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Feromonas

Summary:

El celo de Izuku lo consume, y su único pensamiento racional es proteger a Shoto su Beta, de su propio instinto salvaje. Lo que Izuku no sabe es que Shoto lo desea precisamente por eso anhela ser el único capaz de recibir al Izuku más feroz y posesivo, demostrando que su cuerpo de Beta es más que suficiente.

Work Text:

 

 

 

En el mundo del Omegaverse, las dinámicas biológicas definían no solo las relaciones, sino la esencia misma de las personas. Los alfas como Izuku Midoriya, eran los dominantes naturales fuertes, protectores, con instintos territoriales que se desataban en sus celosos periódicos, produciendo feromonas potentes que atraían y sometían. Sus cuerpos estaban diseñados para anudar, para recuperar, para reproducir con una intensidad que podía ser abrumadora. Los omegas por el contrario, eran el complemento "perfecto" sus anatomías elásticas y lubricadas naturalmente, capaces de soportar nudos sin apenas dolor, entrando en celos sincronizados que los regresan sumisos, fértiles y desesperados por ser llenos. Producían un lubricante abundante y dulce que facilitaba todo, y sus feromonas respondían al alfa como un imán, creando un lazo biológico casi irrompible.

 

Pero Shoto Todoroki, no era un omega. Era un beta, el equilibrio neutral en este ecosistema. Los betas no contaban con un ciclo de calor, sus cuerpos no producían feromonas abrumadoras ni lubricantes en cantidades industriales. Su anatomía, aunque similar en algunos aspectos no era tan adaptable. No se dilataba con facilidad bajo el influjo de feromonas; no tenía esa elasticidad innata que permitía a un omega recibir un nudo sin desgarrarse. Para un beta, el sexo con un alfa en celo podía ser doloroso, riesgoso, incluso traumático si no se manejaba con cuidado. No había ese instinto sumiso que hacía que un omega se rindiera por completo los betas mantenían su voluntad, su control, lo que a veces los hacía sentir inadecuados en relaciones con alfas.

 

En sociedad, los betas eran vistos como "seguros" pero menos apasionados, menos "completos" para un alfa que buscaba esa conexión primaria. Shoto lo sabía bien, había crecido oyendo comentarios sutiles sobre cómo los betas eran parejas estables, pero no las que desataba la verdadera pasión alfa. Y en su relación con Izuku, eso se traducía en una intimidad siempre contenida, siempre cuidadosa.

 

Izuku y Shoto llevaban seis meses juntos. Se había conocido en un café del centro de Musutafu, donde Izuku trabajaba como entrenador personal en un gimnasio cercano, y Shoto como diseñador gráfico independiente desde casa. Izuku, con su cabello verde desordenado y su sonrisa contagiosa, había sido el primero en acercarse, atraído por el aura calmada y misteriosa de Shoto, con su cabello bicolor y ojos heterocromáticos que escondían una profundidad única. Al principio, todo fue dulce citas en parques, besos robados bajo la lluvia, noches de cine donde terminaban enredados en el sofá.

 

Pero en la cama, Izuku siempre se contenía. Como alfa, sabía de su fuerza, de su tamaño y siendo Shoto un beta, temía herirlo. Cada vez que lo penetraba, lo hacía lento con lubricante extra, deteniéndose ante el menor gemido de desconfort. "No quiero hacerte daño, Sho", le decía siempre, besando su frente mientras se movía con una delicadeza que rayaba en la frustración para Shoto.

 

Shoto anhelaba más. Quería ver al alfa real, al que gruñía y mordía sin remordimientos, al que lo tomaba como si fuera su posesión. Como beta, no tenía el lubricante de un omega para facilitar las cosas, pero su cuerpo respondía de otras maneras se mojaba con excitación, sus paredes internas se contraían con deseo, pero necesitaba más preparación, más tiempo. Y en un celo alfa, eso podía ser un problema. Los omegas se abrirían naturalmente, sus feromonas sincronizándose para hacer el proceso placentero desde el principio. Shoto en cambio, tendría que lidiar con el dolor inicial, con el estiramiento forzado, sin esa biología protectora.

 

Pero eso era exactamente lo que lo excitaba la idea de superar esa barrera, de demostrar que un beta podía ser tan satisfactorio como un omega, o incluso más, porque lo elegía conscientemente, sin instinto obligándolo.

 

El jueves por la noche, en el apartamento de Shoto, la tensión se palpaba en el aire. Estaban en el sofá, con una película de fondo que ninguno veía realmente. Shoto tenía las piernas sobre el regazo de Izuku, quien masajeaba distraídamente sus pies. El alfa parecía inquieto, olfateando el aire de vez en cuando como si algo lo molestara.

—Sho... creo que me viene el celo —dijo Izuku al fin, con voz baja y seria, sin apartar la vista de la pantalla.

Shoto sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Se incorporó ligeramente, mirándolo con ojos brillantes de anticipación. Llevaba semanas pensando en esto, imaginando cómo sería. Como beta, no sincronizaba celos, pero podía sentir la excitación creciendo solo con la idea.

—¿De verdad? ¿Cuándo? —preguntó, intentando sonar casual, pero su voz salió ronca, cargada de deseo.

Izuku suspir, girndose para enfrentarlo. Su expresión era una mezcla de excitación y preocupación.

—Mañana, probablemente. Los síntomas empezaron hoy el calor en la nuca, el olor más fuerte... Es el primero desde que estamos juntos, y va a ser intenso. Como alfa joven, mis celos son... impredecibles.

Shoto se mordió el labio, imaginando ya las escenas Izuku descontrolado, gruñendo, tomándolo sin piedad. Como beta, sabía que no produciría feromonas para calmarlo o sincronizarse, pero eso lo hacía más emocionante. Quería ser el que lo trajera de vuelta, el que lo satisficiera a pesar de las diferencias.

—Entonces, lo pasamos juntos -dijo Shoto, acercándose más, poniendo una mano en el muslo de Izuku—Quiero ayudarte. Quiero que me uses, Izu Imagina yo debajo de ti, abriéndome para tu nudo, aunque duela al principio. Como beta, no tengo el lubricante omega, pero me mojaré tanto por ti... Puedo manejarlo.

Izuku se tensó visiblemente, sus ojos oscureciéndose por un momento con deseo puro. Pero luego negó con la cabeza, agarrando la mano de Shoto con fuerza.

—No, Shoto. No voy a pasar el celo contigo.

Las palabras cayeron como un balde de agua fría. Shoto parpadeó, sintiendo un nudo en la garganta.

—¿Qué? ¿Por qué no? Somos pareja. Es lo que se hace.

Izuku lo miró con ojos suplicantes, pero firmes.

—Porque eres beta, Sho. Tu cuerpo no es como el de un omega. Un omega se dilata naturalmente con mis feromonas, produce un lubricante que lo hace todo fácil, resiste el nudo sin problemas. Tú... tu anatomía es diferente. No tienes esa elasticidad innata; Podrías desgarrarte, sangrar, terminar en el hospital. Y yo en celo... no soy yo. Pierdo el control. No respondo a razones. Si te hago daño, no me lo perdonaría nunca.

Shoto sintió la frustración burbujeando en su pecho. Se apartó un poco, cruzando los brazos.

—No soy de cristal, Izuku. Sé lo que soy un beta. No entro en celo, no huuelo a omega desesperado, no me someto instintivamente. Pero eso no significa que no puedas darte lo que necesitas. Quiero verte así, salvaje. Llevo meses con esto en la cabeza. Cada vez que me follas tan suave, tan cuidadoso, me frustro. Quiero el dolor, quiero el nudo forzándome, quiero gritar y luego sentirme lleno como nunca.

Izuku negó de nuevo, su voz endureciéndose con ese tono alfa que rara vez usaba.

—No lo entiendes. En celo, mis feromonas te podrían afectar. pero no como un omega. Podrías no lubricarte lo suficiente, y yo no pararía. Los betas no tienen esa biología protectora; es riesgoso. Me encerré en casa con supresores y bloqueadores. Tres días, máximo Cuando pase, volveremos a lo normal.

Shoto intentó protestar, abriendo la boca, pero Izuku lo llamó con un beso suave, que solo avivó su ira.

—Prométeme que no vendrás. Por favor, te amo demasiado para arriesgarte.

Shoto no prometió. Solo ascendiendo, con los ojos bajos, planeando ya su próximo movimiento. Como beta, no dependía de instintos; usaba su mente. Y sabía que Izuku le había dado una copia de las llaves de su apartamento hace meses, "por si acaso" Ese "por si acaso" acababa de llegar

El viernes llegó con una tormenta ligera. Izuku había ido al trabajo por la mañana, pero a mediodía ya sentía el celo avanzando como un incendio forestal. El calor lo invadía en oleadas, su piel sensible al roce de la ropa, su olfato captando olores lejanos que lo ponían al borde. Como alfa, su cuerpo se preparaba. el nudo en la base de su polla empezaba a hincharse incluso en reposo, sus colmillos se alargaban ligeramente, y las feromonas salían en ráfagas, haciendo que sus compañeros de gimnasio lo miraran raro. Canceló sus clases y corrió a casa, llegando empapado por la lluvia que caía a cántaros.

Dentro del apartamento, se quitó la ropa con las manos temblorosas, quedando solo en bóxers que ya se tensaban. El olor a alfa en celo llenaba el espacio, un olor a pino, a bosque humedo. Se metió en la ducha fría, pero el agua solo avivaba el fuego interno. Pensó en Shoto su beta, su pareja y gruñó, golpeando la pared con el puño. No podía arriesgarlo. Como beta, Shoto no respondería a sus feromonas de la misma manera no se sometería instintivamente, no produciría lubricante para facilitar el anudamiento. Podría resistirse inconscientemente, haciendo que el dolor fuera peor. Izuku no quería eso.

Salió de la ducha, goteando y agarró el celular. 

Izuku (19:12)

No vengas.

No quiero hacerte daño.

Te amo.

 

Tiró el teléfono al sofá y se encerró en el dormitorio, echando el seguro. Se dejó caer de rodillas en el suelo, respirando entrecortado, los instintos tomando el control. Gruñía bajo como un animal, el nudo palpitando dolorosamente. Su mundo se redujo a una necesidad de marcar, follar y anudar.

A las 19:27 , la cerradura de la puerta principal giró con un clic suave. Shoto entró sigilosamente, descalzo, vestido solo con una sudadera oversized de Izuku que le llegaba a medio muslo y nada debajo. El olor del alfa lo golpea como un muro invisible denso, abrumador, haciendo que su coño se humedeciera al instante, aunque no como un omega. Como beta, su lubricación era más lenta, más dependiente de la excitación mental, pero el aroma de Izuku en celo lo aceleraba todo. Cerró la puerta con cuidado, el corazón latiéndole en los oídos.

—Izu... —susurró, avanzando por el pasillo oscuro.

Desde el dormitorio llegó un gruñido gutural, inhumano, que hizo vibrar las paredes. La puerta tembló como si algo pesado se hubiera estrellado contra ella.

Shoto se acercó despacio, sintiendo el calor irradiando a través de la madera. Apoyó la palma en la puerta, inhalando profundamente ese olor que lo mareaba.

—Sé que me oyes Sé que me hueles —dijo con voz baja, desafiante— Abre, alfa. Soy yo tu beta.

Otro golpe fuerte. La puerta crujió bajo la fuerza, Luego hubo un silencio pesado. De repente, la puerta se abrió de golpe, casi saliéndose de las bisagras. 

Izuku estaba en el marco, transformado en algo primario. Sus ojos verdes ahora eran casi negros, con las pupilas dilatadas como las de un depredador. Colmillos alargados asomaban entre sus labios entreabiertos. Con el pecho subiendo y bajando en respiraciones rápidas, salvajes. El sudor cubría su torso desnudo, sus músculos estando tensos y venosos. Los bóxers apenas contenían la erección monstruosa, el nudo ya hinchado y rojo, visible a través de la tela fina. No había rastro de humanidad en su mirada solo instinto puro, animal.

No habló. Solo gruñó bajo y amenazante, olfateando el aire como un lobo cazando. Shoto dio un paso adelante, alzando la barbilla. Su corazón latía desbocado, pero no retrocedió. Como beta, no sentía el impulso sumiso de un omega, en cambio, una excitación consciente lo impulsaba.

—Hola, bestia —susurró, sonriendo con un toque de provocación—ven por mí.

Izuku inclinó la cabeza, con las fosas nasales dilatadas, intentando inhalar el aroma de Shoto. Un rugido vibró en su garganta, profundo y posesivo. Dio un paso, luego otro, hasta que estuvo un centímetro. Su mano se alzó, agarrando la sudadera de Shoto por el cuello, tirando con fuerza para acercarlo.

—Mio —gruñó, voz distorsionada, ronca, dura como piedra. 

Shoto jadeó cuando Izuku lo estampó contra la pared del pasillo. El impacto fue brutal, sacando el aire de sus pulmones, pero antes de recuperarse ya tenía la boca del alfa devorándole el cuello. Con los dientes rozandole la piel, luego se clavaron profundo, territorial, marcando hasta el músculo. La mordida no fue suave; Fue salvaje, dibujando sangre que bajó caliente por el hombro de Shoto. Como beta, el dolor no se transformaba en placer instantáneo como en un omega; Ardía era punzante, pero Shoto lo abrazó, excitándose más con la intensidad.

Izuku lo levantó con facilidad, Colocando las manos bajo sus muslos, apretando hasta dejar moretones. Lo llevó al dormitorio a zancadas, sin dejar de morder su cuello, hombros, pecho a través de la tela. Lo tiró sobre la cama boca abajo, y de un tirón arrancó la sudadera, rasgándola en dos. Shoto quedó desnudo, temblando, con el coño expuesto y ya húmedo, pero no goteando lubricante como un omega. Sus labios rosados ​​se hinchaban con excitación, pero necesitaba más para abrirse por completo.

Izuku se quedó de pie al borde de la cama, respirando pesado, sus ojos recorriendo el cuerpo de Shoto como presa. Un gruñido largo y bajo escapó de su garganta, Luego se abalanzó.

No hubo caricias humanas, solo instinto crudo. Le abrió las piernas de un manotazo brutal, separándolas hasta que Shoto gimió por el movimiento. Enterró la cara entre sus muslos, lamiendo con ferocidad desde la entrada hasta el clítoris hinchado. La succión fue intensa, casi dolorosa, haciendo que Shoto gritara y se arqueara. Como beta, su lubricación aumentaba con el estímulo, pero no era inmediata; dolía un poco al principio, hasta que su cuerpo se adaptó.

Los dedos de Izuku entraron de golpe, tres sin preparación, estirando las paredes internas a la fuerza. Shoto lloriqueó, sus manos buscando aferrarse al pelo verde, tirando con fuerza. Izuku gruñó contra su coño, la vibración enviando ondas de placer mezcladas con dolor. Lamió y succionó como si estuviera bebiendo la humedad que Shoto producía, aunque no tan abundante como la de un omega.

Shoto se corrió rápido, el orgasmo golpeándolo como un rayo, chorros de líquido transparente empapando la cara de Izuku. El alfa no paró; Lamió todo, gruñendo de aprobación.

Luego se puso de rodillas detrás de él, le levantó las caderas y empujó su polla contra la entrada. Una sola embestida, profunda, hasta el fondo.

El grito de Shoto fue de pura agonía al inicio. Izuku era enorme en celo, más horrible, más largo, y como beta, las paredes de Shoto no se dilataban fácilmente. Ardía, un estiramiento forzado que lo hacía llorar, las lágrimas corriendo por las mejillas. Un omega habría acomodado el tamaño con facilidad y elasticidad; Shoto tenía que luchar por relajarse, su cuerpo protestando con cada centímetro.

Izuku no esperaba adaptación. Empezó a follarlo como un animal con embestidas cortas, brutales, con las caderas chocando contra el culo de Shoto con sonidos húmedos y obscenos. Una mano en la nuca lo empujaba contra el colchón, inmovilizándolo. La otra clavada en su cadera, las uñas dejando surcos rojos.

—Tómalo —gruñó Izuku, voz rota y bestial—Toma a tu alfa.

Shoto sollozaba, pero empujaba hacia atrás instintivamente, buscando más a pesar del dolor. Como beta, no había sumisión biológica; era su elección, su deseo consciente lo que lo mantenía allí. El nudo empezó a presionar la entrada, hinchado e implacable.

—No... es demasiado... —gimió Shoto, arañando las sábanas.

Izuku empujó más fuerte, gruñendo, con los músculos tensos y sudorosos. el nudo pasó el anillo de músculos, entrando con un pop húmedo.

Shoto se corrió violentamente, el cuerpo convulsionando, chorros empapando todo. El dolor se transformó en placer abrumador, aunque punzante. Izuku rugió, ojos en blanco, y empezó a correr en oleadas calientes, el nudo hinchándose más, vendiéndolos por completo.

Permanecieron pegados así por casi una hora, Izuku derrumbado sobre él, mordiendo la marca del cuello, lamiendo la sangre. Shoto jadeaba, sintiendo cada pulso del nudo dentro, estirándolo al límite. Como beta, el anudamiento dolía más al principio, pero una vez acomodado, lo llenaba de una satisfacción profunda, diferente a la euforia instintiva de un omega.

Cuando el nudo bajó lo suficiente, Izuku salió con un sonido obsceno, el semen chorreando por los muslos de Shoto. Pero el celo no daba tregua. Izuku lo giró boca arriba, le abrió las piernas y entró de nuevo, esta vez más lento pero igual de profundo. Shoto gritó, con el coño aún sensible e hinchado.

Las horas se fundieron en un maratón de sexo primal. Izuku lo tomó contra la pared, en la ducha bajo agua caliente que no calmaba nada, sobre la encimera de la cocina donde Shoto se abrió de piernas voluntariamente. Cada anudamiento era una batalla con dolor inicial por la falta de elasticidad del beta, luego placer explosivo. Shoto perdía la cuenta de los orgasmos; su cuerpo, exhausto, se adaptaba poco a poco, lubricándose más con cada ronda, aunque nunca como un omega.

En el segundo día, el sábado, el celo alcanzó su pico. Izuku apenas hablaba; solo gruñía órdenes guturales "Abre", "Mio", "Más". Shoto, con el cuerpo cubierto de mordidas y moretones, se sentía vivo como nunca. Como beta, no producía feromonas para sincronizarse, así que mantenía algo de control mental, guiando sutilmente a Izuku cuando el dolor era demasiado, pero sin parar nunca. Hubo un momento, en la tarde, donde Izuku lo tenía cuatro patas en el salón, el nudo atascado profundo. Shoto sollozaba de sobrecarga sensorial.

—Izu... duele... pero no pares... —susurró, voz rota.

Izuku gruñó, mordiendo su espalda, pero en un destello de humanidad, lamió la marca suavemente. Luego volvió a lo salvaje.

Por la noche, exhaustos, se derrumbaron en la cama. Shoto, con el coño rojo e hinchado, el semen seco en la piel, se acurrucó contra Izuku, quien empezaba a recuperar algo de control.

El domingo, el celo disminuyó. Izuku lo tomó una última vez, más lento, pero aún intenso. Cuando terminó, lo cargó a la bañera, lavándolo con cuidado pero su instinto animal aún sigue latente.

—Sho... —murmuró Izuku, voz ronca pero humana al fin—Lo siento si...

—No —Shoto lo calló con un beso—. Esto era lo que quería. Como beta, no soy omega, pero aguanto Y ahora sabes que puedo darte todo.

Desde ese fin de semana, su intimidad cambió.

Izuku ya no se contenía tanto, incorporaba esa intensidad, respetando las diferencias de Shoto. El beta había probado su punto no necesitaba ser omega para ser perfecto. Su relación floreció, más profunda, más apasionada, con Shoto orgulloso de su rol único.