Work Text:
˗ˏˋCORONA DE FLORES / ÚNICA PARTEˎˊ˗
♡ ➛ Pareja: Argentina!Fem x Venezuela!Fem.
♡ ➛ Palabras: 770
¨Me quiere¨
¨No me quiere¨
¨Me quiere¨
¨No me quiere¨
Oh ¿Alguna vez te has enamorado?
El amor es consecuencia de aquellas raras mariposas que parecen volar desde tu estomago hasta llegar a tu cerebro, haciendo que no puedas sacar de la mente a aquella persona tan especial para ti.
Oh ¿Alguna vez has tomado una flor?
Vamos, no te estreses, déjalo todo a la suerte, toma cada uno de los pétalos y pídele que tus deseos más puros se hagan realidad, o mejor aún, deja la flor en donde la encontraste, acaríciale y susurrarle tus ideas, tal vez lo que quieras no logre cumplirse, pero dejaras que una hermosa flor siga floreciendo.
(...)
Venezuela tararea una dulce sinfonía, tan dulce como un caramelo, con su tierna voz de terciopelo; con delicadeza cierra sus parpados, sentada en medio del florido campo, mientras comienza a mover lentamente su cabeza y hombros al ritmo de la tonada, jugando con la suave brisa que la acompaña, junto a su largo vestido y gran lazo sobre su sombrero que comienzan a danzar al compás.
Su pequeño canto se detiene al percatarse de una presencia ajena, alegrándose al instante por observar bien de quien se trata —¡Argentina! —gritó con emoción, mientas se levanta sin cuidado de su ubicación; rápidamente corrió hacia su amiga, abrazándola fuertemente y casi haciendo que ambas se cayeran contra el césped.
—Hey, calma, chica. —pidió nerviosa pero en tono amable, pues, en sus manos trae un pequeño obsequio y claramente no quiere que se le dañe, por suerte levantó sus manos antes de que la rubia la abrazarse y aplastara lo que tenía en manos.
Venezuela sonrió, disculpandose en el proceso mientras levanta la mirada para fijar sus ojos sobre el objeto ajeno, claro está, también separándose un poco de la mayor —¿Qué es eso? —preguntó curiosa, inclinando con levedad su cabeza.
—Un regalo. —respondió directamente, mientras baja sus manos para revelar aquella pequeña, pero hermosa, corona de flores, la cual parece haber sido hecha a mano y con mucho esfuerzo.
—¿Para quién es? —cada vez se muestra más curiosa ante aquello, dejándose ver por las dilatadas pupilas brillosas.
Argentina, ante la interrogante de su amiga, suavizó su mirada y sonrió —Adivina. —Venezuela no se le ve muy alegre al tener que adivinar por su cuenta, pero al menos haría el intento.
—¿Es para Colombia?
—No.
—¿Taz vez Perú?
—Tampoco.
—Eeeh. . . Vamos, dame un pista. —suplicó, dando pequeños saltos sobre su eje.
—Uuum, no lo sé, así no te esforzarías en saber. —fingió pensar, alzando su mirada mientras sonreía con cierta burla.
—Dale, sólo es una pista, prometo que me seguiré esforzándo.
Argentina miró a la mujer, para luego rodar sus ojos ante el comentario, aunque, por alguna razón, le parecía tierna la astucia de esta —Es para alguien que me gusta. —confesó.
—Oooh. . .¡¿Es para Chile, verdad?! —gritó su respuesta, mientras comienza a dar rápidos, pero pequeños, aplausos, a la par de que sus pupilas revelan cierto brillo en forma de estrellas, pues había pensado que realmente su suposición era la correcta.
—¡¿Qué?! ¡Nooo! —rio con voz fuerte, casi se le salía el aire —Oh, por Dios, claro que no, no tengo tan mal gusto. —secó una de sus lagrimas, producto de la escandalosa risa.
—Me rindo. —dejó soltar un suspiro de derrota, mientras deja caer sus brazos y relaja los hombros, inclinándose en el proceso, completamente cabizbaja.
Argentina sonrió, sintiéndose orgullosa porque Venezuela no le atinó a la respuesta correcta, ja, ni cerca estuvo —Vale, te digo, pero sólo si cierras los ojos y te quitas el sombrero.
—Pero. . .
—Hazlo. —interrumpió con dulzura, mientras hace una expresión compasiva, pues sabe que con aquella mirada Venezuela no se negaría a cualquiera cosa que le pidiese.
—Vale, vale, ya lo hago. —obedeció todo lo que dijo, aunque lo hizo con leve molestia, pero vamos, ni ella, ni nadie, podría negarle algo a esa dulce mirada celeste —Pero más te vale que me lo di. . . —rápidamente fue callada al sentir los labios de la ajena sobre los suyos, además de un peso más liviano sobre la cabeza, no pudo evitar abrir sus ojos ante la sorpresiva sensación.
—Sos tú, tú eras la respuesta. —con dulce gentileza comenzó a acariciar la mejilla de la menor, sonriendo mientras quitaba los mechones de cabello que se posan sobre el rostro de esta, quien, inconscientemente, se termina sonrojando ante las acciones de Argentina.
—Oh, vaya. —alzó sus hombros y sonrió nerviosa, aquello no se lo esperaba, pero tampoco se quejaba.
