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Español
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Published:
2026-04-13
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4,835
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1/1
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drunk in love

Summary:

Un Franco enojado por una boludez. Un Jude cayéndole en el departamento medio en pedo.

Y las cosas que suceden cuándo estás dos situaciones se mezclan.

Notes:

MI PRIMER JUDEFRANCO!!! Espero que no me maten.

La idea surgió a raíz de un anónimo y todo empezó a moverse en mi cabeza haciendo míala idea, así que necesitaba demasiado escribir a este par que tanto nos está alimentando últimamente.

Además es mi cuota para aportar algo al tag, con smut por supuesto, porque yo siempre caigo en eso 😂

Jude habla un poco en inglés pero no creo que se les haga difícil entender lo que dice, espero que no sea un problema porque quería agregar el tema del idioma a la dinámica de ellos.

Ojalá les guste 🤍

El título proviene de la canción "Drunk In Love" de Beyoncé & Jay-Z.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Franco no podía quedarse quieto. 

 

Daba vueltas en la cama desde hacía rato, enredándose con las sábanas, soltando suspiros cortos, molestos.

 

Era él. Seguía molesto aunque ya era pasada la medianoche.

 

Se tapó la cara con el antebrazo, cubriéndose los ojos, todavía con la bronca haciéndole hervir la sangre.

 

— Sweetheart… Darling… ¿Qué carajos le pasaba para decirle así a esas trolas? Forro de mierda — murmuró con enojo, rodando los ojos.

 

Sabía que era una boludez. Lo sabía. Sabía que se estaba comportando cómo todo un pendejo tóxico pero no podía evitarlo.

 

No podía sacarse esa imagen de la cabeza: Jude sonriendo al salir de su último partido en el Real Madrid, Jude acercándose a saludar a las fanáticas que lo esperaban a la salida, Jude usando todos esos innecesarios apelativos cariñosos en inglés hacía esas mujeres regaladas que babeaban por él y cómo si todo esto fuera poco, también les había obsequiado su camiseta a ese grupo de chicas a las que se le salían corazones en los ojos por el inglés. 

 

¿Es que ellas no entendían que Jude era suyo y de nadie más? Se lo quería gritar a todo el mundo para que todos supieran, pero lo de ellos era un secreto que no se lo podía contar a nadie.

 

Franco nunca se había sentido así antes, nunca había estado así de enamorado, porque lo estaba, y tampoco había sentido ese sentimiento de posesividad tan intenso por alguien cómo lo sentía por Jude. 

 

Jude era suyo y no le gustaba que se hiciera el lindo con otras. 

 

Se giró de golpe, quedando boca abajo, bufando contra la almohada por el estúpido inglés que lo tenía hasta las manos.

 

Por supuesto que había armado una gran pelea por eso. Por unas palabras cariñosas dichas en otro idioma, por algo que Jude hacía con todo el mundo, especialmente con los fanáticos del club. Y encima se había puesto pesado, cortante… insoportable.

 

Pero lo que más le había molestado no era lo que Jude hizo con ellas.

 

Era que Jude no se lo había tomado en serio.

 

Que simplemente había suspirado, le había dicho un “we’ll talk later, yeah baby?” y se había ido igual al cumpleaños de uno de sus amigos cómo si su reclamo fuera una tontería de un pendejo inestable y celoso.

 

Encima no entendía porque tenía que ir al cumpleaños de ese amigo que además no conocía, el inglés ni siquiera era muy fiestero. ¿Tantas ganas iba a tener de ir a ese cumpleaños en lugar de venir a buscarlo a su departamento y arreglar las cosas cómo se debe? ¡Ni siquiera le había mandado un mensaje o algo!

 

Le molestaba que Jude se estuviera comportando cómo si Franco estuviera exagerando.

 

Su parte racional le decía que efectivamente estaba exagerando, pero eso no significaba que Jude tuviera que actuar cómo si supiera que la magnitud de sus celos fuera descabellada, el inglés tenía que acercarse a arreglar las cosas, tenía que darle la razón, pedirle disculpas y prometer que nunca más haría algo así. 

 

¿Tan difícil era cumplirle ese simple capricho? 

 

El ruido del timbre de su departamento lo sacó de golpe de sus pensamientos.

 

Franco frunció el ceño, incorporándose un poco en la cama.

 

¿A esta hora quién podría ser?

 

Se quedó quieto unos segundos, esperando que fuera un error, que en realidad no era su timbre y que el sonido fue producto de su imaginación. Pero volvió a sonar.

 

—La concha de su madre… —murmuró, pasándose una mano por el pelo.

 

Se levantó arrastrando los pies, todavía medio enojado, y fue hasta la puerta sin mirar siquiera por la mirilla.

 

— ¿Quién es?

 

— Soy yo, bebé. 

 

Franco dudó apenas un segundo antes de abrir.

 

Cuando la puerta se destrabó, Jude prácticamente se apoyó contra el marco, cómo si le costará mantenerse en pie.

 

Tenía la camisa toda mal abotonada, el pelo desordenado, purpurina en algunas partes de su rostro y una sonrisa floja que no era normal en él. 

 

— Hola Fran… —dijo, levantando apenas una mano sin dejar de sonreír —. I think… I messed up.

 

Franco lo miró en silencio, con el ceño todavía fruncido, juzgandolo con la mirada.

 

—Estás en pedo.

 

Jude soltó una risa corta.

 

— Ah, eso significa… ya me acuerdo. A little, yeah.

 

Jude bajó la mirada un segundo, y cuando volvió a hablar, lo hizo más despacio.

 

— Tenías razón en enfadarte… no te tomé en serio.

 

Franco apretó la mandíbula.

 

— Sí, me di cuenta de que no me tomaste en serio porque te tomaste el palo y me dejaste sólo. 

 

Jude le hizo un puchero con los labios, acortando la distancia y parándose delante suyo.

 

— Bebé… Déjame pasar y hablamos. 

 

Franco le puso las manos en el pecho y lo empujó para alejarlo.

 

— No, salí, rajá de acá, ya no quiero.

 

Jude ni siquiera se movió.

 

Bajó la mirada a las manos de Franco en su pecho, como si realmente estuviera considerando retroceder… pero no lo hizo.

 

En cambio, volvió a levantar los ojos y dio medio paso adelante otra vez.

 

—No —murmuró, casi en un suspiro—. No quiero irme.

 

Franco chasqueó la lengua.

 

—Jude, no jodas—

 

No llegó ni a cerrar la frase porque Jude ya estaba demasiado cerca.

 

Le apoyó las manos en la cintura, firme pero sin brusquedad, tomándolo de la cintura con fuerza y antes de que Franco pudiera reaccionar, inclinó la cabeza y enterró la cara en su cuello, besándolo allí debajo del marco de la puerta.

 

— Jude… No…

 

El reclamo le salió demasiado débil. El inglés se le cago de risa, rozandole la piel con sus labios en besos húmedos pero que no dejaban de ser algo tiernos.

 

—You’re still mad… —murmuró contra su cuello, arrastrando un poco las palabras—. I can fix that…

 

Franco apretó los dientes, tratando de resistirse a los encantos y al cuerpo del morocho. 

 

— No, no podés arreglar todo así…

 

Pero no se apartó. Y Jude lo notó, por supuesto que lo notó, porque siempre pasaba lo mismo, peleaban por una boludez y con unos besos — y algo más — Jude lo solucionaba todo.

 

Le dejó un beso lento al costado del cuello, después otro un poco más arriba, subiendo despacio por su mandíbula, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

 

— Mmm… —tarareó, acomodando mejor las manos en su cintura y metiéndolas debajo de su camisa para tocar algo de su piel—. You smell so nice…

 

—Estás en pedo Jude, no quiero así… —insistió Franco, aunque ya no empujaba.

 

— Un poco…— admitió Jude, sonriendo contra su piel — Pero te extrañé mucho…

 

Eso lo conmovió. Se le notó en cómo se relajó y suspiró entre sus manos, era tan fácil cuándo se trataba de Bellingham.

 

Jude aprovechó ese momento para acercarlo un poco más, pegándolo a su cuerpo, apoyando la frente contra su cuello ahora, más quieto.

 

—Don’t push me away… —murmuró, más bajito—. Not tonight. 

 

Franco cerró los ojos un instante, seguía enojado.

 

—Sos un pesado… —murmuró, sin mucha fuerza.

 

Jude soltó una risita corta.

 

—Yeah… but I’m your pesado.

 

Franco resopló, negando apenas con la cabeza, y esta vez sí apoyó las manos en su pecho otra vez… pero no para empujarlo fuerte, sino para marcar un poco de distancia.

 

—Pará —dijo, más serio—. No, Jude… así no.

 

Jude levantó la cabeza despacio, todavía cerca, con una expresión medio perdida.

 

— ¿Qué?

 

—No me gusta cuando hacés eso —explicó Franco, mirándolo fijo—. Te mandas una cagada y después aparecés así, como si con dos besos ya estuviera todo bien. Y no me tomaste en serio, eso es lo que más me rompe las bolas.

 

Jude bajó la vista un segundo, más callado ahora.

 

— Perdón, amor.

 

Franco lo observó un momento más, como evaluando si creerle o no.

 

— Prométeme que nunca más te vas a hacer el lindo con todas esas trolas que se te tiran encima.

 

Jude frunció un poco el ceño, procesando sus palabras, tratando de entender, luego asintió despacio.

 

— Okay, okay… Alright, whatever you say, baby. I promise.

 

Franco dudó apenas un segundo más… y finalmente se hizo a un lado, dejando libre la entrada.

 

Sí, era demasiado fácil cuándo se trataba de Bellingham. Le duró dos segundos el enojo.

 

— Entrá, dale.

 

Jude no se lo hizo repetir. Pasó enseguida y apenas cerraron la puerta, el morocho lo empujó contra la pared y comenzó a besarlo desesperado.

 

Franco soltó un quejido bajo, sorprendido por el impulso, por la forma en que Jude lo agarraba de la cintura tan fuerte, como si necesitara asegurarse de que seguía ahí.

 

—Jude— intentó, entre beso y beso, probando el sabor dulce del alcohol en los labios del otro.

 

Pero el morocho no le dio mucho espacio.

 

—Missed you… Te extrañé… —murmuró contra sus labios, volviendo a besarlo enseguida, más lento esta vez pero igual de insistente, mandando un poco de lengua en el contacto.

 

Sus manos no se quedaban quietas. Subían, bajaban, se aferraban a su cuerpo con una necesidad casi torpe, típica de alguien que había tomado de más y sentía todo el doble.

 

Franco deslizaba sus manos por esa fuerte espalda, su parte más consciente le decía que no debía dejar a Jude avanzar más de la cuenta, pero no podía, era tan débil a los encantos y al cuerpo del mayor.

 

— Pará…— dijo, sin mucha convicción. 

 

Jude se separó apenas unos centímetros, lo justo para mirarlo.

 

Tenía esa sonrisa blanda otra vez, los ojos medio cerrados, completamente entregado a él. 

 

—You let me in… —susurró—. That means you’re not that mad.

 

Franco rodó los ojos.

 

— No significa eso.

 

—Sí significa —insistió Jude, acercándose de nuevo, rozándole la nariz con la suya—. Means I can do this…

 

Le dejó un beso en los labios, recorriendo con su lengua lentamente la comisura de sus labios y empujando su lengua sólo un poco dentro de su boca, haciéndolo jadear.

 

— and this…

 

Bajó su mano lentamente, de manera muy suave, empezando por su cuello, pasando por su pecho, deslizándose por su abdomen hasta llegar a su entrepierna y apretarla, sacándole un jadeo más fuerte por cómo sus dedos presionaban el bulto que ya se formaba en esa zona.

 

Franco soltó el aire despacio, imposible de ocultar que ya estaba excitado.

 

—Sos insoportable cuando estás así…

 

Jude rió bajito.

 

—You like me like this.

 

—No.

 

— Mentiroso.

 

Franco apretó la mandíbula, pero sus manos ya no estaban quietas. Habían bajado solas hasta la camisa, agarrándola apenas para poder meterlas debajo de ella y poder tocar a Jude cómo en verdad quería. 

 

El inglés volvió a subir hasta su cara, sosteniéndole la mandíbula con una mano, más tranquilo ahora, pero sin dejar de mirarlo antes de volver a besarlo. 

 

Los besos ya subían de nivel, eran cada vez más intensos y pasionales, eran labios chocando entre sí, lenguas frotándose una contra la otra, jadeos resonando sin distinguir de cuál de los dos provenían, las manos de Franco acariciaban la espalda del mayor por debajo de la camisa y las de Jude bajaban de su cintura para apretar su culo con fuerza, sacándole un gemido por lo bajo.

 

— I want to fuck you so bad…— murmuró Jude contra sus labios — Te quiero coger Franco… ¿Vamos a coger?

 

Franco asintió, sobreestimulado por las sensaciones y obnubilado por la calentura cómo para negarse a algo así con el hombre que lo vuelve completamente loco.

 

— Sí… Vamos a la pieza, dale. 

 

Tomó a Jude de la mano y lo arrastró hasta su habitación, el olor del alcohol pegado por la ropa de su novio se mezclaba con el aroma a madera de su perfume y aunque probablemente no debería gustarle, esa mezcla de olores lo hacía sentir algo mareado o quizás sólo sea producto de la excitación. 

 

Apenas llegan a la pieza, no podían dejar de besarse, de morderse los labios y de jugar con sus lenguas mientras sus manos torpes por la ansiedad buscan deshacerse de la ropa tan rápido cómo fuera posible.

 

Mientras le bajaba el cierre a los pantalones de Jude, piensa que menos mal estaba enojado.

 

Bueno, ahora ya no tanto.

 

En cuestión de segundos, los dos estaban en boxers de pie a la cama, sus bocas no se separaban por nada del mundo y Franco aprovechando el margen de la situación hizo que sus dedos se cerrarán alrededor de la erección en la ropa interior del morocho. 

 

Sintió cómo Jude gimió contra su boca y un calor insoportable le recorrió la columna, dificultandole el quitar la mano de allí sólo para seguir escuchando esos sonidos de excitación por parte del mayor, su pulgar presionó la punta del grueso miembro del morocho haciendo que esté gimiera aún más fuerte mientras lo acariciaba por encima de la ropa interior. 

 

— ¿Querés que te la chupe? — le preguntó Franco mordiendo sus labios — ¿Querés que te chupe la pija, amor?

 

Jude asintió desesperado. 

 

— Yes baby, please. 

 

El pulso de Franco latía con fuerza por la necesidad en la voz de Jude. Cuándo Jude parpadeó una vez, Franco ya estaba de rodillas para él, con sus manos deslizándose por sus muslos mientras lo miraba desde abajo con ojitos brillantes por lo que iba a hacer.

 

No tardó en bajar por esos muslos fuertes el bóxer a Jude y quitárselo de su escultural cuerpo, volviéndose loco por lo que sus ojos presenciaban, Jude era tan grande y eso le encantaba, con una sonrisa algo maliciosa, rodeó la dureza frente a su rostro y lo empezó a masturbar, de arriba a abajo y frotando la punta húmeda de preseminal con insistencia.

 

— El único que se come todo esto soy yo… ¿Verdad?

 

— Sí bebé, el único. 

 

Las palabras de Jude salieron entrecortadas por el placer que le producía su mano masturbandolo, enseguida pasó una mano por su pelo rapado, buscando algo a lo que agarrarse.

 

— Más te vale…

 

Fue todo lo que dijo antes de reemplazar su mano por su boca, engullendo a Jude hasta el fondo de su capacidad, sintiendo cómo su novio gemía inmediatamente. Franco hacía su labor con determinación, con su lengua recorriendo ese miembro con movimientos que le hacían temblar las rodillas al más alto. 

 

Franco sabía exactamente lo que hacía, en poco tiempo se esmero en descubrir todo lo que le gustaba a su novio y sabía perfectamente cómo poner sus conocimientos en práctica, se detuvo un instante para deslizar sus labios por la punta, chupando con fuerza recogiendo las gotas saladas de presemen y sonriendo cuándo las caderas de Jude se movieron hacía adelante involuntariamente mientras gemía.

 

El no se detuvo, por el contrario, redobló sus esfuerzos, llevando a Jude tan profundo cómo podía en su boca sintiendo un cosquilleo en el fondo de su garganta mientras con una mano sujetaba la cadera del contrario y con la otra mano se deslizaba hacía abajo para tocar su propia excitación, acariciándose entre sus piernas.

 

Franco disfrutaba tanto de esto, disfrutaba de practicarle sexo oral a Jude, de sentirlo llenando su boca, el peso, el sabor, todo estallando contra su lengua, por eso se tocaba a sí mismo con intensidad casi desesperada mientras veía desde abajo y con la boca llena cómo a su novio lo dejaba sin aliento.

 

— Dios…— susurró Jude, entrelazando sus manos detrás de su cabeza para hacerlo tragarse toda su pija.

 

Se echó para atrás solo para lamer una vena del pene del inglés, su lengua trazando el camino venoso desde la base hasta la punta mientras sus ojos se alzaban para encontrarse con los de Jude.

 

— Vas a matarme…— dijo Jude, gimiendo.

 

Franco sonrió, con los labios brillantes de presemen.

 

— Venganza, por hacerte el lindo con otras.

 

Luego, volvió a tragárselo entero haciendo que el morocho rodara los ojos y viera las estrellas.

 

El ritmo era implacable y despiadado. Nada más se oía en la habitación que el húmedo y rápido desplazamiento de los labios de Franco abrazando el pene de Jude, su cabeza subiendo y bajando rápidamente, con los sonidos del morocho jadeando retumbando entre las cuatro paredes.

 

Tenía su nariz presionada contra la pelvis de su novio por la garganta profunda que le estaba haciendo, sus mejillas ahuecadas succionando con fuerza y veía cómo la visión ya nublada por el alcohol en Jude, se ponía aún peor por su culpa.

 

Jude maldijo por lo bajo y empezó a empujar ansioso, Franco por supuesto que lo dejó cogerle la boca. Es más, hasta lo incentivó a hacerlo, con sus manos colocándose por arriba para sostener la parte posterior de los muslos del morocho para atraerlo más hacía el calor de su boca.

 

Gimió, roto y desenfrenado contra la longitud en su boca, sintiendo que se ahogaba con esa pija pero muy contento con eso mientras Jude le cogia la boca con fuerza y rapidez, sus testículos golpeando su mentón mientras el sabor de su novio se esparcía por todas sus papilas gustativas. 

 

— ¡Dios! — gruñó Jude, enloquecido.

 

Franco no podía respirar. No le importaba tampoco. Tragó saliva cómo pudo, con lágrimas brillando en el borde de sus ojos verdes y dedos fuertes se aferraron a su corta cabellera con desesperación mientras su boca lujuriosa aguardaba el estallido de placer de Jude.

 

Conocía a su novio, sabía las caras que hacía cuándo estaba por acabar, cómo sus muslos se tensaban, los sonidos que emitía cuándo estaba a punto de largarlo todo, sabía que estaba ahí, al borde del delirio.

 

Pero sin embargo, de un momento a otro, Jude dejó de cogerle la boca abandonando el calor y dejándolo con las ganas de probar el sabor de su orgasmo estallando en su lengua.

 

— Estás loco…— susurró Jude, agitado, mientras limpiaba con el pulgar la saliva que tenía en las comisuras de sus labios — Estás re loco…

 

Franco sonrió. Esa expresión la había aprendido de él. 

 

— You almost made me come…— murmuró — Pero te quiero coger, hermoso… Déjame cogerte.

 

Franco sintió su pulso acelerarse y su respiración cortarse de inmediato.

 

— Sí Jude, cógeme.

 

Por suerte, la barrera del idioma impedía a veces tener una conversación fluida, pero nunca impedía la pasión que se profesaban en la intimidad.

 

Franco se levantó y rodeó a Jude por el cuello besándolo inmediatamente, compartiendo el sabor con el propio dueño de aquel sabor tan dulce mientras caían bruscamente sobre la cama.

 

Jude quedó metido entre sus piernas y deslizó su mano por el muslo de Franco, lentamente fue subiendo muy despacio hasta llegar a su dura entrepierna la cuál apretó con firmeza. Al oírlo gemir por el toque, solo ejerció más fuerza en esa zona con su boca besándolo y mordiéndolo en el cuello.

 

— I want to fuck you so bad… Te voy a coger fuerte Franco… Just the way you like it…

 

Franco asintió, sintiendo que el calor que sentía en su interior se exterioriza por cómo su piel blanca se tornaba algo rojiza por tener a semejante morocho encima suyo y entre sus piernas. 

 

— Dale, seguí entonces y cógeme…— dijo mordiéndose los labios con su entrepierna ya doliendo por lo caliente que estaba.

 

Su novio le sacó el bóxer despacio y lo miró directo a los ojos mientras empezaba a masturbarlo, Franco inclinó la cabeza hacía atrás por el placer, no tardó nada en mover sus caderas hacia arriba para seguir gozando de la mano del inglés acariciando su pija.

 

Jude esbozó una sonrisa al verlo tan carente de atención y se dedicó a mordisquear su pecho junto a sus pezones mientras empezaba a pajearlo con fortaleza, su pulgar restregándose contra la punta llorosa y sus otros dedos acariciando tentativamente sus testículos mientras Franco se empezaba a retorcer de la satisfacción. 

 

— Dios… Sí…

 

A Franco le encantaba cuándo Jude lo masturbaba, ya lo había hecho otras veces en las duchas después de un partido con todos sus compañeros pasando por el vestuario, cuándo estaban en el baño de un avión o cuándo simplemente ya no soportaban sin tocarse. 

 

Realmente a Franco le encantaba que Jude lo toque. 

 

— Me encanta…— susurró, rozando sus uñas y arañando la espalda de su novio.

 

— Y a mi me encanta que siempre estás tan duro cuándo te tocó… 

 

Franco gimió, empujando contra aquella mano, totalmente ido por el éxtasis al que Jude lo hacía caer, en ese espiral de placer al que lo sometía con tanta facilidad y con unos simples toques.

 

Jude sonrió de costado, completamente consciente de que lo tenía bajo su dominio y lo siguió masturbando con velocidad, reduciéndolo a un manojo nervioso de temblores, gemidos y jadeos pronunciando su nombre sin parar.

 

Franco lo besó con ganas, la desesperación impresa en sus labios, apretando su nuca y susurrando contra su boca.

 

— No aguanto más… Dale, cógeme ya…

 

Lo dijo con su mano bajando y agarrando la pija dura de Jude, no lo podría resistir más, iba a acabar ya si el morocho no hacía algo contundente al respecto.

 

Y Franco lo quería todo ya. Todo. Quería que Jude se lo cogiera tan fuerte hasta el punto de hacerlo llorar y que lo dejara sin poder caminar al día siguiente. 

 

Usualmente, los dos disfrutaban de tomarse su tiempo, del juego previo, de la seducción, de tocarse y atenderse mutuamente hasta que la penetración sea la cereza del pastel pero ahora, entre los dos estaban desesperados por sentirse y volverse uno con el otro.

 

Jude asintió, mordiendo su cuello y el lóbulo de su oreja por última vez antes de alejarse, colocándose entre sus piernas y separándolas.

 

— La puta madre…— murmuró, caliente cómo las llamas del infierno al ver cómo Jude escupía obscenamente entre sus dedos para empezar a prepararlo.

 

Se abrió aún más de piernas, gimiendo cuándo un dedo cubierto de saliva se colaba en su interior, luego se sumó otro y uno último, con los minutos ya tenía tres dedos penetrando su agujero, entrando y saliendo mientras Franco clavaba los dedos entre las sábanas buscando algo a lo que sostenerse para no ascender al cielo por cómo el inglés lo estaba abriendo tan bien con sus dedos.

 

— Jude… Ya… Estoy listo… Métemela… No aguanto más…

 

Cuándo Jude asintió y retiró sus dedos, todo el cuerpo de Franco vibraba en busca de más, segundos después, sonriendo, el mayor dejó caer una generosa cantidad de saliva en su erección y la distribuyo por toda su pija a modo de lubricante.

 

— Cómo me calienta que hagas eso.

 

— Ya sé. 

 

Jude ya no dijo ni una palabra porque estaban por hacer algo mucho mejor que hablar, aplastó a Franco contra el colchón mientras lo penetraba callando sus gemidos en un beso ardiente, desesperado, sus bocas ansiosas y hambrientas chocando a la par que Jude llenaba todo su interior.

 

Ya sin la distancia entre sus cuerpos cuándo su novio estuvo completamente dentro suyo se sintió cómo una descarga eléctrica, Jude empezó a moverse, iniciando un movimiento fluido con una seguridad y fuerza que lo dejó ser consumido por el fuego que comenzó a extenderse por su cuerpo.

 

— Ah… sí… Jude, así…

 

Los labios de Franco soltaron la boca del inglés y empezaron a recorrer su mandíbula y morder su cuello a una velocidad desesperante, enredando sus brazos alrededor de esa fuerte espalda y sus piernas envolviendo la cintura del morocho para permitirle un mejor acceso a su entrada.

 

Jude se movía cada vez más rápido y lo observaba sorprendido por cómo gemía cada vez más fuerte, sus pupilas estaban completamente dilatadas por el deseo y Franco nunca lo había visto así, no sabía si era por el alcohol en su sistema o por la calentura del momento pero le encantaba verlo así, tan perdido en hacerlo suyo, cómo si su cuerpo fuera una droga y Jude fuera un adicto a ella.

 

Franco sentía que se quemaba, cada embestida profunda de Jude repercutían de inmediato en su cuerpo, dejando sus nervios a flor de piel provocando que su respiración fuera entrecortada. De su boca escapaban gemidos y jadeos mientras su espalda se arqueaba, buscando desesperadamente más contacto, más fuerza, más velocidad. 

 

Sus manos se aferraron a la espalda de Jude, sus uñas arañando la piel morena buscando más para saciar el hambre que Franco sentía. 

 

— Sí Jude… Dame más fuerte… Rompeme todo. 

 

— Sí, bebé.

 

Obediente cómo siempre, Jude atendió su pedido y empezó a penetrarlo con más velocidad y rudeza, entrando y saliendo, dejando solo la punta de su pija adentro antes de empujar de forma brusca. Franco con la cordura colgando de un hilo, soltó una serie de insultos entre dientes, un “la puta madre” que retumbó por toda la habitación junto al sonido impúdico de sus cuerpos chocando.

 

— Ah Jude… ¡Dios! La concha de su madre… Sos tan grande… Me volvés loco…— gimoteo, retorciéndose en la cama.

 

— Mmh… Franco… Tan apretado… Cogemos todo el tiempo y seguís tan apretado…

 

Era interesante cómo Jude usaba el español solo para lo justo y necesario, cómo ahora, pero no se quejaba, todo lo contrario, cómo le calentaba que le hablará así. 

 

Con una sonrisita perversa, Jude le daba estocadas cada vez más violentas y desesperadas, el mayor lo penetraba con fuerza, tocando una y otra vez su punto de placer haciéndolo gritar con todo su cuerpo temblando por la estimulación recibida, por sentirse tan lleno de él. 

 

Franco ya sentía el orgasmo cerca sin siquiera haberse tocado, el placer que estaba recibiendo era tanto que le nublaba cualquier pensamiento coherente, solo gemía el nombre de su novio mientras anhelaba poder acabar, generalmente tardaban más en llegar a este punto pero el sexo de reconciliación siempre era demasiado intenso y acelerado entre ellos.

 

— Jude… Quiero acabar…— 

 

— Sí bebé… Tócate… Quiero ver cómo acabas para mí…

 

Jude se dio el espacio necesario entre sus piernas para admirar la escena pero sin dejar de penetrarlo con fuerza y de manera tan acertada, porque Jude siempre se lo cogía tan bien.

 

Franco chilló de placer cuándo empezó a masturbarse con prisa, buscando su orgasmo con desesperación mientras veía a su novio moverse entre sus piernas entrando y saliendo sin parar, fascinado por tener a ese hombre llenándolo, por sentirlo hacerlo suyo, fascinado pensando mientras se tocaba en las múltiples diferencias que tenían, desde el idioma, la nacionalidad, sus vivencias, todo lo opuesto que eran pero que no les impedía vivir todo esto juntos.

 

— Mmh… Jude… Sí… Voy a acabar…— susurró, al sentir el orgasmo demasiado cerca.

 

— Sí bebé… Córrete para mí…

 

Franco no tardó más que algunos segundos en llegar al orgasmo, manchando sus dedos y su abdomen con su fluido con un gemido roto por la sobre estimulación que recibía su cuerpo porque Jude no dejaba de cogerlo e incluso lo hizo con más fuerza mientras él llegaba al clímax. 

 

Suspiró, agotado y jadeando con la boca abierta mientras miraba al inglés, esperando que hiciera lo que más le gustaba.

 

En un sólo movimiento, Jude abandonó su interior, lo dio vuelta sobre el colchón poniéndolo en cuatro y rodeó con sus grandes manos toda su cintura antes de volver a meter su pija en su entrada palpitante, penetrandolo con fuerza.

 

Jude agarró los pocos mechones de cabello de su cabeza y estiró de él, haciéndole gemir alto recibiendo las estocadas violentas y algo erráticas del morocho que gruñía cada vez con más desesperación en el tono de su voz, lo conocía para saber que ya estaba por acabar.

 

— Te voy a llenar todo con mi leche cómo te gusta… That’s what you want, right?

 

— Yeah… that’s what I want… Lléname de leche…

 

Por un momento se permitió sonreír. Se enorgullece del vínculo que mantienen, Franco le enseñaba español y Jude le enseñaba inglés. Aunque por el momento y cómo ya estaba demostrado, solo palabras útiles en la cama, pero algo es algo.

 

Franco gritó de placer en el momento en que Jude se corrió en su interior con un gruñido casi animal, llenándolo con su semen caliente en una corrida abundante.

 

Ambos, exhaustos, jadeando fuerte y con el corazón todavía acelerado, con el descenso de la excitación y la adrenalina del acto, Jude salió de su interior con delicadeza, sonriendo al ver su semen caer por sus muslos.

 

El inglés salió de la habitación y volvió rápidamente con una toalla del sanitario para limpiarlo, después de limpiar con cuidado los restos de la pasión derramada, los dos se tumbaron sobre la cama, rendidos.

 

Jude lo atrajo hacía su pecho desnudo, besando su frente y luego dejando un delicado beso en sus labios.

 

— Vos sos mi único sweetheart, Franco.

 

Franco sonrió, no solo por las palabras —que eran hermosas— sino también por lo argentinizado que había sonado Jude al decirlas.

 

— Estás en pedo, quiero que me digas eso cuándo estés sobrio. 

 

Jude sonrió, inclinándose apenas para besar otra vez sus labios.

 

Maybe I'm just drunk in love, baby.

 

Franco negó con la cabeza, pero no discutió. Se acomodó sobre su pecho, sintiendo cómo Jude lo rodeaba con fuerza y dejaba besos cariñosos en su frente, una y otra vez, hasta que el cansancio terminó por vencerlos.

 

Con el oído apoyado sobre su pecho, escuchando sus latidos todavía acelerados —tan parecidos a los suyos—, Franco llegó a una conclusión simple:

 

Que tal vez él también estaba borracho de amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notes:

Si esto fue del agrado de ustedes, un kudo y un comentario nunca vienen mal para este autor.

Muchas gracias por leer 🤍