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Era diciembre y eso solo significaba una sola cosa: en Morioh pronto el frio y las decoraciones navideñas llenarían las calles. Por supuesto, no sería nada que le molestara ni causaría angustia alguna a Rohan Kishibe, si todo estuviera como se suponía que debía de estar. Pero no, este año fue diferente porque unos pendejos, entiéndase Josuke y compañía, le quemaron su casa. El lugar todavía estaba en reconstrucción y pasaban los días y tendría que pensar donde pasar las fiestas navideñas. Hasta que se llegó a masajear las sienes y llamarse pendejo a sí mismo, ¿Cómo no se le ocurrió antes? Podía pedirle apoyo a Koichi, que había demostrado ser tan confiable. Aparte, no sabía a quien más pedirle ayuda.
Con lo que no contaba Rohan era que el destino le gustan las historias llenas de emociones y el humor. Koichi, por supuesto pudo darle cobijo, la madre de este se deshizo en halagos hacia Rohan por ser uno de los amigos de su hijo y de paso uno tan talentoso y otros de esos comentarios típicos de madres sobre buenas influencias. El hombre no contaba que el hecho de tener que vivir temporalmente con Koichi venía con el precio de tener que convivir con las amistades de este. Y entre esos estaba el bastardo de Josuke con su careta estúpida, su llamativo peinado y su voz estridente.
Le chirriaba bastante ver a Josuke y para colmo no podía quejarse de tener que verlo. Era ofensivo a su vista, el causante de sus penurias, le hervía tanto la sangre. No se contuvo y decidió en una ocasión simplemente decirle sus verdades a un Josuke que más que decirle de hasta de lo que se iba a morir in situ como acostumbraba, se miraba incomodo y tenso, incluso apenado. Hasta sonrojado incluso.
—¿Y es que acaso no te quieren en tu casa o qué? —inquirió cortante.
Josuke titubeó, ¿ahora qué le picó a Rohan? Porque estaba tranquilo hace poco, —¿Ahora qué hice?
—Qué no has hecho, más bien, Josuke Higashikata. Tan tranquilo estás y por tu culpa no estoy en mi casa, de no ser por la buena voluntad de Koichi… —gruñó.
Koichi se interpuso entre ambos —Podrían calmarse chicos, por favor.
Tenso, Josuke se levantó y lo miró fijamente, puño apretado —Fue un accidente, estabas obcecado con demostrar que estaba haciendo trampa.
—Accidente, sí como no. —dijo cruzándose de brazos, arrastrando sus palabras con veneno.
—Maldición Rohan, si hasta los bomberos y policías dijeron lo mismo. —reclamó.
Koichi trataba de pacificarlos, pero ambos no parecían retroceder. Y allí iba, la tarde tranquila donde quería planear una juntada navideña con sus amigos y su novia, yéndose al garete por el orgullo de ambos tipos. Hastiado, Koichi alzó la voz.
—Siéntense ambos, ya basta —claudicó con firmeza, Rohan reculó, con rabia contenida en sus ojos, mientras Josuke masculló un par de quejas incomodo— Me tienen incomodo, están en mi casa, y mientras estén en ella, están en zona neutral. Nada de pleitos y miradas ofensivas. Ni de comentarios pasivo agresivos. ¿Quedó claro?
Ambos chicos aun molestos, sin dirigirse palabra ni las miradas, asintieron a regañadientes las condiciones de Koichi, quien suspiró con desgano y trató de redirigir la conversación hacia los planes de navidad. Y como buenamente pudo, Rohan hizo de tripas corazón y hacia una que otra intervención para comentar sobre los lugares a donde podían ir, así como de contenerse de mandar a Josuke a la mierda cada que abría la boca. Al menos, la charla terminó pronto y la casa quedó con solamente él y Koichi, que se veía agotado. Decidió no molestarlo.
Y el tan calamitoso día llegó, y Josuke llegó junto a Okuyasu, después llegó Yukako. Y así todos partieron a la plaza central en Morioh. El lugar estaba decorado de luces en todas partes, había un hermoso árbol de navidad en el centro. Había parejas patinando en una parte cercana al árbol. Por supuesto, Yukako instó a Koichi que fueran a patinar juntos, mientras que Josuke y Okuyasu se quedaron en el borde discutiendo si deberían entrar o no, a Rohan le importó tres pueblos y se fue solo. Total, también había familias, ancianos y niños patinando. Podía divertirse en la pista por su cuenta, no es la primera vez que hace algo solo.
Okuyasu lo observó un tanto anonadado, Josuke miró con desgano lo que hacía Rohan, luego dirigiose su mirada hacia Yukako y Koichi patinando. Quizás ser como el testarudo de Rohan no era mala idea, sin pensarlo se animó a patinar también, Okuyasu le siguió dubitativo.
El ultimo pensamiento no lo abandonó durante toda la velada, a pesar de que se divirtió junto a sus amigos e hizo varias cosas. Y sin sospecharlo, Josuke no encontraba tan difícil el acuerdo de zona neutral en casa de Koichi. De hecho, se encontró a sí mismo disfrutando las veladas, sobre todo cuando Rohan le dedicaba miradas de disgusto. Un día cayó en cuenta con horror que definitivamente se había enamorado del carcamal que era Rohan. Y no podía creer que fue por un pensamiento aleatorio de encontrarle algo positivo. Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Decidió salir a caminar para calmarse. Lo que no contaba es que iba a encontrarse al bastardo dueño de sus suspiros y sus imaginaciones. Rohan se veía hastiado, Josuke se quedó callado observándolo de pies a cabeza, se veía tan regio. Sonrió cándido, algo que no le hizo gracia a Rohan.
—¿Por qué tienes esa cara de idiota, Higashikata? —inquirió.
Por su parte, le sentó como una patada la pregunta. No debía de olvidar, es Rohan. —¿Acaso no tengo permitido sonreír?
El aludido hizo un mohín —Como sea, no estoy de humor.
—Nunca lo estás. —atajó con una sonrisilla sardónica.
Rohan entrecerró los ojos y frunció el ceño —Y CÓMO VOY A ESTARLO, ¡QUEMASTE MI CASA!
—Que fue un accidente, y hasta los bomberos lo confirmaron, con un carajo —atajó.
—Patrañas.
—No puedo creerlo, tienes pruebas de que no lo hice a propósito. Me arrepiento de pensar que puede haber algo positivo en ti desde que te vi patinar. —soltó de golpe.
Rohan abrió los ojos, esa respuesta no se la esperaba —¿De qué carajos hablas?
Josuke se quedó callado de golpe al caer en cuenta sobre lo que dijo, sonrojándose en el proceso.
—Higashikata, ¿qué mierda significa eso? —exigió, el asunto le empezaba a preocupar, más por las extrañas expresiones de Josuke.
Josuke por su parte decidió huir de la vergüenza, aparecía pocas veces por donde Koichi y llegó a sentir alivio cuando Rohan volvió a su casa. Sin embargo, su mente no dejaba de incordiarle con pensar en él, en como estaría y lo mucho que lamentaba enamorarse de una persona que es proporcionalmente testaruda como guapa. Un día de tantos, en una de esas caminatas que hacía, se topó con Rohan, que llevaba un block bajo el brazo. Aceleró el pasó para poder pasar al lado de él sin mediar palabra.
Cuando estaba de frente de él, ambos tratando de cambiar de dirección y se topaban con que el otro quería ir en la misma ruta, después de un par de intentos donde Rohan se empezaba a poner tenso y Josuke empezaba a incomodarse. En un punto, Josuke le puso las manos en los hombros para detenerlo y pasar primero, pero el hombre no se tomó bien y lo empujó, sin mucho éxito donde se le cayó la libreta donde hay diversos sketches.
—Maldición, deja de incordiarme —reclamó Rohan recogiendo los papeles.
Josuke le ayudó y uno de los sketches le llamó la atención, eran varios retratos de él en el estilo de Rohan. Se quedó viéndolo con sorpresa, hasta que Rohan se lo arrebató azorado.
—No te incumbe ver lo que hago.
—Oye, pero por qué yo… —preguntó todavía anonadado.
Rohan se quedó allí callado y ligeramente sonrojado. Josuke cayó en cuenta.
—¿Tú también encuentras algo positivo en mí? —preguntó con suavidad.
La pregunta quedó en el aire, un silencio largo hubo entre los dos. Y como si eso hubiera limado asperezas y quitado muros, Rohan asintió con pena. Josuke no supo que responder. Aquella tarde fue uno de tantos días donde la distancia entre ambos se acortó, hasta que un día concluyó con el ardor de una pasión y una promesa de estar juntos.
