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El reloj analógico en la pared reclama tu atención con un exasperante tic-tac. Son las cinco y media de la tarde de un viernes, y tú te tendrías que haber ido a casa hace aproximadamente dos horas y media. Estás cansada, fastidiada, y tienes hambre. Lo único que quieres es llegar a casa, ponerte tus zapatillas de felpa favoritas, comer algo y meterte debajo de la manta. Todo el finde; eres consciente de que el próximo lunes te espera un día duro, muy duro.
Llevas meses preparando una cantidad obscena de documentación, papeleo que pretende defender el hecho de que en la pequeña empresa en la que estás contratada se hacen las cosas bien. Manuales, procedimientos, registros, documentos, papeles, papeles, papeles... Palabras como ciberseguridad, ciclo de mejora continua, no conformidad o concienciación llevan acosándote en sueños demasiado tiempo. Y todo ello se pondrá a juego la semana que viene, en una auditoría, esa palabra ominosa que no significa otra cosa más que "examen con esteroides". La empresa (de no más de una treintena de trabajadores) se juega una certificación muy importante, de la que depende mantener su cartera actual de clientes. Si pincha, es probable que te vayas al paro.
Y tu jefe ha decidido que la mejor persona para centralizar toda la documentación, trabajo, registros y estrés eres tú. ¿Si alguien te pregunta? El sistema está sujeto con verguillas, pero mientras pase la auditoría, todo lo demás es secundario. El certificado es lo único que importa.
Eustass Kid no ha ayudado para nada a que tu trabajo de los últimos meses se desarrolle con facilidad.
Eustass "Capitán" Kid (apodo estúpido, rancio y probablemente autoimpuesto), responsable de sistemas y redes, cabecilla del departamento IT... y prácticamente el único con los conocimientos técnicos necesarios para mantener la infraestructura tecnológica de la compañía en funcionamiento, aunque sea a base de gritos. Has trabajado codo con codo con él durante demasiado tiempo, sabe perfectamente que la auditoría es importante, sabe que su puesto de trabajo (y el tuyo) depende de ello...
Y no ha hecho más que tocarte los cojones durante las últimas semanas. Condescendiente, arrogante, con un complejo de superioridad extremadamente irritante... puede que se deba a que él es experto en sistemas IT y tu una "simple administrativa". Puede que también se deba a que, pese a ser un puñetero nerd tech, el hombre mide dos metros de alto y tiene la conformación física de un puñetero miura.
Kid es el clasico encargado de soporte IT que considera que los usuarios de las máquinas de las que él es responsable no son más que monos que acaban de descubrir cómo funciona un palo. Tus compañeros de trabajo se lo piensan varias veces antes de levantar el teléfono y requerir de su asistencia, o de abrir un ticket de ayuda dirigido a él. Porque como su corpulenta figura aparezca ante tu mesa, y descubra que el problema que tienes en el ordenador se debe a alguna gilipollez como un cable suelto o un shorcut de teclado pulsado por accidente... ya puedes prepararte.
Respecto al trabajo que has realizado coco a codo con él durante todo este tiempo... alguien debería darte un premio a la paciencia.
Condescendencia. Retrasos. Excusas. Miradas de superioridad, con esos malditos ojos dorados que te sacan de quicio. Comentarios "jocosos" que esconden una especie de complejo de dios, o simplemente el hecho de que se considera mejor que tú.
Mejor que tú.
Ok, vale, es verdad que en la parte técnica sabe más que tú, aunque eso no quita que tu te esfuerces en tus tareas y que seas diligente, aplicada y tengas buena mano con las personas. También es verdad... que tu compañero gasta un físico espectacular. Alto, ancho, musculoso. Pelo rojo asalvajado, ojos intensos, mandibula cuadrada y sonrisa amplia (y desquiciante). Piel surcada de cicatrices, y estilo al vestir más propio de una discoteca heavy que de una oficina (cuero, cadenas, vaqueros desgastados y camisetas de bandas; si en la oficina hay un dress code, se la suda). Si alguien se cruza con él por la calle, lo más probable no es que piense que se dedica a la informática y a los ordenadores, sino que se dirige a algún tipo de club de la lucha clandestina. Y es cierto que al final, por mucho que te vacile... termina haciendo lo que le pides. A su manera. Más o menos. Tendrá un caracter de mierda y va su puta bola, pero es extremadamente eficiente.
Sin embargo, lo de esta tarde está siendo la gota que colma el vaso. Tienes menos de 72 horas para dejarlo todo visto para sentencia, y Kid aún no te ha confirmado el haber actualizado el inventario de activos ni el etiquetado de todos los equipos. Esa mañana le mandaste tres correos que ha ignorado por completo, y tienes la sospecha de que lleva todo el día evitándote. Así que te levantas de tu mesa, atraviesas la oficina, bañada por la luz de la puesta de sol que entra por la ventana, y vas en su busca.
Al pasar por la sala de servidores, observas que la puerta está entreabierta. Resoplas, hastiada. El cartel de "mantener esta puerta cerrada" te devuelve la mirada con sorna, y se ríe de ti. En el interior, la luz está encendida. Así que te asomas, para ver qué cojones está pasando.
Te encuentras con Eustass Kid en el suelo, semi reclinado junto al rack, enredado entre cables como un gato con un ovillo de lana, e intentando colar un brazo musculoso por detrás de uno de los estantes.
-Kid, ¿qué puñetas haces?
Te encantaría decir que tu voz lo ha sobresaltado, pero te observa, impasible, desde el suelo, como si llevara todo este rato esperando a que aparecieras.
-Etiquetar el cableado, como me pediste.
-¡Te lo pedí hace más de un mes! ¡¿En serio, ahora?! ¡Tenemos la auditoría el lunes!
-Y estamos a viernes. ¿Cuál es la prisa?
-¡La prisa es que estoy hasta el moño y me quiero ir a casa! Llevas todo el día ignorándome a mí y a mis correos, tengo como 7 asuntos pendientes para el lunes que dependen de ti, y pasas de mi como de la mierda, ¿Y AHORA TE PONES A ETIQUETAR EL RACK?
-Me pongo a etiquetar el rack porque me has insistido en ello, pese a que te dije que los switch están numerados y que el cableado, desde que se instaló, tiene un código de colores, y me vienes con no se qué mierda de un requisito de norma. Pues etiqueto el rack. Además, mira que etiquetas más chulas he comprado, tienen calaveras.
Efectivamente, te muestra una de las pequeñas etiquetas negras que está usando para ejecutar tu encargo. Están decoradas con calaveritas, y tú tienes ganas de arrancarle la cabeza.
-... ¿Has programado los bloqueos automáticos de sesión en todos los equipos?
-¿No lo has comprobado por ti misma? Cada vez que te levantas de tu sitio para dar ordenes, o para perder el tiempo paliqueando por los pasillos.
Ya estamos.
-Si, en el mío si, te estoy preguntando si lo has hecho en TODOS los ordenadores de la empresa.
La sonrisa de Kid comienza a desfallecer, y lanza un suspiro, resignado.
-Que sí. Está configurado automáticamente para que todas las sesiones se cierren en 5 minutos. A la tuya le he puesto dos minutos, por plasta.
-¿Y lo que te pedí que revisaras de las actualizaciones?
-Las actualizaciones están automatizadas a través del firewall y del endpoint, desde antes de que tu llegaras.
-¿Y lo de las norm...?
-Las normas están firmadas por todo el personal desde hace una semana. Y te tengo un puñetero drive preparado con casi todas las evidencias que me has pedido, y alguna foto de gatitos a ver si te me relajas un poco. Que lo del lunes es una auditoría, no un juicio por evasión de impuestos, cojones.
A estas alturas, ya no sabes si es el cansancio, o el estrés acumulado. Pero si bien siempre has tenido paciencia y mano izquierda para tratar con Kid y con sus impertinencias... se te está empezando a agotar. Notas tus mejillas encenderse.
-Si... ¡Si no llevaras un mes pasando de mi como de la mierda, no sería tan pesada!
-Y si tú tuvieras un mínimo de confianza en el criterio ajeno, y más en el criterio de alguien que sabe BASTANTE MÁS QUE TU de la parte técnica, no tendrías que estar corroborando las cosas una, y otra, y otra vez, esquizofrénica.
En este punto, directamente notas tu sangre bullir. Kid te observa, aún desde el suelo, con el ceño fruncido, los brazos flexionados sobre las rodillas y una expresión que es una mezcla de enfado y burla.
-Bueno, ¡pues discúlpeme, señor experto, si mis conocimientos informáticos no son tan extensos como los suyos, pero me encasquetaron este marrón y me ha tocado tragar!
Kid, indiferente ante tu enfado (o puede que satisfecho), te ignora y se reclina hacia atrás, dispuesto a seguir desenmarañando y etiquetando cables... Pero no pierde la oportunidad de seguirte pinchando.
-¿Que no son tan extensos? Hasta hace seis meses no sabías cual era la diferencia entre un firewall y un antivirus, ni qué decir de para qué sirve una VPN...
-Tú pones la parte técnica, yo la adapto a lo que pide la norma, de la cual te recuerdo que tú no tienes ni puta idea.
-Ya, lo mío sirve para mantener vivos los sistemas y que la empresa no pete, lo tuyo... para que nos den un diploma.
Su condescendencia termina por sacarte de quicio.
-¡Diploma sin el cual nos quedamos sin clientes, imbécil! Maldita la hora en la que acepté este trabajo de mierda... Que ganas de pasar la auditoría de una puñetera vez para no tener que dirigirme a ti en... ¡en unos seis meses!
-No mientas, te encanta dar órdenes. Eres un grano en el culo profesional, ¡y una pesada de los cojones!
-¡Y tu eres un puñetero arrogante y un gilipo...!
Si a estas alturas no os estabais gritando cara a cara, era por la posición de Kid, que seguía reclinando en el piso. La conversación se había iniciado contigo en el marco de la puerta de entrada a la sala de servidores... Pero poco a poco te habías ido acercando a él, conteniendo el impulso infantil de darle una patada. Pero te había sacado de quicio, y tenias muchísimas ganas de sujetarlo del cuello de la chaqueta, y de zarandearlo, por mucho que probablemente el hombre pesara unos 50 kilos más que tu. Tu visión estaba nublada de rojo, y diste varios pasos hacia él, con la intención de seguir descargando seis meses de estrés y horas extras.
Sin darte cuenta de los cables que cruzaban el piso, enmarañados, entre tú y él.
Un paso mal dado hizo que el empeine de tu zapatilla se enganchara en uno de esos cables, tirante. Trastabillaste, y la inercia se encargó de que tu cuerpo se precipitara hacia delante.
En cuestión de segundos, y tras lo que en tu cerebro sonó a vinilo rayado... Te diste de bruces contra el amplio torso de Kid, que, rápido de reflejos, te sujeto con dos brazos como columnas que te mantuvieron firme en el sitio, evitando que te abrieras la cabeza contra una estantería.
-¡Q-Qué demonios haces!
-¿Eres idiota? - Te respondió con un resoplido y una sonrisa amplia. - Evitar que te mates, eres más torpe que una jirafa con patines.
Roja como un tomate, e intentando recuperar la posición y la compostura, moviste las piernas para levantarte, pero los cables seguían por todas partes. Tu pierna derecha se resbaló sobre un cúmulo de plástico y cobre, y acabaste sentada a horcajadas sobre su regazo.
La expresión de Kid cambio por completo, pasando de divertido, a avergonzado, y no pudo evitar un gemido ahogado.
Tu tampoco. Ya que no pudiste evitar notar... algo.
Algo grande.
Y un silencio incómodo se extendió por la sala, durante unos segundos.
-¿Es... te has? ¿La tienes dura? ¡¿En puto serio?!
-¡¿Cómo quieres que no se me ponga dura si no paras de frotarte contra mi?!
-¡No me estoy frotando, pervertido de los cojones...!
-¡ERES TÚ LA QUE SE ME HA TIRADO ENCIMA, PEDAZO DE INÚTIL!
Por un momento ninguno de los dos se atrevió a moverse. Notaste un respingo contra cierta zona delicada, que te provocó un respingo a ti misma. No sabías qué hacer, y la vergüenza te había bloqueado. No solo eso... sino que tan cerca de Kid, prácticamente cara a cara, fuiste consciente de los dos pozos de ámbar que tenía por ojos. Y pese a lo mal que lo estabas pasando, su expresión era exquisita. Por primera vez en meses, estaba sin palabras, cada vez más colorado, y probablemente estaba pensando si saldría de esta situación con una denuncia por acoso sexual.
*¿Qué le pasa a este tío? ¿Le pone que le griten? Ay la madre que me parió... qué bien huele...*
Abriste la boca, y como siempre, soltaste la primera estupidez que te pasó por la cabeza.
-Joder... ¿cómo te llega la sangre al cerebro con... con eso?
Una chispa de satisfacción y ego cruzó la mirada del pelirrojo, si bien seguía avergonzado.
-¿Te vas a levantar de una puta vez, o vas a seguir diciendo estupideces? Esto es culpa tuya.
Respingo.
-Y una mierda. Si no tuvieras el CPD que parece una puta leonera, esto no habría pasado.
-¿Alguna vez, ALGUNA, te callas la puta boca?
Respingo.
*¿Por qué siento que no tengo ganas de levantarme? ¿POR QUÉ NO ME SUELTA?*
Las manos de Kid subieron de tus antebrazos a tus hombros. Su rostro estaba muy cerca del tuyo. El juego de voluntades continuaba. Y a estas alturas su entrepierna parecía tener vida propia... y la tuya también. Tu cordura se había ido de vacaciones.
-...Oblígame, capullo.
Su mano se colocó tras tu cuello, sujetándolo con firmeza.
-... Vale. Tú lo has pedido.
En cuestión de segundos, Kid estaba devorando tu boca, y sus manos estaban por todas partes. Te sorprendiste a ti misma dándote cuenta de que no solo no opusiste resistencia, sino que respondiste a su beso con entusiasmo, enredando tus brazos alrededor de su cuello, sujetándote a sus amplios hombros, y siendo consciente del músculo sólido que percibias bajo el algodón de su camiseta de Megadeth.
De repente, el estrés acumulado durante seis meses estaba encontrando una vía de escape. Y tu cuerpo se sentía como una olla a presión que finalmente había encontrado una válvula por la que echar todo el vapor. Tu cuerpo se movía casi en contra de tu voluntad, buscando algo de fricción contra el punto en el que se unía al suyo. El calor comenzaba a acumularse en la zona baja de tu vientre.
Y entre beso y beso, Kid no callaba. Buscándote las cosquillas, como siempre, había tardado muy poco en recuperar tanto el control como el cinismo.
-Vaya, vaya... pensaba que no me aguantabas. ¿Eres masoquista, ratoncito? ¿Te pone que te pinchen?
Le diste un puñetazo en el pecho que se sintió como golpear un muro de ladrillo. Odiabas que te llamara "ratoncito".
-¡Por supuesto que no te aguanto! Trabajar contigo es lo peor que me ha pasado en mi vida, Eustass Kid. Eres un capullo arrogante, te crees mejor que los demás y solo miras por tí mismo. ¡Y te piensas que soy idiota solo porque no tengo un título de ingeniería colgando de la pared, te crees que nací ayer, pedaz-oH-MMHHH!
Sus labios te hicieron callar. Su lengua invadió tu boca. Cuando se detuvo, recuperaste el aliento, como si hubieras estado sumergida en agua y acabaras de emerger.
-Y tú eres una niñata insufrible y una mandona a la que le encanta decirle a los demás lo que tienen que hacer. ¿Te crees que estos seis meses no he estado a punto de mandarte a la mierda más de una vez? He tenido mucha más paciencia de la que te crees, ratoncito. Pero la paciencia se me agotó.
Te alejó brevemente de él, arqueó su cuerpo, y estirando su pierna, cerró la sala del CPD de una patada.
¡¿Qué estaba haciendo?! Y lo que era peor, ¡¿por qué no parecías dispuesta a detenerlo?!
Las palabras de Kid te estaban inflamando, pero para tu horror, no era únicamente enfado lo que estabas sintiendo. Tu cuerpo había reaccionado en contra de tu voluntad, y llegados a este punto, se retorcía, buscando algo de fricción, al mismo tiempo que intentaba recuperar el control. Pero el agarre de Kid era firme, y claramente estaba dispuesto a llevar la iniciativa, ya que en un rápido movimiento, te inclinó hacia atrás, y tu espalda dió contra el frío suelo técnico de la sala de servidores, que seguía cubierto de cables.
La posición era incómoda, pero te daba igual. Kid se inclinó sobre tí, su mirada era hambrienta, y...
¿Tenía un latiguillo en la mano?
No pudiste abrir la boca para protestar, porque sus labios se habían posado sobre tu cuello, y su otra mano se había deslizado bajo tu blusa.
-Todo el puto día dando órdenes... Todo el puto día con la auditoría en la boca... Todo el día enfadada. relájate un poco, ratoncito. Te van a salir arrugas con tanto estrés. ¿O prefieres que sea yo el que te ayude a relajarte un poco? ¿Quieres soltar algo de tensión? ¿Hmmm?
-Lo... Lo dices como si tu no fueras igual. ¡Ah! - Te tensaste aún más cuando notaste la yema de sus dedos deslizarte sobre tus pezones. - Te crees que sabes más que nadie, y no se te puede decir nada porque s... porque todo te mol-¡esta! ¡¿Qué demonios haces?!
Kid había alzado tus brazos sobre tu cabeza, y antes de que pudieras reaccionar, había juntado tus muñecas, y las había asegurado con una fina correa de plástico, de las que usaba para organizar los cables. Lo miraste, entre horrorizada y excitada.
-Ayudarte a desfogar - Fue lo único que añadió, antes de que sus labios volvieran a estar sobre los tuyos, de que su lengua volviera a estar enredada con la tuya. Con los ojos cerrados e inmersa en el momento, notaste cómo te abría la blusa, cómo desabrochaba el botón de tu pantalón, cómo exponía tu ropa interior a base de dar tirones torpes a la tela. La fina tira de plástico en tus muñecas, y sus muslos sobre tus piernas, te tenían prácticamente inmovilizada.
-¿Que soy un capullo, dices? No tienes ni puta idea de lo que es llevar un departamento de IT. - explicó, entre besos y caricias. - Todo el día lidiando con peticiones estúpidas, con imbéciles que son incapaces de manipular un pc sin cagarse encima. Y con una secretaria niñata que parece que se hace la tonta, pero que de tonta no tiene nada.
-Ng... No... ¡que no me llames secretaria, gilipollas, que no lo soy!
-Y tampoco eres tonta. No te veo con ganas de que paremos.
Se separó un instante para mirarte a los ojos. Intentaste aprovechar el momento para recuperar el aliento, pero volviste a perderte en su mirada.
-El cinismo va con el cargo, cariño. ¿Sabes qué más perfeccionas cuando te dedicas a lo mío?
Lo miraste, curiosa, sin saber de qué hablaba, ni por qué había parado.
-La habilidad con los dedos.
Fuiste incapaz de ahogar un gemido, porque al mismo tiempo que pronunciaba esa última frase, deslizó su mano entre el elástico de tu ropa interior, su dedo corazón entre los plieges de tu centro. ¿Cómo había podido colarse en tus bragas con tanta facilidad? Arqueando la espalda, no pudiste evitar seguir gimiendo. Alternaba entre acumular tus secreciones con la yema de los dedos (estabas extraordinariamente mojada) y acariciar y masajear la zona. Y viendo que no protestabas, termino introduciendo un dígito, grueso y cálido, arqueándolo con habilidad hasta que localizó tu punto G, mientras su pulgar masajeaba tu clítoris.
-K-Kid... no p... ah...
-Shhhh.... Relájate y disfruta, cielo... - te dijo entre besos. - Estás tan mojada... y es adorable ver cómo te retuerces. No finjas que no lo necesitabas, y déjate llev... wow.
El estremecimiento fue súbito, y violento. El orgasmo te alcanzó como un rayo, tu cuerpo se arqueó, y no pudiste evitar emitir un gemido prolongado. Kid se incorporó. Su rostro desapareció de tu vista, y diste un respingo cuando te diste cuenta de que estaba besando la cara interior de tus muslos, tu centro, lamiendo la excreción resultante de tu éxtasis. Estabas entre muerta de placer y de vergüenza, sin palabras, mientras intentabas recuperar el aliento. El parecía más satisfecho y lleno de si mismo que nunca...
-Eres demasiado divertida. Llevo seis meses pasándomelo muy bien, y al mismo tiempo muriéndome de ganas de arrancarte la ropa. Todo el puto día protestando. Todo el puto día dando órdenes. Y mira... lo poco que has durado.
Desde tu posición en el suelo, te estremeciste, algo mareada. Bajaste la vista y lo miraste con ojos vidriosos, sin saber qué decir. Nunca te habías dado cuenta de lo atractivo que era, o no habías querido admitir. Todo músculo y cicatrices. Todo actitud, salvajismo y mirada intensa. Y lo peor de todo, es que tenías ganas de mas. Tu cuerpo no dejaba de temblar... quizás en parte también por el frío de la habitación.
Kid pasó los brazos por detrás de los hombros, y te levantó como si no pesaras nada. Te sentó en su regazo, a horcajadas, como si fueras una muñeca; pasó tus brazos, aún maniatados por detrás de su cuello, y... volviste a notarlo. Y bajaste la mirada. En algún momento se había desabrochado el botón del vaquero, y el bulto asomaba. Cubierto por el algodón de su ropa interior, y algo húmedo, con un leve rastro de líquido preseminal en torno a la zona más prominente.
Notaste como te estrechaba contra él. Cómo te rodeaba con los brazos, tratando de devolverte algo de calor, la habitación estaba programada para mantenerse a 16 grados. Kid estaba siendo extremadamente posesivo, y al mismo tiempo, tan estúpidamente tierno que no parecía él. Y su erección no dejaba de saltar en sus pantalones. Volvió a besarte, y desinhibida ya por completo, notando tu propio sabor en la boca y quizás algo poseida por el momento, te frotaste contra él. Esta vez fue él el que no pudo evitar emitir un gemido grave.
-Joder, ratoncito... ¿te has quedado con ganas de más?
Se llevó la mano a la entrepierna, y liberó su erección. Lo observaste como pudiste desde tu posición, ojiplática, y algo preocupada. Su miembro era grande, proporcional a su estatura. Su glande, rojo y enfadado, te devolvió la mirada. Sentiste ganas de gritar cuando te diste cuenta de que te apetecía muchísimo llevártelo a la boca, pero él no necesitaba más preparación. Volviendo a manipularte como si fueras una simple marioneta, te inclinó hacia un lado, y terminó de arrancarte el pantalón y las bragas con algo de agresividad.
Conseguiste encontrar tu voz, y hablaste, algo entrecortada.
-K-Kid no se si....
El pelirrojo te devolvió la mirada. Su expresión cambió a una de preocupación, algo ensombrecida. ¿Te habría malinterpretado?
-¿... No quieres? ¿Quieres que pare?
-...¡No! Digo... Si, es... uh... ¡No es eso! Joder... es que la .... la tienes... uh... cómo decírtelo. Asusta un poco.
La sonrisa satisfecha volvió a dibujarse en su cara. Le habías acariciado donde más le gustaba: el ego.
-¿Algo grande para ti? ¿Asustada del pequeño Eustass, ratoncito? - Rió. - No te preocupes, cielo. Tendré cuidado. Además, estás empapada.
Mientras hablaba, volvía a colocarte a horcajadas sobre él, y tu te dejaste guiar. Diste un tirón de la tela de su camisa, dándole a entender que necesitabas más contacto con su piel, se desenganchó brevemente de tus brazos y se la quitó en un rápido movimiento antes de continuar. Su torso, marcado de cicatrices (nunca habías llegado a comprender cómo un tío que se dedicaba a la informática tenía el cuerpo tan hecho polvo), se mostró ante ti bajo la pálida luz de los fluorescentes. Kid era un caramelo, y tenías muchísimas ganas de chuparlo.
Lo besaste de nuevo, colocando las manos atadas sobre sus pectorales, buscando calor y confort en sus brazos, y gemiste en su boca cuando notaste cómo se abría paso hacia tú interior. Kid normalmente solía ser individualista, egoista, terco; tanto, que te sorprendió el cuidado y la paciencia con la que te estaba follando.
En la oficina.
Eustass Kid te estaba follando en la sala de servidores de tu curro.
Tu cabeza saltaba entre lo bien que se sentían sus manos sobre tu cuerpo, el miedo a ser descubiertos, y el dolorcillo dulce que notabas en tu entrepierna a medida que te penetraba. No eras virgen, pero joder... La tenía grande. Te aferraste a él como un náufrago a una balsa, mientras él seguía entrando poco a poco, centímetro a centímetro, hasta tenerte empalada por completo sobre su regazo. Y tu no hacías más que aceptarlo y lloriquear de placer.
-Kid... es... es... m-me voy a...
-¿Si? ¿Te gusta? - Te preguntó, entre besos húmedos. - Eres una golosina. ¿Has visto cómo hemos encajado? Todos estos meses dándome por culo, y resulta que estabas hecha para mi.- Kid te ajustó sobre su regazo, y comenzó a moverse, lento pero con firmeza. Comenzaste a moverte sobre él, arriba y abajo, notando como poco a poco te ajustabas cada vez mejor a él, y como lo que empezó siendo incomodidad y algo de dolor se convertía poco a poco en calambrazos de placer.
Cada una de sus arremetidas enviaba una corriente eléctrica desde la punta de tus pies a tu cabeza. Cada vez que su glande besaba el cuello de tu útero, algo dentro de tu vientre daba un vuelco. Cada vez estabas más mojada, y el único sonido dentro de la sala, además del zumbido de la maquinaria, era el golpeteo de tus muslos contra su cuerpo, el crudo plap-plap de sus embestidas. Ninguno de los dos podía ya disimular los jadeos, los resoplidos, lo entrecortado de la respiración de ambos.
-Kid... Aaaah... M-me.... Me voy a...
-¿Si? ¿Te vas a correr, preciosa? Joder, me... esto se siente... se siente muy bien... - te dijo entre gemidos. No te habías considerado nunca fan de las obscenidades, pero su lenguaje sucio estaba contribuyendo a que cada vez estuvieras más cachonda. - Mira... mírame a los ojos... quiero verte a la cara... quiero ver cómo te corres sobre mi polla, cielo... ¡Joder!
Kid notó los espasmos alrededor de su miembro bastante antes de que emitieras un gemido, algo agudo. El segundo orgasmo te recorrió por completo, con más intensidad que el primero, sobre todo porque esta vez las paredes de tu vagina tenian algo bastante más grande a lo que aferrarse mientras convulsionaban de placer. Kid gimió contigo, mientras sus embates se volvían cada vez más frenéticos, llegando al punto de sobreestimularte cuando finalmente caías en picado tras el pico de placer, pero no querías que parara. Encontrabas un inmenso placer en verlo así, frenético, sudoroso, agarrándote con fuerza mientras él mismo alcanzaba su propio climax.
Y llego. Con una sacudida, y un temblor, lo notaste derramarse en tu interior. Su agarre era brutal, hubo un momento en el que llegó a dejarte casi sin respiración, pero el momento en que sentiste el calor invadir tu vientre, la conexión entre ambos mientras descargaba en ti, fue casi espiritual.
*...Joder...*
El silencio volvió a instalarse entre ambos, perturbado únicamente por dos respiraciones intentando normalizarse. Te mantenías abrazada a él, temerosa de mirarlo a los ojos, de romper el momento, mientras lo notabas desinflarse dentro de ti.
No querías salir del trance. No querías que abriera la boca y que volviera a ser el capullo arrogante de siempre. No querías....
-Ratoncito...
-... Hmmm. - le respondiste. ¿Qué se dice cuando uno acaba de tirarse a un compañero de trabajo, en el trabajo?
-... ¿Estas bien?
*¿Qué cojones?*
Te sujetó el rostro con ambas manos y te obligó a mirarlo a los ojos.
-Que si te encuentras bien. No te he hecho daño, ¿no?
*Quién eres y qué has hecho con Eustass Kid.*
-N... no... Estoy... huh... No sé qué acaba de pasar.
-... Pues que hemos follado - Exclamó, con una sonrisa de satisfacción.
-¡En el trabajo, gilipollas! ¡¿Qué pasa si nos ha escuchado alguien?!
Él dirigió la vista hacia la puerta de la sala, aún cerrada, y miró el reloj en la pared. Continuó hablando, mientras alcanzaba un cutter para liberar tus manos.
-Son pasadas las seis, no queda nadie en la oficina, no te rompas la cabeza.
-Aún así...
-Venga ya. Admite que necesitabas un polvo más que el respirar. Mira lo relajada que estás ahora - Rió, arrogante. - De nada.
-Eres... eres imbécil.
-Y tu sigues siendo un grano en el culo. ¿Haces algo esta noche? Conozco un sitio de hamburguesas buenísimo, y tanto trabajo me ha dado hambre.
-¿Me estas diciendo de ir a cenar después de esto? ¿En serio?
-... Bueno, se que lo normal es hacerlo al reves, primero cena, luego polvo, pero ya sabes lo mucho que me gusta pasarme las normas por el forro de los cojones, jajajaja.
Lo miraste con una expresión que se movía entre la curiosidad y el odio. Seguía siendo tu irritante compañero de trabajo, pero tras lo ocurrido... extrañamente tenías ganas de pasar mas tiempo con él. De seguir molestándolo.
-Pero... Pero tú te das cuenta... ¡¿De que hemos follado en la oficina?! ¡Que podemos acabar en la puta calle!
-Bah. Eres una exagerada, como siempre. No te sabes la de que las reglas existen para pensar un poco antes de romperlas - Rió. - Bueno ¿Nos movemos? Estoy hasta los cojones del curro, y tenemos que limpiar el desastre que hemos... oh.
Su vista se había quedado fija en una de las esquinas de la sala. Y al seguir su mirada, tu alma abandonó tu cuerpo.
Las cámaras de seguridad.
*LAS CÁMARAS DE SEGURIDAD*
-No... nononononono.
-Tranquila. A esta hora no hay nadie vigilandolas. Creo.
-Kid...
-El jefe se conecta en remoto, pero lo hace muy, muy de vez en cuando. Además, tienen un ángulo muy malo. Y las grabaciones solo se conservan 30 días.
-¡KID! - exclamaste, ansiosa, prácticamente clavándole las uñas en los hombros.
-¡Que si, mujer! Que puedo meterme en el sistema y borrar el video, ¡tranquila, TRANQUILA! Que me vas a hacer sangre, animal, jajajajaja.
-Como algo de esto salga de aquí te arranco la puta cabeza.
-Que si. Ahora mismo voy. Conecto, localizo el video, y lo borro cualquier rastro de lo que ha pasado.
Suspiraste aliviada, mientras te incorporabas, dispuesta a recuperar la ropa, y la dignidad.
-... Pero primero me lo descargo en el móvil. ¿Quieres que lo veamos juntos mientras cenamos?
-¡¡EUSTASS KID!!
