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¿Qué carajo es el amor?

Summary:

—Licha. Culiado. LICHA. Escuchame, no me vas a creer lo que… a ver, pará, cómo te lo digo. ¿Viste que ayer te quería contar una cosa? Bueno, ayer no estaba seguro, no te quise decir nada al pedo, pero recién… boludo, recién confirmé. Escuchame. ¿Vos sabés lo que es la lupita de Instagram? La de buscar. Bueno, el algoritmo te muestra cosas basadas en lo que vos buscás, lo que mirás, lo que… boludo. La lupita de Enzo. Es todo Julián. ¿Me escuchás? TODO Julián. Edits, fotos, reels, compilados, TODO. Y recién agarré el celular de Juli en el gimnasio y…

Se cruzó con De Paul en el pasillo. Rodri le hizo un gesto de “qué hacés”. Cuti se pegó el celular al pecho como si estuviera escondiendo un arma.

—Todo bien, Rodri. Hablando con mi vieja.

De Paul lo miró raro.

—¿Con tu vieja hablás así?

—Está sorda mi vieja. Le tengo que gritar.

 
* * *

Cuti descubre un ¿secreto? y junto a Licha maquinan un ¿plan? para darle un empujoncito ¿amigable? a dos tontos ¿enamorados?

Notes:

Mi primer fic que ve la luz del día, en la vida. Aprecio su compasión con mi (pobre) intento de humor.

Situado temporalmente en la fecha FIFA de Marzo de 2025 (bellos tiempos, lindo verlos a los gordos en ese partido, vuelvan, los extrañamos 😢)

Un regalito de cumpleaños para la julienzista más julienzo o bala, mi amiga Coffeebara :) con mucho cariño y hasta la última gota de positividad que pude juntar mientras me duró la ilusión de que capaz Juli se iba al Chelsea con Enzo :'D

(cualquier error o inconsistencia espacio-temporal: un hechicero lo hizo)

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Enzo

Chapter Text

Lo primero que hay que entender de Cristian Romero es que no sabe quedarse quieto.

No le sale. Es más fuerte que él. Es pedirle peras al olmo. O peras al carnicero, o a un cono del entrenamiento. No vas a recibir peras, no hay chance. A menos que se las pidas al Cuti, que seguro va y te las consigue, de puro culo inquieto.

Eran las seis de la tarde de un martes en el predio de Ezeiza y no había absolutamente nada que hacer. Habían llegado por la fecha FIFA hacia poco, todavía no había entrenamientos, la cena no estaba lista, y Cuti llevaba veinticinco minutos tirado en la cama libre de la pieza de Enzo que Juli aún no había llegado a ocupar, haciendo ruiditos con la boca mientras el otro scrolleaba en el celular.

—Estoy aburrido —dijo Cuti.

—Ajá —respondió Enzo, sin levantar la vista.

—Culiado, te dije que estoy aburrido.

—Y yo te escuché lo que dijiste.

—Y no vas a hacer nada al respecto.

—No.

—¿Qué clase de anfitrión sos?

—No te invité. Viniste vos solo.

—¿Y eso qué tiene que ver?

Enzo no contestó. Siguió scrolleando. Cuti estiró una pierna y le tocó el brazo con el pie.

—Pará —dijo Enzo.

—Estoy aburrido.

—Pateá una pared.

—¿Qué estás mirando?

—Nada.

—A ver.

—Que no.

—Sos re amargo, boludo, no me dejás hacer nada.

—Vos sos el que está en MI cama en MI pieza rompiendo las pelotas.

—Técnicamente estoy en la cama del Juli, y ya te dije: la mía es un horno.

—Y yo ya te dije que le digas al utilero.

—No le voy a andar pidiendo cosas al utilero, voy a parecer un…

—Un rompepelotas. Vas a parecer un rompepelotas. Cosa que sos.

Cuti se rió. Enzo también, sin querer.

El cordobés giró la cabeza y vio a Enzo tirado en la almohada, con un brazo arriba de la cara y el celular ya olvidado en la otra mano. Le dio una idea. Se sacó el celular propio del bolsillo, abrió Instagram, y le apuntó la cámara.

—Sonreí.

—¿Qué hacés?

—Historia para IG. Sos un desastre, man, mirá esa cara. Estás regalado.

—No me saques fotos.

—Ya te saqué tres.

—Cuti, te juro que…

—Pará, me saliste borroso. Pasame el tuyo que tiene mejor cámara.

—Es el mismo celu.

—Tiene la cámara rota el mío, boludo, mirá.

No era verdad. La cámara andaba perfecto. Pero ya estaba maquinando con la intención de subir alguna payasada a las historias de su amigo, y Enzo ya le estaba tirando el celular con la resignación de alguien que sabe que decirle que no a Cuti es gastar energía al pedo. Cristian lo agarró en el aire y abrió la cámara de Instagram para sacarle la foto.

Le sacó tres. En las tres Enzo tenía cara de querer matarlo, pero siempre con ese aura de turro malo que era su marca personal. Un par de sticker de chumbos, un temita de L-Gante y sale historia con fritas.

—Listo, podes dejar de servir rostro —dijo el Cuti, y fue a salir de la cámara para ir a las historias.

Tocó mal.

En vez de ir a crear una publicación, tocó la lupita.

Y se abrió el explorar.

Lo que vio fue la cara de Julián.

No una vez. No dos veces.

La página entera de explorar de Enzo Fernández era un altar a Julián Álvarez.

Julián en un entrenamiento del Atlético, peleando una pelota con la cara de perro que ponía siempre. Abajo, un reel de Julián metiéndola de tiro libre contra el Madrid con una canción épica de fondo. Julián riéndose en una entrevista donde la risa duraba como tres segundos pero alguien la había loopeado hasta el infinito. Julián caminando por la calle con auriculares, un video de treinta segundos donde no pasaba absolutamente nada, pero que ahí estaba. Noticias y programas de fútbol españoles hablando de Julián. Julián jugando con Tarzán. Julián. Julián, Julián.

Cuti subió el pulgar. Más Julián.

—¿Te mandaste la foto, hinchahuevos? —dijo Enzo, desde la almohada.

—Eh… sí, esperá, estoy buscando el chat. No me escribís nunca, forro.

No estaba buscando nada. Estaba scrolleando para abajo y cada vez era peor. O mejor. O algo. Un videoclip absurdo de los goles de la temporada pasada con Debí Tirar Más Fotos de soundtrack. Fotos profesionales de Champions donde el Juli salía sonriente jugando con una pelota. Un compilado de Julián Álvarez being adorable for 3 minutes straight que tenía doscientos mil likes.

—Cuti, dale, devolvemelo.

—Un segundo —era como presenciar un choque en cadena particularmente violento. Cristian no podía parar de mirar.

Bajó un poco más. Una foto de Julián y Enzo juntos en la selección riéndose cómplices, bueno, al menos ahí aparecían los dos, y después siete reels más de Julián solo.

Cerró la lupita. La abrió de nuevo. Quería asegurarse de que no era un bug. No. Ahí seguía todo. La Enciclopedia Julián Álvarez Ilustrada, armadita con cariño por el algoritmo en base a lo que Enzo buscaba, lo que miraba, lo que le daba like, dónde frenaba el pulgar.

—Cristian.

—Tomá.

Le tiró el celular. Se quedó sentado al borde de la cama.

Enzo lo agarró, miró la pantalla un segundo, y se acomodó para seguir en la suya. Cristian miraba la pared.

El algoritmo de Enzo es todo Juli.

No, a ver, pará. Capaz era normal. Eran compañeros. Amigos. Mejores amigos. Hermanos, uno podría decir. Se conocían de River. Capaz el algoritmo agarraba cualquier cosa y…

Todo Julián. No había un post que no fuera de Julián. Y la mitad de las cosas tenían likes de Enzo.

Se levantó, se puso las ojotas, y se fue sin decir nada.

Para dimensionar lo inusual de esto: Cuti Romero no se iba de ningún lado sin que lo tengan que rajar al menos seis veces y sin cerrar la puerta demasiado fuerte.

Enzo abrió un ojo.

—¿Cuti?

Silencio. Ya se había ido.

Enzo miró la puerta. Miró el techo.

Raro.

Pero no lo suficientemente raro como para moverse de la almohada, que era bastante mullida, así que cerró el ojo y siguió, hasta que un rato después lo sobresaltó el ruido de una notificación.

Arañita: A todo el mundo acá los ayudan con las valijas y a encontrar la pieza menos a mi parece

Se enderezó para responder.

Enzo: A los que llegan tarde no les toca

Arañita: No pasa nada, Giuliano seguro se pone la diez

Enzo se levantó de un salto y enfiló hacia la puerta.