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Un regalo especial para papá

Summary:

Jimin y Jungkook quieren regalarle algo a su papi NamJoon para navidad, algo especial, y como ambos están en el jardín haciendo cartitas para sus padres, un compañero se les acerca, les pregunta que le regalaran a su padre y Jimin le dice que todavía no saben... Su compañero les susurra que él le regala algo especial a su papi... les dice que cada navidad, él le regala su culito a papi... y su papi siempre está feliz usando su culito.

(...)

Nam 40 años
Kook 4 años
Jimin 5 años

Chapter Text

Era la última semana antes de Navidad y la maestra del jardín les había dado cartulinas rojas y verdes para hacer tarjetas de regalo.

Jimin y Jungkook estaban sentados juntos en el pupitre del fondo, como siempre.

-¿Qué le regalamos a papi este año? -susurró Jimin mientras recortaba una estrella torcida-. Ya le hicimos un dibujo el año pasado y le encantó, pero quiero que sea... mejor.

Jungkook mordía la tapa de su lápiz, pensativo.

-No sé... ¿una bufanda?

-Mhm... No, mejor algo que solo nosotros podamos darle... Pero no sé qué -murmuró Jimin.

Estaban tan concentrados que no notaron que Hoseok, un compañero de la fila de al lado, se había acercado y apoyado en su pupitre al escucharlos.

-¿Qué le van a regalar a su papi? -preguntó en voz baja, mirando las tarjetas a medio hacer.

Jimin suspiró, dejando de usar el crayón verde para tomar el rojo.

-Todavía no sabemos... Queremos que sea algo muy bonito, pero no se nos ocurre nada diferente.

Hoseok se inclinó un poco más, bajando la voz hasta que fue un susurro.

-Pues yo ya tengo el regalo perfecto para mi papi. Algo especial... solo para nosotros dos. En cada navidad se lo doy y los dos la pasamos muy bien. Sobre todo él. Le encanta.

Jungkook levantó la vista de golpe, curioso.

-¿Qué es? ¿Un dibujo? ¿Un llavero?

Hoseok soltó una risita suave y miró a los lados para asegurarse de que nadie más escuchara.

-No exactamente... Yo... yo le regalo mi culito. Y mi papi Jin lo usa a su antojo con su polla. Toda la noche.

El silencio que siguió fue tan espeso.

Jimin soltó el crayón se le resbalaba de los dedos. Jungkook parpadeó varias veces, como si intentara procesar las palabras.

-¿Q-qué? -susurró Jimin al fin, con los ojos muy abiertos.

Hoseok se encogió de hombros, como si hablara de regalar un chocolate.

-Es nuestro secreto. A él le gusta mucho. Dice que es el mejor regalo que le he dado nunca. Me prepara con cuidado, me hace sentir... calentito por dentro. Y después me abraza toda la noche. A veces me deja dormir con su... cosita todavía dentro.

Jungkook tragó saliva. Su cara estaba roja como la cartulina que tenía en la mano.

-¿Y... no duele?

Hoseok sonrió, un poco orgulloso.

-Al principio un poquito, pero después es... increíble. Sobre todo cuando papi se emociona y me dice lo buen chico que soy. Y cuando termina, me llena todo... se siente tan calentito y pegajoso. Me gusta cuando se me sale un poco y me mancha.

Jimin y Jungkook se miraron entre sí. Ninguno de los dos sabía qué decir. Tenían el corazón latiendo muy rápido y una sensación extraña y cálida instalándose en la parte baja de la panza.

-¿Creen que a su papi le gustaría algo así? -preguntó Hoseok con una sonrisa-. Los dos juntos serían un regalo aún más grande. Imagínense: los dos dándole sus culitos para que él elija con cuál jugar primero...

Jimin apretó los labios.

-N-no sé... Papi es muy bueno con nosotros. Siempre nos cuida.

-Precisamente por eso -dijo Hoseok, guiñando un ojo-. A veces los papás también necesitan que los cuiden de otra forma. Que les demos algo solo nuestro.

El timbre sonó y Hoseok se alejó con una sonrisa, dejándolos solos con sus tarjetas a medio terminar.

(...)

Luego de esa última clase, en el camino a casa, los hermanos iban callados, sentados juntos en el furgón.

-¿Tú... crees que papi se pondría feliz? -preguntó Jimin por fin, casi en un susurro.

Jungkook se mordió el labio inferior.

-No sé...

Se quedaron callados nuevamente.

-¿Y si... hacemos una tarjeta diferente? -propuso Jimin, con la voz temblorosa-. Una que diga... que este año le regalamos nuestros culitos. Que puede usarlos cuando quiera.

Jungkook lo miró con los ojos muy brillantes.

-¿Los dos a la vez?

Jimin asintió, con las mejillas ardiendo.

-Los dos. Para que elija. O... para que nos tenga a los dos al mismo tiempo.

Jungkook tragó saliva y sonrió, tímido pero decidido.

-Entonces hay que practicar la letra bonita. Y tal vez... dibujar corazoncitos alrededor de las palabras.

Cuando llegaron a casa, su padre NamJoon los recibió con su sonrisa grande y cálida, despeinándoles el cabello a los dos.

-¿Cómo estuvo la escuela, mis amores?

Jimin y Jungkook se miraron un segundo, compartiendo un secreto nuevo.

-Muy bien, papi -dijo Jimin dulcemente.

-Estamos preparando tu regalo -añadió Jungkook, con la voz un poquito más baja-. Va a ser... muy especial.

NamJoon soltó una risita suave y los abrazó a los dos contra su pecho ancho.

-No veo la hora de abrirlo.

(...)

La casa olía a galletas recién horneadas y a pino. Las luces del árbol parpadeaban suaves, rojas y doradas, mientras la nieve caía afuera.

NamJoon había terminado de envolver los regalos para sus chicos y los había dejado debajo del árbol con una sonrisa tierna. Pensaba que esta Navidad sería como las otras: abrazos largos, chocolate caliente y películas hasta quedarse dormidos los tres juntos en el sofá.

Jimin y Jungkook, en cambio, habían pasado toda la tarde nerviosos. Se habían bañado juntos como lo hacía siempre, pero esta vez con una sola cosa en mente; limpiarse bien el agujero para que papi lo use. Se habían puesto los pijamas más suaves que tenían; unos cortos de algodón que apenas cubrían sus muslos, y habían escondido algo muy especial debajo de la cama grande de papi.

Cuando NamJoon bajó del baño, envuelto en su bata gris y con el cabello aún húmedo, los encontró sentados en la alfombra frente al árbol, con las piernas cruzadas y las mejillas rosadas.

-¿Listos para abrir regalos, mis amores? -preguntó con esa voz profunda y cálida que siempre les hacía cosquillas en la panza.

Jimin y Jungkook se miraron un segundo.

Jungkook asintió apenas, y Jimin tomó aire.

-Primero... queremos darte el nuestro, papi -dijo Jimin, extendiendo una tarjeta grande hecha a mano. Estaba decorada con estrellitas, corazones y letras cuidadosas.

NamJoon se sentó en el suelo con ellos, curioso, y abrió la tarjeta despacio.

Dentro, con letra temblorosa pero bonita, decía:

"Para el mejor papi del mundo. Este año no tenemos juguetes ni dibujos. Este año te regalamos algo solo nuestro: nuestros culitos. Para que los uses cuando quieras, como quieras, las veces que quieras. Porque te queremos mucho y queremos hacerte muy feliz. Con amor, Mimi y koo"

NamJoon primero pensó que era una broma inocente, una frase mal escrita. Pero cuando levantó la vista y vio las caritas serias y sonrojadas de sus chicos, algo dentro de él se removió.

El corazón le latió fuerte. Tragó saliva.

Sus manos temblaron, leyó nuevamente la carta. Sus ojos se abrieron de golpe, el corazón le martilleaba en el pecho.

¿Sus bebés? ¿Ofreciéndose así? No era una broma. Sus caritas serias lo confirmaban.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

-¿D-de dónde sacaron esto? -preguntó NamJoon con voz temblorosa, casi un gruñido, dejando la tarjeta a un lado como si quemara-. ¿Quién les metió eso en la cabeza?

Jimin y Jungkook se miraron nerviosos, pero no con miedo. Jungkook fue el primero en hablar, gateando más cerca y poniendo sus manitas en las rodillas de su padre.

-Fue Hoseok, papi -susurró Jungkook, como si estuviera contando un secreto divertido-. En la escuela, mientras hacíamos las tarjetas. Nos preguntó qué te íbamos a regalar, y le dijimos que no sabíamos. Entonces nos contó lo que él le da a su papi en Navidad.

Jimin asintió rápido, acercándose por el otro lado y abrazando el brazo de NamJoon.

-Dijo que es algo especial, solo para ellos dos. Que la pasan muy bien, sobre todo su papi, porque lo ama mucho. Y cuando le preguntamos qué era... nos susurró que le regala su culito, y que su papi lo usa a su antojo con su polla. Que se siente calentito y pegajoso después, y que duermen juntitos.

NamJoon sintió que el mundo se le venía encima.

¿Hoseok? ¿Ese niño de la clase de sus hijos? ¿Y su padre...?

La furia le subió como una ola, roja y caliente.

¿Cómo un padre podía hacer algo así? ¿Cómo podía tocar a su propio hijo de esa manera?

Era enfermo, prohibido, criminal.

NamJoon se imaginó al padre de Hoseok: un monstruo disfrazado de hombre, robando la inocencia de su chico. Se perdió en sus pensamientos, la mente dando vueltas.

"¿Cómo se atreve? ¿Cómo no lo detienen? Dios, si yo fuera el padre de Hoseok, nunca... nunca le haría daño a mi bebé. Los protejo, los cuido... no los uso"

No notó cómo sus chicos se movieron. Estaba demasiado hundido en su ira interna, los puños apretados, la mandíbula tensa. No vio cómo Jimin y Jungkook se miraron con una sonrisita traviesa, decididos a "ayudar" a su papi a entender.

Despacito, sin hacer ruido, se pusieron de pie y se bajaron los pijamitas cortos hasta los tobillos. Quedaron desnuditos de la cintura para abajo, sus pieles suaves brillando bajo las luces navideñas.

Se giraron, dándole la espalda a NamJoon, y se inclinaron un poquito hacia adelante, apoyados en el sofá. Empezaron a menear sus culitos redondos y limpios, como si bailaran una danza.

-Para papi -susurraron entre risitas bajas.

NamJoon salió de su trance al oír las risitas. Parpadeó, y entonces... los vio.

Dos culitos perfectos, meneándose suaves.

Los agujeros rosados y vírgenes pestañeando apenas, contrayéndose y relajándose con el movimiento, como si le guiñaran un ojo de manera traviesa.

El aire se le atoró en la garganta. Su polla se endureció de golpe bajo su ropa interior y bata, palpitando con fuerza.

-Mis... mis amores... -balbuceó con la voz ronca, los ojos fijos en esa visión que lo hacía arder por dentro-. ¿Q-qué están haciendo?

Jimin giró la cabeza, mirándolo por encima del hombro con ojos brillantes.

-Mostrándote tu regalo, papi. ¿Ves? Nuestros culitos solo para ti. Puedes tocarlos... o usarlos como dijo Hoseok.

Jungkook meneó un poquito más, su agujero palpitando.

-No estés furioso, papi. Nosotros queremos. Para que seas feliz como el papi de Hoseok.

NamJoon tragó saliva, la furia diluyéndose en un deseo que lo aterrorizaba y excitaba a partes iguales. Sus manos temblaron, queriendo extenderse... pero se contuvo.

-Esto... esto no está bien -susurró, pero su mirada no se apartaba de esos agujeritos que lo llamaban.

Los chicos sonrieron, meneando más, sabiendo que ya lo tenían.

-No... mis amores, esto no... ustedes no tienen que... -empezó, pero la voz se le quebró.

Jimin lo miró sobre su hombro, sus ojos grandes y brillantes. Jungkook volvió a su posición normal, frente a su padre, y movió una mano inocente por el muslo de NamJoon hasta rozar el bulto que ya se marcaba evidente bajo la bata.

-Mira... ya está despierto -susurró Jungkook, fascinado-. Es grande, papi...

NamJoon soltó un jadeo bajo y cerró los ojos un segundo. Intentó apartar la mano de Jungkook con suavidad, pero su hijo no se movió.

-Mis bebés... esto es... es algo de adultos. No quiero hacerles daño.

Jimin se levantó despacito y se sentó en el regazo de su padre, de frente, con las piernitas abiertas a cada lado. Su trasero rozó la erección creciente y NamJoon gruñó sin poder evitarlo.

-No nos vas a hacer daño, papi -susurró Jimin contra su oído-. Queremos aprender contigo. Queremos que nos enseñes. Despacito... como tú siempre nos enseñas todo.

Jungkook se pegó por detrás, abrazando el cuello de NamJoon y besándole la mejilla.

-Podemos empezar solo con besitos...

NamJoon temblaba. El calor de sus dos chicos lo envolvía. El olor infantil, a piel limpia. Las manos pequeñas explorando con curiosidad inocente. Y su polla, traicionera, ya completamente dura, palpitando contra el culito de Jimin.

-Dios... -susurró, rindiéndose poco a poco-. Solo... solo besitos, ¿sí? Despacito.

Jimin sonrió feliz y le dio un besito suave en los labios. Jungkook hizo lo mismo desde atrás, en la mejilla, luego en la comisura.

NamJoon cerró los ojos y dejó que las manos pequeñas desataran lentamente el nudo de su bata. Cuando sintió el aire fresco en su piel, y luego las manitas curiosas rozando su pecho, su abdomen, y finalmente... bajando más...

-Papi... es tan grande... -susurró Jungkook, maravillado al bajar el bóxer y ver la polla, rodeando con las dos manos la base gruesa.

Jimin se mordió el labio, y se arrodilló junto a su hermano. Los dos miraron la polla dura de su papi como si fuera el regalo más bonito del mundo.

-¿Podemos... probarla un poquito? -preguntó Jimin con voz dulce.

NamJoon soltó un suspiro tembloroso y asintió apenas.

-Solo un poquito... mis amores... la puntita...

(...)

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