Work Text:
Las luces estaban apagadas, el aire se sentía denso, traía consigo una sensación de tristeza y melancolía que le recorría la espalda hasta terminar en sus ojos; húmedos y sensibles. No se reconocía a sí misma, volvía a sentirse joven, plena, despreocupada. Su mente volvía a corear un nombre que creyó haber enterrado hace varios años atrás, sus manos volvieron a temblar al leer aquel seudónimo que había guardado bajo llave y en su rostro se dibujó una sonrisa cohibida, casi avergonzada.
Se sentía estúpida, se preguntaba que pensarían sus amigos si la vieran en esa situación; recostada en la cama con el corazón latiéndole a mil y las manos sudorosas secando rápidamente las pequeñas lágrimas que amenazaban con correr por sus mejillas; patética, pensaba.
Su cabeza dolía y una sensación incómoda se aferraba a su estómago, casi haciéndola correr al baño para vomitar. Frente a ella la pantalla mostraba una cuenta regresiva que la ponía de nervios, se mordía los labios tras cada segundo transcurrido y sus dedos viajaban por la pantalla de su celular, leyendo cualquier actualización que podía encontrar.
Mernuel había vuelto. Después de años alejado del espectáculo, por fin había regresado, y la noticia la había dejado helada. Recuerdos, anécdotas, personas que se había convertido en extraños, todo ese tiempo que pasó en internet regresaban a ella, estrellándose contra su sistema nervioso como si de un balde de agua fría se tratase.
Francamente, no lo podía creer, miraba el reloj en la pantalla con incrédulo, frunciendo el ceño con preocupación al pensar en que todo era una simple broma. Después de todo, Mernuel había sido muy claro; Mernosketti no iba a volver.
Recordaba aún ese día de Octubre, un aviso, tres palabras que la habían dejado atónita “hoy stream importante”, decenas de bromas previas que hacían referencia a la gran noticia de la noche, su mente en blanco y las lágrimas que corrían por la cara de los tres hombres frente a la cámara. Un último stream, explicaciones a medias y súplicas por comprensión.
Un tweet de despedida y tres historias separadas que continuaron a aquellos hechos. Mernuel había continuado el stream, al menos por el primer años; solo. Su ánimo decayó después del éxtasis de los primeros meses y terminó por dejarlo todo, concentrándose en el modelaje, una vida más privada y pocas apariciones públicas.
Bauleti había intentado, se había aferrado a crear contenido los tres juntos, pero bajo su propio nombre, fracasó. Nunca logró reunirlos, al menos no para aparecer públicamente. Descartó la idea y se concentró en lo suyo, activo en redes, subiendo videos de vez en cuando y apareciendo más frecuentemente en programas y streams ajenos, su presencia en redes se había convertido en una de invitado y no de creador. De los tres, era él quien actualizaba a quienes seguían preguntando por ellos.
De moski no se sabía nada hacía cinco años. Dejó por completo las redes sociales después de despedirse de sus seguidores, exactamente un mes después del anuncio de la separación del grupo.
El contador llegó a cero, sus pupilas se dilataron y en la pantalla aparecieron, por primera vez en años, esos ojos verdes que la habían marcado en el pasado.
—
“Vamos a dejar de hacernos los boludos y hablemos de lo que todos quieren saber. Mernosketti” El entrevistador habló, mirando directamente a Manuel a los ojos, quien rió por lo bajo.
Una hora y media de entrevista y recién había sacado el tema por el que estaba allí; para Manuel era gracioso, como si quisiera brindarle un respeto que sabía bien que no tenía ni sentía merecer.
“Podés preguntar lo que vos quieras, si se trata de mi nomás, te lo voy a responder” Dijo con una sonrisa, inclinándose hacia enfrente para alcanzar el vaso de agua y beber de él, tratando de ocultar el nerviosismo detrás de una actuación despreocupada.
“¿Posta?, ¿lo que yo quiera? no te regalés Manuel, mirá que yo no tengo vergüenza che” Respondió Grego.
“Si hubiera algo que vos supieras que no quisiera que se sepa, te lo hubiera avisado. Vos sabés todo, mandale, hacé que lo que me pagaste valga la pena, boludo”
“Sos un tipo grande ya, Manu” Respondió, alzando las cejas y tocando la rodilla del más joven en un acto de ánimo, con la intención de hacerle saber que cuando quisiera podía parar, que todo lo que decía sólo era parte del show “No digás que no te lo advertí”
Manuel lo miró, sus ojos reflejaban agradecimiento y aprobación a la vez; quería decir que estaba bien, que estaba listo para hablar y que no le importaba cómo podía terminar aquello, después de todo, Mernuel iba a volver a desaparecer de redes al terminar la entrevista.
“Empecemos por algo fuerte, controversial ¿está bien?” Grego preguntó, pero Manuel sabía que lo estaba preparando, iba a preguntar por Moski, lo más fuerte para el principio, para no agarrarlo sensible tras hablar de Mernosketti y Santiago. Lo comprendía perfectamente.
Asintió, mirando al entrevistador a los ojos y suspirando pesadamente. “Moski” escuchó y sus hombros se tensaron “El mismo año en el que se separaron se filtró que estaba de novio la mosca, ¿tiene eso algo que ver con la separación de mernosketti?”
Manuel rió, sorprendido por lo poco disimulado que era su amigo “Te dije que si me involucraba a mí te iba a responder. Sos re malo vos”
Grego sonrió “Podemos olvidar esa pregunta”
“No. dejá, vos sabés que si me involucra a mí eso, ya fue” Manuel bebió nuevamente del vaso de cristal y tomó aire, suspirando antes de recostarse por completo en el sofá “Estoy por cumplir 29 años, ya no soy un pendejo yo. No sé cuando pasó, pero hablar de este tema ya no me incomoda, ¿sabés?, ya lo acepté”
Grego lo miró melancólico, Manuel tenía casi la misma edad que él cuando lo conoció, pero en su mente aún era el mismo Manuel de veinticinco años que vio llorar en un boliche mientras abrazaba a Santiago. Borrachos, felices, un reencuentro que le había roto el corazón.
“Yo me enamoré de Lautaro” Continuó, tajante, tan natural que parecía que no había soltado una bomba atómica “Me enamoré de más, me enamoré de verdad”
“Manu, no pregunté eso yo” La voz de Grego salió angustiada y sus ojos se abrieron con asombro, Manuel simplemente se encogió de hombros.
“Vos preguntaste si él poniéndose de novio influyó en la separación de mernosketti y si, influyó, y fue porque yo me enamoré”
“¿Y ya estaba de novio cuando vos te enamoraste de él?”
“No. Me enamoré de él mucho antes, me di cuenta tarde, me arrepentí cuando él se puso de novio. Me dolió mucho y lo que terminó por separarnos fue el saber que todo era mi culpa, fue mi culpa la primera vez y fue mi culpa la definitiva. No pude seguir, no pudimos fingir que nada pasaba, que nada me pasaba” Manuel habló con la voz cortada y los labios temblando levemente. Se notaba nervioso pero decidido, mirando a la cámara con una sonrisa “Santi sabía lo necesario, capaz más que yo en un momento. A Lautaro” Pausa.
Manuel paró, pensando si decir la verdad o simplemente mentir.
“Lautaro no estaba enamorado de mí” rió, diciendo la verdad “Posta es gracioso como la gente decía que era al revés, que cuando se fue a dubai estaba enamorado de mí, pero no. Moski nunca me amó”
“Dale boludo, te re amó si eran hermanos”
Manuel se encogió de hombros “¿Éramos? No sé yo eso ya. Capaz que miento, no sé. Moski y yo acordamos olvidar todo lo que dije cuando él estaba en dubai, decidimos salir con otras personas, pasar menos tiempo juntos de ese modo. Él pudo, yo no, y no lo pude tolerar”
“A ella no le gustaba, posta nunca nos llevamos bien, era mutuo igual, yo me la buscaba, nunca hablaba claro y no podía poner en palabras lo que sentía. Me arrepiento mucho de todo lo que pasó, fue mi culpa que mernosketti no durara ni el año que habíamos prometido. Fui un boludo, fui yo quien tuvo la culpa”
“No digas eso Manu, no es malo enamorarse”
“No. No es malo enamorarse. Es malo no saber que es lo que se quiere y perderlo todo por darse cuenta tarde” Manuel derramó las primeras lágrimas, secándolas rápidamente, sonriendo “Está bien. Está bien arrepentirse, yo me arrepiento todos los días, no paro de pensarlo, de imaginar que hubiera sido de nosotros si hubiera tenido más huevos, ¿sabes?, Pero la posta es que no puedo imaginar un buen escenario, siento que todo hubiera terminado igual, no importa si me mandaba o no. Yo de verdad siento que Lautaro nunca hubiera podido amarme como lo amé yo a él”
Habían pasado cinco años, miles de noches compartidas con extraños, noches de fiesta y días de resaca, pero el recuerdo de Lautaro seguía tan presente como el primer día. Era normal, Manuel lo sabía, pensar en el que hubiera pasado, como lo hubieran amado. Idealizando e imaginando lo que nunca pudo tener pero siempre anheló. Patético.
“Bueno, si, ella separó mernosketti sólo porque Santi tuvo que escoger un bando y me escogió a mí” bromeó, riendo un poco al mencionar a la rubia indirectamente “Pero yo fui quien le dijo a Lauti que fuera, que se mandara con otras personas, que no había drama porque lo que dije no era importante. Mentí, y cuando él pudo encontrar a alguien tan fácil me quebré. No pude hacer nada, me congelé. Se dijeron muchas cosas, se comentó mucho como a mí me gustaba meterme con personas con pareja” Manuel rió de nuevo pero su rostro no se movió, se mantenía serio, con los ojos rojos y las mejillas coloradas, mandíbula y hombros tensos “Pero no pude. Verlos juntos, verlo con ella. No pude, ni siquiera podía pensar en que yo podría robármelo. Sólo pensaba en lo fácil que había sido para él irse con alguien más y dejarme a mí”
El ambiente se volvió tenso, las cámaras enfocaban a Manuel en todo momento y él lo sabía. Su vista se clavó en el suelo y su aura de confianza se fue desmoronando poco a poco.
“¿Vos intentarías algo con él ahora, si se diera la oportunidad?” Manuel negó, esta vez sin tratar de secar las lágrimas que ya se bajaban rápidamente sobre sus ojeras.
“No. No podría. No podría estar con él sabiendo que, cuando le dije todo lo que sentía, me dejó solo en el departamento, no estaría con él porque ya crecí, ya no soy el mismo Manuel que se enamoró de Lautaro, ya no lo amo” Su rostro reflejaba felicidad, estaba siendo sincero, sus palabras eran casi tan verdaderas como el temblor de su cuerpo y la pesadez notable en su garganta “Me costó tanto, pero ya no lo puedo amar, aunque no lo he olvidado, todavía lo pienso todas las noches. ¿Qué hubiera pasado si Lautaro me hubiese amado de verdad? ¿Cómo hubiéramos sido? ¿Cómo habría cambiado nuestra dinámica? Me lo imagino y sonrío. Sonrío porque vuelvo a ser Mernuel, vuelvo a ser el Manuel de 24 años que compartía departamento con sus dos mejores amigos”
“Vuelvo a tener a Lauti conmigo, veo su sonrisa y siento sus brazos en mi cuello mientras me abraza, pero después despierto. Despierto y recuerdo que todo era sólo amistad, y eso no es lo que yo quería, no es lo que sentía, y no es lo que estaba dispuesto a aceptar”
Grego frunció el ceño y dejó las cartulinas con las preguntas sobre la mesa, entrelazándo sus dedos y mirando directamente a Manuel a los ojos “¿Cómo fue, Manuel?, ¿Cómo decidieron separarse?”
“Yo lo propuse, él aceptó. Se cansó, yo me cansé. Usábamos el stream como excusa para, según nosotros, comunicarnos. Mernoski tuvo la culpa en gran parte, a ella no le gustaba y teníamos muchas cosas prohibidas, a mi me chupaba un huevo” Grego asintió, sabiendo bien que lo que Manuel estaba suavizado para evitar dramas que involucraran a una persona fuera del ojo público “Después hasta Santi se cansó, ya no quería vernos pelear y nos obligaba a hablar. Fue en una de esas que me mandé, él me dijo que no lo hiciera, pero lo hice y todo terminó para el orto. Dos semanas después estábamos haciendo nuestro último stream”
“Un mes después no volví a ver a Lautaro en un año entero”
“Ese primer encuentro, ¿Cómo fue?”
Manuel cerró los ojos, recordando. Lágrimas, gritos, quejas y botellas estrelladas en el suelo es lo único que recuerda. La sensación de vacío haciéndose más grande y la incapacidad propia de poner en palabras lo que le impedía respirar, huyendo nuevamente.
Guardó silencio por unos segundos hasta que finalmente habló.
“Horrible” Dijo simple “Caótico, violento. Me llenó de bronca verlo, sentí que lo odiaba y que él se merecía que lo odiara. Me dio bronca como, cuando yo no estaba para él, yo era el malo y él el pobrecito, la víctima, me calentó que cuando estuvo en mi posición él se fue a Dubai y yo le lloré como un boludo, pero él hizo lo mismo, me dejó, lloré y grité teniéndolo al lado pero nunca se quedó conmigo. Me dio bronca de más, sentí lo que no me permití sentir la primera vez, y finalmente exploté”
“Le dije que era un hipócrita, que incluso si yo no me hubiese enamorado él seguiría siendo un mal amigo. Le dije que me callé cuando me puteó, que lo entendí y lo acepté de vuelta en mi vida sin pensarlo dos veces, que traté se cambiar y acepté que lo lastimé, pero que él hizo lo mismo conmigo, exactamente lo mismo. Le pregunté si él haría lo que yo hice con él y me dijo que no. Se fue”
“Cubrí el dolor y la tristeza con la bronca, y francamente creo que fue mejor. Se grabó algo que parecía una pelea, agradecí. Imaginate que me grababan arrodillado, rogándole que por favor no me volviera a dejar, llorando por un perdón que yo no creía necesitar pero que igual lo pediría para tenerlo conmigo de vuelta. Me avergüenza saber que eso es lo que quería hacer, que eso hice solo en mi pieza al regresar a casa, con el teléfono en la mano y los gritos de Santiago pidiéndome que cortara la llamada” Manuel calló, pensando en que tal vez estaba exponiéndose de más, pero, ¿Realmente importaba? a él no podía parecerle menos relevante que las personas sepan que pasó, ya no.
“No me podés dejar, mi amor, por favor, por favor, Lautaro, pensá bien las cosas, por favor, decime que vos me amás y arreglemos esto, perdoname” Manuel negó con la cabeza “Le dije eso, ¿podés creer? Él me dijo que no, que ya lo había pensado y que no me amaba, que las cosas estaban bien así”
Grego asintió, sintiendo la incomodidad fluir desde su pecho hasta la punta de sus dedos, obligándolo a cerrar los ojos mientras suspiraba.
“¿Vos crees que realmente hablaba enserio? ¿Que no te amó nunca?”
“No” Reapondió Manuel con una sonrisa “Enero 2026 me puse de novio, más o menos. Él y la rubia llevaban saliendo ya varios meses, yo hice lo mismo, por bronca quizá” Habían pasado años, llevaba demasiado tiempo sin hablarle a su ex, no le interesaba exponerse “Sé que Lautaro me quiso, en algún momento, aunque suene contradictorio. Sé que me amó, pero no lo suficiente, no como para arriesgarse”
“Me preguntás si estaría con él ahora, y te digo que no, pero la posta es que, si volviera el moski que viajó a vivir conmigo en casa de mi vieja, el moski que dormía la siesta conmigo y me esperaba con los brazos abiertos sobre mi cama, me hundiría como loco en su pecho y nunca saldría de ahí” Grego asintió, Manuel no se contenía más, los sollozos ganaban y se sobreponían a sus palabras, cortando el diálogo por momentos “Pero sé que él nunca volverá y es injusto para mí seguir aferrado a la idea de que todo sea como antes. Merezco ser feliz, y amaría que hubiera podido ser a su lado, pero eso jamás iba a funcionar”
“Yo quería una vida pública, quería streamear hasta los 50. Estaba loco, no me importaba nada, Moski quería retirarse, no quería vivir en el ojo público. Éramos los dos muy diferentes, nuestras vidas, después de 2024, ya no coincidían más”
“Y Santi, ¿Cómo tomó todo esto?” Preguntó.
“La posta, fatal. Había días en los que no nos podíamos ni ver, era enfermizo. Pelábamos porque Lautaro y yo estábamos de novios pero seguíamos puteándonos por celos, por bronca. Había un odio no hablado que a él también lo intoxicaba. Cuando decidimos separarnos él entendió que era lo más sano, supongo que esperó que volviéramos en un punto, pero con el tiempo se dio cuenta de que no iba a ser así”
“No volví a tocar una cámara nunca más después de eso” Manuel dijo, melancólico, pensando en todos los sueños y aspiraciones que había abandonado debido a mala comunicación y malas decisiones “Me volvía loco estar frente a la computadora, lloraba por horas antes de poder si quiera encenderla. Pensaba en las llamadas por discord con Moski, recordaba su risa, sus ojos, sus manos. Todo. Estar cerca del stream sólo me recordaba lo que había perdido mientras él seguía de novio y yo me quedaba solo, porque ni siquiera pude mantener a mi ex conmigo. Me derrumbé completamente y la alejé, sólo me recordaba lo que perdí y la odiaba”
La entrevista continuó, al ambiente tenso disipándose tras cada pregunta banal que se hacía, olvidando por completo las lágrimas y el llanto descontrolado que el nombre de Lautaro habían provocado.
–
Lautaro había escuchado cada palabra, cada susurro, cada sollozo de Manuel. Sus propios ojos se humedecieron por momentos, pero ni una lágrima cayó. Se mantuvo rígido en su asiento, justo a un lado de Santiago, con su celular entre sus manos y el chat abandonado de Manuel abierto, esperando a ser reactivado en algún momento.
El punto de quiebre llegó a las dos horas y veintidós minutos de video, justo cuando Manuel habló de aquella última llamada que tuvieron.
La recordaba perfectamente, él en la casa de su ex novia, borracho y encerrado en el baño con el teléfono pegado a la oreja y las manos temblándole casi tan fuerte como la voz.
Manuel lloraba y gritaba que por favor regresara con él. Recordaba el ruido de los objetos cayendo al suelo y quebrándose, los golpes en la puerta y las súplicas de Santiago, rogándole que por favor cortara la llamada y hablaran después sin estar borrachos. Manuel no había dicho todo, se cierta manera, lo dejó bien parado.
Omitió la parte en la que él le pedía que nunca más le dirigiera la palabra, el momento más débil del pelinegro al llorar a gritos, murmurando decenas de “te necesito” y “te amo” que Lautaro callaba indiferencia punzante. Omitió el haber admitido no poder respirar si no lo tenía cerca, el confesar que usaba sus perfumes y dormía con sus almohadas para imaginar que él nunca se había ido y que seguía ahí.
Agradeció a dios que Manuel no haya profundizado más en el tema de Dubai. Recordó la discusión, el cómo él sabia que Manuel tenía razón pero era lo puteó igual. Aún después de años no podía creer el haber dicho todo eso, el haberle gritado que para él Manuel no era nada, que si volvió no fue por él, que había dejado cosas más importantes pendientes.
La rubia.
Santiago se removió incómodo en su lugar, sintiendo pena por su mejor amigo mostrándose tan vulnerable en la pantalla. Alejándose inconscientemente de Lautaro tras cada lágrima de Manuel, frunciendo el ceño mientras sentía la bronca crecer en su pecho poco a poco, mira do de reojo al rubio con rabia y rencor. No podía negar que, aunque nunca lo admitiría en voz alta, no podía perdonarle el haber roto a Manuel dos veces, con total afán e intención de herirlo.
Lautaro agradeció la lejanía, pues gracias a ella Santiago no pudo notar como sus dedos viajaron rápidamente sobre el teclado de su celular, escribiendo un corto mensaje que terminó enviándose en un segundo.
“Vos sabés que siempre te voy a amar manu. Vos sabés que siempre tuve miedo de quererte tanto”
–
La pantalla de su celular se iluminó y no le sorprendió en lo más mínimo ver el nombre sobre ella, sabía que le hablaría, sólo no esperaba que fuese tan pronto.
El mensaje no lo tomó por sorpresa, lo esperaba. Sabía que Lautaro era así y se cuestionaba cuánto tiempo pasaría hasta que se arrepintiera y le cambiara totalmente la jugada.
No se ilusionaba. Ya no más.
“Yo nunca tuve que recordártelo. Vos siempre supiste cuánto te amo y a vos nunca te importó. No sos el único con miedo, pero si el que lo uso como excusa para herir al otro”
Ni siquiera tuvo que cerrar el chat para recibir la respuesta de Lautaro. Corta, evasiva.
“¿Cuánto me amás?”
“¿En presente?”
Manuel sonrió.
“Te amo” envió. Lautaro lo leyó enseguida. Los tres puntos indicando que escribía aparecieron, se quedaron en la pantalla un par de segundos y después desaparecieron.
“Pero ya no me hago ilusiones con vos” Manuel concluyó, bloqueado su celular.
No le molestaba, sinceramente, se sentía bien. La entrevista fue liberadora, como si al mencionar al rubio se le hubiera ido un peso de encima. No le molestaba ya su presencia, o su arrogancia, ya no sentía bronca ni dolor, había sanado por fin.
Cerró los ojos y volvió a reclinarse en el sofá cuando escuchó el sonido del ringtone taladrarle los oídos, sorprendiéndolo.
—
Lautaro había desaparecido y el ambiente, para Santiago, había vuelto a ser cómodo.
No es que lo odiara, él sabía que jamás sería capaz de hacerlo, era otra cosa, más salada, más caprichoso. Era el recuerdo aún vivo de Manuel lleno de sangre después de romper todo lo que se encontró aquella noche, la desesperación de escuchar el ruido y los gritos del otro lado de la puerta y no poder ser capaz de atravesarla, romperla, tumbarla. Era el saber que Manuel cargó el dolor de perderlo durante años, el haber tomado un bando y él mismo rogarle que no fuera tan cruel con su amigo.
Era el recuerdo de un viernes lejano en una cafetería solitaria, charlando casi en súplicas el darle a Manuel una última charla, una donde le explique sus sentimientos y no lo lastime más. Eran las súplicas de un amigo en discordia que sabía que habían lastimado a quien más amaba, pero que no podía hacer nada, porque Lautaro simplemente no quería a Manuel y eso no lo hacía una mala persona.
Las luces de la habitación que antes pertenecía a Manuel se encendieron y Santiago sonrió a penas. Había conservado la casa, ya no la rentaba más, utilizó hasta el último contacto para poder comprarla, y lo hizo. Le pesaba dejarla, el último lugar donde fue feliz junto a sus mejores amigos, la casa en la que siguió viviendo con Manuel hasta que se dio cuenta de lo mucho que lo lastimaba y lo dejó ir. Para Santiago, vivir solo en esa mansión enorme era el acto de amor más grande que había hecho en la vida, y fue todo para Manuel.
—
«Manu» Lautaro murmuró por lo bajo a penas escuchó la llamada siendo atendida.
Manuel guardó silencio un momento, procesando lo que estaba pasando. Esperó recibir algún mensaje, ver algún tweet o, incluso, escuchar su nombre en algún video. Nunca por llamada, nunca sonando tan vulnerable.
Tan nostálgico.
«Lautaro» Respondió tranquilo, sintiendo a penas los latidos de su corazón chocando contra su pecho, suaves y serenos. Todo lo contrario a los de Lautaro.
Ahora era él, dentro de esa habitación, quien resistía las ganas de llorar mientras sostenía el celular con las manos sudadas, temblando junto a sus piernas y labios.
«Lo siento» Otra cosa más que Manuel no esperaba escuchar.
«Ya está, Lauti. No hace falta» Murmuró de vuelta, casi en un susurro «Realmente no hace falta. Medité mucho estos años, y tú estuviste mal, pero yo también. Salí con Flor, vos con ella. Pero los dos sabíamos que te quería a vos, estuve mal, no tenés que pedir perdón, ya está»
Lautaro rió con ánimo, una carcajada genuina escapándose entre sus labios y aterrizando en los oídos de Manuel, removiéndole el corazón con una familiaridad ensordecedora.
«Con ella» Repitió «Años ya y todavía no la bancás ni un poco. Recuerdo cuando Flor la conoció, cuando nos conocimos los cuatro. Ni ahí frente a tu novia la bancaste»
Manuel guardó silencio, mirando el techo con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios.
«Perdoname Manu, por todo. Por lo que techo dije y por lo que te diré ahora»
Manuel gruñó y Lautaro sonrió al entender que lo estaba retando por volver a disculparse, pero no dijo nada.
«Sos un cagón hijo de puta» Soltó «No digo que yo no lo sea, pero vos querés quedarte estancado en el 2024, cuando ambos éramos unos cagones sin remedio, cuando nos queríamos en secreto. Querés que vuelva a ser ese Lautaro, pero eso no se puede. Yo quiero que vos seas Manuel, quiero que lo intentemos de verdad, en el presente»
Lautaro habló, rápido y entrecortado, sintiendo la garganta pesar tras cada palabra y teniendo que sentarse sobre la desordenada cama para no flaquear y caer directo al piso, arrodillado.
Manuel suspiró. El cansancio y las ganas de llorar presentes en su voz se escucharon a través de la línea, dibujando el Lautaro una sonrisa lúgubre, esperando lo peor.
Sabía que no tenía ningún derecho, que no debía hablarle con tanta naturalidad después de ignorar su existencia y sentimientos por años, pero no le importaba, porque, en lo más profundo de su corazón, aún era envidioso y egoísta. Aún utilizaba a Manuel para su conveniencia, caprichoso y amargo, dispuesto a hacer lo que sea porque no iba a tener consecuencias. Ni en el pasado, ni ahora. A excepción, claro, de aquella pelea que los separó para siempre.
«No podés hacerme esto. No podés aparecer de la nada y hablarme de la mierda que vos quieras. Pasé años llorándote, merezco extrañar al Lautaro que jamás me hubiera lastimado como lo hiciste vos» O, al menos, hasta que él quisiera volver.
«Si vos te hubieras confesado en lo de tu vieja, ese Lautaro te hubiera abandonado también, y peor. Nunca hubiera vuelto, se habría casado en españa y ahora estuviera viviendo infeliz con una mujer que nunca amó» Respondió Lautaro, llorando a mares por la línea.
«Ese Lautaro tenía más miedo que el que te lastimó, que el de ahora. No sólo le temía a lo que sentía, sino a lo que vos pudieras sentir también. La ambigüedad fue lo que me mantuvo acá el tiempo suficiente como para afrontarlo»
—
Santiago tocó la puerta, suave. Sonrió al sentir el Deja vù recorrerle los huesos. Lautaro lloraba del otro lado, tranquilo, regulado la respiración, tan diferente a Manuel que Santiago no podía evitar sentir una leve satisfacción al escuchar algo romperse. Suspiró, sacando las llaves de su bolsillo y abriendo la puerta.
Guardaba una copia de cada puerta de la casa, enumerada y etiquetada. No estaba dispuesto a pasar por la misma desesperación.
El corazón se le hundió solo un poco al ver a Lautaro llorando sobre la cama, abrazando una almohada mientras el celular reposaba apagado a un costado. La imagen era casi calcada, solo las diferenciaba el cielo iluminado de mayo y el cuerpo más pequeño y rubio sobre la cama.
“¿Qué pasó?” Preguntó calmado.
“Voy a verme con Manu el viernes” Respondió Lautaro en un susurro, Santiago simplemente sonrió asintiendo.
Pero su rostro reflejaba preocupación, una angustia que Lautaro notó e hizo que su estómago se revolviera con ansias. Sabía lo que Santiago pensaba, él mismo lo hacía. Tenían miedo, no por él, sino por Manuel. No era que el pelinegro importara más que él, sino que, ciertamente, Lautaro lo había lastimado más.
Santiago lo había presenciado, lo había vivido; lo había consolado mientras él decidía alejarse de ambos cada vez más.
—
El almuerzo fue cálido, familiar. El ambiente había sido incómodo hasta que la comida llegó y Lautaro sonrió, ablandando el corazón de Manuel y permitiéndole sonreír de igual manera.
Una sonrisa genuina achinó sus ojos verdes al notar el cabello rubio de Lautaro un poco más largo de lo que, hace algunos años, era lo normal. Se percató de las pecas y el cómo estas parecían haber tomado posesión de su cara, inundándolo de ellas. Sus labios se notaban tensos pero más rosas y brillosos, su rostro se había endurecido un poco más y sus ojos ahora parecían cansados, el peso de los años se reflejaba en ellos casi tortuosamente.
Manuel no se quedaba atrás. Los piercings habían desaparecido, no porque ya no los usara, sino porque ese día en particular no se sentía cómodo. Su cabello negro ahora tenía un tono más claro, deslavado. Las raíces castañas relucían bajo el tinte descuidado y su cuello y espalda lo cubrían aún más tatuajes, al igual que sus piernas.
Sus hombros estaban rectos, ahora más tensos que antes, su cuerpo más tonificado, más estético y visiblemente cuidado para el modelaje, al igual que su cutis. No había un solo rastro de imperfecciones en su piel, lucía suave y tersa y sus cejas estaban perfectamente depiladas.
Prolijo como nunca, pensó Lautaro al ver sus brazos depilados y la manicura perfectamente hecha.
“¿Tenés pasarela?” Preguntó mirándolo directamente a los ojos, Manuel negó.
“Campaña” corrigió “Tengo una campaña con Puma esta semana. Aunque me odiaras por la entrevista me ibas a ver en todos lados igual”
“Pegado” Ambos sonrieron “No te odiaría por eso a vos. Sólo contaste la verdad”
La charla fluyó suave, tranquila. Con los chistes justos y las miradas necesarias para alivianar el ambiente. El clima era sereno, casi caluroso, el sol los iluminaba a través de la ventana y las miradas les indicaban que lo sabían, que estaban exponiéndose más de lo que tal vez deberían.
Porque podía que el almuerzo jamás se repita, podían dejar todo por la paz, o perder los estribos y terminas con otro video de ellos gritándose rondando por twitter.
–
Habían pasado tres meses. Se había visto día por medio, las charlas seguían siendo incómodas al principio, y después fluían como si los años no hubieran pasado.
No. Fluían como si esos años no hubieran impedido el reconocerse incluso entre la multitud más grande, fluían como si cualquier cambio fuese evidente, pensado. Como si ambos hubiesen pasado horas en la madrugada pensando en cómo vivía el otro, que gustos había abandonado y cuáles había adquirido. Manuel no se sorprendió cuando Lautaro pidió un pastel de chocolate con helado para el postre, y Lautaro no mostró ninguna reacción al ver el plato tan saludable y libre de procesados que Manuel había pedido para sí mismo.
Sus vidas cambiaron, y ellos estuvieron ahí, pensando en el otro y adivinado partes de su vida a través de titulares o amigos en común.
“Estamos grandes ya” Había dicho Lautaro durante la cena, tomando su copa de vino y riendo al ver el contraste.
Manuel no tomaba, no ese día al menos. Debía levantarse perfectamente bien para la Argentina fashion week, y después esa misma noche, viajaba a Madrid para trabajar con Massimo Dutti.
“Sí, estamos grandes” Afirmó Manuel con nostalgia.
Lautaro intentó alcazar su mano, recorriendo con temor la pesa de cristal, pero Manuel negó mientras se apartaba rápidamente, dejando sobre la mesa la mano tendida del rubio.
“No, Lautaro. Vos no me vas a volver a lastimar. Podemos volver a ser amigos, pero no puedo confiar en vos para ser algo más”
“Ya pasamos por esto, Manuel” Dijo Lautaro, voz pesada y ojos que pedían a gritos saltarse la parte innecesaria.
Manuel sonrió “Pero ahora soy yo quien te rechaza a vos” Lautaro lo miró, por primera vez en tres meses, directo a los ojos “Sos vos quien tiene que pelear por mi”
—
Manuel estaba lejos, muy lejos. Las horas no coincidían, Lautaro dormía y él estaba encerrado en un estudio con decenas de luces iluminándolo.
El tiempo en Europa se alargó, no era sólo Massimo Dutti, Manuel estaba trabajando con Zara y, para sorpresa de todos, había logrado una meta personal. Estaba modelando para Chrome Hearts.
No era una campaña, mucho menos un anuncio. Sólo eran unas fotos modelando la nueva colección de joyería, en realidad perdía más de lo que generaba en ingresos económicos, pero era una gran adición a su portafolio.
Viajó de Madrid a Barcelona y de Barcelona a Italia en tan solo una semana. No había tenido tiempo de checar su celular, o de siquiera hablar por teléfono con alguien más que no fuera su madre o su padre.
Exceptuando aquella vez que habló con Santiago y recibió al día siguiente varios mensajes de Lautaro reclamándole el no hablarle a él. Sonrió con familiaridad y negó mientras bloqueaba su celular; Lautaro iba a tener que ganárselo.
Eso lo enloquecía. Llevaban años sin hablarse, pero ahora era distinto. Se habían reconciliado, había charlado y pactado, en silencio, volver a ser amigos. Pero ahora Manuel estaba en Europa, ignorando sus mensajes así como él lo hizo la primera vez, cuando tomó un vuelo a los Emiratos Árabes y decidió nunca más volver.
Lautaro sonrió melancólico. Nunca se había puesto en el lugar de sos amigos, nunca se detuvo a asimilar el daño que había causado y ellos tampoco se lo pudieron. Pensó en Manuel, en aquella pelea, en él reclamándole que nunca le importó dañarlo y sintió una punzada en el corazón cuando entendió que era verdad; jamás le interesó como se habían sentido sus amigos, siempre asumió que todo estaba bien porque lo habían recibido con los brazos abiertos y le habían repetido incontables veces que ya estaba en el pasado.
Pero no era así, y él lo sabía y nunca hizo nada para reparar esa situación. Pensó en irlo a buscar, pero un vuelo a Italia se escapaba de sus posibilidades económicas. Él no siguió en el rubro, no tenía dinero de streams como Santiago o contratos de modelo como Manuel. Vivía como una persona normal, trabajando en el mercado y ahorrando lo suficiente para ir a España a visitar a su familia dos veces al año.
Esperó pacientemente a que Manuel regresara, miró su celular por dos semanas con la esperanza de recibir algún mensaje, pero sólo lo hizo un sábado por la tarde. Una foto en el aeropuerto y un “llegué :)” fueron suficientes para subirse al auto y conducir directamente a su departamento.
—
“Manejaste” Sonrió y Lautaro no pudo evitar bajar la mirada, avergonzado.
“Hola Manuel”
“Hola Lautaro”
Se quedaron en silencio unos segundos, mirándose fijamente, hasta que Manuel apartó la mirada y se dirigió a su habitación, dejando a Lautaro solo en el medio del living.
Tardó un par de minutos en volver con una pequeña cajita entre sus manos, la abrió sin decir nada, sacando de dentro una pequeña tarjeta y entregándosela a Lautaro en un rápido y calmado movimiento.
“Sei la stella del mio cielo, amore mio”
Al levantar la mirada Lautaro no tuvo tiempo para si quiera procesar alguna pregunta, Manuel depositó un pequeño objetivo sobre sus palmas, con cuidado.
“Es de cristal, tené cuidado” Avisó.
Miró el regalo, incrédulo. Entre sus dedos había un fino collar de oro, elegante y notablemente caro. El dije era grueso, oro puro cubriendo una estrella de cristal, con un pequeño rubí en el centro.
Lautaro sonrió, sin entender realmente que significa ese regalo “Esto es para que lo usés vos” dijo, relacionando el collar con la tarjeta en una pequeña mueca divertida.
“La estrella sos vos” Respondió Manuel con calma, recostándose en el sofá mientras encendía la televisión con una gran sonrisa en el rostro.
“Y yo te voy a volver a encender” pensó Lautaro.
—
Santiago seguía preocupado. Manuel había vuelto a caer incluso cuando lo negaba, y eso le ponía los pelos de punta. Sus charlas habían durado horas, voz calmada y consejos de corazón siendo intercambiados hasta la madrugada.
Sentía una presión en el pecho cada vez que Lautaro lo visitaba, contándole cómo le había ido con Manuel y lo bien que él creía que estaban yendo.
A pesar de los seis meses desde es primer mensaje, Santiago creía que iban demasiado rápido. No lograba asimilar cómo es que ambos habían podido volver a ser lo mismo de siempre con tanta tranquilidad, entendía que Manuel ya estaba en paz consigo mismo y que sentía que los problemas con Lautaro había quedado atrás, pero aún así, algo no le terminaba de entonar.
“Vos tenés que ser claro con él” Dijo Santiago, serio. Su mandíbula tensa y los ojos oscuros.
“Soy y fui claro con él, desde que volvimos a hablar”
“No. No lo sos. Vos fuiste y le dijiste que tenían que intentarlo en el presente. Joya, pero Manuel no puede estar con vos hasta que te disculpés de verdad, hasta que le digas a la cara porque mierda le mentiste y que reconocés que fue tu culpa el hacerlo mierda. Yo no voy a dejar que vuelva a pasar por lo mismo sólo porque vos seguís sin reconocer tus errores en voz alta”
Lautaro lo miró, visiblemente herido.
“No lo digo para lastimarte, Lauti. Yo sé que vos también sufriste. Pero yo vi llorar a Manuel horas en la cama, tuve que tumbar esa puerta más de una vez para quitarle el teléfono cuando se filtraba un nuevo video tuyo con-“
“Callate” Dijo Lautaro “Vos no me viste llorar porque yo no te lo permití, pero lloré más de lo que vos creés”
“Exacto. Lautaro, no te vi llorar porque te alejaste de mí también, pedoname por no sentir el mismo nivel de compasión por vos, pero Manue y yo nos desvelábamos juntos llorando, en dos ocasiones, fuimos el muro del otro mientras vos estabas con otras personas por elección propia. Tenés que arreglar lo que rompiste antes de intentar buscar uno nuevo”
–
Los días pasaron y Lautaro sentía las ansias crecer cada vez más dentro de su pecho, crecía tanto que creía que se le iba a escapar por los poros.
Le tocaba a él, lo sabía. Manuel ya había sacrificado mucho, se había derrumbado frente a él rogándole amor. Era su turno, lo más justo para ambos era que Lautaro abriera su corazón tal como lo había hecho Manuel cinco años atrás.
“Manuel” lo llamó, estaban ambos en su casa, mirando películas mientras cenaban juntos.
El pelinegro alzó la mirada, invitándolo a continuar sin mencionar palabra.
“Manuel estoy enamorado de vos”
El tenedor en los dedos de Manuel tembló y la lechuga de la ensalada cayó directo al bowl. Sus labios se abrieron pero su voz no salió, sus mejillas se encendieron, su pecho comenzó a latir y sintió miedo.
Recordó a Flor, a Pilar. Recordó los días en los que juró estar enamorado, vivió el corazón roto de años en tan sólo segundos. Lautaro lo miró, expectante. Sus ojos viajaron por sus manos, recorrieron los nuevos tatuajes en su cuello y aterrizaron torpemente sobre sus labios.
Manuel quería huir, pero no porque no quisiera corresponder las palabras del rubio, sino porque era lo que más anhelaba. Su intención no era jugar con Lautaro, entendía el camino que estaban tomando, llevaban seis meses sin sacarse de vista, pero era todo tan repentino. Cinco años en comparación, lo eran todo. Cinco años sin verse con los mismos ojos, cinco años de quejas y puteadas reprimidas, cinco años que decidió curar y exponer por medio de una entrevista.
“Yo sé que capaz no merezco que me quieras de vuelta, después de todo lo que te hice. No tengo justificación, me pasé, excedí todos los límites y te mentí. Mentí cuando dije que no te amaba, mentí cuando te pedí que te alejaras y me mentí a mí mismo cuando decidí quedarme con ella y no hacerle caso a lo que me gritaba el corazón”
Sus palabras suaves endulzaban el oído del pelinegro, reconfortándolo. No sentía ganas de llorar, ya no, en su lugar sus ojos se oscurecieron y su espalda abandonó el respaldo del sofá para inclinarse hacia el rubia, dejando el bowl de la ensalada en la mesita de centro y mirándolo directamente a los ojos, en silencio.
“Estoy enamorado de vos, y arrepentido de todo lo que hice para lastimarte. Porque no mentiré más, hice todo con intención, y el miedo no me justifica ni un poco”
Manuel sonrió, una mueca apenas. Sus dedos comenzaron a temblar y los latidos de su corazón se mezclaban en el aire con los de Lautaro, peleando uno contra el otro por sobresalir entre los ecos del silencio.
Lautaro lo observó, la taza entre sus manos quemándolo mientras esperaba alguna reacción de parte del pelinegro, sus ojos abiertos y cejas alzadas.
“Me voy a bancar todo lo que vos digás, si me querés putear, si pensás que estamos mejor como amigos, incluso cuando siento que sería un toque injusto ilusionarme con todo esto que llevamos haciendo meses, está bien, Manu, sé que me lo re merecería-”
Sus palabras se perdieron contra los labios del pelinegro, en un beso suave y, a la vez, desesperado. Mantuvo los ojos abiertos de par en par mientras los labios de Manuel lo buscaban desesperadamente. Reaccionó cuando sintió las grandes y tatuadas manos del mayor rodeándolo por la cintura, atrayéndolo hacia él en el sofá.
“Está bien” Dijo Manuel en voz alta para sí mismo una vez se separaron. Sintió las lágrimas luchando por caer y se dió por vencido una vez enfocó la vista en Lautaro. Lo vió llorar, lágrimas gruesas cayendo por sus mejillas y el pecho subiendo y bajando con desesperación. No le dió. No pudo arrepentirse, de nuevo cayó ante sus lágrimas, se acercó aún más y limpió el llanto con sus dedos, sonriéndole incluso cuando sentía que necesitaba huir. Juntó sus frentes y lo abrazó por los hombros, tallando su espalda en señal de apoyo.
Apoyo. No entendía porqué era él quien le brindaba apoyo a quien fue el responsable de los peores años de su vida.
“Está bien” Repitió, besando su frente.
_
Santiago los vió, su rostro pálido y los labios resecos. Los miraba con incrédulo, como quien es testigo de algún acto sobrenatural justo en el medio de un funeral. Sus manos temblaron y tuvo el impulso de separarlos, de gritar, de golpear y romper todo a su alrededor. No odiaba la idea de verlos juntos de nuevo, sino lo que esto podía significar a futuro. Se contuvo mientras avanzaba a pasos serenos por el jardín, saludándolos como si nada pasara, ignorando por completo el dolor en el pecho.
No quería admitirlo pero estaba aterrado. Sabía que exageraba, que los tres eran tipos grandes, capaces de lidiar con sus propias decisiones, pero para Santiago no era nada fácil. Los veía de la mano, parados al medio de la multitud, recibiendo felicitaciones genuinas y podía jurar que el mundo se tornó rojo.
No podía evitar sentirse avergonzado, sabía que debía estar feliz por sus amigos, disfrutando del asado de reconciliación mientras planeaban una nueva mudanza los tres juntos, pero no podía. Quería borrar las incontables imágenes de Manuel borracho, tirando en el suelo de su pieza, cubierto de vómito y lágrimas. Intentaba callar los gritos desgarradores de su mejor amigo cruzando las paredes de la casa, rogándole a Lautaro entre sueños que volviera. Él realmente ansiaba poder sentir lo mismo por ambos, pero la realidad es que él mismo se cerraba, porque no había sido sólo Manuel quien sufrió, también lo había hecho él.
Manuel estaba demasiado borracho, demasiado perdido en sus propios sentimientos como para darse cuenta de lo mucho que Santiago había sufrido también. Pasó noches preguntándose si la culpa también había sido suya, si debía llamarlo él también y pedirle entre gritos que volviera y no lo dejara solo de nuevo jamás. Se había visto a sí mismo borracho en cualquier boliche, contándole a los desconocidos cuán triste estaba, esperando que por algún motivo aquella información llegara a los oídos de Lautaro y al fin respondiera sus llamadas, pero nunca sucedió.
Vió la sonrisa de Manuel entre la multitud y se la devolvió a penas, fue testigo de la forma en la que Lautaro se avergonzó, mirando al suelo en un intento de ocultarse de la mirada de su amigo.
La charla fue larga, después de despedir al último invitado los tres se sentaron en el comedor y hablaron de todo. El llanto de Santiago fue espeso, gritó en ocasiones y llegó a romper las copas de vino, pero todo terminó bien.
Sonrió genuinamente después de algunos meses de no hacerlo, les deseó lo mejor y le juró a ambos matarlos si se lastimaban. Lautaro sintió que sus palabras eran sólo para él, pero no dijo nada, simplemente juró hacer feliz a Manuel el resto de su vida.
Y Manuel le juró lo mismo.
