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Does he know? (You can move it like that)

Summary:

Lautaro lleva meses enamorado de Mernuel. Decide olvidarlo de una vez y permitirse ser feliz con otro.

A Mernuel le gustan con novio.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

- A este le re gustan con novio! Le da morbo.

Las risas resuenan por todo el setup del stream de coker. Es de conocimiento común que Mernuel no tiene problema en estar con chicas en pareja; tiene que admitir que, en el fondo, le provoca una sensación de satisfacción saber que ellas son capaces de traicionar a sus novios y arruinar sus relaciones solo por una noche con él.

Sin embargo, una de las risas es vacía. Moski observa la situación con ojos de tristeza. Cada vez que hablan de las (muchas) chicas de Mernuel, lo invade un sentimiento de dolor. Se le forma un hueco en el estómago y siente ganas de vomitar, los ojitos se le llenan de lágrimas y se le quiebra la voz. Con el tiempo ha aprendido que son los celos. Moski, luego de una larga charla con Santiago de la cual prometieron nunca volver a hablar, ya aceptó que está profundamente enamorado de su mejor amigo. Pero también aceptó que nunca va a hacer nada al respecto, porque sabe que nunca va a ser mutuo.

Aún así, finge para las cámaras y hace chistes al respecto. - Mernuel nunca estuvo con una que tenga novio...estando el novio ahí!

Siguen las risas, y los chicos ya saben que tienen un clip viral. A Mernuel le encanta eso de Moski, que tenga esa capacidad para hacer chistes rápidos y generar contenido, aumentar las views. Eso y la conexión que tienen es la razón por la cual le insistió como un desesperado para que se mude a Argentina.

Todos saben que Moski y él tienen un vínculo distinto, especial. Ninguno de los dos sabe que nombre ponerle, pero Mernuel está seguro de que no quiere que cambie.

De todas maneras, no vé ninguna razón para que las cosas cambien. Lautaro está siempre a su lado, siguiéndolo fielmente y acompañándolo siempre. Todo está en equilibrio.

 

El equilibrio se rompió.

Eran la 1:15AM de un martes. El stream había salido bien, mantenían la media de viewers, fué gracioso y lo pasaron entre risas y alcohol. Las mejillas de los 3 estaban con un ligero tono rosa, las voces risueñas y cargadas de buenos momentos. Estaban en una paz armoniosa. Hasta que no lo estuvieron.

Mientras ordenan el setup, Lautaro revisa su celular y toma una pausa. Deja de juntar las botellas de vodka y su mirada se convierte en una de preocupación. El primero en notarlo, por supuesto, es Mernuel.
- ¿Qué pasa mi amor? ¿Te sentís mal? Te dije que no tenías que tomar tanto, no tenés aguante. - Agarra una botellita de agua que tenían en la mesa y estira la mano para pasársela al rubio. - No podés tomar siempre lo mismo que nosotros, sos más pequeño.

El menor reacciona y niega con la cabeza. - No, no me siento mal. Es que... - Se muerde los labios nerviosamente y juguetea con sus dedos. Ahora Santiago también está prestando atención. - ¿Qué pasa moskita? No te pongas puto eh, si sabés que nos podés decir cualquier cosa.

Moski por fin levanta la mirada, pero la dirige únicamente hacia Santiago. A Mernuel eso le genera molestia, no le gusta que la atención de su amigo esté puesta en otra persona que no sea él. Además, tiene un mal presentimiento. Algo no está bien.

- Es que... Nada, les quería preguntar si les jode que traiga una persona a casa. Les juro que no van a tener que escuchar nada, no soy tan ruidoso como este pelotudo... - Moski señala a Mernuel con la mano y se ríe incómodamente.

Santiago levanta la cabeza para largar una carcajada. - ¿Eso era? ¡Que boludo que sos! Cómo nos va a molestar que traigas un chiche si el emo tiene un desfile de tiktokers todos los findes.

A su lado, Mernuel también se ríe. El peso de que algo está mal desaparece de sus hombros y le dá una sonrisa a Moski. - Obvio que no nos molesta gordo. Trae a la mina que quieras, no los vamos a joder.

- Gracias chicos, pero a eso iba. Es.. bueno, no es un chiche - Luego de una pausa, su mirada adquiere determinación y larga todo de una. - Me estoy hablando con un chico. Un hombre. Es de Rosario, amigo de unos conocidos de mi barrio. No.. no es una mina.

Santiago lo mira, y comprende. No pensó que su amigo iba a estar con otro tipo, porque lo veía demasiado enamorado de Manuel. Pero está feliz por él, porque pueda avanzar y conocer a otros. - No pasa nada boludo, ¿Sos joda? Es lo mismo, trae a quien quieras. - Moski sonríe, chiquito, pero sonríe porque Bauleti siempre está ahí.

Mernuel en cambio lo mira fijamente, sorprendido. Procesa lo que acaba de escuchar (el alcohol dificulta la comprensión) y empieza a dar vueltas alrededor de la situación.

¿A Lautaro ahora le gustan solo los pibes?

¿Es el primero con el que está? ¿O ya habrá estado con otros?

¿Por qué quiere estar con un imbécil que no conoce?

¿Por qué no le preguntó a Manuel si lo que quiere es experimentar? Él podía cogerlo bien, como se merece. Lo podía destruir y después mimarlo, verlo dormir y hacerle el desayuno.

No entiende porqué Lautaro eligió a otro hombre para pasar la noche. Se quiere arrancar todos los pelos de la cabeza, y después buscar al pelotudo ese para romperle la cara.

- ¿Lo conocés a este pibe Lauti? ¿Es de confianza? No me gusta que entre un chabón que te puede hacer cualquier cosa a esta casa.

A Moski se le borra la sonrisa. - ¿Qué? No. No lo conozco en persona, estamos hablando nada más. Pero me quiero juntar en un lugar privado, sin que haya cámaras ni fotos. Vos tampoco conoces a cada mina de las 80 que traes. - Las palabras le salen amargas, llenas de celos.

- Es distinto, Lauti. Me preocupo por vos solamente, no quiero que te lastime ningún boludo o que haga algo que vos no quieras hacer. No sé, no me parece que te juntes así sin conocerlo. Mirá si te quiere coger a la primera, es cualquiera.

Los otros dos integrantes del grupo lo miran, atónitos. Santiago interviene al ver que la situación se está por ir a la mierda. - Emo, pero vos también te coges a todas las que traes a la primera...

- Si, pero no es lo mismo. Lautaro no es una puta como para que este idiota piense que se va a dejar garchar la primera vez que se ven.

- ¿Perdón? - Exclama Moski, la voz alta y enojada. - Yo no soy ninguna puta por querer coger. Y si me quiere garchar lo voy a dejar, no es asunto tuyo ni de nadie más que mío. Y no le digas idiota, nisiquiera lo conocés.

A Mernuel esas palabras le caen como un baldazo de agua fría. Tenía la esperanza de que Lautaro, que siempre fue un poco más romántico, no quisiera hacer nada físico en la primera cita. Eso le daría más tiempo a Manuel para actuar y lograr que no se vuelvan a ver. Es un buen manipulador, y si bien no le gustaba usar sus habilidades con Moski, lo iba a hacer si era por el bien común.

- Gordo, pero va a ser tu primera vez con un chico ¿O no? No debería ser así, debería ser especial, con alguien que conoces y en quién confías.

A Lautaro se le va un poco el enojo, entiende que lo de Mernuel es una preocupación impulsada por ese sentido de protección que siempre parece tener hacia él. - Si, pero estoy bien con eso. De verdad. Venimos hablando hace unos días ya, desde el stream que hicimos con Coker. Hay confianza, está todo bien boludo. No hace falta que te preocupes.

- Pero... - Santiago lo interrumpe, viendo venir otro discurso de Manuel para impedir que se cojan a su rubio. - Bueno! Es tarde ya, yo me voy a ver un capítulo de Stranger Things y bebotear un poco en Instagram a ver si pica algún chiche. Suerte Moska, pasala bien y no grites mucho porque llego a escuchar eso y me corcheo. - El último comentario hace sonrojar a Lautaro, Santiago le da una palmada a los dos en el hombro y se va muy tranquilo a su cuarto, riéndose internamente por lo pelotudos que son sus dos amigos, que se gustan entre ellos y hacen todo este drama antes que admitirlo.

Una vez solos, Moski mira a Mernuel. - Llega en 10 minutos, anda en moto. Así que... si podés ir a tu cuarto, mejor.

- Está... está bien. Cuidate, Moska, porfavor. - Se acerca y le deja un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios como para ser un accidente. Es su manera de marcar territorio, de decir "Yo estuve acá primero" porque siente que se le está cayendo el mundo, es la peor sensación de su vida. Él siempre pensó que iba a ser todo para Lautaro. Mejor amigo, familia, lo que quisiera, él solo quería darle todo. Nunca se consideró a si mismo una persona celosa o posesiva, pero en ese momento quiere agarrar al rubio en brazos y encerrarlo para siempre en su cuarto, tenerlo sólo para él y evitar que nadie más lo vea. Especialmente los imbéciles que andan en moto.
Mernuel se va a su cuarto, y se pone lo auriculares para no escuchar absolutamente nada. Espera que sea la última vez que se va a dormir con esa sensación de rabia.

 

No es la última vez.

Pasaron dos meses desde la primera vez que Lautaro y Mateo se vieron. Es septiembre, la primavera provoca alegría en los niños y nostalgia en los adultos. Lautaro vuelve con un ramo de flores amarillas, bombones y una bolsa de medialunas. - Eu, chicos, les traje la merienda. Les quería contar algo. - Empieza a decir, con una media sonrisa en la cara.

Santiago mira las flores y los chocolates - Como te tiene eh Moskita, malcriado. Después me vas a dar un bombón de esos que la Baya está lastrando como un chochan. Estoy re gordo boludo, no sé que me pasa. - Exclama medio preocupado, pero aún así alcanza una medialuna y se llena la boca de comida.

Manuel tambien mira los regalos, que evidentemente son del infeliz de Mateo. Se quiere matar. Los últimos dos meses fueron un infierno. Si bien Moski no los dejó de lado, porque él no es así, últimamente no están pasando tanto tiempo juntos como antes. Y lo entiende, de verdad que sí, porque estar en algo con otra persona consume mucho tiempo. Eso no lo hace mejor. Sus noches de películas juntos, sus salidas, sus abrazos y sus charlas nocturnas han disminuido. No han desaparecido, pero ocurren con mucha menos frecuencia, y eso lo hace mierda. Fantasea con que Mateo desaparezca de sus vidas, y que todo vuelva a ser como antes. Que Lautaro vuelva a ser solo suyo, siempre. Sin embargo, intenta ocultar su amargura y fingir que está feliz por su amigo. - ¿Qué nos querías contar mi amor?.

Mi amor. Ese apodo que tanto molesta a Lautaro, porque todavía genera mariposas en su estómago que ni Mateo puede lograr. Y bueno, no es al único al que le genera algo. Los planteos de Mateo no paran desde que se ven. ¿Por qué te dice mi amor? ¿Por qué te toca tanto? ¿Es necesario que estén siempre tan cerca?. Es cansador. Moski tiene que soportar un planteo tras otro, y no sabe cómo explicarle a Mateo que simplemente su vínculo es así. No puede ser de otra manera, porque él no podría respirar sin la cercanía de Manuel. No hay persona que pueda cambiar eso, nisiquiera su ahora novio.

- Bueno, los chocolates que se quiere clavar la Baya son un regalo de Mateo, obviamente. Y es porque.... Nada, hoy me propuso ser novios. Oficiales. Lo quería invitar a cenar, ya sé que se vieron varias veces pero nunca tuvieron la chance de conocerlo bien, y ahora que estamos en una relación seria quiero que lo conozcan.

Ok.

Oficialmente Mernuel se va a ahogar en la pileta del edificio y convertirse en espuma.

 

 

La cena transcurre con normalidad. O algo así.
- ¿Y de qué laburas, Mateo? - Pregunta Mernuel, con la cara sería, agarrando el tenedor con demasiada fuerza.

- Soy analista de comercio exterior para un laboratorio Alemán. Se encarga de importar algunos medicamentos, viste, como.... - Y se lanza en una explicación detallada de los medicamentos del puto laboratorio Alemán. A Mernuel no le podría chupar más un huevo. Le parece un pelotudo, y no ve la hora de deshacerse de él.

Santiago observa la situación como un gato al que le dan crema. Lleva meses cagándose de risa internamente de Manuel, que piensa que es sutil ocultando sus celos. El único que no se da cuenta es Lautaro, porque hasta Mateo nota la tensión. Bauleti no interviene porque sabe que sus amigos van a terminar juntos, pero mientras tanto, se le permite reírse un poco de su amigo, porque nunca lo vió tan arrastrado por alguien como lo está por el rubio. Por eso, interactúa con el novio del rubio, para hacer enojar aún más a Manu. - Mirá vos, che. Y acá nos tenés a los tres pelotudos streamers, que lo más grande que hicimos fue ligar un currito en Vorterix....

La parejita se ríe, pero Manuel sigue serio. Está pensando en 10 formas distintas de clavarle el tenedor al pobre Mateo, que se siente un poco amenazado desde el otro extremo de la mesa.

- Bueno.... - empieza Moski. - Voy a ir levantando la mesa. Es tarde ya.

- Si, mi vida. Yo me tengo que ir yendo, viste que mañana tengo una reunión con los directivos. Sino me quedaría a dormir, pero mañana te juro que te traigo el desayuno. - Se agacha para darle un beso al rubio, un poco seco y sin mucho sentimiento.

Hace mucho que Lautaro no siente nada.

- No pasa nada, esperame un segundo en el living mientras ordeno esto y ya te bajo. - Le dice con una pequeña sonrisa.

Una vez que Mateo se va al living y Santiago al baño, Mernuel y Moski se quedan solos.

- ¿Se puede saber qué carajo te pasa? No paraste de mirar como el orto a Mate toda la cena. No podés ser así Manuel.

- ¿A mí? ¿Que decís Lautaro? No me pasa nada. Estoy cansado nada más, que se yo. Estuve todo el día editando el vídeo que se sube mañana, tengo la cabeza en otro lado. No lo quise mirar mal a tu noviecito.

Ante el diminutivo, Lautaro lo mira mal. No entiende de dónde surge la mala onda. Sabe que Mernuel es medio posesivo con él, porque considera que es la persona más importante de su vida. Y no se equivoca, lo es. Pero jamás lo va a admitir, no le quiere subir el ego.

Aunque...

Lautaro a veces se pregunta si esa molestia viene de otro lado. Si quizás, solo quizás, es algo más. Quizás son celos. Y si lo son, entonces implica otros sentimientos. Pero no sé permite ilusionarse. Porque sabe que si Manuel le corresponde, si se lo dice, dejaría a Mateo en un abrir y cerrar de ojos. Si es honesto consigo mismo, no sabe nisiquiera porqué aceptó ser su novio. Quería probarse a si mismo que podía mantener una relación y olvidarse de Mernuel. Claramente, no lo logró.

Todavía no tuvieron sexo. Hace dos meses y unas semanas que se ven, y Lautaro todavía no se animó. Intercambian pajas cruzadas y un par de petes, pero nada más. La realidad es que no quiere que su primera vez sea con él, sueña con Manu. Y sabe que es imposible, pero cada vez que siente las manos de Mateo en su cuerpo imagina que son las de Mernuel. Cierra los ojos e imagina su voz, su tacto, su olor. Sabe que no es correcto, que no está bien, pero no lo puede evitar. Se muere por su mejor amigo.

- Bueno, no sé Manuel. Pero cada vez que te lo menciono o que lo ves ponés cara de orto. No dá, flaco. Cortala con esa.

Moski sale de la cocina y baja a abrirle a Mateo. Se despiden, ahora sí con un beso largo, de pareja. A Lautaro no le disgusta, pero no le genera nada. Manuel con un simple toque le genera una revolución en el estómago, Mateo... Es como pollo hervido con arroz blanco. Pero de convence a si mismo de que con el tiempo se va a olvidar del pelinegro y se va a permitir enamorarse de su novio.
Espera que así sea.

 

Noviembre llega con muchas lluvias. En medio del apuro por entrar al edificio, a Lautaro se le caen las bolsas de compras del kiosco. Hoy es noche de películas con su novio, una costumbre que adquirieron hace poco.
Cuando ingresa al departamento, lo primero que ve es a la mina de turno de Manuel. En los últimos meses, se está viendo con una y con otra todos los días. A Moski le dan ganas de agarrarlas a todas de los pelos y sacarlas cagando, gritarle a Manuel y comerle la boca para que nunca piense en mirar a otra mujer. Pero claramente no puede. Sigue de novio, y además, todavía no sabe si a su amigo también le gusta. En las últimas semanas se ha dado cuenta de muchas cosas. Si algo puede decir de su relación con Mateo, es que aumentó su seguridad y autoestima. Ahora sabe que sí es lindo, que atrae a los hombres, que no es menos que todas las que se coge Manuel. No es ningún boludo, y últimamente lo ha estado usando a su favor. Tanteando, provocando. Y las reacciones de Manuel son... reveladoras.

Toques más largos, más cercanos. Sus manos prqueñas, que deja reposar en el pecho de su amigo más tiempo de lo estrictamente necesario. Ponerse en puntitas de pie para alcanzar algún vaso del estante superior de la cocina en vez de usar una silla como siempre, levantándose ligeramente la remera. Agacharse para buscar algo en el setup, dándole una vista de su cuerpo a su mejor amigo. Todas acciones que pueden parecer accidentales, pero que no lo son. Son medidas, planeadas. Y Mernuel cae, en cada una de ellas. Se le oscurecen los ojos y se le acelera la respiración, se inclina más hacia Lautaro, agarra sus muñecas con más fuerza.. No es garantía de nada, pero son señales.

Él sabe que está mal provocarlo así, pero no sabe de qué otra manera averiguar si su amigo siente algo más por él. Aunque sea solo deseo sexual, el tomará todo lo que Manuel quiera darle. Si solo se lo quiere coger y después dejarlo tirado, no se va a quejar. Le va a agradecer y se va a quedar callado. Todo lo que pide es un toque, un beso, algo. Su autoestima mejoró, pero aún así se traicionaria a sí mismo (y a su novio) solo por una noche con Mernuel.


La chica es linda. Bajita, morocha, ojos azules. Buenas tetas. Todo lo que él no es. No puede evitar mirarla mal, producto de la envidia que siente. Ella lo saluda con la mano, tímida. Lautaro no le devuelve el saludo.


Manuel aparece por el pasillo, con el pelo mojado y olor a jabón. Apenas lo ve a Lautaro, se le ilumina la mirada. - ¿Dónde estabas, gordo? Hace un frío de cagarse. Y está re lloviendo, te llamé 10 veces para irte a buscar.


- Si, perdón. Tuve que ir a comprar chocolates y un par de boludeces para hoy a la noche. Cuando salí del kiosco ya estaba lloviendo, vine corriendo. - Ante la mención de su plan nocturno, a Mernuel se le dibuja una mueca en la cara. No puede disimular el enojo que le sigue provocando el novio del rubio, y de todas maneras, nisiquiera lo intenta.

Aún así, no es tan pelotudo como Lautaro piensa. Al principio no se daba cuenta, pensando que todo era accidental. Su pequeño rubio inocente jamás lo provocaría de esa manera. Sin embargo, con el paso de los días lo empezó a notar; Moski lo estaba tanteando apropósito. Roces, miradas largas con esos ojitos marrones y esas mejillas rosas, momentos fugaces en dónde le mostraba la piel de su abdomen o de sus piernas... Y ese culo. Manuel se moría por probarlo, por tenerlo en sus manos, sentirlo en su pija. Se había dado cuenta, obvio que sabía que lo hacía apropósito.

Pero era un juego que podían jugar los dos.
Invitaba una mina por día, siempre. Y siempre con intención de hacérselo saber a Lautaro. Algún corpiño en el sillón que no debería estar ahí, chupones en el cuello, olor a perfume de mujer. Había días en los que estaba más enojado, porque Lautaro volvía de estar con el pelotudo de Mateo. Esos días invitaba a una chica y se la cogia con fuerza, descargaba toda su bronca en el cuerpo ajeno. A ellas les gustaba, y a él también, pero no lo hacía solo por su satisfacción física. Se aseguraba de golpear el respaldo de la cama contra la pared, de hacerlas gritar fuertemente, todo para que el rubio lo escuche desde su cuarto. Quería que se de cuenta de lo que se estaba perdiendo por estar con el otro idiota, mientras podía estar con él. Abajo de él. O saltándo en su pija. Se moría de ganas de cogerselo, pero no iba a ser el primero en aflojar. La situación, si bien lo enojaba, lo calentaba muchísimo. Tenía a su mejor amigo haciéndole ojitos y prácticamente entregándose mientras tenía novio. Le daba mucho morbo saber que tenía ese poder sobre él, y que cuando decidiera dejar de jugar Mateo se iba a ir bien a la mierda. Pero todavía no estaba dispuesto a ceder, primero quería ver cuánto podía aguantar Lautaro.

- Ah, claro. Bueno, te dejo para que vayas ordenando eso. ¿Compraste kinder? Quiero uno, porfa. - Manuel lo abraza por la cintura, desde atrás. Moski siente como todo su cuerpo se tensa, pero no por incomodidad. Le encanta sentir los brazos fuertes de su amigo alrededor suyo, pero sobretodo le encanta que sea en frente de la mina que se acaba de coger. Es como restregarle en la cara que Manuel es suyo, aunque se la garche a ella. Es a él a quien abraza.

- Si, te compre una cajita de kinder. Te la dejo en la mesita de luz, me voy a duchar rápido antes de que llegue Mate. - Se despega del cuerpo de Mernuel, escucha un resoplido de enojo apenas contenido y esboza una sonrisita pequeña.

Le espera una larga noche.

 

Eran las 23:53 y Mateo todavía no llegaba. Le había dejado mil mensajes, lo había llamado al menos 15 veces y no había respuesta. Quizás Lautaro no lo amaba, pero aún así le molestaba que lo deje plantado. Él nunca había hecho eso. Si, quizás era un poco regalado con su mejor amigo y estaba enamorado de otra persona, pero aún así técnicamente no le había sido infiel. Era un buen novio, dentro de todo. Pero Mateo estaba cada vez más distante, menos pendiente de él. Ya no le cumplía todos los caprichos, y muchas veces llegaba tarde a sus encuentros.

Lautaro sabía que no era justo enojarse por eso. Pero lo estaba, él de verdad quería ver la nueva película de Jacob Elordi. Hasta había comprado chocolates de menta, que odiaba pero que sabía que a su novio le gustaban. Era atento con esas cosas, se esforzaba. Poco, pero lo hacía. Por eso le jodía tanto cuando le hacía estás cosas. A las 23:57, suena el timbre del departamento.

- Hijo de puta. - Le sale entre dientes a Moski. Baja a buscar a Mateo con la peor de las ondas. Ya no tiene ganas de ver nada, nisiquiera apetito para los chocolates.

- ¿Te parece llegar a la hora que se te cante? Te estoy esperando desde hace dos horas. No me respondes los mensajes, ni las llamadas. Para eso ni vengas. -Es lo primero que le dice a su novio.

- Pará un poco, Lauti. Estuve todo el día ocupado en el laboratorio, hay mucho laburo. No fue mi intención, se quedó sin batería el celular. - Le molesta la pantalla, apagada.

A Lautaro no le podría importar menos su excusa. Apenas lo mira cuando le abre la puerta y suben al ascensor. El ambiente es tenso, y cuando Mateo quiere acercarse a darle un beso, el rubio corre la cara.

Entran al departamento y se sientan en el sillón. - No sé si tengo ganas de ver la peli. Es tarde ya, y además la chocolatada que te hice se enfrió. Mirá, está toda fri..- Lautaro no llega a terminar la frase, porque la chocolatada que había agarrado para demostrar su punto se le resbala de las manos, y cae en la camisa de su novio.

Quizás fue un poco apropósito por la bronca que tenía. No era la primera vez que Mateo le hacía esto, que llegaba horas tarde a un plan suyo. Pero aún así finge demencia y pide perdón.

- Ay! Perdón mi amor, dios, te hice mierda la camisa, soy un pelotudo. - Moski se acerca a Mateo sin dejarlo pensar y empieza a sacarle los botones de la camisa para evitar que se le siga pegando a la piel.

Y sucede.

Mateo intenta arrancar sus manos de los botones, pero ya es tarde. Lautaro ya los vió.

Chupones. Varios chupones, rojos, brillantes y recientes. Por todo su pecho, abajo de la camisa. Los mira fijamente por al menos un minuto. El minuto más largo de la vida de Mateo, que no sabe que carajo decir.

Finalmente, Moski sube la mirada y la clava en su novio, demandando una explicación. Aunque ya sabe cuál es.

- Lauti... no, no es lo que... - Mateo intenta alcanzar su mano, pero Lautaro le pega un manotazo. Se incorpora, le lanza una mirada de desprecio y con la voz más fría que nunca, le habla a su "novio".

- Andate. Sos una mierda, sos una basura. Venís acá después de cogerte a otra persona, cuando te estoy esperando hace horas con todo preparado. No lo puedo creer, no sé ni que decirte. No te mereces nisiquiera que te encaje una trompada, pelotudo.

Mateo lo mirá, dolido. - Lautaro, no te voy a... No te voy a negar nada porque ya lo sabes. Es mi culpa. Pero es tuya también, mi vida. No tenemos sexo, Lauti. Ni una sola vez. No me querés ¿No?. Nisiquiera estás triste. Cómo mucho sentís el ego herido, pero no te duele. Porque no me amas.

Lautaro lo mira. Por un momento deja su terquedad a un lado, y lo entiende: Mateo ya se dió cuenta. Y tiene razón, no lo ama. Nisiquiera estaba enamorado. Estuvieron 4 meses dando vueltas en círculos, teniendo el título pero sin llegar a ser realmente novios. Por eso no está llorando, no gritando, ni sintiendo que se muere por dentro. Aún así, no se permite sentir lastima por él. Le podía cortar en vez de engañarlo con otra persona, en vez de cagarse en ellos.

- No importa eso. Te cogiste a otro, o a otra. No sé ni me interesa, sinceramente. Quiero que te vayas. No puedo creer que perdí 4 meses de mi vida con un imbécil como vos. Y agradezco no haberte dado mi primera vez, me salve de eso, por lo menos.

Mateo lo mira. Se levanta lentamente del sillón, sereno. Agarra a Lautaro por la barbilla y su mirada cambia a algo más serio, más profundo.

- No te voy a pedir que lo entiendas ahora. Lo que hice estuvo mal, pero vos también. Pensas que nadie se da cuenta. Pero todos los saben. Vos estás enamorado de otro tipo y me enganchaste a mí para olvidarte, y no lo lograste. No te vengas a hacer la víctima porque no te va a salir. No conmigo. Espero que cuando se te pase un poco la bronca y te des cuenta de que no te duele y enrealidad no te importa porque no me amas, me mandes un mensaje. Para que seamos amigos, al menos. Y anímate con Manuel, que estuvo toda nuestra relación rompiendo las bolas. No quiero que te vuelvas un desconocido. Cuidate. - Le planta un beso chiquito en los labios, que tiene gusto a despedida. Camina hacia la puerta, y sin dedicarle otra mirada, se vá.

Lautaro piensa que es el momento más honesto que tuvieron desde que se pusieron de novios.

 

Son las 1:15, y Moski sigue procesando todo lo que pasó. Sabe que es un cornudo. No lloró, no sufrió, porque no estaba enamorado. Aún así, acaba de terminar una relación de 4 meses. Tiene derecho a querer salir y emborracharse, porque es joven. Sin dar explicaciones, manda un mensaje al grupo con Santi y Manu:

"caramelo hoy? no sean putos"

Las respuestas no tardan en llegar. Los chicos le habían dejado el departamento para su cita, y se habían ido a cenar a lo de los Baietti. No tienen nada más interesante que hacer, y nunca se van a negar a una buena noche en Caramelo.

Pasada media hora, Moski baja del departamento. Está cambiado, y perfumado. Tiene puesto un jean cargo negro que resalta su culo y una chomba azul marino. Mernuel lo ve desde el asiento del conductor, y tiene ganas de cogérselo contra la pared del edificio, ahí mismo, en frente de todos. No dice nada, y oculta su mirada detrás de los lentes oscuros. Moski se sube al auto, y empieza el interrogatorio.

- ¿Qué pasó que terminaron tan temprano? Pensé que se quedaba a dormir.

- Nada, estaba muy cansado. Se tuvo que ir.

- Ah, mirá. Cansado para su novio, che. Que tipazo.

Moski no responde, y Santiago lo mira por el retrovisor. Algo raro pasa. Le va a preguntar cuando estén en el boliche, si tienen tiempo antes de empezar a escabiar.

 

No tienen tiempo.

Apenas llegan, sus manos se llenan de botellas, la mesa de mujeres y el aire de porro. La están pasando bien. Manuel está con una rubia alta, esbelta. Santiago está en algún sillón con una mina, intentando chamuyarsela sin tardar 3 horas.

Moski está...

¿Moski está bailando con un tipo?

Mernuel mira una vez, y después mirá dos. Se saca los lentes porque no entiende que carajo está viendo. Una cosa es que el rubio se le tire a él, y otra cosa es que se le tire a todos los tipos que se le cruzan. Está de novio, se supone. No puede ser tan regalado.

Se aleja de la rubia con palabras vagas, y va directo hacia Lautaro. Lo agarra fuerte del brazo sin dar explicaciones y lo acorrala contra la pared.

- ¿Me explicas que mierda haces, pendejo pelotudo? - Le sale con bronca, el aliento es puro vodka y chicle.

- ¿Que hago de qué? Estoy bailando, Manuel. Soltame que la estaba pasando bien.

- Claro, bien regalado, ¿no? ¿Porque tenés que hacerte el lindo con todos? Tenés novio, Lautaro. No podés ser tan trola.

- ¿Qué carajo te importa lo que hago? No sos vos mi novio. No me podés reclamar nada.

Mernuel lo mira. En un movimiento rápido, le rodea el cuello con una mano.

- Te reclamo porque me molesta que seas tan zorra. Es cualquiera, Lautaro. De verdad. ¿ Te pensas que no me di cuenta que te encanta provocarme? No te alcanza con la pija de tu novio que venís a buscar la mía. Y al parecer con eso tampoco te alcanza, porque ahí estás moviéndole el culo a otro.

Moski se toma un momento para entender lo que dice Mernuel. Y entiende. Las provocación, los roces. Los dos sabían que era intencionado. Bueno, ahora sabe que no le molesta. Y que sí está celoso. Y Lautaro está muy caliente, y hace meses que desea a su mejor amigo.

- Estoy con otro porque vos no me das bola. Te vas con la primera que te cruza, y me dejas solito. - Forma un puchero con su boca, y algo hace cortocircuito en el cerebro de Manuel.

- Voy a pedir un Uber. Y me chupa un huevo si te querías quedar más tiempo. Vamos a volver al departamento y te voy a hacer mierda. ¿Me escuchaste?. - Le aprieta fuerte el cuello, obligándolo a responder. A Lautaro se le escapa un suspiro.

- Si.. si. - Es lo único que puede decir.

Manuel pide el Uber, y los dos se van a la salida. Le avisan a Santiago, que no les da ni bola porque todavía no se le dá con la mina. Pobre.

El viaje en Uber está cargado de tensión. Mernuel tiene su mano en el muslo de Lautaro, y lo acaricia despacio. Apoya su frente contra su sien, y respira el olor del rubio.

Finalmente, llegan al edificio. Apenas se cierran las puertas del ascensor, Manuel se cansa.

Se separa de la pared y da dos pasos largos hacia Lautaro, y le come la boca. No es un beso romántico, no es un beso tierno, ni dulce. Es hambriento. Es el resultado de meses de tensión, de meses de celos y de dar vueltas entre ellos. Lo besa con desesperación, con ganas de destrozarlo. Sus lenguas se enredan, le agarra la cintura, fuerte, y lo atrae hacia él. Al más pequeño se le escapan gemidos pequeños por la intensidad de la situación. Nunca había sentido algo así, nunca lo habían besado así. No entiende como dejó pasar tanto tiempo perdiéndose ese sentimiento.

El ascensor abre en el piso 18, y se separan para tomar aire. Nisiquiera tienen tiempo para mirarse, porque Lautaro abre la puerta apurado. Apenas la cierran, Mernuel lo agarra por el pelo y lo atrae hacía él. Empieza a besarle el cuello, a morderlo, para marcarlo. Quiere que Mateo vea las marcas, que sepa que es suyo. Que todos sepan que es suyo.

Lautaro separa a Mernuel de su cuello y lo mira fijamente. Ahora es él quien le da besos al otro en el cuello, pero los suyos son cortos. Pequeños, provocadores. Va bajando poco a poco, besa su pecho, su abdomen. Y llega a su pantalón. Mira hacia arriba, con los ojitos bien abiertos y la boquita hinchada. Refriega su carita contra la pija cubierta de su amigo, y Manuel se vuelve loco. Lo agarra del pelo y lo obliga a refregarse con más fuerza, jadeando por la sensación.

- Mmm ¿La querés en la boquita? Hablame, mi amor.

Lautaro asiente, y empieza a desabrocharle el jean. Lo hace rápido, porque es algo que quiere hace mucho tiempo. Le baja el boxer apresurado, y la vé. La pija de su amigo es grande, gruesa, perfecta. Inmediatamente se la mete a la boca, y succiona la punta. Mernuel larga un gemido, y lo agarra más fuerte del pelo. Moski la toma cada vez más adentro de su garganta, y de repente a Manuel lo invade los celos. Lo despega de su pija. Moski suelta un quejido por la pérdida.

- ¿Cuantas veces hiciste esto con otros, Lautaro? ¿Cómo podés ser tan puta? Te voy a destrozar la garganta.

Posiciona una mano a cada lado de su carita, y con violencia, le empieza a coger la boca. La saliva corre por las comisuras de la boca del más pequeño, los ojos se le llenan de lágrimas y se le hinchan todavía más los labios. No entra todo, no lo puede tomar todo. Pero aún así, acepta lo que Mernuel le da. Se deja hacer. Las embestidas duras y fuertes maltratan su garganta, y le encanta. Mernuel suelta un gruñido, y al sentir que se está por venir, se separa de la boca del rubio.

- Tanta pija querías, te la voy a dar. Ponete en 4, en el sillón. - Lo agarra por los hombros y lo levanta del piso.

Lautaro obecede, se saca la ropa y pega el pecho al sillón. Con el culo al aire, siente como Mernuel se posiciona detrás suyo.

Mernuel está en el cielo. Después de meses de desear cogerse a Moski, lo tiene ahí, todo para él, y solo para él. Es hermoso, con su piel lechosa y su cinturita, sus piernas, y dios, ese culo. Lo vuelve loco, le dan ganas de reventarlo. Y lo hace. Le pega una nalgada y escucha como el rubio gime en voz alta. Le pega otra, y lo ve rebotar. No aguanta más, le tiene que meter la pija ahora.

Agarra el lubricante que tienen en la mesita del sillón (porque bueno, son pibes facheros, cogen seguido). Y unta sus dedos con una cantidad generosa. Despacio, mete un dedo en el agujero de su amigo.

- Decime si te molesta Lauti, ¿Si?. - Aunque sabe que no es su primera vez, no le quiere hacer daño.

- Si. - Lautaro siente una sensación rara, incomoda. Pero no fea. Poco a poco, se va a acostumbrando, y le pide a Manuel otro dedo. Empieza a hacer tijeras dentro suyo, y el dolor se convierte en placer. Se le escapan gemidos, y el ruido del chapoteo invade el living.

- Dios, Lautaro. Lo que sos, la puta madre. Que trola hermosa. - Mernuel decide que ya es suficiente, y le acerca los dos dedos a la boca de su chico para que los limpie. Lautaro chupa con entusiasmo, sin vergüenza.

Mernuel se acaricia, y se prepara para meterla.

- Uh, la concha de la lora - Dice, de la nada. Lautaro mira por encima de su hombro con una ceja levantada, como preguntándole porqué tarda tanto.

- No hay más forros, seguro se los llevo el pelotudo de Santiago. - Dice, enojado.

- No.. no hace falta. Métela así, porfavor. - Le ruega Lautaro.

Mernuel nunca escucho nada más lindo en su vida. Pero duda.

- Manu, porfavor. No...me da vergüenza contarte esto. Pero, sos el primero, Manu. No hay riesgo de nada. A menos que vos...

Mernuel proceda la información. Y no la entiende.

- ¿Qué?. - Pregunta, atónito.

A Lautaro se le encienden las mejillas todavía más. Le da un poco de pena admitir que es virgen todavía, porque no se animó a hacer nada con Mateo. Porque quería que fuese Mernuel.

- No. Mateo y yo no hicimos eso. Yo era el problema. No quería. No quería porque te quería a vos, Manu. Quiero que vos seas mi primera vez, te quiero a vos adentro mío. No a otro.

A Mernuel se le escapa el aire y se le oscurecen los ojos. Lo voltea con una fuerza increíble y lo besa profundamente. A los dos se les escapa un gemido por la intensidad del beso.

- Sos mío. No sos de él. Me chupa un huevo si es tu novio. Sos todo mío. Te voy a coger tan, tan bien que no vas a volver a tener otra cosa en la cabeza que no sea mi pija, mi amor. Y después, lo vas a dejar al cornudo ese. Y te voy a tener encerrado en mi cuarto todo el día, para mí solo. - Le brillan los ojos y lo agarra posesivamente de la cara.

Ah, claro. Lautaro no les había contado nada de la infidelidad ni de la ruptura.

Bueno, si eso impulsa a Mernuel a cogerselo más fuerte, él no lo va a detener. Ya va a tener tiempo de decírselo.

- Si, si, soy tuyo. Porfavor, metemela. Así, sin forro. - Eso termina de romper a Mernuel, que, ahora sabiendo que es su primera vez, empieza a entrar en él despacio. Cuidadoso.

La punta rompe el borde del agujero de Lautaro, y siente un ardor extraño, pero placentero. Poco a poco (muy de a poco para su gusto) va entrando. Cuando toca fondo, los dos largan un gemido de necesidad. Lautaro se siente muy lleno, nunca experimento esa sensación en toda su vida.

No sabe cómo vivió sin eso.

- ¿Bien, mi amor? ¿No te duele?

- No, Manu. No me duele.

Con la aprobación, Mernuel empieza a moverse. Primero es lento, calculado. Pero después, los dos empiezan a sentir el placer. Y lo invade un instinto puramente animal. Le agarra las piernas y las sube a sus hombros, y se lo empieza a coger con impetú. Las embestidas son cada vez más aceleradas, más fuertes. Y ahí sucede: Lautaro siente una explosión de placer cuando la pija de Manuel toca un punto dentro suyo.

- Ah! Mmm, ahí, Manu, porfavor.

- Me vas a matar, Lautaro. Mirate, cómo disfrutas. Te encanta la pija. La mía.

- Si, solo.. solo la tuya. - Lautaro gime fuertemente, y Manuel empuja más aceleradamente, sin cuidado, se estrella una y otra vez contra su agujero.

Con su mano izquierda, se separa de su tobillo y le aprieta los cachetes hasta que Lautaro abre la boca. Se inclina, y le escupe. Lautaro traga y saca la lengua para mostrarle que tragó si saliva.

Mernuel no sabe que hizo en la vida para merecer semejante show en frente suyo, pero sabe una cosa. Lautaro no se le va más. Lo va a atar si es necesario, pero se lo va a coger todos los días, en todas las posiciones que existan. Porque ya lo probó, y sabe que no lo puede dejar ir. Nunca.

Las embestidas se vuelven erráticas, y ambos se tensan. Lautaro lo siente, sabe que están por acabar.

- Manu. Adentro, porfavor. La quiero adentro.

- ¿Si, mi amor? ¿Querés estar lleno de mí? Está bien, te la doy toda. - Mernuel empieza a masturbar al más pequeño, y animado por sus gemidos, se viene con un gruñido largo y alto. Lautaro lo sigue, apretando su culo y exprimiendo todo lo que puede la verga de su amigo.

Mernuel se derrumba encima del rubio. Se separa unos segundos después, bajando las piernas de sus hombros. Saca la pija del culo de Lautaro, y observa como cae el semen entre sus nalgas. No lo puede evitar, hunde la cara y empieza a chupar.

Lautaro, que había cerrado los ojos por el cansancio, los abre y empieza a gemir despacito. Le duele por la sobrestimulación, pero le encanta la sensación. Deja las manos flácidas a sus costados y se deja hacer.

Luego de limpiar todo el semen con su lengua, Mernuel sube por todo el cuerpo de Lautaro y le da un beso largo, dulce. Está lleno de tranquilidad, de paz, de sentimientos que no se atrevían a nombrar. Se besan como si el tiempo no existiera, con amor.

- Lauti, vamos a bañarnos, si? Te va a hacer bien. Y después podemos comer algo, así dormis bien.

- Mmm. - Es todo lo que puede decir el menor. Mernuel lo alza en brazos, y se duchan bajo el agua tibia. Lo limpia despacio, con cariño.

Una vez secos, en la habitación de Manu, piden dos combos de Mc. Moski busca un beso, pero ve.. tristeza. Mernuel mira un punto fijo, sus ojos perdidos. Moski no entiende lo que pasa, estaba todo bien. Se sentía más unido que nunca al otro chico.

- Manu, ¿Está todo bien? Estás raro. - Le pregunta. Se sienta más cerca, y empieza a hacerle mimos en el pelo.

Mernuel agarra su muñeca y la baja de su pelo. Lautaro lo mira, dolido por el rechazo.

- No, Lauti. No está todo bien. Porque hoy tuve el mejor sexo de mi vida, con vos. Y lo único que quiero es acostarme y abrazarte. Pero no sos mío, mi amor. Tenés novio. Y me está haciendo mierda la cabeza.

Bueno, Lautaro es un pelotudo.

Se había olvidado por completo de contarle a sus amigos lo que había pasado con Mateo.

Esboza una sonrisa chiquita y llena de ternura.

- Corté con Mateo hace unas horas. Llegó tarde a la noche de películas, por accidente derramé chocolatada en su camisa, y cuando se la fui a sacar para lavarla, le ví chupones en todo el pecho. Que claramente no eran míos. Un asco total, le corté en el momento.

Mernuel lo mira, y si bien se llena de bronca porque el otro pelotudo haya sido capaz de serle infiel a su rubio, siente una felicidad inmensa. Porque pensó que iba a tener que soportar ser el otro, estar oculto. El iba a aceptar lo que sea que Lautaro quisiera darle, pero lo iba a destruir. Saber que eso no va a suceder, le da una paz tremenda. Y lo emociona.

- Que pelotudo de mierda. No sabe lo que se perdió, es un imbécil. Pero bueno, mejor para mí. Vos vas a ser mi novio. Pero primero te lo voy a pedir bien, con una cena linda, en un restaurante caro, como te mereces. Te amo.

A Lautaro se le llenan los ojos de lágrimas y se le corta la respiración. Todos esos meses viendolo salir con otras chicas, todos esos meses de novio con una persona que no le gustaba, valieron la pena. Porque llevaron a este momento entre los dos, a confesarse su amor. Y eso era más importante que cualquier obstáculo.

- Yo también te amo, Manu. Desde hace mucho.

Se besan dulcemente, y se van a hacer cucharita en la cama. Se duermen con la certeza de que algo nuevo se está formando, con esperanza y mucho amor en sus corazones.

Hizo falta que Moski estuviera con otro para que Manuel se dé cuenta de sus sentimientos, pero valió la pena.

Después de todo, a Mernuel le gustan con novio.

Notes:

Bueno!! Es mi primer fic, así que agradecería comentarios o lo que quieran dejar, no sé que tan bien o mal haya salido, pero espero que les haya gustado! Nunca jamás había escrito nada de nada, no tengo mucha creatividad pero creo que algo salió de las pocas neuronas quemadas que me quedan. Las amo chicas sigan sirviendo concha y ya saben gente aguante mernoski, no se olviden.