Actions

Work Header

El libro que aún sabe bailar

Summary:

Encerrados en una casa maldita desde hace casi un siglo, Frankelda y Herneval encuentran consuelo el uno en el otro. Incluso cuando la culpa, el tiempo y la forma los separan, el amor persiste… y a veces, eso basta para seguir bailando.

Colección de one-shots sobre Frankelda y Herneval durante su encierro de ciento cincuenta años en la Casa de las Pesadillas: peleas pequeñas, horror cotidiano y la intimidad de una eternidad compartida.

Chapter 1: El libro que aún sabe bailar

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Voló por la habitación un rato más, recorriendo con la mirada aquellas paredes que había memorizado hacía ya mucho tiempo. Habían pasado noventa y seis años desde que ambos fueron aprisionados en aquella maldita casa.

 

Uno pensaría que, con el tiempo, se acostumbrarían. Pero no. Permanecer juntos entre cuatro paredes sin escapatoria resultaba pesado; la desesperanza se sentía en el aire. Aun así, Frankelda no dudaba de que, en algún momento, su situación mejoraría. Tenía fe.

 

Después de todo, las cosas no podían ser tan malas. Conservaba sus amados relatos junto a ella, y eso era algo que jamás podrían arrebatarle. Y, por supuesto, estaba su adorado libro: lo más preciado que poseía, no solo por resguardar sus historias, sino por proteger el alma de su amado.

 

Buscó el libro por la habitación hasta encontrarlo en el suelo, justo en el centro.

 

Soltó un suspiro y voló hacia él, flotando a su lado. Se le veía decaído. A Frankelda aún le costaba comprenderlo del todo, pero con los años había notado cuánto sufría Herneval en aquella forma. Se había vuelto más pesimista, más amargo con la vida.

 

No podía culparlo. Después de todo lo que habían vivido… además, a diferencia de ella, él ni siquiera podía hacer algo para cambiar su situación. No era feliz siendo un objeto; sufría una prisión dentro de otra.

 

—Herneval…

 

El libro apenas hizo un movimiento desganado. No fue hasta que lo llamó de nuevo que se giró para mirarla.

 

—¿Sí, querida?

 

—Te ves triste. ¿Quieres que te cuente una historia?

 

Preguntó con una sonrisa tranquila, intentando animarlo.

 

—No te preocupes… estoy bien.

 

Frankelda frunció el ceño y lo observó con reproche.

 

—Sabes que no puedes engañarme. Vamos, ¿qué tienes?

 

El libro suspiró y se alejó un poco de la fantasma. Su voz sonó débil.

 

—Lo siento… todo es mi culpa. Si no fuera por mí, no estaríamos aquí. Atrapados. Siempre temiste pasar tu vida entre labores domésticas, y ahora estás encerrada en una casa digna de las peores pesadillas…

 

Frankelda suspiró. Aquello no era nuevo. De vez en cuando, la culpa volvía a consumirlo.

 

—Ya te lo he dicho millones de veces. Con esa actitud solo te haces más daño. Es decir, si—

 

—Lo siento —la interrumpió.

 

—Por haberte engañado y permitir que tuvieras esa horrible pesadilla. Yo… solo quería mantenerte a mi lado. Fui egoísta y un tonto por confiar en… ya sabes quién. De verdad lo lamento.

 

Frankelda tomó el libro entre sus manos y lo abrazó con cuidado.

 

—Ya te has disculpado mil veces por eso… y mil veces te he perdonado, tonto.

 

Sonrió con suavidad. Herneval sintió cómo la tristeza lo invadía, al borde de las lágrimas.

 

—¡Es que! ¿Cómo puedes perdonarme?

 

—Porque soy una muy buena persona que jamás guarda rencores.

 

Dijo con un tono ligeramente altivo, claramente irónico.

 

—Y porque no quiero que pases casi un siglo más castigándote por un error que cometiste hace medio siglo, bobo. Ser un libro te ha desgastado demasiado…

 

Acarició sus páginas con delicadeza, intentando tranquilizarlo.

 

—Ser un libro me ha quitado muchas cosas —admitió él—. Extraño quién solía ser. Estoy tan limitado siendo esto… Además, yo…

 

—¿Sí? —preguntó ella, alzando una ceja.

 

Su voz sonó avergonzada.

 

—No puedo tocarte. Ni abrazarte, ni bailar… Ya no puedo hacer las cosas intrépidas que te conquistaron, mi cielo.

 

Frankelda sonrió.

 

—Pues para mí sigues siendo un libro muy apuesto. Y aunque no puedas abrazarme, eres el guardián de mis obras más preciadas… y eso no es poca cosa. Además —añadió con picardía—, ¿quién dijo que no podíamos bailar?

 

Tomó el libro entre sus brazos y comenzó a tararear una canción que ambos conocían muy bien.

 

—S-Shhh… ¡Frankelda! Si nos escucha…

 

—Me vale un comino que escuche. Quiero bailar contigo, y lo voy a hacer.

 

Giró en el aire, sosteniéndolo con firmeza. Poco a poco, Herneval se relajó e incluso comenzó a tararear con ella, dejándose guiar en aquella danza improvisada.

 

Qué ironía. Cuando se conocieron, fue él quien la invitó a bailar para tranquilizarla… y ahora era ella quien hacía lo mismo por él.

 

Sonrió, disfrutando de aquel momento junto a su amada escritora.

 

—Gracias, querida… Sé que no soy el mismo de antes, pero—

 

Frankelda negó con la cabeza y no le permitió continuar. Acarició sus páginas y lo miró con una sonrisa retadora.

 

—Pero nada. Sé que no eres el mismo. Yo tampoco lo soy, y míranos: aquí seguimos. Ya aprendí a aguantarte, así que más te vale no arrepentirte de estar encerrado aquí conmigo, ¿ok?

 

Herneval soltó una carcajada genuina.

 

—Claro que no, mi vida. No querría estar encerrado con nadie más.

 

Frankelda sonrió satisfecha y se acercó para darle un dulce beso a sus páginas, haciéndolo sentirse nuevamente completo. Como si aún fuera el audaz príncipe de los sustos, digno de admiración y amor.

 

—Me alegro —susurró—, porque yo tampoco.

Notes:

¡Holi que tal! 🩷

Primer fanfic que subo acá en AO3, no escribo desde hace mas de cinco años así que me siento un poco oxidada jsjsjs. (Por eso empece con este oneshot cortito, a ver si luego me animo a hacer algo más sustancioso y largo…)

Pero vi la peli (al fin!!!) hace muy poquito y me ha encantado muchísimo, ahora con todo el contexto quise explorar un poco más de su relación en la serie, cuando ya están atrapados.

Siento que tiene potencial para más capítulos, pero ahí me dicen si les interesaría leer más sobre ellos en este contexto en específico! :D Se me hace interesante pensar en todo lo que pudo haber ocurrido en esos 150 años… Ay mis viejitos casados, como los quiero. ; v ;

¡En fin, gracias por leer! <3