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Es verano y el internado de chicas al que asistes por fin te ha liberado a ti y las demás. Tienes tiempo para ir a donde quieras el tiempo que quieras. Al menos en teoría.
La situación es que tienes que visitar a tus tutores porque quieren decirte algo importante.
¿Cuál es el lugar de encuentro? La casa de verano de la familia Bakugo.
Sí, una de las familias con más dinero de la ciudad.
De hecho su hijo acude al mejor internado para varones del país y próximamente irá a la mejor universidad.
Tanto él como tú son suertudos por tener a una familia que les apoya y quiere un buen futuro para ustedes.
Sin embargo hace un par de años desde la última vez que los viste y no tienes una idea de qué es lo que quieren de ti ahora.
Eres casi una adulta, como Katsuki y te has dedicado a estudiar arduamente.
Pero ni Mitsuki ni Masaru te han pedido nada a cambio.
¿Y si esta visita a la casa de verano es para hablar de eso?
Eres una chica inteligente sí; pero, no harán que tú sigas el negocio de la familia, porque para eso está Katsuki.
¿Y si...?
¿Y si esta reunión es para conocer al fin a Katsuki y concretar algo entre ustedes dos...?
Bueno, no conoces a Katsuki; pero debe ser tan bueno y amable como sus padres, ¿no? O esa es tu primer idea sobre él...
¿Entonces tendrías que casarte ya?
Casarse es dar un gran paso... Aunque no te sientes capaz de rechazar la propuesta ya que la familia Bakugo ha hecho mucho por ti y cómo vas a fallarles de esa manera...
Te sientes entre la espada y la pared porque un matrimonio con alguien de esa familia podía arreglar toda tu vida; pero... No conoces el mundo y quieres hacerlo...
Eres una chica independiente que se las ha apañado como ha podido, crees que tienes un futuro prometedor por delante más allá de estar en casa con un hombre del que lo único que sabes es su nombre...
El coche de la familia Bakugo se detuvo delante de la puerta de tu internado, interrumpiendo tus cavilaciones. Torpemente te disculpas con el chofer mientras le entregas tu maleta para que la guarde en la cajuela.
El hombre abre entonces la puerta del vehículo y te hace una señal para que subas mientras dice:
—La señorita no querrá hacer esperar a los señores Bakugo.
Y te resignas a entrar. A enfrentar al destino.
El viaje no es muy tardado aún cuando el camino y los alrededores ya no están tan poblados como la ciudad. Hay mucho verdor por doquier y eso te distrae. La ventana abierta mueve tu cabello.
El chofer se limita a conducir y tú sólo miras el paisaje.
No tienes idea de cuánto ha tomado el traslado; pero sabes que llegaron cuando el auto se detiene y el chofer vuelve a bajar ahora para abrirte la puerta.
Frente a ti ves a una mujer rubia bastante atractiva y que luce aún joven y a su lado un hombre de cabello castaño que tiene una pinta amable. Sí, los señores Bakugo.
Mitsuki se te acerca y te abraza. A sus ojos has crecido bastante y tiene sentido porque eres casi una adulta. Sonríe.
Masaru en cambio se queda en su sitio, sonriendo afablemente mientras te pregunta por el viaje. Sabe que no conoces muchas partes de la ciudad y que esto es nuevo para ti. Quiere saber si lo consideras una experiencia interesante.
Y claro que lo fue. Hizo que tus preocupaciones se esfumaran un momento.
Mitsuki insiste en que entres a la casa para después preguntar a la mucama si tu habitación está lista y, tras recibir una confirmación, subes a la segunda planta de la casa y empiezas a instalarte.
No hay señales de Katsuki.
Una vez que bajas Mitsuki confirma que su hijo no ha llegado y aunque intenta excusarlo tiene una llamada de atención reservada para él en cuanto aparezca.
Katsuki llega cuando tú y los señores Bakugo están en la sala degustando un tentempié antes de la hora de la comida.
Mitsuki se aproxima rápidamente para hacer lo suyo, reñirle y darle dos golpes en la cabeza. Katsuki no muestra ni un ápice de vergüenza, tampoco se disculpa. En vez de eso le grita de vuelta a su madre. Después de todo él y Kirishima llegaron tarde por culpa de este último.
Un chico pelirrojo se asoma también y su primera reacción es disculparse. Tuvo algunos asuntos pendientes que retrasaron la salida de ambos del internado.
Kirishima parece un chico agradable y la primera impresión que tienes de él es diez veces mejor que la que tuviste de Katsuki.
Kirishima te mira y te sonríe. Su dentadura en forma de picos te asombra. No se toma a mal cuando se te escapa decir que es como la de un tiburón.
Kirishima sabe quién eres. Katsuki le ha hablado de ti. Evidentemente no mucho porque es la primera vez que los tres se ven; pero no eres una extraña.
Masaru por su parte intenta detener la riña entre su hijo y su mujer y les recuerda tu presencia. Porque sí, no estás de visita para verles pelear. Tampoco quiere que te asusten.
Mitsuki se disculpa contigo y excusa de nuevo a Katsuki, quien no está muy feliz. En primera porque no es el lugar donde quiere estar y en segunda porque tú eres una tipa aleatoria de por ahí.
Y entonces vienen las presentaciones. Mitsuki se encarga de eso.
Como se dijo antes Katsuki no está muy interesado en ti y no sabes cómo sentirte. Tú en cambio te muestras como la chica social y agradable que la gente dice que eres.
De hecho eso hace que Kirishima se te acerque con más confianza y hablen de algunos temas. Katsuki tampoco está interesado en su conversación.
Si no supieras que es un chico apático e insufrible creerías que está enfadado porque Kirishima te está poniendo atención.
La hora de la comida llega algunas horas después. Tú y Kirishima tienen en común ese tema. Ambos son fanáticos de la carne y aunque los dos intentan tener modales en la mesa, Kirishima falla un poco más que tú.
Pero por tu parte lo dispensas, la comida sabe realmente deliciosa. Ojalá pudieras comer guisado de conejo todos los días.
Escuchas en silencio la conversación entre la familia, con Masaru nuevamente interviniendo para que su mujer e hijo coman tranquilos o eso intenta.
Luego te enteras que Katsuki y Kirishima son un año mayor que tú y que después de graduarse irán a la misma universidad. Te hace sentido porque los dos parecen tener una amistad bastante buena, aún con el carácter de Katsuki.
Después de más charla la comida termina bien. Aunque tú y Kirishima ya están pensando en la cena.
Mitsuki quiere que le cuentes sobre tu vida en el internado, quiere saber cómo lo estás haciendo. Masaru también parece tener curiosidad. Has estado a su cuidado y ya eres como una hija para ellos. Te sientes conmovida y entonces recuerdas el motivo que te trajo aquí y aún no te han revelado.
No se habla de eso y te sientes aliviada. Katsuki no es lo que esperaste... Definitivamente no te ves casada con un hombre como él. Si tan sólo fuera como Kirishima otra sería la historia...
Esos dos se han marchado ya y no a sus habitaciones como pudiste haber pensado. Ambos estaban en las caballerizas. Katsuki quería ver a Dynamight y pasar un rato con él.
Por supuesto que Kirishima lo ha seguido, como un fiel caballero sigue a su amo.
Quisiste ir a echar un vistazo también porque los animales te parecen interesantes, sólo que no pudiste porque Mitsuki quiso pasar más tiempo contigo y no te ibas a negar.
Mitsuki era agradable también, te recordaba a tu propia madre.
Era increíble lo diferente que ella era cuando Katsuki no estaba rondando por ahí haciendo cosas que la molestaran.
Tan inmersas estaban en la charla que les tomó más de un segundo notar a una de las mucamas apareciendo para decir que era hora de la cena.
Los platillos también estuvieron exquisitos. Ni tú, ni Katsuki ni Kirishima tuvieron permitido tomar vino; pero tampoco es que se perdieran de mucho.
Después de dejar la mesa llegaste rendida a tu habitación. Todo había sido como un sueño: desde una casa de verano con mayordomos y mucamas y un chofer conduciendo un auto increíble. Y una familia agradable y cálida. Aunque definitivamente no incluirías a Katsuki en esa descripción.
Era tan diferente a tu vieja vida siendo huérfana.
Te preguntaste si tu madre estaba en el cielo mirándote y sintiéndose feliz por tu buena suerte.
La cama estaba muy cómoda y caíste en un sueño profundo cuando la brisa se coló por la ventana abierta.
Cuando abriste los ojos de nuevo había una mucama frente a ti. Era hora de desayunar. Además debías prepararte para el paseo familiar.
Mitsuki te tenía un regalo después de que todos se levantaron de la mesa tras el desayuno.
Emocionada te entregó un paquete, envuelto a detalle y cuando lo abriste viste que era un vestido blanco, sin mangas y con una falda larga. Además venía un sombrero a juego.
Te pareció realmente bonito y fresco. Aunque no supiste cómo es que habían adivinado tu talla; pero no le diste importancia.
Podías haber elegido cualquier otra de tu ropa para el paseo familiar; sin embargo quisiste que el vestido y el sombrero fueran tu vestimenta para la ocasión.
Era cerca del medio día cuando la voz de Mitsuki resonó en la casa, otra vez estaba regañando a Katsuki porque este dijo estar indispuesto para el viaje familiar. Masaru abogó por su hijo explicándole a Mitsuki que tal vez él estaba cansado o tal vez quería pasar tiempo con el proyecto que dejó en pausa en navidad. Mitsuki no quiso dar su brazo a torcer; pero milagrosamente desistió. Aunque le parecía una grosería contigo.
Claro que tú no le diste importancia, a decir verdad no te sorprendía ni un poco que Katsuki tomara esa decisión. Además no ibas a echar de menos sus gritos.
Estabas un poco emocionada aún cuando fuera un picnic. Sí, un picnic.
Llevabas calzado cómodo porque el recorrido era a pie.
Mitsuki, Masaru y tú se dirigieron ahí cuando estuvieron listos. El clima era bueno; pero el sol quizás arruinaría la tarde amena y cuando pensaste en que ojalá algo pudiera cubrirte notaste que habías dejado el sombrero en tu habitación. Tenías que volver por él. Además era un regalo de bienvenida así que lo más educado era usarlo.
Entonces le dijiste a la pareja que te esperaran mientras regresabas a casa. Afortunadamente ambos accedieron comprensivamente. Para ventaja tuya los tres aún no estaban tan lejos.
Cuando pusiste pie ahí te abrieron la puerta de la casa y subiste rápido por las escaleras hasta llegar a tu habitación. Sí, el sombrero estaba en la cama, qué tonto de tu parte haberlo dejado ahí. Una vez que te lo pusiste y te miraste al espejo saliste. Mientras cerrabas escuchaste un ruido en la habitación de al lado. Miraste hacia allá y se escuchó de nuevo, como un quejido.
Era la habitación de Kirishima.
¿Kirishima se sentía mal o algo así?
Te quedaste frente a la puerta del chico, debatiéndote entre tocar o no, sobre todo porque una señorita no debía hacer cosas así; pero simplemente giraste despacio la perilla y abriste un poco. Sólo ibas a echar un vistazo. Aunque tal vez estaba mal de tu parte. Quizás era mejor que llamaras a Bakugo para decirle y que hiciera venir a un doctor.
O tal vez era mejor decirle a Mitsuki y a Masaru que volvieran...
Sin embargo no era necesario llamar a Katsuki porque ya estaba ahí dentro.
Por esa pequeña abertura pudiste ver a Katsuki encima de Kirishima, muy agitados y desnudos.
—Bakugo... —había dicho el pelirrojo con dificultad.
Kirishima estaba boca arriba sobre la cama, con la cabeza apuntando hacia la puerta, disfrutándolo como si su abstinencia de sexo hubiera sido demasiada.
Su cabello estaba desordenado, sus mejillas ardiendo y tenía los ojos cerrados, concentrándose en su momento a solas con Bakugo.
Que Kirishima intentara mantener la boca cerrada para no hacer mucho ruido no funcionó porque los habías atrapado.
—Tenía tantas ganas de salir de ese estúpido internado para hacer esto otra vez Kirishima... —dijo Bakugo con una especie de gruñido.
Estaba embelesado mirando a Kirishima debajo de él y con una sonrisa presuntuosa siguió con las embestidas. Echándose hacía atrás y luego hacía adelante dos veces seguidas, golpeando con fuerza sus ingles contra las de Kirishima. Justo como le gustaba al más bajito.
Bakugo se mordió el labio, sintiendo sumo placer.
Como respuesta Kirishima gimió un poco más, suavecito, mientras se aferraba más a él con sus brazos y piernas.
No era su posición favorita; pero sí la de Bakugo.
—¿Así de tanto te gusta fornicar pelo de mierda? —había preguntado Bakugo.
Kirishima gimió de nuevo, gustándole que le hablaran sucio.
Si Bakugo hacía eso se sentía capaz de lo que fuera por él.
—Mírate, me recibes bastante bien... Te gusta mucho que use este agujero, ¿no? —dijo mientras daba otro embiste—. Entonces eso haré pelo de mierda, voy a usar este agujero hasta que me harte para que no mires a nadie que no sea yo...
Abriste los ojos aún más, ¿se refería a ti?
—Bakugo... —la voz de Kirishima se escuchó suave y necesitada—. Soy tuyo así que haz lo que quieras conmigo... —agregó bajito y suplicante al final.
Y Bakugo no necesitó escuchar más para hacerlo...
Sólo cerraste la puerta, con las mejillas tan rojas como las de Kirishima, dándote cuenta que esos dos tenían más que una simple amistad bastante bien cultivada desde el internado en el que estaban estudiando.
Nunca habías presenciado una escena así antes y podrías apostar que los papás de Katsuki tampoco, así que debías darte prisa para ir con ellos antes que volvieran por ti y fueran a toparse con esa escena también.
¿Eso no arruina los planes de matrimonio arreglado entre los dos? Te preguntas mientras sales rápidamente por la puerta de la casa con rumbo hacia donde se encuentran tus anfitriones.
Tal vez debas cubrirlos: casarte con Katsuki mientras él tiene su amorío con su mejor amigo; para no arruinar a la familia...
Cuando apareces frente a los Bakugo intentas actuar como si nada y tus mejillas rojas son asociadas al ir y venir y a los rayos del sol. Aunque llevas puesto tu sombrero blanco.
Mitsuki y Masaru te sonríen, sin saber lo que pasa en su casa de verano en su ausencia.
Una cesta con rica comida los espera a los tres para el almuerzo...
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Aunque los Bakugo no tienen nada que decirte sobre un matrimonio arreglado. De hecho quieren saber si quieres estudiar también la universidad y la invitación a la casa de verano fue sólo para eso.
Tu libertad sigue intacta por un tiempo más.
