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Declive a la locura

Summary:

La rivalidad entre el Rey de Halloween y el Rey del Deseo era evidente para el mundo, sin embargo esta no era la realidad del vínculo fuerte que los unía, una relación que en secreto se mantuvo hasta el día que Skully dejó este mundo.

Este es un relato en parte fantasioso de un intenso romance entre Skully y Swing, una historia de amor que se desarrolla durante la travesía de Skully por Twisted wonderland para difundir su amado Halloween. Esta es mi versión del pasado misterioso de Swing y cómo Skully fue el causante de su algo desquiciante personalidad

La traducción al español de este evento del juego está en mi canal de YouTube: Hikari Phantomhive

Notes:

Esta historia mezcla una parte de los datos dados durante el evento, otra parte es una fantasiosa realidad del romance entre Swing y Skully.

No utilizo el nombre de Swing para el Rey del Deseo porque en esa época al parecer tenía otro nombre. Espero que disfruten de esta historia, y disculpen cualquier error o idea demasiado absurda, es una visión personal de lo que pudo ocurrir entre ellos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

En una época pasada una absurda rivalidad se hacía evidente al acercarse la festividad del treinta y uno de octubre, así lo percibía Skully J. Graves al sentir el acecho de un peculiar hombre que como un ruin delincuente quería apoderarse de su amado Halloween. Sin embargo, ¿cómo podría robar algo que no era suyo en sí? La alegría de celebrar Halloween no le pertenecía, era de quien decidía dejarse llevar por la emoción de festejar este día con dulces, música y disfraces. Un anhelo de genuina felicidad que nació de lo más profundo de su corazón para compartir al mundo una vez que se graduó como mago en Night Raven College.

A pesar de que la magia era parte de su ser y le ayudaba a organizar esta celebración, era muy consciente que Halloween poseía su propia magia para atraer los corazones de la gente, pero para despertar esa magia debía dar a conocer primero de qué trataba esta fiesta que era aún desconocida en Twisted Wonderland, lo que se convirtió en su misión de vida. Teniendo más de treinta años se sentía satisfecho al ver cómo su esfuerzo empezaba a dar frutos, difundir Halloween en diferentes lugares del mundo le llenaba de una gran satisfacción, aunque todavía le faltaban muchas ciudades y países por recorrer.

Su estrategia para dar a conocer Halloween no era difícil, pero si era necesario disponer de tiempo, armarse de persistencia y buena disposición, al llegar a una ciudad, establecerse allí para formar amistades, un aspecto que le resultaba fácil por su carácter entusiasta y amable. Una vez que formaba un círculo de amigos de confianza en esa ciudad, les incitaba a celebrar Halloween, entonces en medio de esos preparativos otros habitantes de esa ciudad se animaban a involucrarse, ¿quién no querría participar en una fiesta que sonaba tan divertida?

En el transcurso de esos meses antes de finales de octubre, organizaba su tiempo para viajar unos días a las ciudades que anteriormente visitó para confirmar que estuvieran haciendo los preparativos para el Halloween de ese año. Con alegría se daba cuenta que su semilla de amor por esta preciada fiesta se mantenía en el corazón de los lugareños, incluso se había esparcido a pequeños pueblos cercanos. Solo imaginar lo grandiosa que sería la celebración del treinta y uno de octubre, para la que faltaba unas pocas semanas, hacía acelerar el latido de su corazón con emoción.

Mas esta alegría se esfumó al ver como uno de esos pueblos que conocía de Halloween por haberlo celebrado antes no tenía nada preparado a pesar de la fecha, ante esta novedad un poco confundido y preocupado se acercó a la casa de uno de sus amigos para averiguar lo ocurrido. Un frío saludo y una vaga respuesta recibió a su duda, aquello bastó para resaltar el mal carácter que Skully guardaba tras su amable sonrisa, dejándose llevar por su enojo de forma inmadura entabló una acalorada discusión, en lugar de hallar una razón a tan inesperado cambio de opinión. La reacción de los que allí vivían fue unánime al echarlo del pueblo por su infantil berrinche, mientras Skully trataba de calmarse en las afueras escuchó una risita burlona resonar, lo que solo le irritó más al sospechar quién era.

—Y algunos que empezaban a llamarte “Rey de Halloween”, mira qué actitud tan ridícula muestras, nada digna de un rey. —En medio de esa socarrona risa una voz grave comentaba con mucha malicia para provocarlo.

—Tú, ¿qué hiciste…?

Cuestionó muy enojado al reconocer esa voz en medio del desolado bosque en las afueras de aquel pueblo, al parecer ese tipo mal encarado que constantemente lo seguía estaba tras esta situación, era un verdadero fastidio solo imaginar su gesto de satisfacción por esta travesura. Hace unos pocos años había conocido a este hombre descendiente de hadas que con un corazón corrompido en el más absoluto egoísmo quería tomar lo que no era suyo, aún si sus caprichos provocaran la desdicha a muchos. Hasta ahora solo había creído que era un fanfarrón molesto, pero al sentir el trato hostil de los amables habitantes de ese pueblo, parecía que tomó serias medidas para satisfacer su propio objetivo, lo que significaba una amenaza contra su querido Halloween.

— ¿Por qué te enojas tanto por un pueblo insignificante? —Con desdén le cuestionó con el afán de seguir provocándolo— …Oh, para su majestad es una ofensa grave, lo siento por herir su frágil ego.

—Sea un pueblo grande o pequeño, lo importante es que celebren Halloween, ¿cómo pudiste quitarles esa alegría?

—Yo no les quité nada, solo se enteraron que Halloween es una tontería, tampoco les gustó saber que te aprovechaste de ellos, que eres un vividor que se establece en pueblos para vivir a costa de sus trabajos, ¿y sabes que más supieron…?

—¿Qué más mentiras les dijiste?

—Bueno, fue un año malo para sus cosechas, así que solo acerté a decir que celebrar Halloween atraía espíritus malos y eso provocaba que sus productos se dañaran. Es increíble como los humanos pueden ser tan ingenuos…

Skully crujía sus dientes por el enojo al escuchar su perversa táctica, no creía que alguien sería tan malvado al usar una treta cobarde para opacar el trabajo de otro que no tenía ninguna mala intención, tampoco era un “vividor”, como aseguró al difamarlo. La verdad era que en cada pueblo o ciudad que llegaba lo hacía de la manera más humilde, sabía que solo así podía ganarse la confianza de sus habitantes, por ello procuraba trabajar y convivir con ellos, como iguales, tampoco se jactaba de ser un rey, ese era un título otorgado que como broma entre sus amigos empezó a cobrar fuerza. Lo más infame del asunto era que seguramente él había provocado estos perjuicios a propósito en las cosechas de la gente para dar credibilidad a sus mentiras, ¿cómo podía haber alguien tan inescrupuloso y envidioso? ¿Qué daño le provocaba que la gente celebrara este tipo de fiesta una vez al año?

Su enojo aumentó al ver su cínica sonrisa al dar finalmente la cara, ese que aparecía frente suyo era el “Rey del Deseo”, quien se había encaprichado en arrebatarle Halloween, sin ningún motivo aparente, pues en esos años nunca lo había desafiado de ninguna manera, es más en varias ocasiones lo había invitado a celebrar juntos, tal vez allí radicaba su fastidio, es lo que pensó. Al principio solo lo vio como un tonto capricho de su parte, una rivalidad que no le afectaba, más bien lo alentaba a seguir porque si el “Rey del Deseo” quería arrebatarle esta dicha era porque Halloween comenzaba a cobrar validez y relevancia en el mundo.

Sin embargo, esta era una jugarreta bastante sucia, aún así había funcionado y podía aplicarla en otros lugares al esparcir tan horribles rumores, así que se dispuso a detenerlo. Así Skully preso de su enojo empezó a lanzar su magia al azar, aunque era un adulto en ocasiones podía actuar de forma infantil al enfadarse, lanzando calabazas de forma descontrolada no acertaba a golpearlo, pues su rival con un nivel mayor de agilidad y poder mágico muy fácilmente evitaba su ataque impreciso, todo sin borrar la risa burlona de sus labios que solo lo fastidiaban más.

— ¿Por qué me molestas? ¿No tiene el año otros días? Solo agarra uno de esos días y crea tu propia festividad, incluso no me molesta si es una fiesta similar a Halloween.

—Eso suena muy arrogante, ¿no te molesta? ¿Me dices qué necesito tu permiso?

—Solo déjame en paz, ¡deja Halloween en paz!

—No puedo, cuando el Rey del Deseo quiere algo nada le impedirá obtenerlo, ¿cuántas veces te lo he dicho?

—Entonces juega limpio, no hagas canalladas de este tipo, esta gente trabaja duro y no deberías arruinar su fuente de ingreso solo por satisfacer tu absurda codicia. —Con el respirar agitado le regañaba sintiéndose agotado por el esfuerzo de enfrentarlo, sin que él pareciera ni siquiera un poco afectado, aún cuando se sentía frustrado al saber que en este enfrentamiento no ganaría, no se rendiría. Entonces de repente se paralizó al sentir su respirar detrás suyo mientras uno de sus brazos rodearon su cintura con firmeza, esa cercanía más que temerle lo hizo estremecer.

—Así que te preocupa más su bienestar que el hecho que les quitara Halloween, que humano tan loable eres.

— ¡Suéltame!

—Solo quiero bailar contigo —En un susurro decía sin intención de dejarlo ir, al sentir su forcejeo al tratar de soltarse de su agarre solo le provocaba aferrarse más a su cuerpo para fastidiarlo, complaciéndose en el estremecer que le provocaba empezando a moverse en un vaivén suave lo obligaba a bailar lento mientras percibía el aroma de su cabello en esa posición.

— ¡No quiero bailar con un idiota como tú!

—Estás temblando, y tu cara parece estar muy roja… ¿No me digas que esto te inquieta? ¿No bailas así con tus amigos?

—Tú no eres mi amigo.

—Pero podríamos serlo, tal vez así podría dejar de jugar sucio y dejarte en paz, incluso podría cambiar mi deseo.

— ¿De qué hablas?

Era la pregunta de Skully sin entender las intenciones tras esas palabras, ¿acaso lo estaba chantajeando?, ¿lo dejaría en paz si le permitía hacer lo que podía intuir por este indecente roce de sus cuerpos? No era tan inocente para no saber qué pretendía al abrazarlo así, al susurrarle de la manera coqueta que lo hacía, ¿al fin mostraba sus verdaderas intenciones? Quizás lo que realmente deseaba era a él y Halloween era solo un pretexto para acercarse, se había convertido en el objetivo de su deseo, un deseo que se había convertido en una insana obsesión, parecía cobrar sentido.

Pero que tonto era querer llamar su atención de esta manera, probablemente si hubiera aceptado sus invitaciones de antes, habría surgido algo entre ellos, no lo descartaría pues de alguna forma tampoco le resultaba indiferente, lo que se evidenciaba al estremecerse por su cercanía. Muchas dudas se amontonaron en su cabeza, algunas sensaciones en su cuerpo también despertaron en esta interacción, aunque no era la primera vez que interactuaba así con alguien de su mismo sexo, probablemente él había notado sus preferencias, y tal vez por ello despertó su interés, ciertamente estaba confundido por el rumbo que había tomado esta supuesta rivalidad.

No creía que él era su tipo, un acosador que había estado pendiente de sus pasos en estos últimos años, todavía no podía creer que por su aparente fastidio en realidad ocultaba una fuerte atracción, la que parecía corresponder por la reacción de su cuerpo. En un impulso empezó a restregar con firmeza su trasero a su entrepierna para provocarlo mientras jadeaba muy bajito, pensó que así lo intimidaría, pero al contrario este siguiéndole el ritmo parecía excitarse también, confirmando así sus intenciones.

— Señor Graves, ¿hace cuánto no tiene sexo? —Cuestionó burlón aferrándose más a su cuerpo, deleitado en su aroma.

—Debes saberlo, pareces estar muy pendiente de lo que hago.

—No estaba tan pendiente de ti, no vigilaba tu cama… Pero supongo que tu último novio fue ese tipo de aquel pueblo hace dos años, desde entonces nadie te ha tocado, ¿verdad?

—Eso no te interesa…

Skully murmuró avergonzado al sentirse descubierto, ciertamente esa fue su última relación casual, un leve gemido se le escapó al sentir como una de sus inquietas manos acariciaba su pecho, con tal firmeza que estimulaba sus pezones, una zona sensible que lo encendía en deseo enseguida. No necesitaba más confirmaciones sobre su peculiar interés que le despertó, al parecer todo este tiempo no estuvo detrás de Halloween, así que si esta era una ventaja a su favor la aprovecharía.

Parte de su vida era la satisfacción personal por celebrar Halloween, pero también era un hombre adulto con sus propias necesidades, anhelaba encontrar el amor como cualquiera, un alma afín con quien compartir su tiempo. Obviamente no había hallado a alguien especial todavía y dudaba que este tipo grosero lo fuera, aún así ¿por qué no usarlo para saciar sus ansias? Tal vez como dijo al ceder a su capricho finalmente lo dejaría en paz y a la vez podría pasar un rato agradable, también se merecía un agasajo de vez en cuando.

Podría usar esta tensión para un mayor disfrute, el ambiente era propicio para una intimidad bastante satisfactoria, lo sentía por la dureza de su entrepierna que con solo haberla rozado un poco se despertó. No lo seduciría por cumplir su capricho o estúpido chantaje, solo lo haría porque así lo quería, pero ¿quién estaba seduciendo a quién en realidad? En un instante de lucidez se soltó de su agarre en un leve descuido de su parte para voltearse y golpear su rostro por tal atrevimiento, que en parte había permitido.

Este al sentir esa fuerte bofetada esbozó una sonrisa por su tonta actitud de querer hacerse el difícil cuando lo sentía tan excitado como él, en lugar de devolver el golpe tomando con brusquedad su brazo lo atraía a su cuerpo, aprovechando esa cercanía besaba su boca a la fuerza para romper la brecha entre ellos. Skully abrió los ojos ante ese inesperado beso robado, tratando de apartarse se retorcía del forzado agarre, lo que solo incitaba al otro a querer probar más el sabor de sus deliciosos labios. Por mucho que trató de resistirse, al final terminó cediendo, correspondiendo su beso, el que apasionado se tornó con el pasar de los segundos para deleite de ambos.

—Sabes besar, Rey de Halloween…

Dijo este con el respirar agitado cuando sus labios se separaron después de haber saboreado de forma exquisita él interior de sus bocas, sometiendo a Skully contra el suelo en ese páramo desolado, un quejido se escuchó en respuesta por el golpe brusco al caer, pero eso sólo pareció excitar más a ambos. El llamado Rey de Halloween por ahora decidía olvidar el enojo que ese tipo le había desatado escasos minutos atrás, viendo a su alrededor las calabazas que había lanzado esbozaba una traviesa sonrisa por el tipo de tregua que darían a esta pelea sin sentido.

Al haberse caído sus gafas oscuras, sus ojos se fijaron en ese hombre que de pie frente suyo como bestia hambrienta parecía devorarlo con la mirada. Su apariencia un poco desaliñada daba realce a su exótica belleza de hada, el tono peculiar de su piel, las cicatrices en su rostro, sus orejas puntiagudas, su frívola mirada, su risa descarada junto a esa vibra misteriosa le daba el encanto para sentirse fuertemente atraído.

— ¿Qué haces?

—Voy a lanzar la moneda, para saber qué hacer contigo. —Respondió con una socarrona sonrisa mientras con sus dedos jugaba con la dorada moneda que en ocasiones parecía decidir su destino— Cara, tendremos sexo… Cruz, te dejaré con las ganas.

— ¿Una moneda decidirá esto? —Muy malhumorado Skully cuestionó en un murmullo, toda la excitación que su cuerpo había despertado desaparecía por tan tonta imposición, dejando la calentura a un lado cubría su rostro con ambas manos al sentir la vergüenza por lo fácil que se estaba ofreciendo a ese tipo idiota, que decidía un hecho importante con una moneda.

Cuando apenas se había levantado del suelo cuando escuchó la moneda caer en la mano del hombre que la había lanzado para decidir su suerte, la suerte de ambos, era obvio que no esperaría el resultado para llevar a cabo este desliz o no, además tenía cosas que hacer, como volver al pueblo y explicar lo que en realidad había sucedido para solucionar ese malentendido. Entonces lo siguiente que sintió fue el dolor de un nuevo golpe en su delgada figura al caer en el suelo, sus ojos se abrieron con sorpresa cuando ese hombre le bajaba de forma atrevida los pantalones con prisa.

—Cara… —Con una gran sonrisa susurró.

—No me importa que haya salido en tu estúpida moneda, ¡ya no quiero hacer nada!

—Oh vamos, eres afortunado, lo vas a disfrutar.

—Qué idiota y arrogante —Murmuró Skully tratando de zafarse nuevamente de su agarre mientras sus partes bajas eran desnudadas. No sabía qué hacer, su mente se negaba a ceder a su grosero proceder, pero su cuerpo parecía calentarse por la rudeza con que era tratado, una intimidad que de forma retorcida le resultaba bastante excitante.

Su cuerpo se estremeció por completo al sentir sus manos varoniles acariciar sus glúteos y miembro viril, partes sensibles de su anatomía que parecían despertar por el estímulo de su tacto brusco. Sus ojos arremolinados se llenaron de lágrimas por esta sensación confusa, deseaba experimentar este placer y a la vez quería detener este sentir que lo abrumaba, además ese tipo era molesto al sonreír con tal jactancia al manosearlo, ¿por qué debía ceder a sus caprichos?

—No llores, no será tan malo… —Con una risita decía cuando en un rápido movimiento desnudó también su entrepierna, Skully avergonzado desviaba la mirada al ver su prominente erección, su respirar se agitó más ante esta vista obscena. La oscuridad que daba paso a la noche creaba el ambiente necesario para una clandestina y fogosa entrega en un lugar abierto, en que cualquier curioso pudiera verlos, aquello solo parecía encender a ambos. Skully en un momento tuvo la oportunidad de levantarse e irse, sin embargo no lo hizo, quizás era porque así lo deseaba, quería ser saciado por ese hombre, su naturaleza apasionada le jugaba en contra esta vez. En un impulso estúpido terminaba de quitar sus prendas inferiores para abrir las piernas para que él se acomodara entre ellas, lo que este hizo sin dudarlo ni un poco, si el permiso le había sido concedido por qué demorar lo inevitable.

—Tienes unos ojos hipnotizantes… —Susurró en esa posición al acercar su rostro al suyo, mientras una de sus manos acariciaba la suavidad de su rostro sonrojado, disfrutando de esa boca que entreabierta no dejaba de jadear al roce sensual de sus genitales rozarse entre sí. Para Skully esta no era la primera vez que tenía un hombre de esta manera, pero una sensación diferente le embargaba. —Tienes una dentadura imperfecta, pero no importa… Besas delicioso.

— ¿Se supone que eso es un halago?

—Si, se supone que si…

Dijo un poco embelesado al ver la belleza de su gesto haciendo un puchero, ese hombre llamado el Rey de Halloween, poseía un encanto atrayente y debía admitir qué muchas veces sentía celos de que otros se acercaran por su carismática personalidad, por eso hace unos meses él se convirtió en el objeto de su deseo, no quería tomar lo que tenía, solo quería todo lo que él era. Skully J. Graves se volvió su mayor obsesión, no podía apartarlo de su mente, era el objetivo de sus más cuerdos pensamientos hasta de sus más insanas fantasías, cuánto había deseado tenerlo de esta manera, y ahora que lo pensaba así no sabía si tomarlo.

Empezó a dudar sobre esta entrega, qué tal si al hacerlo suyo todo este encanto que daba calidez en su frío ser terminaba, ¿qué haría sin este impulso? Las expectativas eran lo que hacía que el deseo ardiera en su ser, temía perder eso al tomar lo que tanto anhelaba, entonces como respuesta a su duda sintió los brazos de Skully enredar sus brazos a su cuello para propiciar una cercanía y empezar a besarlo. No pudo resistirse, no había mentido al decir que sus besos eran exquisitos y no sabía el motivo para pensarlo, pues tampoco era el primer hombre al que besaba.

Un pasional beso incitaba al roce firme de sus partes bajas en esa desnudez mutua que reflejaba la indecencia de sus confusos pensamientos, Skully gimió fuerte al sentir el roce caliente de su miembro en su entrada, que por la excitación palpitaba, que bochornoso le era que su cavidad lo delatara de esta manera, rogando el ser invadida, reflejando así la lujuria en sus más prohibidos deseos.

—Eres callado en la intimidad, pensé que serías tan hablador como siempre.

— ¿Qué quieres que diga? ¿Si pregunto algo me responderás con la verdad?

—Skully, cuando estoy caliente puedo responder lo que quieras.

— ¿Si? Entonces… —Dijo con una sonrisa ante tan sensual respuesta, y sabía bien lo caliente que estaba, lo sentía muy de cerca al sentir el roce obsceno de su glande descubierto al estimularse en su entrada— ¿Por qué quieres quitarme Halloween?

—No preguntes tonterías, es obvio, porque lo quiero para mi.

—Pero, no es solo mío… ¿lo haces por mi?

— ¿Por ti? ¿Acaso quieres que se me ponga flácido?

Una sonrisa se esbozó en los labios humedecidos de Skully al ver su gesto malhumorado, no era necesaria una respuesta más clara que esa, besando su boca enredaba sus piernas a su cintura para que hiciera lo que ya habían acordado hacer sin palabras. Su cuerpo se tensó con la intromisión de su miembro carnoso endurecido, el que en una sola estocada llenó todo su interior provocándole un placer que le hizo gemir con fuerza, apartando sus labios de ese intenso beso sus alientos se mezclaban en esa erótica cercanía.

— ¿Rápido o lento? —Cuestionó estremecido también de placer al invadir tan ardiente interior, su miembro era estrujado de forma tan exquisita que lo hacía temblar de placer. En respuesta solo recibió una mirada siniestra, eso bastaba para provocarlo, empezando a moverse en un vaivén de caderas entre rápido y lento, atento a su reacción para ajustar el ritmo que los llevaría a ambos al orgasmo.

La noche fría y oscura fue testigo de esa primera entrega incitada por una discusión, la cual quedó en el olvido cuando sus cuerpos se unieron. Skully se retorcía de placer con cada embestida, llevándolo poco a poco al delirio, su rival le hacía el amor de forma exquisita, con el ímpetu y malicia que lo caracterizaba. Al fijar su mirada en su rostro se daba cuenta que no era el único que disfrutaba, solo bastaba ver su gesto de satisfacción al irrumpir en su interior de manera tan profunda y vigorosa, sentir el temblor de su cuerpo, sus gruñidos de placer sobre sus labios, su fuerte abrazo procurando que no se fuera, como si marcharse ahora era una opción.

Minutos después se veía entre las penumbras a los amantes agotados tumbados en el suelo, intentando recuperar el aliento miraban al cielo para evitar cruzar miradas después de lo que habían hecho, no solo sus cuerpos estaban estremecidos, algo más profundo calaba en su interior y no era solo en el aspecto físico. Un estornudo irrumpía el silencio un poco incómodo que se había formado entre los dos, Skully se cubría la nariz mientras se disponía a arreglar su ropa, el calor de su cuerpo no era suficiente para soportar el viento frío de la noche, así que se disponía a marcharse si no había nada más que decir o hacer.

—Skully, ¿a dónde vas?

—A buscar refugio en algún lado, en este pueblo no me dejarán pasar la noche, así que iré al siguiente pueblo.

—Eso te pasa por hacer berrinche. —En tono burlón le decía, arreglándose la ropa también.

— ¡Todo es tu culpa! Es más, tú deberías venir conmigo para aclarar tus mentiras.

—Tsk… Solo porque nos revolcamos no voy a ayudarte.

— ¿Ayudarme? —Skully con molestia cuestionó, en un suspiro pensaba que ese tipo volvía a ser tan irritante como siempre, aún después de lo que hicieron— No lo pido por mi, deberías hacerlo porque es lo correcto.

—Lo correcto es aburrido.

—Está bien, no lo hagas… Yo veré como lo arreglo.

Afirmó disponiéndose a seguir su camino por uno de los senderos que lo llevaría a otro pueblo, entonces sintió unos pasos detrás suyo, más que molesto volteó para gritarle que no lo siga y lo dejara en paz de una vez, después de todo ya había tomado lo que quería. Quizás ahora se arrepentía de lo que había hecho, no era como si hubiera tenido la esperanza de que algo de sexo pudiera cambiar su mal corazón, aunque se sentía estúpido porque esa idea si cruzó por su cabeza.

—Conozco un lugar por aquí cerca para pasar la noche…

— ¿Por qué querría pasar la noche contigo?

—Porque podría acompañarte mañana a aclarar ese asunto en el pueblo…

— ¿Lo dices en serio?

—Si, pero será la primera y la última vez que te ayude.

Skully dudó de sus palabras, pero al ver su gesto de aparente sinceridad decidió darle el beneficio de la duda, además el pueblo más cercano estaba a varios kilómetros, con el agotamiento de su cuerpo y el frío no estaba muy animado en caminar a esas horas de la noche. Aceptó su propuesta con algo de recelo, no tenía más opción que confiar, así caminaron juntos unos pocos metros en medio de una charla tonta hasta que llegaron a una especie de cueva en medio del solitario bosque.

—Sé que no es muy elegante para un rey, pero nos cubrirá del frío por esta noche.

—Supongo que aquí pasabas las noches para atormentar a ese pueblo, ¿no?

—Si, así es, este es mi refugio del mal…

— ¿Y lo admites de forma tan descarada?

El otro reía en respuesta por su reacción de enojo, acercándose lo atraía a su cuerpo en un abrazo, Skully desviaba la mirada, suponía que cuando se refería a pasar la noche juntos, no era precisamente para dormir. La diferencia de tamaños no era mucha entre ellos, pero ese tipo era más corpulento, y de una forma masoquista le había gustado ser sometido por él, abrazándose a su cuerpo sus labios rozaban ese enigmático tatuaje de insecto que rodeaba su cuello. El ambiente entre los dos se calentó enseguida con los besos y caricias que se regalaban mutuamente.

— ¿No vas a lanzar la moneda? —Skully cuestionó al estar sentado encima suyo a la vez que se restregaba a su entrepierna con erotismo, no podía evitar dar la iniciativa en este nuevo encuentro.

—No es necesario…

Respondió besando enseguida sus labios para borrar su cínica sonrisa, sintió que su temor de antes no tenía sentido, porque incluso al haber obtenido lo que deseaba, ahora solo deseaba más y más de él. A la mañana siguiente Skully desnudo y acurrucado entre su ropa desarreglada en el suelo abría lentamente los ojos a la luz de la mañana, había sido una noche de sexo como nunca antes la había tenido, disfrutó tanto hasta que cayó casi inconsciente por este placer. Un poco avergonzado, pero no arrepentido pensaba en todas las obscenidades que hizo, al descubrir la admirable resistencia de un hada en la intimidad, no creyó que hallaría un ferviente amante en el tipo molesto que trataba de entorpecer su misión de vida.

Al mirar a su alrededor vio que no estaba, solo hallando una nota escrita en la pared de la cueva que les sirvió de refugio esa noche de pasión desenfrenada. Lo maldijo una vez que terminó de leer sus palabras, aunque en el fondo de su corazón sospechaba que algo así pasaría, malhumorado se disponía a vestirse para cumplir con su labor de ese día, ir a arreglar el malentendido en el pueblo que creyó las mentiras de ese hombre, el que dijo que lo acompañaría, pero al final lo dejó solo.

~Skully J. Graves, la tregua entre nosotros terminó con la luz del amanecer, la moneda dijo que nos veremos pronto de nuevo... Siempre tuyo, el Rey del Deseo, el que disfrutó mucho este baile nocturno junto a tí...~

Al leer esas palabras casi podía sentir su tono sarcástico al decirlo, su sonrisa molesta, en un suspiro se calmaba mientras sus mejillas se teñían en un rubor por tan irónica y algo romántica declaración, un romanticismo muy a su estilo. El inicio de su peculiar y tempestuosa relación nació ese día, desafiándose, provocándose cada vez que se encontraban solo para terminar enredados en alguna cama hasta el día siguiente. Por años se mantuvieron así, la aparente rivalidad entre ellos solo encendía el fuego de lo que mantenían en secreto, un romance oculto para el mundo que los veía como enemigos cuando en realidad una conexión especial los unía. Sus personalidades contrastaban, pero sus fuertes temperamentos, desquiciantes arrebatos y su innata obstinación los hacía muy parecidos, pues ninguno de los dos se daba por vencido al tomar una decisión, y tal vez esos detalles los hacía complementarse tan bien en varios aspectos de su peculiar convivencia.

Con el pasar de los años mientras más se popularizaba Halloween más se reconocía la presencia de su Rey y su eterno rival, juntos como luz y oscuridad eran como los demás los percibían, relacionándolos en lo siniestro que Halloween también representaba.

—Deberíamos vivir juntos, al menos el tiempo que me queda, que no es mucho.
—Sugería Skully con su entusiasmo de siempre en uno de los encuentros usuales que mantenía con su eterno amante, a pesar de su edad avanzada trataba de ser el mismo de siempre, al menos como recordaba ser.

—Oye, oye, no digas cosas tan ridículas, sobrevivimos bien así. —Con evidente malestar aclaraba, una actitud que optaba para no hablar del tema que le resultaba difícil de afrontar, pues no quería pensar en perderlo, aunque esa posibilidad era cada vez más cercana a cumplirse.

—Siempre tan obstinado, mi encantadora persona favorita— Decía abrazándose a su lado en la cama, en esa casa que se había convertido en su residencia permanente, ya que por su vejez dejó de viajar para establecerse finalmente y descansar de la juventud agitada que tuvo. Su hogar era visitado por ese tipo cuya ruda apariencia no había cambiado nada por su naturaleza de hada, el envejecer no le afectaba físicamente, pero sí parecía haber madurado en estos años, al menos eso quería pensar.

—No digas tonterías, que cursi te has puesto con los años… Eres molesto.

—Supongo que los humanos podemos ser así a esta edad.

—Tú has sido molesto desde que te conozco.

—Si, si… Por cierto, ¿compraste los dulces que te pedí? Halloween es en unos días y los niños del barrio vendrán a pedirlos, como Rey de Halloween no puedo defraudarlos y no tenerlos.

—Si, los compré, eres de verdad muy molesto.

Sintiendo su abrazo que contrastaba su refunfuño sonreía mientras se acomodaba mejor en su cálido regazo, este era el lado del Rey del Deseo que nadie conocía, quien no era tan malo como todos decían, Skully lo sabía muy bien, no en vano había pasado gran parte de su vida a su lado, aún en su relación intermitente un fuerte vínculo entre ellos se había formado.

—Tú podrías ser el nuevo Rey de Halloween cuando muera, no me molestaría que continues mi legado, no se lo confiaría a nadie más que a ti.

—Odio que me digas qué hacer, cuando mueras, Halloween será mío porque así lo deseo, no porque tú me digas.

—Es como dicen, lo robado sabe mejor, ¿no?…

—Halloween no es comida, viejo tonto.

Le decía con aparente molestia, mientras Skully seguía sonriendo, levantando su rostro lleno de arrugas contemplaba su gesto malhumorado, aunque en esas décadas no formalizaron su relación parecían un matrimonio por la forma en que se trataban y habían permanecido juntos a pesar de sus constantes desacuerdos. Entre ellos no habían sido necesarias las palabras de amor porque en su convivencia aprendieron a expresar sus sentimientos en un lenguaje que solo ellos entendían, ninguno de los dos admitió abiertamente estar enamorado del otro, aunque a simple vista lo estaban.

Incluso en el transcurso de esos años se guardaron fidelidad al no tener la necesidad de estar con alguien más, su deseo era estar juntos y así lo estuvieron hasta que la vida de Skully se extinguió una noche, sin arrepentimiento alguno al haber disfrutado su vida plenamente aceptaba el destino natural en la efímera vida humana, partiendo con calma a ese desconocido más allá. Sin embargo, su fiel amante no aceptó su partida tan fácilmente, fue un golpe duro que se reflejó en el dolor de sus lágrimas cuando se obligó a despidirlo de este mundo, al verlo marcharse a un lugar al que no sabía si podría alcanzarlo.

Desde entonces, el Rey del Deseo vivió sumergido en un sentimiento devastador, al punto que por esta ausencia decidió desaparecer de la vista pública para llevar una vida de aislamiento. Mientras la leyenda del Rey de Halloween perduró por siglos, la existencia del Rey del Deseo quedó reducida a un mito, un cuento infantil para provocar miedo al no aparecer más. Aunque nunca lo admitió, su afán por querer arrebatarle Halloween solo alentó que la fiesta se diera a conocer aún más, de forma inconsciente lo hacía todo por Skully, optó convertirse en el antagonista de su historia para que él pudiera lucirse, era lo que hizo por amor, el amor implícito entre ellos.

Sin Skully sintió que todo perdió sentido, incluso Halloween, se convirtió en un patético rey que vivía en los recuerdos de su único amor, ese tipo excéntrico que con sus defectos y virtudes lo hizo disfrutar de la vida que ahora le resultaba tan aburrida, sin su hermosa presencia en el mundo ya nada parecía importarle. Aún así un deseo sutil ardía en su corazón solitario para mantenerse vivo, ese anhelo era volver a encontrarse con el humano con quien compartió este sentimiento en medio del extraño y complicado vínculo formado entre los dos por largos años. El deseo de Skully J. Graves perduró a través de los años, su espíritu parecía resurgir cada treinta y uno de octubre, eso era algo que el Rey del Deseo no podría arrebatarle al mundo, menos a él; aún cuando pudo apoderarse de Halloween, no lo hizo. A cambio por un tiempo se resignó a guardar su recuerdo en una mezcla de amargura y nostalgia junto al anhelo de encontrarlo. Skully había muerto, pero su obsesión por él no, ese era el pensamiento más cuerdo de su mente retorcida, el que resaltaba con claridad en su declive a la locura.

Después del tiempo desperdiciado en deprimentes pensamientos entendió que ni la magia, ni su deseo podían traerlo de regreso, una agonía que en su larga existencia estaba condenado a sobrellevar en soledad, una desdicha que decidió no seguir soportando solo. ¿Por qué no crear un poco de caos para arrebatar lo que a otros hacía felices? Así todos estarían a la par en este mundo injusto, es la idea que se le ocurrió cuando llegó a un mundo desconocido al abrir un misterioso libro que encontró en su camino, lanzando su moneda al aire decidiría su destino.

—Cara, seguiré portándome bien. Cruz, me portaré mal. —Decía para sí mismo con entusiasmo, por primera vez en largo tiempo se sentía emocionado, posiblemente esta sería una señal para volver a ser el que un día fue. Esbozó una perversa sonrisa al ver la respuesta que su moneda le daba, emprendiendo su camino en este mundo extraño aguardaba esperanzado que ese tipo odioso que tanto extrañaba apareciera para regañarlo una vez más por su egoísta comportamiento.

Notes:

Muchas gracias por leer esta historia, espero que sinceramente haya sido de su agrado, aprovechando la fecha en que lo comparto, les deseo un maravilloso año 2026.꒰ᐡ⸝ɞ̴̶̷ ·̮ ɞ̴̶̷⸝ᐡ꒱❤︎

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