Work Text:
Muchos en la actualidad dirían que el día de San Valentín era dedicado únicamente a la mercadotecnia. Con únicos propósitos de llenar al ser amado con regalos, joyas, ropa y ver el mundo del otro como los rosados atardeceres.
Pero Eddie y Waylon tiraban esos ideales por la borda y lo consideraban como un día completamente especial, en donde cualquiera pudiese recordar y tomar un momento para dejar en claro lo que significaban el uno para el otro. Estas 24 horas representarían todo lo bueno después de una gran batalla y simbolizaría la sensación de llegada al dulce hogar después de un horrible día.
Hoy, ningún prejuicio sobre tal día les haría perder la concentración. Ni siquiera les importó cuando fueron a ese lindo festival cerca de las cabañas. Aquella zona era bastante amigable y familiar; llena de familias, parejas y adolescentes que iban en grupo para pasar el rato.
El lugar estaba bellamente adornado con globos en forma de corazón y con locales de colores entre rojizos y rosados.
Estaba lleno de vida, música y gritos de diversión gracias a los juegos mecánicos y por los puestos para ganar un premio.
Cuando llegaron, el bello crepúsculo de nubes rosadas proporcionó una maravillosa vista del cielo; un panorama hermoso que sería remplazado con esas estrellas que ambos tanto adoraban. Con ese divino manto galáctico en donde formalizaron la aceptación de su matrimonio.
Desde que recibió aquel anillo dorado, no dejaba de admirar el brillo y el color de tal joya, pero, sobre todo, no paraba de sentirse feliz. De sentir que estaba completo con el hombre que más amaba en el mundo, el hombre que le abrió la puerta a una familia y armonía que él pensaba sólo eran existentes la ficción.
Waylon se moría por decirles a sus padres de la noticia.
¡No podía esperar a ver sus rostros!
Pero hasta que aquello llegara, concentraría toda su felicidad y armonía en la cita del día de hoy.
Había tantas cosas por hacer, que no sabían que escoger.
La primera opción en este caso fueron los juegos mecánicos. De esa manera no sentirían mareos por si tenían el estómago lleno.
Asimismo, no querían uno con tanta adrenalina.
Prefirieron el único juego de simbolismo romántico y, probablemente, cursi a estas alturas. La rueda de la fortuna rogaba a gritos el ser usado. La oferta era mucho más tentadora al percatarse de lo vacía que esta y sin filas.
Una vez en ella, pudieron notar el contexto con mucha más claridad, así como el lago a la lejanía y parte de su humilde cabaña.
Bastaron unas miradas para comprender que dicha atracción no fue escogida por su apariencia romántica. Con una simple mirada, más el perfecto ambiente privado en los asientos, ambos no duraron en darse un lento y cariñoso beso al llegar a la cima.
El tiempo fue tan duradero que Waylon aprovechó para colocar su cabeza en el hombro de su novio, dejándose marear por tanto cariño y calidez del tacto, así como las dulces oleadas dentro de su estómago. Como si subiera y bajara de la montaña rusa.
Por su puesto, su noche no terminaría ahí. Eddie no pudo evitar el demostrar todos sus dotes y cortejos hacia su amado. El perfecto escenario para ello sería un juego de dardos y de escopetas.
Su talentoso esposo había ganado una bella cobija aterciopelada con tapizado de burrito, así como un enorme oso de peluche de casi dos metros.
Waylon se dio cuenta de cómo muchos miraban impresionados a las habilidades de Eddie, así como envidia al ver que él joven era merecedor de tan lindos regalos. No sabía si sentirse afortunado o temeroso de esas habilidades con el arma. Esperaba que Edward no tuviese una escopeta real en las manos y que no estuviera enfadado con alguien. Estaba seguro de que no perdería el tiro si lo intentase.
Sin embargo, e Indudablemente, la verdadera adrenalina no venía de los juegos mecánicos o la cantidad enorme de obsequios que Waylon recibía en cada juego de dardos o rifles, la verdadera emoción llego a ellos la mañana siguiente de su estadía en la cabaña.
Aquella mañana, Waylon se encontraba envuelto en esos cálidos pero poderosos brazos. Adoraba la respiración caliente de Eddie en su cuello, así como el tocar de su piel desnuda con la suya y ese aroma a almizcle tan varonil único de él.
Esa calidez lo privó del reino del sueño, por lo que decidió que era señal suficiente para iniciar su mañana.
No podía evitar la culpa al sentir la fuerza de Eddie en el abrazo para no dejarlo ir.
Sin más remedio, él se safo del agarre, no sin antes deslizar un poco ese fleco oscuro de cabello para darle un beso lleno de cariño.
“Te quiero…” dijo Waylon tímidamente.
Aunque no pudiese escucharlo, Waylon no podía contener sus deseos por decirle lo importante que es y siempre será.
Decidió que, para mimarlo un poco, le haría un delicioso desayuno. Sin importar lo laborioso que llegase a ser, el rubio se esmeraría para preparar unos deliciosos pancakes con jarabe de maple, así como un omelette relleno de tocino, queso y, para acompañar, unas cuantas salchichas en forma de pulpo. Nunca fue alguien creativo, pero quería impresionarlo un poco con sus actividades en la cocina.
“¿Cariño?... Bueno días… Oh, me hubieras despertado para ayudarte a hacer el desayuno,” dijo Eddie para después sacar un enorme bostezo y estirar sus brazos hasta hacer sonar un tronido.
Al verlo rápidamente, Waylon se dio cuenta de que su novio tenía puesto solamente unos pants, revelando la obvia musculatura que lo embobaba cada vez. Parecía que iba a desvestirse o cambiarse, pero cambio de intención al último momento.
El joven volteo de inmediato a la sartén, para que no notara su obvia fascinación. Para su mala suerte, no pudo esconder el sonrojo en su cara.
“No te preocupes Ed, además, debo pagarle a mi hombre por tantos regalos… Espero puedan caber en el coche cuando regresemos a Denver.”
Eddie sólo se carcajeo y se acercó al joven para darle un abrazo por detrás. Waylon podía controlar la invasión sorpresiva de esos brazos, pero, casi derramaba el aceite hirviendo al sentir los besos de Eddie por su cuello, así como un chupetón. El gesto era simple, pero lo suficiente para causarle ese hormigueo agradable en su estómago.
“Detente querido, harás que tu desayuno se queme,”
“Me encanta la comida frita, además, adoro verte en este papel como mi esposa,” dijo de forma burlona sin detener sus atenciones a ese cálido cuello.
Entre carcajadas y unos cuantos besos en los labios, el pobre enfermero logro servir el desayuno perfecto sin ningún inconveniente.
Ahora que lo miraba más de cerca, realmente parecían una pareja de casados y, curiosamente, pequeños detalles le hacían recordar otras cosas. No pudo evitar el pensar en Dennis cuando encendió la televisión pequeña para sintonizar las noticias locales y temas del espectáculo.
Aquello le hizo sonreír un poco, entendiendo que el hijo de su pareja no tardaría en ser un actor famoso. Con los talentos de ese chico, no le impresionaría que llegase muy lejos. Dennis merecía el mejor de los éxitos en su carrera y esperaba de todo corazón que ese fuera el caso.
Sin duda, la familia Gluskin siempre fue creativa, tanto padre como hijo tenían un sin número de talentos claros y ocultos. Dennis era una maravilla y talento para la actuación, lo era tanto que su propio talento lo llevo a una de las mejores escuelas de cine en Nueva York. También Eddie, su pareja, tenía una lista inmensa de talentos. Era un hombre admirable, el padre modelo, el mejor sastre en toda la ciudad, un hombre lleno de cariño y apoyo y, sobre todo, un hombre muy detallista.
Aún seguía impresionado por su regalo de San Valentín la noche anterior de la feria.
Eddie le había otorgado un bello anillo de compromiso, así como una libreta de bocetos a mano sobre él. De hecho, algunos bocetos también lo representaban en su trabajo en el hospital y otras después de una íntima sesión juntos.
Como le hubiese gustado ser mucho más artista, al menos así estaría cerca del nivel de su futuro esposo artísticamente hablando.
“Debí ser más creativo en los regalos,” dijo Waylon para después devorar el ultimo pedazo de omelette en su plato.
Aquel comentario capto la atención del pelinegro, así como un rostro de extrañeza hacia su linda pareja.
“Cariño, ya hemos hablado de esto… el regalo que me diste es un tesoro para mi… ¿Cómo puedes imaginar que lo valorare menos por creatividad?... Sé que no te lo crees, pero tú eres alguien muy hermoso… Si tan sólo pudieses verte de la forma en cómo te veo…” explicó Eddie mientras sostenía su barbilla de manera reflexiva.
Amaba a su cariño con locura y le lastimaba al mismo tiempo que él se valorara tan poco, que se menospreciara él mismo por pensamientos erróneos. Eddie, muy en el fondo, suponía que sus experiencias al lado de sus novios anteriores ayudaban a esos malos pensamientos.
Pero ya no más, Waylon debía entender de una vez por todas la belleza verdadera que tenía. Fue en ese instante, que a Eddie se le ocurrió una increíble idea.
“Quiero dibujarte otra vez amor,” dijo con una sonrisa y ojos llenos de ímpetu a la idea.
“¿Qué? Pero, ¿Por qué?”
“Quiero probar un punto… ¿Confías en mí?”
Waylon lo miraba con algo de confusión y con extrañeza a la última pregunta.
“Claro que confío en ti, pero, no sé por qué quieres dibujarme de nuevo… digo, no es necesario, yo me siento satisfecho con tan bellos bocetos,”
“Bueno… éste será algo distinto… quiero que poses para mí, pero… sin ropa…”
La sola idea causo que Waylon terminara por sonrojarse y que su corazón latiera de la emoción.
Una cosa era que lo dibujara haciendo ciertas actividades en el hospital o estando dormido en la cama, pero era una muy distinta que lo dibujara desnudo y estando consciente.
Sentía su cara tan caliente por la idea y con una culpa por decirle que no. Era por ese mismo motivo que las excusas salieron de sus labios.
“Ed, no creo que pueda hacerlo…”
“Cariño, no debes tener pena… No es como si no te hubiese visto sin ropa antes,”
“Eddie, no es lo mismo… me terminara dando una erección con tan sólo sentir tu fuerte mirada.”
Edward no pudo contener su carcajada y, muy en fondo, le emocionaba el poder atestiguar esas reacciones. Ver a su pareja perdido en esa neblina llena de lujuria, timidez y pasión, eran algo que siempre le fascinaron ver. Sonaba egoísta por querer verlo de esa forma, pero también tenía como propósito que su novio entendiese lo hermoso que era.
“Vamos cariño… recuerda que dijiste que querías recompensar tus regalos del festival… además del desayuno, éste sería un buen pago…”
Eddie se sentía algo culpable por sacar ese lado chantajista. El sentimiento se volvió más fuerte al mirar ese juvenil rostro inseguro y tímido. Fue ahí cuando entendió como lo estaba, indirectamente, obligando a esta actividad.
“Cariño, estaba bromeando… sólo bromeaba, no tenemos que hacer…”
“Sí quiero…” dijo Waylon sin poder mirarlo a los ojos, con las mejillas rojas y mordiéndose el labio interior.
“Waylon, perdóname, umm, no te sientas forzado por lo que dije…”
“Está bien Ed… además, es lo menos que puedo hacer para pagarle a mi hombre por ser tan caballeroso,” expreso el rubio con un tono coqueto, acompañado de una mirada lasciva.
Ahora que lo pensaba, la idea no era tan mala.
Además, muy en fondo sabían el futuro resultado de aquella bella sesión artística.
Realmente se podía sentir la lujuria en la cabaña.
Pero, no quería desviarse mucho, tenía una misión que cumplir.
“¿Quieres hacerlo ahora Eddie?” dijo Waylon, logrando que despertara de sus pensamientos.
“Después de lavar los platos, lo haremos en el sofá,”
A Eddie se le escapo un tosido por la expresión, también, procuro desviar la mirada para que su novio no viese como la situación le estaba ya afectando en realidad.
Sin tener nada que los molestase o interrumpiera, la pareja se hizo compañía en la sencilla tarea de limpiar la mesa. Las risas y gritos a la lejanía en forma de ecos por parte de las familias de las otras cabañas, adornaban el ambiente exterior, así como el sonido de las ramas danzar con el viento. Era un alivio que su cabaña no estuviese tan cerca de las demás. Eddie sabía que su cariño gritaría su nombre con fuerza.
Cuando terminaron, ambos decidieron asearse, con la excusa de limpiarse un poco por la salida al festival, cuando en realidad, se estaban preparando para cada caricia, mordisco y sensación de piel tocándose. De los dos, Eddie parecía ser el más ansioso, pues había salido del baño con más rapidez, no sin antes explicarle a Waylon que lo esperaría en la sala, que tomase el tiempo necesario para estar listo.
Una vez en la sala, Eddie deslizó las cortinas, cerró las puertas y arrastró un sillón de madera para posicionarlo en frente del sofá rectangular; con una vista perfecta para realizar su boceto. Incluso, para que el ambiente no fuese tan silencioso, encendió la radio en aquella estación que ponía música clásica y retro.
Todo estaba perfecto y listo. Eddie sólo necesitaba ponerse una playera polo purpura, más unos pantalones oscuros, así como unas sandalias para mayor comodidad. No obstante, faltaba la linda estrella principal del evento.
Su sonrisa no se hizo esperar al escuchar el sonido de la puerta abrirse.
Su lindo novio, aun vistiendo una bata de baño, así como un rostro lleno de pena, se fue acercando a él, probablemente en busca de instrucciones.
A Eddie le encantaba sentir ese poder de dominio.
“Muy bien querido, ve al sofá y desvístete…”
La sola orden despertó algo muy profundo dentro de Eddie. Desde que tenía uso de razón, en esta relación le fascinaba el rol dominante, el tener a un Waylon tan sumiso a la palma de su mano, dispuesto a obedecer cualquier regla.
Tan lindo e inocente, como si aún tuviera una barrera de pena deteniéndolo a que mostrase esa faceta llena de lujuria.
Le encantaba ese juego, era realmente una delicia y un regalo que él desenvolvía poco a poco.
Waylon, sonrojado, con una calentura obvia en sus facciones e ignorando el mareo de lo que estaban a punto de hacer, hizo lo que se le ordeno. El rubio sintió un poco de envidia al percatarse de que Eddie tenía la ventaja de estar vestido y en la comodidad de un sillón, no como él, que mostraría como había llegado al mundo, al lado de las luces claras y los fuertes rayos del sol a través del telar de la cortina.
Cuando llego al sofá, y antes de tomar su respectivo puesto, Waylon dejo que la bata de baño fuese cayendo poco a poco hasta sus pies. Eddie miraba embobado como el telar se deslizaba en ese lindo cuerpo curvilíneo, en esos muslos que él no dejaba de tocar cada vez que sus manos estaban cerca de ellos. La sola idea de tocar esa zona tan suave en su mano, no sólo esa, sino cada pulgada de su pareja, lo estaban haciendo perder el juicio.
Ese cuerpo le pertenecía, era de él y de nadie más.
Waylon, por otro lado, no dejaba de sentir mariposas en el estómago. Se preguntaba si Eddie también estaba perdiendo el control, pero en sus ojos y facciones sólo pudo notar seriedad y profesionalismo como el mejor de los dibujantes. Pero lo que más le hacía sentir adrenalina, era el hecho de que su Eddie no despegaba la mirada en todo su cuerpo. Fue ahí cuando noto que su seriedad era una lucha interna para no tomarlo en ese mismo momento y hacerlo suyo en el sofá.
Ahora estaba algo arrepentido de esta idea, la tortura no solamente recaería en Waylon, también lo haría en Eddie.
Demonios, ¿en qué embrollo se había metido?
“Ed… ¿estoy bien en esta posición?” pregunto el rubio mientras se recostaba tímidamente en el sofá rectangular. El pobre chico se apoyaba con el codo, dejando a la vista el pectoral y el estómago, pero cubriendo su miembro con sus piernas.
“Oh cariño… definitivamente estas jugando conmigo… te gusta destruirme ¿verdad?” decía Eddie en sus pensamientos mientras le sonreía.
“Recuéstate más en el sofá, no apoyes el codo…”
Waylon hizo lo que se le indico, pero, seguía tapando su miembro ante la nueva pose.
¿Acaso tendría que suplicarle a su cariño aún más?
¿Quería que perdiera la cordura?
“Abre tus piernas para mi… sólo un poco…”
Waylon se carcajeo un poco y las extendió sin problemas. Eddie miraba asombrado la delicada zona, era capaz de ver con claridad el miembro por completo sobresalir a pesar del poco bello rubio a su alrededor.
Mas que un ángel lleno de timidez y ternura, parecía un demonio, usando una máscara inocente para que él cayera en sus redes.
No es que le molestase, era todo lo contrario, realmente funcionaba.
“Vaya… realmente no quieres dejar nada a la imaginación,” dijo Waylon mientras le alzaba una ceja y sin dejar de mirarlo a los ojos. Para su mala suerte, esos penetrantes ojos azules estaban concentrados en otras zonas de su cuerpo.
“Si necesito dibujar a una obra de arte, no debo dejar escapar cada detalle… bien, sólo permíteme dar unos cuantos cambios más…”
Después de eso, Eddie se acercó al joven y lo sujeto de las caderas, con el único propósito de acomodarlas de lado, también, colocó un par de cojines en la espalda y cabeza de Waylon. El proceso creativo no era algo acelerado, así que no quería que estuviese incomodo en todo el trayecto.
Al estar todo listo, Eddie tomo asiento en el sillón, tomo el libro de bocetos que le había entregado a Waylon y escogió una hoja en blanco para comenzar.
“Mírame sólo a mi cariño,”
“Es difícil no hacerlo grandote,”
Aquello era bueno, el que rieran un poco para alivianar el ambiente. Pues lo que enfrentarían seria toda una odisea.
Eddie tomo unas disimuladas bocanadas de aire y procedió a dibujarlo. Su adorado enfermero mantenía una tímida sonrisa de lado.
Su dulce mirada seguía concentrada en la de él, como si su vida dependiese de ello.
Empezó primero con el rostro, en ese no había mucho problema. Era como en todas sus otras experiencias, no necesitaba mirarlo mucho tiempo porque esa linda mirada estaba grabada como una cicatriz en su memoria, pero, le gustaba darle una que otra mirada lasciva en su dirección. Sonrió de lado al entender como su mirada le estaba afectando.
“Dios… parece que mi artista no puede concentrarse…” dijo el rubio de forma juguetona y mientras se carcajeaba. Realmente le parecía divertido y quería aprovecharse de ello para no sentir tanta ansiedad.
“Claro que no cariño, siento que el que no puedo concentrarse eres tú, por recurrir a este inofensivo comentario…”
La respuesta que recibió por parte de Waylon fue una carcajada, no creía en lo más mínimo aquella excusa.
Eddie no lo culpaba y su novio no estaba lejos de la verdad, él deseaba tocar ese cuerpo más que nunca.
Requirió de todas sus fuerzas para dibujar esa perfecta silueta. En parte, el perderse en el proceso creativo le ayudaron un poco, en el sentido de que podía mirar y gozar mientras dibujaba cada detalle.
Era una bendición que trajera algunos lápices de colores. Quería que todo quedase perfecto, desde el brillo en los hombros y el color rosado de ellos, así como las líneas del pectoral y la linda forma del estómago, necesitaba darle el color y detalle preciso.
Ese lindo cuerpo, maldecía a aquellos varones que tuvieron la dicha de verlo.
Pero no quería enojarse o dejar incomodar el momento por ello, sólo deseaba gozar cada segundo. El deleitarse del dolor agradable en su pecho con cada respiración.
Eddie era una tormenta, pero, lo más seguro y ahora al entenderlo mucho mejor, Waylon estaba en ese mismo estado o peor. El pelinegro podía notar el sonrojo en sus mejillas y en sus respiraciones algo nerviosas.
Adoró el dibujar de cada zona, y le fascinó el darle ese color rojizo y color crema de esa suave y bella piel.
Decidió concentrarse en cada detalle y sombreado, después de todo, su dibujo y bello tributo debían estar perfectos.
No obstante, su misma concentración, no le permitió percatarse de la tormenta interna en su propia pareja. El estar desnudo en el sofá, con esa mirada fuerte capaz de causarle una calentura en todo su cuerpo y en especial en su rostro, le causaban que algunos gemidos y respiraciones entrecortadas luchasen por salir.
Tenía que contar los números en reversa y pensar en otra cosa para que no se mostrase una erección, siendo un intento fallido al sentir el agradable cosquilleo y una deliciosa corriente casi eléctrica alrededor de su pene.
Odiaba que Eddie jugara así con él.
“¿Ya casi terminas?”
“Me falta un poco hermosura… dame unos minutos más…”
¡¿Unos minutos más?!
No había manera de que pudiese disimular control, su cuerpo fue traicionero con él y poco a poco, su miembro comenzó a hacerse notar.
Realmente se sentía avergonzado, tanto que no quiso mirar a su novio.
“No tienes idea de lo hermoso que te ves querido… descuida, no dibujare esa lujuria que acabas de demostrar… pequeño descarado… siempre provocándome…” dijo Eddie sin poder evitar el mostrar sus colmillos en una sonrisa llena de victoria.
“¡¿Estas bromeando?! ¡¿Qué yo te provoco?! Entre los dos, tú eres el que provoca más… sabias que el resultado de esta pequeña sesión llevaría a esto Eddie… si tuviésemos que escoger quien es el más calenturiento de ambos, tú te llevarías el premio,”
“Oh ¿y me culpas de ello? Tenerte es un deleite amor… no sabes la tortura que es el saber que otros te miran y tienen estas fantasías contigo, me doy cuenta de cómo te miran… sé que eres alguien muy querido en el hospital y eso me molesta mucho… como me gustaría que fueses un tesoro, para tenerte en mi habitación y ser yo el único que admirase tu belleza.”
Las palabras de Eddie hicieron que Waylon se avergonzara y que, al mismo tiempo, se sintiese feliz. Adoraba cuando su pareja mostraba este sentimiento, esta emoción posesiva hacia él. El admirarlo hasta el punto de quererlo sólo para él.
Y la verdad, el sentimiento era mutuo.
“¿Tú crees que a mí me gusta la clientela que atraes en tu negocio? Que muchas te miran de forma lasciva y que en realidad tienen otras intenciones contigo… A mí también me molesta eso…” respondió el rubio.
“Oh, pero, yo uso esa ventaja para vender… se le llama estrategia de mercado…”
“Eres un idiota…”
“Siempre a tu servicio cariño…”
Terminaron ambos por decir para después reírse y así relajar, aunque fuese un poco, el ambiente.
Por fortuna Eddie había terminado el dibujo, no sin antes darle uso a unos cuantos colores, borrar las zonas o líneas innecesarias y soplar los pedazos de la goma de borrar.
Al tenerlo listo, fue señal para Waylon para sentarse de manera más cómoda. También, y con algo de impaciencia, el rubio le pidió a Eddie que le mostrase el resultado.
Su respiración quedo atorada en la garganta al ver lo tan bien detallado de la obra, desde su mirada, sonrisa tímida y algunas zonas de su cuerpo como lunares y tonalidad de piel. Incluso, ciertas áreas del cuerpo tenían una hermosa tonalidad rojiza o rosa, así como los hombros, las mejillas y la piel cercana a su miembro.
Realmente Eddie se esmeró en el boceto.
A Waylon le fascinaba. Realmente lo adoraba.
Cuando intento devolvérselo, Eddie negó con una sonrisa y le insistió en que ese fuera un regalo más. Que fuese un recordatorio para que se diera cuenta de lo hermoso que era por fuera también.
“Dibujas precioso…Yo jamás me considere de esta forma, pero, tu sí me ves así… a tus ojos yo representó esto… y si eso es lo que ves… creo que soy afortunado de tenerte y darme más confianza en mí mismo…”
Waylon le dio una sonrisa y Eddie sintió que, aunque fuese un poco, logro que su pareja sintiera algo de confianza. Sin embargo, no iba a terminar todo ahí, debía ser más específico corporalmente.
Fue por esa misma razón, y por no ser capaz de contener ese ardor en su interior, que se acercó a su pareja y le dio un tierno beso en los labios. Lento como era lo usual, pero más pasional en cada maravillosa sensación entre la humedad, contacto y danza rítmica entre sus lenguas.
Las escapadas de oxígeno eran meras excusas para gemir su propio deseo y ansiedad por más. La emoción era tanta, que el cuerpo de Eddie, casi por instinto y voluntad propia, causaron que empujase a Waylon en el sofá, de manera que quedara encima de él; dejándolo incapacitado para escapar o moverse.
Eddie era fuerte y le gustaba mostrarle esa dominancia de forma corporal.
“Tú eres hermoso mi amor… tienes una piel tan suave, clara y sensible… cuando te sonrojas, adoro mirar el color rojizo en tus hombros y en el rostro… Tan inocente y puro… incluso el sudor te hace brillar como si fueses una bella figura de porcelana,”
Para enfatizar sus argumentos, Eddie paso su fuerte mano en cada zona que el procedía a describirle.
“Tus pezones son tan sensibles a mis caricias…”
Sin poder evitarlo, Eddie procedió a lamer, chupar y darle una mordida a uno de éstos. El escuchar el gemido y el cuerpo temblar de Waylon, encendían más la lujuria que llevaba cargando todo este tiempo.
“Eddie… no lo soporto más… por favor, ya no juegues conmigo,”
“¿Cómo puedes creerme capaz de semejante cosa? Lo único que estoy haciendo es detallar lo hermoso que eres… pero… si soy yo lo que quieres… me tendrás amor… te lo juro.” expresó juguetonamente.
Algo en el pelinegro se fracturó al notar el alivio y emoción mezclados en su pareja. Como si fuese a ser aliviado de una terrible carga o ansiedad que no lo dejaban tranquilo.
Eddie no podía dejarlo así, era su deber como esposo y pareja el darle esas atenciones especiales.
“Además… debo de pagarle a mi hombre por este bello obsequio… y también…”
En ese momento, Waylon deslizó su mano y sujeto el pene de Eddie con algo de fuerza, para después darle movimientos rítmicos y calmados. Casi en un intento por demostrar que lo llevaría al paraíso con tan sólo acelerar más la caricia.
“Esta tan duro ahora mismo… pero que poco profesional eres Ed, demostrando esto a toda vista…”
Waylon apretó con más fuerza y no dudo en acelerar más sus caricias en ese bulto. Le encantaba el sentirlo tratando de luchar por salir entre la tela del pants. No pudo contenerse y ayudo a Eddie a quitárselos, notando como su miembro tenía ya rastros de líquido pre seminal.
Eddie estaba tan necesitado como él. No podía dejarlo sufrir más.
“Vamos amor, esto te está atormentando, déjame ayudarte…”
“Anda cariño… como mi esposa, hazte responsable de tus actos…”
“Sera un placer querido…”
Para ese momento, Eddie ya había quitado su cuerpo encima de Waylon, con el fin de darle el chance de moverse y posicionarse de manera más cómoda. Quedando con los pantalones abajo en el sofá y teniendo a un Waylon completamente desnudo hincado en el suelo. Su adorado enfermero sonreía de una manera angelical y lasciva a la vez mientras se acercaba a su pene. Besó la punta sin ningún impedimento, al separarse, la única unión era un hilo del líquido pre seminal de la punta y sus labios. Logro lamer un poco de ese fluido y le fascinó el salado, pero adictivo sabor. Aquella escena y la penetrante mirada de Eddie, lo motivaron a tomar el miembro completo en su boca.
La sola sensación y el vaivén de sus manos, ponían a Waylon dolorosamente duro también, con unas enormes ganas de sentir esas fuertes manos masajearlo sin descanso.
Eddie estaba completamente perdido, pero aquello no lo detuvo de expresar su amor con frases llenas de ánimo para que no se detuviera.
Era algo curioso al momento de realizar una felación, Waylon estaba en total control y era él quien decidía cuanto placer darle a su pareja o cuando llegar al orgasmo.
“Bebé… lo haces tan bien… extrañabas esto ¿verdad?... Dímelo… Dime cuanto te gusta esto…” dijo Eddie completamente perdido, con respiraciones entrecortadas en cada pausa.
“Me encanta amor… me fascina tu sabor… es tan bueno…” confesó el rubio sin detener la succión en el pene de su pareja. Eddie también podía notar el rastro de su liquido pre seminal en la esquina de sus labios.
Se veía tan sensual de esa manera, sin embargo, el pobre Eddie odiaba el hecho de que pudiese controlarlo tan bien.
Pero no podía negarle nada, desde que se enamoró de él en el hospital, él se convirtió en su esclavo.
“Ya no lo soporto más cariño… déjame complacerte… no lo soporto más…”
“Está bien amor, yo también te quiero dentro… anda, ya sabes lo que hay que hacer…”
Era increíble como un cambio de posición lograban que su pene se sacudiese un poco. Mirar a su querido Waylon acostarse en el sofá y extender sus piernas y muslos para que pudiese ver su entrada, despertaron en el un instinto y deseo tan fuerte de sellar su unión. Pero no haría tal cosa, su querido esposo necesitaba la mejor de las atenciones.
Era una ironía que Waylon viera sus intenciones como algo cómico cuando se percató del lubricante que sacaba del buró al lado del sofá. Obviamente ya tenía todo preparado, pero el rubio no pudo evitar el preguntarse si tenía una botella de esas en cada esquina de la cabaña.
Pero aquel aspecto no le interesaba, ahora más que nunca, quería concentrarse en esos enormes dedos pasar por su entrada, gozar de la sensación algo fría, pero agradable del lubricante en su interior. Sin poder evitarlo, Waylon terminaba por apretar esos dedos y gemir sin control al sentir un segundo digito atravesarlo.
Al estar completamente listo, Eddie se colocó entre sus piernas, no sin antes pasar un poco de lubricante en su miembro.
Eddie era tan detallista, siempre procurando el evitar desgarrarlo.
Así era su pareja, jamás quería infligir daño a los que eran importantes para él.
“Aquí voy amor… ¿estas listo?” dijo el pelinegro con la punta de su pene en la entrada.
La respuesta de Waylon era un acercamiento hacia su miembro y un gemido lleno de necesidad.
“Pequeña zorra…” dijo Eddie para después insertar su pene en aquella zona cálida. Con cada centímetro que deslizaba, sentía como su era masajeado por esa cálida y húmeda textura similar al terciopelo.
Miro extasiado como su pareja mostraba una mueca de dolor al sentir la invasión, la cual fue cambiada poco a poco por una sonrisa llena de satisfacción, llena de aceptación y alivio de estar muy profundo dentro de él.
La sola mirada suplicaba por más, lo caliente de su entrada imploraba embistes y, finalmente, sus gemidos le imploraban que ni se le ocurriera detenerse.
Comenzó con movimientos lentos y suaves. Embistes que en si eran una total tortura para ambos.
Waylon, quien entendió a la perfección sus intenciones, tenía malas noticias para Eddie, ya que le causaba más tortura este inicio tan suave y lento.
“Eddie, no estoy hecho de vidrio… vamos, puedes hacerlo con más fuerza…”
“Seguridad primero mi amor… pero, tus deseos son ordenes…”
Antes de que el rubio pudiese decir algo coherente, sus cuerdas vocales fueron remplazadas por gruñidos y gemidos llenos de satisfacción. Completamente aliviado de recibir lo que más deseaba. De esa manera, el interior de la cabina se llenó de gemidos, el sonido de la piel impactando, así como embistes rítmicos que eran acelerados con más fuerza.
“¿Quieres más querido? Vamos, dime cuanto lo quieres… suplícame…”
Waylon lo miro con algo de reproche y con un ego que le decía que no se rebajaría a las suplicas, que no le daría a Eddie esa satisfacción, sin embargo, la penetración de su pareja llego a una delicada zona en especial. Una que le envió olas de placer y lo hicieron gemir con algo de sorpresa y satisfacción al mismo tiempo.
“Lo encontré ¿no es así?” dijo Eddie a manera de burla mientras le alzaba una ceja.
Waylon se mordió el labio interior y cerró los ojos con fuerza. Supuso que su pareja seguiría en esa zona, pero grande fue su sorpresa al notar como Eddie había detenido sus embiste.
“Eddie no me tengas así… No pares, ¿Qué haces?...”
“¿No recuerdas lo que dije? Te dije que me suplicaras… Vamos, dime cuanto lo deseas…”
Hubo un silencio entre las dos partes, así como un Waylon desviándole la mirada en protesta. Eddie se sintió ignorado, así que le dio un fuerte embiste en esa delicada zona, para demostrarle quien estaba en control.
El movimiento hizo que Waylon gimiera y lo agarrase de los antebrazos con fuerza.
Su cariño debía recordar que él y sólo él lo llevarían a este limbo de placer.
Era un deleite ver como su pareja se rompía poco a poco al placer que podía darle.
“¡Dámelo!… Eddie… ¡follame!… Te quiero dentro de mi… por favor… te lo ruego… no me dejes así…”
No podía hacerlo sufrir más, este martirio no sólo caía en Waylon, también era una completa locura para Eddie.
“Está bien amor… Agárrate fuerte… te hare llorar del placer…”
Waylon, con una mirada vidriosa y manos temblorosas, se aferro al cuerpo de su pareja y cerro los ojos al entender lo que vendría a continuación.
Con un gruñido y fuerte movimiento, entro en Waylon con fuerza, después, salió sin sacar la punta de su miembro y comenzó a embestir de nuevo. Los gemidos del rubio eran mucho más agónicos, pero llenos de placer en cada impacto.
Waylon no paraba de decir su nombre con un tono de súplica después de cada embiste. Sus intoxicantes gritos, mezclados con el sonido de la piel impactando y la hermosa visión de sus dos cuerpos uniéndose una y otra vez, hicieron que Eddie casi llegara al límite.
Waylon estaba también perdido en esa lujuria. El mismo Eddie sentía como lo abrazaba con sus piernas, para después sujetarlo por los hombros y plantarle un apasionado beso. Sin embargo, grande fue su sorpresa al sentir como ese abrazo fue una excusa para cambiar de posición, de manera que el rubio quedara sentado en sus piernas, para así empujarlo lentamente de manera que su espalda reposará en el sofá.
Waylon, aun unido a Eddie, se acostó encima del pectoral con unas cuantas respiraciones entrecortadas.
“Más… Eddie, dame más… no pares… por favor no pares…” decía Waylon entre pausas mientras montaba su miembro, con algo de lentitud al principio, pero con más rapidez al acostumbrase.
Eddie se sentía perdido y cautivado al mismo tiempo, las sensaciones y la misma ansiedad que Waylon mostraba le elevaban el ego, lo hacían sentir feliz de saber que cumplía de forma adecuada, de que este hermoso ser humano lo quería más que nada. Así que se aseguraría de enseñarle que el sentimiento era mutuo.
Eddie levanto un poco el cuerpo apoyándose con el codo y con una mano, sujeto con fuerza el antebrazo del joven, después, empezó a embestirlo al ritmo de sus empujes.
“Estoy cerca Waylon,”
“Yo también Eddie, no lo saques… lo quiero dentro... dámelo todo… puedo tomarlo… ¡Lo quiero dentro de mí!”
Para ese momento, el mayor dejaría de reposar su espalda en el sofá, para así sentarse y abrazarlo con fuerza. El rubio haría lo mismo también, solo que ocultaría su cara en el hombro de Eddie. Aquello era una pena, quería ver el rostro de su cariño llegar hasta el éxtasis. Tuvo que conformarse con tocar el pene de su pareja y masturbarlo al ritmo de sus empujes.
Al pelinegro le bastaron unos cuantos embistes que dio con fuerza, siendo el último de ellos en donde liberaría su pasión mientras gritaba el nombre de su adorado esposo. El acto de ello causo que el rubio llegara al climax y diera sus últimos gemidos. Un canto que Eddie notaba era evidencia del buen trabajo que había logrado como esposo.
“Te amo…”
Fue lo último que dijo Waylon mientras trataban de recuperar el aliento.
Eddie salió de su cuerpo con cuidado, también, trajo una toalla para limpiarlo sin problemas. Finalmente, lo rodeo con sus brazos para no dejarlo ir. Para mala suerte de Eddie, el mismo cansancio de este acto y la desvelada de la noche anterior, sólo provocaron que cayera al mundo del sueño.
Waylon aprovecharía esto para liberarse de esos poderosos brazos. Recogió uno de los mechones de su pareja para acomodárselo de manera que no le quedara en frente del rostro. Antes de tomar rumbo, miro con una sonrisa el dibujo que había dejado en la mesa de centro.
En éste, había algo escrito:
Para el amor de mi vida.
