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Palpitaciones | Mernoski

Summary:

Desde que naces tenes un ritmo cardíaco rápido. La única vez que tu ritmo cardíaco es bajo y te sentís en calma es cuando estás en presencia de tu alma gemela. Pero la cosa es, podes estar en una habitación llena de personas y no tener idea de quién es tu destino. No tenes idea cuando le vas a encontrar, pero tenes un tiempo establecido. No hay tal cosa como las segundas oportunidades hablando de almas gemelas. Solo toma tu oportunidad.

Notes:

Especial de San Valentín con mini one shot de almas gemelas(⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)⁠✧⁠*

Está es una adaptación de @pinkmutantpotato! Créditos totales a ella.

Work Text:

Desde que naces tienes un ritmo cardíaco rápido. La única vez que tu ritmo cardíaco está bajo y te sientes en calma es cuando estás en presencia de tu alma gemela. Pero la cosa es, puedes estar en una habitación llena de personas y no tener idea de quién es tu destino. No tienes idea cuando le encuentres, pero tienes un tiempo establecido. El tiempo establecido en tu muñeca izquierda consiste en cuánto tiempo tienes para encontrarle antes de que tu corazón se desplome de lo rápido que late y te mate.

Ningún desfibrilador o cirugía puede salvarte después de eso. Y matará a tu alma gemela también.

Es una jodida y cruel situación. A veces tu alma gemela ni siquiera sabe que está por suceder. Pueden estar pasando su día cuando de repente sienta dolor en su pecho, su garganta poco a poco se irá cerrando, y entonces colapsará. Todos a su alrededor sabrá qué pasará y compartirán una mirada apesumbrada. Pero eso solo les pasa a los desafortunados. Debes esforzarte en encontrar tu alma gemela, resolver todo. Si tu ritmo cardíaco baja en una habitación llena de gente, espera hasta que las personas comiencen a irse. Si tu ritmo cardíaco se empieza a acelerar, deja la habitación y encuentra dónde está la fuente de alivio que te espera.

Algunas personas son incluso tan desafortunadas que tienen a su alma gemela viviendo en un país o estado diferente. Ni siquiera sabrás dónde está hasta que le encuentres o tu corazón se detenga.

Cuándo tu corazón se detiene, te da una descripción completa de quién era tu alma gemela y cómo se suponía que era. Además, te da una última vista a tu vida antes de que se deshaga entre tus dedos, dejando nada para llenar el espacio vacío entre tus dedos. No hay tal cosa como las segundas oportunidades hablando de almas gemelas. Sólo toma tu oportunidad.

La cosa con Lautaro es que tiene asma y ansiedad. A veces sobre piensa y eso lo lleva a un ataque de pánico porque piensa que su tiempo se ha acabado y está muriendo. Se necesitan múltiples tomas de su inhalador y una de sus pastillas para la ansiedad para calmarse. Pero eso no arregla su ritmo cardíaco.

Lo odia.

Odia el estúpido concepto de alma gemela que se ha apoderado de todos los aspectos de su mente, haciendo que no sea capaz de relajarse como una persona real. Lo pone muy enojado. Enojado porque solo quiere sentirse en paz, no como que está bajo un control establecido sobre una vida amorosa y un momento de reunión planificado.

Casi todas las noches solo se recuesta despierto, mirando el marcador de tiempo en su muñeca izquierda. Ve el tiempo disminuir más y más, sabiendo que potencialmente sea para encontrar el amor o la muerte. Su ritmo cardíaco aún no había disminuido, manteniendo su mente constantemente acelerada mientras su cerebro bloquea cualquier buena posibilidad para su vida. Así es hasta que se mudó a Palermo con su madre cuando cumplió quince años. Era como cualquier otro día: corazón acelerado, palmas sudorosas, dientes mordiendo su labio inferior.

Hasta que lo sintió.

Sintió la tranquilidad en su pecho, su corazón se ralentizó, lo que hizo que sus ojos se abrieran. Colocó una mano en su pecho, por un segundo imaginando si era su corazón que se empezaba a detener. Pero seguía latiendo. Seguía latiendo a un ritmo lento y firme, sonando de verdad. Hasta ahora odiaba el concepto de alma gemela, lo despreciaba con cada gramo de su cuerpo. Pero ahora sabía que tenía un alma gemela en algún lugar. Alguien hecho para él, que estaba cerca.

Espera, la puta madre, estaba cerca.

Ese pensamiento hizo que Lautaro se ahogase con su bebida en la cafetería abarrotada y mirara frenéticamente a cada otra persona en la habitación, tratando de echar un vistazo a su alma gemela. Sus ojos se detuvieron en un chico que encontró atractivo. Él era alto, delgado, castaño. Eddie tuvo una pequeña esperanza que fuera el indicado, hasta que un chico con cabello rubio cenizo rizado caminó hasta su lado y lo besó. Lautaro frunció el ceño, bajando la mirada. ¿Quién podría ser siquiera? Está habitación estaba llena de gente, pero la mayoría ya tenía a alguien, lo que dejó confundido al rubio.

Mientras juntaba sus cosas, Lautaro se paró y acomodó su mochila sobre sus hombros. Suspiró y abandonó la cafetería con bronca en el rostro. Estaba decepcionado, y solo quería conocer a quien era su destinado para estar. Lo estaba matando, un tanto literal también. Mirando su muñeca, tuvo una reacción tardía.

02:14:53:05.

Eso era todo lo que le quedaba. Dos días, catorce horas, cincuenta y tres minutos, y cinco minutos.

Manuel presionó el paso en su habitación, sacudiendo sus manos mientras hablaba y despotricaba sobre sus conspiraciones. Sus mejores amigos, Balza y Santiago (o Bauleti, como le decían), se sentaron en su cama y lo miraron de forma divertida.

"O sea, se alentó por como... ¡Cinco minutos!" Manuel dijo de nuevo, su tono lleno de irritación. Corrió sus manos a través de su cabello negro y se sentó demasiado enojado en la silla de su escritorio.

"Así que estaba en la cafetería con nosotros" Balza dijo "Obviamente" él añadió.

Manuel rodó los ojos, intentando pensar en alguien que haya visto en la cafetería sin pareja todavía. "Todos estaban saliendo con alguien más. Al menos lo que ví. ¿Mi cosa está rota?" Él paseó, refiriéndose al tiempo en su muñeca, sobre pensando otra vez como normalmente hacía. Levantó la mirada hacia Santiago. "Capaz seas vos y mi cosa solo está rota" Manuel habló, haciendo reír al castaño. Bauleti sacudió la cabeza, colocando su mano sobre su propio corazón. "Nop. Tengo ritmo cardíaco acelerado y con temporizador, amigo" Santiago contestó, palmeando el hombro de Manuel.

Un día entero pasó, y fue gastado enteramente en pensamientos confusos y miradas prolongadas en personas al azar alrededor de ambos chicos. Manuel se sentó con Zaira, mirando a cada persona que caminaba alrededor, mientras mantenía su mano sobre su corazón. "¡Zaira, esto es imposible! Nunca lo voy a encontrar" se quejó el pelinegro, suspirando pesadamente. Alzando la mirada de su libro, Zaira dejó salir una risa suave al ver a su amigo.

"Se supone que deberías estar estudiando literatura, no a las personas" ella dijo con una tranquilidad que alteraba más al chico.

Manuel se volteó, mostrándole su temporizador en la muñeca. "¡Pero mira! ¿Qué pasa si muero, Zai? ¿Qué vas a hacer si muero?" Él preguntó.

Zaira suspiró y bajó su libro, volteando para mirar mejor a Manuel. "Manu, no vas a morir. Le vas a encontrar. Realmente sentiste tu corazón alentarse, ¿no? Estaba ahí, lo sentiste" habló gentilmente, intentando ayudar a Manuel a sentirse mejor. "Seguramente está ahí afuera, Manu. Y va a nuestro colegio. ¿Viste a alguien irse antes de que tu corazón se acelerara otra vez?" Añadió, preguntándose si Manuel tal vez vio a alguien salir que potencialmente fuera del origen.

Sacudiendo su cabeza, Merlo puso su cara contra la mesa. "Esto no tiene remedio" él masculló.

Lautaro se quedó despierto, mirando atentamente a su muñeca. 00:10:12:32. No tenía mucho tiempo de sobra, y algo en su estómago le dijo que no se iba a lograr.

Empezó a aceptar su destino, pensando que sería su final por completo. No vería nunca más a su mamá, no haría nuevos amigos, no se convertiría en un exitoso hombre de negocios y no conocería a su alma gemela. Cerró sus ojos con fuerza, rezando silenciosamente para que las cosas finalmente siguieran su camino.

La mañana siguiente, Lautaro revisó el temporizador otra vez. 00:03:41:23.

Intentó convencer a su madre de que lo dejaría quedarse en casa y no ir a la escuela, la ansiedad inundando cada parte de él. Pero ella se rehusó, lo cual sorprendió a Lautaro, ya que usualmente ella lo dejaría quedarse en casa y marcaría el número del doctor. Pero hoy, ella solo había negado con la cabeza y dijo que la escuela era importante. Así que, mientras maldecía por lo bajo, Lautaro caminó hacia la escuela. Mantuvo su cabeza agachada, contando sus pasos mientras caminaba. Y una vez que llegó, ignoró a cada persona que pasaba y fue directo a su salón de clases.

El tiempo parecía ir más lento hoy para Manuel. Su pierna iba de arriba a abajo y se sintió un poco asustado por dentro. Ahora todo resonaba para él, sonando más fuerte y con mayor intensidad. No lo sabía, pero estaba teniendo un ataque de pánico completo mientras estaba en clase. Rápidamente se levantó cuando una ola de náusea lo golpeó y corrió al baño. Descargó el contenido de su estómago en el inodoro, para luego enjuagarse y lavar sus manos. El pecho de Manuel pesaba, y estaba sudando profusamente.

Estaba aterrado.

Todo ese sentimiento era terrible. Se suponía que las almas gemelas eran la felicidad. Así que ¿por qué Manuel se sintió como mierda? Ya ni siquiera le emocionaba conocer a su alma gemela. Su cerebro era un bucle constante de 'Voy a morir. Voy a morir. Voy a morir'.

Se quedó dentro del baño, demasiado asustado para irse. Si iba a morir, entonces podría hacerlo en el espacio vacío de la escuela en lugar de un salón de clases. Supuso que sería menos cicatrizante para las personas si sucediera allí en su lugar, bien podría hacer algo bueno para ellos en su última parada. Con manos temblorosas, Manuel se dejó caer al piso. Se sentó con su espalda contra la pared y miró a su estúpido y nunca antes tan odiado temporizador en su muñeca.

00:00:01:15.

Bajó lentamente su muñeca y tragó saliva, aspirando profundamente. Cerró sus ojos, apretándolos mientras se preparaba para lo que estaba por venir. Ni siquiera notó que estaba llorando.

Manuel estaba tan distraído repitiendo cosas en su mente, esperando su destino, que ni siquiera notó la puerta del baño abrirse. O el sentimiento de su corazón animarse a un ritmo tranquilo. Los pensamientos del pelinegro fueron interrumpidos cuando escuchó una suave voz que preguntó: "¿Estás bien?" Lentamente abrió los ojos y levantó la vista, ojos capturados por unos grandes chocolate llenos de empatía.

Sin responder correctamente, Manuel miró disimuladamente su muñeca sólo para ver qué no había nada ahí. Sus ojos se abrieron cómicamente mientras levantaba la vista hacia el chico. "Santa mierda..." Él masculló, lleno de asombro.

"¿Necesitas agua? Puedo ir por la enfermera..." Habló el chico más pequeño, sintiéndose preocupado por Manuel. El otro chico estaba tan atrapado en su preocupación, que ni siquiera notó que su ritmo cardíaco también estaba estable. Manuel negó con la cabeza, todavía embobado en el otro chico.

"Umh, n-no" tartamudeó. "¿Cuál es tu nombre?" Le preguntó.

Frunciendo las cejas, el rubio le dió una mirada confundida a Manuel. "Lautaro, ¿por qué?" La duda llenó su rostro.

Manuel tragó saliva y dejó escapar un suspiro tembloroso. "Lauti, ¿podes comprobar tu muñeca?" El pelinegro preguntó.

Fue en ese momento cuando Lautaro lo sintió. Sus ojos se abrieron con realización y miró su muñeca, encontrando que su temporizador tampoco estaba. "Oh, mierda..." Exhaló, y Manuel asintió. Lautaro estaba tan ansioso de chequear su muñeca desde que estaba en su salón de clases, no queriendo ver el alarmante tiempo esperando por él. Pero, claramente, no estaba esperando esto.

"Que gusto conocerte, Lauti. Perdón por no estar presentable para vos" Manuel dijo riendo, intentando añadir humor a la mezcla. Se levantó, quitándose el polvo de sus pantalones. Lautaro sonrió, apreciando el pequeño chiste.

"Gusto en conocerte también..." Lautaro se tranquilizó, y el pelinegro le dio una sonrisa también ante eso. "Manuel. Manuel Merlo" se presentó, sosteniendo su mano para que la tomara. Lautaro lo miró con curiosidad, tomó la mano del chico más alto en la suya y la apretó con cuidado.

"Manuel. Ese es un lindo nombre" admitió suavemente, tanto para sí mismo como para su alma gemela.

Así que, tal vez las almas gemelas no eran tan malas después de todo. Y tal vez este concepto ya no era tan terrible. Lautaro de hecho se sintió feliz, completa y genuinamente feliz. Y todo fue gracias al reloj que solía insultar todos los días y despreciar inmensamente. Y Manuel, él también estaba finalmente feliz. Se sintió tranquilo ahora, sabiendo que encontró al indicado cuando pensó que el ángel de la muerte lo encontraría y lo haría pedazos.

Lautaro conoció a los amigos de Manuel y los amó a todos. Y ellos lo amaron de vuelta. Balza le contó todas las anteriores conspiraciones de Manuel sobre las almas gemelas, y Lautaro se reía cuando escuchaba todos sus quilombos pasados, mientras Manuel intentaba cubrir la boca de Balza. "Hasta decía que su cosa estaba rota y que su alma gemela era yo. Gracias a Dios, no" Bauleti intervino, haciendo que todos en la habitación se rieran.

"Ibas a tener demasiada suerte si eso pasaba" Manuel bromeó, mirando a sus amigos riendo.

Lautaro mantuvo una sonrisa en su rostro, mirando a Manuel intentando impedir que sus amigos lo expusieran. El chico más pequeño ni siquiera estaba prestando atención ya, simplemente no dejaba de ver a su novio de lindos ojos verdes, tan brillantes como las estrellas que ambos solían apreciar.

Lautaro agradeció a cada dios ahí afuera que su madre cambiara de opinión y no lo dejara faltar a la escuela ese día. Finalmente se sintió tranquilo.

Manuel y Lautaro eran almas gemelas.