Chapter Text
Gon se consideraba a sí mismo un buen alfa.
Durante su infancia, su tía Mito se había encargado de inculcarle valores importantísimos que hoy en día hacían falta: la caballerosidad y la empatía. Eran conceptos fundamentales con los que Gon se familiarizó, sobre todo cuando se trataba de omegas. Le enorgullecía afirmar que su crianza había sido más que eficiente.
Antes de que Gon entrara a la pubertad, Mito ya sabía lo que se avecinaba: Gon Freecss sería un alfa, justo como su padre. Su personalidad terca y sus ansias de aventura lo delataron por completo. Mito se aseguró de enseñarle a Gon todos los principios para ser un buen alfa.
Sus enseñanzas variaban, comenzaba desde lo más simple como pequeños consejos: "en una cita, siempre debes llevar flores", "abre la puerta y deja que ellos pasen primero, es un gesto de cortesía". Hasta cuestiones más complejas que a veces Gon no llegó a entender: "Nunca atribuyas la tristeza o el malhumor de un omega a sus hormonas, ¡Eso es muy grosero! Siempre presta atención a lo que te dicen".
Poco a poco, mediante citas de práctica y sermones eternos, Gon fue memorizando lo que Mito le explicaba y lo fue entendiendo. Cuando se presentó como alfa a sus quince años, ya se sentía preparado para ocupar su rol en la sociedad, incluso si ciertos rasgos de su personalidad no se adecuaban a lo que un alfa "debía ser". A Gon nunca le importó ser considerado por otros como un alfa blando, Mito le enseñó que ser amable era lo correcto.
Actualmente, a sus veintiún años, Gon ya había tenido varias parejas. Su atracción no era exclusiva hacia los omegas, también había tenido noviazgos con betas y uno que otro alfa. Tampoco tenía preferencias con el primer género, ¿Hombre? ¿Mujer? ¿Nada en lo absoluto? A Gon le daba igual. Las mujeres eran lindas, los hombres eran sexys, todos tenían puntos buenos a destacar.
Sin importar el género secundario de sus parejas, Gon siempre dio lo mejor de su mismo. Sus amoríos no pasaron del primer año, siempre terminaron por incompatibilidad en los planes a futuro. La mayoría de personas querían una familia, comprar una casa y concebir un par de cachorros. Pero Gon no podía comprometerse con algo así, no tenía experiencia con la paternidad y tampoco sabía si estaba interesado en adquirirla; parecía un concepto distante que no encajaba con la visión que tenía de sí mismo. Pero la gente no entendía sus explicaciones.
Al final, ninguna de sus parejas estuvo de acuerdo con su trabajo como cazador, decían que consumía mucho tiempo y que era poco saludable; pero era lo único que a Gon le apasionaba. Otros llegaron a dudar de su amistad con Killua. Y otros temieron involucrarse demasiado, ¿Y si el trabajo de Gon los exponía a peligro? No era así, pero sus palabras nunca pudieron garantizar lo contrario.
Estar solo resultó ser la mejor opción, incluso cuando era un buen partido. Gon no se frustró demasiado. Conocía en qué mundo se había metido, su trabajo era peligroso y no todo el mundo entendería la magia detrás de los cazadores, tampoco habría mucha gente de acuerdo con no tener hijos. Y vaya, ¡Nadie aprobaba su amistad con Killua! A Gon le exasperaba un poco. Ser un buen alfa no era suficiente, pero estaba bien, Gon no tenía prisa.
Tardó un tiempo considerable, pero al final la respuesta siempre estuvo en frente de sus narices.
Killua.
Nueve años de amistad. Seis meses de relación. Gon había tardado demasiado tiempo descubriéndose a sí mismo, ejercitar su cerebro nunca había sido lo suyo y reflexionar tampoco era de sus actividades favoritas. Tras meses de soltería cayó en cuenta de algo, sus exs tenían razón: su amistad con Killua iba más allá de lo platónico. No pensó que fuera posible, pero en primer lugar, ¡Ni siquiera lo había considerado seriamente!
Botó tanto humo por las orejas que temió haberse fundido el cerebro.
Nunca había cuestionado la naturaleza de sus sentimientos por Killua. Claro, sabía que lo amaba. Adoraba al omega con cada centímetro de su cuerpo. Pero su personalidad tímida y evasiva siempre dejo en claro los límites: nada de abrazos, nada de cursilerías, simplemente viajar, trabajar juntos y dividirse las facturas del hogar. Sumado a eso, risas, peleas, miradas cómplices, almuerzos que cocinaban juntos, camas que compartían, chistes que solo ellos entendían, silencios donde se sentían cómodos, y una rutina doméstica que construyeron sin darse cuenta.
Gon cocina, Killua lava los platos. Killua limpia, Gon saca la basura. Killua dice querer ir a comer en algún lugar, Gon lo invita y paga la cuenta. Killua cuenta un chiste, Gon se ríe hasta que le duele el estómago.
Estuvo una semana entera dudando de sí mismo y cuestionándose cada pequeño pensamiento que el omega protagonizaba en su mente. Killua era hermoso, sí, ¿Pero se sentía atraído hacia él? Gon no tardó en sacar una conclusión, sí, Killua producía cosas en su cuerpo. Su alfa interior aullaba y se retorcía de tan solo imaginar escenarios mínimamente cariñosos. Visualizar a Killua en sus brazos, ronroneando y oliendo a chocolate y vainilla, enloqueció a Gon. Imaginar el sabor de sus labios y la textura suave de estos. Se embriagó con el pensamiento de marcar a Killua y de frotar su olor por todo su cuerpo, que sus feromonas se mezclaran y sus ciclos se sincronizaran. ¡Dios mío, se obsesionó con la idea!
Tuvo que llamar a Leorio y tener una conversación confidencial con él en medio de la madrugada, donde confesó muchas cosas vergonzosas y Leorio le ayudó a poner en palabras lo que sentía.
—Amigo, pensé que para este punto nunca te darías cuenta —Leorio le dijo, suspirando— ustedes dos son tan obvios que físicamente me enferma. ¡Es obvio que se gustan! ¡Todo nuestros amigos lo saben! ¡Y todos nosotros estamos hartos!
A la mañana siguiente Gon fue al bar más cercano y se emborrachó hasta tarde. Los mensajes de Killua se acumularon en su bandeja de entrada, pero Gon no tuvo la valentía para contestar. ¡Le avergonzaba ser tan estúpido! Si lo pensaba bien, tenía sentido asumir que Killua estaba enamorado de él. Gon bebió hasta que el ardor en su garganta fue insoportable y su cabeza dio vueltas, regresó al departamento que alquilaban en el centro de la ciudad y allí, en medio de la penumbra en la sala, Killua lo esperaba con una mirada indescifrable en los ojos.
—¡Te he estado escribiendo todo el día! ¿Dónde carajos estabas? —Killua estaba despeinado y tenía los ojos bien abiertos, su expresión se torció en una mueca de irritación. Gon se distrajo con el color azul tan bonito en sus iris.
—Lo siento, estoy borracho… estoy muy borracho —Gon prácticamente se arrastró hasta el sillón más cercano, se dejó caer y miró el techo. Tenía la piel erizada y el corazón acelerado, su camisa se le ceñía al torso por el sudor, pero en vez de oler su propio hedor, olía las feromonas de Killua agitadas en el aire—. Tome demasiado… voy a vomitar.
—¡Ah, no! ¡Ni se te ocurra! —Killua lo jaló de un brazo, obligándolo a levantarse—. Vamos a darte un baño y te llevaré a la cama. Estás hecho un desastre, ¡Y apestas!
—Lo sé, lo sé… pero tú hueles muy bien.
Killua no dijo nada, pero sus mejillas se encendieron con un lindo sonrojo. Él apartó la mirada. El brazo de Gon envolvió sus hombros y Killua lo sostuvo por la espalda baja, con los pies temblorosos, ambos se dirigieron hasta al baño al final del pasillo. Allí, Killua llenó la tina con agua tibia y ayudó a Gon a desvestirse, su ropa sucia se amontonó sobre las baldosas blancas en el suelo, el olor de las feromonas de Killua se endulzó notoriamente. Y Gon se sintió aún más borracho. Killua era gentil y atento, miraba a Gon con destellos desbordándose de sus ojos zafiro y los labios temblorosos. Quiso besarlo. Pero por obvias razones, se contuvo.
Se metió a la tina en bóxers y Killua le lavó el pelo, le restregó la cabeza con movimientos circulares y masajeó sus hombros. Incluso cuando Gon no le había pedido nada de eso. Killua siempre lo ayudaba y lo cuidaba, mostrándose más suave que con nadie —exceptuando a Alluka, por supuesto—. Gon se sintió afortunado de tenerlo.
Killua lo arrastró hasta la habitación que compartían y le extendió un conjunto de ropa. Gon se acostó primero, tendido sobre su espalda, aún con el estómago revuelto y la visión borrosa. Lo único que veía con claridad era a Killua. Tan bonito. Tan bueno. El alfa interior de Gon prácticamente ronroneaba.
—Killua, gracias.
—De nada, intenta dormir… beber es agotador, supongo.
—Killua —Gon le sonrió—. ¿Mañana podríamos hablar?
—Hablamos todos los días, tonto —Killua rodó los ojos con cariño—, por supuesto que podremos hablar.
—Okey, de acuerdo, mañana hablaremos… necesito decirte algunas cosas y —Gon tosió— ahorita estoy muy cansado… pero mañana te lo diré todo. ¿Puedes acostarte aquí conmigo?
—De acuerdo.
Killua se acostó a su lado. Sus hombros no se tocaron. Sus manos no se entrelazaron. Ellos no se abrazaron. Pero Gon se sintió más cerca que nunca, como si finalmente hubiera desentrañado todos los misterios del universo, ahora lo sabía: amaba a Killua, mucho más de lo que había creído. Killua era el único para él. Lo quería a su lado y, era fácil asumir que Killua también se sentía igual.
A la mañana siguiente se confesó.
Para la noche ya eran novios.
Gon redactó un Gmail para cada uno de sus amigos y todos se alegraron por la noticia, aunque la mayoría —por no decir todos— aseguraron saberlo desde antes. Leorio fue el primero en enterarse, por supuesto. Y aunque Gon seguía sintiéndose mal por ser tan estúpido, la alegría de haber sido correspondido por Killua se instaló en cada uno de sus huesos, ¡Dejar de sonreír se convirtió en algo imposible! ¡Estaba muy feliz!
A partir de allí su relación fue desarrollándose con naturalidad, como las flores que nacen en primavera y la nieve que tiñe todo de blanco en invierno; fue fácil y sin protocolo, un día eran mejores amigos y al otro novios, pero la confianza se mantuvo igual. La rutina ya estaba allí. No hizo falta preguntas ni interrogatorios, sabían todo uno del otro, cada uno de sus rasgos se complementaban entre sí hasta formar un equilibrio perfecto. Aunque no tuvieran experiencia dándose mimos y besos, fue fácil aprender.
Desde el primer día Gon aprovechó su estatus de novio para llenar a Killua de atenciones y mimos. Noche de películas, hamburguesas, mucho chocolate y una larga sesión de besos primerizos.
Sus salidas habituales se convirtieron en citas. Los roces accidentales se convirtieron en contacto físico deliberado. Las excusas para compartir cama o bañarse juntos se transformaron en peticiones amables y toda esa tensión acumulada —una década entera de homoerotismo oprimido— se desvaneció. Bueno, no. Tuvieron que resolverlo. Pero los besos y los manoseos fueron increíbles, Gon no había imaginado que unos cuantos toques podían hacer vibrar cada uno de sus nervios; como si su cuerpo se doblegara ante Killua, sus feromonas se alborotaban y su temperatura corporal subía a lo loco.
Gon no pensó que encontraría al amor de su vida siendo tan joven. Aunque, a los doce años, ya había decidido querer estar con Killua para siempre. Qué curioso, ¿No?
Los meses transcurrieron y poco a poco la intimidad aumentó. Agarraron confianza. Los besos inocentes escalaron a besos candentes, con lengua y mordiscos de por medio. Las manos empezaron a escabullirse por debajo de la ropa y en la piel pálida del omega aparecieron marcas y moretones. Cuando besaba a Killua, Gon se inquietaba; sus labios no eran suficientes, quería morder su cuello y besar sus cachetes, quería olfatear sus glándulas y lamer su estómago. Killua tampoco apartaba sus manos del alfa, le gustaba dejarle mordiscos por doquier y susurrarle al oído barbaridades. ¿Se suponía que él era el vergonzoso? ¡Killua tenía una lengua muy sucia!
Antes de darse cuenta, estaban llamándose "cariño" o " querido", hablando sobre planes para una futura boda, e incluso bromeando con formalizar la marca de unión. A veces era muy tentador. Gon ansiaba clavar sus colmillos sobre la glándula olfatoria del omega. Entre noches pasionales, a veces Killua se lo suplicaba. Pero aún era muy pronto.
Construyeron una rutina juntos —no muy distinta a la que venían compartiendo desde hace unos años—, donde viajaban, entrenaban y trabajaban juntos en misiones de cazador. Unos meses después, se acompañaron mutuamente en sus respectivos calores, y las sesiones de besos acalorados pasaron a ser maratones de sexo.
Extremidades revueltas. Killua gimiéndole al oído. El aire oloroso a feromonas, valles de pinos y galletas recién horneadas, mar y azúcar, una mezcla única de aromas. Killua apretado alrededor de su nudo. Sus ojos azules desorbitados y llorosos. El vaiven sincronizado en sus caderas. Al terminar, se acurrucaban en la cama y tenían sesiones de besos perezosos.
Sí, todo era perfecto.
La vida era buena.
Sin embargo, Gon empezó a notar algo. No afectaba directamente a la relación, pero preocupaba a Gon. Y es que desde que él y Killua empezaron a salir y a relacionarse como es debido entre un alfa y un omega emparejados, Gon se percató de cosas.
La turbulenta relación entre Killua y su propio género secundario. Killua no se sentía cómodo siendo uno. Killua no se creía un buen omega.
Si se ponía a rebobinar todo desde tiempos antiguos, Gon notaría que siempre hubo indicios. Comentarios, gestos, reacciones. Killua nunca intentó disimularlo. Pero Gon había sido muy despistado como para prestarle atención.
No se trataba solo de un evidente descontento que transmitía a través de sus comentarios y su constante sarcasmo; muchas veces hablaba mal de los omegas: "Son mis hormonas omegas, ya sabes, son una mierda inestable" . Incluyéndose a sí mismo. También eran ciertos comportamientos, o más bien la falta de algunos.
Entre las cosas más resaltantes, Gon notó como Killua jamás anidaba.
Para los omegas, anidar era considerado un ritual importantísimo. Era el momento donde se permitían bajar la guardia y ponerse cómodos en sus hogares, crear con sus propias manos un escondite seguro para ellos y sus cachorros. Todo el mundo sabía que entrar sin permiso dentro del nido de un omega era una ofensa; una violación absoluta a la privacidad. Gon lo había aprendido gracias a Mito. " Los nidos son escondites privados, los omegas solo permiten a sus cachorros y a sus parejas dentro. ¡Siempre debes pedir permiso antes de intentar meterte en uno!". En su momento, a Gon le pareció un consejo innecesario, pues no tenía interés es profanar ningún nido. Pero de todas formas lo tomó en cuenta.
Los omegas podían hacer sus nidos en cualquier rincón de sus casas, dependiendo de qué sitio fuera más cómodo o estuviera más apartado. Una vez Mito le contó que su primer nido, cuando apenas era una niña, lo hizo adentro del clóset de su habitación.
Con eso en mente, a Gon nunca le importo no haber visto a Killua nunca anidar durante sus años de aventura.
Tenían doce años. Viajaban solos sin supervisión adulta. Se enfrentaban a grupos criminales y se metían en problemas a propósito. Repartían puños y patadas sin considerar los peligros que eso implicaba. Eran irresponsables.
Tenía sentido pensar que Killua nunca había anidado porque nunca se había sentido lo suficientemente seguro. ¿Donde lo hubiera hecho, además? Tal vez en Isla Ballena, pero en el Examen Cazador, en Greed island o en NGL, en definitiva no.
Sin embargo, ahora en la adultez, con una relación ya formalizada y años y años de confianza, Gon creyó que lo vería tarde o temprano. Soñó despierto con el día donde Killua lo invitaría a entrar a su nido, una propuesta tan íntima como una segunda confesión de amor. El alfa interior de Gon aullaba de emoción de tan solo pensarlo, ¡Era difícil mantenerse a raya!
Claro, nunca pensó en la posibilidad de que Killua no anidara.
No sabía si biológicamente era posible, o si al contrario, no era obligatorio hacerlo. Pero a Gon le impresionó. Su relación se fue desarrollando con normalidad y, aún así, Killua no mostró indicio de querer anidar. Ni siquiera en su precalentamiento. Pasaron el celo de Killua juntos, Gon lo acompañó y lo cuidó, pero no ocurrió. Había suficiente confianza para que Killua quisiera a Gon allí en su celo, ¿Pero no quería que el alfa lo viera anidar? Gon no lo entendió.
Después de eso, decidió que le daría tiempo. Killua siempre había sido tímido, Gon no quería ser imprudente y decir algo indebido. Después de todo, había una posibilidad de que el raro fuera él, ¿Por qué un alfa estaría obsesionado con la idea de ver a su omega anidar? Por un momento, Gon se sintió como un pervertido.
Sus intenciones no eran esas, simplemente se preguntaba, ¿Y si Killua no se sentía lo suficientemente seguro con él?
Aunque Gon siempre se había creído un buen alfa, eso no implicaba serlo para Killua, y eso lo angustiaba. Quería ser un buen alfa. Para Killua y solo para Killua. Esa era su prioridad. Entre todas las personas del mundo, entre todos los omegas existentes en el planeta, el único al que Gon amaba era Killua. En su niñez, no había sido un buen amigo y llegó a poner en peligro a Killua en más de una ocasión, ahora en su adultez no quería repetir esos errores y estaba decidido a ser el mejor alfa para Killua.
¿Y si Killua no anidaba porque no se sentía seguro? ¿Qué clase de alfa era Gon entonces?
Iba a llegar al fondo del misterio.
…
Primero investigó en internet.
"¿Qué significa que un omega no anide?", fue lo que escribió en su barra de búsqueda. Una cantidad enorme de enlaces emergió al instante, revelando ensayos médicos, fotos de preguntas, y páginas web de diversas instituciones clínicas.
Con tanta información disponible Gon no supo por donde empezar. Leyó miles de páginas y consultó en varios foros, pero habían demasiadas respuestas posibles a su pregunta y la mayoría no eran buenas.
Entre ellas: depresión posparto —en definitiva no—, problemas neurológicos —Gon lo dudaba bastante—, un efecto secundario tras la toma de algún anticonceptivo hormonal —no estaba seguro—, y, como última opción, un síntoma de estrés postraumático.
Según internet, cuando un omega se veía expuesto a un entorno violento, especialmente en la primera infancia, había muchas posibilidades de que desarrollara TEPT (trastorno de estrés postraumático), una condición que se manifestaba a través de síntomas como la paranoia, la reexperimentación y la evitación, entre otros. Estar siempre alerta ante peligros y sufrir insomnio eran solo algunas de las muestras de lo que podía experimentar alguien que pasara por eso. La dificultad para anidar también formaba parte de dichos síntomas.
Gon pudo conectar la mayoría de puntos con Killua. Y aunque le dolió, no fue una sorpresa. Sabía que una infancia tan violenta como la del omega solo podía garantizar traumas y dolor, pero al leerlo desde la página web de una clínica destinada a la rehabilitación de omegas traumatizados, Gon se sintió estúpido. ¿No estaba tratando con seriedad el trauma de Killua? ¿Debería persuadirlo para que fuera a terapia?
El rumbo de su investigación cambio luego de la revelación, sus siguientes búsquedas fueron: "¿Cómo ayudar a un omega traumatizado?", "¿Cómo hacer sentir seguro a mi omega?", "¿Que pasa si un omega no anida por mucho tiempo?", "¿Cómo ayudar a mi omega a anidar?".
…
—Oye, cariño.
Lo segundo que hizo, contra todo pronóstico, fue preguntarle directamente a Killua sobre el asunto.
Séptimo mes de su relación. Acostados en la alcoba del penthouse que habían alquilado hace unas semanas, Killua se hallaba acurrucado entre los brazos de Gon, jugando con su teléfono mientras el alfa jugaba con su cabello.
—¿Sí?
—¿Podemos hablar?
—Ya lo estamos haciendo —Killua chasqueó la lengua.
Gon sonrió. Se tomó un momento para meditar su pregunta, no estaba seguro de como abordar el tema, quería ser lo menos invasivo posible. "¿Por qué no anidas, cielo?", la pregunta estaba en la punta de su lengua, pero por cierta parte, a Gon le daba miedo oír la futura respuesta.
Gon quería ayudarlo. Al menos, quería apoyarlo.
—He notado algo, he estado pensando en ello desde hace un tiempo pero no te lo había mencionado —Gon empezó, sin cambiar el tono suave en su voz.
—¿Qué?
Todo el cuerpo de Killua se tensó, como si supiera lo que Gon iba a preguntarle.
—¿Por qué no anidas?
—¿Disculpa?
El silencio fue sepulcral. A Gon se le encogió el estómago, estaba nervioso, pero no iba a echarse para atrás. Necesitaba saberlo. No pudo ver la expresión de Killua, pero notó lo quieto que se quedó, como si se hubiera congelado. Gon se aclaró la garganta.
—Sé que es una pregunta un poco extraña pero pensé que debía mencionarlo. Nunca te he visto anidar antes. Ni en estos siete meses ni en todos estos años desde que nos conocemos.
La pantalla del celular del omega se apagó, su expresión seria se reflejo en ella, su ceño fruncido y su boca tensa.
Con delicadeza, Killua se apartó del agarre del alfa. Gon lo dejó ir. Killua se sentó junto a Gon en la cama, sin mirarlo, cruzándose de brazos. Hubo otros largos segundos de un palpable silencio.
—Bueno, sí, con respecto a eso… —Killua no sonaba emocionado—. Realmente nunca lo he hecho, no que yo recuerde.
—Oh, lo entiendo.
Killua se mostró tímido, sus mejillas se sonrojaron y su postura se encorvó aún más.
—Es por mi familia. Probablemente ya lo supongas —Su voz fue perdiendo fuerzas—. Cuando me presenté como omega mi hermano mayor insistió en educarme, me dijo que los omegas eran débiles ante sus propios instintos, entonces me torturó para que aprendiera a reprimirlos.
—¿Reprimir tus instintos…?
—Illumi intentó usar agujas, me usó para toda clase de experimentos extraños. Me jodió. Cada cosa típica de mi género me produce asco, y aparte de mis calores, realmente no experimento lo que los demás omegas sí —Killua se encogió de hombros.
A Gon le costó asimilar la información.
Su estómago se revolvió. ¿Qué clase de experimentos? Quiso preguntar, pero no encontró las palabras. Una enorme rabia le subió por la garganta y la boca le supo a ácido. En ocasiones como estas, lamentaba no ser lo suficientemente fuerte para enfrentar a Illumi y matarlo de una buena vez por todas. Aquel alfa era la fuente del sufrimiento prolongado de su omega. Gon no podia soportarlo.
Killua continuó.
—Por eso no anido, realmente no sé cómo hacerlo. Tampoco sé hacer esos… chillidos, no sé, ¿Esos que usan los omegas para llamar a sus alfas? Creo que es un poco ridículo, la verdad.
—Bueno, yo no sabía que eso existía hasta hace unos años.
Killua le sonrió, pero agachó la mirada.
—También mis glándulas de olor… Illumi me dijo que mi olor solo tentaría a los alfas, que ellos intentarían aprovecharse de mi, así que mi cuerpo casi ya no produce feromonas. Solo cuando estoy extremadamente relajado, o cachondo, en todo caso —Killua rodó los ojos—. Tampoco puedo controlarlo, a veces mi olor es nulo o a veces es invasivo y desagradable.
Durante sus años de aventuras, el olor de Killua fue un misterio. Gon sabía que el omega tomaba supresores regularmente, incluso en contra de las indicaciones médicas, de forma casi obsesiva. Así que pensó que se trataba de eso. Desde unos años para acá sus feromonas se habían estabilizado un poco, aunque Killua tenía razón, sus feromonas a veces llegaban a ser invasivas. No es que a Gon le importara, embriagarse con el olor a chocolate y crema pastelera de su omega era un deleite para él.
—Aparte, se suma todo el abuso de supresores al que sobreviví en mi adolescencia.
Era ilegal recetarle supresores a un menor de quince años, aún así, Killua consiguió supresores ilegalmente durante años; desde los once hasta los quince estuvo tomándolos regularmente sin ningún tipo de supervisión médica. Los efectos adversos que podría traer una práctica como esa variaban, pero todos eran muy malos, después de todo los supresores se encargaban de reprimir necesidades fisiológicas y reconfigurar el ciclo reproductivo. ¡No eran cualquier cosa!
Al ser inmune a los fármacos, Killua no solo tomó supresores en dosis prolongadas sino también en cantidades exageradas.
—Realmente estoy jodido. Mi ciclo reproductivo, mis hormonas, probablemente sea estéril-
—Santo cielo, Killua, esto es terrible. Ven para acá.
Cuando abrió sus brazos, Killua se le abalanzó encima automáticamente. Para el omega era difícil, imposible, resistirse a un abrazo de su alfa. Retomaron su antigua posición, Gon se recostó de la cabecera de la cama mientras Killua se acomodó sobre él y escondió su rostro al costado de su cuello.
—Lamento que hayas pasado por todo eso, mi amor. No puedo creer que… no entiendo cómo alguien sería capaz de hacer algo así —Gon besó su frente. No era suficiente para borrar su dolor, pero Gon quería consolarlo, así que repartió besos a lo largo de su rostro—. Los mataré, lo juro.
—Ay, Dios, no exageres —Killua se echó a reír.
No era una broma. La sangre de Gon hervía y sus tripas seguían revueltas, como si estuviera a punto de vomitar. Su corazón bombeaba impotencia a través de sus venas, y le dolía no ser de ayuda. Mataría a los Zoldycks si pudiera.
—No entiendo cómo no te decepciona, soy un omega mediocre.
—¡Killua!
Gon se escandalizó. Aquello era, sin duda, la peor ofensa que había escuchado nunca.
Un omega mediocre, un buen omega, Gon no sabía que era lo que definían esos estatus. Su crianza no había sido moldeada en base a los estereotipos y los estándares imposibles de la gente. Tal vez se definía por sus habilidades culinarias, o la belleza que poseian, pero a Gon no le importaba nada de eso. ¿Como podría clasificar el valor de una persona por rasgos tan superficiales? Killua no sabía cocinar, pero sí sabía pelear. Era el omega más hermoso que Gon había conocido, pero ese no era ni de lejos su rasgo más resaltante.
Todo en Killua era hermoso. Sus ojos azules, y su cabello, y sus rasgos delicados, y su figura esbelta, también su sonrisa puntiaguda. Pero nada de eso cautivaba tanto a Gon como su personalidad juguetona y su sentido del humor cínico. Su inteligencia y su habilidad para pelear, para correr, saltar, entrenar y acompañarlo en todas sus aventuras. Era el mejor compañero. Y el mejor amigo que Gon podría desear. Y tal vez el mundo no lo clasificaría como un buen omega por eso, pero para Gon era su omega ideal; el único al que podría desear.
Con cuidado, agarró a Killua de la barbilla. Si Killua iba a mentirle en la cara al menos debía mirarlo a los ojos, porque Gon no entendía como él podría pensar eso de sí mismo. ¡Killua era el omega más genial en la faz de la tierra! Era divertido, era fiel, inteligente, hermoso. Killua era el cazador más fuerte y que Gon más admiraba en todo el mundo.
Gon se sentía afortunado de tenerlo.
Killua le devolvió la mirada, en sus orbes zafiros se reflejaba una profunda indiferencia, y a Gon le dolió.
—¿Por qué dirías…?
—Es verdad. No puedo hacer la mayoría de cosas que los omegas hacen, posiblemente ni siquiera pueda quedar preñado —Killua apartó la mirada. La mano de Gon acunó su barbilla y Killua no se apartó—. Siendo sincero, lo único que hago bien es recibir tu nudo.
Un puñetazo en la nariz le hubiera dolido menos. Gon se estremeció, jadeó de horror. Y Killua simplemente se encogió de hombros.
—¿Por qué esa cara? —Killua se burló—. No hay necesidad de verse tan angustiado, Gon, tranquilo.
—No me gusta oírte hablar así de ti mismo, Killua. Hablo en serio. No es correcto que digas esas cosas.
—Bueno, tal vez lo que digo es cierto.
—No lo es, eres un omega maravilloso. Eres el mejor omega que podría haber conseguido en esta o en mis próximas mil vidas —Gon lo envolvió con sus brazos y lo acercó a su pecho, enterrando su rostro entre sus rizos plateados.
Killua le devolvió el abrazo. Y Gon solo pudo respirar, tenía que calmarse, por muy enojado que estuviera no podía demostrárselo a Killua.
—Debes de creerme, Lua'. Te adoro con cada centímetro de mi ser, cada uno de tus rasgos me enamora todos los días… eres fantástico. No sé cómo podrías ponerlo en duda.
—Ya lo dije, no hago lo que la mayoría de omegas hacen.
—¿A quién le importa los demás omegas? Tú eres el mío, el único que quiero —Gon presionó un beso en su frente, otro más, todos los que fueran necesarios—. Eres mío, mío, mío. ¿Me oíste?
—Eres el alfa más vergonzoso que he conocido —Killua fingió arcadas, intentó luchar contra el abrazo de Gon, pero el alfa no lo permitió.
—¡Nu-uh! Estás atrapado conmigo, eres mío, mi omega, mi bebé.
—¡No uses ese apodo, Dios! ¡Me da vergüenza!
—¿Qué? ¿Bebé? —Killua se estremeció al oírlo, arrugando la cara con asco—. ¡Pero es verdad, eres mi bebé! Y eres mi príncipe, y eres mi corazón de melón-
—Gon, si no paras, moriré.
—¡Ay, qué pena, te vas a morir en mis brazos! Porque nunca dejaré de repetirlo, cariño, eres mi precioso príncipe de ojos azules y corazón de melón —Gon, para aumentar el disgusto del omega, usó esa ridícula voz que bien podría ser para mimar a un perro. Killua chilló de susto, su rostro se enrojeció y le entró un escalofrío—. También eres mi gatito lindo —le dijo con ternura.
—¡Qué vergüenza! ¡Shh, silencio!
—¡No dejaré que me silencies, bombón! —Gon atacó a Killua con más besos y apodos vergonzosos, los esfuerzos de Killua de huir fueron como mínimo, mediocres.
Las manos de Gon bajaron hasta sus costillas, presionando con sus dedos ese punto débil en el omega. Killua estalló en carcajadas. Allí sí empezó a pelear, pateó y se retorció en el agarre del alfa, quien aumentó la intensidad de las cosquillas. Killua chilló y maldijo en voz alta. Pero Gon no mostró piedad.
—¡Deja! ¡Eres un ridículo, ya! —Gon le dio la vuelta para montarse a horcajadas de él, Killua podría haberlo mandado a volar con una patada, pero prefirió cubrirse las costillas—. ¡Te voy a morder!
Con las mejillas sonrojadas y las pupilas dilatas, Killua le enseñó los colmillos.
—Te quiero ver intentándolo —Gon intentó hacerle cosquillas en las axilas— ¡Ay, Killua!
—¡Te lo advertí, estúpido!
Gon se frotó el hombro y Killua lo miró con una sonrisa maliciosa. La mordida no fue muy fuerte y, más que dolerle, le excitó un poco. Pero eso no lo detuvo; Gon siguió atacando al omega.
—¡Ahora me vengaré!
Killua soltó una carcajada antes de que Gon lo alcanzara.
Después de esa conversación, Gon volvió a acudir al internet. Quiso contactar a Leorio, sabía que Killua nunca había ido a un omegacólogo a pesar de su peligroso historial y Gon estaba muerto de la preocupación. Sin embargo, no quería violar la confianza de Killua, él se enojaría si supiera que su alfa estaba divulgando detalles de su vida privada con alguien más. Incluso si ese alguien era Leorio.
Entonces volvió a abrir su navegador de confianza.
"¿Qué pasa si un omega toma supresores por demasiado tiempo?", "Consecuencias de no anidar", "Inestabilidad en feromonas omega".
Su segunda sesión de estudio había sido una semana después de la conversación, cuando Killua salió con Alluka y Bisky de compras. Gon prefirió no ir, no es cómo si entendiera las cuestiones de la moda, de todas formas.
Se quedó en casa leyendo hasta que le dolieron los ojos. Leer nunca había sido un hobbie suyo, tampoco lo era ahora, pero se esforzó analizando cada artículo y enciclopedia con la que se encontró. Descargó algunos pdfs, pero incluso para alguien tan determinado como él leer más de cien páginas en unas horas era imposible.
Bajó en los resultados de búsqueda hasta que consiguió algo que le llamó la atención.
"Cuando Anidar Cuesta: Cómo ayudar a un omega con problemas para construir su nido"
Fue como si Dios lo mirara a los ojos, ¡Eso era justo lo que necesitaba! Todos los demás artículos que leyó trataban sobre las desventajas, sobre las posibles condiciones asociadas a la ausencia de dicha actividad. Pero al leer el título de ese artículo sintió esperanza, entonces leyó con detenimiento.
Por: Jessica Mckensy psicóloga especializada en Dinámicas de Vínculo.
Si eres cercano a un omega, sabes lo importante que es para ellos el ritual de anidar. Ese momento en el que, instintivamente, reúnen mantas, cojines y prendas para crear un espacio seguro y confortable, es crucial para su bienestar emocional y físico.
Pero, ¿qué pasa cuando este impulso natural se bloquea?La dificultad para anidar es más común de lo que se cree. No es un capricho, sino un síntoma de que algo más profundo está pasando. El estrés abrumador, la ansiedad o condiciones como la depresión postparto pueden "apagar" esta necesidad instintiva, dejando al omega en un estado de desasosiego y vulnerabilidad.
¿Cómo podemos ayudar?: existe una poderosa solución.
Los ojos de Gon se iluminaron. La siguiente parte del artículo era un tutorial bastante descriptivo sobre cómo asistir a un omega durante su proceso de anidamiento. Destacando el apoyo proactivo de la pareja o figura de confianza mayor —en la mayoría de casos siendo este un alfa— como una solución tanto práctica como efectiva para solucionarlo.
Resaltaba varios tips para hacerlo correctamente: buscar un sitio seguro y privado, armarse con material de calidad —prendas personales, mantas, almohadas—, tomarse las cosas con calma, celebrar los pequeños logros, priorizar la comodidad del omega, entre otros. Para luego concluir con varios párrafos bastante clínicos sobre por qué esta sencilla práctica era la más efectivas entre todas.
Podría funcionar, "definitivamente va a funcionar" pensó Gon al terminar de leer el artículo. No sabía quién era Jessica Mckensy pero era una genio. ¡Esta información le había otorgado la mejor idea de toda su vida!
Esa misma tarde pidió por internet varios juegos matrimoniales de cama, edredones y mantas, algunas fabricadas en el mismísimo centro del Imperio Kakin, reconocido por su alta costura y gran calidad en materiales como el algodón y la seda.
¿Sería absolutamente necesario? No estaba seguro, pues el artículo especificaba que lo mejor siempre serían materiales con el olor de ambos, cobijas ya usadas, incluso ropa. Pero no estaba de más conseguir buenas sábanas. Se habían mudado hacía unos meses al penthouse, claramente ya amueblado, y nunca habían cambiado el juego de cama.
Pero claro, aquel pretexto nunca convencería a Killua.
…
Semana y media después llegó el paquete de Gon, dónde aparte de los dos juegos de sábanas nuevos, también había otra caja con velas aromáticas y algunas artículos para el hogar que pidió porque le parecieron bonitos. ¿Un reloj analógico con forma de rana? Sí, por favor.
Y tal vez fue por la evidente emoción del alfa, o porque Killua le leía la mente, o porque tal vez sin querer Gon había balbuceado sobre el tema mientras dormía… pero Killua se lo cuestionó.
—¿Un juego de cama? ¿Por qué? —El omega se recostó en el borde de la puerta, viendo al alfa acomodar la enorme cama que compartían.
—Bueno, era hora de cambiar las sábanas.
—Pero las lave hace dos días.
—No es que estén sucias, principe, es que están viejas.
Gon se sacudió las manos al terminar de tender la cama, las nuevas fundas de almohada combinaban con el nuevo edredón, ligero y esponjado, que Gon estaba muy seguro le gustaría a Killua. La cama ahora se veía como un lugar más apetecible para anidar, en la humilde opinión del alfa, quien no anidaba pero que había estado leyendo bastante estos últimos días sobre nidos; nidos cómodos, especialmente.
—No me llames así, me da vergüenza —Killua se sonrojó— ¡Y no me cambies de tema! Estás tramando algo.
—¡Claro que no! ¿Cuando me has visto tramar algo?
—Mmm, cada cierto tiempo —Killua se encogió de hombros, cuando se apartó de la puerta, Gon se puso nervioso. Mentir no era lo suyo, mucho menos a Killua, el omega podía ver a través de él—. También ví que compraste velas aromáticas.
—Eh, sí.
—Que huelen a pinos.
Killua se acercó varios pasos a Gon, alzó su rostro para mirarlo a los ojos, viéndolo fijamente.
—Eh, sí, también —Gon se esforzó en mantener el contacto visual.
Los ojos de Killua lo fulminaron.
—Me gusta mucho esa fragancia.
—Sí, lo sé, por eso la compré.
—¿Y solo eso? —Killua batió sus pestañas—, ¿Estás seguro que si reviso ese armario no me encontraré ningún juguete sexual? O mejor aún, ¿Lencería?
Gon se sonrojó hasta las orejas. "Con que se imagino eso…" pensó, entre aliviado e intrigado. ¡Nada que ver! No es que se opusiera a la idea de follarse a su omega, pero esas no eran sus intenciones en este preciso momento. Al contrario, sus intenciones eran inocentes, quería ayudar a Killua a construir un nido para poder acurrucarse y tener una sesión de besos adormilados en el.
—Sí, muy seguro —Gon se rio, rascándose la nuca.
Tal vez debería haber pedido un juguete sexual, así se hubiera visto menos sospechoso, Gon se reprochó mentalmente.
La expresión de Killua se agrió, arqueó una ceja y miró a Gon de arriba a abajo, una, dos veces.
—Bueno, si no es eso, ¿Qué es? Dímelo ya.
—Eh, no sé si sea el momento apropiado, pensaba decírtelo en la cena.
—Lo sabía, eres tan predecible —Killua se cruzó de hombros, con una sonrisa juguetona dibujada en los labios.
Gon se sentó al borde de la cama, encorvando su espalda. Un leve nerviosismo lo invadió, una pizca de conciencia que le susurró: "¿Y si Killua no está interesado?", "¿Y si le parece invasivo?". No quería obligar al omega a nada, tampoco quería dar la impresión que sí o sí debía de anidar para… ¿para que? ¿para ser un mejor omega? ¡no quería que Killua lo malinterpretara! Quería ayudarlo, de una y otra forma, pero tal vez debería haberse preparado mejor. ¡aún era muy pronto para revelar su plan!
Gon dudó por varios segundos, tragó saliva.
Killua se dio cuenta, por supuesto, se sentó al lado de Gon y lo miró con seriedad. Con cierta timidez, recostó su cabeza en el hombro del alfa.
—¿Qué pasa? —Killua preguntó—, ¿es algo malo…?
—No, no, no es eso —Gon sacudió la cabeza—. Bueno, no sé, es que no sé cómo te lo tomes. Pero pensé… pensé que tal vez sería una buena idea.
—¿Qué cosa?
Gon suspiró.
—No he parado de pensar en esa conversación que tuvimos, Killua. Las cosas que dijiste de ti mismo… no lo sé, me dolió. No me gusta oírte hablando así. Trate de investigar algunas cosas por internet y descubrí algo, que pensé que tal vez podría ayudarte —Gon tomó pausas al hablar, no estaba seguro si esa era la forma correcta de introducir el tema, pero prosiguió—. Te sientes mal por no saber hacer ciertas cosas, por no poder… y gran parte de eso se escapa de mis manos, lastimosamente no puedo ayudarte. Pero leí que sí puedo ayudarte a anidar. Al parecer es una buena actividad para hacer en pareja, se supone que ayuda a los omegas a sentirse seguros y, no sé, no sé si pienses que es estúpido.
Al decirlo, el nerviosismo de Gon fue intercambiado por una repentina curiosidad, pues se formó un palpable silencio entre ambos. Gon esperó pacientemente a qué Killua dijera algo, cualquier cosa. Cuando Gon se fijó en su expresión se sorprendió: mejillas sonrojadas, ojos abiertos y cristalizados, los labios entreabiertos. Una mezcla de vergüenza y shock se había plasmado en su rostro y Gon no supo cómo reaccionar.
—¿Qué ocurre? —Se rio él, por los nervios.
—Tú quieres… ¿Anidar conmigo? ¿Ayudarme a anidar?
Killua se apartó de golpe de Gon. Miró a Gon de arriba a abajo una vez más, examinandolo repetidas veces en tan solo unos segundos, como si no le creyera. Su sonrojo se extendió hasta sus orejas. Sus manos y sus labios temblaron, sus pupilas se dilataron. El alfa interior de Gon se agitó al verlo.
—Me encantaría ayudarte, Killua —Gon tosió— si no anidar te hace sentir como menos omega, quisiera apoyarte. No creo que seas menos omega por eso o por cualquier otra cosa, pero…
—¿Quieres que anidemos juntos? ¿que hagamos un nido los dos?
—Sí, esos eran mis planes.
Killua empezó a jugar con sus manos, una pequeña sonrisa tiró de sus labios y él miró hacia todas las direcciones. A Gon le pareció adorable.
—Eso es… eso es vergonzoso… pero creo que me gustaría.
—¿Qué? ¿De verdad? —Gon cuestionó, asombrado.
—Sí, de verdad, sería lindo.
Gon podría haber ronroneando ahí mismo. Le sudaron las palmas de las manos, de repente un cosquilleo fantasmal lo hizo reír, contento por la sonrisa tímida de Killua.
—Eso es genial, ¡Me alegra mucho! Eh, conseguí varias cosas, leí varios artículos en internet… ¡También ví un vídeo en Youtube! —Gon enumeró con los dedos, recordando todo lo que había aprendido sobre los nidos. Debían de ser cómodos, debían ser cálidos, debían poseer el olor propio del omega o el de su pareja.
¡Sí, hizo anotaciones en el blog de notas de su celular y todo!
—¿Averiguaste cómo anidar?
—¡Sí! Y cómo ayudarte a hacerlo, y sobre cómo hacer los mejores nidos. Podría declararme un experto en el tema —Gon bromeó, orgulloso de sí mismo.
Killua lo miró, no de arriba a abajo, sino a los ojos. Su sonrisa calentó el corazón de Gon, era suave en los bordes, se extendía a lo largo de su expresión tímida. Sus cejas arqueadas, ese enorme sonrojo. Se veía hermoso.
—Eres muy vergonzoso, ¿Lo sabías?
—Sí, sí. Pero así me amas, ¿No?
—Te adoro.
Gon, en definitiva, ronroneó.
Esa misma noche después de cenar se dirigieron a la habitación. Gon sacó algunas cobijas de respuesto del closet, delgadas y acogedoras, que no proporcionaban mucho calor pero que eran tan suaves como un trozo de nube. Al notar la evidente timidez de Killua, Gon le sugirió que buscara algunas prendas que le gustasen; tanto suyas como propias. Varias sudaderas de Gon y un par de camisetas fueron secuestradas por el bien de la causa.
Se armaron con lo que vieron necesario. Gon puso ambiente, había leído que las velas aromáticas eran un recurso efectivo para agregar un plus, un sitio de olor agradable siempre sería un terreno perfecto para anidar. Además, pudo apagar las luces. Se formó un atmósfera íntima iluminada por las tenues luces de las velas, el omega se relajó visiblemente.
Killua se acercó a la cama con todas las prendas en brazo, sus labios aún temblaban un poco y seguía sonrojado. La fragancia a pinos, esa que tanto le gustaba a Killua —que había mencionado le recordaba al olor de Gon—, llenó con lentitud el interior del dormitorio. Gon se acomodó primero en la cama. Sentado a la derecha, palpó el lado izquierdo del colchón animando a que Killua viniera.
—Realmente no sé que hacer —Killua dijo.
—Bueno, es como mejorar la cama, pones cosas encima para estar más cómodo —Gon parafraseó—, es como prepararse para dormir, pero con pasos extras.
—Mi rutina de skincare nocturna ya tiene suficientes pasos —Killua bromeó, y Gon rio.
—Puede ser, esto es mucho menos estricto. ¡Puedes hacerlo como prefieras!
—Creo que… —Killua se arrastró hasta el centro de la cama, dejando la ropa a un lado.
—¿Qué?
—Tal vez sería más fácil si empiezas tú primero —Killua balbuceó—, dijiste ser un experto en el tema, ¿No?
—O-oh, bueno, tal vez no un experto, experto. Tal vez un aficionado… —Gon se rascó la nuca con fuerza, sintiéndose como un idiota. ¡Realmente no sabía cómo anidar como era debido! Era muy probable que hiciera el ridículo, pero Killua lo miró con expectativa, como si se estuviera arriesgando al pedírselo—. Claro que lo haré, sí, yo empezaré.
Leyó mucho sobre nidos y vio videos de "top 10 mejores nidos hechos por omegas" en internet, pero eso no implicaba que repentinamente tuviera un instinto que lo guiara a través de este proceso. Aún así, hizo su mejor esfuerzo. Gon tomó una de las cobijas y la acomodó en el borde de su lado, creando una pequeña división entre el comienzo y el final de la cama. Con cierta duda, tomó otra cobija y repitió la acción con el extremo opuesto de la cama.
Con otras cobijas hizo un borde alrededor de la cama, ¿Para qué? Quien sabe, pero se veía bien. O al menos eso creía él.
Gon miró a Killua después de cada movimiento, buscó algún gesto de afirmación o palabra de aliento, pero Killua se veía tan perdido como él. Miró a Gon con atención, casi sin parpadear, entre asombrado e incrédulo por lo que hacía el alfa. "¿Eso es malo o bueno?", Gon se preguntó. No se veía disgustado, se veía curioso. Así que prosiguió.
—Okey, para trabajar en el centro del nido necesito…
—Oh, sí, lo siento —Killua se apuró en apartarse, se paró al lado de la cama, con las manos quietas a cada uno de sus costados y aún sonrojado.
—Puedes ayudarme si quieres, cielo.
—¿Pero como? No quiero interferir.
—Ayudame a extender esta cobija, así haremos una buena base para nuestro nido —Gon le indico, y Killua asintió varias veces, acercándose—. Puedes poner las camisas donde mejor te parezca, son para ti, de todas formas.
Killua volvió a asentir en silencio.
Gon usó almohadas para darle más forma al borde del nido, mientras Killua acomodaba en el centro las sudaderas, cubriendo todo el área. Gon le sonrió con orgullo y Killua se sonrojó. En el proceso, Gon fue comparando en nido con el que había visto en línea, no era tan prolijo, pero se veía cómodo y perfecto. Poco a poco fue agarrando forma.
Un buen nido se moldeaba al contorno del pájaro, Gon lo había visto en sus años en Isla Ballena, y aunque en internet nadie había mencionado nada de eso, para Gon tuvo sentido.
La pareja se paró junto a la cama, analizando lo que podría faltarle al nido en proceso, ambos compartieron una mirada divertida antes de dirigirse hasta al closet. Gon sacó las sábanas viejas y otras camisetas suyas, unas de algodón que usaba para levantar pesas en el gimnasio, eran suaves al tacto y ligeras.
Moldeo el nido para Killua. Esto era para él, con sus propias manos Gon hacía este nido para acunar al amor de su vida, a Killua y solo a Killua, para proporcionarle un sitio tranquilo, seguro, de perfecto acomodo; incluso más cómodo que esos abrazos que le ofrecía a diario.
Killua pateaba al dormir, así que debía ser espacioso en el centro. Killua prefería el frío antes que el calor, a veces sudaba por las noches, así que no podía usar materiales muy gruesos. Gon siempre se acostaba a la derecha; Killua a la izquierda, entonces Gon colocó sus sudaderas y camisetas de ese lado. Tomó las camisas de Killua y las puso en la derecha, donde él dormiría. Al finalizar, contemplaron su obra.
—¿Qué te parece?
Gon se giró hacia Killua.
Killua parpadeó varias veces, miró el nido y luego miró a Gon, se llevó ambas manos al cuello antes de encogerse sobre sí mismo.
—¿Uh? —Gon se sorprendió al oír a Killua ronronear.
Un zumbido grave que resonó, extrañamente potente. No era raro oírlo, cuando estaban a solas y Gon se sobrepasaba con los mimos y los apodos Killua ronroneaba, siempre era grato de oír, un sonido suave que revolvía las mariposas en el estómago del alfa. Gon se sonrojó hasta las orejas.
—Es muy lindo —Killua balbuceó, cabizbajo, evitando el contacto visual.
—¿Sí? ¿Te gusta?
—Me encanta.
—¿No quieres entrar?
—¿Debería? —Killua negó con la cabeza—, ¡Tú hiciste casi todo el trabajo! Apenas te ayude.
Gon se acercó a él, con un brazo lo rodeó por la espalda baja, atrayendolo hacia su cuerpo. Había una diferencia de altura entre ellos, Gon le sacaba un par de pulgadas. El alfa miró a su omega desde arriba, distinguiendo su ceño fruncido.
El ronroneo se oyó aún más fuerte, en conflicto con la molestia de Killua, quien volvió a negar con la cabeza.
—No es correcto, es tu nido…
—También es tuyo, mi amor, es nuestro.
Ambos se acomodaron en el centro del nido, Gon cargó a Killua y se posicionaron como mejor les pareció; Killua entre los brazos de Gon, a la izquierda, y Gon a la derecha. Por un momento el mundo guardó silencio: lo único que sé oyó fue el prolongado ronroneo. El omega se relajó en los brazos de su alfa y poco a poco fue segregando feromonas. Gon hizo lo mismo.
Dulce. Era la mejor palabra para describir el olor de Killua, Gon siempre había preferido lo salado, pero ningún manjar podía compararse a las deliciosas feromonas de su omega; pasteles, galletas, crema batida y vainilla. Toda clase de postres sabrosos. ¿Como alguien podía oler tan dulce? Gon no lo sabía, pero le encantaba. Sus propias feromonas embriagaron a Killua, quien lo miró con las pupilas dilatadas y los labios brillando, no paraba de relamerlos con su lengua. El aroma fresco y amaderado de Gon relajó al omega hasta que estuvo a punto de derretirse, su ronroneo aumentó.
Para Gon no tuvo precio.
Killua se veía tan apacible, tan relajado, aún un poco tímido y cohibido; pero en completa sintonía con su entorno. Gon lo mantuvo lo más cerca posible, Killua apoyó su cabeza en el pecho del alfa, como si quisiera oír sus latidos. Y Gon lo permitió. Aunque en el fondo quería acercar al omega y oír con detenimiento su ronroneo. Ambos compartieron el calor de sus cuerpos. El silencio que se formó fue uno pacífico, fue perfecto. No hubo necesidad de interrumpirlo.
Antes de darse cuenta la primera vela se apagó, calcinada hasta el final de su mecha, seguida por una segunda. La iluminación se fue reduciendo. El olor a pinos siguió flotando en el aire, mezclado con el de las feromonas de Gon: persistente, familiar, amigable. Y también mezclado con el mismísimo olor de Killua, dulzón y adictivo. Acostados y cómodos el sueño no se hizo esperar, los párpados del alfa se sintieron pesados, pero se obligó a mantener los ojos abiertos; en cambio, contó las pestañas de Killua y se distrajo admirando la palidez de su tez. Aún así, no pudo resistir por mucho tiempo. Gon no se había sentido tan relajado desde… quien sabe, tal vez desde esos días donde aún dormía con Mito en su nido, cuando era un cachorro.
Se sintió feliz.
—Gracias —Killua murmuró.
—¿Por qué?
—Por ser tan bueno conmigo —le dijo—, eres el mejor alfa que he conocido.
Gon se sonrojó. Estaban a oscuras, Killua no pudo verlo. Pero el calor se hizo presente en toda la cara del moreno, quien trató de vislumbrar la expresión del albino.
—Tú también eres bueno conmigo, eres el mejor omega de todo el mundo.
—Eres un tonto.
—Hablo en serio.
—Está bien, está bien, te creo —Killua sonrió— Gracias de nuevo.
—Te amo, Killua.
—Yo también, Gon, te adoro.
Gon se sintió feliz de ser un buen alfa y, a su vez, de tener a un excelente omega a su lado. Esa noche, en el nido, durmieron profundamente. Y antes de hundirse en sus sueños, Gon siguió oyendo en la distancia el suave ronroneo de Killua.
