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El silencio reinaba en el departamento ese domingo al mediodía. Algo usual teniendo en cuenta las salidas de las cuales solían llegar a la mañana e incluso más tarde a veces si se iban a algún after. Siempre era difícil saber si la casa estaba vacía o alguien más estaba presente en los días post boliche. Lautaro ya no solía sumarse mucho a ese tipo de salidas, desde que estaba de novio prefería hacer planes con ella, sobre todo por la noche, terminaran o no con ellos durmiendo juntos. Esa vez no había sido el caso, la había dejado en su casa después de salir a cenar y volvió al departamento vacío porque sus dos amigos habían ido al boliche de siempre como cada fin de semana.
Justo cuando salía del baño el ruido de las llaves en la puerta interrumpió sus pensamientos. Apretó el botón del costado del celular para que se iluminara la pantalla y poder ver la hora. Los números en grande indicaban que eran las 13:21hs, un horario raro para aparecer un domingo. Manuel entró sigilosamente, como con miedo de despertar a alguien, lo que podría haber sido el caso si no se hubiera quedado dormido sin tener nada más que hacer relativamente temprano para sus viejos horarios. Cuando lo vio el pelinegro le sonrió mientras dejaba las llaves sobre el mueble junto a la puerta y empezó a caminar hacia la cocina después de soltar un “Hola, buen día”. Casi instintivamente Moski siguió sus pasos, era hacia donde se dirigía antes de que él llegara de todos modos.
Lo encontró abriendo la heladera y sacando una botella grande de Coca-Cola que estaba por la mitad para tomar directamente del pico.
–Servite en un vaso, no seas sucio –entró a la cocina y cerró la puerta de la heladera a su paso.
–Nunca un “buen día Merno, ¿cómo estás?”, siempre un reclamo –la risa se escondía detrás de sus palabras–. Recién llego loco.
–Buen día Merno, ¿cómo estás? Servite en un vaso, no seas sucio.
–Nos levantamos de buen humor veo –dijo en un tono totalmente sarcástico–. ¿No la pasaste bien anoche? –y por la forma de decirlo sabía perfectamente a lo que se refería aunque siempre fuera “en chiste”. No entendía por qué su novia no le caía bien a pesar de que insistiera con que nada que ver, tal vez porque captaba la mayor parte de su tiempo últimamente. Él consideraba que era lo normal cuando una relación recién comenzaba, su amigo no tenía por qué molestarse por eso cuando él mismo lo había pasado también.
–No seas pelotudo. La pasé bárbaro –no se le escapó el chasquido que hizo el otro con la lengua antes de volver a tomar otro sorbo de gaseosa –. ¿Vos qué onda? ¿Dónde anduviste que llegaste a esta hora? –lo dijo casual, como si no le generara una intriga real.
De repente se le endurecieron las facciones de la cara, dejando atrás sus gestos relajados y de burla que había mantenido hasta entonces.
–Por ahí –fue terminante, totalmente cerrado a explayarse.
Moski no le dio mucha importancia. Seguramente había estado con alguna mina de la que no le quería contar por algún motivo. Solía decirles ese tipo de cosas, siempre orgulloso de sus conquistas de una noche.
–Raro igual que no quieras contar vos –vio a Manuel encogerse de hombros mientras volvía a tomar gaseosa del pico de la botella, por el momento ya se había rendido con reclamarle que no lo hiciera–. Ya te va a sacar info la Bayita cuando se despierte seguro.
–¿Está?
–Ah, ni siquiera sabés dónde terminó la noche tu amigo habiendo salido juntos, insólito –soltó una risa algo falsa antes de seguir hablando–. No sé si está, recién me despierto, pero anoche estaba abierta la puerta de su cuarto así que calculo que sí.
El celular de Manuel vibró entonces, con un sonido corto, dispersando toda la atención que tenía sobre él en ese momento. Ahora toda estaba dirigida a la persona que estaba del otro lado de la pantalla, sus dedos moviéndose rápido sobre el teclado respondiendo el misterioso mensaje. Su semblante se mantenía forzadamente serio mientras lo hacía, como si hacer algún gesto pudiera darle al rubio alguna información que en ese momento no quería compartir.
–Me voy a tirar un rato, estoy muerto –anunció cuando finalmente bloqueó el celular dejando la pantalla en negro antes de guardarlo de nuevo en el bolsillo de su pantalón. La conversación que estaban manteniendo hasta ese entonces completamente olvidada de repente.
No medió palabra más antes de irse de la cocina, dejó la botella con el poco contenido de Coca-Cola que aún le quedaba de nuevo en la heladera y desapareció rápido en completo silencio. Y de nuevo el departamento entró en el mismo limbo que hace unos pocos minutos. Una quietud que no permitía saber si había alguien más ahí además de él, pero ahora con la certeza de que sus dos amigos estaban en la casa, cada uno en su habitación.
No tenía mucha importancia que estuvieran o no de todos modos, porque él ya tenía planes para ese día que no los involucraba a ninguno de los dos. Habían arreglado con su novia para ir a merendar a un lindo lugar y después caminar por la costanera como a ella le gustaba. Le parecía un gran plan de domingo, más teniendo en cuenta que iba a aburrirse ahí solo durante unas cuantas horas si se quedara. Genuinamente la pasaba bien, se reía y disfrutaba de la compañía de alguien que quería compartir ese tiempo con él, por eso le molestaba cuando Manuel jodía con que ella era aburrida. Eso era porque no la conocía bien, estaba seguro de que le caería bien si lo hiciera. Pero por ahora la idea de juntar demasiado a sus amigos con su chica no le parecía la mejor, por alguna razón prefería mantenerlos por separado.
Cuando volvió a la casa más tarde, cerca de la hora del stream, el silencio que había reinado antes de irse había desaparecido por completo. Bauleti gritaba desde la cocina que ya había llegado la comida y Manuel le contestaba desde su habitación que ya iba. De fondo se escuchaba una música a volumen bajo que le daba un poco de vida al ambiente a pesar de estar vacío.
–Menos mal que llegaste Moskita –lo saludó Santiago con una palmadita en el brazo al pasar por su lado.
–¿Por qué? Es temprano –chequeó la hora en su celular por las dudas de haberse equivocado y haber llegado tarde o medio justo para prender como le había pasado ya alguna vez.
–Porque el emo está insoportable.
–¿Qué le pasa ahora?
–No sé, anda en una y no me da ni bola. Y yo no quería comer solo así que menos mal que viniste. ¿Cenaste?
–No pero no tengo hambre, merendé tarde, después del stream pico algo –se sentó en la mesa junto a su amigo justo a tiempo para ver aparecer al otro por el pasillo con el pelo mojado, señal de que recién había salido de bañarse.
–¿Y mi comida? –preguntó al no ver nada sobre la mesa cuando llegó.
–En la cocina flaco. Yo me calenté lo mío y me vine a comer.
–Gracias por esperarme eh, después te quejás.
–Y si desde que te despertaste no me diste bola pelotudo, vos qué te quejás.
Manuel simplemente chasqueó la lengua y se fue para la cocina a buscar su comida. Era raro que no siguiera la pelea, lo que sólo indicaba que lo que había dicho Santiago era cierto, no le gustaba discutir cuando no tenía argumentos para ganar.
–Estaba cansado nomás y me quedé en la pieza. Lo que te gusta exagerar todo –apareció repartiendo el plato con la comida, el vaso y la botella chiquita de coca aún cerrada entre las dos manos.
–Tuvo una nochecita larga parece –Moski habló por primera vez desde que el pelinegro había aparecido en escena–. Una y media llegó hoy –lo mandó al frente, no sabía si Bauleti lo sabía o no.
–No eran la una y media todavía –hizo una aclaración totalmente irrelevante antes de darle una mordida a la hamburguesa.
–¿Y dónde anduviste hasta tan tarde vos si no viniste ni al after?
–¿No fue al after? –preguntó el rubio sorprendido, esa información no la tenía.
–No, tipo cinco lo perdí totalmente al tipo.
–Anduve por ahí, con alguien –se encogió de hombros quitándole importancia–.
–Con alguien… mirá vos che. Confesó nomás –siguió el castaño–. ¿Se puede saber quién?
–Están muy chusmas ustedes, ¿qué tanto preguntan?
–Cuanto más sabemos más fácil es quemarte en stream –se rio Santiago contagiando a los otros dos.
Manuel negó mirando hacia abajo con la sonrisa todavía en la cara. Parecía contento, pero a su vez había algo raro en él desde que lo había visto llegar aquel mediodía. No sabía descifrar bien qué era, pero no estaba como siempre en esas situaciones. Él lo conocía muy bien.
Su amigo siempre había sido muy difícil de leer por lo bueno que era mintiendo y ocultándoles cosas, incluso a ellos dos que eran las personas más cercanas en su vida en ese momento. Sin embargo, esta vez algo en sus ojos se dejaba entrever, algo diferente había en su actitud, un nerviosismo extraño que apenas se escapaba sutilmente en sus interacciones con ellos. Sus expresiones, sus movimientos, incluso su voz, todo en él estaba raro, actuando de una manera natural que se sentía forzada para enmascarar otra cosa, algo que pasa por dentro.
No sabía si tenía que ver con donde fuera que estuvo la noche anterior y no quería contarles o si había otra cosa que estaba perturbando su fachada de superado casi permanente en él, el chico que siempre era capaz de resolverlo todo a pesar de sacarse de quicio más fácil de lo que le gustaba admitir, pero Moski estaba dispuesto a por lo menos entender qué o quién era lo que lo tenía de esa manera.
Mientras lo miraba comer y seguir hablando con Santiago como si nada más relajado cuando cambiaron de tema pensaba en que ya llegaría el momento de saberlo, era todo tan sutil que llegó a plantearse si realmente había sucedido y sólo él fue capaz de verlo o tal vez no era nada y simplemente eran imaginaciones suyas.
