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Tenía siete, o quizás seis años, cuando Isagi se mudó, dejando la vida "moderna" para resguardarse en el campo. Los recuerdos son vagos, pero aún perdura en su memoria el movimiento del tren, los paisajes verdes y la brillante sonrisa que recibió en ese rústico pueblo. El viento soplaba con fuerza, haciendo que las hojas otoñales terminaran de caer. Le encantaba ese tipo de vista, casi lo hacía olvidar la desesperación de su corta vida, como si las ventiscas llevaran sus penas, así como la anciana a su lado lo llevaba a él.
Fue por solo un instante. Isagi caminaba sereno de la mano de su abuela, cuando del lado contrario una imagen redirigió sus ojos. De ese lugar venían risas escandalosas y un huracán de cabellos amatistas zarandeándose en el aire, mientras sujetaba la mano de alguien más detrás de él. Ambos se vieron por un muy corto periodo de tiempo antes de que sus caminos opuestos los separaran.
—Ese es Reo. —habló la anciana de repente—. Mikage Reo.
Isagi abrió sus ojos justo después de escuchar ese nombre. No estaba seguro del porqué, pero los sueños de su llegada al campo con su abuela solían ser muy recurrentes, despertando solo cuando el nombre de Reo era mencionado. Apenas y podía recordar que era lo que decía su abuela después.
Un bostezo gigante escapó de él, mientras estiraba su cuerpo lo suficiente para tener algo de energía. Parecía que iba a ser un buen día. El viento comenzaba a ser más fresco y los árboles comenzaban a tornarse de colores cálidos. El paisaje casi lucía como el día que se mudó ahí, era increíble que ya hubiera pasado una década desde entonces.
Ahora estaba solo otra vez y la pequeña casa de su difunta abuela se sentía más grande de lo que le hubiera gustado.
Alzó el futón en una rutina que sabía de memoria. Cocinó con tranquilidad la misma comida que había desayunado por los últimos diez años, y mientras se sentaba a comer, repasó mentalmente las cosas que debía hacer ese día.
En el ingreso de su casa dos baldes de madera se encontraban dispuestos. Isagi tomó ambos y caminó hacia el pozo comunal. A lo lejos podía ver las sombras de algunos otros lugareños haciendo lo mismo. Isagi recuerda que cuando era niño este fue uno de sus primeros encargos, pero era tan tímido y cohibido que si algún extraño le hablaba salía corriendo con su balde a medio llenar. Las señoras de vez en cuando aún lo molestaban con eso y él solo podía reír apenado en respuesta.
Es diferente de aquel entonces, ahora hasta puede ayudar a las damas a obtener agua, mientras él mismo vuelve a su casa con dos baldes completos. Aunque el camino de regreso es más lento, no quiere que el movimiento de su andar deje caer el agua que con esfuerzo recogió. Además, estando un poco más despierto, puede admirar el paisaje local. A la distancia, una de las casas más grandes se deja ver.
"¿Reo ya habrá despertado? Como es él seguro ya debe estar estudiando." Pensó, ajeno a como era la vida de aquel joven heredero en estos momentos. Solo sabía que los descansos de este eran prácticamente nulos. Crecer como hijo de una familia pudiente tenía sus propios desafíos, aunque Isagi ignoraba cuales eran.
Al llegar a casa llenó el depósito de agua, tomó algunas de sus herramientas y partió rumbo a los huertos. Hoy debía apresurarse con su trabajo y terminar un poco antes, la leña de su hogar estaba por acabarse y necesitaba ir al bosque para recargarla.
Isagi se encontraba cosechando un par de nabos cuando una característica melodía llegó a sus oídos. Al alzar su cabeza puede ver el, casi exagerado, cuerpo alto de un joven de cabellos blancos y mirada aburrida, caminando mientras tarareaba una melodía y lanzaba al cielo una pequeña bolsita de tela, de esas rellenas con piedrillas.
—¿Nagi?
La persona mencionada se detuvo poco después de escuchar su nombre.
—¿Isagi?
—Nagi, que sorpresa. ¿Qué estás haciendo por aquí?
—Paseo. —dijo con una voz suave, pero con una entonación que demostraba obviedad.
—¿Paseando? —Isagi se extrañó, no era habitual que Nagi saliera sin un buen motivo.
—Reo dijo que debía buscar algo más que hacer.
—Como era de esperarse. Supongo que Reo debe estar ocupado.
Nagi asintió y sin decir nada, buscó el asiento más cómodo entre la orilla del camino por él que venía.
—Si vas a quedarte ven y ayúdame a cosechar algunos nabos. —dijo Isagi tras ver las acciones de Nagi.
—Eso suena como una molestia.
—¿Piensas quedarte ahí sin hacer nada?
—¿Hay algún problema?
Isagi cree que una vena en su cabeza podría explotar, pero decidió ignorarlo, así como ignora la presencia de Nagi el resto del tiempo que se pone a trabajar.
En el pasado, Nagi no era muy diferente, según recuerda Isagi. Siempre parecía ajeno al mundo que lo rodeaba, con Reo siendo su única constante. Pero Isagi, no se veía en la condición de juzgarlo, más bien diría que de alguna forma hasta podía entenderlo, pero lo que si no era capaz de entender es como Nagi podía pasar durante mucho tiempo en el mismo lugar haciendo las mismas cosas.
La tarde ya estaba llegando e Isagi estaba culminando con sus tareas cuando recordó la presencia de Nagi, quien desde que se sentó, comenzó a lanzar esa bolsita de tela hacia arriba, haciendo algún tipo de malabar que no dejaba de ser interesante, deteniéndose solo al mediodía para almorzar un producto esponjoso que Isagi no cree haber visto antes, pero que seguro Reo se lo había dado, pues al parecer, al joven heredero le encantaba complacerlo. Isagi también solía recibir algunos dulces extraños antes.
Ahora… bueno, ahora las cosas se sentían diferentes.
Casi como si fuera un tipo de invocación mental, a lo lejos, se podía oír el galopeo de un par de caballos, y sobre uno de ellos venía Reo, seguido de un grupo de personas detrás de él. Al verlo así, las diferencias entre ellos parecían ser más obvias. Reo iba rumbo a su casa, con vestimentas elegantes y porte inmaculado. Los rayos del atardecer hacían que su rostro serio fuera embriagador, tanto así que Isagi como Nagi se quedaron apreciándolo, hasta que, en algún punto, este pareció notarlos también.
Estando lo suficientemente cerca de aquel dúo, detuvo su recorrido.
—Reo ya está de regreso. —murmuró Nagi primero, con su cabeza ligeramente elevada para ver a Reo.
—Nagi, ¿qué estás haciendo aquí? —mencionó muy sorprendido, pero luego volteó a ver a quien acompañaba a Nagi—. Estás… con Isagi.
—Hola, Reo. —saludó este último.
—Isagi. —respondió—. ¿Qué están haciendo ustedes dos aquí? —repitió de nuevo Reo.
—Reo dijo que debía buscar algo que hacer mientras no estaba.
—¿Y decidiste venir a ver a Isagi?
La forma en que Reo mencionó esas palabras, sugería un sutil desagrado que Isagi no dejó pasar desapercibido. Y esta no era la primera vez.
Isagi no sabía exactamente qué era lo que había cambiado entre ellos, pero desde hace tres años atrás, sentía la actitud de Reo muy diferente a la que tenía cuando eran niños.
—¿Hay algo malo, Reo? —preguntó Nagi, cómo si él también se hubiera percatado de esa ligera tensión.
—No, no es nada. —Reo negó con su cabeza—. ¿Regresamos?
Nagi asintió, tomó la mano que Reo le ofrecía para ayudarlo a subir al caballo de este, y tras ubicarse correctamente desfalleció sobre los hombros de Reo.
—Nos vemos, Isagi. —se despidió Reo primero, Nagi lo imitó, aunque más como un murmullo apenas entendible. Y tras el asentimiento de Isagi, retomaron su marcha lejos de la vista de él.
Isagi pudo ver la sombra de ambos perderse cada vez más a la distancia, pero decidió ignorar esa inquietud que sentía al ver a Reo, decidiéndose por continuar con lo suyo. Como ya había terminado con su parte de las cosechas, comenzó a tomar sus cosas para ir en busca de la leña, no sin antes despedirse de algunos de los otros trabajadores que se encontraban en puestos más alejados.
¿Por qué Reo actuaba de esa manera, frío y casi grosero? No era abiertamente amargado, Isagi supone porque es así como lo educaron, para mantener una fachada ante los demás, pero, siendo Reo tan expresivo, era inevitable que dicha fachada no se quebrara de vez en cuando.
Camino al bosque, Isagi empezó a rememorar su infancia, cuando conoció de manera formal a Reo y Nagi. En ese entonces Reo era mucho más problemático, tenía fama de escaparse en secreto de su casa e ir a jugar con el niño huérfano que vivía a las orillas del río, ese niño, por supuesto era Nagi.
Isagi, en aquel entonces, no estaba muy al tanto de la vida personal de esos niños, y de nadie en ese pueblo en realidad, pero recuerda que cuando caminaba por ahí, por accidente se había topado con ellos, y había sido arrastrado a un escondite de dudosa seguridad. Reo le había hecho una señal de silencio con una de sus manos, mientras que, con la otra, se aferraba fuertemente a Nagi, a quien parecía no importarle mucho lo que estaba ocurriendo.
Los sirvientes de la casa Mikage estaban desesperados buscando a su travieso joven amo, quien, por enésima vez, abandonaba la propiedad sin permiso. Y mientras ellos buscaban, Reo, curioso del nuevo niño, lo atiborró de cientos de preguntas que Isagi apenas podía contestar por la sorpresa.
Reo fue amable, enérgico, vibrante, algo egoísta, pero era un Reo que atrapaba a cualquiera que lo viera, o al menos Isagi lo sintió así, y no dudaba de que Nagi también debió haberse sentido de esa manera cuando Reo se le presentó por primera vez. A partir de entonces, Isagi, al igual que Nagi, se vio arrastrado a lo que sea que Reo quisiera hacer. Hasta que empezaron a crecer, y con ello, sus obligaciones también, en especial las de Reo, lo que hizo que inevitablemente comenzaran a "separarse".
"¿Le hice algo?" Se cuestionó en silencio Isagi, un poco molesto, un poco dolido. Quería dejar de pensar en ello, pero como el lugar en el que se encontraba estaba desolado, sin alguna otra distracción, más allá de los árboles y arbustos que perdían sus hojas, era inevitable que su cabeza regresara a ese tema. Así que, durante las siguientes horas su cuerpo se encontraba trabajando, mientras su mente divagaba en una situación que él no era capaz de entender del todo.
No se suponía que debía tardar tanto, esa también fue la razón por la que decidió ir pronto en busca de la leña, pero para cuando se dio cuenta, el anochecer ya había llegado.
Regresar a oscuras sería todo un fastidio, pero no tenía mayor opción que depender de la luz de la luna y sus propios recuerdos, por lo que dejó sus lamentos de lado, amarró bien la leña y comenzó a descender.
Isagi sabía el camino de memoria por lo que sus pasos fueron serenos y certeros, guiándose en una dirección que no le era extraña. Sin embargo, un detalle inesperado lo hizo detenerse con cautela.
A lo lejos, entre algunos de los árboles secos, una ligera luz se colaba. Eso era muy raro. A estas horas las personas del pueblo solían estar ya en sus hogares, y si salían, para cualquier razón que fuera, eran los hombres y en grupos, por lo que las luces tendían hacer mucho más extensas, y no tan mínimas como aquella.
"¿Un fantasma?" Su abuela le había hablado de ese tipo de espíritus vengativos que asechaban en la oscuridad, pero ¿en serio existían? Un escalofrío le recorrió el cuerpo al pensarlo.
Intentó esconderse, examinar la situación antes de considerar si debía o no seguir adelante, ¿qué tal si era algún fantasma realmente? No quería arriesgarse a ser maldecido, así que, con cuidado de no llamar la atención por el sonido de las hojas secas bajo sus pies, se ocultó entre uno de los árboles.
La visión desde ese lugar mejoró muchísimo, pero no sabía si eso fue bueno o malo, pues la imagen que tuvo fue, descolocante, en muchos aspectos.
"Es Reo…"
A diferencia de la ropa extravagante que llevaba en la tarde, la de ahora era simple, de un color blanco, demasiado ligera para el frío que estaba haciendo. En su cabeza, dos velas se sujetaban de una cuerda, de ahí la luz que Isagi veía. Pero lo verdaderamente preocupante no recaía en la forma en la que Reo lucía, sino en lo que aparentemente hacía, y en como el nombre de Isagi era mencionado con una frialdad lastimera.
—Pero qué…
Durante los tres últimos años Isagi ha tenido que lidiar con la confusión creciente entre su relación y la de Reo. Una vez fueron amigos, o al menos él lo creía así, pero luego las cosas empezaron a ponerse extrañas. Isagi ignoraba esas emociones en un intento de proteger sus recuerdos, los buenos momentos que habían tenido cuando eran niños, por eso hacía caso omiso a las indirectas mordaces, las palabras frías y hasta las miradas por encima del hombro, pero ¿esto? Esto no solo lo enojaba… esto… lo hería.
Isagi se mantuvo oculto, aunque por una fracción de segundo casi quiso salir. Al final decidió esperar un poco más, al menos hasta que Reo terminara, cosa que no fue en demasiado tiempo, ya que poco después abandonó el lugar.
La luz de las velas se fue perdiendo y solo entonces Isagi decidió dejar su escondite y dirigirse hacia tal lugar. A oscuras, sus manos tantearon el árbol, y tal como esperaba, un muñeco muy particular estaba ahí. Era difícil de percatarse de la forma del objeto cuando la luz era ausente, pero Isagi, con tan solo tocarlo pudo deducir de que se trataba. Vaya que Reo era detallista, porque has el mechón sobresaliente en la coronilla estaba ahí.
—En serio quieres hacer las cosas así, Reo.
Reo podía tener a su disposición a los mejores instructores, al mejor personal, a las personas más destacadas en sus respectivos campos; sin embargo, hay algunas cosas, algunos… conocimientos, que no solo se podían adquirir de esa manera. Isagi tuvo la dicha, de tener a una abuela que sí le permitió darse cuenta de ello.
Por lo que vio, lo que Reo trataba de hacer con él era un burdo ritual de maldición. ¿Qué tan lejos iba a llegar con él? Isagi no podía asegurarlo, pero no creería que fuera para tanto como… ¿matarlo? Aunque ahora mismo, ya no estaba seguro de lo que Reo era capaz de hacer, pero estaba bien, porque podía interrumpir su deseo, y, de hecho, hasta podía tener una pequeña venganza.
¡No pueden culparlo! Reo lo orilló a esto.
Isagi no contaba con ningún tipo de luz para ayudarse, más que la luz de la luna, pero eso fue suficiente. Isagi no podía arriesgarse a que Reo se diera cuenta que el muñeco había sido manipulado por alguien más, por lo que se negaba a hacer cualquier cambio fuera del muñeco; sin embargo, por dentro ya era otra situación.
Sus manos abrieron con cautela la paja ubicada en el cuerpo del muñeco, y en una maniobra bastante complicada, comenzó a trenzar parte de esta.
—Si tan solo tuviera pelo de cabra haría que se enamore de un animal. —murmuró para sí mismo, aún molesto—. Espera…
Una muy curiosa idea cruzó por su mente en ese momento.
"¿Qué tal si el galante joven heredero de la poderosa familia Mikage se enamora de un hombre?"
¡Era inaudito! ¡Era antinatural! Pero de alguna forma también era… excitante.
Isagi tragó saliva ante esa idea. ¿No estaría yendo un poco lejos? No se supone que los hombres se enamoren de otros hombres, nunca había visto una aberración así, pero y si…
¿A Reo le podría gustar algún hombre? ¿Quién podría ser? ¿Nagi?
"¡Nagi!"
Los ojos de Isagi se abrieron con sorpresa.
De hecho, no parecía tan extraño. Ahora que se detenía a pensarlo, ¿no era Reo como una esposa celosa? Mimando sin razón aparente a Nagi, cuidándolo tan diligentemente. Isagi, desde niño, jamás logró entender que era lo que Reo había visto en Nagi, pero tampoco es que le importara, ahora las cosas podrían tener sentido. Ese comportamiento posesivo, esas miradas lastimeras que ponía con cualquiera que estuviera cerca de Nagi haciendo por él lo que Reo no podía.
—No puede ser…
Esa información fue demasiado impactante. Su cuerpo y mente se detuvieron con incertidumbre.
"Tal vez Reo es una mujer en secreto…" Pero la cabeza de Isagi se agitó en negación. "Imposible, aunque tiene ese rostro bonito, aún es más alto que yo. Y lo he visto sin ropa…"
Isagi no pudo evitar que el calor se extendiera por sus mejillas y orejas al recordar esos pocos momentos. La familia Mikage no solía mostrar su piel, no era un acto muy elegante, pero había ocasiones en las que Reo se despojaba de sus ropas para nadar, como en aquel río, cerca de la vieja casa de Nagi.
—Las cosas realmente cambian. —soltó acompañado de un suspiro.
Isagi siguió mirando el muñeco en su mano, y era como si esa noche las ideas más desubicadas cruzaran su mente, una tras otra.
"¿No había problema no? Es decir, es él el que se va a enamorar. Es solo un pequeño juego, si yo no hago nada, no pasará nada, ¿no? De todas maneras, parece odiarme."
Isagi tragó saliva, dudó por un momento, pero con tan solo recordar el rostro molesto de Reo se decidió. Arrancó un par de sus propios cabellos, y terminó de trenzar con estos la parte interna del cuerpo del muñeco de paja.
"Ahora el ritual será desviado, lo que ocurra más adelante solo podrá ser tu culpa, Reo." Con ese pensamiento, Isagi dejó las cosas en su lugar y retomó su camino. Volteó a ver atrás una última vez, pero al final, dejaría que las cosas salieran como sea que deban salir.
El día siguiente de Isagi, no fue para nada diferente. Vivió su día con perfecta regularidad, recogiendo agua del pozo, limpiando su casa y finalmente dirigiéndose a los arrozales, esta vez ya no debía ir hacia los huertos, su trabajo había finalizado ahí el día anterior, por lo que hoy solo debía ayudar en la cosecha del arroz.
La piel de sus manos era dura, algo rasposa, esto debido a que se había acostumbrado a agarrar con fuerza las plantas de arroz. Como era joven, su ritmo era eficiente, así que por ahora no se preocupaba mucho por cómo sobrevivir a su día a día, bastaba con hacer un buen trabajo y ser recompensado por ello.
Una gota de sudor resbaló por su cuello cuando una sombra opacó su vista. Isagi levantó la cabeza ante ello y vaya sorpresa que tuvo.
—Reo…
El trabajo duro era lo que Isagi estaba usando como excusa para no pensar en los sucesos de la noche anterior. No negaba que Reo llegaba a su mente en cada instante libre que tenía, pero Isagi rápidamente aplacaba su enojo, su culpa, o lo que sea que estuviera sintiendo, con alguna actividad, repitiéndose a sí mismo: "Reo inició esto".
—Isagi. —respondió este. Sus brazos se encontraban tras su espalda, y aunque su porte era recto y casi arrogante, sus ojos fríos se desviaban ligeramente.
¿Qué pasaba? ¿Qué ocurría? ¿Reo se había dado cuenta de lo que Isagi había hecho? No… o quizás… ¿Ya estaba surtiendo efecto el ritual?
Isagi tragó saliva de solo pensarlo, incluso su mano se aferró más fuertemente a la hoz.
—No… —empezó Reo, un poco dubitativo, como si él mismo tratara de arrancarse las palabras de su garganta—. ¿No está Nagi aquí?
—¿Eh?
—Nagi. Llevo todo el día sin encontrarlo. Creí que estaba contigo. ¿No lo has visto?
Fue decepcionante. Era obvio que las cosas no ocurrirían de inmediato, pero aun así fue decepcionante. Una desagradable acidez de removió en el estómago de Isagi.
—No lo he visto desde ayer. —respondió intentando volver a su trabajo, su mano libre ya estaba agarrando un nuevo cúmulo de hierba.
—Entiendo. —Reo apretó sus labios ante esas palabras.
Isagi, quien miró de reojo, no pudo evitar pensar en él como un gato apaleado. ¿Por qué Reo siempre ponía ese tipo de expresiones por Nagi? Era un poco molesto, si se lo permitían decir.
Isagi se detuvo un corto periodo antes de continuar en lo suyo, dejando que Reo, a una distancia prudente, lo siguiera.
—¿Tienes algún otro asunto conmigo? —preguntó Isagi, al notar que Reo iba un par de pasos detrás de él.
Reo pareció sobresaltarse, incluso sus manos tras su espalda se soltaron ante la pregunta.
—¿Está mal estar contigo? —Y como era de esperarse, respondió a la defensiva.
—Parece ser que no te gusta demasiado estar conmigo.
—¿Qué? —Reo era un libro completamente abierto. Sus reacciones siempre eran más grandes que sus palabras, y eso era decir mucho, porque sus palabras no parecían tener límites.
—Como no lo niegas, debe ser verdad. —Isagi dejó que una risilla con desdén escapará de su boca—. Actúas como si intentaras maldecirme.
No se suponía que Isagi debía decir eso, pero las palabras simplemente salieron, controlar su boca era un rasgo difícil en él, aunque siente que valió la pena al ver la palidez asomarse en el rostro de Reo. Ese rostro con ojeras y parpados hinchados.
"¿Acaso estuvo llorando?"
—Yo no… yo no te maldeciría. —se defendió Reo.
Isagi no contestó de inmediato. Miró el rostro de Reo y luego soltó una sonrisa falsa.
—Eso creí.
Un silencio incómodo pronto los envolvió, Isagi seguía con lo suyo, pero sus hombros estaban tensos con la presencia de Reo cerca de él. Y no parecía ser diferente con Reo.
—Creo que ya debería irme. —Reo susurró suave, con una mirada hacia la nada—. Si ves a Nagi, no le digas que lo estuve buscando.
—¿Se pelearon acaso?
—No lo sé. Ya no sé qué es lo que piensa Nagi.
Eso fue extraño, Isagi intentó volver a poner su atención en Reo, pero este ya había dado marcha atrás, con una mano alzada en el aire para despedirse de Isagi.
Ese día el trabajo había sido exhaustivo. Al llegar a casa lo único que logró hacer fue tirarse en el engawa, y después de un muy largo descanso, finalmente tuvo las fuerzas para asearse y comer algo.
No le gustaba mucho el silencio que había en ese lugar, el sonido de las ranas y los grillos no le bastaba para acompañar sus meriendas.
"Reo habrá regresado a ese lugar." Isagi ya se encontraba recostándose en su futón cuando pensó en ello, sus ojos miraron por un momento hacia la puerta de ingreso, la misma que daba vista al bosque, pero se limitó solo a recostarse. "Me pregunto, que estará pensando Reo."
Y al día siguiente, la rutinaria vida de Isagi daba comienzo una vez más.
Se encontraba revisando las gavillas, cuando el cuerpo alto de alguien se le acercó de nuevo.
—¿Reo?
—Isagi.
—¿Qué te trae por aquí esta vez? — Podían pasar semanas sin verse, pero ahora Reo aparecía a cada rato. Y no sabía cómo sentirse, sus emociones aún se encontraban conflictuadas.
—Vaya, realmente no quieres verme. —expresó con un ligero enfurruñamiento. Algo diferente a los que Isagi estaba acostumbrado.
"El que nunca parecía querer verme eras tú." Pensó Isagi, pero decidió guardárselo, y en vez de eso contestó con algo menos atacante.
—Solo me sorprende que el joven amo tuviera tanto tiempo libre.
—Ya es tarde. Tengo algo de tiempo libre.
—¿Ah sí? ¿Y no estás con Nagi? —El cuerpo de Reo pareció estremecerse ante el nombre de esa persona. Isagi que siempre fue perceptivo, no dejó pasar por alto ello—. ¿Realmente están… peleados?
Reo no contestó.
Como sea, tampoco es que fuera asunto de Isagi. Por otra parte, lo que sí le interesaba…
—Tus ojeras se ven terribles. —comentó Isagi—. ¿Algo te preocupa?
Y otra vez Reo reaccionó como si lo acusarán de algo.
Reo tocó la piel bajo sus pestañas intentando descifrar con el tacto lo que sea que Isagi descifró con sus ojos, pero al final terminó por regresar a su típico comportamiento.
—No es asunto tuyo. —soltó. Y dio marcha a atrás.
Isagi dejó que un suspiro escapara y negó con su cabeza.
Los siguientes días, no fueron diferentes. Reo ya no se acercaba directamente, pero era obvio que lo observaba a la distancia, parecía buscar a alguien. A Nagi, asume Isagi, pero no se molestó por ello, limitándose solo a ignorarlo.
Ese comportamiento, se replicó por al menos un par de semanas más, hasta que, en uno de sus tantos días de trabajo, un factor importante cambió el rumbo de la situación.
Nagi, el ajeno a todo, llegó a ver a Isagi.
Traía en sus manos un objeto poco común, una pelota de cuero con un aspecto bastante occidental, no era algo que haya visto por su zona, así que asumió que pertenecía a Reo y a su extravagante gusto por adquirir rarezas extranjeras.
—Juguemos. —dijo simplemente Nagi, sin dar mayor detalle. Isagi sabía que, si quería obtener algo más, debía presionar con sus preguntas, pero estaba demasiado ocupado para hacerlo.
—Estoy ocupado. ¿No ves?
—No me importa.
—¿Qué intentas hacer con eso?
—Reo trajo esto, pero… no sé cómo usarlo.
—Ve y pregúntaselo entonces, ¿por qué me lo dices a mí?
—Quiero sorprender a Reo.
Isagi no se sorprendió para nada. Nagi nunca parecía tener motivación para hacer algo, pero cuando se trataba de Reo, no era muy sutil en su actuar. Se preguntaba como Reo también podría a ser ajeno a ello, pero a su vez, internamente, se alegraba por eso.
—Como te dije, estoy ocupado.
A Nagi nuevamente no pareció importarle, y tomó asiento como la ultima vez. Isagi en serio no podía con los berrinches de él. No tenía la paciencia de Reo.
La hora a la que Reo llegaba a acosarlo, era cercana a la que Isagi terminaba con su jornada, por lo que no fue extraño que se topara con la imagen de Isagi y Nagi jugando con el objeto que él había conseguido.
De todas las cosas raras que los padres de Reo le daban, se atrevía a decir que esta era la más divertida. Nagi, no parecía opinar lo mismo, pero le siguió la corriente hasta que el anochecer los alcanzó.
Isagi se tiró en el suelo cansado, pero extasiado de felicidad. Fue una buena distracción de su rutina y del remolino de emociones que le provocaba Reo…
Espera… ¡Reo!
Estaba tan inmerso en el juego, que se había olvidado por completo del acoso diario de este.
Nagi ya había regresado, pero Isagi no pensaba volver aún. Sino que se dirigió al lugar donde su intuición le dijo que llegara.
El muñeco, que Reo había usado estaba ahí, pero sabía que Reo volvería por él.
Isagi decidió tomar la delantera y sacar al muñeco de aquel árbol.
Estaba un poco molesto por la inutilidad del muñeco. ¿Qué ocurría con el Reo enamorándose de él? ¡No había cambiado para nada! Pero tampoco se iba a arriesgar a que Reo volviera con alguna cosa peor.
Pensó en abandonar el lugar en silencio, con solo el muñeco en su mano, pero un par de pasos adelante se detuvo.
No sabía si era una buena o mala idea, pero regresó sobre sus pasos, y el lugar en el árbol que alguna vez tenía clavado un muñeco de paja, ahora se veía ocupado con un trozo de tela que Isagi decidió rasgar.
Isagi sabía que Reo era lo bastante inteligente como para entender el mensaje, pero lo que no sabía, era sí quería realmente que Reo entendiera el mensaje.
Esta vez sí tomo marcha de regreso a su casa, y estando en ella, trató de no pensar en Reo.
Luego de completar sus pendientes, empezó a apagar algunas de las lámparas de aceite. Como ya era tarde dudaba que Reo haya regresado a ese lugar, al menos hoy, así que se rindió, pero antes de lograr apagar la última lampara, la puerta de su casa se abrió sin consideración alguna.
"Lo sabía. Reo es realmente inteligente."
Reo estaba parado frente a frente con Isagi. Es más, Isagi hasta lucía mucho más alto gracias al engawa le ofrecía treinta o más centímetros de altura, era una lástima que eso se perdió en cuanto Reo, serio y analizador, decidió entrar sin permiso.
Isagi sacó de su ropa lo que sabía perfectamente que Reo venía a comprobar, sea con la excusa que sea, pero que no le dio oportunidad a hablar.
—¿Buscabas esto? —dijo de inmediato Isagi, sin dar espacio a un saludo o algo más, no es como si realmente esperara que la cordialidad se reflejara en ese momento, y menos bajo esas circunstancias.
Reo se sorprendió al ver aquel objeto en una de las manos de Isagi.
"¿No se suponía que venías por esto?" Pensó Isagi, casi seguro de que esa era la razón, y no se equivocaba en realidad.
—¿Por qué tienes eso? —preguntó Reo, recomponiéndose en cuestión de segundos. Sus ojos amatistas lo desafiaron como un felino.
—Me lo encontré por casualidad en el bosque. Tal vez sea mi imaginación, pero… ¿se parece a mí? ¿No crees? —expresó con sarcasmo. Y un rostro dramatizando una duda inexistente.
—Eso no es asunto tuyo. Devuélvemelo.
—¿Uh? Al joven amo aún le gusta jugar con muñecas. Vaya, que inesperado. Y se parece a mí así que debo gustarte mucho.
Isagi pudo ver como las pequeñas cejas de Reo se juntaron, antes de ser atacado por sus manos en un intento de arrebatarle el muñeco. Isagi reaccionó de inmediato, impidiéndole tomarlo.
Reo estaba equivocado si creía que podía subestimar a Isagi solo porque era un par de centímetros más alto. Y de igual manera, Isagi estaba equivocado si creía que podía subestimar a Reo solo porque él hacía trabajo de campo a diferencia del niño rico.
Ambos se vieron envueltos entre choques y empujones que hicieron que un todo aquello que tocaran se cayera, convirtiendo la casa de Isagi en algo similar a una bodega desordenada.
Reo parecía estar liberando la frustración que estuvo reteniendo los últimos tres años, el miedo, los celos, cualquier tipo de complejo "infundado" que su cabecita haya tramado, e Isagi no era diferente, parecía desquitarse por la forma en la que Reo solía herirlo discretamente. Aquel muñeco de paja fue el peor de todos.
—¿Qué no intentabas maldecirme? Vaya broma. —soltó entre jadeos Isagi, peleando como dos niños inmaduros, lo que era extraño, porque de niños jamás habían tenido una pelea así.
—¡No lo hice! —exclamó Reo. Isagi se sintió aún más enojado por esa negativa cuando tenía la prueba justamente en sus manos.
—¿Estás jugando conmigo?
—¡No lo he hecho!
—Es increíble como te aferras a tu propia mentira. No esperaba que fueras como tu padre.
Esas palabras parecieron impactar en Reo, dándole a Isagi una ventaja para tomar completa posesión del muñeco.
—¿Qué… dijiste…? —preguntó Reo, casi taciturno. Ningún golpe llegaba a herir a Reo de la forma en la que esa comparación, o Nagi, podrían hacerlo.
Isagi sabía que había cruzado una línea, pero no podía detenerse.
—Mírate haciendo algo como esto. Intentando controlar a otros.
—No lo hice. —intentó defenderse Reo—. No lo hice… no intenté dañarte, solo quería…
Isagi estaba curioso, en algún punto sus manos se apretaron más en el objeto que sostenía, ansioso de saber acerca de las preocupaciones o deseos de Reo.
— Yo no te estaba maldiciendo! Solo quería… solo quería… que te alejaras de Nagi.
—¿Qué?
—Tú y Nagi… se han vuelto tan cercanos, dejándome a un lado.
—Eso no…
—¡Es cierto! No quería herirte, ni a ti, ni a él, pero ustedes eran tan cercanos, dejándome a un lado, jugando juntos.
Isagi casi se carcajeó ante la absurdez de lo que escuchaba. ¿Era por eso? Este espectáculo ridículo que no le dejaba dormir ni a él ni aparentemente a Reo, ¿era por eso?
—Nunca intentamos hacerte a un lado, simplemente no tienes tiempo. Mírate, tienes responsabilidades diferentes a nosotros, lógicamente no podríamos estar contigo.
—Pero…
—¿Tienes idea de lo que intentabas hacer con esto? —Isagi levantó el muñeco, agitándolo frente al agraviado Reo—. ¿Tienes idea de lo herido que me sentí cuando te vi con esto? Creí que éramos amigos.
—Yo… —Los pasos de Reo empezaron a retroceder a medida que Isagi iba avanzando, cerrando cualquier espacio por el que Reo pudiera escapar. Que importaba si era más alto de Isagi, ahora mismo se encogía como un gato asustadizo.
Una de las manos de Isagi, la izquierda, la que estaba libre, se posó en el pecho de Reo. ¿Era acaso la ropa? ¿O por qué parecía que sus protuberancias resaltaban como si fuesen los senos de una mujer?
—Los últimos años, ¿tienes idea de cómo me sentí? Tu actitud cálida de repente había cambiado hasta convertirse en un rostro molesto. Tus sonrisas se habían vuelto indirectas mordaces. De repente empezaste a empujarme a un lado… ¿por eso?
Reo miraba con vergüenza y casi terror los penetrantes ojos azules de Isagi. La mano de este último se paseó delicadamente, recorriendo el pecho de Reo, hasta subir a su garganta. No había fuerza de por medio, sino un tacto suave que casi parecía temer profundizarse, y aún así Reo no podía ni hablar.
Reo se empezó a deslizar hacia abajo, sus piernas lo traicionaban. Quería enojarse, quería defenderse, si era necesario hasta podía llorar, pero estaba paralizado. ¿Isagi podía ser así de aterrador? Ni siquiera estaba haciendo la gran cosa, pero con tan solo hablar, con tan solo decir un par de palabras podía llevarlo hasta el fondo.
Isagi lo miró desde arriba, miró también su mano que había perdido contacto con la piel de Reo.
—Reo. ¿Quieres saber porque estás tan obsesionado con Nagi?
Reo levantó su cabeza.
—¿Qué?
—Yo también lo descubrí hace poco. —dijo, mientras se ponía par a par con el rostro de Reo—. De hecho, es algo interesante.
Y antes de que Reo pueda cuestionarlo y oponerse a sus suposiciones, se vio atacado en un beso no esperado.
Sobra decir que Reo se sobresaltó al sentir los labios de Isagi sobre él. Lo que estaban haciendo lo tomaba completamente desprevenido.
¿¡Dos hombres besándose!?
Reo ni siquiera había visto a sus padres demostrar este tipo de actos tan abiertamente. Todo lo que conocía de esas cosas, los había visto en "libros primaverales", y nunca entre dos hombres, pero ahora mismo sintiendo los labios húmedos de Isagi paseándose sobre los suyos… No estaba mal. No se sentía mal. Incluso, en algún momento, hasta empezó a corresponderle, tan torpemente como Isagi, pero ambos aprendiendo rápido, siendo esas una de las cosas que solían tener en común.
El calor del momento hizo que Reo fuera ajeno a como Isagi empezaba a despojarlo de su ropa, dejó su cuello expuesto a lo que sea que Isagi quisiera hacer con él, y sus manos buscaron, asimismo, lo que sea que pudiera aferrarse, hasta que las palabras de Isagi llegaron a su mente.
"¿Quieres saber porque estás tan obsesionado con Nagi?" Había dicho, y Reo se detuvo.
¿Era esto? ¿Reo quería hacer esto con Nagi? ¿Besarse? ¿Quería besarse con él?
La vergüenza fue aún mayor cuando la conciencia golpeó su realidad, diciéndole a gritos que sí quería hacer eso con él, pero lo extraño fue, que no le importaba hacerlo también con Isagi.
¿Por qué?
¿Era justo querer esto con dos personas diferentes?
Es que no se lo podía explicar, se sentía confundido, extrañado, sofocado por el actuar duro de Isagi tanto como por el de Nagi. Casi quiso llorar ante esos enredos mentales, que fueron aplacados cuando un movimiento desconocido lo regresó al presente.
Por un momento, había olvidado que Isagi estaba devorándolo en unos actos bastante íntimos.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Reo al ver como Isagi, con su dedo pulgar acariciaba delicadamente su orificio. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, en especial en su miembro visible y ligeramente erecto.
—¿No te lo acabo de decir? Sé porque quieres estar con Nagi. Sé lo que quieres de él.
Aunque el cuerpo de Reo parecía oponerse a ese tipo de intromisión, aquel dedo curioso aún se forzó. Sus piernas intentaron cerrarse, pero Isagi lo detuvo al instante. La piel dura de sus dedos contrastó con la apenas trabajada de Reo, aunque claro, no era como si ese lugar debiera "trabajarse".
Eran notorias sus diferencias sociales con solo el tacto de por medio.
—Ese lugar… ¿Qué intentas hacer? —Reo estaba viendo abajo, viendo como Isagi se deslizaba ahí. No se suponía que algo debía entrar por ahí, o al menos hasta ahí llegaban los conocimientos de Reo.
Isagi no se dio a explicar, sino que intentó abrir ese espacio de una manera tosca, cosa que claramente fue difícil y solo logró que Reo se quejara y sostuviera la muñeca de Isagi.
—Reo quiere ser la mujer de Nagi, ¿no? —explicó al ver el rostro aterrado de Reo—. Entonces debes usar este lugar. Así que no interfieras.
—Yo… ¿qué?
¿Eso era lo que quería? No lo podía creer, ¿pero por qué Isagi le decía algo así? Debe estar bromeando, tomándole el pelo.
Isagi dejó que su saliva cayera entre la unión de su dedo y el agujero de Reo, paseándose y untándose por todo lo que pudiera, ajeno a la vergüenza y resistencia que Reo intentaba poner.
—No… —intentó decir Reo—. No es eso, no es así… ¿Yo…? ¿Quiero esto?
—Claro que quieres. —respondió Isagi, sin perder el tiempo de hundirse otra vez. La saliva, apenas y servía, pero ahora se ayudaba de sus dos manos. Sus pulgares estiraban la piel que recelosamente se negaba a abrirse para Isagi. ¿Acaso sería diferente si fuera para Nagi? De solo pensarlo Isagi fue un poco más rudo.
Reo soltó un jadeo vergonzoso, él mismo se dio cuenta de eso, y cubrió su rostro como reacción. Algo así debería ser repugnante, pero no lo sentía así. Claro que estaba avergonzado de mostrarse desnudo y descubierto para Isagi, sus piernas por voluntad propia querían cerrarse, pero a su vez, había algo en ello que dejaba que Isagi lo viera, lo examinara y después de unos minutos, lo explorara a mano propia.
Reo estaba ocupado descubriendo sus propias sensaciones como para notar que Isagi no se quedaba atrás con ello. Él también estaba acariciando su masculinidad, y en una de sus oportunidades intentó ingresar en Reo.
Como era de esperarse, la oposición fue instantánea, no solo por parte del orificio de Reo, sino también por el mismo Reo, pero Isagi supo rápidamente como desestimar esa negación.
Tomo el miembro de Reo, sobresaltándolo, y lo amasó con destreza. Isagi sabía que hacer consigo mismo, así que replicó con Reo lo que solía hacer en soledad.
Acariciarse uno mismo era una cosa, pero que alguien más lo hiciera, era otra muy diferente, y podía deducirlo por la forma en la que Reo reaccionó, prestándose perfectamente para ello.
Isagi vio, en se momento de debilidad, la oportunidad perfecta para nuevamente intentar ingresar en Reo, y esta vez no falló. Que fuera estrecho el camino no lo molestó para nada, sino que lo disfrutó, reflejando ese deleite en jadeos fuertes que se mezclaban con los gemidos llorosos de Reo.
—Te lo dije Reo. Mira como tu cuerpo se predispone al igual que el de una mujer. —Isagi estaba tocando fondo cuando dijo esas palabras. Abrumado por esta nueva sensación, igual a como Reo debía estarlo, y es que sí, Reo, estaba demasiado aturdido como para contestar, y fue aún peor, cuando Isagi comenzó a arremeter contra él.
Isagi se sostuvo de la cintura de Reo, y embistió lento, intentando acostumbrarse e intentando acostumbrar a Reo. Sin embargo, la excitación de estas acciones, que no había hecho con nadie más, eran tan emocionantes que poco a poco se empezó a mover con más seguridad. Sintió la necesidad de estas entrañas internas que buscaban adaptarse a él, e Isagi, quería complacerlas.
Reo para ese momento estaba rendido completamente al placer, al doloroso, pero delirante placer, a tal punto, que él mismo intentó acariciarse mientras dejaba que Isagi lo usara. Sus jadeos, sus gemidos, sus deleites, no fueron nada silenciosos, por lo que ambos fueron ajenos a los sonidos de pasos acercándose.
—Ey~ Isagi ~ ¿Has visto a Reo? —canturreó este intruso. Y sin pedir ningún tipo de permiso, al igual que Reo, abrió la puerta imprudentemente, dejando a la vista algo que ni en sus peores pesadillas podría imaginar.
En cualquier otro momento, en cualquier otra situación, si fuera cualquier otra cosa la que estuviera ocurriendo y poniendo en riesgo la seguridad de Reo, el cuerpo de Nagi se hubiera movido casi de manera automática para protegerlo. Ya lo sabía, ya había ocurrido antes, pese a jactarse de ser una persona "pacifista", lo cierto era que cuando se trataba de Reo, todo ese discurso se caía, ¿pero ahora? El escenario era tan diferente a algo que haya visto antes, que su cuerpo no parecía responder. La imagen que tenía justo frente a sus ojos lo dejaba petrificado, asquerosa y excitantemente… petrificado.
—Nagi… Nagi… —sollozaba Reo, mirándolo directamente—. No mires…
—Reo… —Nagi no supo que más decir, sus ojos intentaron desviarse, ignorar la apariencia desastrosa de Reo, pero cada jadeo que salía de Reo, al compás de las embestidas de Isagi que nunca trató de detenerse, cada suspiro, el sonido de la humedad y el golpe de las pieles chocando, lo regresaban de nuevo a mirar, a mirar como Reo se retorcía, parecía que sufría, pero a su vez que lo disfrutaba. Con esas mejillas sonrosadas y la forma en la que sus propias caderas buscaban a su perpetrador.
—¿Quieres intentarlo? —preguntó Isagi, completamente consciente del como Nagi no paraba de observar a Reo.
Ese llamado fue lo único que le recordó a Nagi, que Isagi también estaba ahí, y que quizás debería hacer algo para detener esa situación. Sin embargo, era curioso como su mente decía una cosa, pero de su boca salía otra.
—¿Qué?
—Es realmente bueno. No esperaba que el agujero de un hombre se sintiera tan bien, deberías intentarlo. —Isagi dejó que su miembro saliera del interior de Reo, no lo suficiente como para sacarlo completamente, pero si lo necesario para que Nagi pudiera ver como Reo e Isagi se conectaban.
Nagi y Reo no habían tenido ese tipo de conexión.
Isagi, luego de asegurarse que los ojos de Nagi estuvieran bien puestos en ese lugar, empujó nuevamente dentro de Reo, demostrando en vivo como las paredes de Reo se cerraban con fuerza en el miembro de Isagi, tragándoselo en medio de esos fluidos húmedos y resbalosos que no eran nada discretos.
Isagi sabía perfectamente que era mutuo. Sabía que Nagi se aferraba a Reo, tanto como Reo se aferraba a Nagi, y al hacerle cosas así a Reo se estaba arriesgando a recibir un buen golpe por parte de Nagi. Sin embargo, también cabía la posibilidad de que su ignorancia y hormonas adolescentes cegaran su juicio.
Isagi, esperaba que ocurriera lo segundo.
Y claro que vio la respuesta, porque así fue.
Su miembro, enardecido, comenzó salir de aquella calidez que lo envolvía, dejando a la vista el espacio palpitante que se abría y se cerraba con desesperación, pero que Isagi no quiso consolar, o no podía más bien, pues las manos que en algún momento estaban agarrando la cintura de Reo, ahora se había movido para abrir las piernas de este, como si le enseñara a Nagi un producto en el mercado del pueblo.
La agitante respiración de Nagi, que por un momento fue por estar buscando a Reo, ahora parecía cambiar por las nuevas circunstancias. Sus pies se movieron, uno tras otro, con duda, con gusto, y quizás con un poco de temor, pero estando una vez frente a tal imagen, mirando el pecho de Reo subir y bajar mientras su cuerpo se teñía de un rojo llamativo, solo hizo que Nagi terminara accediendo.
Cayó de rodillas ante esa deleitosa vista y cedió ante una decisión como esa.
Nagi abrió su kimono, de esos simples como los que Isagi usaba, pues solo vestía formal cuando Reo lo vestía, y de entre la tela dejó ver su miembro, quien a diferencia de la personalidad taciturna de Nagi, este se veía mucho más emocionado, alzándose fuerte y vigoroso. Se nota que, de los tres, Nagi fue el que mejor se desarrolló, lo que es curioso, porque si se comparaban en un plano completamente objetivo, Nagi era el que menos posibilidades tenía para ello.
La enorme mano de Nagi, se paseó sobre aquel miembro latente, como si le diera algo de consuelo, pero era claro que este exigía otra cosa.
—Reo… —dijo una vez como si intentara asegurarse que él estaba ahí, y que esto no era una extraña pesadilla en dónde Isagi le quitaba lo que él quería—. Reo, lo siento. —susurró con esa voz suave y sin atreverse a quitar la vista de la entrada desesperada de Reo.
Reo, por otra parte, apenas podía registrar sus palabras en medio de todo el caos extraño que estaba atravesando.
Nagi se colocó lo más cerca que pudo y se ayudó a entrar en ese espacio. Su mano izquierda se aferró a uno de los muslos internos de Reo, mientras que con la derecha se posicionó piel con piel.
Aunque no lo dijo en voz alta, quiso burlarse de Isagi, pues había hecho un trabajo poco eficaz, era claro que ese pequeño chico no podía satisfacer, ni llenar, a Reo de la misma forma en la que Nagi lo estaba haciendo.
Nagi se abrió camino en Reo de una forma que hizo que este último dejara atrás esa inmersión dulce en la que se encontraba, reaccionando ante la, gran, intromisión de su amigo, de su más grande tesoro.
—¡Nagi! —exclamó en sorpresa, al verse penetrado por alguien más.
Nagi comenzó a imitar los movimientos que vio hacer a Isagi con Reo. Entrando y saliendo con embestidas sin ritmo, toscas y aburridas. Estaba cegado con el abrazador calor de las entrañas de Reo, como para poder hacer algo más. Su propia mente se nublaba más y más, dejando que su cuerpo explorara, no, más bien, devorara a Reo, mientras el mismo Reo se prestaba a tal descubrimiento.
Isagi contempló a Reo, quizás era su imaginación, pero sentía que Reo se veía más predispuesto con Nagi, que, con él, y eso de alguna forma agrió su humor. No iba a dejar las cosas así, no quería quedar relegado a un segundo plano. Así que, si el agujero de abajo de Reo servía, ¿por qué no el de arriba?
Sí, exactamente aquel que emitía en placer monosílabas inentendibles.
Isagi se dirigió hasta Reo, ignorando el hecho de que Nagi aprendía rápido y comenzaba a moverse de una forma que a Reo parecía gustarle.
¡Dios, estaba realmente harto de estos dos!
Agarró de los cabellos a Reo, moviendo su rostro lo suficiente como para que este dejara de contemplar a Nagi.
"¿Acaso la maldita muñeca no había funcionado?"
Era frustrante para Isagi ver, que ni un ritual, ni un agravio de tal magnitud hicieran que Reo se despojara de su devoción hacia Nagi.
Sí, él había dirigido a Nagi hacia Reo, pero no por eso quería que Reo se olvidara de él.
—Mírame, Reo. —mencionó algo fuerte Isagi, y con otra de sus manos terminó de abrir aún más la boca jadeante de Reo. Se colocó de una forma en que su cuerpo fuera el muro que separaba a Nagi e Reo, y en algún momento de la confusión de Reo, se introdujo en él.
Era gracioso ver los ojos desorbitantes de Reo, ahora sí buscando por voluntad propia a Isagi, y no lo negaría, hubo algo en tal acción que hizo que Isagi se entusiasmara más.
Nagi ni siquiera parecía querer detenerse, se vio curioso ante la acción, pero seguía complaciéndose a sí mismo en un ritmo, ahora muchísimo mejor. Al parecer, había algo en su movimiento que hacía que Reo se apretara en él, satisfaciendo un deseo infantil que no podía explicar por la nublosa lujuria que los envolvía.
Isagi no se quedó atrás, quizás la boca de Reo no era tan apretada como su parte inferior, pero su calidez y textura era exactamente la misma. Es más, hasta se atreve a decir que mejor, gracias a la saliva que facilitaba una inversión más placentera en los nervios de Isagi.
La vibración era atrapante, casi sentía como corrientes le recorrían el cuerpo cuando Reo intentaba decir algo, no sabía que exactamente, pero tampoco le importaba. Ahora sus dos manos eran la guía entre el movimiento de la cabeza de Reo y las embestidas que el mismo Isagi daba, asegurándose de no salir lastimado.
El ambiente en esa casa era intoxicante, el calor estaba presente y se difuminaba con los sonidos lascivos que venían por todas partes.
Golpes de piel provocados por Nagi y Reo, sonidos de humedad provocados por Isagi y Reo. Y aullidos desesperados, gemidos anhelantes y contracciones irreprimibles a cortesía de, como no, Reo por supuesto.
En algún punto los movimientos entre los tres parecieron sincronizarse, como si hubieran hallado un ritmo en común. Reo quizás no podía comunicarlo con palabras, pero podía notar la diferencia en ambos.
Nagi era más intuitivo, más salvaje, muchísimo más brusco. Agarraba a Reo con una desesperación que provocaba casi lástima, como si a través de esos movimientos tratara de fundirse en uno mismo con Reo.
Isagi era diferente, era más lógico, mas explorativo. Buscaba en Reo lo mejor que podría obtener de este, en cada movimiento, en cada posición era calculador, la lujuria no lo estaba dominando, más bien, él la encaminaba, porque no buscaba ser uno con Reo, buscaba usarlo y retenerlo a su antojo y necesidad.
Pero Reo ya estaba muy agotado como para intentar explicarse a sí mismo esa situación.
En algún momento, no pudo más, su cuerpo se sacudió con fuerza, sus piernas quisieron cerrarse y encapsular esa sensación, pero no pudo hacer nada más que estirarse y encogerse a sí mismo mientras Nagi e Isagi se fascinaban por su reacción.
Nagi llegó poco después, entendiendo en ese acto que era lo que Reo había hecho, porque se derramó con intensidad ahí adentro. No dejó, o al menos intentó, que ni una sola gota de él buscara escapar del interior de Reo, usándose a sí mismo como un tapón temporal, incluso si su virilidad desfallecía. No sabía exactamente lo que hacía, pero solo buscaba atar a Reo aún más de lo que por sí ya estaban atados uno del otro, incluso si un tercero intentaba interferir.
Isagi fue el último. Arrítmico se golpeó hasta llegar más lejos de lo que hubiera imaginado, y cediendo a sus impulsos bajos, este también inundó a Reo de su esencia. Las mejillas de Reo se llenaron, se inflaron como las de algún roedor del bosque y aunque mucho de ello se consumió, el resto cayó por sus comisuras, pero a Isagi no le importó, pues con sus dedos se encargó de recoger de esta y untar en el hermoso y desastroso Reo, cuyos ojos, parecían perdidos en la nada.
Por unos minutos, nada más que las respiraciones agitadas tomaron protagonismo, hasta que Isagi decidió interrumpir.
—Estuvo bien, ¿no? —dijo Isagi—. Usar a Reo como una esposa.
—Yo… no… —Nagi no supo que decir, pero tampoco quería mentir. Intentó buscar a Reo, quizás él tendría la respuesta, pero este estaba tirado en el suelo con su mente vagando por quién sabe dónde mientras intentaba retomar el aliento—. Se sintió bien. —dijo al final Nagi.
Y Reo, pareció reaccionar. Su mirada lo buscó a él, a él primero, pero no único, porque después la mirada de Reo se posó también en Isagi. Acto que sorprendió al mismo Isagi.
Reo lo contempló por un largo tiempo, como si con su mirada buscara también algún tipo de comentario.
Isagi no se podía explicar que era.
"¿Acaso quiere validación? ¿A pesar de lo que le hicimos? ¿A pesar de lo que le hice? ¿Qué ocurre? ¿Por qué?"
Esa situación tomó de sorpresa a Isagi. En realidad, él ya tenía pensado como excusarse si era confrontado por lo que había hecho, pero esto se salía de su guion. ¿Como es que Reo, de todos los que conocía, siempre hacía cosas que él no podía prever?
—Me gustó. —No lo dijo de frente, se acobardó y giró su cara hacia otra dirección—. Se sintió bien estar con Reo.
Se escuchó un suspiro escapar, antes de que el mencionado cayera en un sueño profundo.
Nagi e Isagi se miraron, y como eran los únicos despiertos y con relativa energía, pues se suponía que debían arreglar el desastre que habían hecho. Se suponía claro, porque Nagi se arrulló entre Reo, y procedió a dormirse dejando que Isagi se encargara de todo.
—Ustedes dos en serio… —refunfuñó molesto Isagi, mientras recogía las cosas que se habían caído cuando discutió con Reo. Entre ese desorden, el muñeco de paja por el que habían peleado apareció tirado entre los rincones.
Isagi lo miró y luego miró a Reo.
¿Qué es lo que iba a ocurrir ahora? Toda la situación fue tan confusa que apenas podía registrar el comienzo y el fin de esto. Era como si el muñeco no hubiera valido la pena, como si algo hubiera salido mal en el proceso, pero a su vez, creía sentir un cambio, uno ligero. Reo antes no miraban con ciega devoción a nadie que no fuera Nagi, pero esta vez, sus ojos se dirigieron a él, y no solo para minimizarlo con la mirada, sino que genuinamente se posaron en Isagi, tal y como se posaban sobre Nagi.
"¿Debería dejar las cosas así y deshacerme de esto? Sé que me estoy metiendo entre ustedes dos chicos, pero…" Isagi miró a la pareja envuelta. Ya no era Nagi y Reo aferrándose mutuamente, ahora era Nagi aferrándose a un costado de Reo y Reo dejando un espacio libre, casi, casi como si estuviera invitando a Isagi a resguardarse ahí también. Reo, no debió hacer eso…
"Ah, realmente soy una persona egoísta."
Al final, Isagi terminó por esconder ese muñeco de paja. Si Reo le pedía explicaciones diría que no lo encontró, que simplemente se perdió o que lo lanzó en algún lugar.
Ahora, era más agradable recostarse al otro lado de Reo y sentir nuevamente la calidez de este, claro que no contaba que a Nagi no le gustara eso, porque al amanecer pudo sentir como el pie de este lo empujaba para que se alejara de Reo, cosa que Isagi ignoró por completo. Y fue casi como regresar al pasado, a cuando eran niños y estaban los tres juntos.
Decir, que las cosas iban de perlas al día siguiente, sería mentir descaradamente. Reo fue el último en despertarse, con un Nagi e Isagi que parecían hartos el uno del otro, pues al final Nagi había sido lo suficientemente molesto como para realmente sacar a Isagi, del lado de Reo.
Ambos rápidamente dejaron sus diferencias al ver a Reo sentarse, tembloroso, algo adolorido, pero de todas maneras dispuesto a confrontar lo que se debiera confrontar en respuesta a lo que había pasado entre ellos.
La incomodidad era latente, se podía sentir en el aire, pero también era un poco nostálgico… Los tres, reunidos así, aunque ninguno se hablaba, temerosos de las reacciones que podían tener.
—Lo de ayer… —inició Reo, tomando la iniciativa como siempre. Isagi y Nagi no se atrevían a mirarlo, sentados perfectamente tensos y ansiosos de lo que Reo tuviera por decirles—. No estuvo mal—. Hasta que claro, soltó esa última frase e hizo que ambos levantaran su cabeza hacia el cabizbajo Reo.
Antes de esas palabras podrían imaginar que Reo estaba molesto, triste, agraviado o con cualquier otro sentimiento negativo por lo que le habían hecho, pero con esto sabían que ese no era el caso, que quizás, solo estaba algo avergonzado. Y el Reo avergonzado era lindo.
Isagi parecía querer decir algo, pero Reo había levantado la cabeza en ese mismo instante, mirándolos a ambos. Sus mejillas y orejas estaban rojas, lo diferenciaban mejor, porque los rayos del amanecer lo envolvían como si envolvieran a una compasiva deidad.
—Isagi… Creo... que tenías razón. Las cosas que me dijiste ayer… quizás no eran del todo falsas.
Isagi no intentaba que fueran falsas, aunque no negaría que si quería provocar un poco a Reo.
—Nagi, Isagi. —retomó Reo, parecía aún más avergonzado, sus ojos se veían vidriosos, haciendo que los corazones de los mencionados palpitaran con ferocidad—. ¡No me dejen atrás! Quiero… quiero estar con ustedes.
Estas palabras, realmente llegaron no solo a los oídos de esos dos, sino que recorrieron la mente y el corazón de ambos, al punto de que estos dos individuos, completamente opuestos, se sincronizaron para calmar las dudas de su ¿amante? ¿Amor?
—¡Nunca! —repitieron juntos.
—Reo. —comenzó Isagi—. Incluso si en algún momento tuviéramos que avanzar, sabemos con certeza que llegarías.
—¡Reo es completamente confiable! —continuó después Nagi—. ¡Lo que sea que Reo quiera hacer, puede hacerlo!
Reo los miró asombrado por esa confianza que Isagi y Nagi posaban sobre él. Aunque él mismo actuaba como si pudiera hacerlo todo, incluso en su soledad podía flaquear y autoevaluarse de la manera más dura posible, perdiendo gran parte de su autoestima, pero ahora, ahora tenía a las personas que mejor le conocían proclamando su creencia en él con tanta firmeza que ni siquiera él podía dejar espacio a la duda. Incluso si recordaba las palabras crueles de comparación que Isagi había hecho el día anterior.
Reo soltó una gran risa. Y su rostro se recompuso en la del atractivo joven heredero que siempre fue, antes de lanzarse en un abrazo con los otros dos, que por supuesto, fue correspondido.
Isagi, aunque no quería, terminó preparándole la comida a ambos, y escuchando las quejas de la simpleza de sus platos.
—¡Si quieren algo más elaborado regresen a sus casas! —respondió Isagi molesto.
Pero ni Reo ni Nagi lo tomaron en serio, y siguieron criticando la nula variedad de alimentos. Y solo cuando estaban bien alimentados decidieron despedirse de Isagi.
Reo aún se encontraba un poco amortiguado, así que Nagi se encargó de llevarlo, a sabiendas de que, si descubrían que otra vez se habían escapado de casa, se llevarían un muy buen regaño por parte de los ancianos.
Que las cosas se normalizaran entre ellos, sí tomó algo de tiempo. Era incómodo, a veces fingían que nada pasó, o que no era cosa del otro mundo, pero Reo era bastante obvio, aunque intentara ocultarlo. Y cuando sus responsabilidades culminaban, recorría los grandes arrozales con Nagi detrás de él, hasta encontrarse con Isagi, y después de miradas deseosas y palabras un poco afiladas, se sumergían en actos muy similares a los de esa noche.
Reo, estaba dispuesto a convertirse en la esposa de Isagi y de Nagi, así que su vida secreta se basó en ello. Con Isagi aun trabajando para los arrozales de la familia Mikage, Nagi aun fingiendo que trabajaba para la familia Mikage y Reo aun siendo el heredero de la familia Mikage.
¿Y sobre la pelota? Era más divertido cuando jugaban los tres juntos.
Con los años, historias de pueblo comenzaron a surgir. Y dicen esos rumores, que, a la luz de la luna, en medio de la oscuridad, se pueden ver las sombras de tres jóvenes hombres. Uno de ellos, el de mediana estatura, se sirve a sí mismo como una perra, postrado en cuatro, mientras ofrece su entrada trasera al que es más alto que él, y su entrada delantera al que es más bajo que él.
Pero como siempre, son solo los rumores de un pueblo otoñal.
[Fin]
