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Los Herederos de Merlín

Summary:

¿Que pasaría si hubiera un tercer bando? ¿Y si Dumbledore y Voldemort no fueran las únicas opciones?

Notes:

Tras ser expulsado de la Orden del Fénix, un Sirius Black desamparado se encuentra ahogándose en whiskey de fuego en el pub "Cabeza de Puerco".
Mientras se lamenta su existencia, se pone a reflexionar ¿cómo había acabado así?

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: ¿Ahora qué?

Chapter Text

Era una noche tranquila de Febrero de 1980, el ambiente en Hogsmeade era alegre. Aún había un rastro de nieve que el invierno había dejado, niños corriendo por las calles, amigos emborrachandose en las Tres Escobas, incluso un par de alumnos de Hogwarts robando dulces en Honeydukes, era como si el pequeño pueblo fuera ajeno a la guerra que se estaba desatando en el exterior, o tal vez conscientes de esta decidían apreciar lo que tenian.

Contrastando con la felicidad del resto de la localidad, el pub Cabeza de Puerco: pequeño, descuidado, se alzaba en la oscuridad. La mayoría de personas evitaban este lugar, además de estar alejado del resto del pueblo, se reunían toda clase de personas extrañas, y con la guerra se había convertido en el lugar favorito de los mortífagos para emborracharse. No se esperaría ver a miembros de la Orden del Fénix en este lugar.

Lo bueno es que Sirius Black ya no formaba parte de la Orden del Fenix.

Se encontraba sentado en la barra, su cabello recogido en una coleta desaliñada, llevaba su típica chaqueta de cuero; sus ojos grises tormenta se encontraban mirando a la nada, debajo de estos había unas ojeras provocadas por el sueño y el estrés. A pesar de estar desecho, seguia luciendo un atractivo impresionante, desentonando con el resto del lugar. Se llevó la botella de whiskey de fuego a los labios sólo para percatarse de que su contenido se había terminado, era su tercera botella ya, sabía que no debía emborracharse, debía regresar sobrio a casa, pero no pudo evitar pedirle otra botella al camarero; queria desahogarse, olvidar al mundo un rato. Sentía como si un dementor le hubiera sacado el alma.

¿Cómo había acabado así?

Hace apenas un par de semanas era Sirius Black: temerario, atrevido, coqueto, gran amigo, y honorario miembro de la Orden del Fénix Sirius Black. Creía que todo había empezado a ir cuesta abajo cuando recibió esa carta en la segunda semana de Enero, esa maldita carta.

Se encontraba en su complejo departamental muggle intentando ver cómo funcionaba el llamado "televisor" cuando una carta cayó por la rejilla, al principio pensó que era un error pues como mago estaba acostumbrado a la correspondencia vía lechuza. La carta era notoriamente muggle, pero tenía su nombre, enviada desde el "Orfanato Desfortunio"; al leerla pensó que era una especie de broma. La carta decia que una mujer muggle llamada Carla White había ido a dejar en el orfanato a un par de mellizos recién nacidos, esta sólo menciono el nombre de quien creía era el padre, y el orfanato de alguna forma dio con su paradero. Sirius no estaba seguro de haber cogido con alguna Carla (aunque sí recordaba a un par de Carlos), pero muchas veces el nombre de sus amantes quedaba en segundo plano; y ni hablar del uso de condón.

Impulsado por la curiosidad y pidiendole a Merlin qué todo fuera un malentendido, se dirigió al orfanato.

El lugar parecía más un cementerio que un lugar donde vivían niños, al entrar una empleada lo guio hasta el lugar donde se encontraban sus supuestos hijos. El lugar por dentro era aún más funebre, las paredes estaban tapizadas con colores oscuros y candelabros colgaban del techo, había telarañas por todos lados y los niños tenían miradas tan desoladas que parecían fantasmas. La empleada le indicó una puerta y entró.

Apenas entrar había una cuna en la cual se encontraban dos bebés gimoteando, y Sirius no tuvo duda de que eran suyos, era como si tuvieran el apellido Black escrito en sus caras; tenían el cabello aunque corto, oscuro como el suyo, y los ojos eran el típico gris que identificaba a todos los Black. Y no solo eso, al acercarse sintió una especie de conexión con ellos, como si una parte de su magia estuviera impregnada en los niños.

Acercó su mano a uno de los niños y este le agarró su dedo con su manita, Sirius no pudo evitar sonreír; "¿Cómo alguien podría abandonar a unos seres tan pequeños?" pensó Sirius.

"¿Su madre mencionó sus nombres?" pregunto a la empleada, sin alejarse de la cuna.

"No, la señora dijo que no quería nada que ver con ellos, se veía desesperada por irse" dijo con indiferencia "no entiendo como alguien podría abandonar a unos niños tan lindos, mucho menos a alguien tan guapo como usted" agregó sonriendo.

Sirius detuvo el impulso de poner los ojos en blanco y le devolvió la sonrisa; antes de que la empleada hiciera otro comentario, se oyó un llanto en el otro extremo de la habitación. Sirius notó otra cuna, y con curiosidad se acercó a esta; en ella había una niña que parecía de unos dos años: tenía cabello corto rizado y unos ojos marrón oscuro, que le recordaron a los de un ciervo, estaba vestida con una mameluco rosa desgastado que se notaba le apretaba. Al asomarse en la cuna la niña lo vio con sus grandes ojos y dejó de llorar. Sirius le sonrió a la niña y está le devolvió la sonrisa.

"¿Quien es ella?" pregunto con curiosidad.

"La dejaron un par de horas después de la llegada de sus hijos, su madre era una señora delirante, dijo que un tal 'Señor Tenebroso' se molestaría mucho si supiera de la niña, y no sólo eso ¿qué clase de persona le pone 'Ascella' a su hija?" dijo la empleada con desdén.

El comentario de el "Señor Tenebroso" alertó a Sirius; la niña era hija de magos, ¿qué hacía en un orfanato muggle? y más importante ¿por qué Voldemort se molestaría?. Pensó en el pobre futuro de la niña, siendo adoptada por padres que desconocían como criar a un mago; o tal vez nunca sería adoptada, a juzgar por la apariencia del lugar. Sirius miro a los ojos a la niña y tuvo una idea, y no es de pensar mucho cuando se le ocurre hacer algo.

Sirius salió del orfanato llevando consigo a Antares, Atlas y Ascella Black.

Al llegar a casa, se dio cuenta de que tal vez había tomado una decisión algo impulsiva. Habia salido de su casa esperando que todo fuera un malentendido y ahora regresaba con sus dos hijos y una niña extra, pero que podía hacer, así era el. No tenía nada preparado, pero con un poco de magia les acomodó un lugar a los niños y les confeccionó un par de prendas.

Pensó que la paternidad no podía ser tan difícil, estaba equivocado. En tres semanas su vida se había convertido en un caos: los llantos, los pañales, la comida, la leche, y ni hablar de los arrebatos mágicos de Ascella. Estaba en esa etapa en la que los niños mágicos despertaban sus poderes, y vaya que era un dolor de cabeza. Cuando iba a misiones de la orden, llamaba a Kreacher el elfo doméstico para que lo ayudará; al principio se le complicó que aceptara ayudarlo pues se despreciaban mutuamente, pero al ver a los tiernos herederos Black aceptó sin dudarlo (aunque tuvo que darle un montón de órdenes para que evitará contarselo al resto de la familia, y evitaba mencionarle a donde iba cuando le pedía que los cuidará).

Aunque Kreacher no había su primera opción; tan pronto salió del orfanato habia planeado contarselo a James, Lily, Remus y Peter, pero con las misiones de la orden no tenían mucho tiempo de reunirse y las pocas veces que se veían era en el cuartel de la orden, y como se sospechaba que habia un espía entre sus filas no podía mencionarlo, Sirius no quería poner en peligro a sus hijos; además de que sólo imaginar la reprimenda de Lily y la sermoneada de Remus le hacia doler la cabeza, lo bueno es que Colagusano se lo tomaría con humor y Cornamenta estaría encantado de ser tio.

Sirius nunca había planeado ser padre, aunque en realidad no solía planear a futuro. Estaba emocionado por ser el padrino del hijo de James y Lily, nunca se imaginó que el sería el primero en tener hijos. Le emocionaba la idea de que sus niños y el pequeño Harry se hicieran amigos, le alegraba poder pasar la amistad Potter-Black otra generación.

A pesar de que se sentía extremadamente estresado, cada misión de la orden era más pesada que la anterior, la guerra parecía tener un futuro demasiado incierto, y la crianza de sus hijos era extremadamente cansada; una risa de los niños le devolvia la energía, y el saber que estaba luchando porque tuvieran un futuro hacia que todo valiera la pena.

O bueno, había estado luchando hasta ese día en la mañana.

Le habían asignado la misión de espiar un intercambio en el callejón Knockturn entre un mortífago y un mercader, debería haber sido una misión fácil. Sólo debía escuchar, no debía interferir. Pero el mortifago apuntó al hombre con su varita, y no pudo quedarse de brazos cruzados.

A pesar de haber fallado en su misión, eso no fue lo que causó su expulsión. Dumbledore le dio una reprimenda, se sintió otra vez como un estudiante: indefenso, pequeño; y lo peor era su mirada, esos ojos azules que suelen mirar al mundo con tanta armonía, y a el lo habían mirado tantas veces con orgullo, ahora lo miraban con decepción; la única vez que lo había visto así fue cuando el incidente de la cabaña de los gritos.

No había sido un error tan grave se decía Sirius, pero esa mirada lo rompió; no sabía si era el estrés acumulado o si simplemente se había despertado enojado, pero el simplemente explotó.

Le grito a Dumbledore que la guerra no tenía rumbo, que ellos arriesgaban sus vidas en misiones sin sentido y que parecía que no le importaba: cubriéndose en su escudo moral, guardando secretos y haciéndole creer a todos que sabía lo que hacía cuando en realidad estaba igual de perdido que todos; reclamó todo lo que se había guardado para sus adentros y estaba seguro que otros miembros de la orden pensaban similar; estaba cansado de que lo tratarán como un maldito títere. Cuando finalmente su garganta ardió de tanto gritar, busco la mirada del director; este simplemente le dijo que se fuera y que no volviera a pisar el cuartel, cuando quiso reclamar Albus lo silencio y le grito que se fuera. Y así lo hizo.

Ahora se encontraba en Cabeza de Puerco, ahogando sus penas, probablemente la orden se encontraba en una reunión y Dumbledore les estaba informando de su expulsión. Se preguntó si el hombre les contaría sobre su discusión, esperaba que no; James se pondría furioso si supiera todo lo que le dijo al "grandioso" Dumbledore.

Se terminó su cuarta botella, y estaba apuntó de pedir otra cuando una sombra conocida pasó por detrás suyo.

Quejicus.

Sabía que Snape era un mortifago y si estaba ahí significaba que no planeaba nada bueno. Sintió un cosquilleo en el estómago que no sentía desde que estaba en la escuela, cuando James y Sirius molestaban a Severus. Severus subió al segundo piso de la taberna.

Tal vez eso alegraría su velada.

Dejó el dinero en la barra, y se dispuso a seguir a Severus.