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Strong as wood

Summary:

Los hermanos de la arena tienen que mudarse desde el pueblo de Sunagakure a la ciudad de Konoha después de que su padre perdiera la custodia de los tres.

Ahora deben empezar de cero y recoger los pedazos de sus antiguas vidas para hacer una nueva y mejor.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: 01

Chapter Text

 

Las afueras del pueblo de Sunagakure se veían distantes mientras el auto en movimiento se alejaba del lugar. Su frente se apoyaba con cuidado en el cristal de la ventana, teniendo cuidado que los puntos de sutura en su ceja y nariz no se vieran afectados por la presión.

Era desolador ver cómo el lugar que alguna vez llamó hogar ahora sería mera arena en sus recuerdos, tras la muerte de su madre y su tío, la pérdida de la custodia de su padre sobre él y sus hermanos; Ya no había razones para quedarse en Suna. Los servicios sociales habían decretado que sería mejor si los hermanos se mudaban a la ciudad de Konoha para un nuevo ambiente y un intento de sanar las heridas físicas y emocionales que los tres tenían.

Giró su cabeza por encima de su hombro y vio a Gaara, en un sueño profundo y apoyado contra Temari, todavía tenía ese viejo oso de peluche que había arreglado millas de veces con parches de tela suelta. Luego subió la mirada para ver a su hermana, ella estaba mirando fijamente la ventana, sus ojos cansados ​​y las ojeras revelaban lo difícil que había sido la situación para ella.

 

—Lo siento. — Fue un murmullo que salió de sus labios agrietados. Temari no se molestó en girarse a verlo.

— ¿Por qué? ¿Por casi conseguir que te maten? —

 

Kankuro no dio respuesta, solo presionó los labios hasta sentir ese escozor en su labio roto.

 

— …Da igual, jamás vuelvas a ponerte en riesgo así, ¿De acuerdo? No sé qué haría si te pierdo a ti también. — La voz de Temari sonaba quejumbrosa, estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no llorar o mostrar cualquier indicio de vulnerabilidad.

— No puedo prometerlo, ya sabes, soy tu hermanito problemático. — Ella se giró a verlo, arrugando cómicamente su nariz. Kankuro se enojó con cansancio y se ganó un golpe en el hombro que no tenía lastimado.

 

Eso es de lo poco que recuerda antes de mudarse de Suna a Konoha, hace ya unos dos meses.

 

El estruendo del despertador le taladró los oídos con fuerza, obligándolo a salir de esa ensoñación tortuosa que le recuerda constantemente los sucesos del pasado; el golpe de realidad lo hizo abrir los ojos con demasiada pereza. Contempló la idea de apagar el despertador y enrollarse en sus sábanas como un mísero gusano que no está listo para salir al mundo, de hecho, ya estaba en movimiento de cumplir dicha idea hasta que un golpe fuerte en la puerta lo hizo brincar del colchón.

 

— Kank te juro por Dios que si no sacas tú culo de la cama, te dejo y te vas caminando al trabajo tú mismo. — La voz de Temari tiene un tono irritado, y, para consternación de Kankuro, sabe que no está mintiendo.

— Ya voy, deja de gritar maldita loca. — Se hundió la almohada en la cara, quizás si se asfixiaba con esa cosa vieja y dura podría salvarse de tener que trabajar hoy, no es que odie su empleo, pero definitivamente quiere dormir unos cinco minutos más.

 

No quedó de otra que se prepare para el parto. Ponte ropa decente y toma tu mochila para poder salir de la habitación. Bajando las escaleras se encontró con Baki, el tipo estaba disfrutando de una buena taza de café mientras leía algunos informes de su siguiente trabajo como agente social.

Kankuro no es precisamente el mejor que se ha portado con él, de hecho, está muy seguro que es la causa del estrés constante del hombre mayor porque no es capaz de pasar una semana sin meterse en algún problema (sea intencional o no), pero Baki se ha ganado con sudor y sangre que el menor lo ve como una figura paterna real y no lo que sea que tenía cuando estaban en Suna.

 

— ¿Hoy tienes clases por la tarde? — Baki pregunta ahora que lo ha visto cruzar la puerta para agarrar un trozo de pan al cual untarle desastrosamente algo de mermelada.

 

— Mh-mh. Tems me va a dejar en el taller de carpintería, luego me voy en autobús hasta la facultad, no queda tan lejos. — Se relame los labios, buscando comer los restos de mermelada que le han quedado.

— Recuerda que tienes que recoger también a Gaara después de su cita. —

— Lo sé, todo está cronometrado, ¿Cuando he faltado yo a sus citas en el psicólogo? — La pregunta va con cierto tono jocoso, algo que hace a Baki poner los ojos en blanco.

 

Pero sabe que es verdad, Kankuro jamás había faltado a nada que involucrase a Gaara o Temari. No sabe cómo es que lo hacía posible teniendo en cuenta que los horarios del chico eran y son un maldito desastre.

 

— En fin, me voy antes de que Temari decida que hoy es mi día de caminar hasta el trabajo. — Salió por la puerta, realizando un gesto con la mano para despedirse de Baki e ir directo al auto que conducía Temari.

 

El auto es, obviamente, de Baki, se lo había dejado a la rubia para poder transportarse ella ya sus hermanos mientras Baki usaba la vieja moto que tenía durante sus días como adolescente.

Había un acuerdo entre los tres mayores sobre cooperar con los gastos de la casa, el sueldo de Baki no era suficiente para costear las carreras de los tres, las facturas y otros gastos en casa, así que Kankuro se buscó un trabajo a medio tiempo en un taller de carpintería mientras Temari impartía clases particulares, algo que le venía bien teniendo en cuenta su carrera para trabajar en servicios sociales al igual que Baki.

Por otro lado… Gaara estaba ahí, no tiene la edad legal para trabajar así que, se limita a estudiar e ir a seguimientos psiquiátricos luego del incidente con el padre de los tres. Se había metido en el curso de música por alguna extraña razón, cuando decidió preguntarle él había dicho algo como « Me ayuda a relajarme. » y el tema murió ahí.

 

Temari detuvo el vehículo y dio unos golpecitos con los dedos al volante, intentando llamar la atención de Kankuro.

 

— Aquí está tu parada. Iré a dejar a Gaara en la facultad y cuando terminen nuestras clases, lo dejaré en el hospital. —

— Ajá, suerte en clases, saluda al baboso de Shikamaru de mi parte si es que no se ha quedado dormido ya. —

 

Ella se limitó a reír.

Bajó del auto y se despidió con su diestra antes de caminar al taller. En el mostrador estaba un pelirrojo examinando una marioneta de gran tamaño, sus ojos estaban rasgados y el cabello sintético de la marioneta era negro.

 

— Llegas tarde. — Sasori habló sin siquiera mirarlo, muy ocupado pintando los ojos de la marioneta.

— De qué hablas, entro a y media, llegué un minuto antes.——

— Ve a encargarte de reponer los materiales en los expositores antes de que considere ponerte a barrer el aserrín que quedó de ayer. —

— Eres un tirano, ¿Lo sabes? — Kankuro exhaló, pasó a la parte trasera de la tienda para dejar su mochila y ponerse el ridículo delantal que era el uniforme de la tienda. Sasori lo había dejado trabajar en la tienda luego de que Kankuro entrara con su marioneta, Karasu, entre manos, preguntando por un barniz muy específico el cual iba a usar sobre el muñeco.

 

A palabras del contrario, Kankuro tiene potencial y quería exprimirlo, él no tuvo ninguna queja al respecto así que ahora está entre sus manos.

 

— ¿Cómo llevas el encargo del juego de sillas? —

— Ya están listas, solo falta ponerles barniz, iba a hacerlo después de terminar con tu mandado, mi señor. — Sasori vio con indiferencia a Kankuro antes de lanzarle un bolígrafo que estaba en el escritorio.

— Te dije que no me llames así. —

— ¡No eres nada divertido! Casi me saca un ojo. —

— Si eso hubiera pasado, te daba una prótesis de madera, ¿Cuál es el problema? —

— Estás enfermo. — Kankuro rodó los ojos y terminó de las cosas en los estantes. Algunas bolsas de clavos aquí, herramientas pequeñas allá, lo típico que verías en una ferretería/carpintería.

 

Terminada su primera labor, fue a la zona del taller donde tenía las dichasas sillas para ponerles el barniz, tenían que estar secas y envueltas para mañana por la tarde, así que si quería ahorrar tiempo, ésta era su oportunidad.

Trató con especial cuidado la madera, eran unas sillas de comedor que encargó una pareja de ancianos, con una apariencia de que se han quedado estancados en los años 60, bastante cómico y adorables, a Kankuro les agradaba ya que se había fijado que son clientes frecuentes de la tienda, por lo tanto, debía darles unas sillas de muy buena calidad.

 

— Kankuro, tengo que ir a hablar con un proveedor, necesito que te quedes en el mostrador. — Sasori habló tras golpear el marco de la puerta suavemente con sus nudillos, su voz era calmada y en su rostro no se mostraba ningún indicio de interés en ir a dicho encuentro. A veces, Kankuro juraba que este hombre era una muñeca de porcelana, con una tez blanca y pestañas largas, la forma delicada en la que trabaja o se mueve, es tan desconcertante cuando abre la boca y salen palabras mordaces o cínicas.

 

— Voy enseguida, déjame poner la ventilación para que se seque esto. —

— No tardes. —

 

No le tomó ni cinco minutos terminar lo que dijo que haría, luego salió al mostrador para despedir a Sasori que ya estaba yéndose en su auto.

Quedarse al tanto del mostrador era la prueba de fuego en este trabajo. La tienda es conocida pero no significa que siempre esté llena, como ahora, le están saliendo raíces ahí donde está sentado, esperando a que un alma caritativa venga y le dé una razón para trabajar.

Para matar tiempo, sacó su libreta, estaba llena de garabatos y dibujos al azar. Algunos eran dibujos de ideas para sus proyectos de la facultad de artes y otros eran bosques de futuras marionetas que le gustaría poner en la tienda si Sasori le daba el visto bueno. Su mente divagaba en los trazos a tal punto que no se fijó en la llegada de dos nuevos clientes, cuando la campanilla del mostrador sonó, el hombre saltó en su silla casi tirando el lápiz al suelo.

 

— Hey, tranquilo, perdona por el susto pero te veías tan concentrado que no nos estabas notando. — El cliente se inclina sobre el mostrador, cruzando los brazos sobre la madera a modo de apoyo.

 

Se fijó instantáneamente en las marcas rojizas que el contrario tenía en la cara. ¿Era pintura o un tatuaje? No sabría decir sin tocar primero la cara del desconocido, no es como si le sorprendiera, él va también con la cara pintada la mayor parte del tiempo, aunque hoy lleva un diseño relativamente sencillo por la falta de preparación que tuvo al quedarse dormido.

A su lado, hay otro sujeto. Es alto, mucho más que él. Le genera algo de inquietud lo callado que está y la forma en que lo mira a través de sus gafas negras.

 

— Oye espera. ¿No eres tú el punk de la facultad de artes? Ya lo sabes, compañero de Sai. —

 

Parpadeó ante el cambio de tema. No sabe por qué le ha generado irritación estar relacionado con un punk aunque bien que encaja en dicha subcultura.

 

— Ajá, Kankuro. ¿Viniste aquí para conseguir mi número o hay algo en lo que puedo ayudarte? — El chico parecía ofendido y antes de que pudiera replicar alguna barbaridad, el más alto de los tres apoyó una mano en el hombro de su acompañante.

— Necesitamos asesoramiento, específicamente sobre materiales que podrían servir para reparar un agujero. —

— Huh, debes ser un poco más específico, hombre. ¿Qué tan grande es y dónde está ubicado el agujero? — 

— Atraviesa la pared de mi habitación hasta la de mi compañero, amigo necesito soluciones ya o se darán cuenta que he puesto un cartel de “Sostente fuerte” con un gato. —

 

Kankuro soltó una carcajada en alto, encontró surrealista la situación que éste sujeto le estaba contando.

 

— ¿Puedo preguntar cómo has hecho ese agujero? —

— No. —

— Estaba jugando con su perro, saltó hacia atrás y rompió el yeso, con el trasero. —

— SHINO, ¡No tenías que decirlo! Y no fue con el culo, joder, ya dije que fue con la espalda. ¿Te crees que tengo trasero de hierro o qué? —

— Solo digo los hechos, Kiba. —

— Vete a la mierda. —

— Muy bien, para esta situación podría recomendarles algún tipo de empaste o espuma expansiva para rellenar el hueco, pero tengo miedo de que uno de los dos acabe muerto por intentar usar esos materiales sin leer las instrucciones. —

— ¿Cuánto cobrarías por reparar el agujero? —

— Depende del tamaño, fecha la vuelta y calcularé el precio en base al tamaño de tu trasero. —

 

Kiba realizó una mueca de vergüenza, disgusto y rabia, todo junto. Por su lado, Kankuro estaba de brazos cruzados con una sonrisa cínica que delataba su placer por molestar a este cliente en particular.

 

— Toma tus cosas y ve a reparar esa pared, tú turno ya está a punto de acabar de todas maneras. — Sasori entró por la puerta, con unas cajas entre sus brazos. — No los hagas esperar o te lo descuento. —

 

—A la orden mi señor. —

 

La idea de tener que ir a casa de Kiba nada más conocerlo solo de nombre fue una experiencia, de hecho, ni siquiera esto era una casa, era un apartamento compartido con tres habitaciones, lo bueno de todo esto es que se encontraba a tres cuadras de la universidad, considerado esto un 2x1, no llegaría tarde a las clases de hoy.

Kankuro dejó los materiales para reparar el agujero y se dispuso a quitar el cartel mal pegado que Kiba había puesto.

 

— La madre… —

 

Sabía que sería un agujero grande, pero no que sería TAN GRANDE. Le hizo cuestionarse cómo el chico hizo lo posible para abrir el yeso de la maldita pared o qué tan fuerte era el animal que empujó a Kiba con tanta fuerza como para dejar tal desastre.

 

— ¿Qué tú perro tiene la fuerza de un tractor? No me jodas hombre. Puedo medir la cabeza por ese agujero. —

— Akamaru solo estaba jugando. — Se disculpó Kiba.

 

Bien, no le quedaba otra que ponerse a trabajar, para esto le pagaban supuestamente.

Llenar el agujero con espuma expansiva fue la parte sencilla, lo que fue tardado fue limar los lados de cada pared antes de poner el empaste que dejaría toda la superficie prolija, al menos en textura porque la habitación de Kiba era roja y la otra era verde tirando a gris, y claro, el empaste era color blanco así que había discordancia en los colores.

 

— Ya está, no toque la zona durante unas 24 horas para asegurar que seque bien, y por favor, no le abras más huecos a las paredes. — Kankuro estaba limpiando las manos con un pañuelo que tenía toda la imagen de haber pasado por mil batallas, manchado de pintura y otras sustancias que actualmente Kankuro no recuerda exactamente de qué eran.

— Oh genial, me has salvado… Hinata no va a matarme por ver ese hueco, este es su apartamento después de todo, nosotros solo somos sanguijuelas. —

— Tu eres la sanguijuela, yo pago mi estancia aquí haciendo la comida y lavando ropa. — Kiba sonó ofendido al respecto, se llevó una mano al pecho y le dedicó una mirada de “ cómo te atreves ” hacia su compañero.

 

De alguna manera, ese comportamiento se le hizo entrañable. Había olvidado cómo era relacionarse con personas fuera de su grupo familiar reducido… Los niños de los centros sociales siempre fueron crueles y más de una vez tuvo que intervenir para evitar que se metieran con Gaara o directamente el pequeño tuviera un arrebato de ira que le hiciera romperle el brazo a alguien otra vez.

 

Aún tiene secuelas de ese incidente.

 

La conversación culminó cuando le pagaron el dinero en efectivo de su trabajo, avisó telefónicamente a Sasori del dinero y le informó que se lo daría después de salir de clases.

Kankuro estaba listo para salir por la puerta justo cuando Kiba llama su atención con un vago “Hey” a sus espaldas.

 

— ¿Necesitas algo más? —

— No-, solo… ¿Te acompañamos? Nuestras clases también son por las tardes y tanto el área de veterinaria y biología están cerca de la de artes. — Kiba sonriendo, enseñando esos inusuales colmillos afilados que le grababan a los de un perro.

— Además que tenemos que entregarle algo a Sai, me pidió personalmente un libro sobre mariposas para poder tener referencias en su próxima pintura. —

— Oh sí, me ha hablado sobre eso… Supongo que está bien, ¿Van a querer pasar al aula? — Shino parecía estar a nada de decir que podía esperar afuera, pero Kiba parece ser más rápido a la hora de hablar.

— ¡Sí! Jamás he visto la facultad de artes por dentro. ¿Es cierto que las paredes y taquillas están llenas de murales y graffitis? —

— Tendrás que responderte esa pregunta tú mismo, Kiba. —

 

Llévalos hasta la facultad de artes fue como darle un paseo a unos niños de preescolar. Las paredes y el techo de la entrada tenían murales realizados por los estudiantes, era hasta impresionante cómo cabían tantos dibujos diferentes en un espacio limitado, ninguno opacaba al otro, existe la regla no dicha que está prohibido tapar el trabajo de otros, a menos que sea ofensivo o hecho con la intención de molestar.

Kankuro los guió hasta su propia taquilla, tenía que dejar algunas cosas y tomar las herramientas que había dejado de la clase pasada. Se estaba poniendo un delantal de cuero que cargaba diversas herramientas en sus bolsillos, la mayoría para tallar madera o ajustar clavos o tornillos.

 

Kiba y Shino estaban alternando la mirada entre la ilustración en la puerta de la taquilla de Kankuro y en cómo la correa de cuero del delantal se ajustaba firmemente a su cintura.

 

— ¿Qué significa esta ilustración? Parece una cara enojada. — Shino rompió el silencio, curioso de la historia tras el dibujo.

— No hay mucho misterio, solo es una cara con maquillaje del teatro Kabuki, en el pueblo de Suna es bastante popular ese tipo de entretenimiento. — Contestó cerrando la taquilla.

— ¿Por eso te pintas la cara de morado? —

 

Sabe que Kiba ha hecho la pregunta de forma inocente y carente de malicia, odiaba el hecho de que ese fuera un tema complicado para su persona.

Sí, usaba el kumadori como método de expresión personal, algo artístico, pero también servía para cubrirse la cara, le enfermaba verse al espejo, es una copia exacta de su padre. Los mismos ojos, nariz, cejas, todo. Kankuro se había esforzado mucho en borrar todo rastro de Rasa, perforando las orejas, las cejas, la nariz y los labios, todo junto al maquillaje.

 

Y aún no era suficiente.

 

— Exacto. — Respondió secamente. — Síganme, el aula en la que está Sai es en el siguiente piso. —

 

Guió a los dos hasta el salón. Tan pronto como cruzó la puerta se frenó a pocos pasos del marco de la misma, Kiba chocó con su espalda y en consecuencia, Shino contra la de Kiba.

No hubo tiempo de recuperación ya que un golpe seco se escuchó en la pared. Una bola de papel maché se adhiere en el hormigón, justo al lado de la pizarra.

 

— Deidara ya te he dicho mil veces que dejes de lanzar esas mierdas a quien entra. — Kankuro parecía exasperado con el rubio aunque parte de sí mismo está agradecido que cambiara el material, escuchó que el año pasado Deidara se dedicaba a tirar bolas de arcilla todavía fresca hasta que terminó noqueando a un estudiante nuevo ajeno a sus costumbres. Tuvo una suspensión y desde ahí pasó a un material “más blando”. — Además, tus clases de escultura están en la otra sala, ¿Qué haces aquí? —

 

— Sai estaba solo, quería hacerle compañía. —

— No me uses de excusa, los dos sabemos que estás aquí para pedir el número de Sasori otra vez. — El azabache respondió con gentileza más su honestidad era abrumadora. Se giró en su taburete, percatandose de la presencia de Kiba y Shino. — ¿Tienes el libro que te pedí? Terminó el boceto y me gustaría tener referencias a color para pasar al óleo. —

 

— Aquí lo tienes, solo ten cuidado de no manchar las páginas. — Shino sacó el libro de su bolso y se lo extendió a Sai quien esbozó una gentil y suave sonrisa antes de agradecer y regresar a su taburete, ocupando uno nuevo para apoyar el libro y así tener a la vista las fotografías que usaría de referencia.

 

Por otro lado, Kiba se había perdido en el aula. Las paredes eran negras pero estaban cubiertas de diferentes tipos de graffitis e ilustraciones, al fondo había una pizarra de corcho donde estaban colgados algunos trabajos de pintura, cerca de las ventanas estaban los caballetes para los lienzos y al comienzo de la entrada estaba un pequeño grifo con diversos pinceles metidos en agua o en espera de secarse con la luz del sol que se filtraba por las ventanas.

El Inuzuka pasó la mano por los estantes donde se guardaban diferentes tipos de pinturas y productos que ayudaban en las ilustraciones, como carboncillo o disolvente para el aceite, el olor fuerte del químico lo hizo arrugar la nariz con molestia y acabó por salir del salón con un leve mareo. Shino se percató de ello así que dio un leve cabeceo a Sai antes de seguir a Kiba por la puerta. Kankuro alzó una ceja, estudiando lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos, tuvo la intención de ir tras ellos, de todas maneras tenía que salir ya que el salón de carpintería estaba en la siguiente sala. Dio un paso al frente antes de tener a Deidara colgando de sus hombros puesto había pasado el brazo por encima de los mismos, la posición de Kankuro se vio comprometida, casi tambalea mas se mantuvo firme.

 

— ¿Y bien? —

— Si vas a preguntarme por decimocuarta vez en la semana por el número de Sasori, juro que te haré comer arcilla. Ve, pídeselo tú mismo y déjame en paz. — Colocó los ojos en blanco antes de empujar a Deidara lejos de él. No puede decir que son amigos porque definitivamente no lo son y jamás lo será, solo lo soportaba por ser un conocido y visitante frecuente que al parecer era de interés para Sasori.

Lo mismo con Sai, no van siempre a las mismas asignaturas, tampoco es que pasen tiempo juntos pero su presencia es mil veces más agradable que la de Deidara.

 

Finalmente salió del aula de pintura y buscó con la mirada a los otros dos que habían venido con él, los visualizó a unos cuantos pasos lejos de la puerta. Kiba estaba sentado en el suelo con la cabeza apoyada contra la pared y Shino estaba parado a su lado con las manos en los bolsillos.

Dudó por un momento en sí acercarse, quizás no debería, tiene ya muchas cosas entre manos como para estar preocupado con dos desconocidos a los cuales les reparó la pared hace ya una hora. Se dijo mentalmente que seguiría de largo, esto no era asunto suyo.

 

¿Entonces por qué estaba frente a los dos, hablando?

 

— ¿Estás bien? — La pregunta fue suave, como si sus palabras podrían ser malinterpretadas si las pronunciaba con más fuerza.

— Sí, no es nada, mi familia tiene un olfato muy sensible, el olor a disolvente me mareó un poco ahí dentro. —

— Bueno, te sorprendería saber que muchos en el área de pintura se drogan con el cartucho, algunos de forma inconsciente. — Se encogió de hombros, aferrándose a su mochila con una de sus manos, la otra se la extensión a Kiba en señal de que lo ayudaría a levantarse si quería.

 

El lo aceptó.

 

— He de suponer que tú vas a las clases de carpintería. — Shino inclinó la cabeza y se despegó de la pared al ver a Kiba ponerse en pie.

— Bingo, chico listo. Comparto algunas asignaturas con Sai pero estoy más que nada en la zona de carpintería… Eh, ustedes… ¿Quieren ver? — Señaló la puerta tras su espalda con el dedo pulgar, no sabe por qué se cohibía con el tema, quizás aún tenía pegada a la piel la mala sensación de ser juzgado por el diseño tétrico de sus marionetas.

— Claro, jamás he visto nada del taller de carpintería, excepto por las figuras de madera de los del último año, las aprendió en fuego en el patio. Fue increíble. —

— Llamaron a los bomberos. — Shino corrigió.

 

De alguna manera, estos dos le parecían un dúo dinámico de comedia, Kiba era el eufórico y de chistes tontos mientras Shino era la voz de la razón y quién parecía dejar en evidencia que su compañero es un imbécil, en el mejor de los sentidos de la palabra.

Los guió hasta el taller de carpintería. Acabó dejando su mochila cerca del escritorio del salón que actualmente estaba vacío a excepción de las herramientas y mesas para cortar la madera de forma precisa.

Kankuro avanzó hacia un estante que estaba lleno de diferentes trabajos, desde esculturas de madera hasta muebles de diversos tamaños y funciones. Lo que realmente resaltaba de toda esa lista era la gigantesca forma humana tallada en madera.

 

Los detalles eran delicados y precisos, a Kiba se le iba a caer la quijada de lo asombrado que estaba ante el aspecto natural de la marioneta. El cabello sintético de color dorado, las facciones suaves y dulces del rostro de madera, aún no estaba pintada pero Kiba podía jurar que veía y sentía un profundo amor maternal viniendo de esos ojos tallados.

El cuerpo de la marioneta estaba cubierto con un vestido sencillo pero elegante, de estos que te pondrías para ir a pasar un día en la playa. Girasoles adornaban la tela blanca del vestido que llegaba un poco más arriba de los pies, maldita sea, ¡Incluso tenía sandalias la marioneta!

 

— Joder hermano es demasiado bonita, ¿Es que te acabas de hacer una novia de madera? — Kiba quería ser chistoso, no cruel, Shino lo sabe porque lo conoce más no es el caso de Kankuro.

 

Su expresión se contorsiona entre enfado y tristeza, casi como si Kiba le hubiera escupido en la cara y mancillado su arduo trabajo.

 

— No, imbécil. El diseño de la marioneta es de mi madre. —

 

Ahora Kiba se siente como un maldito imbécil. No solo porque la voz de Kankuro se apagó considerablemente, afligido, sino que tampoco estaba recibiendo apoyo de Shino a quien miraba en silencio en búsqueda de algún tipo de ayuda que no iba a llegar.

Mierda, la había cagado y en grande.

 

— Yo—. —

— Deberían irse, van a llegar tarde a sus propias clases. — Kankuro no lo dejó ni disculparse, honestamente, no quería escucharlo, jamás había hablado con alguien más sobre la inspiración de su trabajo de fin de curso, únicamente con su profesor quién no le dijo nada más allá de esa mirada de pena profunda al ser consciente de que Kankuro había perdido a su madre recientemente.

— Gracias por enseñarnos la facultad de arte, Kankuro. — La despedida de Shino resultó cual venda sobre una herida enorme. Kiba no dijo nada, solo se mordió la lengua y salió del salón junto a Shino.

 

Se quedó solo en el gran salón, solo con los restos de madera, sierras y el aserrín aglomerado en una esquina esperando a ser recogido algún día. Kankuro emitió un suspiro agotado, ¿Por qué no escogió otro tema para su proyecto? Algo más normal, maldita sea, usualmente sus trabajos son aberrantes porque le gusta causar impresión y miedo con sus obras, pero por una vez intentó hacer algo fuera de su zona de confort.

 

O quizás era su forma enfermiza de afrontar el duelo. Extrañaba a Karura con toda su alma, su risa y voz gentil que le leía cuentos cuando no podía dormir.

 

— Esto es una estupidez. — Se recordó a sí mismo antes de tomar la marioneta para acomodarla en una mesa y ponerse a pintar los detalles que le faltaban. Ya después pensará si debe hacer un nuevo proyecto final o no, de todas formas, le quedarán alrededor de cinco meses para ello.

 

Para cuando dieron las cinco de la tarde, Kankuro ya estaba saliendo de la universidad para correr hacia la tienda, tenía que dejarle el dinero a Sasori antes de pasar a recoger a Gaara, tiene cronometrado en cuánto pasará el bus y no quiere perdérselo incluso si ha salido con media hora de antelación.

 

— Vale, quédate con estos veinte, una recompensa por sobrevivir a ese imbécil y el hueco de la pared. — Sasori extendiendo los billetes hacia Kankuro mientras que en su otra mano sostenía un cigarrillo a medio fumar.

— Una recompensa. ¿O chantaje para ir a tu casa? —

— Si quisiera decirte que vengas a meterte en mi cama, sabes que lo diría directamente, me pone de mal humor andarme con rodeos. — Sasori puso los ojos en blanco con exasperación.

 

Sí… su relación con Sasori iba más allá de lo profesional. Fue un desliz durante un cierre de tienda, Sasori le había compartido un poco de marihuana para quitarse mutuamente el estrés y para cuando se dió cuenta ya estaba en casa del pelirrojo y metido entre sus sábanas.

No es que le hubiera molestado, fue la mejor jodida noche de su vida, pero Sasori le dejó muy en claro que no tenía ningún tipo de intención amorosa con Kankuro.

 

« Demasiado joven y con mucho futuro como para quedarte conmigo y mis hilos . » Fue lo que le dijo.

 

No es que fuese un maldito niño, Kankuro estaba a nada de cumplir los veinte y Sasori debía ser mayor que él por al menos unos cinco o seis años. De todas formas, Kankuro ganó el trato, al fin y al cabo ¿Quién le dice que no a un polvo gratis con Sasori? El sujeto es jodidamente bueno y se conoce hasta el más mínimo punto dulce en el cuerpo de Kankuro para llevarlo al límite.

 

Además, le dijo que si alguna vez se aburría o prefería dejar los encuentros, que lo dijera, Sasori no quería perder el tiempo con discusiones sentimentales.

 

— Sí, sí. Bien, mañana me quedo por la tarde hasta el cierre de la tienda. ¿Te traigo algo de almuerzo? —

— Mientras sea comestible, me da igual lo que traigas. —

— Un “gracias” no te mataría. —

— Sal de mi tienda para buscar a tu hermanito o juro que mi siguiente proyecto serás tú. — Sasori amenazó con un cincel y Kankuro solo pudo reírse mientras iba hacia la puerta.

— ¿Eso significa que sería tu marioneta favorita? —

— Vete a la mierda, mocoso. —

 

Kankuro llegó justamente un minuto antes de que el autobús llegase a su parada. El recorrido hasta el consultorio donde se encontraba Gaara no estaba precisamente muy lejos, pero definitivamente se llegaba mucho más rápido en el transporte público que a pie. Quizás debería empezar a ahorrar para un auto… uno usado tal vez, son más económicos… pero es un poco difícil cuando hace las cuentas de cuánto dinero puede guardar y cuánto debe darle a Baki para que nadie acabe en la calle y sin techo.

La mente del chico estaba trabajando a mil por hora, incluso si se había levantado para aproximarse a la puerta y bajarse en su parada designada. Kankuro solo volvió a ser consciente de su realidad cuando la mano de Gaara le sostuvo la manga de su sudadera y tiró de la tela para llamar su atención.

 

— Kankuro, te volviste a disociar. —

— Ah, mierda. Lo siento. ¿Saliste hace mucho, Gaara? — El pelirrojo empresarial con su cabeza. — Bien, vamos a casa entonces, Baki dijo que iba a comprar la cena esta noche. —

 

— Espero sea pizza, la última vez pedí ramen instantáneo y se nos quemaron por olvidar el agua en la estufa. — Eso fue un desastre y como medida preventiva tuvieron que cenar cereales, aunque Baki se sacrificó comiendo los fideos quemados de la olla.

— ¿Qué tal te fue la sesión de hoy? ¿Te agrada la doctora? —

— Mh, la Dra. Tsunade es amable, hablamos sobre la posibilidad de que encuentres a alguien que me ayude en la integración social. —

 

El tema con Gaara era sumamente delicado. Su hermano había pasado el peor trago con su padre hasta tal punto que dejó secuelas terribles en la mente de su hermano. En la actualidad, Gaara presenta complicaciones para entender las relaciones y comportamientos ajenos, a veces se queda en silencio, observando al resto para sacar sus propias conclusiones de lo que está ocurriendo, y, por producto del trauma ante la violencia, Gaara puede ser realmente peligroso si decide que está en una situación en la que su integridad física o la de sus hermanos esté en peligro.

Tuvieron un maldito juicio por el hecho de que Gaara apuñaló a Rasa en la espalda el día anterior a qué perdió la custodia de sus hijos. Lo más aterrador de todo ese asunto era recordar la expresión plana de Gaara ante sus propias acciones, indiferente y carente de cualquier sentimiento de culpa.

 

« Estaba lastimando a mi hermano . » Fue lo que dijo en el juicio, con voz monótona y esas ojeras que reflejaban los daños que había tenido que soportar.

 

Para cuando llegaron a casa, Gaara directamente le dejó su mochila a Kankuro y corrió por el pasillo en búsqueda de Temari, si tenía que admitir quién era el favorito de entre los hermanos, sería Gaara.

Kankuro rodó los ojos y fue directo al piso de arriba para dejar la mochila de Gaara en su habitación y después ir a la propia para dejar la suya junto a la puerta. Se dejó caer sobre la cama, agotada, la suavidad del colchón y las sábanas eran todo lo que deseaba sentir en ese momento. Su rostro se hundió en la almohada y aspiró el aroma que él mismo le dejaba al usarla para dormir.

 

En retrospectiva, no había sido un mal día, pero sabía que iba a tener que escaparse después de la cena para terminar de ahogar a sus demonios internos que azotaban su cabeza.

No es que la casa o su familia fueran una molestia para él, solo necesitaba un momento a solas para recomponerse y recordar por qué estaban aquí y hacía dónde debería seguir.

 

Por eso estaba en el parque a altas horas de la noche. Sentado sobre un banco mientras a su lado estaba un bolso negro lleno de diferentes tarros de pintura en aerosol. Había señalado en el mapa varios lugares en los que podía ir y hacer arte callejero durante la madrugada para no ser atrapado por la policía. Era una actividad recurrente que hacía en Suna, ¿Por qué no darle un poco de lo mismo a Konoha?

 

Sostuvo su teléfono en un lateral para poder tomar una amplia foto de su obra maestra. Sonrió con suficiente ciencia por el resultado.

 

— ¿Ese soy yo? —

 

Dios y la virgen, no se cayó del banco de puro milagro luego de escuchar la voz de Kiba a sus espaldas.

 

— Ma-Maldita-. ¿De dónde ha salido? ¿Me estás siguiendo o algo así? —

— Pregunté primero. —

 

Kankuro resopló con molestia, luego se giró para ver la pintura que hizo en la pared. No era precisamente Kiba a quien había pintado pero sí estaba inspirado en este, de alguna forma, a su cabeza se le habían pegado recuerdos de lo que vio en la habitación de Kiba hasta el punto que terminó dibujando a un lobo blanco que parecía llevar maquillaje rojo sobre su pelaje.

Sobre todas esas marcas que Kiba lleva en las mejillas.

 

— A menos que me digas que eres un hombre lobo, no, me fijé más en esa foto de tu perro. — Se encogió de hombros.

— Mmmh, ahora que lo dices, sí, se parece bastante a Akamaru. — Kiba se auto invitó a sentarse juntos a Kankuro en el banco, un poco invasivo a percepción suya pero no le dijo nada a Kiba por el momento.

— ¿Qué haces aquí? —

— Sacar a pasear a Akamaru, claro. —

— ¿A las dos de la mañana? —

— Sí, así se cansa y duerme como tronco hasta el día siguiente. — Kiba entusiasmado orgulloso de su propia rutina.

 

Kankuro se giró para ver al frente y se encontró con el perro, Akamaru, corriendo de un lado a otro para sentir el viento frío sobre su largo pelaje, luego lo perdió de vista cuando se puso a girar en el césped.

Decidió guardar silencio y abrazarse un poco más en donde estaba sentado, aprovechándose del calor que le compartía el cuerpo de Kiba al estar casi pegado a su costado; Era una situación cómoda, si no estuvieran en plena zona pública, se dormiría ahí mismo.

 

— Oye, lamento mucho lo que dije antes sobre tu marioneta. —

 

El mundo debe estar en su contra porque no puede estarle poniendo esa conversación justo ahora. Kankuro abrió los ojos con pereza y deseó a todos los dioses que conocía para que le partiera un rayo o Kiba sufriera un caso de amnesia espontánea.

 

— No importa. De todas maneras estaba dudando en si usarla como mi proyecto final, posiblemente la cambie. — Se encogió de hombros, fingiendo desinterés por el tema; él solo quiere dejarlo morir en un cajón olvidado de su mente y corazón, no había posibilidad de dejar que un extraño como Kiba se adentrarse a su espeluznante forma de lidiar con el duelo.

 

— ¿Seguro? Porque el trabajo que habías hecho era increíble. ¿Cómo lo haces? Yo soy pésimo con esto de hacer cosas que requieren manualidades… —

— Antes de mudarme a Konoha, trabajaba en una ferretería, algunas veces hacía cosas con la madera que sobraba y con el tiempo le agarré el gusto. — Decidió omitir que había sido forzado a trabajar a la temprana edad de diez años, Kiba no necesitaba esos detalles.

— Eres asombroso. —

 

A Kankuro se le paró el mundo con unas dos simples palabras. Ahogó un ruido patético que bien haría un animal en sus últimos momentos antes de morir entre los dientes de su depredador. Carraspeó, recomponiendo todo su ser y evitando a toda costa el mirar a Kiba a los ojos.

 

— Lo sé, gracias. —

— ¿El ego grande venía en un 2x1 de tu bonita cara o solo estás siendo engreído conmigo? —

— Pft. Puedes adivinar si quieres. —

 

Kiba contempló la respuesta de Kankuro antes de hacerse hacia atrás en el banco. Se llevaron los dedos a la boca para emitir un silbido que llamó la atención de Akamaru en cuestión de segundos.

 

— Bien, lo descubriré a mí ritmo. Empecemos en lo básico, ¿Te acompañamos a casa? —

 

Debería haber dicho que no, ignorado esos ojos negros profundos como los de un cachorro lleno de curiosidad y la más honesta devoción por quién le cuida. No debería haber extendido la mano para sostener la de Kiba y ponerse en pie.

No debía de hablarle durante todo el camino hacia casa y sobre todo no debía de disfrutar de cada segundo que pasó entre ellos.

Ahora estaba en su amada cama, mirando al techo con su cara de circunstancias, ¿Qué había hecho? Baki le había dicho que se buscase amigos con los cuales interactuar a lo que él se jactaba de que era demasiado tedioso lidiar con otras personas.

Todo para finalmente acabar pensando en Kiba, supone que lo vería mañana… O quizás no, había notado que el chico siempre iba acompañado de ese gigante silencioso que lleva por nombre “Shino”.

 

Agarró con frustración su almohada y la estampó contra su propia cara libre de pintura. En la soledad de su habitación podía permitirle a sus poros respirar sin la cubierta morada que siempre usaba.

Estaba intentando asfixiarse a sí mismo, algo dramático y poco funcional en este caso, se rindió a los cinco segundos y volvió a poner la almohada bajo su cabeza, girando su cuerpo p.

Ara así quedará de lado sobre la cama, mirando hacia la pared.

 

— Cómo odio Konoha. — Murmuró con cansancio antes de cerrar los ojos y dejarse llevar en los brazos de Morfeo.