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Lautaro estaba harto. Hace dos horas estaba sentado en el lugar, bancandose las luces molestas y el aburrimiento.
Los premios seguían pasando en categorías a las que él no estaba ni nominado, pero seguía con el enojo del premio que le habían robado muy evidentemente. No era que le interesaran esas cosas, solo que le parecía cualquier cosa que sea el más votado y aún así no haya salido ganador.
Todo eso sumado a que los organizadores lo habían sentado en una mesa con streamers que no conocía y sus amigos estaban en otra mesa.
Resumidamente; el evento estaba siendo una mierda.
— Un embole ¿No? — habló una voz a su lado.
Lautaro lo miró, estaba sentado a dos sillas y no parecía tener mejor humor que él. Asintió.
— Mal.
— Te robaron una banda a vos — dijo levantándose para sentarse más cerca. Lautaro lo miró con las cejas alzadas. — No es descanso, a mi también me hicieron lo mismo.
— Al final son una mierda estos premios — suspiró Lautaro.
— ¿Es la primera vez que venís?
— No, pero el año pasado recién arrancaba, ni sabía que podía ganar algo — explicó sin entender bien el porqué el morocho le transmitía tanta confianza. — ¿Y vos?
— Estamos en la misma, es mi segundo año también — dijo pasando un brazo por el respaldo de su silla. — Te merecías los premios, sos muy gracioso.
Lautaro sintió sus mejillas enrojecer.
— Gracias, vos también te merecías los tuyos — respondió con una risa tímida. A decir verdad no le había prestado atención a las ternas del morocho.
— Soy Mernuel, pero vos decime Manu — indicó dejando un beso en su mejilla.
— Yo Moski. Lautaro.
Manuel dejó escapar una risita por los nervios evidentes del rubio.
— ¿Querés que nos vayamos, Lauti?
— ¿Qué? — preguntó confundido, los ojos verdes lo distraían demasiado.
— Y si, es obvio que acá solo ganan los amigos — dijo Manuel encogiéndose de hombros con el ceño fruncido. — Y estas aburridisimo, me doy cuenta.
Lo pensó, meditando la pregunta por unos segundos. Todavía le quedaban varías ternas en las que estaba nominado y tal vez lo tratarían de mal agradecido si se iba a mitad del evento.
Pero también era una realidad que estaba a dos segundos de dormirse en la mesa y estaba decepcionado por demás con lo armados que estaban esos premios.
No había nada que lo mantuviera ahí.
— Bueno, está bien — respondió guardando su celular. — Acepto.
Manuel le regaló una sonrisa que pareció iluminar el lugar por completo. Acto seguido se paró al mismo tiempo que él y lo tomó de la mano, caminando hacía afuera lo más disimulados que podían.
Ninguno recordaba a donde estaba la salida, por lo que tuvieron que recorrer todo el establecimiento entre risas cortas por lo mareados que se encontraban.
Cuando finalmente lograron volver a pisar la calle, el fresco de la noche les pegó de lleno en la cara. El cielo estaba despejado y bañado de estrellas, mientras un viento agradable coronaba el ambiente.
— ¿A dónde vamos ahora? — preguntó Lautaro, notando que sus manos seguían unidas.
— No sé, a tomar algo — recomendó el morocho comenzando a caminar. — Igual, estoy seguro que hasta mirar plantitas es más divertido que esta garcha.
— Si, literal — rió Lautaro. — Igual es increíble, no entiendo para que nominan a la gente si van a meter mano.
— Es para medirse la pija entre ellos.
— Entonces la tienen bastante chiquita.
Manuel suelta una carcajada tan fuerte que logra sorprenderlo. Realmente no creía que haya sido tan gracioso.
— No entiendo como no te llevaste el premio.
Lautaro sonrió agachando la cabeza.
Caminaron así por varios minutos, sin rumbo alguno, buscando cruzarse con cualquier cosa que llamara su atención. A veces hablaban de cosas banales, por otras el silencio reinaba.
Manuel no sabía que el silencio podía sonar tan tranquilo, pero el rubio por alguna razón lograba que fuera así.
— ¿Vos sos siempre así de callado o yo te caigo mal? — preguntó, no creía que fuera así, pero quería escuchar su voz otra vez.
— No, nada que ver — rió levemente. — O sea que no me caes mal, ni te conozco.
— Pregúntame lo que quieras saber y yo te respondo.
— ¿Todo lo que quiera? — preguntó Lautaro alzando una ceja.
— Todo — respondió guiñándole un ojo.
— Sos medio chamuyero ¿Puede ser? — dijo desviando la mirada.
— No te voy a mentir, me conocen bastante por eso.
Lautaro soltó una risa corta.
— Se te nota.
— Igual no soy tan terrible eh — se defendió alzando la mano que no lo agarraba a él en señal de inocencia. — Solo que se comprar a la gente.
— Si vos decís.
— ¿A vos no te compré?
Lautaro lo miró, sorprendido por la pregunta y la confianza del chico. Manuel lo miraba con una sonrisa de lado que solo se podía calificar como chamuyera.
— No, la verdad que no.
— Que cagada — se quejó fingidamente, poniendo sus labios en una línea fina. — Tendré que seguir intentando entonces.
— Tampoco te la creas — dijo Lautaro, tratando de sonar tranquilo. — Soy muy difícil cuando quiero.
— Y yo puedo llegar a ser muy perseverante cuando quiero algo — respondió Manuel, soltando su mano, solo para pasar un brazo por sus hombros.
A pesar de haber conocido al chico hacía no menos de una hora, el peso en sus hombros se sentía casi familiar.
— ¿Algo? Soy un objeto de repente.
— Yo hablaba de querer comprarte — explicó con una sonrisa divertida. — Si queres que te quiera a vos, eso ya es otro tema.
— Sos un pelotudo.
Manuel se encogió de hombros.
— Igual me dejaste sacarte de los premios.
— Ya lo dijiste vos, nada puede ser más aburrido que eso.
— ¿Me estás diciendo aburrido? — soltó Manuel llevándose una mano al pecho exageradamente. — Me lastimas.
— Dios, sos un trolo.
— No escupas para arriba — sonrió divertido, acercándose para hablarle al oído. — Mira que lo tomo como un reto y te hago cruzar de vereda.
— ¿De dónde sacaste que no estoy ahí ya? — preguntó divertido.
Manuel se detuvo en seco, mirándolo sorprendido. Si bien tenía pinta de que le gustaban los hombres, no era de prejuzgar, mucho menos con streamers que a la mayoría que conocía le encantaban las mujeres.
Antes de que pueda formular un pensamiento, Lautaro lo arrastró del brazo.
— Ahí hay un bar.
Efectivamente, en una esquina había un local chiquito, mesas afuera, luces cálidas y algunas de colores, no parecía haber mucha gente. Todo el lugar contrastaba demasiado con el salón del que acababan de salir.
Caminaron hasta el local. Lautaro se sentó en una de las mesas de afuera, mientras Manuel entraba a pedirles algo para tomar.
Mirando a los alrededores, Lautaro de repente se volvió demasiado consciente de la diferencia muy clara entre las vestimentas de los chicos y el resto de las personas que se encontraban ahí.
— Che ¿No estamos como… demasiado formales? — comentó cuando Manuel se sentó frente a él.
— Ya fue, para algo tenemos que usar los trajes.
— Igual, el tuyo es medio jugado ¿No? — dijo Lautaro. No se había percatado de la combinación extraña de colores y patrones en el traje del contrario.
Manuel se miró a sí mismo, haciendo un puchero.
— ¿No te gusta?
— No dije eso, tarado.
— Es que no quería ser el típico básico que se pone traje de muñequito de torta — explicó encogiéndose de hombros.
— Te queda lindo.
— Vos también estas lindo — comentó guiñandole el ojo.
— Dije que te queda, no que estas lindo.
— Lo que digas — lo burló.
Rodó los ojos, mordiéndose el labio inferior, tratando de ocultar la sonrisa que amenazaba con salir. Para su suerte, justo en ese momento, llegó un mozo, dejándoles dos vasos.
Lautaro miró hacía abajo extrañado, recién cayendo en cuenta de que no le había dicho al morocho lo que quería.
— ¿Qué me pediste?
— Vodka con speed — respondió simple, aunque el rubio no le sacó la mirada de encima. — ¿Qué? Es lo que estabas tomando allá.
— ¿Tanto me estabas mirando? — preguntó parpadeando sorprendido.
Manuel tomó un trago de su vaso — que ahora notaba, era algo diferente a lo de él — y respondió.
— Estabas al frente mío, Lauti. Imposible no prestarte atención.
Lautaro le mantuvo la mirada unos segundos, antes de rendirse y bajarla a su vaso. No sabía que tenía el ojiverde, pero cada cosa que decía lo hacía sentir demasiado nervioso.
— ¿Sos así de chamuyero siempre o es porque no me conoces? — preguntó tomando varios tragos de su bebida.
— Vas a tener que averiguarlo. — dijo con una sonrisa.
No respondió. El silenció que le siguió fue tranquilo, el mal humor de ambos por haber perdido se les esfumó con el viento, dejando atrás una calma armoniosa.
— Así que… — soltó Manuel luego de unos segundos. — ¿Gay o bi?
Lautaro casi se atraganta con el vodka.
— ¿Qué?
— Dijiste que ya estabas en esa vereda.
— No dije eso — respondió frunciendo el ceño.
— Lo diste a entender.
— Pero no lo dije.
— Bueno ¿Hetero entonces? — preguntó con un tono que sonó a decepción.
Lautaro no era de ir contándole a gente random de su vida privada. Mucho menos a streamers que se les podía escapar el dato en cualquier momento. Pero algo en el tono de Manuel lo hizo paniquear un poco.
— No. — sentenció. — Soy bi, pero muy pocas personas lo saben.
Manuel se sentó más derecho, dejando su vaso en la mesa, mirándolo fijo.
— ¿Entonces tengo chances? — soltó con una sonrisa que se iba agrandando por cada segundo de silencio de Lautaro.
— Sos un pelotudo.
— Ya es la segunda vez que me lo decís — comento sin sacar su sonrisa. — Voy a empezar a pensar que sos de esos que levantan bardeando.
— No soy de esos — se defendió y rápidamente se corrigió. — Y tampoco te estoy queriendo levantar.
— Ah, ya te saque la ficha ¿Viste? — señaló riendo.
— Andate a cagar — dijo negando con una sonrisa. — Te preguntaría a vos, pero es bastante obvio que sos muy trolo.
— Yo también soy bi, solo para que quede claro.
— ¿Y si dejas de hacerte el gato y me hablas como una persona normal?
— Tenés razón — respondió agachando la cabeza. — ¿Estabas muy caliente por lo de los premios?
— No sé, un poco me hacía ilusión ganar algo — comentó. — Pero a la vez, tampoco son tan importantes para mí, si igual mis seguidores van a seguir bancando.
— Eso y que seguro más gente te vio siendo re gracioso y te van a arrancar a seguir — respondió sincero.
Le veía mucho potencial a Lautaro, sabía que si no era este año, entonces el próximo se llevaría todo.
— ¿Y a vos? ¿Te molestó?
— Pasa que yo estoy muy loquito con el tema del stream — se explicó jugando con sus anillos. — Me gusta tratar de ser el mejor y tener todo acomodado. Y estos premios siempre fueron como la validación que se necesita para confirmar que sos parte de los grandes o vas por ahí.
Lautaro le prestaba una atención meticulosa. Podía notar el cambio que hubo en la voz del morocho a diferencia de cuando estaban jugando. Se le notaba que eso era importante para él, mucho más de lo que era para Lautaro.
— Entiendo, pero tampoco te podés dejar llevar por estos que votan lo que les gusta a ellos — respondió estirando su mano, queriendo reconfortarlo, aunque se arrepintió a tiempo. — Es más, si fuera por ellos, estoy seguro de que le darían todo a Coscu.
Manuel soltó una risa.
— ¿Te imaginas? Todos los Coscu army awards van para su creador.
— Con lo chupa medias que son, ni dudes de que son capaces.
— Igual, un poco me sorprende que te chupen un huevo todos esos.
— ¿Eh? ¿Por qué?
— Dale Lauti — dijo como si fuera obvio. — Vos debes ser el único streamer que todos aman, nunca vi a nadie decir algo malo de vos.
Lautaro se encogió de hombros, jugando con la funda de su celular.
— No sé, puede ser. No hago nada raro igual.
— Sos tierno, sos gracioso, sos lindo y no sos aburrido — comenzó a enumerar Manuel. — Literalmente, no hace falta que hagas nada, gordo.
El rubio sintió como el calor se le subía a las mejillas una vez más. No sabía que lo había descolocado más, si el apodo cariñoso o los adjetivos que le puso.
— Ya entramos en confianza, me parece — dijo para luego suspirar y vaciar lo poco que quedaba en su vaso.
— Estamos en una cita, en algún momento hay que entrar en confianza — respondió riendo.
— ¿De donde sacaste que es una cita? — soltó Lautaro escandalizado.
— Estamos los dos formales, nos salimos juntos de unos premios y más importante, estamos tomando algo mientras nos conocemos — dijo con una sonrisa satisfecha. — Pregúntale a cualquiera y te van a decir que es una cita.
— Y si, fuera de contexto, si.
— Con el contexto también, si no ¿Porque me dirías que sos bi?
— Sos infumable — respondió en un suspiro, sabiendo que era imposible ganarle algo.
— Y vos sos tierno hasta bardeandome.
— Che ¿Se habrán dado cuenta que nos fuimos? — dijo cambiando de tema.
Manuel soltó una risa.
— Por la cantidad de mensajes que me llegaron, sí — comentó mirando su celular.
Lautaro, tan chusma como era, estiró la cabeza para ver que miraba. Aunque fue distraído por su fondo de pantalla que, casualmente, era el mismo que el suyo.
— Que locura — soltó al aire.
— ¿Qué?
— Mira — dijo encendiendo la pantalla de su celular emocionado.
Al ver lo que le mostraba, a Manuel se le encendió la misma chispa de emoción en sus ojos.
— Esto es el destino Lautaro ¿Te das cuenta no? — soltó Manuel completamente serio.
Lautaro negó con la cabeza.
— Es una coincidencia, Cars es un peliculón, no somos a los únicos que les gusta.
— ¿Pero justo el mismo fondo? Destino.
— Sos un exagerado, yo te estaba mostrando porque me pareció gracioso — se quejó divertido.
— Bueno, perdón, pero necesito razones para que me des bola — respondió. — Igual si es una locura.
— Más porque no tenés pinta de ser fan de Cars.
— ¿Por qué? — preguntó extrañado.
— Y… porque tenes pinta de esos que en la secundaria te hacían bullying si seguías viendo dibujitos.
— Eso es prejuzgar — señaló el morocho. — Nunca en la vida hice bullying.
— Yo te creo — dijo Lautaro. — Pero la pinta la tenes.
— Solo porque tengo tatuajes lo decís.
— Si, no me gustan los tatuajes — afirmó haciendo cara de asco.
— Los mios te van a gustar — soltó Manuel, sonriéndole.
— No hay chance — respondió Lautaro negando con la cabeza.
Manuel alzó una ceja, inclinándose un poco en la mesa.
— ¿Estás seguro? No me viste ninguno.
— Con ese me alcanza — señaló al que tenía debajo de la oreja. — Son tatuajes de emo.
— Mira vos, me anduviste fichando el cuello — se burló Manuel.
— Nada que ver ¿Que decís? — soltó, demasiado apurado para ser sincero.
Manuel lo miró con una sonrisa victoriosa, como si supiera algo que él no.
— Te la dejo pasar esta vez — dijo parándose y extendiendo una mano hacía él. — Vamos.
— ¿A dónde?
— No sé, por ahí — respondió encogiéndose de hombros. — Los de aquella mesa nos están mirando mucho, creo que nos conocen.
Lautaro miró lo más disimulado que pudo y noto como se decían algo mientras miraban de reojo a su mesa. Sintiéndose de repente muy inhibido por lo íntimos que estaban siendo con Manuel, le hizo caso. Guardó su celular y volvió a tomar su mano. El morocho se encargó de entrelazar sus dedos y él se lo permitió.
— Che — dijo Manuel luego de alejarse unos metros del bar.
— ¿Qué?
— ¿Te puedo decir algo sin que te enojes?
— Depende — respondió mirándolo con sospecha.
— Tenes las manos muy chiquitas — comentó por lo bajó, agarrando su mano entre las suyas.
— No, sos un pelotudo — se quejó nervioso, tratando de soltarse de su agarre.
— No te enojes, dale — pidió Manuel entre carcajadas. — Te lo decía bien.
— Es cualquiera la que tiras, innecesario — negó soltándose de su agarre y poniéndose las manos en los bolsillos. — Me voy a pedir un Uber y te dejo tirado.
— Perdóname, mi amor — pidió Manuel, pasando un brazo por sus hombros.
Lautaro se quedó pensando en lo extraño de la situación. Si alguien de la calle los veía pensarían que eran muy cercanos, demasiado. Nadie iba a saber lo raro que era que se tratarán así cuando se conocían hace una hora.
— Te perdono. — dijo por lo bajo, perdido en su cabeza.
Manuel lo miró de reojo, notando el cambio repentino de actitud.
— ¿Así de fácil?
— No te acostumbres — se encogió de hombros. Y sintiéndose muy valiente, sacó su mano del bolsillo, entrelazandola con la que estaba en su hombro.
Así caminaron varías calles más, contándose datos del otro. Conociéndose más a medida que pasaban las cuadras. Lautaro le comentó que solía vivir en España y Manuel le contó que se había mudado con un amigo, que luego se dieron cuenta, era amigo de ambos.
Y a medida que hablaban. Manuel se convencía más de que quería al rubio en su vida a toda costa. Desde el primer segundo en el que lo vio en los premios, pudo notar que el chico no era como nadie a quien había conocido antes, cada gesto y cada reacción le habían llamado la atención. Ahora hablando con él, le intrigaban el doble los detalles que conformaban su personalidad.
Lautaro sólo pensaba en que irse de esos premios de mierda, fue la mejor decisión que pudo tomar. No le importaba mucho lo que vayan a decir de él después, por el momento se estaba divirtiendo, sin la necesidad de la ostentación que lo rodeaba constantemente.
— Sabes que un poco me alegra no haber ganado nada — comentó Manuel luego de unos minutos caminando en silenció.
— ¿Por qué?
Detuvo su paso y se encogió de hombros, desviando la mirada por primera vez en la noche.
— La estoy pasando mejor con vos de lo que la hubiese pasado allá.
Lautaro soltó una risa nerviosa, mirando para un costado tratando de esconder el sonrojo que ya sentía en sus mejillas.
— Si, son los peores premios del mundo.
Manuel rió con él, quiso seguirle la broma, pero la vista del chico sonriendo se le hizo tan tierna que no pudo detener las ganas de sacar el celular y tomarle una foto.
— ¿Qué haces? — le preguntó Lautaro.
— Te saque una foto — dijo despreocupado.
— ¿Para qué?
— Para cancelarte en twitter — bromeó. — Estas lindo, la guardo como recuerdo.
— Dios — susurró Lautaro. — ¿Siempre les decís cosas así a los tipos que no conoces?
— No — dijo acercándose con una sonrisa. — Solo a los que me gustan.
Lautaro sintió una repentina necesidad de pegarle una piña y morderlo muy fuerte por ponerlo nervioso como si fuera un adolescente enamorado.
— Te voy a pegar — advirtió.
— No hice absolutamente nada — se defendió con una risa.
— Posta, tengo muchas ganas de pegarte.
— Me parece que es “besarte" la palabra que buscas — corrigió Manuel con una sonrisa.
Lautaro lo miró fijo, esos ojos verdes brillaban exageradamente bajo la luz de la calle, con una seguridad que era desconocida para el rubio.
— No te pienso dar un beso.
— Eso decís ahora.
— Sos infumable — soltó Lautaro volviendo a caminar.
— No dijiste que no — rió Manuel, volviendo a abrazarlo por los hombros.
Siguieron caminando unos minutos más, Manuel dejándose guiar por Lautaro, muy metido en la charla como para pensar demasiado a dónde iban.
Al salir del trance en el que estaba por la presencia del rubio, notó que estaba más inquieto de lo que estuvo en toda la noche. Cada tanto le daba miradas de reojo, prestándole atención y tratando de descifrar qué había cambiado.
— ¿Qué pasa que me miras tanto? — dijo Lautaro en un momento deteniéndose.
— Me gusta tu cara — respondió simple, sacándole una sonrisa. — ¿Qué te pasa? Estás callado.
— Te estoy escuchando — explicó agachando la cabeza. — Me gusta que me hables.
Manuel se quedó unos segundos en silencio, mirándolo descolocado.
— ¿Me acabas de chamuyar?
— No se puede con vos — dijo empujándolo sin fuerza.
— No dale, no te me hagas el boludo ahora.
— No me hago nada.
Sonrió por la mentira y miró atento a esos ojos grandes de un color mucho más complicado que un simple marrón , las pestañas que lo hacían ver más tierno y un rastro de pecas que resaltaban por el rojo en sus mejillas.
Llevo una mano a su pelo acomodando mejor el flequillo que caía en su frente.
— ¿Por qué me miras tanto, mogul? — preguntó Lautaro mirándolo fijo.
Manuel trago duro antes de responder, tomando el coraje suficiente.
— Porque necesito darte un beso.
— “Necesitar" es una palabra medio fuerte — soltó nervioso.
— Es lo que me pasa — respondió, acariciando el dorso de su mano, antes de agarrarla.
— Sos muy confianzudo.
— Capaz.
— Demasiado chamuyero también.
— Eso seguro — sonrió Manuel, acercándose cada vez más.
— Manuel… — suspiro Lautaro cuando sintió una mano en su cintura.
— Decime.
— Me caíste muy bien.
— A mí también — dijo Manuel, mirándolo sin entender.
— Quiero que sigamos hablando — añadió, llevando sus manos a la corbata del morocho.
— Yo también, pero ¿Que tiene que ver?
— Que si te dejo besarme… — comenzó. Manuel soltó una risita. — Las cosas van a ser diferentes.
Manuel volvió a jugar con su pelo.
— Dame tu celular.
— ¿Eh?
— Dame tu celu.
Lautaro lo miró desconfiado, pero al segundo sacó el dispositivo de su bolsillo, entregándolo desbloqueado. A Manuel le sorprendía la cantidad de confianza que se tenían en unas horas.
Lo agarró, ignorando las notificaciones de mensajes preguntando a donde estaba el rubio, entró a whatsapp y agendó su número, comenzando a escribir.
— Estás invitado a venir a mi stream mañana — dijo mientras tecleaba rápidamente.
— ¿Para qué?
— Para quemar a Coscu y lo armados que están los premios — explicó riendo. — Y para asegurarme que nos veamos, a pesar de lo que pase hoy.
— ¿Y si no quiero?
— Ya me mande la idea a mi — respondió devolviéndole el celular. — Cualquier cosa muestro la captura en stream y lloró diciendo que me dejaste plantado.
— Seguro ni te sale llorar, menos en una cámara.
— Por vos lloraría.
Lautaro soltó una risa. Noto que se rió mucho más en una hora con Manuel que a lo largo de su vida.
— Me gustaría ver eso.
— No me busques, eh — advirtió Manuel con una sonrisa ladeada.
— ¿Que vas a llorar? — preguntó con una risa.
— No, ya sabes lo que quiero hacer — respondió acariciando su cintura.
Estaban demasiado cerca, Lautaro podía sentir la respiración del contrario mezclarse con la suya. Él era consciente de que le estaba dando muchas vueltas a algo simple, pero le gustaba ver a Manuel rogarle un poco.
Y no lo conocía, así que realmente a ese punto le importaba poco si salía todo mal.
— Y hacelo si tanto te da.
— Miralo, se hace el canchero ahora — se burló con una sonrisa.
— Cerra el orto.
Lautaro llevó una mano a su nuca y con la otra tiró de su corbata cerrando la distancia que los separaba. Manuel suspiro en su boca, aferrándose a su cintura y siente los labios de Lautaro sobre los suyo, por un momento esta seguro de que así debe ser tocar el cielo.
Se besaron lentamente, disfrutando cada segundo. La tela de la corbata en su mano sintiéndose extraña fue lo único que mantenía a Lautaro anclado a ese plano.
Manuel llevó una mano a su cara, dejando caricias lentas, sacándole un suspiro a Lautaro que los obligó a separarse, juntando sus frentes.
Las calles parecieron callarse junto con ellos.
Lautaro abrió los ojos despacio, pasando la lengua por sus labios, saboreando lo dulce que Manuel le había dejado la boca por lo que sea que estaba tomando.
— Tenes muy rico perfume — rompió el silencio Manuel.
— Vos también.
Se miraron a los ojos unos momentos más, disfrutando demasiado el estar así de pegados. Manuel dejaba caricias casi imperceptible en su cintura y Lautaro, en ese momento, se sintió un poco enamorado de ese desconocido.
— Manu…
— ¿Qué?
— Mi departamento queda acá a la vuelta — confesó, mirando atentamente la reacción del morocho. — Yo me voy a ir.
— Pero…
— Y vos podés esperar al stream de mañana para volver a vernos… — lo interrumpió. — O podés subir conmigo.
El morocho parpadeo, sorprendido por la confianza repentina del Lautaro. Quien ahora lo miraba serio, determinado, pero aún con esa sonrisa tímida que lo caracterizaba.
— ¿Vos genuinamente pensas que voy a soltarte así de fácil? — preguntó realmente extrañado por la pregunta.
— Sos capaz.
Manuel con una seguridad renovada, lo acercó por la cintura volviendo a unir sus labios. Esta vez el beso fue con determinación, movían sus bocas al mismo ritmo y ninguna distancia parecía dejarlos lo suficientemente cerca.
Lautaro ladeó la cabeza para profundizar un poco más el beso, disfrutando de la cantidad de cosas que Manuel le estaba haciendo sentir.
— Lauti — suspiró en su boca al separarse. — No quiero que esto sea por hoy nomás.
— Yo menos — respondió entendiendo a qué se refería. — Miramos Cars y después te pido un Uber.
Manuel soltó una risa.
— Me gusta el plan.
Finalmente se separaron, tomándose de las manos para caminar lo que quedaba de distancia entre el departamento del más chico y ellos. Los dos sabiendo que sin importar lo que pasara o no en ese lugar, ya habían logrado una conexión imposible de romper.
Podían lidiar con las consecuencias de escaparse de un evento así al otro día. Quizás con algunos tragos encima y miles de viewers preguntándose desde cuando se conocian mirándolos del otro lado de la pantalla.
