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La causa de su tristeza

Summary:

Aquel día era perfecto, sus amigos se esforzaron porque así fuera, pero había una cosa que ellos no podían hacer. No podían traerla a ella. Ella era su deseo y solo ella podría quitar ese dolor. Si tan solo aquel deseo se pudiera cumplir..."Estás aquí" se puso de pie por la sorpresa de verla "Debería golpearte ¿sabes? Sí estuve aquí, lo sabes bien".

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Ya casi llegaba Abril. Ya casi se cumplía un año de haberla conocido. Un año de que ella hubiese cambiado su mundo con simplemente aparecer en su vida, repleta de aquel espíritu lleno de vida. Aquella pasión por vivir.

Pero a pesar de que tan fuerte haya sido su deseo de vivir, su cuerpo no lo aguantó. Y por eso ese abril sería uno sin ella. Un abril, una primavera sin Miyazono Kaori.

Aquello le dolía profundamente. Se había prometido vivir al máximo, tal como ella hubiese querido que fuera. Y el ver aquella carta sobre su piano le recordaba diariamente aquella resolución. Cada vez que la veía o a la foto que se había vuelto su propio tesoro, sonreía con la mayor sinceridad para que no hubiera nada que ella pudiese reprocharle cuando se volviesen a ver.

El apoyo cercano y constante de sus amigos Tsubaki y Watari junto a la presencia de Hiroko e incluso la compañía y desafíos de Nagi le habían ayudado a mantenerse animado e inspirado, evitando volver a hundirse en aquél océano que durante tanto tiempo lo había mantenido en la obscuridad y el silencio.

Pero aquel día sencillamente se había levantado extrañando su presencia. No tendría ni a su madre ni a Kaori para compartir aquel día en su compañía. Aquel 28 de Marzo tampoco tendría nadie especial con quien compartir su cumpleaños.

Al menos, no las personas con quien más deseaba estar.

-¡Kousei!- se escuchó del otro lado de la puerta antes de que el timbre comenzar a sonar con insistencia.

Suspiró esbozando una pequeña sonrisa al dirigirse a la puerta.

-Te tardaste una eternidad, perezoso- regañó Watari apenas abrió la puerta.

-Lamento no haber estado al lado de ella para abrirle a quien no esperaba que viniera.

-Deja las excusas, lento. Ahora prepárate porque tenemos que salir a cumplir una misión importante- apuró Tsubaki con una expresión misteriosa y ganadora a partes iguales.

Ante la expresión de incógnita del dueño de casa, ambos amigos ingresaron como si se tratara de la suya propia para tomar el bolso, teléfono y llaves de Kousei, obligarlo a ponerse los zapatos y arrastrarlo sin misericordia ni atención a sus preguntas o demandas de explicación.

No se detuvieron ni le hablaron hasta que llegaron a un lugar en particular que se encontraba a varias calles.

Solamente allí le soltaron y se volvieron hacia él con grandes sonrisas.

-¡¿Pueden decirme de una vez por todas que se supone que están haciendo?!- reclamó amenazándolos de muerte por tal acción.

Sin mediar palabra le hicieron dar la vuelta para que viera que se encontraba a su espalda. Él miró intentando entender que se suponía que debía ver hasta que el entendimiento lo golpeó de frente.

-Este es…

-El lugar al que tu madre nos traía a comer después de tus recitales.

La nostalgia se hizo presente automáticamente. Hacía años que no iban a aquel lugar que de niños amaban, donde tantos recuerdos habían creado.

Sonrió intentando contener las lágrimas que trataban de escaparse.

-¡Feliz cumpleaños, Kousei!- dijeron a coro haciéndole sentir afortunado por tenerlos a su lado.

El almuerzo fue un viaje al pasado. Volvió a sentir algo de la alegría que tenía después de tocar en aquellos primeros recitales antes de que su madre enfermara. Cuando ella y Hiroko los llevaban a los tres a comer en aquel sitio. El lugar había cambiado mucho, pero seguía siendo el mismo sitio en donde los tres habían disfrutado tantos buenos momentos en el pasado.

Pudo sentir la sensación de su madre acariciando su corazón, casi como si la tuviera a su lado. Como si ella misma lo estuviese acompañando como tanto lo deseaba.

Sus amigos no se detuvieron allí. Luego de comer lo llevaron de paseo asegurándose de que pasara un día verdaderamente especial. No se había sentido tan bien y feliz de estar vivo desde sus días siguiendo a Kaori en sus múltiples locuras.

Cada momento que compartía con Watari y Tsubaki lo hacía sentir feliz y sensible a partes iguales. Tanto que por la tarde ya le fue difícil contenerse y soltándose a llorar les agradeció por ser tan buenos amigos. Hubiese sido extraño en otras circunstancias, pero ambos sabían por demás cuanto había atravesado el chico en ese último tiempo y todos los cambios que tendría que afrontar en el nuevo instituto. Secretamente estaban esperando que en algún momento se quebrara bajo el peso de todo, y por eso se encontraban constantemente pendientes de él.

Incluso Tsubaki había hecho a un lado su confundido corazón para ayudarlo y asegurarse de que sanara antes de intentar presionar algún cambio.

El sol comenzó a bajar y esa era la señal que les indicaba que ya era momento de llevarlo al último lugar de su recorrido. Le obligaron a vendarse los ojos sin responder a ninguna de sus interrogantes.

Kousei finalmente desistió, tan solo dejándose llevar a ciegas y tropezando en más de una ocasión. Llegaron a algún lugar donde abrieron una puerta e ingresaron.

-¡Llegamos!- se anunciaron al tiempo que le descubrían los ojos.

En lugar de escuchar el esperado “bienvenidos”, lo recibió la combinación de un “feliz cumpleaños, Kousei/Arima-sensei/hermano”

Ahora sí se encontraba perdido. Entendía que sus dos amigos de la infancia le prepararan una sorpresa de cumpleaños, y no le sorprendía del todo que Hiroko recordara la fecha, pero que los tres y Nagi se hubiesen aliado era algo que no esperaba.

Koharu se acercó para abrazarlo, con un dibujo en la mano que le regaló seguidamente, con una inmensa sonrisa. Lo tomó con una lágrima rodando por su mejilla.

-Es hermoso. Muchas gracias.

– Mi hermano envía esto- se aproximó Nagi a continuación entregándole una tarjeta de felicitaciones firmada por Takeshi y Emi para momentos después agregar -. Arima-sensei ¡le preparamos una sorpresa de cumpleaños! Ven Koharu.

-Fue idea de mi pequeña- explicó Hiroko apresándole el cuello con un brazo mientras lo conducía a la sala del piano donde ambas niñas se estaban acomodando sobre la banqueta-. Ella quería tocar una canción y tu alumna fue lo suficientemente amable y paciente como para ensayar con ella todo el día.

Simple, sencilla, totalmente fuera de tiempo y la melodía no se hubiese comprendido si Nagi no hubiese ayudado con su parte, pero el escucharlo lo hizo volver a lagrimear.

“Hiroko… Aiza… Koharu… Watari… Tsubaki… todos ustedes pensaron en mí. Todo el día dejaron sus cosas de lado solo por mí. Para acompañarme. Todos ustedes se esforzaron por hacerme sentir bien. Estando aquí y escuchando aquellas notas erráticas de una pequeña niña guiadas con cuidado por alguien que ama el piano… hasta puedo sentir a mi madre sonreír ante esta escena.”

Se limpió las lágrimas con los puños, algo avergonzado por cuan sensible se mostraba.

“Cualquiera debería sentirse afortunado. Soy afortunado por tenerlos en mi vida. Ustedes hicieron por mí ¡todo lo que tuvieron a su alcance! Todo… excepto aquello que nadie puede hacer.”

Su corazón sintió una punzada ante el descubrimiento de aquello. Todos se habían esforzado al máximo por darle un buen cumpleaños, pero nadie podría darle aquello que verdaderamente deseaba en el fondo de su corazón…

“Nadie puede darme una última oportunidad para tocar nuevamente con Kaori o simplemente discutir con ella a causa de un sinsentido.”

Se dio cuenta que el último silencio se estaba prolongando, lo que significaba que la interpretación había concluido.

-¿Tan mal?- cuestionó la niña entristecida al ver las lágrimas silenciosas del cumpleañero.

-Eso…- intentó decir con la voz entrecortada- Eso fue hermoso… Verdaderamente hermoso- balbuceó quitándose los lentes y cubriéndose los ojos con el brazo.

-Mami, ¡le gustó!- festejó ilusionada- Quizás pueda ser pianista de grande.

Hiroko sonrió tranquilamente apreciando la escena e intentando comprenderla.

-Si eso es lo que tú deseas, claro que puedes.

-¿Puede Nagui enseñarme?

-¡¿Yo qué?!

Aquello sirvió para distraerlo de sus pensamientos. La cara espantada de su alumna a quien le pedían ser maestra y la inocencia de Koharu hicieron que le fuera imposible no comenzar a reír suavemente.

-Vamos, vamos. Luego veremos eso. Ahora vallamos al comedor- indicó aprovechando su papel de adulto responsable-. Kousei- lo detuvo mientras los demás seguían sus indicaciones- ¿Por qué no vas a lavarte la cara? Tomate el tiempo que necesites pero intenta no tardarte demasiado, no sé cuánto podré mantener a Koharu lejos del pastel.

.oOIOo.

El agua fresca se sintió bien en su rostro. Agradeció a Hiroko por la oportunidad que le dio de estar solo un momento. Desde que fuera secuestrado de su casa no había tenido un momento tranquilo de poner sus pensamientos y sentimientos confusos en orden.

“Ella no querría que desperdiciara esto lamentándome tal como lo estoy haciendo.” Se dijo mirando su reflejo antes de adquirir una actitud decidida “Debo hacer que todo su esfuerzo tenga sentido”.

-¡Pastel! ¡Pastel!

-¡Alto! ¡Nagi, detenla!

Se escuchó a la distancia junto a algún ruido que no terminó de identificar.

-Quizás sea mejor que me apure- sonrió culpable.

.oOIOo.

El susodicho pastel era verdaderamente bello. Los bordes estaban decorados para que parecieran las teclas de un piano y su nombre estaba escrito con azúcar en la parte de arriba.

-Se ve muy bien.

-Lo hicieron los Miyazono- Aclaró Watari tomándolo por sorpresa.

-Dijeron que era su regalo para ti- secundó la dueña de casa prendiendo la vela antes de indicar a Tsubaki que apagara la luz.

“Hasta los Miyazono quisieron ayudar… Mi padre llamó temprano. Mis amigos me dieron un gran día. Mis rivales me enviaron una tarjeta. Mi maestra y mi alumna me estuvieron esperando. Todas las personas importantes de mi vida estuvieron conmigo este día. Incluso mi madre se hizo presente… Solo me faltas tú”

-Pide un deseo.

“¿Un deseo? Mi deseo es una nueva oportunidad con Kaori. Una oportunidad para estar con ella sin desperdiciar el tiempo como lo hice. Desearía que ella pudiese seguir viviendo para seguir transmitiendo su alegría de vivir a todos los que se la cruzaran. Mi deseo es ella”

Sopló ante los aplausos de los presentes y luego de esforzó en conversar lo más animadamente que pudo mientras se preparaban para saboreaba el pastel que prometía ser incluso mejor de lo que se veía.

-¡Miren! ¡Miren!- llamó Koharu señalando por la venta en la cual ya se veía el cielo estrellado.

-¡Un cometa!- exclamó Tsubaki emocionada al ver el astro moverse por el cielo primaveral- Rápido, pidan un deseo. No solo Kousei esta vez.

“¿Qué es lo que deseo?”

Cerró los ojos un instante. Su vida era maravillosa en ese instante. Sabía dónde estudiaría. Tenía una extraña familia que le quería. Estaba en paz con su madre. No tenía nada de lo que se arrepintiera más que de haber encontrado tantas excusas cuando tuvo la oportunidad de estas con la persona que amaba. Su vida podría acabar en ese instante y él sería feliz que hubiese sido así el final. Solo faltaba Miyazono Kaori en esa imagen.

Fue entonces que un deseo se formuló en su mente. Quizás era un deseo egoísta, pero era el que más anhelaba su corazón.

“Deseo que Kaori esté aquí. Incluso si es necesario intercambiar mi vida por la de ella”.

.oOIOo.

En cuestión de un instante sus ojos se llenaron de lágrimas y sus dedos tocaron en el piano lo que él reconoció como las notas finales de una pieza. Una garra le atenazaba el corazón. Una profunda desesperación le llenaba el alma. De un momento a otro una lluvia de aplausos emocionados llenó sus oídos y cuando abrió los ojos lo supo.

Estaba nuevamente en la final del concurso.

Con dificultad retiró las manos del teclado y las llevó a sus rodillas donde no tardaron en cerrarse. Apretó los dientes intentando evitar que un sollozo escapara y sus ojos también se cerraron con fuerza. Pero en aquel momento las ovaciones se callarlo casi por completo llamando su atención. Tan solo un par de palmas permanecían aplaudiendo.

Volteó con intriga y allí la encontró. La única persona en el auditorio vacío. Caminando por el escenario lentamente hacia él, con su vestido impecable y el cabello suelto, únicamente con el broche de flor para mantenerlo fuera de su rostro.

-Estás aquí- jadeó poniéndose de pie ante el impacto de verla.

-Debería golpearte ¿sabes? -respondió calmadamente y él supo que probablemente habría cumplido con su palabra si estuviera más cerca- Sí estuve aquí, lo sabes bien.

Quiso gritar “¡pero ya no lo estás!” aunque se contuvo. Solo se obligó a mover los pies intentando acortar la distancia que ella recorrí lastimosamente lento.

-Anda, di algo. No tiene sentido que simplemente te regañe. Habla antes de que te arrepientas luego.

-Dice quien ocultó la verdad hasta el final.

-Eres cruel- replicó Kaori con una sonrisa serena- pero te sienta mejor cuando actúas así que cargar con todo tu solo. Igualmente, creo que me lo merezco- aceptó cuando quedaron uno frente al otro.

Kousei se sintió sin palabras mientras miles de pensamientos giraban por su cabeza y gran cantidad de sentimientos se debatían por apoderarse de él. No sabía que sentir, que pensar y mucho menos que decir.

Afortunadamente Kaori remedió la situación tomando acción como siempre lo hacía. Sonrió inclinando ligeramente la cabeza para verlo con un nuevo brillo en los ojos, justo antes de darle un fuerte coscorrón en el costado de la cabeza.

-¡Eso fue por estar deprimido por mi causa! Si vas a recordarme, que sea por las cosas buenas. Pero si vas a hacerlo amargándote la vida y evitando disfrutar de ella, será mejor que te olvides de mí.

-Prometí que no lo haría- replicó con seguridad mientras la miraba con un ojo cerrado y sujetándose el lugar atacado.

-¡Entonces hazlo bien!- lo desafió con un dedo que detuvo a milímetros de su rostro.

Esta vez fue su turno de sonreír. Tomó aire para erguirse y levantar el rosto como ella misma le había dicho aquella vez.

-Quiero recordarte. No quiero olvidar todo aquello que trajiste a mi vida. No quiero olvidar los dolores de cabeza que me diste, no quiero olvidar los miedos que me obligaste a enfrentar. Tampoco quiero olvidar las cosas que logré gracias a ti y el camino que empecé a forjar por tu intromisión en mi vida.

-Pero nada de aquello tendrá sentido si solo dejas que el dolor se quede. Volverás a encerrarte y desperdiciar las cosas buenas de la vida. Como ese bello pastel que hicieron mis padres y tu ni quisiste probar por lloriquear que no estaba allí contigo- se cruzó de brazos con severidad-. Un pastel debe ser para celebrar con otros y luego comerlo. ¡¿De que sirve el más delicioso pastel del mundo si nadie lo come por la tristeza de que no sea perfecto?!- exclamó antes de continuar su discurso gesticulando con elocuencia- Pero si se comparte con otros, entonces no importa cuantos defectos pueda tener. Esté algo seco o quemado, esté mal decorado o poco dulce, porque lo que importa es disfrutarlo con otros, que sea la excusa para compartir con los demás.

Comenzó a perderse en sus palabras, con una sonrisa tranquila descansando en sus labios mientras la observaba. Comenzaba a sentirse cómodo cuando un nuevo golpe lo obligó a concentrase nuevamente.

-Tus amigos en verdad que se esforzaron por ti- soltó junto con el puño que se dirigió a su hombro-. Y tú… te la estabas pasando bien- segundo golpe- Hasta… Que pensaste en mí y eso te amargó toda la alegría.

Cerró los ojos y se preparó para recibir el tercero, pero cuando se animó a mirar, la vio con el puño preparado y el ceño fruncido.

-¿Crees que me gusta ser la causa de tu tristeza?- bajó el brazo apretando los puños a los lados.

Aquello fue más contundente que cualquier golpe. Sus palabras calaron profundo y le hizo recordar como en cuestión de momentos todo lo bueno de su día había desaparecido a pesar de cuanto había intentado evitarlo, de cuanto había luchado sabiendo que a ella no le agradaría.

-Duele- murmuró agarrando la tela de su elegante pantalón y comenzando a sollozar.

Apretó fuerte los labios y los ojos tratando de controlarse, pero las lágrimas acudieron prontas a sus ojos y comenzaron a caer con voluntad propia picando de manera horrible.

-Lo sé- consoló con dulzura dándole lugar a que solamente llorara.

Trató de limpiarse los ojos con el dorso de la mano, pero simplemente seguían saliendo lagrimas sin señal de que fueran a detenerse.

-No sé que debo hacer- admitió con otro murmullo apenas audible por los sollozos que parecían tragarse las palabras. Pero fue lo suficiente para ella.

-Debes dejarme ir.

Un golpe eléctrico lo sacudió haciendo que olvidara todo y la mirar con desconcierto. Ella solo sonreía con dulzura poco habitual en su mirada.

-¿Qué?- jadeó sin aliento habiendo creído escuchar mal.

-Debes dejarme ir- repitió con paciencia-. Tal como lo hiciste con tu madre.

Kousei negó con la cabeza incapaz de decir nada. Eso no podía ser cierto. No podía estarle pidiendo lo único que él no estaba dispuesto a hacer.

-¿Sabes una cosa?- dijo Kaori balanceándose hacia atrás y adelante como si no estuviera hablando de gran cosa, pero igualmente fuera sumamente interesante- Hay algo que muchos ignoran, y es que… Cuando te aferras demasiado a algo lo terminas perdiendo, junto a muchas otras cosas con ello, y muchas veces te terminas perdiendo a ti mismo por no soltar algo cuyo tiempo ya pasó. Cuando eso ocurre, aquello que no querías perder termina tomando el control de tu vida. Pero cuando lo dejas ir, aquello finalmente puede volverse parte de ti y ayudarte a encontrar el camino para continuar.

Se detuvo y extendió una mano hacia él.

-Kousei. Yo no quiero que la sombra de mi recuerdo controle tu vida. Quiero que la luz que haya podido traerte te ayude a seguir.

Él tomó la mano de Kaori haciéndola adoptar la expresión más feliz y radiante que jamás le hubiera visto.

-Ya sabes lo que siento por ti. ¿Qué dices tú?

-Yo…- el sonido murió en su garganta antes de siquiera saber que diría.

-Vamos. No tendrás otra oportunidad de decírmelo de frente. Te arrepentirás si no lo haces ahora- presionó de una manera inesperadamente madura.

-Yo… Kaori, yo…- respiró hondo y se obligó a continuar antes de que fuera más difícil- También te quiero. Y quiero hacer lo que tu desees, no lo que yo quiero.

Ella aprobó con un reconfortante apretón mientras lo miraba a los ojos con una expresión de completa paz.

-Entonces sabes lo que debes hacer.

Kousei asintió tragando con dificultad tratando de no perder la resolución. Con lentitud empezó a soltar su mano al tiempo que una suave brisa comenzaba a soplar.

Kaori se fue haciendo hacia atrás sin dejar de verlo con aquella sonrisa. Algunos pétalos rosados comenzaron a volar a su alrededor. Finalmente, al perder el contacto con ella, bajó la mano sabiendo que eso era lo que querría que él hiciera.

Cada vez más pétalos se arremolinaron a su alrededor hasta que su figura se hizo borrosa y comenzó a desaparecer a medida que los sakura volaron lejos del escenario.

-Estaré contigo- prometió su voz viniendo de ningún lugar en particular-. Sigue adelante para que esté orgullosa de ti cuando nos volvamos a encontrar.

Creyó que se quebraría, que no podría aguantar el llanto, pero estaba equivocado. Una leve sonrisa comenzó a nacer en sus labios mientras unas tranquilas lagrimas caían limpiando el dolor que habían dejado las anteriores.

“No quiero que seas una sombra, no quiero que tu legado sea mi tristeza. Me esforzaré por llevar con mi música la luz que me dejaste” pensó entre una multitud de pensamientos que lentamente comenzaron a disminuir. Cerró los ojos con calma y respiró profundo comenzando a sentir algo de paz antes de entregarse a aquella quietud.

.oOIOo.

-¡Ya despierta!- gruñó Hiroko en su oído procurando que nadie más escuchara al tiempo que lo sacudía fuertemente por el hombro.

Abrió los ojos y se encontró nuevamente en la sala, sentado a la mesa y los demás agolpados en la ventana abierta señalando estrellas en el cielo.

-Entiendo que estés cansado, pero si vas a quedarte dormido que sea luego de comer algo de tu pastel. Todos han hecho un gran esfuerzo y sería lindo para ellos que les dieras el gusto de verte disfrutando de él.

-Lo lamento, tenía muchas cosas en la cabeza- se disculpó con timidez-. Pero tienes razón. Por nada me perdería la oportunidad de compartir con ustedes este pastel. De nada sirve tener el mejor pastel del mundo si no se lo disfruta…- murmuró para sí mismo tomando el cuchillo y los platos para servirles a sus amigos.

-¿Qué dices?- preguntó su maestra intrigada por la actitud inesperada.

-Algo que me dijeron- comento sin importancia tras negar con la cabeza.

Tras terminar su labor, le pidió ayuda para llevar los platos. “Vaya que una siesta a veces hace milagros, aunque solo sea de unos pocos segundos” la escuchó decir. Koharu fue la primera en darse cuenta y extender los brazos recordando su deseo de comer pastel y pidiendo su ansiada parte para empezar sin esperar al resto. Kousei sonrió al ver a todos disfrutando con los tenedores en la boca y hablar tan animadamente, dejando que todo aquello lo envolviera como la suave brisa que entraba por la ventana.

Dejo salir el aire con contento y juntó un trozo de pastel dispuesto a probarlo. Se lo llevó a la boca sonriendo al tiempo que un pétalo de sakura caía en su plato.

.oOIOo.

Notes:

Bien, con ustedes la segunda entrega directa del baúl de los recuerdos. Este one shot en realidad era el prólogo de un long fic muy distinto donde a Kousei se le cumpliría su deseo y viajaría en el tiempo donde Kaori misteriosamente se comenzaría a recuperar a la vez que él empezaba a enfermar de algo inexplicable. Pero visto desde la distancia, la idea ya no me gusta. Aparte de que hoy día sería imposible que terminara algo tan largo.
Pero ya tenía una buena parte escrita y se me ocurrió darle un jiro distinto para terminar la historia y aprovechar lo que ya tenía. Es parte de mi proceso de ir cerrando cosas pendientes. Lo que sí me sorprendió fue que me saliera todo de un solo tirón siendo que estoy tan oxidada en la escritura. Llamémosle gracia de estado.
Gracias por haber leído, espero les haya gustado. Dios los bendiga.