Work Text:

Taehyung apagó la pantalla de luz que funcionaba como mesa de trabajo, se talló los ojos con los puños y se levantó de la silla para cerrar los cajones que habían quedado abiertos al guardar las cosas que usó en el día. Se tomó unos minutos para quedarse al pie de la ventana y así observar el atardecer aún nublado, como eran los días normales en Norwich.
Tomó su celular cuando lo sintió vibrar en el bolsillo de su pantalón café: Ya llegaron los chicos:) Dev, Mary y yo iremos a comprar la cena, le dejé las llaves a Jeongguk, se quedó con Helen en casa, te veo más tarde, era lo que decía el mensaje que su hermana había enviado. Solo le respondió con un corto okei y se dispuso a cerrar su día de trabajo, volviendo a ponerse los lentes antes de continuar.
Kim Taehyung trabajaba como Restaurador de archivos históricos en el Museo de Norwich, Reino Unido, ahí tenía un pequeño taller donde él y otras dos personas, que funcionaban como sus ayudantes, se dedicaban a recibir todos los archivos viejos o dañados sin importar su locación: había pocos restauradores en la región, por lo que era bastante común que los museos, catedrales y universidades enviaran enormes cantidades de archivos al año hasta Norwich con tal de que Taehyung pudiera repararlos. Es decir, no solo se dedicaban a cuidar de los archivos propios del museo donde tenía su taller. Después de todo, los museos eran del gobierno y no privados.
Él era el único de su grupo de amigos que no tenía un título universitario. Taehyung era un simple restaurador que aprendió sus labores y técnicas gracias a su abuelo materno. Los niños no solían decir “¡De grande quiero ser restaurador!”, generalmente era una labor familiar, con pocas excepciones; así que, si no fuera por su abuelo, Taehyung no hubiera terminado ahí, tal vez. El resto de sus amigos, en donde estaba incluída su hermana, eran exitosos en sus campos laborales: Dev era el chef de un importante restaurante en el centro de Londres, Mary era contadora en un importante despacho de abogados, donde, de hecho, también trabajaba Helen, una de las abogadas más jóvenes en dicho bufete ubicado en Londres, también. Por otra parte, Erin, la hermana de Taehyung, era profesora de ciencias en la escuela primaria del barrio, y Jeongguk era el arquitecto de base de datos en el Hospital de Norwich. Ellos dos y Taehyung fueron los únicos que abandonaron el sueño de mudarse a la capital; por supuesto que era la meta de todas las personas con ganas de crecer laboralmente, pero cuando se dieron cuenta que su felicidad, su éxito y su paz estaba en Norwich, decidieron quedarse.
Aún así, casi todos los fines de semana y vacaciones pasaban ratos juntos en Norwich, porque aunque los chicos se mudaron a Londres, sus familias se quedaron en su lugar de origen. Todos provenían de familias unidas, así que viajar hasta allá no era un gran problema, tener una cena juntos con los amigos era un sueño.
“Llamaré a la policía, diré que hay intrusos en mi casa”.
Taehyung dejó las llaves en el mueble junto a la puerta, la cual cerró con la mano libre. Dejó caer su bolso por ahí, también.
“¡Taehyung!”. Helen salió de la cocina, tal como si fuera su propia casa. Dando brincos se acercó hasta él y se colgó de su cuello en un cálido abrazo que solo podrían compartir dos personas que se conocían desde los 13 años.
“¿Cómo estás?”, dejó un suave beso en su mejilla en forma de saludo. “Ayer ví a tus papás, me saludaron desde su coche”.
“Si, hoy que llegué me dijeron que te veías más guapo y más delgado”.
“Ah, gracias. La semana pasada tuve vómito y bajé como cuatro kilos”.
Helen se carcajeó y le dio un ligero golpe en el hombro como regaño, “esas cosas no se dicen”, pero Taehyung solo se encogió de hombros.
“¿Y dónde está Jeongguk?”.
“Acaba de subir a tu habitación, dijo que quería un suéter porque le dio frío” respondió mientras volvía a la cocina. Aparentemente estaba haciendo complementos para la cena, pues la estufa estaba encendida.
Como Erin y Taehyung vivían solos, su casa solía ser el punto de reunión para todos y, por ese motivo, era como si en realidad fuera la segunda casa de todos los demás, incluso por encima de sus fríos departamentos en Londres. A los hermanos no les molestaba tenerlos ahí, estaban muy acostumbrados al ruido en la casa y, de hecho, les gustaba mucho; le añadía calidez a su hogar.
“Hola”. Taehyung encontró a Jeongguk de cuclillas frente a su armario, buscando entre las prendas dobladas. “Los cambié de lugar, están colgados de aquél lado” dijo señalando hacia la puerta corrediza del lado derecho.
“Te prometo que lo voy a regresar lavado”. Jeongguk llevaba puesta una ligera camiseta de mangas cortas, tenía esa mala costumbre de no revisar el reporte del clima antes de salir de casa. Él decía que dentro de su oficina en el hospital tenía calefacción, pero luego el traslado lo hacía sufrir. “¿Cómo te fue en el trabajo?” preguntó viendo a Taehyung recargarse en la madera del armario.
“Bien”, suspiró, “hoy terminé la hoja número… cuatro, así que solo me faltan 16 hojas más”.
Jeongguk se puso la sudadera favorita de Taehyung, el mismo Jeongguk se la había regalado años atrás, justo cuando se gradúo de la universidad: era una sudadera gris con el logo de la University of East Anglia, su alma mater. Sus cabellos negros se despeinaron un poco ante la fricción, incluso escuchó los ligeros clicks que hacía debido a la electricidad que tomó de la sudadera.
“¿Me peinas?” le preguntó. “¿Cuánto crees que te tardarás con el resto de hojas?”. Siempre le habían gustado las manos de Taehyung, eran delgadas y largas, con uñas siempre perfectas. Tenía una linda delicadeza al moverlas, Jeongguk pensaba que era por la práctica en su labor, tenía que hacer las cosas con mucho cuidado siempre y, justo ahora, cuando le estaba peinando sus cabellos, Jeongguk se sentía encantado.
“Probablemente dos semanas”, volvió a suspirar. Se apartó de Jeongguk y se empujó los lentes sobre el puente de la naríz. “Saldremos a festejar cuando lo acabe”.
“Yo te invitaré”.
Jeongguk tenía unos enormes ojos redondos, negros y brillantes, demasiado tiernos, expresivos y profundos para habitar en un cuerpo que decía tantas malas palabras y que era aficionado del boxeo. Aún así, su personalidad era cálida, Taehyung lo sabía bien, era muy amable, considerado, un gran amigo para con todos los demás. Siempre daba propina generosa, le daba monedas a la gente que pedía dinero en la calle, ayudaba a los ancianos a cruzar las calles; era muy responsable con su trabajo, era un buen hijo, no un gran hermano, mucho menos un buen cuñado, pero pasando eso de largo era muy buena persona.
Sin embargo, Taehyung había empezado a reconocer algo desde hace meses atrás, tal vez tres o cuatro meses atrás: Jeongguk comenzó a ser más dulce con él, algo que no solía hacer antes. Erin, Jeongguk y Taehyung pasaban más tiempo juntos que con el resto, evidentemente porque eran los únicos que vivían en Norwich, y había una posibilidad de que ese tiempo juntos haya empezado a causar estragos en Jeongguk porque era imposible negar que él estaba actuando diferente alrededor de Taehyung: le hacía la cena, le acariciaba la mano cuando estaban sentados juntos, le daba abrazos más largos y más apretados, el contacto visual parecía más ¿coqueto?.
“¿Bajamos?” preguntó Taehyung ya cuando no había más tema de conversación.
Jeongguk asintió en silencio, pero no dijo nada por un segundo. “Ya no deben tardar en llegar”. Y esos redondos ojos oscuros bajaron lentamente por el rostro de Taehyung para instalarse apenas un segundo en los labios de Taehyung antes de regresar a sus ojos. “Andando”.
Taehyung sí notó el ligero cambio en Jeongguk desde que empezó, porque fue más o menos evidente, pero aunque al principio lo ignoró, poco a poco se hizo más fácil de notar y más difícil de ignorar. Tanto así que Taehyung ya estaba esperando ver a Mary, quien era su mejor amiga en todo el mundo, para así contarle lo que estaba pasando.
°₊˚♡ ︵ˊ.˚₊⋆ ๑
Mary y Taehyung estaban en la cocina mientras todos los demás chicos jugaban un juego de mesa en la sala de estar. Las luces cálidas bajas, las pilas de libros repartidas alrededor de la sala, los muebles color vino y beige y los muebles de madera vieja hacían un buen contraste con la canción que se reproducía desde la pantalla inteligente, Even if it hurts de Tei Shi.
Ellos dos se apartaron del juego porque Mary siempre había sido muy mala para ese tipo de destreza, y era probablemente porque era disléxica, mientras que a Taehyung no le gustaban los juegos de mesa donde hubiera figuras pequeñas porque ya tenía sus ojos muy lastimados por su trabajo, lo último que quería era jugar algo que le costara mucho para enfocar, eso hacía que le dolieran los ojos.
También era una excusa para platicar. Taehyung y Mary tenían una estrecha relación con los demás chicos, pero ellos dos tenían una relación aún más especial.
“¿Sabes algo?” y, por fin, Taehyung se sintió listo para hablar de eso que tenía en mente desde ya hace varias semanas. Ella alzó la vista a su rostro mientras usaba un trapo para secar los utensilios que Taehyung lavaba en el fregadero, “he estado pensando en algo pero… tampoco quiero escucharme como un idiota”.
“Te he escuchado decir muchas tonterías, Taehyungie, creo que para este punto ya nada puede asustarme tanto”, le dio un suave codazo, y eso hizo a Taehyung encogerse de hombros con duda, ella volvió a mirarlo por un segundo y apretó los labios, “o eso creo”.
Se rió fuerte pero negó con la cabeza, “de verdad es una tontería, pero por favor no me juzgues, ¿puedes? Te juro que tengo buenas razones para pensarlo. Solo que, por favor, guarda el secreto como si fuera tuyo”.
“¡Si, si, lo haré!”, se rió cuando Taehyung comenzó a chistar para que guardara silencio, “¿de todos?”.
“Si, de todos, es… sumamente vergonzoso”.
Mary giró para asegurarse de que los demás estaban concentrados en el juego y, si, ellos gritaban y se reían de los quejidos y terribles berrinches que Dev hacía, porque era un mal perdedor. “Te escucho”.
“Creo que le gusto a Jeongguk”.
Y mientras los demás gritaban como animales salvajes, Mary y Taehyung se quedaron en completo silencio mientras se miraban a la cara como si Taehyung se hubiera cagado en los pantalones, ahí justo frente a ella.
“¿Qué?”.
“¡Te dije que no me juzgaras!”.
“¡No te estoy juzgando, solo que no entiendo!”.
Se quejó en un suspiro y rodó los ojos, se movió con incomodidad porque ya tenía mucho dolor de espalda por siempre tener posiciones incómodas al trabajar, era cada vez más cansado estar tanto tiempo de pie. “Esta bien, voy a contarte lo que ha estado pasando, ¡pero no te burles!”.
“Estás en bancarrota, hijo de perra, ¡págame el dinero!”, Jeongguk extendió la mano en dirección a Dev, quien meneó su bigote con desagrado y extendió los últimos billetes de juguete que le quedaban.
“La avaricia te va a consumir entero, Jeongguk, eres un pecador avaricioso”.
“Por eso nadie quiere jugar con él”.
“Lloren lo que quieran, perdedores, tengo aquí… 8000 euros y todos ustedes pueden chuparme la…”.
“¡No seas grosero, jovencito!” Erin alzó la voz mientras lo apuntaba con el dedo índice. Todos se rieron y empezaron a recoger poco a poco lo que usaron mientras jugaban entre conversaciones triviales y algunas quejas por la playlist que Taehyung había puesto en la televisión.
Jeongguk se levantó de su asiento para estirarse un momento, gruñendo en el proceso. Estar tanto tiempo sentado frente al computador ya estaba cobrando factura. Sus pensamientos divagaron cuando se acercó a la pared donde había algunas fotografías colgadas en hermosos cuadros antiguos que probablemente Taehyung había tomado del trabajo: en ellas había fotos con sus amigos, con su madre y su padrastro, a solas con su padre o ambos junto a Erin. Taehyung, a diferencia de Jeongguk, había crecido en una familia interracial, muy pocas veces convivió con su padre biológico pero hasta hace unos años estrecharon un poco más su relación familiar. Por otro lado, Jeongguk, aunque había nacido en Reino Unido, sus padres eran migrantes desde jóvenes y se habían conocido pocos años después de haber llegado a su nuevo país. Taehyung y Jeongguk coincidieron por puro accidente cuando estaban por pasar a segundo año de preparatoria, debido a que tenían amigos en común, Mary y Dev, a partir de entonces se hicieron muy amigos, y encontraron en ellos un rostro similar que parecían entender y ver las cosas de forma distinta a los demás, pero igual entre ellos dos. Fue inevitable no sonreír por un segundo antes de regresar por su vaso vacío, entrando a la cocina para servirse algo más de refresco.
“Entonces me dijo que mis manos eran bonitas y…”, Taehyung y Mary estaban frente al fregadero, cara a cara. Taehyung sostenía y acariciaba cuidadosamente la pálida mano de Mary, quien tenía una boba sonrisa en la cara, que pronto se borró cuando ambos notaron la presencia de Jeongguk en la puerta. Se soltaron las manos y lo miraron fijamente.
“Okay” dijo Jeongguk con duda, sabiendo que se había entrometido en algo importante. “Pueden continuar”.
“Si, entonces yo le dije Ok, muchas gracias y después mi jefe dijo que tenía que enviar a alguien a la recepción por un paquete y ya, fue todo”. Taehyung pareció sacar una improvisación al mejor ritmo de Eminem y se giró para abrir el grifo de la llave.
“Increíble”, escuchó a Mary decir mientras él abría el refrigerador, buscando el refresco. “Estoy de tu lado, Taehyung”.
“¿En serio? Pensé que estaba siendo esquizofrénico”.
“Al principio sí pensé que estabas siendo esquizofrénico otra vez, pero ya estoy dudando de ello. La verdad es que no le he puesto mucha atención como para darte una respuesta objetiva”. Volvió a tomar el trapo para secar y continuaron con su trabajo.
El problema era que Jeongguk no solo pareció entrometido, sino que realmente lo era, entonces se apoyó en la mesa y se meneó de adelante hacia atrás, “¿de quién hablas?”.
“¿Qué te importa?” Mary le atacó sin voltear a verlo. Eran amigos de toda la vida, esa clase de palabras y confrontaciones eran parte de su dinámica de amistad.
“Pues si no me importara, no estaría preguntando, boba”. Los dos hicieron ruidos tontos, como dos hermanos burlándose uno del otro y Taehyung se rió de sus maduros amigos de 30 años.
“De un colega del trabajo”.
“Ahhh”, asintió y lo pensó un poco, “¿el que me cae mal?”. Mary volteó a verlo con ojos curiosos.
“No, es alguien que no conoces”. Taehyung no tenía intenciones de mirarlo, así que Jeongguk hizo una mueca molesta y prefirió irse pero no sin anunciar su partida. Mary se rascó la naríz con una pícara sonrisa.
“Ay, yo creo que si le gustas”.
“Te lo dije”.
“Pero, bueno, hay algo aún más importante en todo esto”, se inclinó otra vez más cerca de él para que nadie les escuchara ni por accidente. Taehyung se agachó un poquito para poder escuchar sus murmullos, “¿él te gusta a tí?”.
Taehyung recobró la postura mientras suspiraba con mucha pesadez, una pesadez casi triste, incómoda. “Honestamente no”, ladeó una mueca con culpa, “ni un poco”.
°₊˚♡ ︵ˊ.˚₊⋆ ๑
Taehyung se empujó los lentes por la naríz y respiró lentamente mientras usaba un bisturí para hacer un corte bastante preciso sobre el papel, la décima hoja de un viejo libro que le había llegado desde Oxford. Tenía manchas de hongos, por lo que Taehyung debía tener más cuidado con el cubrebocas, había ocasiones en las que lo podía dejar pasar, pero cuando se trataba de hongos era imprescindible que lo usara. Por supuesto que debía usar guantes de látex, también.
“Señor Kim, aquí está la pulpa ya lista”. Indira, una becaria del museo, fue asignada como parte del equipo de Taehyung hace un par de meses atrás, en el inicio del ciclo escolar. Por supuesto que los dos becarios que Taehyung tenía nunca hacían trabajo complicado, pues un paso en falso podría arruinar un archivo milenario, pero podían ayudar a traer cosas de la bodega, manejar cajas, materiales, utensilios y otras cosas con las que los becarios o los archivos no correrían peligro. “Y también traje su celular, porque escuché que entró una llamada. Parece que sí se llenó la batería”.
“Oh, muchas gracias, Indira, qué amable”. Se sacó los guantes con cuidado y los puso sobre la mesa auxiliar, donde solo podía poner las cosas que usaba al trabajar. “¿Ya comiste algo?”. Recibió el recipiente de la pulpa, así como su celular.
“No, señor”.
“Mira, ¿qué tal si te doy dinero para que vayas a comprar sushi y comemos juntos? Aquí cruzando la calle hay un restaurante donde hacen un sushi delicioso, te invito un rollo y nos tomamos un descanso, ¿qué dices?”.
Taehyung ya tenía alrededor de cinco años trabajando en el museo, había visto a varios pares de becarios pasando por su taller, y siempre se sintió muy afortunado por saber que sus jóvenes ayudantes se sentían cómodos y seguros a su alrededor. Todos eran mucho más jóvenes que él, pero aún así lo veían con la suficiente confianza como para conversar con él y pasar tiempo de calidad más allá del trabajo, pero siempre dentro del taller, por supuesto. Tampoco cruzaría límites de compañerismo con personas más chicas que él, ni siquiera con las mujeres que lo veían como un gran amigo al reconocerlo como homosexual.
Revisó su celular cuando Indira se fue a comprar de comer.
Gguk (nuevo número):
hoolaaaa, oye quiero ir por ti al trabajo hoy, a qué hora sales?
1 llamada perdida de Gguk (nuevo número).
Taehyung se sentía bastante triste después de haber conversado con Mary, se supone que eso tendría que hacerlo sentir mejor, pero fue lo contrario y todo porque cayó en cuenta de que se le olvidó pensar en lo más importante: Jeongguk no le gustaba. Desde esa noche de juegos de mesa, Taehyung estaba muy preocupado por las cosas que podrían pasar entre Jeongguk y él, tenía miedo de perder su amistad, de lastimarlo por accidente.
Tenían tantos años siendo amigos que no podía imaginar una vida donde Jeongguk no estuviera en su casa robándole los suéters, como siempre, o tomando cerveza en su sofá cuando había partidos de fútbol o peleas de box. El día que Taehyung lloró por su primer amor, Jeongguk lo consoló; cuando su gato falleció, Jeongguk hizo el pozo en el jardín para que Taehyung no tuviera que trabajar; cuando su papá buscó tener contacto con él, fue Jeongguk quien lo llevó hasta Leeds para ser de apoyo moral.
Se encontró a sí mismo suspirando en repetidas ocasiones en el taller, sabiendo que Jeongguk llegaría por él esa tarde.
Taehyung pasó el resto del día preguntándose las razones por las que Jeongguk pudo fijarse romántica o sexualmente en él, porque podría ser solo una atracción meramente física. ¿Acaso hubo algo que se malinterpretó? A Taehyung jamás se le hubiera ocurrido, pero tal vez es una posibilidad.
°₊˚♡ ︵ˊ.˚₊⋆ ๑
“Hola, Tete”, saludó Jeongguk cuando Taehyung abrió la puerta trasera del coche para meter su bolso y su paraguas. No se tardó en tomar el asiento del copiloto. “¿Qué tal tu día?”.
“Bien”, no sonó muy convencido, por lo que Jeongguk esperó antes de arrancar el motor, “todo bien, de verdad”, pintó una sonrisa y le codeó.
“¿Es por el sujeto que te dijo que tienes manos lindas?”.
Se rió y pensó en lo mucho que Mary se reiría cuando se lo cuente, “no, para nada. Te lo digo en serio, estoy bien”.
“Mh”, negó con la cabeza. “Si tienes manos bonitas, son muy delicadas”, mostró la palma de su mano frente a Taehyung, esperando a que él pusiera su mano sobre la de él. “A mí me gustan. Supongo que no es raro que a alguien más le atraigan también”. Pasó muy rápido, apenas pudo parpadear cuando Taehyung ya había quitado su mano de la suya como si el contacto piel con piel le quemara como fuego.
“¿A tí cómo te fue en el trabajo?”.
“Uhm, bien”, asintió, esta vez poniendo ambas manos en el volante. “Tengo homeoffice hoy”.
“Uh, que terrible”.
Para Jeongguk estaba siendo todo muy extraño, Taehyung no solía ser así de esquivo con él, normalmente se reía, conversaba con naturalidad. Aún así, el trayecto no fue silencioso, y aunque las risas se sentían un poco extrañas, Jeongguk no dejó que eso definiera el rumbo de la conversación, porque tal vez Taehyung solo estaba cansado, tal vez solo tuvo un mal día en el trabajo.
“Oye, ¿qué tal si vas el sábado a mi casa?” le preguntó cuando ya estaban a dos cuadras de la casa de Taehyung, “jugará el Manchester a las 7 pm”.
“Tal vez ese día estén los chicos aquí, podemos hacer algo, comprar pizzas o…”.
Entrecerró los ojos y lo pensó, “pero ellos nunca ven los partidos”.
“Bueno, hay una primera vez para todo”.
“Claro” dijo no muy convencido. “Creo que sería mejor hacer otra cosa con ellos, entonces”.
Taehyung sintió un golpe en el pecho, porque el tono de su voz había sido muy bajito para los estándares de Jeongguk; eso, definitivamente le había dolido. Se culpó a sí mismo y recordó, de nuevo, todas aquellas cosas tan maravillosas que Jeongguk hizo por él a lo largo de los años: como aquél día, aún adolescentes, cuando un bully trató de golpear a Taehyung luego de gritarle maricón, fue Jeongguk quien lo salvó y se enfrentó a ese matón como si no fuera un debilucho.
“¡No!” exclamó por inercia, “uhm, no”, aclaró la garganta cuando Jeongguk frunció el entrecejo. “No es necesario, solo pensaba en una opción pero la verdad si me gustaría ver el partido contigo”.
Jeongguk seguía confundido, pero se relajó y asintió cuando finalmente dio por hecho que Taehyung había tenido un muy mal día en el trabajo. “Está bien, entonces después hacemos planes con calma, ¿okay?”.
“Perfecto”.
Taehyung tomó sus cosas del asiento trasero y entró a su casa sabiendo que Jeongguk no se iría de ahí hasta que lo viera cerrar la puerta. El corazón le latía a mil por hora, e inconscientemente dio un portazo antes de recargar su espalda en la madera y mirar al techo, rogándole internamente a Dios que le diera fuerzas para afrontar esa nueva situación que parecía estar golpeándolo como un camión luego de contárselo a Mary.
Era como si todo se hiciera más real y definitivo desde aquella ocasión. Suspiró de nuevo.
“¿Qué rayos te pasa?”. Erin lo sacó de su trance. Taehyung se acomodó rápidamente y se peinó un mechón de cabello con la mano. “¿Por qué estás actuando como una señorita enamorada?”.
“¿Qué? ¿De qué hablas?”.
“¡Mírate, Taehyung! Estás, literalmente, teniendo un momento de telenovela. Relájate un poco”.
Jeongguk, aún con el motor encendido, miraba hacia la puerta de Taehyung. Había algo en el fondo de su cabeza que esperaba que volviera abrirse, que de ahí saliera Taehyung y le dijera qué era lo que andaba mal. Pero pasaron dos minutos y eso no sucedió, así que no pudo hacer nada más que seguir en marcha a su casa.
°₊˚♡ ︵ˊ.˚₊⋆ ๑
Cuatro días después llegó el sábado, eso significaba que era noche de fútbol en casa de Jeongguk. Habían planeado verse media hora antes, pedirían pizzas para comer y beberían solo un par de cervezas para acompañar; nunca se emborrachaban, a menos que supieran que habría un conductor designado, pero en esa ocasión solo serían ellos dos así que Jeongguk no podría beber demasiado.
Taehyung llegó a la casa–era muy pequeña, para lo que alcanzaba con su sueldo, aunque era muy bonita. La seguía pagando–con una bolsa de botanas para pasar el rato. Se acomodó el cabello y los lentes antes de tocar en la puerta, apenas esperó un momento antes de ser recibido.
“Oh”, sin querer su voz salió algo ¿decepcionada?.
Dev, bajo el marco de la puerta, lo miró curioso, “hola a tí también”.
Taehyung fingió una risa, dándose cuenta que había metido la pata, así que no le quedaba más que fingir que había sido a propósito. “¿Cuándo llegaste?”.
“Anoche” le dio una amigable palmada en el hombro antes de cerrar la puerta cuando Taehyung entró. “Ayer no fui a trabajar, Corina tenía una cita médica así que pedí el día para llevarla, luego vinimos para acá cuando mamá nos llamó”.
“Ah, ¿entonces Corina está aquí?”. Corina era la esposa de Dev, tenían un año de un provechoso matrimonio anglicano.
“Se quedó con mi mamá. Solo por eso no me quedaré tanto tiempo”.
“Está mintiendo, si se quedará. A Cori le hará muy bien pasar tiempo lejos de este patán” dijo Jeongguk mientras bajaba las escaleras con unos tenis en la mano, “¿o tú qué opinas, Tete?”.
Qué difícil situación. Mientras a Dev le llamaba patán, a él le llamó Tete, ese lindo apodo que justo él le había inventado cuando eran adolescentes.
“Lamento que nadie te soporte lo suficiente como para tener a alguien esperándote en casa”.
“Buuu”, se burló, “no te quieres quedar porque sabes que el Arsenal va a perder”.
Taehyung asintió, “si, de hecho, esa opción me convence más”.
La tarde pasó con tranquilidad, con Dev sentado entre los dos como un muro de contención en la mente de Taehyung, el único que parecía preocupado. De todas maneras, eran sus mejores amigos, ninguna situación podría ser más grande cuando estaba pasando un buen rato con ellos, celebrando los goles y gritando los penales.
Sin embargo, Dev mantuvo su decisión y se fue poco después del descanso de medio tiempo, cuando el Arsenal iba perdiendo por un gol. Jeongguk y Taehyung se quedaron solos en la sala, con los típicos comerciales futbolísticos llenando el silencio que se hizo de repente.
“Oye, ¿y cómo vas con el libro?” preguntó Jeongguk al darse cuenta que Taehyung no tenía intenciones de decir algo.
“Lo acabo de terminar hoy”, asintió orgulloso cuando Jeongguk celebró con él. “Avancé un poco más rápido porque le estuve enseñando a mi pasante como se hacía el rellenado de hojas, entonces creo que me sirvió la motivación”.
“Me alegro por tí. Eso significa que te debo una cena de celebración”.
Taehyung se rió y se acomodó mejor en el sofá para ver a Jeongguk de frente, “eso parece. ¿Qué tenías pensado?”.
Se encogió de hombros, “aún no tengo nada en mente, pensé que tardarías dos semanas, supuse que aún tenía tiempo. Pero”, pausó un momento, pensando, “supongo que ahora debo invitarte a un lugar genial porque terminaste muy rápido”.
Su sonrisa y sus ojos endulzándose hicieron a Jeongguk prestarle aún más atención a su cara, mirando sus labios para encontrar los secretos detrás de esa sonrisa que últimamente estaban tomando más espacio y tiempo en su propia cabeza. “Eres muy amable” le dijo.
Quiso responder de inmediato pero no pudo, solo suspiró y volvió a mirar a esos bonitos ojos almendrados. “Creo que te lo mereces” respondió en voz baja, “trabajas mucho”.
Taehyung apretó los labios y suspiró de igual manera, aunque un poco más lento. Su delgada mano se arrastró sigilosamente por el espacio que los separaba, pero Jeongguk entendió lo que le estaba pidiendo, y no se negó a sostener su mano con cuidado. “Sabes que eres un gran amigo, ¿cierto?” preguntó con ese mismo tono de voz que Jeongguk usó, sin despegar su profunda pero dulce mirada de sus ojos, “y que te quiero como ese gran amigo”.
Jeongguk apretó levemente la mano de Taehyung que sostenía, preguntándose a qué venía esa pequeña confesión amistosa. Fue inevitable no preocuparse por ello, “yo también te quiero”.
Se puso muy nervioso, Jeongguk trató de no hacerlo visible, así que solo tragó saliva y esperó a que el extraño momento pasara antes de soltar a Taehyung y regresar a una posición más cómoda.
Taehyung tenía varios días actuando muy extraño, incluso se notaba ese cambio a través de los mensajes de texto que compartían en las horas de descanso laboral o en las noches cuando no podían dormir. Esa actitud tan fuera de la normalidad estaban poniendo a Jeongguk cada vez más alerta, cada vez era más difícil no pensar en Taehyung y en lo que podría estar pasando.
En toda esa semana de extrañezas, Jeongguk se encontró a sí mismo distraído en el trabajo, pensando en Taehyung y en las suaves sonrisas que le había regalado en las pocas veces que se vieron; tan suaves, ligeras, dulces como la miel. Sus cejas arqueadas, sus ojos brillantes solían acompañar a esas sonrisas tiernas. Por un lado, Jeongguk las interpretaba como pena, ¿pero pena de qué? No podía ser pena, tenía que ser otra cosa que aún no podía identificar.
Entonces, durante esa semana y los siguientes días después del partido entre Manchester United vs. Arsenal, Jeongguk se pasó varios minutos pensando en Taehyung, en sus ojos, en sus sonrisas, en esa extrañas miradas, en el ligero malestar que parecía estar cargando tras sus lentes de lectura, en la sensación de sus delgadas manos sobre él.
Fueron días bastante pesados, a decir verdad.
°₊˚♡ ︵ˊ.˚₊⋆ ๑
Taehyung salió del taller con su bolso, su paraguas, una caja con libros viejos y en compañía de sus dos becarios, Indira y Joseph. Jeongguk, desde el coche, los vio conversar con amigables sonrisas en la cara al mismo tiempo que caminaban hasta el auto, ya despidiendose de los muchachos.
Al notar que la caja estaba pesada, Jeongguk se apresuró a encontrarlo en el camino, “déjame te ayudo”.
Tomó por sorpresa a Taehyung; él ya sabía que estaba ahí esperándolo, pero no se imaginó que se preocuparía por ayudarle con sus cosas. “Ah, no te hubieras molestado”.
“Debes estar cansado ya, saliste muy tarde hoy”.
“Nos llegó un cuadro de urgencia, para una colección privada”. Ayudó a Jeongguk a abrir la cajuela del coche para guardar la caja de cartón, y también aprovechó para meter sus demás pertenencias. “Estaba quemado de algunas partes”.
“¿En serio? Que genial”. Él sabía muy bien que las restauraciones favoritas de Taehyung tenían algo en común: estaban quemadas. Libros, contratos, pinturas, fotografías, un sinfín de cosas. “¿Y si lo acabaste?”.
“Si, está terminado, solo que ya no alcanzamos a enviarlo a su casa. Mañana por la mañana estará viajando hasta Gales”.
“Wow, Tete”, silbó de impresión ya cuando ambos estaban tomando sus respectivos asientos dentro del coche, “eres muy bueno en lo que haces, me alegro por tí”.
“Eres muy amable, gracias”.
Taehyung notó como las manos de Jeongguk se aferraron un poco más fuerte al volante, ahora evitándole la mirada.
Fue algo extraño pero decidió ignorarlo por completo, lo hizo durante todo el viaje; fue algo largo por el tráfico que se hacía en la avenida principal, pero a ninguno de los dos les molestaba si tenían buena música en la radio y un buen tema de conversación. Después de días tan complicados entre los dos, ese fue el primer día en el que las cosas no se sintieron tan tensas, volvieron a ser los mismos amigos de antes, lo cual le dio una motivación extra a Jeongguk para saber en qué podía ayudar.
Ya había bajado el sol para cuando se estacionaron frente a la casa de Jeongguk, quien apagó el motor y las luces.
“Muchas gracias por traerme, Jeongguk”, se quitó el cinturón de seguridad y lo acomodó en su lugar de forma manual. El coche era usado, por lo que había ciertas cosas que ya no funcionaban como deberían, como sería en un coche nuevo; una de esas cosas eran los cinturones de seguridad.
“No hay de que, sabes que no hay problema”, apretó los labios y asintió. “Aún no te bajes, quería conversar de algo contigo” se apresuró a decir cuando vio como Taehyung quitaba el seguro de la puerta.
Inmediatamente se tensó, “ay, no, Jeonggukie” se quejó con tristeza.
“¿Qué?”, alarmado, preguntó.
“Pues…”, se mordió los labios y negó con la cabeza, “es que no quería hablar de eso, ¿sabes? Creo que no es necesario… tal vez no tan pronto”.
“Si eso es lo que quieres está bien, pero yo pienso que entre más pronto conversemos sobre esto, entonces las cosas se sentirán menos incómodas entre nosotros”. Tuvo que removerse en el asiento para poder verlo mejor.
Taehyung lo miró de nuevo con esas cejas arqueadas, tan tristes y preocupadas como si estuviera viendo a un cachorrito muriéndose de frío, “¿incómodas?”.
“Estás actuando muy extraño, Taehyung”. Vió a su amigo resoplar, evadiendo su mirada por un segundo al pensar a sus adentros.
Jeongguk pensaba que si hablaba con Taehyung sobre lo que sea que estaba ocurriendo con él, podría ser de ayuda. Taehyung tenía este rasgo de su personalidad en el que todas las cosas se sentía mejor cuando las comunicaba; Taehyung se hacía muchos nudos mentales al pensar y pensar y pensar, sin embargo, podía desatar esos nudos cuando conversaba sus miedos y problemas con sus amigos. Era la forma más eficaz para que Taehyung se sintiera mejor: hablar de sus problemas.
“A mí no me gustas, Jeongguk”.
Pero cuando la conversación desatadora de nudos comenzó con ese simple rechazo, quien se quedó sin palabras fue Jeongguk.
Los dos se miraron a los ojos por largos segundos, sin saber quién de los dos debía hablar primero. Había tantas cosas que decir, pero al mismo tiempo ninguna.
“Eres un buen amigo, Jeongguk, y te quiero” continuó en voz baja, “valoro nuestra amistad, tanto que quiero cuidarla como algo muy preciado. Lo mejor que puedo hacer por ti es ofrecerte honestidad y…”.
“Aguarda” lo interrumpió. Taehyung alzó las cejas con curiosidad, “mh… es que…”, se preguntó cuál era la mejor forma de hablar de algo tan delicado, “es que no me gustas”, pero lo mejor era ir al grano porque toda la situación estaba siendo de por sí un embrollo, “y no estaba tratando de… declararme”.
“¿Ah, no?”.
“No”.
“Uh, es que…”, se encogió de hombros y se rascó la cabeza, “todo fue tan raro y pensé que tú…”.
“Mierda, Taehyung, no. Yo no arruinaría nuestra amistad de esa manera, no podría hacer algo así”.
Taehyung se rió y se frotó la cara con ambas manos, “no lo puedo creer, estaba tan preocupado”.
“Esto es muy vergonzoso, no sabía que me veía así de… imprudente” dijo intentando aguantar la risa.
“No, no, tal vez solo soy yo y… mi complejo de…”, se quedó sin palabras, no sabiendo qué decir.
“Todos me desean”. Eso hizo a Taehyung reír fuerte. “No te culpo, has tenido muchos pretendientes, debe ser normal para tí”.
“No digas eso, claro que no”.
Jeongguk hizo una mueca casi como si estuviera ofendido, “por favor, no seas modesto, sabes muy bien que es verdad. He estado muy cerca para verlo”.
Negó con la cabeza, pensando, “tal vez los hombres creen que soy muy fácil”.
Fue turno de Jeongguk para carcajearse, “créeme que es lo último que alguien pensaría de tí. Con tus lentes y tu bolsita vieja, tan callado, nadie se atrevería a verte como una zorra”.
“Y es exactamente la razón por la que no te gusto”.
“Por supuesto” dijo, entendiendo la broma, y los dos se rieron. “Jamás podría, no. A mí me gustan sin lentes, ruidosos, mal encarados, ¿sabes?”.
Taehyung asintió aún cuando sabía que estaba solo estaba jugando, pero pronto el sentimiento divertido se disipó y volvieron a quedarse en silencio. “Entonces todo esto es solo un malentendido”.
“Si, eso parece”, asintió.
“Bueno… ya me voy, Jeonggukie, ya es tarde y debes estar muy agotado”.
“No, no, no, espera”, le puso una mano en el brazo, deteniéndolo, “no quiero que te vayas incómodo, me asusta que todo esto afecte nuestra amistad”.
“Oh, no, eso no va a pasar. Estamos bien, lo peor que podría pasar era que uno de los dos estuviera interesado en el otro, así que no tienes nada por qué asustarte”. Le regaló una sincera sonrisa que le llegó hasta los ojos. “¿Está bien?”, puso su mano derecha sobre la mano de Jeongguk que lo sostenía a él.
“Si, está bien”.
Se miraron a los ojos por un momento, sonriendo con ligereza y sin presiones, con un molesto cosquilleo en el pecho y en el estómago que Jeongguk describiría como anticipación. ¿Era ansiedad o preocupación? Realmente no lo sabía, no lo podía describir. Solo sintió como su respiración empezó a agitarse un poco cada vez más, solo un poco, pues trató de hacerlo pasar desapercibido.
Pero Taehyung estaba tan cerca de él, tenían sus manos unidas, compartiendo un cálido espacio de intimidad, luego de días tan tensos y terribles de tanto pensar.
Pensar en ellos, pensar en lo difícil que sería perderse por tonterías, porque sería demasiado doloroso dejar partir a alguien que les agradaba demasiado y que les había regalado muchos momentos de contención, de cariño y amor. Jeongguk vio a Taehyung suspirar, entonces su mirada bajó un poco hasta mirar sus bonitos labios rosados.
Fue mutuo, los dos avanzaron el 50% de espacio que les correspondía, se encontraron en el camino y se dieron un suave beso, tan lento y cálido que apenas y se sintió. Tan disperso que ambos, en silencio, decidieron que debían besarse con un poco más de profundidad, para hacerlo sentir en sus bocas y tal vez en otras partes de su cuerpo.
Fueron solo un par de segundos antes de que interrumpieran el beso al mismo tiempo, apartándose en sus lugares y tratando de disimular lo que acababan de hacer. Jeongguk puso ambas manos en el volante, Taehyung se acomodo el cabello y los lentes.
“¿Puedes abrir la cajuela?”.
“Ah, si” exclamó, recordando que sus cosas estaban allá atrás.
“No te bajes, yo puedo”, lo detuvo cuando vio sus intenciones de abrir la puerta. “Avísame cuando llegues a casa”.
“Por supuesto”.
“Gracias por traerme, Jeonggukie”.
Taehyung tomó sus cosas, cerró la cajuela y se apresuró a entrar a casa. Cerró de un portazo y avanzó a paso tembloroso hasta la sala.
Erin, quien estaba sentada en el sofá, levantó la mirada hacia Taehyung al notar esa extraña vibra negativa que empezó a llenar el lugar alrededor. “¿Estás bien?”.
“Creo que no”.
°₊˚♡ ︵ˊ.˚₊⋆ ๑
Jeongguk y Taehyung estaban actuando como si no hubiera pasado nada.
Siguieron enviando tontos mensajes en sus descansos, en ocasiones seguían yendo juntos a casa luego del trabajo, conversaban como los amigos que eran, tenían reuniones con los demás. Todo volvió a la normalidad, como si Taehyung no hubiera sospechado de él durante cuatro meses, como si Jeongguk no le hubiera puesto especial atención a sus detalles, como si no se hubieran besado en el auto dos semanas atrás.
Lo dejaron pasar porque, había que ser honestos, nada bueno iba a salir de ahí. Todo había sido un malentendido, un pequeño desliz que podría arruinar vidas y amistades si le daban la importancia que no merecía.
Aún así, había ocasiones en las que se encontraban a sí mismos suspirando cuando nadie los veía.
Pero, ¿y qué?.
Taehyung estaba en su habitación; había llegado a casa, tomó un ducha, cenó y se fue a la cama para descansar su espalda; sentía mucho ardor en la espalda baja. Escuchó dos golpes en la puerta y pronto entró Erin con una pequeña sonrisa.
“¿Te sientes mejor?”.
“Algo, si, me ayudó la ducha caliente”.
“¿Entonces quieres quedarte? Helen irá por Jeongguk al trabajo y la voy a acompañar”.
Lo pensó un poco, no muy seguro de aceptar, pero cedió cuando su hermana se lo pidió por favor. Se subió al auto con ellas, en el asiento trasero y viajaron entre música y vagas conversaciones tontas que finalizaban en escandalosas risas distraídas del camino. Si, peligroso.
Jeongguk tenía cinco días sin dormir apropiadamente porque tenía demasiado trabajo qué hacer: salía muy tarde del hospital y luego continuaba trabajando en su casa, durmiendo alrededor de cuatro horas al día. Por eso mismo decidió que no podía usar el automóvil para ir al trabajo, le preocupaba mucho quedarse dormido al volante.
“Taehyungie, ¿te quedas aquí?”. La voz de Helen lo hizo despertar de su trance. Ya estaban en el estacionamiento del hospital.
“Iremos por cigarros allá enfrente” dijo Erin señalando una tienda de conveniencia 24 horas que estaba cruzando la calle.
“Ah, yo aquí me quedo. Jeongguk no tardará en salir”.
Los tres se bajaron del coche, pero Taehyung se quedó recargado ahí sin cerrar la puerta porque habían dejado la radio encendida y estaba sonando una canción que le gustaba mucho, So hot you're hurting my feelings de Caroline Polachek. Cruzó los brazos, bostezó y disfrutó a medias el fuerte viento frío que lo despeinaba.
No tan lejos de él, en la entrada principal del hospital, alcanzó a ver cómo Jeongguk salía distraído al hablar con alguien más, aparentemente una enfermera. Los dos se reían entre conversaciones. Taehyung frunció el entrecejo, sin bajar los brazos se apartó solo un paso de coche.
Recibió un puñetazo en el estómago, de forma imaginaria, cuando vio a la impecable enfermera tomar la mano de Jeongguk, acercándolo un poco más a ella y él, con la sudadera gris de Taehyung y el cabello también despeinado por el viento, se dejó llevar. Se rió con esa clásica sonrisa que solo podrían tener dos personas coqueteándose y Taehyung juró que se iba a vomitar sobre el suelo del estacionamiento.
Se sintió tan enfermo, tan fuera de lugar, pero al mismo tiempo entró en un espacio mental en el que solo podía mirar a Jeongguk, sentir el viento golpeándolo con violencia, escuchar la canción de fondo desde la radio, martillándole el cerebro: I get a little lonely, get a little more close to me. You're the only one who knows me, babe, se sintió como algo demasiado personal que lo llevó a sentir que, ahora de verdad, iba a vomitar.
Pero no lo hizo.
Ni siquiera cuando Jeongguk lo miró desde el otro lado de la calle, borrando poco a poco esa estúpida sonrisa de su cara. Algo le dijo a la enfermera, y sin esperar por respuesta apresuró el paso hasta Taehyung.
No era un hábito de Taehyung verse así de molesto.
“Taehyung” le llamó por sobre el sonido del fuerte viento, pero Taehyung resopló y se giró sobre sus talones para abrir la puerta del copiloto. “No, por favor, espera”. Agradeció en silencio que Taehyung no era una persona testaruda, pues solo suspiró mientras se quedaba quieto junto a la puerta abierta, “¿qué sucede?”.
Se encogió de hombros y negó con la cabeza, “no tengo idea, a decir verdad. No sé…”.
“Es que… habíamos acordado que fue un malentendido”.
“Ya lo sé” refunfuñó y dio un pistón en el suelo, como el gran hombre de 30 años que era, “tienes razón, no hagamos esto”.
“Taehyung, lo estamos haciendo ya”.
“No, yo lo estoy haciendo”, su dedo índice tocó su propio pecho, “yo estoy siendo un idiota. Y ni siquiera lo había tenido en mente antes, ¿entiendes?”.
Jeongguk notó a la perfección lo mucho que Taehyung se estaba frustrando. No pudo evitar hacer una mueca preocupada con los labios.
“Yo realmente creía que estabas interesado en mi, desde hace ya un par de meses, y luego… me preocupé tanto por tus sentimientos, por nuestra amistad, por la relación tan bonita que tenemos que, no lo sé, creo que… pensé tanto en tí que”, se encogió de hombros y bajó la mirada cuando sintió que los ojos le comenzaron a picar, “creo que llegué muy lejos”.
“Ay, Taehyung”.
“¡Ya lo sé! Es una tontería, soy un idiota, quien terminó enamorado fuí yo”, de nuevo su frustración salió a flote.
“Escúchame”.
Taehyung levantó la mirada, viendo como los cabellos negros de Jeongguk revoloteaban de aquí para allá gracias al viento.
“Me pasa lo mismo”. Tragó saliva y se aclaró la garganta. “Estuve preocupado por tí cuando noté que algo malo te estaba pasando, y estuve tan al pendiente que de pronto eras lo único que tenía dando vueltas en mi cabeza. La idea de tí me tenía completamente distraído, y luego fue muchísimo peor cuando… pasó eso”, refiriéndose al beso en el auto, “y ahora ni siquiera puedo trabajar bien por qué tú estás ahí, y por lo tanto tengo menos tiempo para dormir. Dios, Taehyung, realmente no tienes ni idea”, suspiró, “me estoy volviendo loco de solo pensar en tí, todo el día, a todo momento”.
Jeongguk apoyó el antebrazo en el coche y agachó la mirada, peinándose el cabello mientras pensaba en cómo continuar.
“Creo que me pasó lo mismo”, se encogió de hombros, “te puse tanta atención que terminé… hasta el fondo, no hay salida de aquí y no sé qué hacer”.
“¿A qué te refieres?”.
“O estaremos juntos toda la vida o arruinaremos la vida de todos los demás”.
Por supuesto que se refería a sus amigos, porque una relación fracasada entre dos de ellos podría, en potencia, echar a perder a todo el grupo, toda su amistad.
“Solo hay dos opciones, Taehyung, solo dos caminos, o estamos juntos toda la vida o yo no sabré qué hacer sabiendo que tú terminarás esta noche mentalizado con la idea de que algún día te casarás con alguien más, en el futuro. ¿Qué se supone que haga?”, la expresión en su rostro se veía enojada, “¿se supone que tendré que verte de la mano con alguien más? No podría hacer eso, Taehyung, tú sabes que yo no soy así”.
“Lo sé” murmuró.
“Pero tampoco estoy seguro de que quieras tomar el riesgo de… lo que sea que sea esto. A lo mejor es solo la tontería del momento para tí, y estos celos que tienes justo ahora no van a significar nada en un mes”.
Taehyung sintió un hueco en el pecho al pensar en la idea de no sentir nada por Jeongguk tal como lo estaba sintiendo en ese momento. “Podríamos tomar unos días para pensar si estamos seguros de lo que sentimos”.
“No, Taehyung, yo no quiero eso. Yo estoy seguro de que me enamoré de ti, de que te quiero y quiero terminar esta noche contigo”, lo apuntó con el dedo índice, “tengo ya suficiente tiempo sabiendo que quiero estar contigo, incluso cuando no me daba cuenta que lo quería”.
“Jeongguk”, sollozó y volvió a bajar la mirada.
“Estaba intentando acostumbrarme a tu rechazo, porque dijiste que era un malentendido y dijiste que yo no te gustaba. Pero estaba siendo tan difícil, no duermo, no como, no he estado tranquilo desde que te bajaste de mi coche ese día”. Avanzó unos pasos más cerca de Taehyung, hasta poder sujetar su mejilla con una mano, haciendo que levantara la cabeza pero sin obligarlo a hacer contacto visual. “Te quiero, Taehyung, quiero estar contigo. Es lo único que quiero, a tí, nada más a tí”.
Taehyung lo miró a los ojos, ambos notando que estaban evidentemente afectados por el momento. Se veían vulnerables, emocionales, ¿pero qué otra cosa podrían hacer? Estaban demasiado cansados y frustrados por tanto agotamiento.
Entonces Taehyung pensó que no podía hacer otra cosa más que saltar de espaldas hacia el vacío y cargar con la responsabilidad de estar enamorado de uno de sus mejores amigos. Porque lo estaba, hasta el fondo, también.
Y, de nuevo, como aquella noche en el auto de Jeongguk, los dos se encontraron en el camino. No fue un beso robado por parte de nadie, ninguno tenía más intenciones que el otro: los dos se besaron, se buscaron con la misma intensidad y con el mismo cariño. Taehyung levantó sus brazos para envolver a Jeongguk por los hombros, apretándolo contra él mientras sentía los brazos ajenos abrazando su torso, acariciando su espalda de arriba a abajo, hacia los costados y de regreso.
No fue un beso desesperado ni con tensión acumulada, no fue un beso que alguna persona calificaría como caliente. Fue un beso romántico, cercano, lento, muy lento y suave.
Erin y Helen, recargadas en un coche bastante lejano de los chicos, mientras fumaban un cigarrillo cada quien, suspiraron casi al mismo tiempo, mirando a la pareja compartir ese suave beso.
Era bastante extraño observar a tu propio hermano besando a una persona, era casi como ver a un cervatillo encandilado con las luces de un camión. Giró su rostro hacia Helen, quien la miró de regreso, soltando humo por la nariz. “Estamos increíblemente solas, Helen”.
“Ni que lo digas, amiga”. Negó con la cabeza y regresó la mirada a la pareja. “Siento que se me secó un ovario al ver eso”.
“Dímelo a mí”, dió una profunda calada a su cigarro. “Es mi maldito hermano”.
“Que asco”.
°₊˚♡ ︵ˊ.˚₊⋆ ๑
“Mírame, Dev”. Jeongguk se inclinó, desde su lugar, en dirección a su amigo. “Dime cómo se siente ser pobre”.
“Dime cómo se siente ser un maricón”.
“Soy un maricón con 8000 euros, nena” dijo levantando su fajo de billetes de juguete, meneandolos en la cara de su amigo.
Luego de esa increíble noche en el hospital, Taehyung y Jeongguk tuvieron un romance secreto durante dos semanas, hasta que Helen y Erin le contaron el secreto a Dev—porque Jeongguk y Taehyung no se dieron cuenta que ellas dos habían visto todo—, quien le contó a Mary, quien le dijo a Taehyung “Hijo de puta, por qué no me contaste nada????” en un mensaje de texto. Entonces Taehyung le pidió de favor que no dijera nada.
En pocas palabras, todos estaban guardando un secreto que, en realidad, todos sabían.
Nunca hubo una confrontación, y la pareja no buscó sentarse frente a sus amigos y decir Hola, somos pareja. Simplemente todos se dieron cuenta que ya no era un secreto, y a su propia manera les dieron el visto bueno. Entonces ese romance salió del secreto de sus habitaciones y del auto, abrazando su romance en todas partes, incluso en las noches de juegos y pizza.
Desde eso ya habían pasado cinco meses, todo marchaba con mucha calma. Tanta calma que Jeongguk ya estaba desesperado por algo más que fuera un simple noviazgo con quién había sido su mejor amigo durante 17 años, y contando.
La puerta sonó. Jeongguk se levantó de un brinco, olvidándose por completo de todo con tal de ir corriendo a la puerta para recibir a su novio y a Mary.
“Hola, amor”, saludó Taehyung, pero Jeongguk se preocupó por quitarle las cajas que llevaba apiladas en los brazos. “Qué amable eres”.
“¿Y yo?” preguntó Mary, quien también llevaba otro par de cajas.
“Mh, tú puedes sola” dijo Jeongguk mientras seguía a Taehyung por la sala, dejando las cajas en una esquina. “¿Cómo te fue hoy?”.
“Bien, pero estoy muy cansado”, los dos entraron a la cocina. Jeongguk vio a Taehyung sacando una botella de agua del refrigerador, “hoy me llegó una fotografía de la coronación de la reina”.
“Increíble, ¿le tomaste foto?”.
“Si, pero mi celular está muerto. Más tarde te la enseñaré”. Le dio un trago a la botella, luego la cerró y se limpió la boca con la manga mientras se recargaba en la mesa, mirando a Jeongguk con una cosita que lo hizo entrecerrar los ojos con curiosidad.
“¿En qué estás pensando?”. Él, por otro lado, apoyó ambas manos en la mesa.
“Pues…”, alargó, tratando de encontrar las palabras correctas, “estaba pensando en tu propuesta”. Notó perfectamente la manera en la que los ojos de Jeongguk se abrieron más, llenos de ilusión. “La verdad tenía mis dudas, pero… honestamente me agrada mucho la idea, así que acepto”.
“¿Si?”, se acercó más a él, sujetando su cintura y jalandolo más cerca, “¿es en serio?”.
“Tú me dirás cuando puedo mudarme”.
“¡Si, si, gracias!” exclamó mientras se abalanzaba a besar el rostro de Taehyung por todas partes, haciéndolo reír. “Gracias, Taehyung, te adoro. Ya quiero tenerte en casa, puedes mudarte cuando quieras, esta noche puedo ir por tí”.
“Paciencia, Ggukie, tengo que empacar”.
“No importa, no lo necesitas, te compraré ropa hoy mismo”, exageró, y Taehyung volvió a reírse.
“Ni siquiera hemos acordado con cuánto aportaré”.
“¿Aportar?”.
“Para la casa, los servicios, el súper”.
“Ay, no seas tonto”, se quejó y volvió a besarlo en las mejillas, en la nariz, en la frente. “No tienes qué pagar absolutamente nada, mi casa es tuya, bebé, mi auto, mis computadores, mi colección de cartas Pokémon, todo te lo doy”.
“Jeongguk”, jadeó ya sin respiración por los besos y las risas, “estás loco”.
“Si, por tí. ¿No te queda claro?”.
Se miraron a la cara un poco más tranquilos, pero sin borrar las sonrisas que adornaban sus rostros. “Te quiero muchísimo”.
“Yo te quiero muchísimo más”.
No hubo riesgo que tomar aquella noche en el hospital, era como si todo estuviera ordenado perfectamente para que solo tuvieran que tomar la vida que se les estaba regalando. Sin fallos, sin riesgos, sin perder el amor de sus amigos, y sin perder esa amistad única entre ellos dos.
Había algo que Jeongguk y Taehyung valoraban muchísimo: estaban seguros de que ellos, ambos, eran los mejores amigos, y eso los hacía la mejor pareja. Todo salía con tanta sencillez al hacerlo de la mano de un amigo como lo eran ellos.
Solo por eso, y por el grandísimo amor que se tenían, nunca hubo ningún riesgo que tomar.
