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Curame

Summary:

Sebastian se encuentra con Ari en la mina, él necesita ayuda, pero se resiste a recibirla. Finalmente ella logra que acepte sus cuidados.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

*Verano, 04 año 01*

 

El ruido de una picota chocando con una piedra hace eco en la cueva, además de los sonidos de agua goteando por algún lado, y al parecer una baba revoloteando en el otro extremo del piso de la mina, no había más ruidos, todo estaba muy tranquilo y quieto. Sebastian ya estaba agotado, su madre le pidió recoger algunos materiales en la mina, eran fáciles de conseguir, pero ella odiaba bajar ahí, y cuando apareció esa mañana en su cuarto con esa petición y la promesa de cocinar su cena favorita, no pudo negarse. Además, no era como si no bajase a las minas de vez en cuando. Bajo por primera vez en mucho tiempo (Estuvo cerrada durante años) hace un par de semanas, entusiasmado por las historias de lo que una de sus amigas encontraba allá abajo y como cada piso era mejor que el anterior.

Con un firme golpe la piedra cedió y pudo recoger una amatista, era de un gran tamaño y color muy intenso. Su corazón se aceleró un poco al ocurrírsele una idea con ella y no pudo evitar curvar ligeramente la comisura de su labio en una sonrisa casi imperceptible. La guardó a parte de los materiales y puso la pequeña mochila en su hombro. 

Se dirigió al ascensor y subió, estaba a punto de presionar el botón del piso de la salida cuando se fijó en cuantos pisos ya habían habilitados. Siempre que iba a la mina había más pisos, y sabía que la responsable era Ari. Frunció un poco el ceño al ver los botones y comparar la cantidad, él no pasaba del piso 20, mientras que ella ya iba en el 50 ¿Como lo hacía? si el ya estaba agotado con solo bajar hasta ahí, y ni siquiera bajó por escaleras, parte del tramo lo descendió en ascensor.

Miró fijamente uno de los botones y lo presionó, el ascensor descendía hacia el piso 25.

Cuando bajo no noto gran diferencia, era prácticamente igual que el piso 20. Sintió como el ascensor a sus espaldas continuó su rumbo a quién sabe dónde, así que tendría que esperar un rato ahí para volverlo a ocupar. Miró a su alrededor y decidió avanzar para buscar algo interesante. 

Ese nivel era extenso, con varios caminos. Hasta ahora no habían muchos monstruos, uno que otro escarabajo y un par de babas. Continuó avanzando, tomando los cuarzos y otros minerales que veía a su paso. Intentaba no esforzarse demasiado, estaba cansado. Vio una roca mucho más grande que el resto, se acercó y después de examinar su alrededor con la mirada y comprobar que sólo había rocas inofensivas a su alrededor, se sentó a comer algo para recuperar fuerzas. 

Después de comer e incluso fumar un cigarrillo, vio la hora. “Las 18:00, hora de irme”. Se bajó de un salto y sin darse cuenta tropezó con una piedra que él juraría no estaba ahí. El golpe inintencionado a la roca hizo que mostrara su verdadera forma, sacando una tenaza y patas. Lo atacó haciéndole un corte en la pierna, rasgando su pantalón, por el susto y el dolor, dio un quejido, el cangrejo de roca lo miraba decidido a continuar la pelea. 

Recuperando el equilibrio, estaba listo para devolver el golpe, cuando una niebla verde y espesa comenzó a llenar la cueva, tenía un olor como a hierba recién cortada, pero a la vez como a marchito. Desde lo lejos sintió un zumbido, no le prestó mucha atención, tampoco a la niebla, pues estaba preocupado de esquivar las tenazas del cangrejo de roca que estaba apunto de matar. Algo le dio un golpe en la cabeza, obligándolo a mirar que había sido, fue entonces cuando se percató realmente de lo que ocurría. La niebla había llenado toda la cueva, atrayendo a unos insectos que volaban hacia él, lo embestían por todas partes. Al principio esquivó uno que otro, pero al ver que eran demasiados, y al insistente cangrejo que no quería dejarlo en paz, decidió correr.

Salto tantas rocas como pudo y se escabullo por entremedio de los estrechos pasadizos corriendo, pero aun así, los insectos y el cangrejo de roca lo seguían decididos a acabar con él como fuera. “Joder, ¿por qué me pasa esto a mi?”. Llegó hasta el ascensor y tocó desesperadamente el botón para salir de ahí. Cuando la puerta se abrió entró tan rápido que no le prestó atención a nada más que los botones, presionando repetidamente el que cerraba las puertas. Un insecto logró colarse, lo miró con los ojos muy abiertos, estaba indefenso, una espada lo atravesó con dos golpes certeros y lo derrotó. Recién ahí, miro a la persona que estaba junto a él en el ascensor. “¿Por qué ella?¿De todas las personas tenía que ser ella?”.

-Por poco ¿Eh? - Le dijo Ari con una sonrisa de suficiencia en el rostro.

Sebastian sentía un poco de vergüenza, pero debía admitir que fue oportuno que Ari tuviera la espada en mano. Jadeaba por el esfuerzo físico de correr por un piso completo de la mina e intentaba recuperar el aliento mientras la examinaba con la mirada - Si, gracias.

La sonrisa de la chica cambia a una mucho más amistosa. Se sentía con suerte de haber encontrado a Sebastian ahí. No planeaba verlo ni encontrárselo ese día, por lo que fue una sorpresa agradable del destino para ella.

-¿Estás bien? - Se acerca un poco más para verlo con detalle, buscando cualquier herida que podría tener.

-Si, no fue nada.

-Estas sangrando - Se acerca un poco más y extiende su mano a su mejilla, donde tiene un pequeño corte del cual cae una gota de sangre.

Sebastian aparta el rostro casi de reflejo. En verdad no fue su intención, enseguida se arrepintió.

-Lo siento - Retiro rápido la mano y la llevó hacia su cuerpo empuñándola, temerosa de haber sobrepasado su espacio - Es aquí - Señalo la mejilla opuesta como si se tratara de un reflejo.

-Ah, está bien, seguro fue solo eso.

Ari lo mira con más detenimiento, tiene varios rasmillones, incluyendo el de su mejilla que sangraba. Su sudadera estaba empolvada y con salpicaduras de …¿Insectos?. También noto que una pierna la tenia mas flectada que la otra, cargaba todo su peso en una sola y ademas la tenia ligeramente más atrás, evidentemente ocultando algo. 

-Déjame ayudarte - Busco en un bolsillo de su mochila y sacó un pañuelo empapado en algún líquido y se lo ofreció - Limpia tu herida con eso.

-Enserio, estoy bien.

-Mira - Su voz sonó menos amistosa y con mucha más autoridad - llevo por lo menos una temporada completa bajando a la mina, se que no suena como mucho tiempo, pero es el suficiente para saber que si no te limpias la herida, y la cubres con una venda o algo, se infectara. 

Sebastian solo la miro.

-Cuando llegues a casa puedes pedirle a tu hermana si quieres que te ayude, seguro sabe más y haría un mejor trabajo, pero por ahora haz esto por favor.

Sebastian nunca le pediría ayuda a su hermana para algo así. Estaba atrapado, si no aceptaba la ayuda, tendría que hacerlo solo, y realmente no sabía cómo hacerlo, no tenía experiencia alguna en primeros auxilios. Dejó su orgullo de lado, asintió y recibió el pañuelo.

El ascensor se detuvo y abrió sus puertas, era el piso 50. Sebastian apenas alcanzó a echar una mirada cuando Ari presionó el botón del piso 0 y las puertas se cerraron, y comenzaron a moverse de nuevo.

-Pensé que estábamos subiendo - Dijo en voz baja.

Ari se volvía a acercar a él, pero esta vez con una curita en la mano. -Solo tengo estas, quedate quieto - Sebastian pudo mirar que la curita tenía unas fresas dibujadas antes de que desapareciera de su rango visual- Bueno, yo iba bajando cuando tu subiste al ascensor, así que supongo que solo se detuvo porque presionaste el botón para llamarlo.

-No es necesario que subas conmigo - Cerró uno de sus ojos cuando sintió las manos tibias de Ari poniendo la curita en su mejilla. 

-Esta bien, no tengo problema. Además aún tenemos que ver tu pierna - Se apartó para mirar si había acomodado bien la curita.

Sebastian respondió con un suave gruñido y mirando hacia arriba, en señal de resistencia.

“Que lindo” -Ah, vamos. Pensé que ya habías entrado en razón, solo déjame ver.

Él tragó saliva y con ella el orgullo residual que aún tenía - Vale - le enseñó el gran tajo que le había hecho el cangrejo roca.

-Uy, es un gran corte.

-Si - Se sentó en el suelo y se arremangó lo que más pudo el pantalón alrededor de su pierna. Apenas acabó, Ari estaba sentada junto a él con otro pañuelo empapado en desinfectante y lo acercó a la herida. Sebastian hace una mueca de dolor apretando los labios al sentir el frío líquido y como limpiaba los residuos de sangre y polvo de su pierna y piel herida. Ella empezó a envolver la pierna en una venda blanca que sacó de su mochila.

-Tienes de todo ahí ¿no?

-Te dije que llevaba una temporada bajando aquí, he aprendido un par de cosas. Creeme que también termine herida varias veces. - Ya casi terminaba de envolver la herida, había intentado ser muy cuidadosa y delicada para que no le doliera.

-Eres una granjera preparada. - Miraba atento los movimientos de Ari, que eran casi cariñosos. Se sentía extraño permitiendo tanta atención por otra persona, hace mucho que nadie lo cuidaba con tanta delicadeza, era algo reconfortante.

-Acabé varias veces desmayada por las heridas, uno aprende cosas después de eso - Suelta una risita para restarle importancia. - Termina de asegurar el vendaje atándolo con un nudo firme. - Listo, eso debería bastar por ahora.

-Entonces deberías cuidarte más.

-Mira quien lo dice - Suelta una risita suave.

-Solo fue mala suerte.

Ari no le dice nada, pero lo mira con incredulidad inclinando la cabeza hacia un costado.

-Aunque…también fue buena suerte que estuvieras aquí, seguro ese insecto hubiera acabado conmigo y mis heridas se hubieran infectado. Gracias.

Le sonríe dulcemente con un ligero rubor en sus mejillas. 

En ese momento el ascenso abre las puertas. Ari se levanta rápido y le ofrece la mano para ayudarlo, él acepta la ayuda y sale cojeando del ascensor. Sebastian se gira hacia Ari para despedirse cuando ve que ella se acerca y con un movimiento rápido pero a la vez suave hace que se apoye en ella, pasando su brazo por su cintura, tomando su muñeca y haciendo que se apoye en su hombro. Esta vez a Ari no le importo el espacio personal, sabía que si se lo preguntaba pondría mucha más resistencia, así que solo decidió actuar y ayudarlo a llegar a casa.

-Te dije que estaba bien - Su voz sonó con fastidio.

-Y yo te dije que te ayudaría.

-Nunca dijiste eso.

-Ya deja de quejarte y camina, no te hagas él fuerte ahora.

-No quiero molestar.

-No es molestia, es ayudar a un amigo.

Sebastian no sabía qué más responder, así que se limitó a avanzar. El perfume dulce de Ari lo embriagaba, era un olor entre guindas y flores recién cortadas, el calor de su cuerpo lo envolvia, su mano sujetando su muñeca con firmeza era tibia. Sabía que esa posición era difícil cuando la persona que llevas es más alta que tú, lo había experimentado con Sam borracho un par de veces, y su diferencia de altura con Ari era mucho mayor, así que intentaba ayudarla a cargar su peso lo más que podía. Por su parte Ari, actuaba como si no le latiera rápido el corazón, como si la proximidad entre su cuerpo y el de él no la pusiera nerviosa, como si no estuviera intentando grabar el aroma de su perfume amaderado con notas de salvia y menta en su memoria. 

Cuando salen de la mina Sebastian se detiene - Espera.

-Ya deja de quejarte Seb - Lo dice con menos paciencia que la última vez.

-No es eso, no quiero que nadie nos vea ¿Vale? Tampoco se lo digas a nadie.

Ari contuvo su curiosidad y no preguntó. - Vale - Dio un vistazo y comprobó que no había nadie que los pudiera ver - No hay nadie, vamos.

El asintió y la miró de reojo. “Ari es realmente muy linda, incluso tal vez sea la chica mas linda del pueblo…y también está siendo muy amable, a pesar de mis quejas constantes sigue ayudándome ¿Por qué?¿Por qué es tan dulce?”.

Cuando llegaron a la puerta de la casa Ari soltó a Sebatian, él se apoya en una de las paredes. - Si te ayudo a entrar supongo que será obvio que te lastimaste ¿Estarás bien si te dejo aquí?

-Si, además ya me ayudaste bastante.

-¿Te duele mucho?

-Ya no tanto, estoy bien.

-Ok…Entonces cuídate- Estaba dispuesta a marcharse de vuelta a la mina.

-Gracias de nuevo Ari…para serte sincero, no sé qué hubiera hecho sin ti - Sonrió entrecerrando los ojos, un gesto que Ari adoraba ver. - Y siento haber sido tan pesado, te cause muchas molestias - Miraba hacia un lado y sus ojos reflejaban pesar.

-Oye está bien, no te preocupes. Solo cuídate ¿Si? ponte un poquito de hielo, pero solo un poquito - Hace un gesto de pinza al darle esa recomendación - y también descansa.

-Y me sigues cuidando, es lindo de tu parte.

Ari se sonrojo - Je, bueno…ve a descansar, yo debo irme - Lo dice mientras se daba la vuelta y hace un gesto de despedida con la mano.

-Tu también cuídate, no quiero tener que cargarte yo la próxima vez. - Sonríe y alcanza escuchar una risita de ella antes de verla desaparecer tras la curva del camino.

Entró a la casa ignorando el dolor agudo que sentía al erguirse, para su suerte su madre no estaba en el mostrador, así que dejó los materiales ahí, no sin antes sacar la amatista que había recolectado y guardarla en su bolsillo. Demetrius y Maru estaban en el laboratorio, pero como era de costumbre, no le prestaron atención cuando pasó frente a la habitación para bajar para su cuarto. Una vez ahí se dejó caer exhausto y dolorido sobre su cama, aguantando el dolor frunciendo el ceño. Saco la amatista de su bolsillo y la observó “Tendré que enviarla después, sino pensara que es agradecimiento por cuidarme...quería dársela pronto, pero supongo que esperaré”. Suspiro agotado. “Es como sus lindos ojos…”. Sebastian se extrañó de su propio pensamiento, prefirió ignorarlo y concentrarse ahora en qué hacer con la herida de su pierna.

Notes:

Holiss!
Ok, Ok, Soy malísima poniéndoles títulos a los fics sdasdas
Intentaré ir publicando la historia de Ari y Sebastian en orden cronológico, aunque son historias independientes, por eso no decidí hacerlo en capítulos. Si hay algo que deben tener en cuenta lo mencionare. Por ahora no.
En fin, gracias por leer <3