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Venezuela palideció al ver aquel pequeño símbolo positivo en la prueba de embarazo.
Desde hace días había tenido fuertes mareos, nauseas y un humor de perro que asustaba a cualquiera; Colombia le comentó que tal vez estaba embarazado, no quiso creer en aquello, aunque, claro, después el colombiano le tuvo que aclarar que lo había dicho como broma, pero la angustia de sus palabras no le dejaban dormir tranquilamente aquella noche, ni la otra a decir verdad, así que se realizó la dichosa prueba esa, con la esperanza de que fuese negativo y su temor desapareciera; pero claramente no salió como esperaba.
—Vene ¿Estas aquí? —Perú abrió lentamente la puerta del baño, su tono de voz dejaba notar lo preocupado que se mostraba ante el distanciamiento repentino de su pareja, al momento de entrar se encontró al rubio sentado en el suelo y con la tapa del inodoro destapado, al parecer los vómitos del mayor aún no habían culminado —¿Aún sigues con los dolores? —se acercó a él para consolarlo, colocándose a su altura con el fin de tocar el hombro ajeno, a la par que comenzaba a masajearlo lentamente en el proceso, a ver si así lograba calmarlo aunque sea un poco.
—Marico. . . —Venezuela apretó sus labios, intentando saber como le iba a confesar la situación tan grave a su adorada pareja —Me preñaste. —dijo rápidamente, siendo directo, pero sin tener la valentía de mirarle a los ojos, pues no sabría que reacción pudiese tener este
Perú quitó su mano del hombro ajeno con cierta velocidad, sonriendo nervioso ante el comentario —¿Qué? ¿Estas bromeando? —aquellas palabras hirieron el orgullo del venezolano, ya su mente sólo imaginaba lo peor, un escenario donde el pelirrojo lo terminase dejando a su suerte y con un bebé a quien debía de criar solo.
—Mira, entiendo si no quieres tenerlo, no te estoy obligando a nada ¿Ok? —cada palabra que soltaba la hacia con su cabeza mantenida cabizbaja, pues, si la alzaba y lo miraba a los ojos, sabía que rompería en llanto en aquel directo lugar —Así que ahórrate lo de los cigarros y ve. . . —rápidamente fue callado por un repitiendo jalón al momento de ser tomado desde su hombro, y su rostro empujado a los labios del más alto, poco le importaba a Perú si Venezuela sabía a vomito.
—¡Vamos a ser padres! —separó con emoción al más bajo, pero sin dejar de tomarle de los hombros. Las acciones y alegría del peruano hicieron sonrojar violentamente al venezolano, quien no sabía como reaccionar exactamente ante aquel revoltijo de emociones que ambos probablemente estés sintiendo. Venezuela iba a hablar, pero un fuerte abrazo le calló todo lo que fuese a pronunciar, a la par que volvía a sentir los labios del otro siendo posados fuertemente sobre los suyos, importándole poco si hace algunos momentos había expulsado todo lo que se había comido de almuerzo.
Venezuela terminó separando con lentitud a este, apagando inconscientemente la emoción que hacía tenido —Entonces ¿No me piensas abandonar? —preguntó de golpe, pues su cabeza aún no podría procesar un buen momento. Perú terminó por alzar una ceja ante las palabras del mayor.
—¿Abandonarte, estas loco? —con dulzura dirigió sus manos hacia las mejillas sudadas del de peca, a la par que las acaricia cariñosamente —Primero me meto a chavista antes de abandonarte. —sus palabras hicieron sonreír al venezolano, Dios, sabe perfectamente que Perú es una maravillosa pareja ¿Cómo fue capaz de siquiera pensar en que este lo abandonaría en un momento tan delicado como ese?
