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Llévame a casa

Summary:

Felix apenas recuerda la sensación de correr por el bosque en su forma animal. Sus compañeros siempre le dicen que puede ir a correr con ellos los días de luna llena, que nadie se fijará en sus marcas, que el pelaje cubrirá sus cicatrices. Pero ellos no saben lo difícil que es para él conectar con su lado animal, no desde aquella noche en su antigua manada. Jisung sí, porque él también lo vivió.

*

Parejas principales:
Hyunlix
Minsung
Parejas secundarias:
Chanmin

Omegaverse.
Todos los derechos reservados.

Chapter 1: Parte 1

Chapter Text

Ha llegado la época de apareamiento. Lo que significa que el santuario, normalmente tranquilo, se llena de bullicio con la llegada de los alfas. Los omegas que viven en él desean más que nunca que llegue la primavera porque significa que tal vez encuentren a su alma gemela y con ello conozcan por fin el mundo fuera de los muros de piedra.
El santuario es un edificio de piedra antiguo con grandes jardines donde los omegas son criados y educados. Dentro de éste existen dos alas separadas, en el ala derecha, un edificio de dos plantas, viven los omegas y en la otra se hospedan los alfas dispuestos a cortejarlos. El edificio de los omegas tiene dos pisos y varios patios interiores bien cuidados, en la parte superior viven los omegas y en la inferior se encuentran los comedores y salas donde los omegas pasan el día haciendo diversas actividades, pero además, hay una pequeña parte trasera donde viven los instructores, cuidadores y los marcados. Estos últimos son un grupo reducido de omegas que debido a su aspecto han sido denigrados a este grupo. A veces se les puede ver en los patios traseros de la casa, los más escondidos y menos visitados por los alfas.

Felix es un marcado, tiene una mordedura en el costado derecho, cubriendo parte de sus costillas y de su abdomen.
Jisung es un marcado, tiene una mordedura en su hombro izquierdo que se extiende por su omóplato y llega a su clavícula.

Y aún así son muy queridos en su pequeña comunidad. Los dos omegas trabajan duro cada día, preparando comidas para los miles invitados o lavando sábanas manchadas en el río hasta que sus manos se vuelven rojizas por el frío. Algunos días se ocupan de preparar las zonas donde futuros omegas y alfas se conocerán, a veces los omegas son crueles con ellos por sus feas marcas. Pero nunca pierden la sonrisa.

Era la noche de presentación. Es decir, la noche en que los alfas y los omegas se conocían por primera vez. Lo que significaba una noche ajetreada en la cocina donde Felix y Jisung trabajaban codo con codo con omegas mayores y betas para preparar todo lo necesario para alimentar a toda la gran familia del santuario. Desde la cocina se podía escuchar el alboroto, las risas, las presentaciones, la música y un ligero aroma a menta que picaba en la nariz de Felix, nunca había deseado tanto ver la noche de presentaciones. Los omegas vestían sus mejores galas, los alfas llevaban pequeños regalos para los omegas, la fiesta se alargaba hasta la madrugada y sobre todo, muchos encontraban a su pareja destinada. Ver como sus ojos se encontraban entre la multitud, como sus cuerpos se ponían en movimiento hasta llegar a su pareja destinada era algo hermoso, o al menos eso pensaba Felix.
Esa tarde Jisung había ayudado a varios omegas a prepararse, todos ellos ilusionados y esperanzados, todos queriendo conocer a su alma gemela.
A veces Felix deseaba poder encontrar a su destinado, pero cada vez que observaba su reflejo en el agua del río la ilusión era reemplazada por el miedo. Si su destinado viera su aspecto lo despreciaría...

–Con esto hemos terminado –dijo la señora Gum. La señora Gum era una mujer mayor que llevaba trabajando más de veinte años en el santuario, también instruía a los omegas en sus primeros celos y sobre todo en sus primeras noches de luna llena. Era una omega de buen corazón que logró sobrevivir a la muerte de su alfa. Algo que sin duda nadie quería vivir– Jisung, Felix, podéis ir a descansar, mañana os necesitaré para preparar las citas.

Jisung se apartó el pelo de la cara con un suspiro agotado, le había tocado atender mesas y estar en la cocina preparando comida. Tenía parte de la ropa y la cara llena de harina pero aún así mostraba una hermosa sonrisa. Felix terminó de limpiar unos cuencos y se reunió con su gemelo en las puertas de la cocina. Se despidieron del servicio con sonrisas y tras ponerse algo presentables salieron al exterior. Caminaron en fila y en silencio por los largos pasillos, si se encontraban con alguien inclinaban la cabeza sumisamente y continuaban su camino. Al menos así debía ser.
Cuando llegaron a la zona de servicio relajaron sus hombros y hablaron en voz baja.

–¿Crees que mucha gente encontrará a su destinado? –preguntó Jisung rompiendo el silencio. Felix se encogió de hombros con una sonrisa suave.

–Supongo que sí –Jisung soltó un suspiro soñador cuando salieron al patio interior. Este patio era mucho más pequeño que los otros, apenas una pequeña zona que separaba las habitaciones del servicio de sus zonas de trabajo. La diferencia también estaba en que tenía salida directa al bosque hacia donde se dirigieron los dos hermanos.

–He oído que han venido alfas del este, y que su líder está con ellos, ¿habrá venido con su omega?

–¿Seungmin? –preguntó entre risas Felix, negó con la cabeza– Dudo mucho que quisiera volver a este santuario en su sano juicio.

Jisung rió también.

–Tienes razón, Seungmin tuvo mucha suerte.

–Y nada más que un líder de la manada Bahng, la luna lo bendijo con su destinado.

Los dos omegas caminaron en silencio unos pocos minutos y llegaron al río. Allí pasaban las mañanas limpiando las sábanas, pero esta vez venían con otra idea muy diferente. Se quitaron la ropa rápidamente dejándola en las rocas de la orilla y Jisung fue el primero en saltar al agua.

–¡Ah! ¡Está fría! –chilló. Felix estalló en carcajadas pero siguió a su hermano hasta el agua. Estaba fría para ser mediados de julio, sin embargo era la única forma que tenían de bañarse. Chapotearon en el agua, jugaron salpicándose el uno al otro y cuando llegó la hora de volver se quedaron en la orilla unos minutos en silencio simplemente escucharon el ruido del bosque. A lo lejos aún podían escuchar la música del baile, pero hubo otro sonido que los alertó.

Felix se giró hacia el bosque y vió como tres lobos los observaban en silencio escondidos entre los árboles. Un escalofrío recorrió su espalda. Se movió despacio hacia sus ropas y con movimientos medidos y suaves se colocó el camisón desgastado sobre el cuerpo húmedo. Jisung sin embargo se quedó congelado en la orilla. Sus ojos no se apartaron de los lobos que los observaban hasta que uno de ellos bajó el hocico hacia el suelo lentamente inclinando su cuerpo. Los otros dos lobos lo imitaron y aunque aquello era una muestra de respeto los dos omegas no bajaron la guardía, incluso cuando uno a uno se perdieron entre la maleza del bosque.

*

Cuando Hyunjin entró en el santuario quedó sorprendido por sus altas paredes de piedra llenas de enredaderas y vegetación. El lugar estaba cuidado sin duda, muestra de ello eran sus patios internos donde los omegas caminaban, leían o se sentaban a tomar el sol. Muchos de ellos fingían interés en sus actividades cuando el verdadero interés era observar al nuevo grupo de alfas que acababa de cruzar las puertas de su hogar.
La manada Bahng era bastante conocida por ser buenos cazadores y recolectores, pero no solo por eso, los alfas de aquella manada eran atractivos, fuertes y francamente los más amables y serenos.

Un beta, los guió por los pasillos hasta el lugar donde se hospedarían. No era la primera vez que visitaban el santuario, después de todo Chan, su alfa, había visitado el templo hacía años y había conocido allí a su alma gemela. Esta vez él venía a acompañar a su manada, presentaría oficialmente a dos de sus mejores alfas y volvería a su bosque donde su omega lo esperaba con sus dos cachorros. Este era el año de Hyunjin y de Minho.
Ambos eran los mejores cazadores de su manada, pero no solo eso, Hyunjin y Minho eran dos alfas apuestos que siempre acaparaban la atención. Hyunjin alto, con mirada felina y cabello negro y largo, Minho con su apariencia fría y distante y su cabello plateado. Aunque tuvieran un aura dominante ambos eran hombres buenos y comprensivos. No siempre.

–Está será vuestra habitación –señaló el beta. Los tres alfas se detuvieron frente a una puerta corrediza de papel. Bangchan agradeció con un gesto de cabeza mientras Minho abría la puerta. El cuarto era pequeño, con tres camas individuales y un par de muebles que servían para guardar las pocas pertenencias que traían consigo. Hyunjin dejó su mochila de tela en una de las camas y se acercó a la ventana desde donde podía ver un pequeño patio y el bosque extendiéndose a su alrededor.

Bangchan tomó asiento en una de las camas libres y se estiró.

–Bien, esta noche es la presentación y mañana es la luna llena, hemos llegado algo tarde pero al menos nos han aceptado –suspiró. Minho rió.

–Nadie rechazaría a alfas de la manada Bangh –Bangchan rodó los ojos y miró a Hyunjin.

–¿Algo interesante? –se acercó a su amigo. Hyunjin parecía absorto en sus pensamientos pero al acercarse vió que el alfa observaba el jardín donde unos omegas parecían disfrutar de los últimos rayos de sol de la tarde. Bangchan se asomó descubriendo que no eran omegas cualquiera, sus ropas los delataban– Ya veo… son los marcados.

–¿Marcados? –preguntó Minho acercándose. El jardín trasero era menos exuberante que el jardín principal, apenas tenía un par de bancos de piedra maciza y una pequeña zona que parecía un huerto. Allí, sentados en la hierba había dos omegas con varias canastas de hierbas a su alrededor.

–No se les suele ver mucho por el santuario, viven en la zona trasera –explicó Bangchan cruzando sus brazos– Seungmin me explicó que trabajan para los omegas que serán cortejados por los alfas.

–¿No son omegas a los que se les pueda cortejar? –preguntó esta vez Hyunjin. Su mirada permaneció fija sobre la cabellera rubia de uno de los omegas. Sus manos, llenas de pequeñas heridas, se movían con eficiencia sobre las plantas separando las hojas del tallo. Parecía un trabajo tedioso, sin embargo el omega parecía trabajar en automático mientras hablaba con su compañero.

–Nunca son presentados como omegas a cortejar, simplemente son omegas de servicio. No sé mucho más. Seungmin nunca ha estado en contacto con ellos.

Las risas alegres de los omegas llegaron hasta la habitación. El castaño se tumbó sobre la hierba sujetando su estómago dando largas carcajadas, su compañero rubio dejó las hierbas a un lado y golpeó la pierna de su amigo entre risas. Entonces levantó la mirada, sus ojos recorrieron las ventanas hasta toparse con la mirada de los tres alfas. Su sonrisa se suavizó y agachó la cabeza ligeramente saludando a los hombres desde la distancia. Su compañero, extrañado por el silencio de su amigo rubio, siguió su mirada hasta toparse con la de los alfas. Se sentó rápidamente recuperando la compostura y avergonzado también los saludo.

–Son lindos –susurró Minho. Bangchan tarareó y apartó la vista de los omegas para fijarse en sus dos alfas. Ambos parecían perdidos en los dos omegas que habían vuelto a su tarea pero sus aromas a menta y pino parecían más salvajes que nunca. Chan recordó el aroma a cítricos de Seungmin la primera vez que se conocieron, la sensación de estar rodeado de un campo de naranjos en plena floración, el calor reconfortante que recorrió su piel cuando sus manos se encontraron aquella primera noche. Una sonrisa suave surcó su rostro.

–Lo son –susurró.

*

El patio principal estaba impecable. El servicio había dispuesto varias mesas largas con pequeñas porciones de comida. Centros de flores adornaban cada una de ellas acompañando a la pequeña iluminación que producían las velas. El porche que rodeaba el patio se había decorado con cortinas finas y transparentes que ondeaban con la suave brisa de la noche. Allí tras las telas danzantes se ocultaba el servicio, todos en fila con sus uniformes impecables observando el primer contacto entre omegas y alfas. En la entrada del patio estaban los omegas ordenados en dos filas, ya que como marcaba la tradición debían ser saludados uno a uno por los alfas que iban a cotejarlos.
Minho educadamente estrechó la mano de cada uno de los omegas inclinando ligeramente la cabeza. Al estar tan cerca de ellos podía oler sus diferentes aromas, unos más suaves, otros más dulces. Tulipanes, flores silvestres, manzana, lavanda, laurel, pomelo… Ninguno de los aromas llamó especialmente su atención pero una omega se quedó grabada en su retina, y no fue porque su belleza lo impresionara sino por su olor a nerviosismo.
Cuando llegó al final de la fila se dirigió hacia Hyunjin, el cual esperaba cerca de una mesa. Compartieron una mirada y aunque Hyunjin parecía sereno y concentrado, Minho detectó el aburrimiento en sus ojos.

El sonido dulce de una campana marcó el final de los saludos y los omegas se movieron en dirección a la mesa central del patio, la música comenzó a sonar. El servicio se acercó a cada mesa sirviendo bebidas, agua para los omegas y vino o licores destilados para los alfas que lo pedían. Minutos más tarde el primer alfa se acercó para invitar a bailar a uno de los omegas y tras él muchos más se animaron.
Hyunjin dejó su copa de vino sobre la mesa y con pasos lentos pero decididos llegó hasta una pequeña omega de cabello castaño. Minho observó divertido la reverencia que hizo su amigo antes de tomar la mano de la joven y llevarla al centro de la improvisada pista. Hyunjin le sonrió y le alzó una ceja perfilada con picardía. Casi podía escucharlo: “Al menos baila con alguien” “Diviértete”.
Después de meditarlo tomó un sorbo de su whisky mientras su mirada recorría a los diferentes omegas disponibles. Había una omega vestida con un vestido azul pálido que parecía aburrida, otra que no era capaz de mantener la mirada de ningún alfa, y por último un omega al que estaban coqueteando descaradamente y parecía incómodo. Decidió que este último tal vez necesitaba algo de ayuda y con un suspiro dejó su copa sobre la mesa pero antes de acercarse un aroma a vainilla picó bajo su nariz. Sus ojos oscuros vagaron entre la multitud hasta que se detuvieron en un pequeño omega castaño que recogía los platos vacíos de su mesa. Estaba de espaldas a él y parecía pequeño vestido con aquel vestido crudo dos tallas más grande que él, aunque tal vez la talla grande era para que la oscura cicatriz de su hombro fuera visible. Minho recordó las palabras de Chan: “Un marcado”.
El pequeño omega pareció ignorar su mirada y continuó con su tarea diligentemente para después retirarse hacia las puertas del servicio. Incluso cuando desapareció Minho se quedó observando la puerta de roble.

–¿No vas a invitar a ningún omega a bailar? –la voz burlona de Hyunjin lo distrajo. El alfa estaba a su lado, apoyado casualmente contra la mesa. Sus dedos se apartaron el pelo de la frente sudorosa con un movimiento practicado que seguramente hizo suspirar a algún omega.

–Nadie me parece interesante –respondió secamente. Hyunjin rió brevemente.

–Al menos intenta conocer a alguno –se inclinó más cerca de su compañero y bajó la voz– Hay algunos pretendientes más que dispuestos. Incluso he bailado con uno de ellos.

Minho rodó los ojos y su amigo apuntó con la barbilla a un omega de apariencia tranquila. El alfa ladeó la cabeza y negó suavemente. A pesar de que aquel omega parecía una buena compañía su mente se perdía en los recuerdos del marcado que acababa de ver.

–En otra ocasión.

–Espero que al menos escojas a un par para mañana, si no Chan se enfadará cuando se entere de que no has ido a las citas privadas –le recordó el pelinegro.

–No te preocupes.

La velada continuó hasta bien entrada la noche, Minho terminó bailando con un par de omegas para la tranquilidad de Hyunjin y poco después empezaron la retirada hacia su habitación. Caminaron por los pasillos siguiendo al grupo de alfas que hablaban entre ellos sobre las actividades preparadas para la mañana siguiente hasta que en una esquina Minho detectó aquel aroma a vainilla que no había podido ignorar durante el resto de la velada. Hyunjin le lanzó una mirada confundida cuando lo detuvo en el pasillo. El peliblanco señaló una puerta abierta que llevaba a una zona más apartada del santuario y Hyunjin se encogió de hombros y asintió.
El nuevo pasillo los llevó hasta el exterior del edificio, el bosque se extendía a su alrededor como un manto oscuro y tranquilo. Minho tomó una larga inspiración buscando aquel aroma de nuevo, sin embargo solo pudo oler la suave fragancia de algo floral. Hyunjin a su lado se tensó. Su nariz olfateó el ambiente y su alfa se alteró con nerviosismo.

–¿Jin?

–¿Lo hueles? –preguntó el pelinegro mirando a su alrededor. Minho frunció el ceño y ladeó la cabeza.

–¿Flores?

–No son solo flores, es una mezcla de margaritas con jazmín también hay algo cálido, como esa sensación que dejan los rayos del sol en el amanecer –explicó Hyunjin. Minho lo miró más confundido aún. Se consideraba un gran recolector, tenía un gran olfato que lo ayudaba en sus deberes como cazador pero por primera vez en mucho tiempo no reconoció los olores que su hermano describía. Cerró los ojos y se centró en los aromas a su alrededor. Estaba el bosque, el aroma a menta de Hyunjin, el suyo propio, la calidez que emanaba la casa, el suave olor a flores y… la vainilla.

–Vainilla –susurró. Hyunjin tarareó.

–También, está por allá –señaló el camino de piedra que rodeaba el santuario y se adentraba en el bosque. Los dos alfas se miraron y sin dudarlo se alejaron por el camino. Cuando los árboles los rodearon dejaron que su forma animal saliera a caminar. El lobo de Hyunjin, de color negro, lideró el camino y Minho con su pelaje blanco lo siguió hasta que el aroma a vainilla y flores, margaritas y jazmín según Hyunjin, se hizo más intenso. Las risas cantarinas de dos jóvenes se escucharon en la lejanía, acompañadas del sonido del agua siendo salpicada. Guiados por la curiosidad los dos lobos se acercaron a la línea de árboles encontrándose con el río. Allí en el agua dos omegas con olor a vainilla y flores se bañaban. Sus ropas estaban abandonadas en la orilla, aseguradas sobre unas rocas lo bastante alejadas para no empaparse con sus juegos. Uno de ellos tenía el pelo rubio y el otro castaño. Minho lo reconoció al instante y sus pupilas se dilataron sintiendo el impulso de acercarse.
Sin embargo el olor a chocolate de Chan se acercó a gran velocidad desde su derecha y al girar la cabeza un lobo grande y castaño se detuvo a su lado. La mirada afilada del alfa los hizo retroceder, sus ojos se dirigieron a los dos omegas en el agua y de su boca salió un sonido seco parecido a un bufido irónico. Hyunjin gimió bajando las orejas y Minho se quedó callado escuchando el reproche del alfa líder.
Su conversación llamó la atención de los dos omegas en el agua haciendo que ambos se pusieran alerta encontrando su escondite tras los árboles. Chan se inclinó respetuosamente y Hyunjin y Minho lo imitaron a regañadientes. Con un bufido Chan señaló el camino a casa y con una última mirada a los jóvenes en el agua los tres lobos desaparecieron.

*

Jisung se despertó como cada mañana antes de que los rayos del sol atravesaran las montañas. Se estiró con cuidado en la cama que compartía con Felix y apartó las mantas dejando a su compañero descansar un par de minutos más. Retiró las telas pesadas que cubrían las ventanas dejando que la claridad de la mañana entrara en la pequeña estancia. Bostezó quedamente y recogió una vieja chaqueta raída antes de salir al patio del servicio. Estiró los brazos haciendo crujir su espalda y respiró el aire fresco del exterior. La cocina ya estaba en pleno funcionamiento con algunos omegas trabajando en los desayunos para los invitados y los omegas.
Jisung se asomó por la puerta de madera y saludó con una sonrisa a las personas que trabajaban. La señora Gum estaba en su puesto amasando masa que más tarde hornearía para hacer pan.

–Buenos días Jisung, ¿Felix aún está durmiendo? –preguntó la mujer con voz amable. Jisung se acercó y cogió un pastelito llevándoselo a la boca. La señora chasqueó la lengua– Tienes tú desayuno en la encimera, eso no es para ti jovencito.

–Perdón –la señora Gum negó suavemente con la cabeza pero en sus labios bailaba una sonrisa cariñosa.

–He separado algunos pastelitos para ti y para tu hermano, así que no robes más.

–Gracias señora Gum –dejó un beso sobre su mejilla regordeta y recogió los platos de desayuno dirigiéndose al patio. Dejó la comida sobre uno de los asientos de piedra y en ese momento Felix salió de la habitación con el pelo rubio alborotado y los ojos aún cerrados. Se sentó en la hierba con un suspiro y cogió un trozo de pan llevándoselo a la boca.

–Buenos días –murmuró con voz soñolienta. Jisung tarareó dando un sorbo al vaso de leche– ¿Te han dicho donde te toca hoy?

–Aún no, pero supongo que nos tocará asistir a las citas privadas o ayudar en la limpieza de las habitaciones –Felix asintió frotándose los ojos y soltando un bostezo. El sonido de una ventana abriéndose detuvo su desayuno. Los dos omegas miraron hacia arriba encontrando a un alfa de cabello blanco bostezando. Su mirada se desplazó por el paisaje y después como guiado por su instinto miró al patio viendo a los dos jóvenes. Sin embargo no apartó la mirada. Apoyó los brazos en el marco de madera y se quedó ahí, atento, observando. Felix apartó la mirada volviendo a su desayuno, pero Jisung sintió sus mejillas sonrojarse. El alfa pareció notarlo porque le sonrió. Mierda. Le sonrió.

–¡Jisung, Felix! –la voz de la señora Gum se escuchó por todo el patio, llegando a los oídos del alfa. Ambos jóvenes se levantaron y recogieron los platos entrando en la cocina. Varios omegas ya ocupaban el pequeño espacio de la cocina– Os voy a asignar los puestos, tenemos algunas bajas así que hoy todos estaremos bastante ocupados.

Uno a uno los omegas fueron abandonando la cocina dirigiéndose a sus lugares de trabajo. Jisung y Felix, al igual que todas las mañanas, acabaron en la zona de lavandería. Allí los esperaban filas y filas de sábanas y mantas secas que debían recoger para poder llevar los cambios a las habitaciones. Juntos y trabajando codo con codo doblaron todo en poco tiempo.

*

Hyunjin fue guiado por uno de los betas del servicio hasta un salón de té. La habitación era pequeña pero gracias a la luz que entraba desde las ventanas parecía más amplia. El alfa estaba sentado sobre un cómodo cojín frente a una mesa baja de madera clara. No había más muebles, solo un par de cuadros de tela y alguna lámpara de aceite. Sus dedos acariciaban las vetas suavemente mientras esperaba a que su cita llegara. Esa misma mañana había entregado sus solicitudes y por lo que sabía, Mingi era la omega a la que iba a conocer. Una omega jóven, sana y fuerte. Perfecta para tener cachorros le había dicho el beta.
La noche anterior había bailado con ella, su cabello rubio había brillado con las luces cálidas del jardín llamando su atención. También tenía una bonita sonrisa, y un aroma dulce. Sin embargo, aunque había sido su favorita sin duda, ahora solo podía recordar al omega del río. Su olor a jazmín y margaritas lo había perseguido durante su sueño. Casi podía imaginar el sonido de su risa, el tacto de su piel…
Un golpe suave en la madera de la puerta lo sacó de sus cavilaciones. Sus ojos oscuros se desplazaron hasta la puerta cuando ésta se abrió a la vez que se levantaba de su asiento. Mingi estaba ahí. La omega tenía el cabello dorado amarrado en un trenzado complicado, vestía un ligero hanbok blanco perfecto para la temperatura cálida del día y sus ojos castaños se iluminaron cuando encontraron al alfa de pie.

–Buenos días –saludó el pelinegro inclinándose cortésmente. Mingi devolvió el saludo– Mi nombre es Hwang Hyunjin, de la manada Bahng.

–Es un placer alfa. Mi nombre es Mingi, Kim Mingi.

Hyunjin sonrió y extendió la mano a la omega con suavidad. Mingi la aceptó y dejó que el alfa la acompañara a la mesa. Allí la ayudó a sentarse sobre el cojín y después tomó asiento frente a ella. Desde esa distancia pudo oler su fragancia a flores. Pero no eran las flores que él tanto ansiaba.

–¿Qué papel desempeña en la manada Bahng, alfa? –preguntó la omega con voz curiosa. Sus pequeñas manos se apoyaron sobre la mesa de madera y jugaron con nerviosismo con las mangas de su ropa. Hyunjin sonrió enternecido.

–Soy cazador.

–Entiendo… Supongo que pasarás mucho tiempo recorriendo el bosque –murmuró, miró el bosque que se extendía alrededor del santuario– ¿Cómo es tu bosque?

–Vivimos en un valle entre montañas, hay una ladera que durante esta época está llena de flores. Es un lugar perfecto para tumbarse sobre la hierba y disfrutar de los días de sol. También hay un lago con su propia cascada, la manada suele realizar la fiesta de la luna llena en los meses de calor.

–¿Después salís a correr? –preguntó la omega con ojos brillantes. Hyunjin asintió con una sonrisa. Recordó las noches de verano cuando la manada organizaba una barbacoa en las piedras cercanas a la orilla del río. Los cazadores salían por la mañana temprano y al atardecer volvían con los animales que iban a cocinar. Después se bañaban en el río para quitarse la suciedad y los pocos omegas de la manada preparaban la comida con ayuda de los alfas más jóvenes. Más tarde se reunían a comer cerca de las hogueras y bailaban hasta que la luna se encontraba en lo más alto del cielo. Cuando llegaba ese momento todos se desvestían y uno por uno corrían hacia el bosque.

–Si, corremos en grupo como una gran familia.

–Eso suena genial, me encantaría correr por el bosque.

–Tal vez puedas hacerlo este mes.

–Solo si un alfa me elige –susurró con las mejillas sonrojadas. Hyunjin asintió y no dijo nada más, no quería darle esperanzas hasta que estuviera decidido. Aún le quedaban dos omegas más a los que conocer. Mingi parecía una buena omega, tal vez demasiado amable.

La cita continuó durante veinte minutos más y Hyunjin fue perdiendo el interés rápidamente. La omega parecía demasiado inocente, demasiado inexperta. No tenían aficiones en común. Resultó ser exquisita con la comida. Y por supuesto, habló de los cachorros.

–Daré a luz tantos como mi alfa me pida.

A Hyunjin no le gustó esa respuesta.

Después de su cita con Mingi conoció a un omega llamado Hyeon. Sin embargo el omega demostró ser un jóven caprichoso y con grandes rasgos de narcisismo. Solo habló de sí mismo durante la cita. Hyunjin casi saltó de felicidad cuando el beta le dijo que su tiempo había terminado.
El alfa se tomó un descanso en el jardín. Se sentó en un banco de madera disfrutando del aire reparador y de los rayos suaves del sol. Cerró sus ojos tratando de borrar de su mente toda la conversación que había tenido con Hyeon, más bien su discurso. Entonces lo sintió. Lo olió.

Jazmín y margaritas.

Sus ojos se abrieron como si un jarro de agua hubiera caído sobre su cabeza. Su cuello crujió cuando giró a toda velocidad hacia el omega que desprendía aquel olor. Allí en la entrada del salón donde se iba a realizar su siguiente cita estaba el omega de cabello rubio. Llevaba en sus manos una bandeja con una tetera y sus respectivas tazas. Hyunjin se acercó de inmediato.

–Deja que te ayude –dijo abriendo la puerta de madera. El omega se sorprendió por su rapidez.

–Oh, no hacía falta –exclamó. Hyunjin dejó que el omega entrará al salón y observó cómo el menor dejaba la bandeja en la mesita baja. Con manos diligentes organizó la superficie para la siguiente cita y Hyunjin se encontró siguiendo sus movimientos.

Estando tan cerca de él pudo observar con detalle al omega. Tenía el cabello rubio platino pero sus raíces oscuras indicaban que no era su color natural. Llevaba un hanbok viejo de dos piezas dejando al descubierto la piel de su cintura, cuando Hyunjin se fijó con más detenimiento en esa zona de piel lo entendió. El omega tenía una gran cicatriz oscura que se perdía en el interior de su ropa y los dedos de Hyunjin hormiguearon queriendo acariciar la piel irregular, sin embargo éste se movió.

–¿Necesita algo? –preguntó con voz baja y grave. Hyunjin observó sus ojos castaños llenos de brillo. Contuvo un suspiro al ver por fin su rostro. Tenía una nariz pequeña, labios bonitos y rosados, la sien ligeramente empapada de sudor. Pecas. Miles de pecas que parecían iluminarse cuando los rayos del sol rozaban su piel como pequeñas estrellas en medio del cielo nocturno.

–¿Cómo te llamas? –la pregunta escapó de sus labios sorprendiendo a ambos. Hyunjin se aclaró la garganta avergonzado y el omega apartó la mirada pero una sonrisa sincera brotó en sus labios– Perdón, me disculpo. Mi nombre es Hwang Hyunjin, alfa de la manada Bahng. ¿Cuál es su nombre?

El omega se levantó y con cuidado arregló su ropa. Echó un vistazo a la puerta abierta comprobando que ningún curioso estuviera viéndolos y después miró al alfa. Alto, cabello negro, mandíbula afilada con unos labios gruesos que formaban una sonrisa solo para él. Hacía años que un alfa no lo miraba así, prestándole atención, mirándolo como si fuera el único omega en la habitación.
Recuperó la compostura.

–Oh, su cita con la omega Nayeon comenzará en unos minutos. Puede esperar aquí si quiere.

El alfa lo miró en silencio y después rompió en carcajadas. Miró el techo con una sonrisa incrédula y tras una pausa se giró para mirarlo.

–Me refería a tu nombre cariño, ¿puedes darme tu nombre?

Entonces fue el omega el que se quedó congelado. El alfa se apoyó casualmente contra la madera cruzando los brazos sobre su pecho, la misma sonrisa ladeada adornaba sus labios. La puerta se cerró lentamente con el peso de su cuerpo.

–¿Yo? –preguntó incrédulo. Hyunjin asintió viendo como las mejillas del omega se sonrojaban dándole un aspecto más joven. Entonces se río. El sonido de su risa calentó su pecho. Era hermoso– Lo lamento, yo no debería hacer esto. Usted tiene una cita con un omega adecuado para un alfa de su calibre. Yo no soy comparable.

–Pareces mucho más interesante que cualquier omega que ayer pudiera conocer, ¿puedo tener una cita contigo? –preguntó directamente el alfa. Se rascó suavemente la nuca como si estuviera pensando– Pero para eso necesito un nombre, me gustaría saber el nombre del omega que ha estado rondando mis sueños.

El rubio se calló. La mirada cálida del alfa lo recorrió de arriba a abajo con lentitud. Cuando volvió a sus ojos alzó una ceja esperando su respuesta. El omega sonrió.

–Tiene una cita con Nayeon –repitió, pero esta vez su voz ocultaba una risa.

–Lo sé, pero prefiero tenerla contigo.

–¿Siempre eres así de directo?

–Solo cuando encuentro algo que realmente quiero.

El sonido de un golpe en la puerta los separó. El omega se acercó a ésta pero el alfa lo detuvo apoyando una mano sobre la madera. El olor a menta y jazmín con margaritas se encontraron por primera vez. Hyunjin bajó la mirada encontrando los ojos sorprendidos del omega. Le sonrió.

–¿Entonces? –el joven recobró algo de compostura y dió un paso atrás.

–Cuando termine su cita búsqueme en la zona del servicio.

–¿Tu nombre?

–Felix.

*

Minho miró la fila de alfas que esperaban la oportunidad de hablar con los tres omegas más deseados del santuario. Una chica y dos chicos. Todos ellos bien educados, con estudios, omegas preparados para desempeñar su papel de madres de familia.
El alfa de cabello blanco se alejó de la multitud por los pasillos del servicio, un par de betas lo miraron extrañados al verlo allí pero no lo detuvieron. Sus pasos lo llevaron hasta la zona de lavandería donde varios trabajadores desplegaban sábanas empapadas sobre unas cuerdas tensas y atadas a varios palos de madera. Otros traían cestos grandes con ropa limpia desde el río. Minho percibió entonces el olor. Vainilla. El dueño del aroma estaba a pocos metros de distancia y Minho no dudó un segundo en acercarse a él.
Llegó al río donde quedaban pocas personas lavando ropa, entre ellos estaba él con su cabello castaño encorvado en la orilla y sus dedos rojizos que sacudían las telas llenas de jabón.

El alfa vió como todos los betas del servicio terminaban sus trabajos y emprendían el camino de vuelta al santuario, todos menos él. Se acercó al omega avainillado en silencio hasta que a pocos metros de distancia éste giró la cabeza y lo miró.
Minho se quedó congelado en su lugar. El omega tardó en reconocerlo pero cuando lo hizo sus mejillas adquirieron un tono rosado y sus manos dejaron escapar la prenda haciendo que ésta avanzara por el río. Ambos reaccionaron a la vez. El omega chilló tratando de llegar a ella sin caer en el agua y Minho sin dudarlo entró en el río hasta que el agua llegó a sus rodillas. Cuando alcanzó la prenda una sonrisa satisfecha apareció en su rostro. Se giró para enseñársela al joven omega y este parecía tan absorto en la prenda que no se fijó en la piedra resbaladiza que pisaba. Volvió a gritar agitando sus manos preparándose para el impacto del agua fresca, sin embargo el alfa lo alcanzó justo a tiempo evitando que también se empapara.

–Vaya, ¿estás bien? –preguntó Minho con una sonrisa. El omega jadeó avergonzado y cayó de rodillas en la hierba cuando el alfa lo alejó del río.

–¡Perdón! –chilló. Sus manos recogieron la prenda abandonada y se inclinó respetuosamente ante él– ¡Yo! ¡Lo siento, te has mojado por mi culpa!

–Parecías menos torpe ayer, pero no importa, es parte de tu encanto –las palabras solo hicieron que el omega se moviera inquieto y a Minho le encantó verlo.

El omega recogió la ropa apresuradamente liberando suaves olas de vainilla nervioso. Minho se agachó a su lado ayudándolo con lentitud, queriendo alargar el momento. Cuando terminaron, se adelantó recogiendo la cesta pesada.

–¡No, no es necesario! –se quejó el omega aún avergonzado. Minho se encogió de hombros suavemente.

–¿Dónde hay que llevarlo? Te ayudaré –dijo decidido. Viendo que el omega no reaccionaba retomó el camino hacia el santuario, entonces el omega saltó tras él.

–¡Esperé! ¡Alfa!

–Lee Minho, de la manda Bahng para servirle –se presentó haciendo una ligera inclinación para después continuar andando. El omega se movió nerviosamente a su alrededor.

–Señor…

–Minho –cortó el alfa alzando una ceja. El omega bajó avergonzado la cabeza.

–Yo no puedo… No debo llamarlo por su nombre –murmuró. Caminaron unos pocos metros viendo ya el santuario a lo lejos– Deme la cesta, por favor.

–No.

–Pe-pero…

–Nada de peros –respondió sin dejar que el omega se quejara.

Al final llegaron a los tendederos improvisados donde solo quedaba un beta recogiendo los cestos vacíos. Sus ojos avellana observaron a los recién llegados y no tardó en sorprenderse al ver a un alfa junto a su compañero. Se aclaró la garganta y el pequeño omega lo miró con nerviosismo.

–Jisung-ah –llamó al menor, el omega se inclinó– Recoge los cestos cuando termines, debo ayudar en la zona de comida.

–¡Si!

El beta dejó los cestos en el suelo y se alejó por el camino de tierra. Minho miró al omega con una sonrisa coqueta.

–Así que te llamas Jisung –el omega enderezó la espalda y trató de quitarle el cesto de la ropa pero el alfa solo rió y lo alejó de su alcance– Bonito nombre. Jisung-ah.

–Para por favor –pidió el omega sonrojado. Minho lo observó. Pequeño, con las mejillas hinchadas y sonrojadas, el cabello alborotado y ligeramente mojado. Decidió dejar de molestarlo pero no por ello iba a abandonarlo.

–¿Dónde colgamos esto? –Jisung se movió nerviosamente.

–No tiene que…

–¿Dónde colgamos esto Jisung-ah? –al mencionar su nombre el omega volvió a convertirse en un manojo de nervios y sonrojos. Señaló una cuerda libre entre las filas de colada y Minho asintió contento.

Entre los dos colgaron las prendas mojadas y cuando terminaron Jisung se apresuró en recoger los cestos abandonados. Minho lo observó en silencio y esta vez no logró alcanzarlos a tiempo haciendo que el omega cargara con todos ellos.

–Deja que te ayude –pidió. El omega negó inflando sus mejillas con orgullo, no iba a dejar que volviera a ayudarlo aunque los cestos pesaran una barbaridad.

Minho lo siguió en silencio, viéndolo pelear con el peso. Cuando llegaron a la zona de servicio el omega dejó los cestos en una esquina con brazos temblorosos y suspiró. El alfa seguía allí.

–Señ… Alfa, ¿necesita algo? ¿Sabe cómo volver al recinto principal? –preguntó educadamente. Minho ladeó la cabeza y lo observó unos segundos más en silencio.

–Jisung-sii…

–¿Si?

–¿Me permitiría tener una cita con usted?

El omega se atragantó con su saliva y tosió descontroladamente llevándose una mano al pecho. El alfa observó alegremente como sus mejillas volvían a enrojecer. Jisung se inclinó nerviosamente.

–Lo lamento mucho pero yo no…

–¿Por favor?

Jisung lo miró a través de su flequillo marrón. Era un alfa de la familia Bahng. Un alfa inalcanzable. Miles de omegas deseaban pertenecer a aquella manada, ser un omega de aquellos alfas, y él solo lo miraba a él.
Se frotó los brazos incómodamente. No quería ilusionarse, no era la primera vez que un alfa trataba de cortejarlo y tras ver sus cicatrices se echaban atrás.

–Verá, yo… Soy un marcado, no creo que esté buscando un omega con tan feas cicatrices –explicó el omega con voz temblorosa mientras sus dedos estiraban del cuello de su camiseta mostrando las marcas oscuras. Sus ojos se alzaron con temor hasta el rostro del alfa pero este no parecía incómodo, apenas miró la piel descubierta, solo miraba su cara.

–No me importa –habló el alfa con voz suave dando un paso más cerca. Sus dedos se extendieron con precaución hacia el omega y con una suavidad con la que nunca nadie lo había tratado le recolocó la camiseta– No vine aquí para encontrar un omega bonito y llevarme un trofeo a casa. Los alfas de la manada Bahng no somos así –sus dedos acariciaron con cuidado la piel irregular de su hombro y con lentitud se alejó casi controlando su necesidad de contacto. Se aclaró la garganta– Vine aquí a encontrar al omega que llenará mi otra mitad, aquel que con solo una mirada me atrapará y me temo que tu aroma a vainilla encaja muy bien con el mio.

Las palabras tardaron en ser registradas por el cerebro nervioso del omega pero cuando lo hicieron una calidez desbordante inundó su pecho. Las yemas de sus dedos hormiguearon y los latidos de su corazón martillearon contra sus oídos.
Minho le sonrió suavemente y Jisung jadeó.

–Entonces, ¿tendrás una cita conmigo? –volvió a preguntar después de dejar que el omega comprendiera sus palabras.

Los ojos de Jisung se humedecieron pero una sonrisa sincera surgió en su rostro haciendo que el corazón del alfa saltara de emoción. Era el indicado. Sin duda lo era. Solo necesitaba su aprobación y entonces le mostraría porque debía quedarse a su lado.

–Si –susurró. Minho se inclinó más cerca temiendo haber imaginado su respuesta, pero Jisung se iluminó y con sus mejillas sonrojadas volvió a responder– Si quiero, alfa.