Actions

Work Header

Un día de lluvia

Summary:

Ve en twitter que las chicas se preocupan. Señalan que ya no se tocan tanto o lo hacen de manera sutil, que se miran menos. Ya no hay tantos chistes con doble sentido y las tienen a migajas.

Sonríe y aprecia la preocupación. Pero ahí donde ellas ven un vacío, ellos sienten tranquilidad. Porque no quieren que exista una mercantilización de su amor. Porque la métrica ya no podrá imponerle un ritmo a lo que sienten. Esto que ahora se confiesan abiertamente pero siempre estuvo ahí. Que es sólido pero al mismo tiempo tan nuevo.

O

Manu y Lauti aprovechan un día de lluvia, comen tortas fritas y se aman.

Notes:

En el cierre de esta semana, que nos permitió tocar el cielo con las manos, un poco de fluff.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Manuel ama los días de lluvia. Siempre lo hizo, porque los asocia a merendar chocolatada y comer tortas fritas con su vieja. Los asocia al olor de la tierra mojada, a saltar en los charcos y luego ver Cars por milésima vez.

Más recientemente, los asocia al calor de Lauti en su cama. A la mata de pelo rubio descontrolado en su almohada, a sus abrazos que buscan el calor de su cuerpo. A su sonrisa tímida, que parece no dar crédito de su realidad actual. Lo asocia a la ternura frágil de sus besos, que intentan transmitir lo que tanto le cuesta decir con palabras. Y, para que negarlo, al culo enorme que atrae sus manos con una fuerza magnética.

A veces, Manuel empieza a reírse de la nada, como si no pudiera creer lo que está viviendo. Es muy loco saberse amado por alguien. Más cuando ese alguien es tu mejor amigo. Más cuando siempre, incluso sin saberlo, estuviste obsesionado con él.

A veces, siente que la felicidad no le entra en el cuerpo. Que su cerebro tiene pequeños cortocircuitos y su corazón pega un salto cada tanto, sin pedirle permiso. Como si su cuerpo se desbordara ante esto que siente y se viera en la necesidad de ponerse a saltar como un loco. No lo hace, obviamente. O al menos, no siempre, no si hay alguien más en la habitación.

Sabe que está mirando al rubio hace un rato largo. Que lo hace completamente embobado y con una sonrisa tonta en la cara. Como si no diera crédito a lo que está pasando.

– ¿Qué tanto me miras, mogulacho? – Le preguntó el rubio con tono desafiante y alzando una ceja, haciéndolo poner colorado. - ¿Qué pasa, te gusto?

– Un poco sí, no es mi culpa que seas tan hermoso. – Le dijo con una sonrisa, haciendo que el otro se ponga bordó. 

–… Callate, tarado. – Le dijo con un tono mucho más nervioso, dándole un suave empujón. No había rastro alguno del tono que había usado segundos antes. Luego respiró hondo, como si realmente le costara decir lo siguiente, pero entendiéndolo absolutamente necesario. – Vos también estás hermoso. 

El pelinegro lo miró conmovido, luego lo abrazó.

– ¿Ponemos Cars? – Le preguntó con una sonrisa dulce, mientras el rubio se tapaba con la sabanas, dejando a la vista sólo una mata de pelo rubio y unos ojos marrones cargados de emoción.

- Chi

 

 

Se despertaron cerca del mediodía, pero salieron de la cama más cerca de las cuatro de la tarde. Todavía llovía con fuerza. Santiago les dejó una nota avisando que se había ido a almorzar con sus viejos, con la promesa de traerles un tupper con sobras. Tras leer la nota, a Lautaro le rugió el estómago y Manuel se rió con una mirada tierna. Rápidamente puso manos a la obra.

Habían buscado la receta en TikTok, y la verdad que no era complicada. Harina, agua, algo de sal y grasa para freír. Pidieron todo por Rappi y en menos de una hora resolvieron el trámite. 

Lautaro es un hombre sencillo. Es feliz tomando mate y comiendo tortas fritas cuando llueve. Es feliz teniendo el partido del rojo de fondo, aunque no le preste atención. Es feliz tarareando Umbrella después de haberse cruzado por cuadragésima vez el reel de Tom Holland bailando ese tema. 

Fundamentalmente, es feliz porque Manu lo mira con una sonrisa cargada de ternura mientras termina de cocinar la última tanda de tortas fritas. Porque lo reta y le dice “Espera que se enfríen un poco, gordo, te vas a cagar quemando”.

Es feliz con esto que están empezando a construir. Con esto que es tan nuevo, pero al mismo tiempo no lo parece. Con esto que es tan doméstico. Santiago a veces los carga. Les dice que parecen un matrimonio que ya lleva veinte años, que le hacen acordar a sus viejos.

Y la verdad es que razón no le falta. Posiblemente tenga que ver con el hecho de que conviven hace casi 3 años. Con que ya conocen las virtudes y las mañas del otro. 

Sabe que Manuel es un chinchudo crónico. Que tiene poca tolerancia a la frustración. Que es impiadoso ante sus propios errores. Pero también sabe que botones tocar, que palabras decir, para que se le pase el enojo. Para mostrarle que puede ser más gentil consigo mismo, incluso en el error.

Sabe que Manuel lo considera un malcriado. Y no pretende negar serlo. Pero también sabe que es él quien procura malcriarlo en todo momento. Quien le presta atención y sabe qué es lo que quiere. Y lo que es más importante, también sabe, incluso antes que él, qué es lo que realmente necesita.

Sabe que Manuel es la persona más desordenada que conoce. Que es capaz de dejar vasos con coca en lugares insólitos, al punto de que ha encontrado uno en la ducha. Pero también sabe que todo lo descuidado que es con las cosas, lo compensa siendo extremadamente atento con las personas.   

Sabe que Manuel es ridículamente dulce. Que tras su desfachatez y humor cáustico, se esconde una forma de bondad desmedida. Que es sumamente empático y sensible al dolor ajeno. Y que no se queda callado ante lo que considera injusto.   

Por sobre todas las cosas, sabe que Manuel lo ama con locura. Con la misma intensidad con la que siente todo, de manera profunda y sin reservas. Sabe que ese amor siempre estuvo ahí. Que siempre fue recíproco. Incluso antes de que fuesen capaces de ponerle un nombre. Incluso antes de que fuesen capaces de aceptarlo.

Y no siempre es fácil. Porque los dos tienen personalidades complicadas. Porque cada tanto discuten por alguna boludez y se quedan enojados.

Pero, al final del día, el que se mandó la cagada es capaz de aceptar su error y pide disculpas. Y lo hace sin dudar. Así como no dudan en elegirse de nuevo una y otra vez.

Porque eso siempre fue así, incluso antes de que pudieran aceptar la naturaleza romántica (y sexual) de su vínculo. Siempre se eligieron antes que a nadie más, en cualquier contexto. Porque, aunque no coinciden en todo, si lo hacen en esto: ninguno es capaz de concebir la posibilidad de que exista otra persona con la que puedan construir un vínculo igual de transformador.

Manuel lo saca de sus pensamientos con un empujón suave, mientras se sirve un vaso de coca.

– Al final me cagas a pedos a mí, pero el que siempre me está mirando con cara de pajín sos vos. – Le dijo el de pelo negro con un movimiento sugerente de cejas.

Lautaro se atragantó con la torta frita que estaba masticando. Luego, tosió con dignidad y procuró responder un lacónico “Chupala”. Manuel soltó una carcajada.

 

 

Para cuando cayó la noche, estaban medio empachados pero felices. La tarde se les había escurrido entre partidos de FIFA y besos en el sillón. Afuera, la lluvia se había convertido en un chispeo tenue. Con algo de suerte, mañana saldría el sol.

Todavía faltaba un rato para prender. Cuando Santiago volvió, los encontró acurrucados, mirando The O.C. O, para ser más precisos, chapando con The O.C. de fondo. Les dedicó una sonrisa enorme y les dijo “Sooon puuutos los Mernosketti” para luego avisarles que se iba a pegar un duchazo.  

Balza llegó poco después y se pusieron a ordenar un poco. Hoy no había invitados así que iba a ser una noche tranquila. Fundamentalmente se iban a dedicar a quemar a la Baya por el último video que se le filtró.

Por su parte, el castaño tenía permiso para tratarlos de putos, pero sin hablar sobre ellos como pareja. Es lo que acordaron para cuidarse de la exposición y Santi lo entendió perfectamente. Porque él está más que feliz boludeando al trolo de Moski y al pajero de Mernuel. Pero daría su vida por proteger a Lautaro y Manuel. 

No es que se avergüencen de lo que sienten. Al contrario. Su círculo íntimo conoce más detalles de los que creen necesarios. Manuel es muy vocal respecto a lo hermoso que se ve Lautaro cuando se levanta, o cuando se la juega con la ropa, o cuando respira. Puede escribir sonatas respecto a lo bonitas y chiquitas que son sus manos.

Por su parte, Lautaro siempre está listo para contarles a sus amigos sobre lo atento y dulce que es Manu. Sobre cómo se preocupa porque llame a su familia con frecuencia. Sobre cómo lo llevó a almorzar a aquel lugar que mencionó al pasar hace más de dos semanas. Sobre cómo lo alienta a sostener su tratamiento y a progresar en sus proyectos por fuera del stream.

Ante estos detalles, personas como la Joaqui y Luck Ra suspiran. Otros, como Santiago, sienten que podrían vivir sin saber que en la intimidad Lauti a veces dice “chi”, o que Manu puede ser cursi hasta niveles insólitos.

Así que la respuesta es no. Manuel sabe perfectamente que no se avergüenzan. Pero también sabe que no es necesario mostrar todo. Que poder gritar algo a los cuatro vientos no implica que sea necesario hacerlo. No mientras la persona que realmente necesita saberlo lo tenga en claro.

Es lo que definieron la noche del stream con Martín Cirio.

 

 

Esa noche cortaron temprano. Martín se maneja con una rutina estricta y madruga casi que religiosamente. Les pidió arrancar temprano y cortar antes, a lo que ellos no opusieron ninguna resistencia. Habían salido la noche anterior y, a decir verdad, la idea de dormirse temprano no les desagradaba para nada. Por lo que, luego de cortar, hablaron sólo un ratito. Luego despidieron a su invitado y enfilaron para sus cuartos. Todos acusaban un cansancio atroz.

Ya en su habitación, Manuel se encontró mirando el techo. La luz de la luna se filtraba por la ventana sin cortinas, la temperatura era agradable. Todo estaba dado para una noche de sueño reparador. Pero, ya en la cama, todo el cansancio que sentía se esfumó. El sueño que nublaba su mente fue reemplazado por la escena de su confesión en vivo.

El enamoramiento era (es) real.

No se arrepiente de haberlo dicho, porque es lo que siente. Pero no le enorgullece el sólo poder decirlo en stream, frente a miles de personas, y no haberlo hecho antes, en un mano a mano con el destinatario de sus sentimientos.

Sin ganas de sobreanalizar las cosas, optó por distraerse un poco en Twitter. Fue recién entonces que se cruzó con los fragmentos de una entrevista con Lautaro. Entrevista que, por cierto, grabó sin avisarle a nadie.

Se le dibujó una sonrisa melancólica con el video en el que hablaba de los primeros discords. Con el recuerdo de los primeros streams en la casa de su vieja. Nada lo preparó para escuchar que, para Lautaro, el suyo “es un vínculo de amor que nunca había sentido”.

Nadie lo preparó para que su corazón diese un vuelco tan intenso.

Cree que ni siquiera llegó a pensarlo. Su cuerpo actuó por sí solo. Se levantó y salió disparado de la cama. Enfiló para la puerta y la abrió de par en par. Grande fue su sorpresa al encontrarse al rubio con el puño levantado, con clara intención de tocar la puerta.

Se quedaron mirando, con la respiración agitada. Sus miradas cargadas de emoción.

- Lauti…

- Manu… - Susurró el rubio. Sintió que le temblaba la voz, así como le temblaba el cuerpo.

Solo atinaron a abrazarse con desesperación. Como náufragos aferrándose a una tabla en el mar. Sentían la electricidad recorriendo sus cuerpos, agitados por una tormenta de sentimientos. Había, claro está, mucho temor. Pero detrás de eso, algo mucho más fuerte. Algo que podría salvarlos de esta angustia en la que vivían atrapados hace meses.

No sabe quién inició el beso, pero tampoco importaba demasiado. Solo sabía que no podían parar. Se separaban solo para tomar aire y murmurar incoherencias. Estaban, para qué negarlo, bastante desbordados.

En algún momento se acostaron, fundidos en un abrazo. Como si temieran que el otro pudiera perderse si no se sostenían con fuerza. La luz tenue de la luna alumbraba sus rostros. Aunque no estaba seguro de que ese fuese el motivo por el cual los ojos del rubio brillaban tanto. Supone que Lauti pensó algo parecido, porque soltó una risa incrédula y le dijo “tus ojos de verdad parecen estrellas”.

Se quedaron sumidos en un silencio confortable. Se miraban atentamente el uno al otro, como si quisieran grabar este momento en sus retinas. Pero, luego de un momento, el de ojos verdes necesitó hablar.

– ¿Y ahora qué hacemos con esto? – Se animó a preguntar, buscando las manos chiquitas que tanto lo obsesionaban y dándoles un beso – Porque yo sé lo que quiero. Pero sostengo lo que dije: no quiero que nadie piense que te uso. Que alguien ensucie lo que siento por vos.

– No le debemos explicaciones a nadie – Le respondió liberando una de sus manos y buscando su mejilla – Que la gente piense lo que quiera. A mí sólo me importa lo que pensas vos.

El de pelo negro asintió. Luego se mordió el labio.

– Tengo miedo – Dijo con sinceridad – Porque soy un intenso de mierda. Y porque en el medio está la gente. Tengo miedo de que todo sea demasiado. De que te canses de todo y sientas que no vale la pena. De que te agobies y te vayas.

El de ojos marrones se quedó mirándolo con ojos cargados de emoción. Luego se acercó y le dio un beso suave.

– Entonces voy a tener que trabajar a diario para destruir ese miedo – Le dijo con una sonrisa, mientras le caía una lágrima – Si no quiero perderte yo.

Manuel sintió como se le llenaron los ojos de lágrimas y se frotó los ojos con una risa “estamos hechos unos trolos”. El de ojos marrones se limitó a asentir, para luego abrazarlo una vez más y apoyar la cabeza en su pecho.

 

 

Faltaban sólo unos minutos para prender. El setup estaba listo, los mates preparados, su coquita servida. Santiago hablaba a los gritos con Balza sobre la performance del River del Chacho Coudet.  

Por su parte, Manuel disfrutaba de los últimos minutos de contacto con su novio. Al menos por el siguiente par de horas. Capaz Moski le tire alguna miradita a Mernuel, porque es algo que a veces no puede contener. Capaz a Mernuel se le escape alguna palmadita que dure un poco más de lo estrictamente necesario. Pero, en principio, no debería pasar de eso.

Porque es la dinámica con la que se sienten más cuidados. Una que espera, con todo su ser, que sea la definitiva. Ve en Twitter que las chicas se preocupan. Señalan que ya no se tocan tanto o lo hacen de manera sutil, que se miran menos. Ya no hay tantos chistes con doble sentido y las tienen a migajas.

Sonríe y aprecia la preocupación. Pero ahí donde ellas ven un vacío, ellos sienten tranquilidad. Porque no quieren que exista una mercantilización de su amor. Porque la métrica ya no podrá imponerle un ritmo a lo que sienten. A esto que ahora se confiesan abiertamente, pero que siempre estuvo ahí. Que es sólido pero al mismo tiempo tan nuevo.

Todo estaba listo. Veía que el chat se movía con ganas, había un muy buen número de gente conectada. Sentía el calor de las luces en su cara, y también el peso de la mano de Lauti sobre su rodilla. Su propia mano se movió casi sin pensarlo, buscando la más pequeña y dándole un suave apretón. Luego se separaron y prendió la transmisión. 

– BUENAS NOCHES, ¿CÓMO ANDA LA BANDA? – Dijo con su voz impostada y una gran sonrisa

Arrancaba, así, una nueva noche de stream.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notes:

Espero les haya gustado.

De ser el caso, lxs invito a leer mis otros trabajos. No estoy en ninguna comunidad, ni nada y no sé cómo difundir jsjs.

Series this work belongs to: