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"Ugh... no puedo creer que ni siquiera me mire..."
Eso fue lo primero que cruzó por la mente de Yuri, mirando de re-ojo a Natsuki y notando cómo esta tenía la mirada fija en el televisor, sin inmutarse.
"¿Pasará algún pensamiento por ese pequeño cerebro?" Se cuestionó la chica alta, entrecerrando los ojos. Le sorprendía que Natsuki hubiera sido tan atrevida y perspicaz años atrás cuando en ese momento parecía tan inofensiva e inocente.
Durante un buen rato se limitó a quedarse quieta en un extremo del sofá. A ratos se intentaba concentrar en la película, pero era evidente que con la otra chica a su lado, a solo unos pocos centímetros de distancia, no podía.
No fue hasta que la peli-rosa se dignó a verla, que le devolvió la mirada de igual manera, frunciendo el ceño y preparándose para cualquier comentario mordaz que dijera.
Sin embargo, ella solamente esbozó una pequeña sonrisa traviesa, desequilbrándola mentalmente.
— ¿Qué te pasa? Estás muy tensa. — Se burló, siendo consciente de lo que provocaba en su novia.
— Nada...
La menor esbozó una sonrisa de autosuficiencia y negó con la cabeza. Claramente no le creía, pero pretendería que sí.
Después del breve intercambio de palabras, Natsuki volvió a concentrarse en la televisión y Yuri se mordió el labio inferior con un conflicto en la mente y tensión en el cuerpo. No sabía qué hacer para aliviar el ambiente tan incómodo.
Tragó saliva y volvió a mirar a Natsuki a su lado de arriba a abajo, analizando cada pequeño detalle: sus piernas lisas, sus muslos firmes, su torso pequeño... sintió que la boca se le hacía agua cuando notó lo diferentes que eran sus cuerpos.
Bajó la mirada a su propio cuerpo, notando cómo era claramente más grande que su chica en todos los aspectos: los muslos, las piernas, los brazos, el torso... incluso los pies y el rostro.
Se preguntó si esa diferencia de tamaños sería igual de evidente en sus partes íntimas.
Al caer en cuenta de lo que estaba pensando se maldijo mentalmente, poniéndose roja hasta las orejas, y cuando se percató de que comenzaba a ponérsele dura no pudo evitar soltar una maldición en voz baja, estirándose el borde de la camiseta para ocultar la creciente erección.
Miró a su lado para asegurarse de que Natsuki no lo hubiera notado y suspiró aliviada cuando notó que la menor seguía enfocada en la película.
Por primera vez en su vida agradeció que fuera tan distraída, porque así podía mirarla un poco más sin que ella notara lo sucios y oscuros que se estaban tornando sus pensamientos.
Se pasó la lengua por los labios, sintiéndolos repentinamente secos, y su mirada se oscureció mientras miraba le fijamente los muslos y el espacio entre sus piernas, preguntándose cómo se vería sin esos shorts deportivos.
Se preguntó, como muchas otras veces: ¿cómo sería su entrepierna? ¿Proporcionalmente grande o lógicamente pequeña? ¿La punta sería rosa como sus mejillas cuando se sonrojaba? ¿Olería bien? ¿Sabría bien?
¿Y qué tal su trasero? Era pequeño, como toda ella, ¿pero sería suave? Y, por dentro, ¿sería cálido y apretado? ¿O suelto y resbaladizo?
Sentía que no podía controlarse más. La saliva se acumulaba en su boca como un lobo hambriento que tiene delante un ciervo indefenso.
No podía seguir así, tenía que aclarar sus dudas.
Intentando ser lo más cautelosa posible, se acercó con lentitud a la menor en el sofá, pero ella era demasiado grande y fue imposible que su novia no notara el sofá hundiéndose a su izquierda.
Natsuki parpadeó, mirándola con confusión, pero no dijo nada. Asumió que simplemente se estaba poniendo cómoda. Yuri le dedicó una sonrisa torcida y sintió cómo una gota de sudor le resbalaba por el cuello.
Cuando Natsuki se dispuso a apartar la mirada nuevamente, la mayor no pudo aguantar más y apoyó todo su peso sobre las rodillas, estirando sus manos para coger el rostro de Natsuki entre ellas, atrayéndola en un beso necesitado.
La más bajita gimió, pues la había tomado desprevenida, pero no tardó mucho en acostumbrarse al contacto, intentando corresponder de la misma manera.
Yuri, a pesar de su personalidad tímida y reservada, solía ser quien daba el primer paso y buscaba el contacto físico en su relación.
No siempre había sido así, por supuesto, pero tras unas semanas de estar juntas, fue adoptando un rol más dominante y protector, no porque se lo impusiera a sí misma, sino porque simplemente sentía que así estaba destinado a ser, como si fuera su instinto el querer cuidar de Natsuki.
Quizá fuera por el aspecto físico de la chica, quizá por su comportamiento a menudo volátil y agresivo, pero tierno al mismo tiempo, o tal vez el conocer a fondo su historia.
No lo sabía, pero de lo que estaba segura es de que quería hacerse cargo de ella en todos los sentidos posibles.
Para Natsuki, sin embargo, no fue tan fácil.
Por supuesto, para una persona con su carácter nunca sería fácil el ceder y dejar que otra persona tomara las riendas, teniendo en cuenta su trauma y el cómo había sido una prisionera durante más de la mitad de su vida.
Sea como fuere, poco a poco y con un montón de paciencia por ambas partes, aprendieron a adaptarse a la personalidad de la otra. Aunque al principio a regañadientes, ahora podían decir orgullosamente que estaban cómodas y satisfechas con cómo era su relación hoy en día.
Con cuidado, pero teniendo torpeza natural de alguien grande sosteniendo algo pequeño, Yuri recostó a Natsuki poco a poco sobre su espalda, posicionándose encima de ella mientras la besaba, colando su lengua húmeda en la boca de su novia, que la recibió con gusto.
Claramente la situación apuntaba a ir más lejos, pero Natsuki intentó no hacerse ilusiones con que finalmente darían aquel paso en su relación. Simplemente supuso que su novia tenía muchas ganas de besarla y ya, aunque era obvio que la mayor buscaba hundirse en ella cuánto antes.
Al cabo de unos pocos minutos la paciencia de Yuri se terminó y rompió el beso, llevando sus manos a la cintura de la peli-rosa y colando las puntas de sus dedos bajo la camisa de la menor, sintiendo la calidez de su abdomen bajo sus dedos fríos.
— ¿Puedo?
Preguntó con torpeza, aunque no podía asegurar que se retiraría si Natsuki decía que no. En ese momento estaba decidida a tomarla, quisiera ella o no.
Para fortuna de ambas, la menor asintió lentamente con timidez y alzó los brazos para facilitarle la tarea. Yuri no perdió el tiempo y le quitó la camiseta con diseño de gatitos en un movimiento limpio, dejándola caer al suelo sin importancia después.
Entonces, la vista delante suyo hizo que se paralizara durante unos segundos.
La saliva prácticamente escapó de las comisuras de su boca y tragó con lentitud cuando sus dos manos rodearon sin problema los pequeños pechos de su novia, cubriendo las areolas rosadas con los pulgares y frotando con suavidad.
Disfrutó en demasía cómo el torso pálido de su novia se arqueaba por el movimiento de sus pulgares. Estaba siendo gentil, y el solo imaginar cómo Natsuki se quejaría y retorcería si fuera más ruda hizo que toda la sangre de su cuerpo comenzara a fluir hacia el sur.
— Dios... — Prácticamente gimió con voz ronca.
Sin vergüenza alguna, se encorvó y comenzó a lamer y morder con suavidad los pechos pequeños y casi inexistentes de la menor, respirando con fuerza y deleitándose con los sonidos que escapaban de la boca de su amada.
Cuando finalmente cubrió las dos pequeños montículos de chupetones y saliva, se apartó, soltando un gemido de satisfacción al ver su obra, y alzó la mirada para analizar la reacción de Natsuki.
Afortunadamente, parecía igual de complacida, sin mostrar ningún signo de incomodidad, y al bajar la mirada a su short pudo darse cuenta de lo dura que estaba. No tanto como ella, pero acercándose bastante.
— Te puedo tocar aquí, ¿verdad?
Quiso asegurarse nuevamente, y agradeció a todos los santos cuando Natsuki asintió con la cabeza, porque Dios sabe que no se habría detenido si le hubiera dicho que no.
Sin escrúpulos, sostuvo a la pequeña de la cadera con una mano y con la otra comenzó a acariciar su erección sobre la licra del short, que prácticamente no cubría nada y hacía el contacto más placentero.
Natsuki se retorcía y parecía que no podía pedir más, pero Yuri sí que lo hacía. Y no tardó mucho en enganchar los dedos en el borde de la prenda, bajándolo con cuidado, como si desvistiera a una muñeca de porcelana y no a su propia novia de carne y hueso.
Terminó de quitarle la prenda y después se aseguró de quitarle los calcetines también, provocando que Natsuki se sintiera completamente expuesta. En consecuencia intentó cubrirse inútilmente la intimidad y cerró las piernas, pero no sirvió de nada porque Yuri la forzó a abrirlas nuevamente cuando notó lo que intentaba hacer.
— Quita las manos. — Ordenó. La mirada fría y la voz tajante.
A pesar de que la voz de la mayor había sido firme y autoritaria, Natsuki no obedeció y mantuvo las manos sobre su erección palpitante, ignorando su propia necesidad por vergüenza.
— Quita las manos o te las quito yo. — Repitió.
Esta vez, solo le dio unos pocos segundos para pensar en ello, porque cuando no obedeció de inmediato cogió ambas de sus muñecas y las apresó a los costados de su cuerpo, metiéndose entre sus piernas sin piedad e inclinándose sobre ella hasta que sus rostros estuvieron a solo unos centímetros de distancia.
Yuri gruñía y respiraba con pesadez como una bestia hambrienta, y Natsuki se arrepintió de haber hecho a su novia perder la paciencia de esa manera.
Aunque, debía admitir, extrañaba ver a Yuri perder los estribos por su culpa.
Sin embargo, contuvo su típica sonrisita presuntuosa y respiró profundo, intentando mostrarse arrepentida.
— Perdón... — Habló bajito, alzando el rostro a penas un poco para besar la mejilla de la mayor, cosa que pareció relajarla un poco.
Yuri bufó y cerró los ojos un momento, disfrutando del contacto de los labios de su novia que descendieron hasta los suyos propios, regresándole el beso antes de apartarse un poco, más calmada.
— Tienes que obedecer. — Dijo, soltando las muñecas de Natsuki y posando sus manos en la cintura más pequeña, bajando y subiendo con suavidad, como si pidiera disculpas no verbales por ser tan repentinamente bruta.
— Sí, yo solo... — Natsuki se interrumpió a sí misma al notar la mirada que su novia le dirigía y negó con la cabeza — Está bien, puedes seguir. — Concedió, con su ego herido por haber cedido, pero sabiendo que no era el momento para eso. Yuri relajó el entrecejo y asintió complacida.
Después de su pequeña disputa, la mayor le abrió por completo las piernas y se pasó la lengua por los labios al contemplar la vista, luego mordiendo el interior de su mejilla con fuerza para contener las ganas de follarse a su novia en ese momento sin más. Sin preocuparse por la preparación y tal...
Pero sabía que eso no sería responsable de su parte. Era la mayor, tenía que ser más consciente. Era más grande en todos los aspectos, y no quería lastimarla aunque su lado más desconsiderado y animal le dijera que se desvistiera y la penetrara sin preocuparse por su comodidad.
Sacudió la cabeza con fuerza para sacarse esos pensamientos egoístas de la mente y se concentró en el torso desnudo de su novia, poco después bajando la mirada a su glande expuesto y prácticamente suplicando liberación.
Dudó un poco esta vez, pero alzó una de sus manos y escupió en ella para luego volver a bajarla, envolviendo el miembro de Natsuki, bajando y subiendo con lentitud y alzando la mirada para contemplar la reacción de su pareja ante sus movimientos.
Su chica apretaba los ojos con fuerza, en momentos forzándose a sí misma a abrirlos para mirar a la mayor con sumisión, frunciendo las cejas y atrapando su labio inferior entre sus dientes, mostrando sin querer aquel tierno colmillo que siempre sobresalía.
Todo en ella era hermoso: su pecho comúnmente pálido enrojecido hasta el principio del cuello, sus pezones enrojecidos por el jugueteo previo de Yuri completamente duros, y por supuesto, su polla rojísima en la punta por toda la excitación acumulada.
La mayor se sintió tan afortunada de ser ella quien tenía a aquella chica tan preciosa a su disposición, y aumentó el movimiento de su mano sobre el largo de la entrepierna de Natsuki, bombeando con mucha más insistencia; buscando hacer que se corriera cuánto antes: quería verla venir.
No costó mucho trabajo que Natsuki lo hiciera, con gemidos que intentaba hacer pasar por gruñidos y retorciéndose en contra de su voluntad, derramando largos hilos de semen espeso en su abdomen y parte del pecho, que subía y bajaba con intensidad.
Intentaba ocultar su rostro furiosamente sonrojado con su mano cerrada en un puño y presionado contra su boca, pero de poco servía. No podía esconderse de la mirada penetrante de Yuri encima suyo.
La mayor mantuvo su mano izquierda firmemente presionada contra estómago de la más pequeña, obligándola a mantenerse lo más quieta posible mientras observaba cómo Natsuki se corría sobre todo su abdomen y le manchaba un poco sin querer. No se quejó.
¿Cómo podría, cuando estaba disfrutando tanto de la vista?
Sería hipócrita de su parte.
— Ah... uhg... mhm... — Gimió la menor lastimeramente, más sensible que nunca, y Yuri esbozó una pequeña sonrisa sádica, acariciando la punta rosada del pene de su novia unos segundos antes de apartarse cuando Ram la detuvo.
— P-Para... estoy sensible... — Jadeó, apretando la muñeca de la mayor con una de sus manos.
Natsuki no era ni de cerca lo suficientemente fuerte para detener a Yuri, pero la más alta obedeció por la paz.
— Te ves linda cuando te vienes.
La halagó en un tono burlón, tocando el semen recién expulsado y caliente sobre el estómago flacuchento de su pareja, juntando y separando dos de sus dedos frente a su cara como si acabara de descubrir la textura más interesante del mundo. Y después, se los llevó a la boca sin titubear, probando a Natsuki delante de sus ojos sin ninguna vergüenza.
La menor abrió mucho los ojos e hizo una mueca de asco, pero no pudo ocultar la risita divertida que se le escapó después. Le gustaba tanto como le incomodaba lo rara que era su novia a veces, incluso sabiendo las cosas fuera de lo común que Yuri hacía en su tiempo libre, nunca dejaba de sorprenderse.
— Qué asco, Yuri.
La nombrada soltó una pequeña risita, todavía con los labios envolviendo sus dedos, asegurándose limpiarlos completamente hasta que finalmente los sacó, con un fino hilo de saliva uniendo estos con su boca.
— Sabes bien. — La halagó nuevamente, más que nada con el fin de molestarla, y supo que había cumplido su objetivo cuando Ram se llevó los antebrazos al rostro, poniéndose todavía más roja y murmurando algo sobre lo rara que era.
Por un momento Yuri se limitó a admirar la vista, sonriendo, hasta que un pinchazo en su intimidad le recordó su propia necesidad y se apresuró a quitarse los pantalones, pateándolos con impaciencia y quedándose en ropa interior. Había una mancha allí que hacía evidente lo que necesitaba.
Natsuki, que ya se había descubierto el rostro, la miró con nervios y admiración. Al igual que Yuri, se sentía afortunada de tener una novia tan hermosa.
La mayor se quitó la camiseta sin cuidado alguno y la lanzó al piso con un gruñido escapando de sus labios. Era en momentos como esos que maldecía que los humanos tuvieran que usar ropa.
Después se dispuso a bajarse la ropa interior con descuido y así lo hizo: quitándose los calzoncillos y dejándolos caer sobre el montón de ropa sudorosa y, ahora, sucia.
Natsuki tragó saliva cuando vio el miembro expuesto de su pareja y su cuerpo se tensó de inmediato, temerosa al saber que esa cosa entraría en ella.
Yuri era... muy grande. No le sorprendía, por supuesto. A veces, cuando la mayor le abrazaba por detrás, podía sentirlo a través de su ropa, o cuando se sentaba en su regazo mientras veían alguna película o incluso cuando simplemente se acurrucaban. Pero nunca lo había visto completamente expuesto y erecto.
La cosa ni siquiera podía erguirse por completo de lo gordo que era. Comenzaba a dolerle el culo y eso que todavía ni la tocaba.
Tragó con fuerza y apretó los puños, alzando la mirada a los ojos de su novia en una suplica silenciosa, quizá buscando que le dijera que todo estaría bien (aunque nunca lo admitiría, por supuesto).
Yuri frunció el ceño, confundida, pero no se detuvo y se metió entre las piernas de Natsuki cuando estuvo completamente desnuda. Sin embargo, todavía no se introdujo en ella, por supuesto. Estaba impaciente, pero seguía siendo consciente.
— ¿Qué? — Inquirió con preocupación. Intentaba no darle demasiada importancia al hecho de que Ram la estaba viendo completamente desnuda por primera vez, aunque era obvio que todavía era un poco insegura sobre su cuerpo.
Respiró hondo y trató de recordar que su novia estaba completamente a gusto con cómo era, y que era precisamente el hecho de que Yuri era tan grande y ella, tan pequeña, una de sus cosas favoritas en su dinámica como pareja.
— Uhh... Yuri, es que yo... tú... — Bajó y subió la mirada a los ojos de la mayor y a su miembro expuesto, intentando hacerle entender sin palabras. — ¡Es que...! ¿En serio me vas a meter ESO? — Preguntó temerosa, sabiendo que estaba siendo ridícula. Su orgullo dolía al saber que le estaba dando un cumplido sin querer.
Pero en ese instante, temía más por su culo que por su dignidad.
La más alta alzó una ceja y bajó la mirada a su miembro, entrecerrando los ojos. ¿Era eso lo que Natsuki tanto estaba observando, y no su barriga o sus brazos?
Una pequeña sonrisa se formó en sus labios y soltó una risa sin poder contenerse. Qué tonta había sido al desconfiar de su cuerpo y de su novia después de todo su progreso. Era obvio que ella la amaba y le importaba una mierda el cómo lucía.
Negó con la cabeza suavemente y se inclinó sobre el cuerpo de la menor, sosteniendo su peso sobre los codos y uniendo sus labios en un beso casto a pesar de la situación, como si intentara que se relajara.
— Tranquila. Estoy segura de que cabrá. — Dijo cuando se separaron, pero eso solo sirvió para asustar más a Natsuki.
— ¡¿Qué...?! Oh, no, no, no, Yuri. Eso no me cabe de ninguna manera. — Negó con la cabeza firmemente, mirando a su novia con un horror cómico, como si se hubiera vuelto loca.
— Shh. Hey. — La mayor susurró, alzando una mano para sostener la mejilla de su novia, intentando tranquilizarla. — Está bien. Te prometo que haré que funcione. Siempre lo hago, ¿no? — Sonrió dulcemente, esperando que confiara en ella.
Finalmente, después de unos segundos, la menor se calmó cuando su mirada conectó con la de Yuri y sus respiraciones se sincronizaron.
Sabía que ella tenía razón. Siempre la tenía de alguna manera, aunque fuera demasiado orgullosa para admitirlo. Tenía que ceder el control si quería que esto fuera más llevadero.
— ... Sí. Está bien.
Un gemido de alivio escapó de los labios de Yuri, ya impaciente y profundamente agradecida de que su pequeña confiara en ella.
No quería tener que convencerla, o peor, forzarla.
— Eso es. — Murmuró antes de unir sus labios en un beso más intenso, escabullendo su mano izquierda entre ambas y acumulando todos los fluidos de Natsuki que pudo, ya que comenzaban a secarse al estar expuestos en el aire.
— ¿Q-Qué haces...? — Cuestionó la menor cuando se separaron, y la peli-morada solo le dedicó una pequeña sonrisa antes de terminar de bajar la mano entre sus piernas, tocando su entrada directamente y usando sus propios fluidos como lubricante. — ¡Ah!
— Se siente bien, ¿verdad? — No fue una pregunta. Yuri estaba segura de que su novia lo estaba disfrutando. Mantuvo su mirada fija en el rostro de la más bajita mientras se encargaba de lubricarla por completo, sin demorar mucho en escabullir un dedo en su apretado agujero.
— ¡AH! ¡Ahgh...! — Natsuki gruñó, retorciéndose en su lugar y apretando la carne en los hombros de Yuri hasta dejar marcas rojas, pero no tuvo el valor de apartarse o pedirle que se detuviera, aunque le dolía como un infierno.
La más alta se mordió el labio, deleitándose con la escena frente a sus ojos, e hizo un movimiento de 'gancho' con su dedo en el interior de la menor, intentando acostumbrar su hoyo virgen a la intromisión.
— Estás muy apretada... — Prácticamente gimió, aprovechando que la menor se relajó un poco para meter un segundo dedo, notando cómo el semen entre sus dedos le facilitaba enormemente el trabajo. — Eso es. Ya casi.
Gimió con impaciencia, con la mirada clavada en la entrepierna de su pareja, moviendo su muñeca un poco más rápido y notando cómo el pene de su novia se ponía erecto poco a poco de nuevo. Entonces su sonrisa de labios se volvió más grande mientras conectaba su mirada con la de Natsuki.
— Mira cómo lo disfrutas... — Sacó los dedos de su interior de golpe y se arrastró hasta colocarse de rodillas entre las piernas de Natsuki más adecuadamente. Después cogió su miembro endurecido y lo dirigió a la entrada vacía de su novia, que ya lamentaba el abandono de los dedos de la mayor.
Los ojos de la peli-rosa, que estaban entrecerrados por el placer desconocido que comenzaba a inundar su cuerpo, se abrieron de golpe al darse cuenta de sus intenciones. Alzó una mano rápidamente y la apoyó en el pecho de Yuri, intentando detenerla.
— Yuri, espera... ¡AAHG!
Ni siquiera pudo finalizar la oración cuando su novia empujó la punta del pene dentro suyo y luego se inclinó hacia adelante para meterlo hasta la mitad, jadeando y sintiendo el sudor acumulándose en sus sienes. Le estaba costando mucho trabajo contenerse.
Natsuki echó la cabeza atrás y se mordió el labio con fuerza, sintiendo las lágrimas formándose en las esquinas de sus ojos por el repentino dolor.
— ¡AH! ¡Ah... Dios! Ngh... — Continuó gimoteando sin importarle ocultar más lo mucho que le afectaba. Su novia estaba dentro suyo y no tenía interés en seguir conteniéndose. Quería que supiera lo mucho que le afectaba.
— M-Mhh... Nat... — La mayor jadeó, apoyando los codos en el acolchado del sofá mientras buscaba la mirada de su pareja. Cuando la consiguió, se sumergió más dentro de ella, gimiendo plácidamente cuando estuvo completamente dentro y su pelvis topó con la rafe perineal de Natsuki. La pequeña cerró los ojos con fuerza y un sollozo se le escapó. — Ah... se siente tan bien...
A pesar de sus urgencias, Yuri se quedó quieta por un momento, esperando a que la temblorosa Natsuki se acostumbrara al enorme pene dentro suyo, y aunque el agarre de su novia sobre sus hombros le podría haber parecido doloroso tiempo atrás, en ese momento observar sus ojos firmemente cerrados y su rostro enrojecido, sumado a su agujero apretando su miembro mientras intentaba acostumbrarse a su tamaño, hacía que valiera completamente la pena aguantar unos cuantos rasguños.
Se mantuvieron así algunos pocos minutos hasta que la más pequeña deslizó su mano derecha entre sus cuerpos unidos y comenzó a masturbarse lentamente. No hacía falta, por supuesto; estaba segura de que Camila podría hacerla correrse sin tocarse si quisiera. Pero necesitaba aliviar el dolor con un poco de placer.
Unos dos minutos pasaron y finalmente pareció relajarse lo suficiente. Yuri exhaló profundo, aliviada cuando se le permitió comenzar a mover las caderas, moviéndose de atrás hacia adelante con cuidado, sumergiéndose y luego saliendo lentamente en su novia, disfrutando de los pequeños gemidos de Natsuki aunque su instinto le gritaba que fuera más rápido.
— Mierda. — Maldijo cuando ya no pudo contenerse más, y se alzó hasta que apoyó todo su peso sobre las rodillas. No perdió más tiempo y también sujetó las piernas de la menor, alzándolas y bajando la mirada hasta la unión de sus cuerpos, observando con admiración cómo Natsuki la recibía una y otra vez cuando comenzó a penetrarla sin detenerse.
Entonces apoyó las plantas de los pies de su novia contra su pecho y comenzó a ir más rápido sin molestarse en preguntar, demasiado absorta en lo bien que se sentía ella a su alrededor.
Estaba bien, ¿verdad?
Natsuki hacía una que otra mueca de dolor, pero en su mayoría los gemidos que soltaba eran de placer.
Sin mencionar lo dura que estaba.
Claro que estaba bien. Podía hacerlo. Podía tomarla como quisiera.
Natsuki era suya.
Un gemido necesitado escapó de su garganta ante ese pensamiento, parecido al de un animal en celo, y se echó las piernas de la menor a los hombros, dejándose caer hacia adelante mientras movía las caderas con mayor rudeza; buscando encontrar el punto dulce de su novia y encontrándolo casi de inmediato con éxito.
Estaba demasiado profundo y su miembro era lo suficientemente ancho y largo como para abarcar todo el espacio dentro de Natsuki, después de todo. No fue tan complicado.
— ¡Ah! ¡Yuri! — Gimió Natsuki ruidosamente. En este punto a ninguna de las dos les importaba lo que pensaran los vecinos. — Dios, voy a... ¡Aah!
Intentó avisarle, pero no sirvió de mucho. Cuando estaba con su novia parecía no poder controlar su cuerpo. Los chorros de semen salieron disparados nuevamente sobre su abdomen, aunque esta vez en menor cantidad debido a su primer orgasmo.
Los gemidos desesperados de su novia, mas el sonido de pieles chocando y la sensación de estar profundamente dentro de Natsuki, provocaron que Yuri tampoco demorara mucho en descargarse dentro de la menor, gimiendo patéticamente y dando unas últimas embestidas profundas dentro de ella, incorporándose de nuevo y arqueando la espalda, apoyando las manos en sus gemelos, asegurándose de dejarle todo su semen bien adentro, sin que nada se escurriera.
Incluso después de llegar al orgasmo, no salió de inmediato de su interior. Se mantuvieron así unos minutos, con el pecho subiendo y bajando con intensidad y la piel enrojecida. Ambas manchadas de fluidos de los cuales normalmente Natsuki se quejaría, pero ahora estaba demasiado sobreestimulada como para poder hablar.
Entonces, cuando sintió que recuperaba un poco de claridad mental, soltó sus piernas, dejando que las reposara a ambos lados de su cuerpo, y Natsuki lo agradeció profundamente aunque no dijo nada, suspirando audiblemente y echando la cabeza hacia atrás con cansancio.
Se sentía extremadamente sensible.
Una risita divertida salió de los labios de Yuri cuando subió la mirada y observó a su novia retorciéndose bajo su cuerpo, sudada y con el flequillo pegado a la frente enrojecida. Se burló aunque sabía que ella misma tampoco estaba en mejores condiciones.
Natsuki le devolvió la mirada poco después cuando volvió a abrir los ojos y la miró de arriba a abajo antes de morderse el labio inferior, extendiendo una mano y apoyándola con confianza en el abdomen de la mayor, acariciando su barriga de arriba a abajo, haciendo sonrojar — aún más — a Yuri y provocando que bajara la cabeza de inmediato, cubriéndose los ojos con el flequillo, claramente avergonzada.
— ¿Qué haces? — Se quejó con esa típica voz que ponía cuando se quería hacer la fría, aunque era solo para pretender. Nunca la utilizaba para intimidar a Natsuki de verdad. Ya no podía.
— Te ves muy linda. — Fue el turno de Natsuki de halagar a la mayor hasta ponerla nerviosa, y Yuri puso los ojos en blanco antes de acostarse a su lado en el sofá cuidando no salir de su interior todavía, poniendo una mano en su vientre plano. Por alguna razón, sentía que eso era necesario.
Natsuki, de alguna manera, entendió lo que quería y se acomodó de tal manera que faciliara que el miembro de su novia se quedara dentro suyo, aunque tampoco se esforzó demasiado: estaba agotada.
Después de unos largos minutos en silencio, donde Natsuki comenzaba a sentir el sueño apoderándose de su cuerpo, y la mayor estaba demasiado inquieta para dormir, Yuri fue la primera en hablar:
— Te gustó... ¿Verdad? — El tono anteriormente dominante y atrevido de la chica más alta bajó a uno inseguro, acariciando el costado de la más pequeña mientras Natsuki se apoyaba en su pecho, alzando la cabeza solo para mirarla con incredulidad a través de sus ojos somnolientos.
"¿Es en serio...?" Pensó.
— Yuri, me corrí. Dos veces. Dos.
Cuando las palabras directas de su pareja llegaron a sus oídos, Yuri suspiró, más tranquila, y dejó de preocuparse de si había hecho un mal trabajo, aunque estaba acostumbrada a tenerse en muy baja estima.
— Pero sí, me gustó. — Agregó Natsuki en voz baja casi a regañadientes, simplemente para que su novia se quedara tranquila, y volvió a apoyar la cabeza en el brazo de Yuri, sintiéndose segura por la manera en que su espalda encajaba perfectamente contra el torso de la mayor.
La más alta sonrió con ternura, mirando el rostro de su pareja con las facciones más suavizadas ahora que se estaba quedando dormida, y llevó su mano libre a la frente sudorosa de Natsuki para apartarle el cabello, estirando el cuello a penas un poco para dejar un beso casto en la zona expuesta.
— Te amo. — Murmuró, aunque sabía que la peli-rosa ya estaba más dormida que despierta.
Como suponía, Natsuki solo gruñó algo entre dientes, frunciendo el ceño. Probablemente un "yo también" inentendible, pero eso le bastó a Yuri para cerrar los ojos en paz y dormirse unos pocos segundos después.
Su primera vez había sido mejor de lo que pudo imaginar.
