Chapter Text
Izuku se irguió de donde estaba, con la nariz prácticamente pegada al frasco de cristal, para girarse a buscar su cuaderno.
Primero echó un vistazo a su alrededor y al no encontrarlo en los sitios habituales, se puso de pie para ir a rebuscar entre el montón de cosas que yacían desperdigadas sobre su mesa de trabajo.
Movió y empujó los objetos hasta que por fin lo encontró. El viejo libro estaba parcialmente oculto bajo un montón de tallos, raíces y frutos.
Con poco cuidado, Izuku tiró de la orilla, preocupándose más por mantener derecho el frasco que sostenía con la mano derecha que por el montón de ingredientes que envió rodando por la mesa.
Estampó el cuaderno de nuevo sobre sus cosas y después buscó una pluma, cuya punta sumergió en un tarro de tinta que yacía en una repisa cercana, alejado del desastre como medida preventiva para no terminar derramándolo sobre su investigación otra vez.
Anotó las nuevas cantidades con prisa, embarrando la tinta y maltratando las hojas amarillentas en su afán por plasmar el nuevo descubrimiento antes de que escapara de su mente.
Una vez terminó, se giró para mirar el líquido rojizo que seguía arremolinándose en el interior. Ese bebedizo debería ayudar a mejorar la vitalidad de los alfas, para ayudarlos a sobrellevar los abrasivos ciclos de celo de los omegas. Últimamente recibía muchas visitas de alfas desesperados.
Dejó el frasco en una mesa adyacente, que, gracias a los cielos, estaba parcialmente despejada y después colocó su cuaderno en el librero cercano.
Los huesos de su espalda crujieron cuando se enderezó y él no pudo evitar sisear. Se sentía como si se hubieran encogido.
No estuvo demasiado sorprendido. Había pasado varios días encerrado en su laboratorio trabajando arduamente, era lógico que estuviera agotado.
Se limpió la frente con la manga de su camisa blanca y se sorprendió de lo cálida que se sentía su piel. El laboratorio siempre estaba frío y en esa época del año aún más; el palacio era tan grande que era casi imposible mantenerlo cálido y los salones menos usados se convertían en auténticas cavernas heladas.
Sus sentidos se sentían algo subyugados por el suplicio al que había sometido a su cuerpo y sabía que solo podría volver a la normalidad luego de una larga noche de sueño y un tazón de la sopa de pollo de su madre.
Giró el rostro para tratar de relajar los músculos de su cuello y después se dispuso a avanzar hacia el ventanal del fondo, que estaba cubierto por una pesada cortina marrón.
La sujetó por el borde y se asomó fuera. Era de noche y una suave ventisca soplaba contra el bosque al otro lado del cristal, agitando las ramas y levantando montones de hojas.
A sus espaldas, la puerta del laboratorio se abrió con brusquedad. Izuku ni siquiera tuvo que girarse a comprobar quien era. Solo había una persona que se atrevía a entrar así a su laboratorio.
Ignoró el dramático vuelco que sintió en el corazón y en su lugar, se forzó a mantener a su omega quieto y su aroma bajo control cuando notó lo mucho que se había endulzado.
—¡Deku! —llamó Kacchan, adentrándose en el espacio. El sonido de sus pesadas botas metálicas causó un ruidoso eco entre los muros de piedra. —¿Dónde mierda estás metido?
Izuku suspiró y se preparó para el regaño que estaba por recibir. Apenas tuvo tiempo para percibir su corazón acelerarse y su aroma florecer ante el llamado del alfa. Le gustaba ver a Kacchan y pasar tiempo con él, pero no por eso disfrutaba tener que soportar los sermones del otro, no importaba qué tan enamorado estuviera.
Avanzó y se asomó desde donde estaba, oculto por un librero.
—Aquí, Kacchan. —respondió, avanzando de vuelta hasta donde el alfa estaba de pie, frente a la mesa en la que había estado trabajando hasta minutos antes.
—La cara redonda me dijo que no has salido de aquí desde hace cinco días. —soltó Kacchan, girándose para mirarlo.
Izuku se tomó unos instantes más para apreciar la vista de su amigo de la infancia de pie frente a él, todo en su figura gritando su naturaleza alfa y su estatus como príncipe.
Había pasado un tiempo desde la última vez que lo vio. Kacchan había tenido que viajar a la frontera norte unas semanas antes para encontrarse con uno de los príncipes del reino vecino. No debía haber pasado mucho desde que volvió a palacio; su cabello estaba desordenado y en su aroma normalmente ahumado se arremolinaban los fragancias de su escuadrón.
Izuku estaba muy feliz de tener al alfa de vuelta en palacio. Lo había extrañado mucho y su presencia siempre lograba apaciguar un ansia en su interior.
—Estaba trabajando. —se excusó con una sonrisa, acercándose los últimos pasos que le restaban para alcanzar al alfa.
—Como siempre. —le gruñó Kacchan. —Ya que nadie tiene las bolas para venir a obligarte a actuar como un ser humano, vine a hacerlo yo.
Izuku se contuvo para no sonreír.
—No es necesario, Kacchan. Yo estaba a punto de-
—¿En qué estabas trabajando? —interrumpió el alto, olfateando el aire con insistencia.
—En una pócima vigorizante. ¿Porqué?
—Hueles diferente. —acusó, arrugando la nariz. —Dulce.
Izuku resistió la urgencia de olfatearse a sí mismo. ¿Dulce? Kacchan nunca le había dicho que olía dulce; siempre decía que el suyo era un aroma fresco, a menta, hierba fresca y ozono.
—Debe ser alguno de los ingredientes con las que estuve trabajando. Usé rosas y cerezas.
Kacchan inhaló de nuevo.
—Cereza. —dijo finalmente.
Supuso que tenía sentido. Había estado comiendo un montón esos últimos días, robándolas de los racimos que estaba usando en su trabajo.
Kacchan se movió por el laboratorio, observando todo a su alrededor con aparente desinterés. Se detuvo frente al frasco con la poción de un brillante rosado que se agitaba y refulgía como si tuviera polvo de estrellas.
—¿Dijiste que es una poción vigorizante? ¿Para qué?
Izuku se acercó para tomar el frasco y colocarle una tapa.
—Últimamente han venido muchos alfas a decirme que les cuesta seguir el ritmo de sus omegas cuando están en celo. —explicó, cerrando su cuaderno.
—Ha. —soltó Kacchan con burla. —¿Qué clase de alfa de poca monta necesita ayuda para complacer a su omega? Son una jodida vergüenza.
Izuku arrugó la nariz, yendo a guardar la poción en el gabinete del fondo.
—Hablas demasiado para nunca haber estado con un omega en celo.
O un omega en general. Hasta donde Izuku sabía, el codiciado príncipe alfa seguía siendo virgen a sus veinticuatro años. Era algo que hacía que cada omega de la nobleza soñara con él, fantaseando con la idea de ser quien tomara su primera vez.
Kacchan soltó un gruñido de disgusto y se cruzó de brazos, evidentemente molesto.
Izuku se giró para comenzar a recoger sus cosas, pero otro gruñido proveniente del alfa lo detuvo.
—Deja eso. —le ordenó. —Vamos, te acompañaré a tu habitación. Necesitas descansar.
El omega no se resistió. Quería descansar, pero además, ansiaba complacer al alfa. Era una necesidad de la que nunca podía deshacerse; demasiado grabada en su naturaleza como para tratar de ir contra ella.
Avanzó unos cuantos pasos por detrás del más alto, observando al hombre frente a él asomarse al pasillo, asegurándolo antes de permitirle a Izuku salir.
El aire helado del pasillo logró hacer que el pecoso se estremeciera. El laboratorio estaba frío, pero ahí afuera la helada era mucho peor.
Se abrazó a sí mismo, tratando de protegerse del viento y se contuvo para que sus dientes no castañearan.
Giró el rostro para observar el pasillo desierto a sus espaldas. Esa ala del palacio siempre estaba desolada. Había sido esa la razón por la que Izuku le había solicitado a la reina Mitsuki esa habitación cuando Kacchan le ofreció un puesto como apotecario de la corte. Privacidad y seguridad. El único problema, era que su habitación quedaba en el punto opuesto del palacio y eso implicaba una larga caminata para ir de un lugar a otro.
Tiritó sin poderlo evitar, sintiendo su piel erizada. Extrañamente, la ligera capa de sudor que cubría su frente no se había marchado. Se estremeció de nuevo y esta vez, un suave siseo escapó de sus labios.
Escuchó un suave roce frente a él antes de que una pesada, cálida presencia se estrellara contra su rostro.
La sorpresa forzó a Izuku a detener sus pasos de golpe. Se quedó quieto unos momentos antes de que el profundo aroma de Kacchan, ahumado y tintado de caramelo hirviente, se registrara en su mente.
Sus manos subieron para sujetar la tela roja de la capa del alfa y la apartaron de su rostro justo a tiempo para ver al otro alejarse por el pasillo.
Profundamente halagado por el gesto, Izuku se apresuró a acomodar la capa sobre sus hombros y trotó detrás de él, conteniendo su sonrisa.
—Gracias, Kacchan.
Como respuesta, el alfa gruñó.
—No es nada.
Pero sí que era mucho. Izuku sabía de un montón de personas, omegas, betas y alfas, que se morían por recibir al menos una mirada despectiva del príncipe. Izuku acababa de recibir su capa para cubrirse del frío.
Por supuesto, Izuku sabía que él era diferente al resto. Era el amigo de la infancia del príncipe, el omega más cercano a él y, además, uno de los miembros de su futuro gabinete. Era lógico que Kacchan tuviera instintos protectores con él, tal como lo tendría por un hermano.
No era el tipo de sentimientos que Izuku deseaba despertar en él, pero era con lo que había sobrevivido todo ese tiempo.
Y con lo que tendría que seguir viviendo por el resto de su existencia.
Kacchan era un alfa demasiado alto en la jerarquía, demasiado perfecto como para pensar que algún día podría interesarse en un plebeyo como Izuku. El pecoso ya era afortunado de poder estar en su vida y estaba listo para quedarse ahí hasta que el cenizo lo permitiera.
Antes de darse cuenta, ya se habían internado en el corazón del palacio, que estaba mucho más poblado.
Un montón de sirvientes se movían de un lado para el otro, preparando un banquete para el príncipe recién llegado y sus hombres. Las amas de llaves se detuvieron para suspirar a espaldas de Kacchan y los guardias que los vieron pasar enderezaron las espaldas.
Ochako estaba ahí, portando su uniforme de guardia y supervisando a los hombres bajo su mando. Incluso aunque estaba ocupada, la omega se giró para saludarlo, sonriendo en su dirección.
Izuku le devolvió el saludo, sonriente. Frente a él, Kacchan bufó.
Poco después, alcanzaron las escaleras que conducían a las habitaciones de los miembros de la corte. Entre ellas estaba no solo la de Izuku, sino la de Aizawa, el jefe de la guardia; la de Yagi, el ministro de diplomacia y por supuesto, la de Inko, su madre y jefa del personal del castillo.
Era una zona ostentosa, pero no se asimilaba ni un poco a lo que Izuku recordaba de la habitación de Kacchan, que solía visitar cuando eran niños y él aún no se presentaba como omega.
Había recorrido ese camino miles de veces; había crecido jugando en esos pasillos y no podía siquiera contar la cantidad de ocasiones que había rodado escaleras abajo por ir distraído. Conocía cada huella, cada grieta en el mármol y cada quiebre en las juntas. Sabía cuántos segundos le tomaba subir y cuántos bajar.
Por ello, le sorprendió sentirse falto de aliento a mitad de camino.
Inhaló profundamente, pero se sentía como si sus pulmones fueran incapaces de albergar más aire del que podía llevar a su interior con una respiración normal.
Se detuvo sobre uno de los escalones, sintiéndose agotado.
—¿Qué? —le preguntó Kacchan, dándose la vuelta para observarlo desde la parte más alta de la escalera.
—Uh- creo que estoy más cansado de lo que creí. —respondió una vez que logró recuperar el aliento. Continuó avanzando, sintiendo sus piernas hormiguear.
—Eso te pasa por trabajar tanto. —regañó Kacchan. —No puedo marcharme ni un día sin que vayas y te encierres en ese estúpido laboratorio tuyo.
—Bueno, tenía que mantenerme ocupado con algo, ¿no es así? Ya que no quisiste llevarme contigo.
Kacchan bufó.
—¿Para qué te habría llevado?
Izuku rodó los ojos.
—¿Tal vez porque sé de medicina, venenos y pociones? Además, soy uno de tus guardias de confianza. Y me habría gustado conocer al príncipe Todoroki.
Los hombros desnudos de Kacchan se tensaron.
—Olvídalo. —le gruñó. —Tú no vas a conocer a ese idiota.
—¿Por qué no?
—Porque es un idiota.
—Esa no es una respuesta, Kacchan.
El alfa no le respondió. En su lugar, continuó avanzando por el bien iluminado pasillo, que, afortunadamente ya se sentía cálido.
Unos instantes después, alcanzaron la puerta de la habitación de Izuku.
—Ordené que te prepararan un baño. —le dijo Kacchan, deteniendo sus pasos y girándose a mirarlo. —Ve y deshazte de ese aroma raro.
—¿El de la poción?
—Cuando termines, baja al comedor; mis padres organizaron un banquete para discutir lo que logramos acordar con Todoroki y quiero que me acompañes. Te guardaré un puesto junto a mí.
Oh- eso… era nuevo.
En las sillas del comedor había una jerarquía muy marcada. Los miembros de la familia real se sentaban a la cabeza, con la reina Mitsuki en el centro, flanqueada por su consorte y su hijo. Después de ellos, se sentaban los generales del ejército y diplomáticos importantes; a continuación, los nobles más cercanos a la familia real, ya fueran parientes o amigos y posteriormente, jefes de departamentos y personal destacado del palacio, entre los cuales, se ubicaba Izuku.
Que Kacchan estuviera invitándolo a sentarse con él, significaba… ¿Qué estaba ascendiéndolo?
Una oleada de calor se arremolinó en su interior, calentando su piel un poco más.
¿O, tal vez, cortejándolo?
Un escalofrío lo obligó a enderezar la espalda. Una sensación de urgencia que se extendió por su cuerpo logró hacer que las puntas de sus dedos picaran con la necesidad de tocar a Kacchan.
—Por supuesto. —accedió a la invitación, aun sin saber con exactitud qué significaba. —Te veré más tarde.
Kacchan le dirigió una de sus raras sonrisas, esa que estaba cargada de satisfacción y que acostumbraba llevar plasmada en el rostro durante una batalla.
Las manos del omega subieron hasta su pecho, en donde descansaba el broche que mantenía la capa de Kacchan en su sitio sobre sus hombros.
—Déjala. —le ordenó Kacchan, interrumpiendo sus acciones. —Puedes devolvérmela cuando terminemos de cenar.
Sin esperar respuesta por parte del omega, el príncipe se dio la vuelta y se alejó por el pasillo. La firme, casi rítmica cadencia de sus pesados pasos se desvaneció momentos después.
Izuku, que había estado observándolo desde su puerta, sintió su piel calentarse y tuvo que contenerse para no soltar un canturreo para llorar la partida del alfa.
🍒
Izuku se removió entre el agua caliente de la tina, la piel sonrojada y el cabello húmedo cayendo sobre su frente.
Llevaba un rato ahí sentado en el agua perfumada. Ya se había tallado el cuerpo tres veces y el cabello cinco y ni así había logrado deshacerse del aroma dulce adherido a él.
Incluso parecía que el vapor encerrado en el cuarto de baño estaba logrando volverlo más potente y a pesar de que olía bien, Izuku estaba comenzando a cansarse de él.
Cereza, había dicho Kacchan. Izuku normalmente no olía a cereza.
Había épocas en las que olía dulce, pero nunca había escuchado de nadie que su olor fuera el de la cereza.
Épocas…
Izuku jadeó y saltó fuera del agua, salpicando y haciendo un desastre de agua sobre el piso de mármol. Se estiró para tomar la toalla que había cerca y sin molestarse a detenerse para secarse el cuerpo o el cabello, se envolvió con ella y corrió de vuelta a su habitación.
Abrió la puerta y cruzó el umbral para dirigirse a su librero.
El viejo mueble de madera oscura albergaba los muchos diarios que Izuku había escrito a lo largo de su vida y en la repisa del medio, con un encuadernado color escarlata, había un cuaderno sin grabado en la portada o el lomo.
Lo abrió y buscó con urgencia la última página.
La fecha de su último celo había sido marcada apenas tres meses antes. Lo que significaba que aún le quedaban tres meses más para el próximo.
¿Por qué, entonces, se sentía como si estuviera comenzando?
No se había percatado antes, pues los síntomas del comienzo eran siempre similares al cansancio de una larga jornada de trabajo, pero eso que estaba sintiendo -el calor, el cansancio, la sensibilidad al frío- eran los signos que su cuerpo enviaba para avisarle que debía ponerse a salvo en su refugio.
Al menos sí que había logrado ponerse a salvo antes de que su aroma se profundizara. Eso era afortunado. No quería que ningún alfa lo oliera estando en celo.
Pero- por los dioses, Kacchan lo había olido.
Cerró su cuaderno de golpe y lo dejó con brusquedad en el escritorio para así poder cubrirse el rostro. Sentía sus mejillas calientes y sus ojos llorosos por la vergüenza.
Esta era una primera vez para él. La primera vez que Kacchan estaba cerca de él mientras su celo comenzaba.
Izuku siempre había sido cuidadoso con ello. Se conocía bien a sí mismo y estaba muy familiarizado con sus sentimientos por Kacchan. Había sido consciente desde que su celo vino por primera vez, que no podía estar cerca de él porque de lo contrario, terminaría evidenciando sus sentimientos.
Por ello, cada que la fecha se acercaba, él comenzaba a evitar al príncipe y apenas el primer síntoma se hacía presente, se aislaba en su habitación.
Kacchan nunca lo había cuestionado por ello. Él mismo apreciaba su privacidad y eso se extendía a la de otros también. Siempre había respetado ese límite impuesto por Izuku. Tanto así que, a pesar de haberse conocido por casi veinte años, nunca habían hablado de nada relacionado a sus respectivos intereses románticos, ni sexuales.
Izuku chilló. El solo hecho de pensar en Kacchan y sexual en la misma oración lo hacía alterarse.
Negó con la cabeza y se apresuró a ir a su armario. De ahí, tomó la bata que usaba durante su celo y volvió al cuarto de baño.
Se vistió con urgencia, eligiendo no ponerse ropa interior. Acabaría en el suelo dentro de pocas horas de todas formas.
Cuando estuvo seco, volvió a su habitación y se dispuso a comenzar a armar su nido.
En circunstancias normales, lo armaba con días de anticipación y se aseguraba de que los olores de las personas más cercanas a él estuvieran ahí -excepto el de Kacchan, por obvias razones-. Esta vez, tendría que conformarse con su propio aroma.
Su cama era lo suficientemente grande para albergar el nido, así que comenzó por ahí.
La manta más gruesa se convirtió en la base y las más delgadas en las paredes. Después, agregó las cobijas más suaves y esponjosas que tenía, seguidas de sus almohadas.
Comenzó a sudar a media tarea. Su respiración se volvió dificultosa y pronto estuvo escapando de sus labios entreabiertos en forma de jadeos. Sus párpados comenzaron a pesar y sus ojos se sintieron resecos.
Apenas terminara con el nido, tendría que buscar a su madre para que le llevara agua y comida suficiente para capear los días de celo que le aguardaban.
Usualmente, era trabajo del alfa encargarse de sustentar al omega durante esos días, saciando sus necesidades sexuales y manteniéndolo seguro; pero Izuku no tenía a un alfa para ayudarlo.
Cómo le gustaría tener a uno. Un alfa de cabello rubio cenizo, ojos carmín, brazos espectaculares y al que pudiera llamar KacchanKacchan mientras lo hacía venirse una y otra vez.
Sintió su rostro arder ante el pensamiento. Su aroma comenzó a emanar con mayor fuerza y su boca se aguó.
Se levantó sobre sus rodillas en medio de su nido, la respiración irregular y el corazón arrebolado. Ya estaba comenzando a sentir la necesidad de restregarse entre sus mantas y canturrear.
La bata verde que llevaba puesta se sentía incómoda, demasiado áspera y gruesa contra su piel a pensar de que estaba hecha de la seda más fina que se producía en su reino; un regalo de la reina Mitsuki por su cumpleaños número veinte.
Sin embargo, no podía quitársela aun; no cuando sabía que tenía que asomarse a llamar a alguien para que buscara a su madre.
No le agradaba la idea de tener que asomarse fuera. Lo inquietaba la posibilidad de ser visto por alguien que no fuera de su confianza.
De pronto abrumado por la idea, tuvo que recostarse en su nido, ansioso de esa sensación de confort que le traía estar ahí.
Frotó la mejilla contra su almohada preferida, sintiendo la lana blanca, suave y afelpada contra su piel. Esa había sido un obsequio de Kacchan, enviado anónimamente años atrás.
Gruñó con disgusto al percibir el nido demasiado vacío. Con cada celo que pasaba a solas en su habitación, esa sensación de insatisfacción aumentaba.
Izuku sabía que era producto de su lado omega volviéndose impaciente por su incapacidad de llevar un alfa al nido. Cada ciclo se volvía más desesperante, más intenso; y el pecoso sabía que era solo cuestión de tiempo para que él terminara cometiendo una idiotez.
Solo pedía a los dioses que fuera una idiotez que Kacchan pudiera perdonar.
Frotó sus piernas juntas y soltó un pesado suspiro. Su piel picaba por la necesidad de tener a alguien proveyéndolo de calor.
A veces le frustraba ser incapaz de aceptar las propuestas de los alfas de palacio para ayudarlo durante su celo. Siempre que se sabía que la fecha estaba acercándose, recibía al menos un par de invitaciones, pero nunca había pensado seriamente en aceptarlas; no cuando su corazón le pertenecía a alguien más; no cuando sabía que no podría dejar de pensar en Kacchan.
Kacchan…
Izuku anhelaba su presencia. Le había hecho falta todas esas semanas; tanto que la única forma de distraerse de lo mucho que lo deseaba había sido sumergiéndose en su trabajo.
Había esperado su regreso con tantas ansias, y ahora, no podría estar con él por al menos una semana más.
Oh- ahora que lo pensaba… también tenía que enviarle un mensaje a él, para hacerle saber que no podría acompañarlo durante la cena.
Restregó su rostro contra su nido una vez más y se puso de pie con piernas ligeramente temblorosas para ir hacia la puerta.
Mejor ir y encargarse de eso ahora antes de que su cuerpo comenzara a recibir la fuerza completa del celo.
Se detuvo al ver su percha junto a la puerta cerrada. En el alto perchero de madera clara, colgaba la capa de Kacchan.
El corazón de Izuku se aceleró y su respiración se atoró en su garganta cuando el aroma ajeno alcanzó su nariz.
Era el mismo aroma que lo había hecho suspirar durante toda su vida. Leña ahumada, brasas ardientes, naranja y caramelo concentrado; pero esta vez, se sentía mucho más potente, más encantador.
Soltó un gimoteo suave y sus rodillas temblaron.
Sin poder evitarlo, tomó una respiración profunda y su vientre se contrajo. Entre sus piernas, su miembro comenzó a endurecerse.
Había sido por eso que Izuku nunca había querido tener nada de Kacchan cerca durante su celo. Siempre había sido consciente de lo que ese aroma causaría en él.
Se quedó de pie en donde estaba, a medio camino hacia la puerta, con los pies clavados en la alfombra y sus instintos rogando por algo que sabía que no debía hacer.
Negó con la cabeza y dio un paso más, dispuesto a ir a la puerta para asomarse fuera.
Estiró la mano para sujetar el picaporte, pero al último momento se desvió y terminó enredando los dedos en la capa de Kacchan.
Percibió la textura áspera y gruesa del tejido justo antes de que el movimiento consiguiera soltar más del celestial aroma del alfa justo frente a él.
Se aferró con fuerza a la teja roja y unos instantes después, tiró de ella, arrancándola del perchero y agitando el mueble con tanta fuerza que por un instante creyó que iba a caer.
Retrocedió un par de pasos, con el corazón acelerado como si acabara de cometer un crimen y los dedos aun fuertemente aferrados a su trofeo.
Tragó saliva, sintiendo su garganta más cerrada de lo normal y se debatió unos instantes más sobre si debía reconsiderar sus acciones.
Porque una vez que cruzara ese límite no podría volver atrás. Nunca más estaría satisfecho durante su celo sin tener algo de Kacchan cerca para apaciguarlo. Nunca más podría actuar como si no le importara.
Y eso solo lo llevaría un paso más a ese punto de quiebre que tanto temía. A ese límite que cruzaría tarde o temprano y que terminaría por arruinarlo todo.
Pero- dioses, Izuku era débil por Kacchan. Siempre lo había sido. Y no podía resistirse.
Antes de darse cuenta, ya había llevado el borde peludo de la capa a su rostro y estaba presionándolo contra su nariz.
Inhaló profundamente y cada terminación nerviosa en su cuerpo se activó. Su piel se erizó, sus pupilas se dilataron y su celo lo golpeó con fuerza de un momento a otro.
Percibió la humedad entre sus piernas comenzar a deslizarse hacia abajo por las caras internas de sus muslos.
Sus colmillos cosquillearon y su boca se llenó de saliva.
Tomó otra desesperada bocanada de aire y gimió grave.
La súbita urgencia de tocarse a sí mismo se apoderó de él, por lo que se apresuró a ir de vuelta hasta su nido.
Trepó en el centro del desastre de mantas y volvió a presionar la capa contra su nariz. Cerró los ojos al tiempo que empujaba una de sus almohadas entre sus piernas.
Su erección, ahora por completo erguida entre sus piernas, se frotó contra la superficie firme, arrancándole un gruñido de placer.
Nunca antes se había sentido así durante uno de sus celos. Sabía que durante esos días su cuerpo estaba extra sensible por la necesidad, y que hasta el más mínimo tacto se sentía bien, pero esto iba mucho más allá. El aroma de Kacchan estaba haciéndolo reaccionar distinto.
Por supuesto que lo hace, respondió su omega en el interior, es mi alfa.
Izuku gimió contra la tela roja al tiempo que su mano derecha descendía por su vientre para finalmente rodear su miembro.
Sus ojos dejaron caer un riachuelo de lágrimas que se perdieron al hacer contacto con la superficie fibrosa de la capa.
Su piel ardía, su aroma se había salido de control. Entre sus piernas la humedad no hacía más que aumentar.
Estuvo sorprendido por lo rápido que fue. En circunstancias normales, a su celo le tomaba varias horas llegar a ese punto.
Era dolorosamente obvio que el aroma de Kacchan había sido lo que desembocó esa reacción. Lo más ridículo de todo era que seguro ni siquiera había sido la capa, sino el alfa en sí mismo, cuando se apareció en el laboratorio.
Izuku casi no podía creerlo. Había anhelado tanto a Kacchan que apenas lo vio de nuevo, su cuerpo decidió que era el momento perfecto para volverse fértil.
De no haber estado tan concentrado bombeando sus dedos alrededor de su erección, se habría reído de lo iluso que era.
Presionó la capa con más insistencia contra su rostro y su mente voló y voló, armando escenarios imposibles en los que estaba olfateando el aroma directo de la fuente; la piel de Kacchan, sudorosa y sonrojada, ardiendo contra la suya.
Izuku casi podía imaginar cómo se sentiría tener las manos ajenas sosteniendo su cadera, aferrándose a su cintura, acariciando su espalda. No le importaba cómo, mientras pudiera sentir el cuerpo de Kacchan contra el suyo.
Jadeó dificultosamente contra la tela, girándose en donde estaba enredado entre la capa y quedando sobre su estómago.
Levantó la cadera para poder seguir moviendo su mano, que se cerraba en un apretado anillo en la base de su erección.
La bata se había vuelto muy incómoda; pero en ese momento no podía siquiera pensar en detenerse para quitársela. Incluso eso parecía demasiado para su mente atontada por la necesidad de venirse.
Arqueó la espalda por instinto, pegando su pecho a la cama y separando los muslos, como si quisiera darle cabida a alguien.
Su cuello dolió por la posición, que lo forzaba en un ángulo incómodo, pero tampoco pudo hacer nada al respecto.
Todo en lo que podía concentrarse era en embestir contra su mano, cubierta de humedad pegajosa.
Gimió contra la tela roja de la capa una y otra vez, tan ensimismado en la sensación que no notó que estaba manchándola con su saliva y que definitivamente no podría explicar eso cuando la devolviera.
Kacchan estaría sorprendido al recibir su prenda, evidentemente usada por Izuku durante su celo. ¿Estaría molesto por ello? ¿O lo excitaría saber qué era lo que causaba en el omega?
Solo podía soñar con la mínima posibilidad de que a Kacchan le halagara saber que era él el que causaba que todo instinto omega floreciera en Izuku. Sabía que las posibilidades de ello eran prácticamente inexistentes y que antes lograría que Kacchan admitiera que el omega lo había vencido en un entrenamiento a considerar a Izuku como un buen partido.
Deseaba que su celo pasara pronto. Quería estar con Kacchan, así fuera solo como un miembro más de su círculo de guardias.
Quería entrenar con él; ver sus músculos flexionarse al blandir su espada. Su sudor correr por su frente. Su sonrisa feroz.
KacchanKacchanKacchan-
Se corrió entre sus dedos con un gemido ahogado. Su cuerpo entero se tensó por unos instantes antes de dar paso al placer cegador como una luz blanca que trajo consigo una profunda sensación de satisfacción.
Sus muslos temblaron y su muñeca dolió, pero apenas pudo prestarle atención a eso mientras la sensibilidad que había nacido en su vientre se extendía a lo largo de su cuerpo, relajando sus músculos y volviéndolos maleables como la arcilla.
Gimió de nuevo, abrumado por la sensación y sintió un par de lágrimas más escapar de sus ojos.
Se quedó quieto en donde estaba, permitiendo que su respiración se regulara poco a poco
Por fin, dejó que la posición que había estado manteniendo se relajara y él volvió a caer sobre su nido con un suave quejido. Su cuello protestó dolorosamente cuando se giró para librarlo del terrible ángulo.
Podía sentir su miembro punzar, aun sujeto entre sus dedos relajados. De su entrada húmeda chorreó el lubricante natural que su cuerpo producía. Sus pezones, olvidados pero erectos dolieron cuando Izuku se giró en el nido.
Jadeó, aun tratando de recuperarse de la atronadora fuerza de su clímax. Nunca antes se había sentido así.
Woah- si así se siente solo con el aroma de un alfa cerca… Ahora entiendo porque los omegas emparejados son insaciables durante su celo.
Abrió los ojos y clavó la mirada en el tejado de su habitación. Estaba oscuro; había cerrado las ventanas cuando recién entró. No podía ver casi nada.
Se removió sobre su nido, ahora exasperado por la sensación de su sudor secándose sobre su piel. No podía oler su propio aroma, pero incluso así sabía que la habitación entera debía apestar no solo a él, sino a su semen.
Hablando de eso…
Se giró de nuevo y soltó un jadeo cuando percibió el tacto ahora frío de su orgasmo.
Olvidándose de cualquier sensación de dicha que su reciente sesión de auto placer le hubiera traído, se sentó sobre el nido y tanteó con terror a sus alrededores.
Unos instantes después, lo comprobó.
Había manchado la capa de Kacchan.
Soltó un chillido aterrado y se apresuró a arrodillarse entre la oscuridad para tratar de comprobar el daño.
¡Maldición! ¿Qué iba a hacer ahora? Fantasear sobre ello estando dentro de su delirio había sido una cosa, pero tener que enfrentarse a una situación así en la realidad era aterrador. Kacchan estaría asqueado de ello. Nunca más volvería a dirigirle la palabra.
El aroma de su miedo comenzó a esparcirse en el espacio, entremezclándose con el de su placer.
No. No. No podría devolverle la capa así. Tenía que hacer algo.
Se enderezó, su mente ya trabajando duro para encontrar una solución a su problema.
Se puso de pie con piernas temblorosas y avanzó a ciegas hasta el escritorio.
Buscó a tientas el candelabro que siempre tenía ahí y después encontró el pedernal que usaba para encenderlo.
La vela, de pie sobre una bandeja que le permitía llevar la luz consigo a todos lados, comenzó a iluminar la habitación.
Izuku se giró y volvió a su cama. Ahí, encendió la vela que descansaba en la mesa de noche y después fue y encendió una que descansaba en un muro cercano.
No era ni de lejos la cantidad de luz que necesitaba, pero tendría que bastar. Así al menos podía ver los restos de su desastre.
Buscó la tela roja y siseó temerosamente al ver la mancha blanca que ya se había absorbido en el tejido y se golpeó la frente con exasperación.
¿En qué había estado pensando? Que idiota era.
Bien. Tranquilízate, Izuku. Tiene que haber algo que se pueda hacer.
Observó a sus alrededores con insistencia, tratando de encontrar algo que pudiera salvarlo y entonces, pensó en el agua que no había utilizado un rato antes, en su baño.
Izuku siempre guardaba un poco de agua cuando se bañaba; con la intención de poder enjuagarse la cara y lavarse las manos cuando fuera necesario.
¡Bien, bien! Usaría esa agua y su bañera para lavar la capa cuanto antes. Entre su celo y el revuelo por el regreso de Kacchan, nadie preguntaría en donde estaba y para cuando el omega volviera a integrarse con los otros habitantes de palacio, ya estaría completamente seca, libre de manchas y olores delatores y todo estaría bien.
¡Si! ¡Perfecto! ¡Problema resuelto!
—¡Oye, Deku!
Izuku saltó por el susto cuando la voz de Kacchan, seguida de un par de violentos golpes contra la puerta, rompieron el silencio de su habitación.
Observó la puerta, aun milagrosamente cerrada, con el terror sobrecogiéndolo.
¿Qué hacía Kacchan ahí? ¿No debía estar en el banquete?
Se quedó quieto en donde estaba, aun de rodillas sobre su nido. El miedo lo paralizó. ¿Qué haría si Kacchan descubría lo que estaba haciendo? Lo arruinaría todo. No podía permitirlo.
Se aseguró de no hacer ni el más mínimo sonido. ¿Tal vez, si fingía estar dormido, Kacchan se marcharía?
—¡Deku!
Izuku cerró los ojos, hizo una mueca y envió una plegaria al cielo.
—¡Deku, abre la jodida puerta o yo lo haré!
Unos segundos más de silencio transcurrieron antes de que el picaporte se sacudiera con violencia.
Sin poderlo evitar, Izuku soltó un chillido.
—¡Te escuché, pequeña mierda! —gruñó Kacchan al otro lado de la puerta. —¡Ven a dar la cara!
Oh- ¡Rayos! Izuku se había olvidado por completo de avisarle que no iba a poder ir al banquete; ahora Kacchan debía estar molesto por ello.
—¡Maldita sea, Deku! ¿¡Vas a abrir o no!?
Izuku tembló de pies a cabeza. Estaba seguro de que los restos de su celo aun eran visibles en él y le avergonzaba profundamente ser visto en ese estado, pero la otra opción era aún peor, puesto que implicaba que Kacchan entrara a su habitación por la fuerza y viera en persona la razón por la que Izuku se había perdido la cena.
—Y-ya voy. —soltó con voz temblorosa. Tenía que esconder la capa, tenía que-
—Tienes diez segundos. —repuso la voz molesta de Kacchan. Instantes después, comenzó a contar.
Maldición.
Dejó la vela sobre la mesa de noche y la capa en medio de su nido, parcialmente oculta bajo sus almohadas y otra manta. Al menos sabía que desde la puerta Kacchan no alcanzaría a ver su cama gracias al ángulo en que estaba colocada.
Se puso de pie y avanzó con rodillas inestables hasta la puerta. Deseó haberse movido más rápido antes. Así al menos podría haberse encerrado en el baño con la capa, o podría haber arreglado su cabello.
Alcanzó la puerta cuando la voz de Kacchan llegó al nueve. Retiró el pestillo del picaporte y se colocó de forma que su cuerpo cubriera la vista al interior.
Abrió la puerta un poco; apenas lo suficiente para asomar la mitad de su rostro.
Fuera, en el pasillo bien iluminado, Kacchan esperaba con los brazos cruzados.
Oh- dioses, esos brazos…
No, Izuku, concéntrate.
—¿Si?
Kacchan lo observó unos instantes, con el ceño fruncido y una mueca de desagrado plasmada en los labios.
—¿Por qué hueles así? —le preguntó con brusquedad, dando un paso al frente.
Izuku resistió la urgencia de retroceder. No podía hacerlo; no cuando eso le daría la oportunidad a Kacchan para entrar a la habitación.
—¿Así como?
Bien, Izuku. Bien. Finge demencia.
Kacchan gruñó.
—A sexo.
Lo obtuso de la declaración lo descolocó momentáneamente. Su terror debió reflejarse en su rostro, pues la expresión de Kacchan se oscureció.
—Y no hueles solo a ti. —continuó diciendo; su mirada se ensombreció. —Hueles a…
Oh-
Oh no.
—A alfa.
Izuku apenas logró sujetar la puerta cuando Kacchan la empujó con fuerza.
—¿¡Quién mierda está ahí dentro, Deku!?
—¡Nadie!
—¡Déjame entrar!
—¡No!
—¡Maldición, voy a matar al jodido bastardo que se atrevió a ponerte un dedo encima! —gruñó, mostrando los colmillos y empujando una vez más la puerta.
—¡No hay nadie, Kacchan! ¡Yo-!
Izuku no pudo terminar de soltar su desesperada explicación. Su cuerpo, debilitado por la fuerza de su celo, eligió que ese momento era perfecto para que una oleada de calor lo golpeara; su vientre se contrajo y su rostro ardió.
Su agarre sobre la puerta flaqueó y Kacchan aprovechó el instante para empujarlo, por fin haciéndolo retroceder y adentrándose en la habitación como si fuera la suya.
Izuku sintió una punzada de molestia, pero no experimentó para nada esa territorialidad desmedida que los omegas sentían por su nido al estar en celo. Eso era debido a que quien estaba invadiendo su territorio era también el único alfa bienvenido a entrar en él.
Aun así, correteó detrás de Kacchan y tiró de su brazo, tratando de hacerlo retroceder. No podía permitir que viera su nido y la evidencia de lo que acababa de ocurrir. Lo arruinaría todo.
—¡Kacchan, no! —llamó, rodeando el antebrazo ajeno con ambas manos. —¡Vete, por favor!
—¿Por qué además huele a miedo? —gruñó el otro, aun avanzando en la habitación. —Deku, te juro que si estás escondiendo a alguien te voy a-
Cuando las palabras del alfa se cortaron de golpe, apenas a unos pasos de la cama y con los ojos clavados en el nido, Izuku supo que acababa de ver aquello que había estado tratando de ocultar tan desesperadamente.
Soltó su agarre y se apresuró a rodear al otro, plantándose frente a él y cubriendo sus preciosos ojos carmín con las manos.
—¡No! ¡No mires! —rogó, empujando al alfa con fuerza para hacerlo detenerse.
Logró forzarlo a retroceder un par de pasos antes de que Kacchan se repusiera.
Su mano derecha rodeó una de las muñecas de Izuku y tiró de él para que lo soltara.
El omega no pudo resistirse. No cuando pudo sentir en el agarre la impetuosa fuerza del otro, apenas contenida bajo su piel caliente.
El aroma de Kacchan se irguió entre ellos, tan dominante como siempre, pero esta vez se sentía abrasivo, como si tuviera la capacidad de consumir todo aquello a su paso y arruinarlo irremediablemente.
Izuku bajó la mirada; sus instintos sometidos ante la dominancia del alfa. Ensimismado como estaba, no pudo siquiera resistirse cuando Kacchan lo empujó sobre la cama.
Cayó sobre su nido, desacomodando los bordes y creando un desastre con los cojines que cayeron al suelo. Inmediatamente después, escuchó los pasos de Kacchan alejarse, en dirección a la puerta.
Su corazón se rompió en cientos de pedazos y cualquier rastro de calor de su celo se esfumó, convirtiéndose en una estaca de hielo que se clavó en su pecho.
Acababa de ser rechazado. Kacchan debía odiarlo. ¿Qué iba a pasar ahora?
La puerta se cerró con fuerza, sacudiendo los muros y causando que las flamas de las velas, que aún ardían, titilaran dramáticamente.
El estruendo fue tal, que el cuerpo de Izuku se sacudió también. Gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
Se apresuró a abrazarse a sí mismo, tratando de darse algo de calor. Agachó la cabeza para tratar de ocultar su vergüenza, así fuera solo para sí.
Pudo sentir en nudo de su garganta apretarse y aflojarse un par de veces antes de que por fin se relajara lo suficiente como para dejar escapar un sollozo.
Pero entonces, un pesado suspiro que venía desde la puerta lo interrumpió.
Alarmado, Izuku se giró. Instintivamente, retrocedió para adentrarse más en su nido.
Kacchan seguía dentro de la habitación, ahora recargado contra la puerta. Tenía los ojos clavados en él y la expresión de su rostro se veía contrariada.
Se miraron en silencio.
Izuku sintió un revoltijo de confusión. ¿Por qué estaba Kacchan ahí? ¿Qué quería con él luego de haberlo rechazado?
Su aroma se transformó por la aversión. No quería que siguiera ahí. No quería tener que seguir viéndolo, no cuando eso solo servía para restregarle en la cara todo lo que acababa de perder.
Las palmas de Kacchan, que se habían mantenido extendidas contra la puerta, se cerraron en puños.
—Maldición. —soltó el alfa con voz ronca, parcialmente estrangulada. —Yo- mierda- no debí entrar así. Lo siento, Izuku.
El omega se quedó quieto en donde estaba. No creía haber escuchado a Kacchan decir Lo siento en toda su vida.
—Creo que- —siguió Kacchan cuando el silencio se extendió. —que debería irme, ¿no es así?
Izuku fue incapaz de moverse, ni siquiera para asentir o negar con la cabeza. Kacchan dio un tentativo paso a un lado antes de detenerse en seco.
—No puedo. —soltó el alfa. —No puedo marcharme luego de haber visto eso.
El siguiente movimiento de Kacchan fue otro paso, pero esta vez al frente, hacia la cama de Izuku. Hacia el nido.
Curiosamente, el omega no se sintió amenazado.
—Estabas… ¿con mi aroma? —ante la pregunta del alfa, Izuku solo pudo apartar el rostro; sus mejillas ardieron por la vergüenza. —Izuku, mírame.
Obedeció inmediatamente. No dudó ni un instante.
Kacchan pareció aliviado con ello.
—¿Puedo… puedo quedarme? —preguntó el alfa a continuación. —Cuidaré de ti, Izuku. Déjamelo todo a mí.
El omega en su interior forcejeó por el control, animándolo a que se diera la vuelta y presentara su cuerpo para que el alfa lo tomara. Izuku resistió el control con todas sus fuerzas.
En su interior, se desató una batalla entre su mente racional y su omega, que se retorcía de ganas de tener a Kacchan en el nido.
Alfa nos quiere. Es nuestro, podemos tomarlo.
¡Ten dignidad!
Abre las piernas y recuéstate.
Deberíamos preguntarle por qué quiere quedarse.
Se lo preguntaremos cuando haya anudado.
Excelente punto.
Izuku se echó hacia atrás sobre el nido, descansando sobre sus codos; la mirada clavada en los ojos del alfa, quien seguía de pie en donde lo dejó, gesticulando nerviosamente con las manos; un hábito que había adquirido del omega.
—Ven, alfa.
Kacchan se movió de inmediato, con pasos ansiosos y el aroma arrebolado.
Sus pesados pasos resonaron en la habitación. Izuku se tensó al escuchar el fuerte retumbar del acero contra la piedra del suelo y Kacchan reaccionó con rapidez. Se detuvo en seco y se deshizo de las botas con urgencia.
Continuó avanzando, visiblemente ansioso. Izuku tuvo un par de instantes para sentir un raudal de adoración formarse en su pecho ante la visión.
Kacchan alcanzó el nido en un santiamén. Se detuvo frente a él y lo observó con ojos oscurecidos; su respiración acelerada resonaba entre los altos muros de la habitación; Izuku supuso que el fuerte aroma de su celo estaba afectándolo.
El omega estiró la mano derecha en dirección al alfa. Kacchan tragó saliva antes de tomarla.
Sus dedos calientes entraron en contacto e Izuku sintió su piel vibrar.
Nunca antes había sujetado la mano de Kacchan. En el pasado, jugando cuando eran niños; o en el presente, entrenando con los guardias, lo único que habían llegado a hacer era aferrarse a la muñeca ajena con un ímpetu que muchas veces les había ganado burlas del resto.
Por eso, cuando los largos dedos del alfa se deslizaron a lo largo de su palma, no pudo evitar sentirse sorprendido por lo suave de su piel, casi tan delicada como la seda de su bata y el doble de confortante.
Sintió su piel calentarse por la expectativa; su celo latente se avivaba con cada respiración; efervescente ahora que el aroma de un alfa revoloteaba a su alrededor; una promesa de que pronto se encontraría satisfecho.
Tiró de Kacchan con más fuerza, instándolo a adentrarse en el nido. El alfa se dejó hacer, arrodillándose sobre la cama y después cruzando el límite creado con las mantas, teniendo cuidado de no desacomodar nada.
Finalmente, Kacchan cayó sobre Izuku.
El omega se recostó por completo sobre su nido y el alfa se apresuró a cubrirlo con su cuerpo más grande.
Su omega interior vibró de emoción al por fin tener a Kacchan en el nido. Había pasado años fantaseando con ello y por fin, luego de una eternidad, estaba ahí, sobre él y observándolo con la mirada oscurecida por la lujuria.
El aroma potente que emanaba del cuerpo ajeno, olfateado muchísimo más cerca que nunca antes, causó que de la garganta de Izuku escapara un suave gimoteo.
Apenas tuvo tiempo para ver las pupilas de Kacchan dilatarse; pues un instante después, el alfa ya había saltado contra él y estaba presionando sus bocas juntas.
El sorpresivo movimiento causó impresión en él, pero ésta no duró mucho. De inmediato, su cuerpo se relajó ante el contacto; complaciente y necesitado.
Sintió la textura reseca de los labios de Kacchan contra los suyos; calientes y ligeramente ásperos. Su corazón latió con atronadora fuerza en su pecho, galopando como loco contra su esternón.
Esa era la primera vez que alguien besaba sus labios. La primera vez que cualquier persona estaba así de cerca de él.
Sintió las palmas de sus manos húmedas y su estómago revolotear por la emoción. Solo logró contener su canturreo satisfecho gracias a que los labios ajenos seguían contra los suyos.
Correspondió con algo de torpeza. Su inexperiencia fue evidente desde el primer momento. Sus movimientos no se coordinaron con los de Kacchan; él abrió la boca y el alfa también; después, cuando la cerró, el alfa lo imitó. Como resultado, el beso fue incómodo durante unos cuantos instantes; Izuku sintió su rostro arder por la vergüenza. Que par de torpes eran.
Afortunadamente, Kacchan se encargó de arreglarlo.
Soltó un gruñido exasperado contra sus labios antes de que los dedos de su mano derecha subieran para sujetar la mandíbula del omega. Dio un apretón dominante antes de hablar contra él.
—Abre. —ordenó con voz áspera. —Y mantén los labios relajados.
Izuku obedeció de inmediato. Siguió las instrucciones e incluso ladeó un poco la cabeza, mejorando el ángulo. Como recompensa, Kacchan soltó un canturreo satisfecho antes de volver a cernirse sobre él.
Ese cambio hizo maravillas por el beso. Sus labios encajaron a la perfección; el inferior de Izuku quedó atrapado entre los de los alfa, quien se presionó al frente con más entusiasmo.
El omega se apresuró a rodear el cuello ajeno con ambos brazos, atrayéndolo hacia sí con urgencia. Kacchan le respondió dejándose caer sobre él un poco más, casi aplastándolo con su peso.
Sus piernas, que estaban enredadas con las ajenas, se deslizaron hacia arriba, creando un roce rígido al frotar la tela áspera de los pantalones del alfa.
Sus aromas, que revoloteaban a sus alrededores, comenzaron a entremezclarse, creando una combinación apetecible y adictiva que de inmediato puso la cabeza del omega a dar vueltas.
La potencia de su celo comenzó a aumentar. La presión en su vientre y su desesperación por tener al alfa contra tanto de su cuerpo como fuera posible comenzaron a enloquecerlo.
Sus brazos, que seguían rodeando el cuello ajeno, se deslizaron fuera del agarre para pasar a sujetar la mandíbula del alfa con afán, manteniéndolo en donde estaba mientras él tomaba el control del beso.
Jadeó contra la boca ajena, desesperado. Lamió el labio inferior de Kacchan y después lo succionó con un poco más de fuerza de lo adecuado.
Kacchan gruñó contra él, pero no intentó detenerlo. En su lugar, se removió en donde estaba sobre él, frotando sus piernas juntas y presionando su pelvis hacia abajo, contra el abdomen del omega.
Izuku gimoteó de disgusto cuando el roce no se dio en el sitio que él necesitaba. Su frustración creció y sintió sus ojos arder cuando un montón de lágrimas se acumularon en ellos.
Sus manos se movieron para aferrarse a los hombros ajenos, tratando de lograr así que el alfa se moviera como él quería, pero incluso eso fue difícil de lograr cuando la fuerza de su celo lo golpeó.
Kacchan gruñó contra su boca una vez más antes de erguirse con urgencia. Izuku soltó un quejido de disgusto antes de notar qué era lo que el otro estaba haciendo.
El alfa se movió en donde estaba de rodillas sobre el nido, hundiendo las mantas con su peso. Izuku lo observó sin mesura; en ese momento no tenía por qué ocultar la fascinación que sentía por él.
Sus ojos vagaron por el cuerpo del otro con ansias. Su piel pálida se había tostado gracias al tiempo que estuvo fuera de palacio; su pecho fornido subía y bajaba con las aceleradas bocanadas de aire que tomaba con la boca abierta, bordeada por labios rojos y que brillaban gracias a los restos de saliva que seguían ahí.
Izuku gimoteó de necesidad, sintiendo su vientre inundado de la sensación cálida producto del celo.
Kacchan, que había estado observándolo con el mismo ímpetu, continuó moviéndose cuando el sonido escapó de los labios del omega.
Sus manos grandes bajaron para acariciar los costados del cuerpo de Izuku. Después, las deslizó hacia abajo con un tacto tan suave que casi se sintió como si estuviera haciéndole cosquillas.
La bata de seda seguía cubriendo el cuerpo del omega, pero ya estaba arrugada por el constante vaivén. El borde, que normalmente alcanzaba la mitad de sus muslos, se había deslizado hacia arriba gracias al movimiento de sus cuerpos.
El alfa se detuvo a apreciar la vista unos instantes más antes de que sus manos rodearan la cadera de Izuku y después alcanzaran sus muslos. Los rodeó con dedos largos que no alcanzaron a rodear completamente la cara externa y con un suave tirón, lo instó a separar las piernas.
Izuku cooperó entusiasta; flexionó ambas piernas y las separó, siguiendo los movimientos ajenos para así ayudar a que el cuerpo del alfa se colocara entre ellas.
Sus respiraciones agitadas se sincronizaron y el anhelo que el omega sentía por él se redujo un poco cuando sus cuerpos volvieron a encontrarse.
Se apresuró a rodear el tronco ajeno con las piernas. Kacchan tenía una cintura maravillosamente pequeña y eso le permitió cruzar sus tobillos por detrás de su espalda y atraerlo hacia sí de nuevo.
El alfa volvió a caer sobre él y de inmediato, sus bocas volvieron a unirse.
Las ansias que su celo estaba forzando sobre él causaron que Izuku abriera más la boca contra la del alfa. El beso se profundizó y Kacchan soltó un gruñido contra sus labios.
Los dedos del omega se enterraron con fuerza en la espalda del alfa cuando éste embistió contra él, por fin creando algo de contacto en el sitio que tanto lo necesitaba.
Arqueó la espalda, tratando de poner más de sí a disposición del alfa. Su erección punzó contra el frente de la bata y la siguiente embestida del alfa lo estimuló directamente.
Giró el rostro para romper el beso y así poder gimotear con libertad. Le estaba costando respirar con Kacchan devorando su cara.
El cenizo gruñó de disgusto al perder el contacto y se apresuró a besar la comisura de su boca, embistiendo contra él con mayor entusiasmo.
Izuku volvió a sacudirse y los labios del alfa se recorrieron para pasar a besar su mejilla, su mandíbula y posteriormente, su cuello.
Kacchan pareció encontrar el contacto ahí demasiado tentador como para resistirse, pues se apresuró a rodear la cintura del omega para tirar de él y acomodarlo en una posición más conveniente para seguir besando su cuello.
Izuku se estremeció cuando los labios del alfa succionaron en el sitio detrás de su oreja para después continuar hacia abajo, dejando un camino de marcas rojizas en su piel de por sí ya sonrojada. El cuello de la bata estorbaba, así que el cenizo tiró de ella con fuerza, apartándola del camino.
Con el camino libre, Kacchan alcanzó la zona en que su cuello y su hombro convergían y presionó su nariz contra el sitio en donde la glándula de su aroma reposaba, cosquilleante e hinchada.
El contacto fue ligeramente doloroso. Sensible como estaba, cualquier roce servía para sobre estimularlo.
El alfa, sin embargo, se encargó de relajarlo. Besó la piel que rodeaba la glándula y después depositó un suave beso en ella antes de succionar.
La humedad entre las piernas de Izuku aumentó de golpe, alentada por el contacto de sus cuerpos y el fuerte aroma que seguía respirando. De su erección chorreó un hilo de preseminal y entre sus muslos pudo sentir humedad correr.
Todos sus instintos omega se dispararon. El alfa estaba tan cerca de morder; de hacerlo suyo definitivamente. Tenía que lograr que lo hiciera en ese mismo momento.
Izuku gimoteó, exponiendo el cuello para instar a Kacchan a morderlo. Giró la cadera, presionando su erección contra el vientre ajeno. El aroma almizclado de su flujo se elevó en el aire.
El alfa, sin embargo, no lo complació.
Soltó una risa ronca contra su piel y se dispuso a hablar, la boca aun pegada al cuello del omega.
—Paciencia, Izuku.
Los ojos del omega se llenaron de lágrimas de frustración. ¿Qué más tenía que hacer para que Kacchan lo aceptara? Ya lo había invitado a su nido y estaba dándole acceso para marcarlo.
Supuso que seducirlo hasta que el alfa no pudiera pensar en nadie más era su única opción.
Coló sus manos entre sus cuerpos y se dispuso a buscar a tientas el primer botón de su bata.
El broche dorado salió de su sitio con un suave pop que llamó la atención de Kacchan.
El alfa se separó de él para averiguar qué había sido el sonido y se quedó quieto apenas lo descubrió, muy interesado en ver aparecer la piel desnuda de Izuku.
Bien. Eso era lo que quería.
Izuku deslizó sus dedos por el borde de la seda suave y alcanzó el segundo botón. Jugueteó con él unos instantes, embobado con la mirada oscura en los ojos ajenos, antes de finalmente deshacerlo también.
La bata abotonaba hasta muy arriba, cubriendo su cuello para proteger sus glándulas, así que el movimiento solo sirvió para exponer sus clavículas.
Kacchan gruñó. Sus ojos vagaron ansiosos por la poca piel que alcanzaba a divisar.
Izuku se regocijó en la idea de hacerlo esperar antes de que la urgencia de su celo lo presionara a moverse más rápido. Deshizo dos botones más sin molestarse en tratar de verse seductor.
Llegó hasta su ombligo antes de que el repentino movimiento del alfa lo detuviera.
Kacchan soltó un bufido exasperado antes de moverse para sujetar las muñecas de Izuku, apretándolas entre sus dedos calientes y empujando para colocarlas sobre la cabeza del omega, enterradas entre la almohada mullida sobre la que estaba recostado.
El movimiento le permitió tener acceso sin restricciones al torso de Izuku, que subía y bajaba con pesadez en cada respiración tomada.
Kacchan no perdió el tiempo y de inmediato soltó sus muñecas para colar sus propias manos debajo de la bata.
El contacto de su piel caliente causó que Izuku se estremeciera y soltara un suspiro de placer.
Dedos largos y calientes acariciaron su costillar, palpando los suaves relieves con reverencia. Los ojos de Kacchan estaban cargados de adoración que brillaba junto a la lujuria que se había apoderado de él.
Izuku se distrajo observando el precioso color rojo en los irises ajenos. Tal vez por eso no se percató de inmediato de hacia dónde estaban moviéndose las manos de Kacchan.
Estaba concentrado apreciando los coloridos matices rojizos cuando un relámpago de placer se disparó a lo largo de su cuerpo. Su espalda se arqueó y sus muslos apretaron la cadera de Kacchan. De su garganta escapó un profundo gemido y sus párpados se cerraron.
Escuchó el sorprendido Hum de Kacchan antes de que las yemas de sus pulgares volvieran a frotar los pezones de Izuku.
El toque se repitió, esta vez con detenimiento. El omega volvió a estremecerse y un lloriqueo más salió de sus labios.
Se sacudió entre su nido, sintiendo las fibras de la capa de Kacchan debajo de su espalda.
Piel cálida acarició la aureola de ambos pezones, bordeando las orillas rosadas antes de pasar a juguetear con las endurecidas protuberancias.
Fue como si un rayo hubiera impactado el cuerpo de Izuku. El placer se esparció por su cuerpo y su mente se confundió. Se sentía muy bien, pero al mismo tiempo era como si su cuerpo no pudiera resistirlo.
Sus manos se movieron para ir a sujetar las muñecas de Kacchan, tratando de lograr que detuviera sus movimientos para que así el cuerpo de Izuku pudiera dejar de estremecerse.
Su piel vibró al entrar en contacto con Kacchan. Incluso ese desesperado intento por calmar la sobreestimulación de su cuerpo lo hizo sentir adoración pura por el alfa entre sus piernas.
En días normales, la fuerza de Izuku estaba muy a la par de la de Kacchan; sin embargo, en su estado febril, el tacto del omega fue apenas un roce para el otro.
Incluso así, Kacchan detuvo sus movimientos.
—¿No se siente bien? —preguntó con urgencia; incluso su expresión se había transformado por la preocupación.
Izuku apretó los labios para contener su canturreo de aprobación.
—Kacchan… —logró decir, sintiendo la garganta muy seca. —Se siente muy bien, pero-
El alfa esperó unos instantes a que Izuku continuara.
—Es… extraño. —se explicó el omega. —Me asusta lo bien que se siente. No sé si podré controlarme.
Kacchan parpadeó en su dirección.
—No tienes que tener miedo, ni controlarte. —aseguró, maniobrando sus manos para ser él quien sujetara las muñecas de Izuku. —Déjate llevar. Yo me encargo del resto.
Izuku estuvo preocupado por la idea de dejarse ver por completo por Kacchan.
Lo había amado en silencio tanto tiempo. Había soñado con encontrarse con él en una posición similar a la de ese momento muchísimas veces. Y, sin embargo, ahora que se enfrentaba a la realidad… le asustaba la idea de dejar que el otro viera ese lado suyo.
¿Qué si su efusividad asustaba a Kacchan? ¿Qué si pensaba que Izuku era indecente y decidía que no quería tener nada que ver con él?
—Deja de hablar idioteces, Izuku. —regañó el alfa. Oh. ¿Izuku había dicho todo eso en voz alta? —Si, lo hiciste idiota. ¿Qué mierda es eso de asustarme? ¡Yo no le tengo miedo a nada!
Izuku lo miró con un puchero.
—No voy a sentir nada de lo que temes. —continuó el alfa. —He estado soñando con este momento por años.
—¿A-años?
—Un celo no va a ahuyentarme. Basta de subestimarme.
—Es que…
Kacchan no tenía idea de lo que estaba hablando. No sabía lo insaciables que los omegas podían llegar a ser. E Izuku estaba seguro que al combinar su celo con su enorme deseo por Kacchan, sería aún peor.
Miró de nuevo en dirección a Kacchan. Se veía increíble ahí en el nido de Izuku, con el cabello revuelto, los labios hinchados y los ojos brillantes, esperando por su aprobación para continuar su encuentro. Que buen alfa era. Tan paciente.
—Uh… —continuó vocalizando Izuku. —Yo… eh- No tengo más excusas.
Kacchan resopló.
—Al fin. —bufó. —¿Ya puedo poner mi boca sobre ti?
Izuku soltó un sonidito escandalizado. Sus piernas volvieron a apretar el cuerpo ajeno. Cuando tiró de sus manos, el fuerte agarre de Kacchan le impidió moverse.
Sintió su rostro arder por la vergüenza y un tirón de excitación en el vientre. Asintió como respuesta al alfa.
Eso parecía ser todo lo que Kacchan necesitaba. Menos de un segundo después, el estímulo en su pecho regresó y la boca caliente del alfa se pegó contra la columna de su cuello, dejando un rastro de besos húmedos.
Izuku se estremeció. Sus manos recién liberadas se movieron para aferrarse a donde fuera en el cuerpo ajeno. Los aromas de ambos se alzaron entre el nido, mezclándose.
Los dedos de Kacchan le dieron un tirón más a sus pezones endurecidos y sus labios succionaron en la base de su cuello antes de separarse.
El alfa se irguió y observó a Izuku con ojos brillantes por el deseo.
Sus pupilas se habían dilatado al máximo. Sin duda producto de la potencia con la que el aroma del omega estaba golpeándolo.
Kacchan tomó una profunda respiración antes de volver a agacharse. Ésta vez, sin embargo, no se dirigió a su cuello.
Su respiración se estrelló contra la piel sensible del pecho de Izuku. Instantes después una lengua caliente lamió con fuerza, humedeciendo la piel rosada.
Un agudo gemido escapó de la boca de Izuku. Su espalda volvió a arquearse y sus dedos se enterraron en la piel del alfa.
Labios rojizos se cerraron sobre el pezón abusado y succionaron con urgencia antes de liberarlo y volver a lamer.
Mientras esto ocurría, los dedos de Kacchan seguían jugueteando con la otra protuberancia, estimulándola tanto que la piel se tiñó de un vivaz color rosado.
Izuku se removió en el nido con la mente nublada por el placer. Su omega se sacudía con fuerza en su interior, instándolo a liberar más de su aroma y aumentando la humedad entre sus piernas.
Su erección punzaba, oculta bajo la bata esmeralda. Estaba chorreando tanto que seguro ya había dejado una mancha en la fina seda.
Sus pezones punzaban, estimulados hasta su punto máximo, pero adorando la atención que el alfa estaba dándoles.
Kacchan se veía muy contento ahí en donde estaba, lamiendo y succionando con vigor. Por un instante, Izuku se preguntó si su piel tenía un buen sabor.
Sus piernas se abrieron para darle una mejor cabida al alfa cuando éste dejó caer un poco más de su peso sobre Izuku. El aroma almizclado de su excitación se alzó en el aire y Kacchan dejó escapar un gruñido casi feral contra su pecho.
La lengua caliente que había estado repasando su piel se separó de pronto. Izuku apenas tuvo tiempo para enfocar la silueta ajena antes de que las fuertes manos ajenas ya estuvieran tirando de los bordes de su bata, abriéndola por la fuerza y mandando a volar los últimos tres botones.
—¡Kacchan! —reprendió Izuku, tratando de estar molesto a pesar de que su parte omega se retorcía de placer en su interior. —¡Era mi favorita!
El alfa ni siquiera pareció arrepentido por su acción. Apenas tuvo la prenda fuera del camino, volvió a agacharse para pegar su boca en el pecho de Izuku. Lamió el pezón que le faltaba y después comenzó a descender, dejando un camino de besos húmedos a su paso.
—Relájate, nerd. —dijo contra la piel de su abdomen. —Te conseguiré otra.
Izuku enterró los dedos en el claro cabello ajeno.
—¡Fue un regalo de la reina! —replicó, esperando así demostrar lo especial que era.
Kacchan soltó una risa contra el vientre de Izuku.
—No. —le dijo antes de lamer una línea recta desde su ombligo hacia abajo. —Fue mío.
La declaración logró que Izuku se quedara quieto por un momento.
—¿Q-qué?
Kacchan sonrió contra su piel, deteniéndose a succionar una marca en el espacio en que su vientre se unía con su muslo.
—Yo conseguí la seda. Yo fui el que hizo el encargo. Yo te envíe ese obsequio.
Izuku jadeó cuando las manos de Kacchan se movieron para instarlo a levantar la pierna derecha. Su muslo terminó descansando sobre el hombro del alfa, quien ahora estaba recostado entre sus piernas y con el rostro a centímetros de su-
—Tu madre dijo-
—Lo que yo le pedí que te dijera. —gruñó Kacchan. —No podía dártela yo. Así que lo hizo por mí.
Por supuesto. Un alfa no emparejado no podía darle a un omega obsequios pensados para usar durante su celo sin volver obvio que estaba interesado en acompañarle. De haberle dado él mismo el regalo, Kacchan habría estado declarando públicamente que tenía intenciones de emparejarse con Izuku.
—No era el momento. —continuó el alfa. —Pero quería que tuvieras algo de mi para acompañarte durante tu celo.
Izuku apretó los labios para evitar que el inferior temblara.
Una de las reglas que los Bakugo se habían impuesto generaciones atrás establecía que el heredero al trono debía completar su entrenamiento real antes de emparejarse o poder siquiera hacer una declaración a un potencial compañero de celo. Eso garantizaba que se enfocaría cien por ciento en aprender a manejar el reino antes de ascender apenas cumpliera los veinticinco años.
Kacchan ascendería la siguiente primavera. Y su entrenamiento como futuro rey se había completado con esa visita diplomática a los Todoroki.
—¿Tienes idea de lo caliente que me ponía saber que estabas aquí en tu nido usando un obsequio que yo te envíe? —gruñó Kacchan, interrumpiendo la línea de pensamiento del omega. —Tenía que ir a patear los culos de todos los guardias para calmarme y no venir a ofrecerte mi ayuda.
La idea de que Kacchan estuviera tan afectado solo por tener una vaga idea de lo que Izuku hacía durante su celo lo hizo temblar.
—Seguro que esa bonita cabeza tuya no alcanza a imaginarse ni la mitad de las fantasías que tuve contigo. —los dedos del alfa rodearon la base de la erección de Izuku, levantándola de entre sus piernas. —Pero no te preocupes. Pronto te pondré al tanto.
Y entonces, sin esperar más, Kacchan abrió la boca y descendió sobre la erección de Izuku.
Húmedo calor lo rodeó desde todas las direcciones, engulléndolo hasta la base en un rápido movimiento.
Sintió la punta golpear el fondo de la garganta ajena y no pudo contener el estremecimiento que lo recorrió de pies a cabeza.
Sus piernas se tensaron y sus dedos dieron un tirón al cabello cenizo. Kacchan lo miró a través de largas y pálidas pestañas.
Vio la manera en que los labios ajenos se estiraban para acomodar la circunferencia y escuchó el obsceno sorbido que se alzó entre los muros de su recámara cuando Kacchan succionó.
La espalda de Izuku se arqueó con violencia. Se removió con tanta fuerza que Kacchan tuvo que ir a sujetar su cadera para mantenerlo en su lugar.
El placer nubló su mente. La fuerza de su celo sacudió hasta el más profundo de sus nervios. Lágrimas corrieron por sus mejillas.
Sus muslos temblaron, apretando las sienes de Kacchan cuando la lengua del alfa se frotó contra la cara inferior de su miembro. Más humedad manó de su cuerpo.
El aroma de su celo se elevó en un pico súbito. La potencia fue tanta que incluso pudo sentir el suave gusto de cereza en la lengua.
Kacchan también debió haberlo percibido, pues succionó con más fuerza. Sus labios se cerraron sobre la punta y después su lengua caliente se presionó sobre la pequeña abertura, lamiendo las gotas aperladas que habían estado acumulándose ahí.
A continuación, sacó la longitud por completo de su boca y descendió, dejando húmedos besos a lo largo del tronco y llegando a la base, en donde sus dedos continuaban manteniéndolo erguido.
Izuku lo observó embobado. Los labios de Kacchan se habían enrojecido y estaban un poco hinchados; los restos de saliva y preseminal de Izuku los hicieron brillar.
Kacchan le sonrió, satisfecho al notar que tenía la total atención de Izuku puesta en él.
Retrocedió y dejó solo la punta de la erección del omega contra sus labios antes de abrir la boca y dejar que Izuku viera la obscena imagen de la punta rosada de su miembro descansar sobre la lengua del alfa.
Un gimoteo escapó de los labios de Izuku. Tuvo que morderse el inferior para tratar de acallar el sonido.
—Ni se te ocurra, Izuku. —regañó el alfa antes de regresar a lo que estaba haciendo antes.
Su lengua lamió a lo largo del borde del glande y después le dio un lengüetazo al frenillo antes de subir y volver a lamer la abertura.
El agarre en la base de su erección se apretó un poco y el cuerpo de Izuku finalmente cedió.
No tuvo tiempo para siquiera intentar advertirle a Kacchan. Un ramalazo de placer recorrió su cuerpo de pies a cabeza, naciendo desde su vientre. Calor confortante corrió por sus venas y su vista se vio opacada por un resplandor blanco que lo cegó momentáneamente.
Sus músculos se tensaron al máximo antes de aflojarse de golpe, sus ojos se cerraron sin que pudiera impedirlo y sus dedos se aferraron al suave cabello cenizo del otro. De sus labios abiertos escapó un profundo gemido que resonó entre los gruesos muros de piedra.
Se corrió con fuerza en la boca ajena. Temblando y lloriqueando en su camino a la cima y su posterior descenso.
Todas las fuerzas abandonaron su cuerpo. Fue incapaz de continuar moviéndose luego de los primeros diez segundos de su orgasmo.
Kacchan continuó succionando, preocupándose poco por la hipersensibilidad que se apoderó del cuerpo de Izuku y en su lugar usando los dedos para estimularlo un poco más.
La respuesta del cuerpo de Izuku fue soltar unas últimas gotas blanquecinas en la boca ajena y chorrear más humedad fragante sobre el nido.
Para cuando Kacchan por fin lo soltó, lágrimas corrían por el rostro de Izuku y su voz se había quebrado al punto que no podía enunciar una sola palabra.
El alfa lo dejó ir, separándose de él con una sonrisa satisfecha y el aroma arrebolado.
Las extremidades de Izuku cayeron sobre el nido, completamente laxas. Su boca tomó desesperadas bocanadas de aire para tratar de regular su respiración atrofiada.
Escuchó el suave Hm satisfecho que Kacchan soltó y su omega interior se removió extasiado.
Izuku sentía como si estuviera flotando. El potente aroma a alfa satisfecho invadía hasta el más recóndito rincón de su mente con cada inhalación. Entre ese fuerte aroma, también podía detectar su propio aroma, cargado de un gusto a cereza que se alzaba sobre el frescor característico del omega.
Le tomó unos momentos más, pero finalmente logró abrir los ojos y enfocar la vista en la figura imponente del alfa que continuaba entre sus piernas.
Lo observó a través de párpados entrecerrados, regocijándose en la vista del príncipe limpiando con su pulgar una gota blanquecina de la comisura de sus labios. Apenas Kacchan se percató de que estaba observándolo, se dispuso a darle un espectáculo.
Le sonrió desde arriba, mostrándole una hilera de dientes blancos entre los que se elongaba un par de colmillos largos y afilados. Su lengua se asomó entre sus labios para lamer la punta de uno de ellos en un gesto cargado de deleite.
Como respuesta, Izuku soltó un suave gimoteo.
—Bien hecho, Izu. —halagó el alfa. Izuku vibró por el elogio.
Las manos de Kacchan acariciaron sus muslos de abajo hacia arriba. Sus largos dedos y enormes palmas calientes ayudaron a tranquilizar sus nervios atrofiados. Su piel se relajó ante el tacto esmerado de su alfa.
Sintió los dedos ajenos colarse bajo el borde esmeralda de la bata y después apartarla por completo del camino.
Sin el calor de su celo abrumando su mente, algo de pudor regresó a él. Izuku se sintió un poco avergonzado al saber que Kacchan estaba observándolo con detenimiento.
En su interior, su omega le recalcó que no había nada por lo que avergonzarse. Kacchan iba a atenderlo durante su celo después de todo. Las probabilidades eran que, antes de que Izuku dejara esa habitación, el otro ya habría memorizado su cuerpo por completo.
Descendió de su clímax poco a poco. Cada respiración, cada intento por coordinar sus movimientos y formar palabras fue volviéndose más fácil bajo el tacto cariñoso de Kacchan, quien continuaba acariciando su piel, dibujando círculos en su cadera y descendiendo en dirección a su miembro flácido, haciendo el ademán de tocarlo de nuevo solo para retroceder cuando Izuku daba señales de reaccionar.
El omega volvió a cerrar los ojos, intentando relajarse y a sabiendas de que, mientras continuara observando a Kacchan, no podría hacerlo.
La potencia de sus aromas remitió ahora que ambos se habían quedado quietos y con ello, su mente fue esclareciéndose.
Oh, venerables dioses.
Acababa de tener sexo con Kacchan.
¡Con Kacchan!
Su amigo de la infancia, su compañero de juegos; el alfa que hizo florecer al omega en Izuku. El guerrero más fuerte de su ejército. El soltero más codiciado en las tierras bajas. El único y adorado hijo de Mitsuki y Masaru Bakugo. El príncipe heredero al trono de su reino.
Tragó saliva con pesadez, teniendo dificultades para procesar la situación que acababa de desarrollarse.
¿Qué había ocurrido? ¿Cómo era que había pasado tanto tan rápido? ¿Qué ocurriría ahora? ¿Cómo iban a explicar ese desliz a la corte?
Más importante aún: ¿Qué era esa dureza que podía sentir frotándose contra la cara interna de su muslo derecho?
Sus ojos bajaron de inmediato, buscando con urgencia aquello que estaba picándolo.
Bajo la luz oscilante de las velas que había encendido antes, alcanzó a distinguir entre el oscuro color índigo de los pantalones de Kacchan un bulto que presionaba contra el frente de la prenda; su tamaño evidente a pesar de estar parcialmente oculto y casi a oscuras.
El alfa ni siquiera intentó darse algo de alivio. Sus manos no se habían despegado del cuerpo de Izuku desde que lo tocó por primera vez. Todo lo que había hecho hasta ese momento había sido frotarse contra él, pero seguro que eso no servía para saciar ni una décima parte de su excitación.
Que gran alfa. Enfocándose primero en saciar a su omega sin preocuparse por sí mismo.
Su boca se sintió muy, muy seca. La excitación que acababa de subyugar con su orgasmo regresó con fuerza, como si nunca hubiera hecho nada para hacerla bajar.
En su interior, sintió a su omega erguirse con interés. Las yemas de sus dedos picaron con la urgencia de tocar.
Kacchan estaba demasiado ocupado acariciando el cuerpo de Izuku, probablemente aún creyendo que el omega necesitaba más tiempo para recuperarse.
Izuku no necesitaba más tiempo. Ya estaba listo para continuar.
Sus instintos lo guiaron, diciéndole qué debía hacer para que las cosas se mantuvieran interesantes.
Se movió sobre el nido, sentándose y apenas notando la sensación húmeda y pegajosa entre sus piernas. Kacchan despegó sus manos de él apenas notó que estaba moviéndose, tratando de darle espacio para que hiciera lo que quería.
Izuku terminó sobre sus rodillas, sintiendo las fibras rugosas de la capa en su piel y pateando por accidente una de las almohadas.
Kacchan lo observó con atención. Sus manos en el aire a cada lado del cuerpo del omega, con la intención de sujetarlo, pero sin saber si podía.
Izuku le dio la respuesta al rodear su cuello con sus propios brazos y atraerlo hacia sí para besarlo.
El alfa se apresuró a moverse, presionando sus labios juntos con fuerza y estableciendo el ritmo de inmediato. Izuku se dejó hacer, decidiendo que el otro podía tomar el control por el momento.
Una lengua caliente se coló en su boca. Izuku gimoteó, dejando a Kacchan explorar el interior de su boca a su gusto. Entre el beso, pudo percibir el sabor de su clímax aun presente en la lengua del alfa.
Arqueó la espalda, presionando su pecho contra el ajeno y sintiendo como la bata se resbalaba de su hombro izquierdo.
No hizo esfuerzo por volver a acomodarla en su sitio. Iba a quitársela por completo pronto de todas formas.
Sus manos se deslizaron del sitio en el que permanecían extendidas en la espalda desnuda de Kacchan. Se movieron hacia su cuello, tomándose un pequeño desvío y acariciando el borde de las glándulas ajenas con ambos pulgares. El alfa soltó un gruñido contra sus labios y lo besó con más fuerza.
Los dedos de Izuku continuaron descendiendo, colándose debajo de los collares azules, rojos y naranjas para poder tocar la ardiente piel ajena sin reservas.
Pasó por sus pectorales, sintió un par de duros pezones en sus palmas y después los bordes endurecidos de marcados abdominales.
Finalmente, sus dedos encontraron el borde de los pantalones ajenos. Tratando de provocar un poco más a Kacchan, acarició con los nudillos el apenas visible camino de claro vello rubio que bajaba del ombligo ajeno y se perdía bajo la tela azul.
Sin despegar su boca de la ajena, Izuku se las arregló para encontrar la hebilla del cinturón ajeno y lo deshizo luego de dos vergonzosos intentos en los que el metal se le resbaló de las manos.
Escuchó el suave clink metálico y sintió el gruñido de Kacchan contra sus labios.
Sin perder más tiempo, deshizo también el botón y después tiró del cierre hacia abajo.
Al descender, sus dedos rozaron el enorme bulto que se asomó apenas el cierre estuvo fuera de su sitio.
Kacchan soltó un grave gemido y después empujó la cadera al frente, buscando repetir el estímulo.
Izuku se apresuró a satisfacerlo. Deslizó su mano derecha en el espacio disponible entre la mezclilla y la suave ropa interior teñida de negro.
Sintió el contorno caliente y firme contra su palma. Al rodearlo con sus dedos, fue perfectamente capaz de percibir el impresionante largo y el casi aterrador grosor.
Su omega se retorció de placer ante la promesa de tener un alfa de tal envergadura para compartir el nido. Ese celo prometía ser en extremo placentero.
Acarició, moviendo su mano de arriba hacia abajo, aplicando un poco de presión para estimularlo. Su recompensa fue un ronco gemido escapando de los labios de Kacchan, quién tuvo que romper el beso.
Los brazos del alfa rodearon a Izuku, abrazándolo contra su pecho. Su cabeza se movió para reposar en el hombro desnudo del omega y depositó un suave beso en la piel pecosa.
—Izuku. —gimió de nuevo.
El celo del omega se avivó con fuerza. Para cuando se dio cuenta, ya se había movido y había colado su mano bajo la ropa interior del alfa.
Ambos jadearon cuando el contacto piel contra piel se produjo.
Sintió la piel delgada y suave deslizarse contra las curtidas yemas de sus dedos. Una cuantiosa humedad que ya reposaba en la punta lo hizo sonrojarse.
Kacchan, quien continuaba descansando la frente en el hombro de Izuku, embistió hacia el frente, buscando un contacto mayor.
Los dedos de Izuku rodearon el grueso, permitiéndose un momento para maravillarse por el tamaño antes de concentrarse por completo en su tarea.
La humedad que ya estaba en la zona le facilitó el movimiento. Apenas un par de bombeos bastaron para que ya estuviera estimulando desde la base hasta la punta.
La delicada piel se sentía muy cálida en su palma. El rastro húmedo que la punta chorreó sobre su palma causó que sus labios soltaran un gemido. El peso entre sus dedos pareció aumentar.
Kacchan se entretuvo besando el hombro de Izuku, subiendo hasta alcanzar su cuello y después descendiendo de nuevo. Mientras tanto, la palma extendida de su mano derecha acarició su espalda de arriba a abajo; la izquierda permaneció posada en la cadera del omega, sosteniéndolo con fuerza y dándole apretones que coincidían con los besos húmedos depositados en su hombro.
Izuku sentía su rostro arder. La fuerza de su celo nublaba su juicio, pero incluso así era capaz de sentirse avergonzado por lo íntimo de la situación.
La voz ronca de Kacchan se estrellaba contra su piel. Su excitación era evidente no solo en la dureza entre sus piernas, sino también en el sonrojo en su piel y, sobre todo, en su potente aroma, abrasivo y dominante, que se alzaba en picos cada que Izuku giraba la muñeca al bombear.
Su omega permanecía dócil. Regocijándose en el contacto de sus cuerpos y observando con atención cada movimiento, anticipándose a la siguiente acción del alfa.
Era algo que Izuku había escuchado a otros omegas mencionar. Un buen alfa podía calmar hasta al más obstinado de los omegas durante su celo, si podía satisfacer a ambas partes.
Kacchan era un alfa impresionante. El único hombre que había hecho que Izuku se sintonizara con el omega en su interior.
No tenía idea de lo que estaba haciendo. Nunca antes había tocado a nadie más. Pero incluso así, Kacchan parecía muy satisfecho con sus atenciones. Eso incentivó a Izuku a darle un ligero apretón más. Como respuesta, el alfa mordió su hombro, acallando un gruñido de placer.
Izuku se estremeció. Los dientes ajenos se enterraron en su piel, dándole una probada de lo que sería ser marcado por Kacchan.
Usó el pulgar para acariciar el borde del glande, prestando especial atención a la piel lisa.
Hasta ese momento, no había tenido oportunidad de mirar. Kacchan estaba manteniéndolo ocupado con sus besos. Y su curiosidad no había hecho sino crecer.
Se separó un poco, deseoso de echar un vistazo.
Kacchan pareció notar sus intenciones, puesto que aflojó el agarre que mantenía sobre él y le permitió alejarse.
Izuku buscó la mirada ajena y se detuvo un segundo para apreciar el atractivo rostro ajeno.
Con las mejillas sonrojadas, los labios estirados en una sonrisa satisfecha y las pupilas dilatadas al máximo, era la personificación de todo lo que Izuku siempre había deseado en un alfa.
Desde que obtuvo su permiso para entrar al nido, no había dejado de dedicarse a cuidar de Izuku con esmero.
No. Eso no era verdad. Kacchan había estado cuidándolo desde mucho antes.
Enviándole regalos, hablando con su madre para que Izuku pudiera tener su trabajo como apotecario, saltándose las tradiciones impuestas por su antepasados para que el omega se convirtiera en uno de sus caballeros; asegurándole así un lugar en la corte para garantizar su seguridad.
Era el momento de retribuirle.
Miró hacia abajo, encontrando por fin aquello que llevaba años ansiando ver.
De piel rosada, brillante por la humedad. Con un grueso impresionante y un largo aún más. Al bombear al frente, alcanzó a ver una vena sobresalir en el costado y después, una gota aperlada manar de la punta.
Mantuvo sus ojos clavados en su nuevo descubrimiento mientras retrocedía sobre el nido, poniendo algo de espacio entre sus cuerpos.
Llevó la mano izquierda al nido, apoyándose en esta para poder bajar su torso.
Unos momentos después, ya estaba en cuatro, a la altura perfecta para-
—Izuku…
El omega no esperó a que Kacchan tuviera tiempo para terminar lo que sea que estuviera a punto de decir. Arqueó la espalda, afianzó su posición y clavó la mirada en su objetivo.
Los dedos de su mano derecha, que seguían sujetando la erección del alfa, la levantaron en el ángulo perfecto.
Y entonces, se inclinó al frente, abriendo la boca.
Apenas alcanzó a escuchar a Kacchan maldecir entre dientes antes de que sus dedos se enterraran en el cabello rizado del omega.
Izuku apenas le prestó atención. Estaba demasiado ocupado poniendo la punta en su lengua.
Sintió el peso, el calor y el sabor extenderse de inmediato por su boca. Kacchan gruñó y sus dedos apretaron los mechones esmeralda que tenía empuñados.
El omega no tenía mucha idea de lo que debía hacer, así que trató de emular lo que Kacchan había hecho antes con él.
Abrió más la boca para hacerle mejor sitio al grosor. Dejó que la longitud se deslizara por su lengua, adentrándose en su boca. Mientras tanto, usó los dedos de su mano derecha para continuar estimulando la base.
—Izuku. —llamó el alfa con voz estrangulada. —Maldición-
Incentivado por la visceral reacción de Kacchan, Izuku se apresuró a moverse.
Fue tan profundo como pudo. Sintió la punta llegar al fondo y tuvo que retroceder cuando su reflejo nauseoso se activó.
Tosió, apenas percatándose del hilo pegajoso que continuó uniendo sus labios a la punta. Sus ojos se habían llenado de lágrimas y sus mejillas se sentían muy calientes. Había tomado demasiado muy pronto.
Pero Izuku no era sino un hombre dedicado e iba a dominar ese reto también.
—Izuku, no tienes que-
Kacchan intentó hacerlo retroceder, pero el omega ya estaba moviéndose al frente de nuevo.
Besó la punta, llevándose consigo los restos pegajosos y después continuó hacia la base. Depositó un beso más en el borde del glande y después otro sobre la vena que punzaba en el costado.
La humedad de su saliva y el preseminal que había arrastrado hacia abajo ayudó a lubricar el tronco; eso sería útil cuando intentara meterla de nuevo en su boca.
Se sentía muy, muy caliente. Izuku no imaginó que reaccionaría de esa forma. Se había sentido muy bien cuando Kacchan se lo hizo a él y no había esperado que se sentiría igual de increíble devolviéndole el favor.
Regresó su boca a la punta. Lamió la gota aperlada que estaba a punto de chorrear hacia abajo y después, miró hacia arriba.
Kacchan estaba observándolo, con el rostro rojo, los ojos encendidos por la lujuria y una sonrisa salvaje.
—Kacchan. —gimoteó, sabiendo que lograría una reacción.
El agarre del alfa sobre su cabello se apretó.
—Te ves increíble, Izu. —le dijo casi sin aliento.
El omega se regocijó ante el cumplido.
Soltó un suave canturreo antes de regresar a sus actividades de antes.
Lamió una húmeda franja hasta la base, tomándose un instante para repasar el borde del nudo, que ya estaba hinchándose.
La sola idea de que Kacchan anudara hizo que más humedad corriera entre los muslos del omega. Sus pezones punzaron en su pecho y su erección, completamente erguida, chorreó sobre el nido.
De sus ojos lágrimas amenazaron con escapar y su boca produjo más saliva.
Decidiendo que la erección ajena ya estaba lo suficientemente húmeda como para volver a intentar ponerla toda en su boca, Izuku regresó al principio.
Succionó la punta y a continuación, volvió a tomarlo.
El caliente peso volvió a deslizarse sobre su lengua, adentrándose poco a poco.
Ésta vez, Izuku no intentó llevarla hasta el fondo. En su lugar, se quedó ahí unos momentos antes de retroceder.
Buscando un halago más de Kacchan, volvió a mirar arriba.
El alfa, sin embargo, estaba demasiado ocupado. Había echado la cabeza hacia atrás y tenía los dedos de la mano libre enterrados en su propio cabello. Su pecho sudoroso, parcialmente cubierto por sus collares, subía y bajaba aceleradamente.
Ese era un halago suficiente, decidió Izuku, antes de regresar a lo suyo.
Se acomodó un poco sobre el nido, separando las piernas y arqueando la espalda para crear un mejor ángulo para su cuello y entonces, repitió su movimiento de antes.
Llegó un poco más al fondo ésta vez. La punta tocó el fondo de su garganta y el cuerpo del omega casi no pudo resistirlo.
Se estremeció de pies a cabeza; su piel sudorosa se erizó; su erección chorreó, sus ojos se cerraron, su mente se apagó y su boca se llenó de saliva. Demasiada saliva.
Cuando Izuku cabeceó, sus labios apretando el grosor de la erección del alfa, humedad chorreó por su mentón, incapaz de ser contenida por sus labios rojos.
Fue apenas un segundo, pero Izuku no supo que hacer con tanta saliva, así que, por instinto, tragó.
Kacchan soltó un gemido gutural y tembló. La humedad en la boca de Izuku aumentó, ésta vez con un sabor salado que desapareció casi de inmediato al deslizarse hacia abajo por su garganta.
La mano que empuñaba su cabello lo soltó, estirándose para empujar el borde de la bata que todavía cubría uno de los hombros del omega. La seda cayó, dejando la piel pecosa expuesta.
Una cálida palma acarició la piel a su alcance. Izuku sintió los dedos del alfa temblar las siguientes dos veces que tragó alrededor de su erección.
—Izuku. —llamó con voz grave y afectada. El omega se estremeció ante lo masculino del tono. —Izuku.
Cuando el pecoso fue incapaz de atender al llamado, los fuertes dedos del alfa regresaron a su cabello y ésta vez, tiraron de él para obligarlo a retroceder.
Se resistió un poco. Aún no había terminado. Todavía no quería parar. Sin embargo, obedeció, ansioso de descubrir qué era lo que su alfa quería.
Aflojó los labios y retrocedió. Apenas tuvo la oportunidad, levantó la mirada para observar a Kacchan, ignorando lo rojas que se sentían sus mejillas y los hilos pegajosos que colgaban de su mentón.
El otro debió disfrutar la manera en que el rostro de Izuku lucía, pues soltó un grave gruñido de placer y se agachó con urgencia, uniendo sus labios.
Izuku gimoteó, correspondiendo al desastroso beso con ganas.
Kacchan lamió con interés desde su mentón hasta su boca, preocupándose poco por el sitio en el que Izuku había puesto su boca antes.
Sus lenguas se presionaron juntas, empujándose una contra otra y creando un desastre de saliva.
Kacchan sujetó su mandíbula para forzarlo a girar el rostro, mejorando así el ángulo del beso.
Mientras tanto, Izuku buscó con la mano derecha la erección del alfa. Encontrándola aún erguida. De inmediato, la rodeó con sus dedos y continuó masturbándolo.
Kacchan volvió a gruñir contra sus labios.
—Hey, espera-
El omega se sintió ofendido por la mera sugerencia de tener que bajar el ritmo. Tonto alfa. ¿Qué acaso no veía lo mucho que lo necesitaba?
Izuku le dio un apretón a la longitud entre sus dedos.
—Pequeña mierda. —gruñó el alfa, ofendido ante la amenaza. —Déjame quitarte la bata.
Oh.
Bien. Eso sí que podía permitirlo.
Tranquilizándose, Izuku asintió, dio un pico en los labios de Kacchan y retrocedió.
De inmediato, las manos del alfa fueron a arrancarle la bata, la cual fue arrojada al suelo sin ningún cuidado.
—Quiero intentar algo. —explicó, echándole una mirada caliente al cuerpo ahora completamente desnudo de Izuku.
El omega volvió a sentirse molesto.
—No, Kacchan. —se negó. —Quiero hacerte venir así. Quiero que acabes en mi boca.
El alfa se estremeció; su aroma se alzó con fuerza.
—Tú… ¿en dónde mierda aprendiste a hablar así?
Izuku de verdad no tenía tiempo para un alfa celoso.
—Kacchan, tu nudo. —insistió. —Lo quiero.
Una gruesa ceja rubia se crispó ante sus palabras.
—Y vas a tenerlo, Izuku. —prometió. —Déjame quitarme la ropa y mostrarte qué es lo que yo quiero, ¿sí? Sé un buen omega y escucha.
La mente atontada por el celo de Izuku saltó ante la mera insinuación de que no estaba siendo un buen omega. Jadeó y asintió, quedándose quieto en donde estaba.
Como recompensa, Kacchan se acercó a besar su sien.
A continuación, el alfa se deshizo de los coloridos collares que siempre llevaba puestos.
Eran reliquias muy valiosas, pasadas de generación en generación por los Bakugo para representar su estatus. Se decía que sus ancestros habían pasado por verdaderas calamidades para conseguirlas y para ser capaces de portarlas como joyería, reemplazando las coronas que los reyes de otros reinos usaban para demostrar su sangre noble.
Y, en ese momento, Kacchan los removió de su lugar con poco cuidado y los lanzó al borde de la enorme cama, en donde se deslizaron hasta casi caer al suelo. Como si no valieran nada. Como si, al ser comparados con Izuku, fueran menos.
Después, con mucha más urgencia que antes, el alfa se deshizo de sus pantalones y ropa interior.
La boca de Izuku se aguó al verlo por fin completamente desnudo.
Apreció el peso de su erección, que la hacía colgar y rebotar ligeramente entre sus piernas. El nudo ya se había hinchado un poco más.
Sin quererlo, soltó un suave lloriqueo.
—Ya, ya. —tranquilizó Kacchan, acomodándose de nuevo en el nido. Izuku lo observó recostarse y flexionar las piernas, separándolas. Era la misma posición en la que el omega había estado cuando Kacchan lo tomó en su boca. —Ven acá.
Izuku asintió y se apresuró a gatear en dirección al alfa, su boca ya salivando por el prospecto de retomar sus actividades de antes.
Sin embargo, apenas estuvo lo suficientemente cerca, Kacchan se estiró para sujetarlo y lo instó a acomodarse de una forma distinta a la que Izuku creyó que tomarían.
El alfa lo forzó a sentarse a horcajadas sobre su torso, con Izuku dándole la espalda y las piernas del omega a cada lado de sus hombros. Después, tiró de él para deslizarlo hacia su rostro.
Izuku se apresuró a apoyar las manos en el abdomen del alfa, girándose para mirar sobre su hombro.
Las manos de Kacchan estaban sujetando su cadera, tirando para acomodarlo en la posición correcta.
—¡K-Kacchan! —exclamó Izuku, escandalizado. —¿Qué- qué haces?
El alfa, quien tenía la mirada clavada en Izuku, lo miró con incredulidad.
—¿No es obvio? Hago que te sientes en mi cara.
Izuku se estremeció. Su vientre se contrajo por la excitación.
—Pe-pero…
—Querías mi nudo, ¿no? Apresúrate a darle atención o va a bajar.
Eso, de alguna forma, logró que la urgencia de Izuku regresara. Sin protestar más, regresó su atención al frente y se agachó para volver a tomar la erección ajena.
Estaba avergonzado. Podía sentir su rostro y cuello arder por el sonrojo. Seguro que incluso sus hombros estaban rojos.
Había sido consciente de que Kacchan iba a mirar y tocar ahí, pero… ¿tan de cerca? ¿con su boca?
La fuerza de su celo lo debilitó. Apenas podía pensar con lo mucho que sus instintos peleaban por dominarlo.
Pero… sabía que Kacchan iba a hacerlo sentir bien. No tenía la más mínima duda de ello.
Iba a regresarle todo lo que le había dado. Y, en ese momento, tenía una misión.
De nuevo, usó la mano derecha para colocar el miembro ajeno en la posición adecuada. Echó un vistazo interesado al nudo que continuaba ahí y después, volvió a meterlo en su boca.
Tomó la punta y lamió la pequeña abertura vertical, recogiendo las gotas blanquecinas; después, posó su atención en el borde del glande.
Besó su camino hacia abajo hasta llegar al nudo a medio formar. Acarició con la yema del pulgar y después lamió. Las piernas de Kacchan, que permanecían abiertas, temblaron de forma casi imperceptible.
Izuku succionó, subiendo de nuevo y alcanzando la punta con urgencia.
Sacó la lengua y golpeó el glande contra ésta un par de veces, sintiéndose menos cohibido ahora que sabía que el alfa no estaba observándolo. El sonido húmedo de los impactos lo hizo gimotear.
Cansado de hacerse esperar, se dispuso a volver a tomarlo en su boca. Kacchan había estado reaccionando muy bien a ello y el omega se moría por hacerlo venir.
Abrió la boca, sacó la lengua y descendió.
Ésta vez, fue más fácil. De alguna forma, la posición en la que Izuku se encontraba, ayudó a bajar con mayor facilidad.
Se detuvo al sentir cómo el borde hinchado del nudo tocaba sus labios. Sus ojos dejaron caer lágrimas y su boca volvió a llenarse de saliva. Tragó de nuevo, sintiendo las contracciones de la erección ajena contra su lengua.
Kacchan, quien había estado acariciando su cadera hasta ese momento, soltó un ronco gemido. Sus manos calientes se movieron hacia abajo.
Izuku lo sintió instarlo a separar las piernas un poco más. Obedeció y esto logró que su cuerpo descendiera un poco más sobre el alfa.
A continuación, un par de pulgares cálidos separaron sus mejillas, exponiendo el sitio más íntimo de su cuerpo.
Izuku dio un saltito por la sorpresa, avergonzado. Podía sentir las gotas de la humedad causada por su flujo deslizarse hacia abajo. Su rostro ardió por la vergüenza y por la falta de aire, sin embargo, no dejó de succionar.
—Eres increíble, Izuku. —halagó Kacchan; su voz relució por la satisfacción. —Una absoluta belleza.
El omega se estremeció. Su espalda se arqueó un poco más. Su aroma se levantó con fuerza, meloso y espeso como la miel.
La fragancia de Kacchan respondió al estímulo y se esparció también. Izuku lo sintió separar un poco más sus mejillas.
—Eres bonito acá abajo también. —continuó con voz ronca. Apenas terminó de hablar, la yema de su pulgar se estiró para acariciar su entrada.
El toque, inesperado y nuevo para él, lo hizo contraerse. Todo su cuerpo dio un pequeño salto; su boca dejó salir un sonoro gimoteo.
Se sentía tan, tan diferente. Cuando él se tocaba a sí mismo ahí, apenas podía sentir una fracción del placer que le produjo que Kacchan lo hiciera.
Se preguntó si para Kacchan era igual. Si el toque de Izuku lo dejaba sintiéndose como si llamas hubieran acariciado su piel.
Probablemente sí. Si el nudo ahora formado por completo era un buen indicador.
Ya casi.
Motivado por la promesa de tener lo que quería pronto, retomó sus movimientos.
Bajó sobre la erección del alfa, presionando el tronco con su lengua durante su descenso. Sus labios volvieron a rozar el nudo hinchado cuando llegó al fondo; tragó de nuevo, ansiando percibir el sabor ajeno en su boca. Subió y después, volvió a bajar.
—Se siente bien, ¿verdad? —continuó Kacchan. Izuku podía escuchar su sonrisa. —Te contraes acá cuando llegas al fondo.
Izuku le respondió con un gimoteo. Como pudo, acarició con su lengua el tronco y usó los dedos para toquetear el nudo. Se dispuso a ascender de nuevo.
—Cada que subes, te pones más húmedo. —continuó el alfa, rodeando los muslos del omega con los brazos para acomodarlo. Sus vulgares palabras hicieron que Izuku lagrimeara. —¿Te molesta si tomo una probada?
Antes de que la mente de Izuku pudiera siquiera procesar la pregunta ajena, una lengua grande, caliente y húmeda, se deslizó desde la base de sus testículos hacia arriba, pasando por su entrada, que se contraía y chorreaba humedad.
Se agitó en el agarre ajeno, tomado por sorpresa. Sin embargo, los brazos de Kacchan lo tenían bien sujeto y le impidieron moverse así fuera un centímetro.
Gimió, sintiendo su cuerpo reaccionar con violencia al rudo lengüetazo contra su piel sensible.
Sin embargo, apenas tuvo tiempo para concentrarse en su reacción, pues la de Kacchan llamó su atención.
Un grave, profundo gemido retumbó en el pecho del alfa, sus brazos apretaron las piernas de Izuku y su erección, cuya punta aún estaba en la boca del omega… dejó salir una cantidad increíble de humedad.
Izuku abrió la boca y se separó, sorprendido.
Gruesos hilos, blancos y pegajosos continuaron uniéndolo a la erección de Kacchan. El sabor amargo del semen ajeno por fin se asentó en su lengua.
Oh, dioses. ¿Kacchan acababa de correrse solo por lamerlo… ahí?
Izuku no tuvo tiempo para siquiera tragar el cuantioso espesor en su boca. Kacchan continuó moviéndose, lamiendo y succionando con fuerza.
La voz del alfa continuaba escapando en forma de graves gemidos. Sus manos no aflojaron su agarre ni siquiera cuando Izuku se irguió.
—¡Kacchan! —llamó, levantándose tanto como pudo para intentar mirar hacia atrás.
Su movimiento, sin embargo, solo logró que más de su cuerpo se apoyara contra el rostro del alfa. La gravedad tiró de él hacia abajo y la boca de Kacchan pareció alcanzar aún más de su piel.
Izuku se sacudió, gimiendo al tiempo que echaba la cabeza hacia atrás. Sus manos se apoyaron en el abdomen ajeno, pero no fue demasiado estable y tuvo que volver a bajar.
Esto pareció ofender a Kacchan, quien tiró de su cadera de nuevo contra su rostro y sacó la lengua, presionando la punta contra su agujero.
Lágrimas rodaron por las mejillas del omega. Sus pezones dolieron gracias a lo hinchados que estaban. Su erección punzó, rogando por atención.
Instantes después, su cuerpo fue incapaz de resistir la tensión e Izuku se vino.
Un relámpago de luz blanca pasó frente a sus ojos cerrados. Su vientre, que había estado hecho nudos, se destensó de golpe.
Delgados cordones de semen salieron disparados de su erección. Más de su flujo chorreó justo sobre la boca del alfa, quien se apresuró a tomarlo todo con un gruñido de satisfacción.
Su placer se alargó y se alargó, incapaz de ser subyugado gracias a la lengua que continuaba presionándose sobre el hinchado agujero que se contraía bajo las atenciones del alfa.
La insistencia de Kacchan por tenerlo cerca llevó a Izuku a sentarse casi por completo sobre la boca ajena. A pesar de que sus piernas temblaban gracias a su clímax, fue incapaz de dejar caer su peso sobre él; no quería lastimarlo.
Kacchan no pareció contento con su resistencia. Como castigo, succionó con fuerza la piel delicada que bordeaba su entrada y lamió con insistencia hasta que más humedad emanó para descansar en su lengua.
Esa posición, sostenida de forma precaria por el tembloroso omega, le permitió al alfa maniobrarlo como le entró en gana. Un tirón y un gruñido después, Izuku estaba montando su lengua, lloriqueando en voz alta y meciendo la cadera tanto como podía, disfrutando de la sensación húmeda y cálida que buscaba adentrarse en su cuerpo.
Se estremeció, gimiendo y echando la cabeza al frente. Semen espeso corría por su mentón. Había podido tragar los restos del orgasmo de Kacchan momentos antes, pero no había podido evitar que una parte escapara de las comisuras de sus labios.
Con dificultad, logró abrir un ojo. A través de sus lágrimas, que empañaban su visión, pudo ver cómo el alfa continuaba corriéndose.
Claro. Su nudo había estado formado al completo, anticipándose a dejarlo salir en el interior de un omega en celo.
Izuku se sintió muy halagado al ver lo mucho que Kacchan estaba corriéndose. Parecía que había tenido muchas ganas de hacerlo.
Tembló y lloriqueó, llamando el apodo del alfa. Su cuerpo agotado apenas fue capaz de mantenerse erguido.
Un nuevo estremecimiento lo hizo flaquear. Un corto desliz amenazó con hacerlo caer entre las piernas de Kacchan.
El movimiento lo forzó a salirse de la posición. No fue demasiado; apenas unos centímetros.
Sin embargo, eso fue suficiente para hacer que Kacchan se molestara.
El alfa le gruñó a manera de protesta, tirando de él para intentar devolverlo a su posición de antes solo para arrepentirse y en su lugar, deslizar sus manos calientes hasta la cadera de Izuku.
Con una facilidad que denotó su increíble fuerza, el alfa le dio la vuelta, cargándolo por unos momentos para así lograr recostar al omega sobre el nido.
Izuku apenas alcanzó a reaccionar. Todo lo que pudo hacer fue jadear antes de que los dedos del otro ya estuvieran apretando sus muslos, dándole un tirón en direcciones opuestas para hacerlo separar las piernas de nuevo.
Todo fue demasiado rápido. Para cuando el omega notó la nueva posición en la que se encontraba, el alfa ya había empujado sus rodillas contra su pecho, exponiéndolo de nuevo.
Sus ojos se encontraron mientras Kacchan descendía entre las piernas de Izuku.
Los labios del omega se abrieron para dejar salir un jadeo cuando Kacchan sacó la lengua, evidenciando lo que estaba a punto de hacer.
Se tensó. Sus piernas se separaron un poco más.
Kacchan se apresuró a volver a poner su lengua en él. Retomó sus actividades de antes y, además, aumentó el ritmo.
De nuevo, el alfa dejó escapar un gruñido de placer. Sus cejas se fruncieron, creando una profunda arruga en el puente de su nariz. Sus manos se extendieron a cada lado de la cadera del omega y le dieron un apretón.
La humedad entre las piernas de Izuku aumentó; no solo porque su excitación estaba forzándolo a ello, sino porque Kacchan estaba dejando rastros de saliva en su piel.
Manos cálidas subieron por los costados de su torso, alcanzando su pecho y acariciando sus pezones con insistencia; haciendo círculos en las aureolas y después pellizcando las protuberancias endurecidas.
Izuku no pudo hacer nada más que echar la cabeza hacia atrás, girando el rostro de un lado a otro y manteniendo los párpados cerrados, apretando el labio inferior para contener su voz que estaba saliéndose de control.
La humedad en su mentón se sentía pegajosa. Aún tenía los restos del clímax de Kacchan en la piel, pero ahora hilos de saliva estaban escurriendo también, haciendo un desastre.
El alfa estaba reaccionando de una forma increíble. Movía sus labios con fuerza, lamiendo, besando y succionando cada centímetro de piel a su alcance, soltando gruñidos graves y aferrándose al cuerpo de Izuku con desesperación. Casi parecía que estaba poniéndose feral.
Solo imaginar que esa probada que estaba dándole al cuerpo de Izuku estaba poniéndolo al límite de su naturaleza, hizo temblar al pecoso. Que orgullo ser él quien lograba poner a Kacchan al borde de su autocontrol.
La espalda del omega se arqueó; su miembro, que estaba casi por completo erguido de nuevo, reposando sobre su abdomen, chorreó sobre su piel. Algo de preseminal se deslizó hacia su ombligo.
Izuku apenas tuvo tiempo para considerar la idea de ir a tocarse cuando los dedos de la mano derecha de Kacchan lo rodearon.
Sus dedos grandes y largos lo cubrieron casi por completo. La punta brillante de su erección apenas alcanzó a asomarse entre el agarre.
Fue demasiado estímulo para Izuku. Con dedos pellizcando uno de sus pezones, otros más bombeando su miembro y una boca insistente devorando su intimidad, fue como si su mente se apagara.
Su celo normalmente lo ponía hipersensible. Estando a solas, Izuku se corría un montón de veces solo para sentir cómo algo de claridad llegaba a su mente, pero incluso así, nunca era sencillo hacerse venir dos veces seguidas.
Tal vez por eso le tomó más tiempo del normal darse cuenta que acababa de venirse de nuevo.
Gimió con voz rota. Sus manos, que se habían aferrado a la capa del alfa, apretaron con fuerza y tiraron de la tela.
Sus piernas intentaron cerrarse. Sus muslos apretaron las sienes de Kacchan, olvidándose por un instante de tener cuidado.
Tembló y se estremeció, lloriqueando su clímax. Las vibraciones que la boca del alfa produjeron contra su intimidad solo lo hicieron sacudirse más.
Finalmente, Izuku logró aflojar el agarre de su mano derecha. De inmediato, la llevó hasta el claro cabello rubio del alfa, enterrando los dedos entre los mechones puntiagudos, pero suaves.
Kacchan continuó lamiéndolo, cada vez volviéndose más delicado. Algunos minutos después, ya estaba depositando suaves besos y tímidas lamidas que pronto cesaron.
Izuku se esforzó por levantar la cabeza para encararlo, ansioso por ver los ojos ajenos.
El alfa se irguió, buscando su mirada con urgencia.
En su mentón y mejillas reposaban brillantes rastros de humedad. Estaba sonrojado y sus labios se habían hinchado. Sus párpados entrecerrados ocultaban parcialmente sus irises oscurecidos.
Cuando su mirada se clavó en la de Izuku, algo de raciocinio pareció volver a él.
Izuku lo vio parpadear con lentitud, como si estuviera sorprendido de lo que acababa de pasar.
—Uh… —soltó el alfa, llevando los dedos de su mano hasta la comisura de su boca e intentando limpiar la humedad que yacía ahí.
Transparentes hilos pegajosos se estiraron; uniendo la piel de su rostro con sus dedos. Izuku jadeó.
Estuvo seguro de que Kacchan no lo hizo a propósito, puesto que aún parecía un poco confundido; pero el alfa lamió sus labios, recogiendo los restos de Izuku de su piel y eso fue suficiente para ponerlo en marcha de nuevo.
—Kacchan. —llamó, sintiendo su sangre arder y su raciocinio disminuir. Cada que se venía, se sentía menos satisfecho. Nunca antes se había puesto así de desesperado.
Bueno. Tal vez eso era porque nunca había estado con Kacchan.
Estiró las manos, pidiéndole en silencio que se acercara. Kacchan obedeció con urgencia.
Sus bocas volvieron a encontrarse. El alfa lo besó con fuerza, gruñendo contra él.
Izuku gimoteó al sentir el sabor almizclado de su propia humedad. Frunció las cejas y lamió con insistencia la boca ajena.
El alfa se movió sobre él, acomodándose para que tanta piel de sus cuerpos estuviera en contacto como era posible. El pecho de Kacchan se presionó contra el suyo e Izuku pudo sentir de forma difusa los acelerados latidos del otro.
Su corazón se llenó de adoración pura por el hombre que había amado desde antes de siquiera saber qué era el amor.
Sus muslos, que bordeaban la cadera del otro, se deslizaron hacia arriba y después, el omega rodeó el cuerpo ajeno con las pantorrillas, necesitado de más y más contacto.
Kacchan dejó caer aun más su peso sobre Izuku, aún concentrado en seguir devorándole la boca.
Mientras tanto, Izuku se concentró en menear la cadera, buscando un alivio que Kacchan aún no le había dado.
Fue durante uno de éstos desesperados meneos que Izuku jadeó contra la boca ajena, sintiendo algo duro deslizarse contra su propio miembro.
El alfa le respondió con un ronco gemido. Él mismo comenzó a menear la cadera.
Izuku sintió la caliente dureza deslizarse contra su piel. Tan cerca del lugar en el que lo necesitaba, pero, aun así, tan lejos.
Su coordinación definitivamente había visto días mejores. Su celo solía reprimir toda su agilidad, dejándolo sintiéndose como una pila de jalea. Apenas era capaz de moverse lo suficiente para poder tocarse.
Por eso, la forma en que se movió sobre el nido para intentar mejorar el contacto de sus cuerpos, no le dio los resultados que quería.
Gruñó con disgusto, molesto por lo débiles que se sentían sus piernas y lo enlodado de su mente.
Kacchan debió notar el cambio en él, puesto que se movió para buscar que sus miradas se encontraran. Izuku se permitió un instante para estar sorprendido por lo bien que el alfa detectaba cada una de sus emociones.
—¿Qué pasa? —preguntó con voz ronca. En sus mejillas aún podían verse los rastros de humedad de Izuku. Se veía increíble. El mejor alfa sobre el que hubiera tenido el privilegio de posar sus ojos.
¿En qué había estado pensando antes? Ah, sí.
—¿Huh? Oh- um… e-estaba pensando que mi cuerpo no- no se mueve como quiero.
De inmediato, Kacchan esbozó una sonrisa orgullosa.
—Bien. —declaró con satisfacción. —No te preocupes. Yo me encargo.
Izuku prácticamente vibró sobre el nido. No había nada más atractivo que un alfa que tomaba las riendas cuando debía.
Kacchan se echó hacia atrás, ahora arrodillado entre las piernas de Izuku. Sus manos fuertes sujetaron los muslos del omega para hacerlo separarlas.
Algo en el alfa se veía distinto. Sus ojos brillaban de una forma que solo podía describirse como salvaje. Parecía un depredador que se cernía victorioso sobre una presa que le había costado arrinconar.
Izuku estaba feliz de dejarse devorar.
Sus párpados se entrecerraron cuando el fuerte aroma ajeno, cargado de satisfacción, se alzó en un súbito pico de excitación.
La boca del omega se abrió, la mandíbula laxa mientras se concentraba en respirar tanto como fuera posible la embriagadora fragancia.
Fue por ello que no notó el momento en que Kacchan llevó dos de sus dedos a su entrada.
Jadeó al sentir las yemas presionarse contra la irritada y sensible piel rosada. Dio un suave salto sobre el nido cuando Kacchan dibujó un círculo en el borde antes de empujarse en su interior.
Estaba tan mojado que no hubo rastro alguno de resistencia. El par de dígitos se adentró en su cuerpo con tanta facilidad que incluso se sintió un poco avergonzado.
Kacchan, sin embargo, no parecía compartir el sentimiento. Soltó un victorioso Hah y después, curvó los dedos hacia arriba al tiempo que los retiraba.
Izuku volvió a saltar cuando una corriente de placer lo recorrió de pies a cabeza. Sus muslos se cerraron sin que él lo quisiera y de su erección chorreó una cantidad vergonzosa de preseminal que se embarró en su vientre.
El placer lo dejó temblando, jadeando sobre su cama, que ahora olía a Kacchan.
Conocía ese punto erógeno de sobra. Era el sitio que más tocaba durante su celo. Estaba muy familiarizado con él y con lo que le producía estimularlo.
¿Por qué, entonces, cuando Kacchan lo rozó, la sensación fue cientos de veces más potente?
Su visión se nubló. Su boca fue incapaz de producir siquiera un sonido para expresar la sensación que acababa de golpearlo.
Afortunadamente, parecía que Kacchan no estaba esperando.
Cuando Izuku recobró algo de consciencia, se dio cuenta de que Kacchan había acomodado sus piernas de forma que le hacían sitio para posicionarse mejor. Con la derecha abierta hacia un costado y la izquierda levantada.
La mano izquierda del alfa sostuvo la erección de Izuku, creando un anillo apretado en la base al tiempo que la mantenía levantada. Mientras tanto, con la derecha, sostuvo su propia erección y la guio hacía un sitio que Izuku no podía ver.
No hizo falta. Pudo sentirlo.
Caliente y húmeda, la punta se presionó contra su intimidad con firmeza. Incluso sin ver, pudo sentir la ominosa diferencia de tamaño.
Ésta vez, sí que pudo soltar un tembloroso gemido. Por fin. Por fin estaba ocurriendo. Kacchan iba a tomarlo. Iba a darle ese alivio que tanto había estado añorando.
El alfa gruñó, empujando su cadera al frente solo para retroceder; su mirada se mantuvo clavada en el sitio en el que iban a unirse pronto. Izuku lo vio tragar saliva con fuerza antes de que sus ojos se desviaran hacia los suyos, buscando su aprobación.
Izuku meneó la cadera, incapaz de dar cualquier otra señal.
Por fortuna, esa era toda la confirmación que Kacchan necesitaba.
Ni siquiera un segundo transcurrió cuando el alfa ya estaba empujándose en su interior.
La tensión sobre su cuerpo aumentó y aumentó hasta volverse casi insoportable. Sus muslos temblaron por el esfuerzo de mantener las piernas abiertas.
Izuku gimió y después apretó los dientes. Sintió la manera en que su cuerpo se abrió para darle entrada al otro.
Su piel se estiró hasta su punto máximo. La humedad que su cuerpo continuaba produciendo le facilitó la entrada, pero incluso así, se sintió como si todo en su interior se moviera para hacerle sitio al alfa.
Tensión apretada creció en su interior, agrandándose como un nudo que se enmarañaba más y más.
Izuku sintió cálidas lágrimas rodar hacia abajo por sus sienes. Sus cejas se fruncieron con fuerza y tuvo que morderse el labio inferior para contener su voz que amenazaba con escapar en escandalosos gimoteos.
Fue increíble. El placer que embriagó su cuerpo fue atronador. Todo su ser se sentía como si estuviera en llamas. Cada pulgada que entraba en él lo extasiaba más y más.
Cernido sobre él, Kacchan soltó un gruñido gutural, apretando los dientes visiblemente. Su mano derecha, que estaba sujetando la cadera de Izuku, apretó con increíble fuerza.
Observó a través de ojos empañados por las lágrimas al alfa fruncir el ceño y después, su atención se clavó en la gota de sudor que rodó por la frente ajena y se perdió en una gruesa ceja rubia.
Abrió la boca, dispuesto a lloriquear el nombre ajeno para que se acercara a besarlo.
En ese mismo instante, Kacchan embistió al frente, adentrándose por completo en el cuerpo del omega.
Izuku se tensó, arqueando la espalda y echando la cabeza hacia atrás, levantando su torso del nido y sacudiéndose en el férreo agarre del alfa. Sus muslos apretaron la cadera ajena y de su garganta escapó un ruidoso, profundo gemido.
El placer que lo golpeó fue casi indescriptible. Un relámpago de luz blanca lo cegó momentáneamente y cada centímetro de su piel ardió. No se corrió de nuevo solo porque Kacchan continuaba apretando la base de su erección.
La mano derecha de Izuku se apresuró a posarse sobre su vientre. Sintió los restos pegajosos de sus orgasmos anteriores y la elevada temperatura de su piel.
Sus párpados se entrecerraron, de su boca escapó un roto gemido cuando, bajo las capas de músculo y piel, pudo sentir un ligero bulto, punzando en su interior.
Tan, tan profundo.
Kacchan pareció notarlo también, pues emitió un gruñido enteramente alfa, mostrando los colmillos y frunciendo el ceño por el placer. Izuku, quién miró en su dirección en el momento justo para apreciar la visión, soltó un gemido más.
Las fuertes manos del alfa se aferraron a su cadera y después, Kacchan comenzó a embestirlo.
No comenzó lento, ni tampoco fue gentil. Kacchan impuso de inmediato un ritmo desesperado, firme y que de inmediato comenzó a hacer que Izuku se moviera hacia arriba y hacia abajo sobre el nido.
Apenas fue capaz de escuchar su voz lloriquear a un volumen exagerado, o de ser consciente de lo mucho que su cabello estaba enredándose. Ni siquiera percibió la forma en que sus muslos temblaron, agotados por el esfuerzo de mantenerlos levantados.
Lo único en lo que podía pensar era en la magnífica silueta entre sus piernas y la caliente, abrasadora longitud que continuaba empujándose en su interior. Golpeteando y forzando a su cuerpo a subyugarse.
Su miembro, que se balanceaba con la fuerza de las embestidas, chorreó sobre su vientre. Cuantiosos hilos pegajosos y blanquecinos se embarraron en cada sitio sobre el que se encontraban.
Agudos sonidos de sus pieles encontrándose con cada embate se entremezclaron con el húmedo chapoteo que sus fluidos estaban creando. Incluso la rota voz del omega gimoteando y lloriqueando fue incapaz de ahogar los obscenos sonidos.
Los ojos de Izuku se habían cerrado en un momento que no supo identificar. Lo único que fue capaz de discernir fue la sensación húmeda de sus lágrimas correr por sus sienes cuando apretó un poco más.
Kacchan soltó un profundo gruñido; instantes después, su lengua caliente lamió uno de los rastros solo para después buscar su boca.
El alfa se inclinó al frente para alcanzarlo, enterrando las rodillas en el nido y dejando caer más de su peso sobre Izuku.
Este ligero cambio en la posición del alfa causó que la cadera de Izuku se levantara un poco más de la cama, cambiando el ángulo de una forma casi imperceptible, pero que modificó por completo la forma en que estaba golpeando en su interior.
Kacchan no lo notó de inmediato, pues estaba ocupado presionando su lengua contra la de Izuku, haciendo un caos de saliva en las comisuras de sus bocas.
El omega se estremeció apenas sintió el cambio. Sus manos se movieron para extenderse sobre los omóplatos del alfa, sus muslos apretaron la cadera ajena y su boca abierta soltó un agudo gemido contra los labios rosados que continuaban presionándose en su contra.
Casi sintió como si decenas de chispas estuvieran resplandeciendo detrás de sus párpados. Su espalda se arqueó y las puntas de sus dedos se enterraron en los firmes músculos de la espalda del alfa.
Su interior se contrajo, apretando con fuerza la palpitante longitud en su interior. Kacchan gimió contra su boca.
Fue en ese momento que el alfa debió darse cuenta de lo que el cambio había causado, puesto que retrocedió un poco, pausando por un momento antes de retroceder lento y después, empujarse de nuevo, enterrándose hasta la empuñadura.
Izuku se estremeció, gimiendo y temblando. Su piel se erizó, su aroma se acentuó, la humedad entre sus piernas aumentó.
Kacchan soltó un incrédulo y victorioso Hah antes de retomar sus movimientos, lento y profundo, pero sin despegarse de Izuku.
El contacto golpeó el sitio perfecto en el interior del omega, alargando la sensación de placer y disparándola a lo largo de su cuerpo como un relámpago golpeando un árbol.
Más lágrimas corrieron por sus sienes. Kacchan volvió a besarlo antes de retroceder.
La caliente longitud se retiró de su cuerpo. Saliendo poco a poco hasta que solo la punta estuvo en su interior. El traicionero cuerpo del omega se aferró al alfa, tratando de atraparlo en donde estaba.
Una vez salió casi por completo de él, Kacchan se empujó de nuevo, yendo lento y asegurándose de que Izuku pudiera sentir cada palmo, caliente y palpitante que forzaba abierto su cuerpo.
Con ese lento movimiento, Izuku pudo sentirlo todo, desde las venas a los costados del tronco, hasta las ligeras contracciones que delataban el placer ajeno.
Kacchan gimió cuando estuvo dentro por completo. Respiró aceleradamente por la boca y después, con urgencia, se separó de Izuku y se dispuso a acomodarse de nuevo.
El alfa volvió a quedar erguido entre sus piernas. Cuando Izuku abrió los ojos para intentar observarlo, notó con satisfacción lo hinchados que estaban sus labios y casi ronroneó al ver el hilo de saliva que escurría de una de las comisuras de su boca.
Kacchan lo observó desde arriba, con las pupilas dilatadas al máximo, las mejillas coronadas por un profundo sonrojo y los colmillos asomándose detrás de su labio superior.
Las fuertes manos del alfa sujetaron su cadera, tirando de él para mantener la posición que había logrado antes y después, continuó moviéndose.
Que Kacchan ahora estuviera arrodillado permitió que se moviera con mayor libertad. Con cada embestida, podía llegar hasta el fondo, pero ésta vez a una velocidad mucho mayor.
Izuku apenas tenía tiempo para reponerse o siquiera respirar. Su cuerpo entero resintió los embates. La sensación de las calientes manos del alfa tirando de él para que sus cuerpos se encontraran con cada movimiento lo hizo gemir y retorcerse de placer.
Calor se esparció en su vientre, su piel ardió. La sensación celestial que embriagaba su cuerpo con cada movimiento se extendió, haciéndolo temblar y gimotear. A todos los movimientos del alfa los acompañaba una sensación de relámpago recorriendo su espina dorsal, luz blanca refulgía detrás de sus párpados cerrados.
Era demasiado. Izuku apenas podía soportarlo.
Cubierto de sudor, envuelto en el aroma abrasivo del alfa y víctima de la potencia de su celo, Izuku de verdad que no podía más.
Su cuerpo estaba tensándose y tensándose. Cada empuje en su interior lo ponía más sensible y se sentía menos capaz de soportarlo.
Le faltaba solo un poco. Un par de roces más y terminaría. Esa tensión se liberaría.
Con un ojo abierto para poder ver lo que estaba haciendo, levantó la mano derecha con dificultad, llevándola entre temblores hasta su erección y tratando de rodear la longitud. Un par de bombeos eran todo lo que le hacía falta.
Apenas alcanzó a rozar la base. Sintió la piel suave y delgada bajo su tacto y después, solo pudo notar la sensación firme y caliente de la mano del alfa.
Kacchan se apresuró a sujetar su mano, entrelazando sus dedos con los del omega y después forzándolo a levantar el brazo y presionándolo contra el nido, justo a un lado de la cabeza de Izuku.
Ojos esmeralda, empañados por las lágrimas, observaron al viril alfa mostrarle los colmillos y después gruñir con voz grave y rota.
Un apretón más a su mano le indicó que Kacchan quería que se quedara quieto y después, los dedos que habían estado sujetándolo regresaron a su cadera.
Kacchan volvió a levantarlo, mejorando el ángulo un poco más y después, se empujó con un poco más de fuerza contra el cuerpo sensible de Izuku.
Fue solo en ese momento, concentrado por completo en la sensación contra su entrada, que Izuku fue capaz de sentir la ominosa presencia de un nudo presionándose contra él.
Su omega se doblegó de inmediato ante la promesa. Un aroma provocativo y desesperado emanó de él sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
Kacchan tomó una profunda respiración y aumentó el ritmo de sus embestidas; entre dientes apretados, gruñidos casi ferales se colaron y se alzaron en la alcoba. Al mirar abajo, el omega notó con satisfacción que el vientre del alfa brillaba por la cantidad de humedad que había salpicado en él.
Izuku se retorció de placer, tratando de menear la cadera por instinto, intentando atrapar el nudo antes de que el alfa pudiera arrepentirse.
Afortunadamente Kacchan no parecía interesado en retroceder. Su siguiente embestida atravesó las últimas defensas del cuerpo del omega y el nudo estiró la entrada que esperaba ansiosa por él.
Relámpagos de luz blanca resplandecieron detrás de sus párpados. Su cuerpo entero tembló y la tensión en su vientre por fin explotó.
Percibió la sensación abrasiva de un orgasmo golpearlo como una ráfaga de viento veraniego; caliente y fragante. Sudor corrió por su piel, cálido semen nuevo se unió al desastre en el vientre de Izuku.
Gimoteó cuando, antes de poder entrar por completo en su cuerpo, Kacchan retrocedió, solo para volver a embestir. La abundante humedad se deslizó sobre la extensión hinchada, cubriéndola y lubricándola para que el dolor fuera mínimo.
Unas tres embestidas después, Kacchan pareció decidir que estaba lo suficientemente lubricado y entonces, se empujó con más fuerza.
El nudo presionó contra la abusada entrada del omega, forzándola a abrirse. Izuku meneó la cadera tanto como pudo bajo el férreo agarre de Kacchan, siguiendo un instinto que no podía comprender. Un último empujón por parte del alfa por fin logró que se introdujera por completo.
Por fin. Por fin.
Izuku soltó un último, trémulo gemido. Su cuerpo fue azotado por la fuerte satisfacción de tener el nudo de su alfa en su interior por primera vez.
Se retorció, tratando de sacar toda la energía que se desbordó en su interior. Kacchan lo sujetó para mantenerlo quieto y después dio una embestida más contra su cuerpo, empujándose un poco más en él.
Un extraño calor se hizo presente en el interior de su cuerpo, esparciéndose en él. Izuku respondió con un sollozo. Dioses- Kacchan estaba viniéndose en su interior.
Kacchan frunció el ceño; un hilo de saliva escurrió de la comisura de su boca al tiempo que apretaba los labios y soltaba un grave gruñido de placer.
El alfa intentó retroceder para volver a embestirlo, pero el tamaño del nudo encajando en su sitio lo volvió imposible. Izuku siseó ante el tirón y Kacchan se detuvo de inmediato, eligiendo en su lugar dar cortos embates, frotándose con esmero en su contra y logrando que la punta caliente que seguía descargándose en su interior tocara todos los puntos correctos.
La placentera sensación de su clímax se alargó y se alargó gracias a los suaves empujones que el miembro punzante en su interior seguía tocando. Izuku tuvo que soltar su placer en forma de gemidos, puesto que el férreo agarre del alfa seguía impidiéndole moverse.
Finalmente, luego de largos momentos de agónico placer y sobreestimulación, Kacchan dejó de moverse.
Izuku ni siquiera tuvo la energía para abrir los ojos. Solo pudo quedarse quieto, recostado sobre su nido mientras Kacchan se movía con suavidad, acomodándose en silencio.
Sintió el peso del cuerpo recostarse sobre él, pero con cuidado para no aplastarlo.
La acelerada respiración de Kacchan se sincronizó con la de Izuku. Juntas, fueron regulándose poco a poco hasta que por fin regresaron a su ritmo natural.
Sin movimiento que siguiera estimulando su cuerpo, el placer comenzó a subyugarse.
Su cuerpo se sentía agotado; su mente aún más. No podía pensar en nada que no fuera la sensación del cuerpo grande y cálido de su alfa contra el suyo.
Los labios de Izuku continuaron dejando escapar suaves quejidos de placer, pues podía sentir las suaves contracciones que el miembro de Kacchan seguía sufriendo, aún en su interior.
Minutos después, el omega por fin recuperó algo de su fuerza y fue capaz de moverse.
Aún con un poco de dificultad, logró levantar los brazos y después, se dispuso a abrazar al alfa.
—Kacchan. —logró murmurar. Su voz sonó agotada, aún un poco entrecortada, pero con un tinte de satisfacción colándose en el tono.
Sintió la piel sudorosa y casi ardiente bajo las palmas de sus manos extendidas. Los músculos se tensaron cuando Kacchan se movió para frotar la punta de su nariz contra la mejilla de Izuku.
—´Zuku. —respondió el alfa con voz grave y tintada de agotamiento. El omega se estremeció ante lo bien que Kacchan sonaba luego de venirse.
Con un suave gruñido, Kacchan se movió para girarlos a ambos sobre el nido. Izuku estaba a punto de quejarse cuando comprendió que era para su comodidad.
El alfa se recostó sobre el desastre de mantas, quedando sobre su espalda. Izuku, mientras tanto, terminó bocabajo sobre el pecho de Kacchan.
Gracias al movimiento, el nudo que seguía firmemente anclado en su interior se movió. Un húmedo chapoteo resonó entre sus cuerpos, una sensación húmeda apareció en el sitio en el que estaban conectados. El tirón hizo que Izuku siseara, lo que causó que Kacchan se apresurara a abrazarlo por la cintura.
Las fuertes manos que se aferraron a él se relajaron poco a poco y en su lugar, comenzaron a acariciar su espalda, subiendo con un ligero toque que casi le causaba cosquillas antes de descender.
El sudor enfriándose sobre su piel lo hizo estremecerse. Kacchan gruñó cuando notó la piel erizada de Izuku. Una de sus manos se despegó del cuerpo del omega para estirarse y alcanzar una manta.
La manta seguro estaba sucia. Debía estar manchada del sudor y fluidos de ambos. Sin embargo, el potente aroma de Kacchan, entremezclado con el de Izuku, lo relajó de inmediato y fue incapaz de siquiera abrir la boca para quejarse.
Kacchan presionó su nariz entre el cabello rizado de Izuku, acariciando en un gesto cariñoso que el omega nunca imaginó fuera capaz de hacer. Soltó un suave sonido de aprobación que incentivó al alfa a continuar.
Izuku se removió en donde estaba, tratando de que el aroma del alfa se impregnara más en su piel. Sus piernas se deslizaron contra las ajenas, compartiendo su calor.
Su celo se había apaciguado por completo ahora que ese instinto desmedido por reproducirse había sido satisfecho.
Fue algo sorprendente, pues nunca, en todos los celos que Izuku había capeado durante su vida, lo había sentido ceder.
Seguro; al correrse obtenía algunos momentos de tranquilidad. Pero la tensión en su vientre nunca se marchaba del todo y su mente no se esclarecía hasta días después, cuando el ciclo ya se había cumplido.
Kacchan era increíble. Un solo nudo y ya había hecho ceder por completo la incómoda sensación del celo.
Que gran alfa. Izuku era afortunado de haber podido tenerlo al menos una vez.
Nunca podría estar satisfecho al pasar su celo a solas de nuevo. Pero al menos en el futuro tendría el recuerdo de esa noche para ayudarse.
Disfrutaría de ese celo hasta el final. Se esforzaría por mantener cada roce, cada gemido bien atesorado en su mente.
Solo esperaba que, cuando su ciclo llegara al final y Kacchan hubiera cumplido su palabra de ayudarlo, pudieran continuar siendo amigos.
Si lo perdía, estaría devastado. Nunca podría recuperarse de la pérdida.
Pero lo entendería. Si Kacchan no quería volver a verlo, Izuku lo entendería.
Las manos que habían estado acariciando su espalda le dieron un apretón a su cintura. Al prestar un poco más de atención, el omega notó que el nudo por fin había bajado por completo y el miembro ahora flácido del alfa se había deslizado fuera de él.
Unos momentos después, Izuku sintió algo chorrear fuera de su cuerpo.
Su rostro ardió y tuvo que esconderse para que su vergüenza no fuera evidente.
Resistió el impulso de llevar sus dedos a su entrada para presionarlos contra ésta y regresar dentro aquello que estaba deslizándose fuera.
No fue hasta ese momento que el peso de la realidad se asentó en su mente.
Oh, no. Kacchan de verdad lo había anudado. Durante su celo. El momento en que la concepción estaba casi garantizada.
Que descuidados habían sido.
Apenas tuviera la oportunidad, tendría que correr a buscar algo de ese té anticonceptivo que tenía guardado en el fondo de su laboratorio y que les obsequiaba a omegas que no deseaban concebir. No quería ni imaginarse qué ocurriría si terminaba embarazándose luego de ese celo.
Casi podía ver la mirada decepcionada de la reina Mitsuki, o la expresión escandalizada del rey Masaru. Incluso el terror en los ojos de su madre.
O… el desagrado en la cara de Kacchan.
Un terrible peso se vino abajo en su estómago.
—Izuku. —llamó Kacchan, sacándolo de sus pensamientos. —¿Qué ocurre? Tu aroma cambió.
Oh- oh no.
Había sido demasiado evidente. Ahora Kacchan sabía que había algo mal con él.
—¿Tienes sed? ¿Hambre? —insistió. —No bajaste a cenar hace rato.
Izuku negó, con el rostro aún escondido en el recoveco del cuello del alfa.
—Izuku. —volvió a llamar Kacchan, removiéndose sobre el nido. —¿Qué pasa?
Ésta vez, la voz ajena estaba teñida de preocupación.
Genial, Izuku. Acabas de arruinar todas las posibilidades de que Kacchan se quede el resto del celo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Apretó los párpados para evitar que éstas escaparan.
—Nada, Kacchan. —respondió con dificultad. Por más que se esforzó por que no se notara, su voz sonó estrangulada.
—¿Nada? ¡Estás llorando!
De alguna forma, que el alfa lo dijera en voz alta causó que Izuku no pudiera contenerse más.
Gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Gracias a la posición en la que se encontraba, la humedad cayó sobre la piel de la clavícula de Kacchan.
Manos calientes se aferraron a sus hombros con fuerza, empujándolo para que sus rostros estuvieran frente a frente.
—Izuku. —repitió. —¿Te lastimé? Mierda-
La voz de Kacchan tembló. Entre su llanto, Izuku estuvo sorprendido por lo vulnerable que sonó.
Intentó responder, pero no fue capaz. Todo lo que pudo hacer fue apretar el labio inferior para intentar contener un sollozo.
—Te… —continuó Kacchan. —¿Te arrepientes? ¿De lo que ocurrió?
Ésta vez, la voz ronca de Kacchan sonó absolutamente devastada.
Una repentina urgencia por consolar al alfa invadió a Izuku. Antes de darse cuenta, ya estaba negando con la cabeza y aferrándose a los hombros ajenos, abrazándolo con fuerza.
Las manos grandes de Kacchan se extendieron por su espalda, manteniéndolo contra su cuerpo y acariciándolo con gentileza.
—¿Izuku? —insistió Kacchan. —Háblame.
El omega se esforzó por tranquilizarse. Tomó un par de respiraciones, tratando de que el nudo en su garganta dejara de bloquearla para poder hablar.
Le tomó mucho, muchísimo tiempo ser capaz de tranquilizarse. Cuando por fin lo logró, fue un infortunio que su mente aún no hubiese sido capaz de hilar sus pensamientos.
Pero Kacchan seguía esperando. Sus manos, que no habían dejado de acariciar su espalda, estaban volviéndose más y más dubitativas.
—L-lo siento. —logró decir, con la respiración aún arrebolada. —Estaba pensando en algo.
Las manos de Kacchan se detuvieron en seco allá donde reposaban.
Segundos después, el alfa soltó un pesado, exasperado suspiro. La sangre de Izuku se heló.
—Debí imaginarlo. —gruñó Kacchan.
Oh, no. Kacchan estaba molesto. ¿Cómo hacía Izuku para continuar arruinándolo más y más?
Se preparó para comenzar a soltar una lluvia de Lo siento y después emprender la huida hacia el cuarto de baño, sin importar sus piernas temblorosas. No quería que Kacchan continuara viéndolo llorar.
Cuando intentó retirarse, sin embargo, notó que el alfa estaba sujetándolo. Un solo tirón de su parte causó que Kacchan lo sujetara con aún más fuerza.
—¿En que estabas pensando?
Oh, no, no, no.
Izuku apretó los labios. La mortificación de tener que decirle a Kacchan los sinsentidos en los que había estado pensando causó que todo rastro de llanto se evaporara de su mente.
Su cabeza comenzó a trabajar a toda marcha. ¿Qué podía inventar para despistar al alfa?
—Y ni se te ocurra intentar mentirme, bastardo. —gruñó. —Te conozco de sobra para esa mierda.
Piensa, Izuku. Rápido.
La urgencia le impidió pensar con claridad. El potente, dominante aroma del alfa lo dificultó aún más.
—No me obligues a usar mi voz de mando contigo. —advirtió Kacchan unos largos momentos después.
Izuku no creía que Kacchan fuera capaz de hacerle eso. Sin embargo, el aroma que continuaba emanando del otro lo doblegó casi de inmediato.
—No era nada. —aseguró con un poco de dificultad.
—Lo era si fue suficiente para ponerte así.
—Um- —intentó zafarse de nuevo. El férreo agarre ajeno le impidió moverse así fuera un centímetro. —Yo… es-estaba pensando en que… anudaste en mí. Y… yo estoy en celo… Y que… si me embarazara, uh-
Los dedos de Kacchan se contrajeron en donde estaban sujetándolo.
—… sería algo malo. —finalizó Izuku en un hilo de voz.
—¿Malo?
Al escuchar la pregunta, Izuku no pudo evitar levantar el rostro para encarar a Kacchan. La voz del alfa había sonado extraña.
Al mirarlo, notó no solo los ojos brillantes del otro, sino también la pesadez con la que tragó saliva.
—Um, ¿sí? —insistió Izuku. —E-es decir- tus padres estarían decepcionados… y la gente del reino también. Y tú- tú te mereces a un omega de la realeza- alguien con quien quieras ca-casarte- y que ames- Y yo y-y un embarazo… seríamos un estorbo…
El rostro de Kacchan, que pasó por diversas emociones mientras Izuku tartamudeaba, se detuvo en una expresión de incredulidad.
Finalmente, el alfa echó la cabeza hacia atrás y soltó un gruñido.
Izuku cerró la boca. Cualquier cosa que quisiera decir se quedó atorada en su garganta.
—Siempre pensando la mierda más extraña y pesimista. —refunfuñó Kacchan, llevándose una mano a la frente con exasperación. A pesar de que dejó de sostener a Izuku con una mano por un instante, su agarre no se aflojó.
El omega se sentía peor con cada expresión nueva en el rostro de Kacchan. El disgusto, el cansancio y la exasperación que podía ver en él lo acercaba más y más al llanto de nuevo.
Suaves mechones de claro cabello rubio se sacudieron cuando el alfa despeinó el frente. El movimiento causó que más del aroma ajeno revoloteara entre ellos.
Izuku no podía soportarlo más. Necesitaba alejarse antes de continuar arruinando las cosas. Si continuaban así, llegaría al punto en que terminaría confesando su inadecuado amor.
Intentó escapar de Kacchan, pero el fuerte agarre que el alfa mantenía sobre él -con un solo brazo, dioses- se lo impidió.
Ojos carmín, profundos y tan, tan bonitos, se clavaron en los suyos. El crudo sentimiento que pudo ver en ellos causó que se quedara pasmado.
—Izuku; no te pedí que me dejaras quedarme solo para ayudarte durante tu celo.
La voz de Kacchan alcanzó sus oídos en la forma de un murmullo apenas entendible detrás del puchero que sus labios estaban formando.
Izuku parpadeó, la mirada aun clavada en el alfa frente a él.
Sabía que lo que acababa de escuchar debía haber sido difícil de pronunciar para Kacchan. -Cualquier cosa que implicara dejar sus sentimientos expuestos lo era-. Pero…
—¿Qué?
Su propia voz sonó vulnerable también; al borde del quiebre.
Necesitaba que Kacchan se explicara mejor. Necesitaba escucharlo decir lo que fuera que estuviera tratando de decir.
Detestó de inmediato esa sensación de esperanza que nació en su pecho. No quería ilusionarse antes de tiempo. Aún necesitaba escuchar esa explicación que había pedido.
Kacchan lo observó con ojos brillantes. Su labio inferior estaba apretado de esa forma que usaba cuando quería contener sus emociones.
—Kacchan. —insistió. Su voz se quebró con la última sílaba.
El alfa frunció el ceño, debatiéndose visiblemente antes de gruñir bajito y apartar la mirada.
—No se suponía que te enteraras así.
Izuku esperó en silencio. Sus manos temblaron.
Unos momentos después, Kacchan se giró para mirarlo de nuevo.
—Esta noche, en el banquete… iba a pedirte tu permiso para cortejarte. —confesó. Sus palabras temblaron hacia el final. —Incluso ya le había pedido a tu madre su bendición.
Oh- e Izuku se lo había perdido. Que tragedia.
Parpadeó un par de veces en dirección al alfa. Las palabras ajenas tardaron unos momentos más en registrarse por completo en su mente.
¿Kacchan, cortejarlo? ¿Con la bendición de su madre? Eso prácticamente significaba-
—¿I-ibas a pedir mi mano?
El rostro de Kacchan enrojeció. Sus labios se apretaron de nuevo.
—Dependía de tu reacción. —se explicó con torpeza. —Si dudabas, solo iba a cortejarte. Pero si te veías convencido…
La boca de Izuku cayó abierta. Su labio inferior tembló.
Intentó decir algo, pero su mente fue incapaz de coordinarse con su lengua para hacerlo.
¿Kacchan había estado a punto de proponerle matrimonio?
Su corazón se aceleró en su pecho, latiendo con tanta fuerza que por un momento temió que rompiera su esternón.
—¡Pe-pero si tú nunca has mostrado interés en mí!
Una profunda arruga se formó en el entrecejo del alfa.
—¡Izuku, hace dos horas te di mi capa para que te pasearas con ella frente a todo el maldito castillo! ¡Llevo años ahuyentando a todos los idiotas que se te acercan! ¡Te doy obsequios cada que puedo! —gruñó con voz grave. —¿En qué mundo eso no significa nada?
¿Eso? ¡E Izuku había pensado que era algo platónico!
De nuevo, volvió a quedarse sin palabras.
Boqueó bobamente, incapaz de decir nada más. Después, bajó la mirada, tratando de procesar toda la información que acababa de recibir.
¿Kacchan estaba interesado en él? ¿De manera romántica? ¿Desde cuándo? ¿En qué momento ocurrió, que Izuku no lo notó?
—¡Obviamente estoy interesado en ti, idiota! —exclamó el alfa. —¿¡Por qué te pediría que me dejaras quedarme!?
Oh- ¿Izuku había dicho todo eso en voz alta?
Cerró la boca y clavó la mirada en el alfa ahora sentado sobre el nido, con el omega sentado en su regazo.
Kacchan pareció cansarse de esperar una respuesta, puesto que siguió hablando.
—Sé que quieres saberlo, pero no tengo ni idea de cuándo sucedió. —se explicó con algo de dificultad. —Solo sé que hubo un día en que te vi a los ojos y supe que te amaba.
Izuku inhaló con fuerza, su voz escapó de su garganta en la forma de un pequeño jadeo.
—He querido decírtelo durante un tiempo, pero sabía que no podía hacerlo hasta que no completara mi entrenamiento real, para tener algo que ofrecerte. Tuve que apresurarme.
—¿Ofrecerme?
El alfa apretó los labios.
—Te traje un obsequio, del norte. —se explicó con reticencia. —Como regalo de cortejo, si aceptabas.
—Oh… ¿qué es?
Kacchan soltó un bufido.
—Solo puedes verlo si aceptas mi cortejo.
Izuku notó el claro humor en el tono de voz del alfa, ahora un poco más relajado. Sin embargo, también alcanzó a notar la ligera tensión en él. Continuaba esperando una respuesta.
Oh, dioses. Kacchan estaba enamorado de él. Había estado esforzándose tanto en cumplir con sus obligaciones reales para poder confesarse. Durante la apretada agenda de su viaje y en medio de la tensión que siempre había habido entre los Bakugo y los Todoroki, se había tomado el tiempo para conseguirle un obsequio.
Había hablado con su madre. Le pidió su permiso para dar inicio a un cortejo y, además, estuvo a punto de transformar su cena de bienvenida en una cena de compromiso, a sabiendas de que el reino entero se enteraría de ello antes de que llegara la mañana.
Por fin todas las piezas encajaron en la mente del omega. No tuvo necesidad de siquiera pensarlo. La respuesta ya estaba ahí, lista desde que tenía catorce años.
Se movió tan rápido como pudo, rodeando el cuello del alfa con ambos brazos y abrazándose a él como si la vida se le fuera en ello. Antes de que pudiera abrir la boca, su aroma ya había dado su respuesta.
Kacchan se apresuró a abrazarlo también, rodeando su cintura con brazos fuertes que lo pegaron contra su pecho. Izuku soltó una risita.
—Por favor, cuida bien de mí, alfa.
Los hombros del alfa se relajaron de inmediato y su aroma satisfecho se alzó entre ellos, reemplazando al de su temor.
El aroma de Izuku respondió al llamado, dulce y teñido de pura felicidad. Sin poder contenerse, comenzó a canturrear bajito.
Kacchan lo apretó contra su cuerpo con mayor firmeza. Al encontrarse más cerca de él, Izuku pudo escuchar el casi imperceptible ronroneo que el alfa estaba emitiendo.
Se relajó contra él, sintiendo el calor cómodo de su piel, la cadencia de su respiración e inhalando su seductor aroma. En su interior, su omega se sacudió de felicidad.
Kacchan iba a cortejarlo. Ese increíble hombre, soñado por cada omega en el reino, iba a ser suyo.
Tendría que cuidarlo bien; demostrar que era merecedor de él.
Sonrió y frotó su mejilla contra la clavícula ajena.
Su mano izquierda, que estaba posada en el pecho de Kacchan, descendió con languidez. Su palma tanteó la piel caliente. Como respuesta, los pulgares del alfa acariciaron la parte más estrecha de su cintura.
—No tenía idea de que tu celo iba a comenzar. —le dijo Kacchan, relajándose contra el nido y recostándose de nuevo sobre éste.
—Tampoco yo. —respondió Izuku con humor. El alfa bufó. —Creo que se adelantó gracias a ti.
Debajo de él, Kacchan se estremeció. Al levantar el rostro para mirarlo, Izuku vio su perfecta sonrisa victoriosa casi manar brillo.
—Nunca antes había olfateado cereza en ti. —continuó Kacchan luego de regodearse en su propio orgullo.
—Debe ser que comí demasiadas mientras estaba en el laboratorio. —se explicó. —¿Te desagrada?
Las manos de Kacchan descendieron hasta su cadera y después volvieron a subir.
—No. —respondió con seguridad. —Hueles bien. Siempre lo haces.
Izuku sintió a su omega vibrar de satisfacción en su interior. La tensión producto de su celo comenzó a aumentar. Kacchan, mientras tanto, continuó hablando.
—Te preguntaría qué es lo que opinas de mi aroma, pero creo que ya lo dejaste muy claro.
Izuku detuvo sus caricias en el pecho ajeno.
—¡Por eso te dije que no entraras! —gruñó. —¡Era privado!
La sonrisa de Kacchan se ensanchó. Sus dedos continuaron acariciando su cuerpo desnudo.
—Es jodidamente caliente, ‘Zu. —le dijo, todo en él brillando por la satisfacción. Izuku sintió su celo arrebolarse. —De verdad.
La voz ajena siempre había causado cosas en Izuku, pero esta vez, fue especialmente estimulante. Kacchan estaba bajo él, acariciándolo dentro de su nido; nadie los molestaría ahí. Podían hacer cualquier cosa que quisieran.
La mente excitada de Izuku comenzó a deslizarse hacia la tentación de tener a su alfa tan cerca. Dispuesto y tan fascinado como él.
Kacchan lo arruinó un segundo después.
Bajo él, el alfa se removió con la clara intención de levantarse.
—¿Qué haces? —preguntó con urgencia. Su omega se alzó con urgencia en su interior, dispuesto a someter al alfa de vuelta a su puesto.
—Debería ir a avisarle a nuestros padres que-
—No vas a irte de aquí. —gruñó Izuku, moviéndose para empujar al alfa de vuelta al nido. —Tú te ofreciste a quedarte.
Los dedos ajenos estrujaron su piel con posesividad. De la garganta de Kacchan salió un grave gruñido.
Satisfecho, Izuku acarició el pecho ajeno con las yemas de los dedos. Su respiración estaba volviendo a sentirse dificultosa. Esa era una señal de que su celo estaba a punto de regresar con su segunda oleada.
—Necesitas comida y agua. —intentó razonar Kacchan. —Y el obsequio-
Izuku meció la cadera hacia abajo con fuerza, sintiendo a la perfección la piel aún húmeda de su entrada deslizarse contra el miembro flácido del alfa.
—Lo único que necesito es que te quedes aquí y me des tu nudo.
Kacchan lo observó con incredulidad desde abajo.
—¡Ya anudé dos veces!
Izuku lo miró con poco entusiasmo.
—Mi celo dura cinco días. —se explicó. —Aún te falta mucho para complacerme.
La sola mención de un reto causó que la expresión de Kacchan cambiara.
Un segundo después, ya estaba sosteniéndolo por la cadera con sus manos calientes y le sonreía con fiereza.
—Ya verás. —respondió, aceptando el reto. —Vas a terminar lloriqueando para que te deje descansar.
Izuku le sonrió con condescendencia.
Lo dudaba, pero Kacchan podía intentarlo todo lo que quisiera.
Tenía el resto de sus vidas para lograrlo.
