un clímax anal intenso, su cuerpo convulsionándose en una ola de placer abrumador para la mujer.
Un placer nacido del placer tabú entre una madre y un hijo, o el placer nacido de una mujer al traicionar a su marido y un hombre al quitarle su mujer a otro, Shinji no podía distinguirlo.
El silencio fue peor que los gritos.
Roto solo por el sonido del agua cayendo y la respiración jadeante de la pareja, fue más elocuente que cualquier gemido.
Shirou se desplomó sobre la espalda de Irisviel, exhausta, su mente probablemente una confusión de culpa y satisfacción.
Irisviel, jadeando, volvió su cabeza hacia la esquina de Shinji una vez más, su sonrisa era triunfal, sus ojos brillaban con un poder siniestro.
“¿Ves, Shinji-kun?”. Susurró, su voz apenas audible sobre el suevo, pero extrañamente muy audible en la cabeza del peliazul. "Este es el precio por mirarme con malos ojos, y esto... solo es el comienzo”
Con otro destello de luz roja, la prisión de Shinji se disolvió. Se encontró de repente fuera del baño, en el pasillo, tambaleándose y jadeando, su cuerpo empapado de un sudor frío.
La puerta del baño seguía cerrada. Desde dentro, podía oír los suaves murmullos de Shirou e Irisviel.
Miró hacia abajo, a la evidente pequeña protuberancia en sus propios pantalones, y una ola de autodesprecio tan abrumadora lo engulló que casi se desmayó.
No solo había sido testigo de su propia pesadilla, sino que su cuerpo había traicionado su más profundo deseo.
Se alejó tambaleándose de la puerta, la imagen de Irisviel siendo follada brutalmente por Shirou quedó grabada a fuego en su mente para siempre.
Su obsesión había mutado en algo oscuro, rencoroso y peligroso.
¡Quería venganza!.
De alguna forma follaría a esa mujer y haría que su 'amigo' presenciara todo el acto.
Pero era algo con lo que solo soñaría.
Ya que Irisviel no lo dejaría ir tan fácilmente.
.........
El destello rojo que lo expulsó del baño no fue un alivio, sino el comienzo de un nuevo nivel de tortura.
Shinji se encontró de nuevo paralizado, se movió contra su voluntad hacia una dirección, pero esta vez no dentro del baño, sino justo afuera, frente a la puerta.
Irisviel lo había reposicionado, convirtiéndolo en un espectador fijó, un títere forzado a presenciar el resto del acto sin la relativa "intimidad" de la habitación de vapor.
La puerta, que antes estaba cerrada, ahora era transparente para sus ojos, como un vidrio de un solo sentido, podía ver y oír todo con una claridad espeluznante, pero él era invisible, un fantasma atrapado en el pasillo.
Dentro, la escena había evolucionado. Shirou, lejos de sentirse abrumado por la el cansancio o la culpa follar a la mujer de su padre, parecía haber abrazado una bestialidad recién descubierta.
El afrodisíaco, combinado con el tabú roto y la respuesta ardiente de su madre, lo había transformado.
Ya no era el chico torpe y noble, sus ojos tenían un brillo posesivo y hambriento mientras observaba el cuerpo blanco de Irisviel, que yacía jadeante en el suelo húmedo.
"Parece que solo fue el comienzo, mi buen chico". Murmuró Irisviel, una sonrisa lasciva en sus labios. Extendió un pie, deslizando la planta por el muslo de Shirou.
"Tu... polla... todavía está muy dura. ¿No crees que una madre debería ocuparse de todas las necesidades de su hijo?"
Shinji, desde la prisión de su mente, quiso gritar. 《¡Cabrón!, ¡Aléjate de ella!》. Pero sus protestas eran ecos mudos.
Shirou no se alejó. Con un gruñido bajo, agarró el tobillo de Irisviel y arrastró su cuerpo hacia él.
"Tienes razón, Oka-san". Dijo, su voz áspera por el deseo. "Y un hijo también debe... atender a su madre."
Lo que siguió fue una sucesión de poses y actos que grabaron cada centímetro del cuerpo de Irisviel en la memoria de Shinji con fuego y sal.
Shirou levantó el cuerpo de su madre y la sentó sobre el lavabo, ella sintió el mármol frío contra sus nalgas calientes.
Él se paró entre sus piernas abiertas y se inclinó, no para penetrarla, sino para enterrar los dedos de su mano derecha en su coño, que aún goteaba su propia semilla mezclada con sus jugos.
Shinji vio con horror y una excitación enfermiza, cómo los dedos de Shirou se enteraba y exploraban los labios hinchados y rojos de su madre, masturbadola con una devoción perversa.
Irisviel gimió, sus dedos se enredaron en el brazo de Shirou, empujando su mano más profundamente contra su sexo.
"¡Sí, Shirou! ¡Llena con tus dedos el coño cachondo de tu madre! ¡Ohhh, que bien siente!".
Shinji podía oír los sonidos húmedos y obscenos de los dedos de Shirou trabajando en su coño.
Una vez ‘trabajada’, Shirou la bajó y la guió hacia el inodoro, la volteó y la puso de rodillas sobre el inodoro.
Esta vez, no fue su ano lo que buscó. Guió su polla, aún empapada y dura, hacia su vagina, que ya había sido violado una vez.
La penetración fue más fácil esta vez, pero no menos violenta.
“¡¡Hiiiihhh💕💕!!”. Irisviel gritó, un sonido que era mitad dolor, mitad placer, mientras Shirou le follaba el coño con embestidas profundas y regulares.
Shinji veía cómo la concha de Irisviel era penetrada y estirada alrededor de la base de la verga de Shirou con cada embestida, cómo sus nalgas se enrojecían con cada impacto.
Tal Vez por lo sensible que estaba o por querer llena con su semilla el útero de su madre.
Shirou rápidamente llegó al clímax de nuevo, Irisviel chillo con felicidad al sentir la semilla dentro de su matriz, y Shinji fue forzado a ver cómo el exceso de semen blanco y espeso goteaba por sus muslos internos.
Pero sin darse tiempo para recuperarse, Shirou la tumbó boca arriba en el suelo y le levantó las piernas sobre sus hombros.
Desde esa posición la penetró de golpe.
“¡¡Ahhh💗!!”. Como era de esperar Irisviel gritó con júbilo, su follada era aún más profundas, cada embestida golpeando el cuello de su útero.
Los gritos de Irisviel se volvieron más agudos, más desesperados, pero no de angustia, sino de un éxtasis abrumador.
"¡Ahí! ¡Justo ahí, Shirou! ¡Me vas a hacer venir!" Y lo hizo. Shinji vio cómo el cuerpo de Irisviel se convulsionaba en un orgasmo violento, sus músculos internos apretando la polla de Shirou con fuerza, quien, con un rugido eyaculó por tercera vez, llenando su vientre ya lleno con otra oleada de su semilla caliente.
Así continuó, en un ciclo interminable.
Contra la pared, con Irisviel de pie y agarrándose al borde del lavabo para no caer.
En la bañera, con ella a cuatro y de espaldas, y él encima, el agua salpicando por todos lados.
Shirou sentado en la posición de loto en el suelo, con Irisviel cabalgándolo frenéticamente, sus tetas balanceándose frente a su rostro.
Shinji lo vio todo.
Vio cómo el cuerpo perfecto de Irisviel se cubría de moretones y marcas de dedos.
Vio cómo su coño, inicialmente apretado y estrecho, se volvía rojo, hinchado y bien usado, goteando constantemente el semen de su hijo.
Vio cómo su ano perdía su estrechez, quedando rojo y marcado.
Vio la expresión en su rostro, que oscilaba entre la de una actriz porno que solo quería ser rota por una verga y la de una mujer arrastrada por la ola de lujuria feliz y placer incestuoso.
Las horas pasaron, el agua caliente se acabó y la ducha goteaba agua fría, el vapor se disipó, y aún así, continuaron.
Shirou parecía tener la resistencia de un toro, su polla siempre encontraba la manera de volver a erguirse, impulsada por el afrodisíaco y el placer tabú.
Irisviel, aunque fatigada, nunca se negaba, siempre encontrando una nueva forma de incitar a su hijo, iniciando siempre un nuevo ángulo para ser penetrada.
Shinji fue testigo de todo.
Cada gemido, cada golpe, cada eyaculación. Su propia excitación y erección había sido una constante y humillante compañera la primeras 2 veces, pero ahora incluso eso comenzaba a ceder, reemplazado por un entumecimiento frío y un odio profundo.
El deseo se había convertido en repulsión, la lujuria en asco, la obsesión en un rencor venenoso.
Finalmente, cuando la primera luz del amanecer comenzó a filtrarse por la ventana del baño, la bestia en Shirou pareció saciarse.
Él e Irisviel yacían en el suelo frío y húmedo, entrelazados, cubiertos de sudor, semen, jugos vaginales y fatiga.
Estaban dormidos, o al menos inconscientes, el cuerpo de Irisviel usado y marcado como el de una puta follada por muchos hombres, y el cuerpo de Shirou agotado pero victorioso.
En ese momento, la maldición de paralización sobre Shinji se disolvió momentáneamente.
Este se desplomó de rodillas en el pasillo, jadeando, su cuerpo dolorido por horas de inmovilidad. Levantó la vista una última vez hacia la puerta transparente.
La imagen de Irisviel, poseída, usada y profanada por su hijo, estaba aún más grabada a fuego en su alma.
No había lujuria ahora.
Solo un vacío frío y una determinación rota.
Irisviel había querido castigarlo, mostrarle su lugar.
Y lo había logrado.
Todo gracias a que Shinji Matou había sido testigo del pecado definitivo, por hacerlo espectador de su propia pesadilla.
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El débil rayo de sol de la mañana que se filtraba por la ventana del baño encontró a Shinji aún arrodillado en el pasillo, su cuerpo entumecido y su espíritu hecho añicos.
La imagen de Irisviel, usada y marcada, dormida plácidamente en el pecho de Shirou, era una herida fresca en su mente.
Creía que el tormento había terminado.
¡Qué equivocado estaba!.
Un destello rojo familiar, apenas perceptible, envolvió su cuerpo nuevamente.
La maldición no se había levantado; solo se había reajustado. Se encontró una vez más paralizado, pero esta vez su punto de vista había cambiado.
No estaba en el pasillo, sino dentro del dormitorio principal, el santuario de Kiritsugu e Irisviel.
Se encontraba en una esquina, un mueble fantasma forzado a presenciar el siguiente acto de esta tragedia lasciva.
