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Flores y mandarinas

Summary:

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Nami está enamorada de Robin pero decide mantenerlo en secreto sin embargo eso le causó muchos problemas no por ella sino por alguien que supo aprovecharlo. Debido a un espiral marino, la tripulación se separa en una isla qué casi nadie encuentra. En un inicio parece un lugar como cualquiera pero no se esperan las tragedias que iban a ocurrir.
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Se sitúa después de la Isla Gyojin, aviso para evitar spoilers.
Hubo algunos cambios para la historia.
Espero que lo disfruten.
Todos los personajes pertenecen al mangaka Eiichirō Oda de la serie "One piece".

Chapter Text

Nami despertó lentamente en su habitación, en su lado estaba su única amiga, Nico Robin, la contempló durante un buen rato admirando su belleza, no la envidiaba de hecho la adoraba, le parecía sumamente inteligente, serena y sobretodo sabía que podía contar en ella. De repente recordó el momento exacto donde la pelinegra suplicó vivir con sus ojos lleno de lagrimas. Sonrió con tristeza, fue la primera y única vez que la vio tan vulnerable y rota, desde aquel momento se prometió protegerla y ayudarla si algo la volvería hacer sentir así. Acercó su mano para acariciarla pero se detuvo.

<<no debo hacerlo>>—pensó. Se paró y se salió de la habitación sin hacer ruido. Escuchó una melodía agradable y se dio cuenta que Brook estaba tocando música mañanera, ya no tardarían en despertar los demás. Contempló el clima y aseguró que todo estaba bien, era un día caluroso y soleado, la brisa era placentera y ondeaba su cabello suavemente.

—¡COMIDAAAA! —gritó una voz emocionada y unos pasos ajetreados se escucharon. Nami supo quienes eran así que suspiró. —¡tengo hambre!—Luffy entró a la cocina dejando atrás a Sanji, Zoro y Usopp quienes acababan de despertar.

—¡espera idiota! —gritó el cocinero del barco no sin antes de saludar a la navegante con unos ojos en forma de corazón y esta le respondiera el saludo.

—vaya, si que no tardaron. —comentó la navegante.

—buenos días Nami.

La pelinaranja tensó un poco sus labios, volteó hacia donde provenía el suave saludo que le parecía encantador pero desgarrador a la vez encontrándose con unos ojos azules intensos en las que se perdería en un mar profundo si nunca apartase su vista.

—buenos días Robin. —saludó con una sonrisa.

Después de haber desayunado y tomado una ducha, Nami estaba monitoreando el mar, todo parecía normal pensado que podía relajarse hasta que el Sunny empezó a moverse de un lado a otro violentamente provocando que todos los tripulantes se aferrarán a algo para evitar caerse. En el mar se escuchaba un ruido como si se tratase de un remolino.

—no puedo controlar el timón. —gritó Franky.

—¿que es esto? ¿de repente hay algo abajo? —preguntó Usopp.

El barco viró rápidamente siendo absorbido por completo gracias al fenómeno. Los Mugiwara fueron arrastrados con fuerza provocando que se separaran mientras perdían la conciencia en una vasta oscuridad.

*****

La arqueóloga abrió los ojos despacio, se tocó la frente con debilidad como si eso frenará sus mareos.

—Robin ¿estás bien?—preguntó suavemente la navegante ayudándola a levantarse.

—si. Todo esta bien.

—que bueno, me alegra. —Nami sonrió aliviada y después la deshizo. —no sé en que isla estamos, el Log Pose nunca me indicó que había una cerca.

Se situaban en las costas, parecía ser un lugar normal pero la pelinaranja tenía un mal presentimiento así que se dispusieron a caminar, la prioridad era buscar a los demás. La navegante se seguía cuestionándose porque el Log Pose nunca había indicado que había una isla próxima, ¿algo estaba bloqueando el magnetismo u ocultándolo? sin embargo, se percató también que estaba sola con la persona que la hacía sentir un poco incómoda, no por estar con ella sino porque sabía que le sería difícil aparentar por un buen rato naturalidad.

Nami sabía que no debería tener sentimientos por Nico Robin, no recordaba el momento exacto en el que empezó a quererla de otra forma, quizás fue por las interacciones que tenían entre ellas y surgió ese sentimiento extraño pero conforme pasaba el tiempo lo asimiló y lo aceptó para sí misma considerando que no tenía caso ya que sabía que su amiga no tenía esos sentimientos de ese tipo, era mayor, aunque si bien era lo de menos ya que creía que la edad solo era un número, sin embargo lo que le atormentaba constantemente era que a la pelinegra le gustara el estúpido espadachín, había visto como ha interactuado bastante con él así que aseguraba que su amiga estaba interesada, por esta razón decidió no hacer nada y guardárselos, le ha costado mucho trabajo fingir que no le afectará pero por más que lo hacía solo sentía el dolor crecer como un globo, así que ha intentado alejarse de ella para intentar apaciguarlo y evitar que explotara. Si bien, ha llegado el punto de que a veces desearía borrar por completo esos sentimientos ya que no le aportaban nada más que sufrimiento.

—¿estas bien Nami? —preguntó Robin con un atisbo de preocupación tocando el hombro suavemente de su compañera, la notó demasiado pensativa y cuando se ponía así sabía que algo malo rondaba en su cabeza.

—todo bien Robin, gracias por preguntar. —sonrió Nami forzadamente.  —Vayamos a buscarlos.

Siguieron caminado en las costas sin notar algún peligro, continuaron hasta que se toparon con un sujeto sospechoso. Llevaba un sombrero vaquero, una gabardina que cubría su cuerpo completo y unos lentes de sol, ambos de color negro, también llevaba un paliacate rojo con patrones de color amarillo que cubría la mitad de su rostro, solo se mostraba en su cintura un cinturón de cuero donde portaba una espada rota.

El sujeto les lanzó una mirada impasible y de repente lanzó una bola de humo azul en los pies de las chicas, la arqueóloga empezó a debilitarse mientras que de pronto apareció el sujeto para propinarle un puñetazo entre la humarada , Nami lo notó y se puso entre ellos para recibirlo en su lugar provocando que fuera lanzada hacía atrás.

—¡NAMI! —gritó Robin y volteó a ver al desconocido lanzándole una mirada llena de furia cruzando sus brazos —¡10 fleurs! —aparecieron y lo sometieron. —¡no te perdonaré por golpearla! 

—el perdón no es más que una farsa para huir de la culpa, señorita. —habló por fin el hombre, no parecía aterrado por ser apresado por la habilidad de la pelinegra ya que esta estaba debilitada y agitada. Agarró su espada rota y con la misma mano empezó a darle forma convirtiéndola en una enorme espada negra y gruesa, en un abrir y cerrar la blandió haciéndole daño a la mujer liberándose del agarre. —si que este humo de Kairoseki es bastante efectivo pero no te preocupes, mi intención es realmente llevarme a esa chica. —dijo señalando a Nami quien yacía tirada en la arena inconsciente, un hilo de sangre salía de su sien.

Como último movimiento el sujeto golpeó a Nico Robin tirándola al suelo, pasó aún lado de ella acercándose a la navegante y la cargó poniéndola sobre su hombro.

—N....Nami....—nombró con dificultad la pelinegra, el humo había penetrado directamente a su cuerpo además el puñetazo que recibió le dio de lleno. Se preguntó como logró darle forma a su espada ya que si era un usuario de la fruta del diablo, ¿porque no le había afectado el humo?

—Si quiere vivir, le recomendaría que no se moviera más señorita. —miró a Robin indiferente por última vez y se fue con la navegante en su espalda dejándola atrás.

La mujer intentó moverse pero no podía, en su interior sintió una impotencia enorme de no poder rescatar a su amiga por los efectos de la piedra marina además sus brazos estaban dañados por la habilidad del extraño.

<<no puedo.....no puedo permitirme que se lleven a Nami, tengo que hacer algo>> —pensó desesperadamente mirando como se alejaba cada vez más su amiga y el sujeto, intentó arrastrarse pero no lo logró, su vista se empezaba a nublarse cada vez más perdiendo la consciencia poco a poco. —Nami....—llamó finalmente antes de caer rendida.