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amante de cerezo

Summary:

El príncipe Maekar es llamado a los aposentos de su hijo a la hora del lobo.

Ha habido un incidente de naturaleza delicada.

-

o: Maekar tiene la peor noche de su vida y Dunk y Aerion aprenden por las malas sobre la importancia del lubricante y el juego previo.

Notes:

Les juro que esto es mucho menos serio de lo que parece en los primeros párrafos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Nunca lo han despertado en medio de la noche por una buena razón. 

Los guardias y sirvientes están para encargarse de cualquier situación que tome lugar antes del alba sin necesidad de involucrar a su príncipe y señor. Después de todo, Maekar es un hombre al que no llamarían afable aún en sus mejores días; despertarlo sin mérito es como hurgar en la nariz de un dragón con una rama. 

Debido a todo esto, cuando es despertado por los golpes en su puerta, Maekar apenas tiene la oportunidad de parpadear dos veces en la oscuridad antes de que la posibilidad de que un incendio esté consumiendo Refugio Estival se le venga a la cabeza. 

Una vez que responde al llamado, el caballero apostado afuera de sus aposentos le deja saber que la asistenta del maestre Melaquin solicita hablar con él. El pulso se le acelera inmediatamente, el Extraño apagando las llamas en su mente con su ominosa presencia. 

Se pone una bata de seda myrense y sale con el corazón en la garganta. La mirada nerviosa de la joven no lo tranquiliza en lo absoluto. 

—Me disculpo por perturbarlo a estas horas, mi señor. Pero el maestre Melaquin se encuentra en los aposentos del príncipe Aerion —le dice la joven sin mirarlo a los ojos—. Ha habido un incidente y considera que su presencia es necesaria. 

Aerion. Las palmas le sudán. 

¿Qué más queda por hacer que seguirla?

Maekar marcha hacia los aposentos de su segundo hijo como si estuviera por enfrentarse a un ejército. Ni un alma se cruza en su camino, Refugio Estival no despertará hasta dentro de unas horas. Por ahora, la noche y el silencio reinan. 

—¿Qué sucedió? —le pregunta una vez que los guardias han quedado atrás. 

—No lo sé, mi señor. Sir Duncan despertó al maestre Melanquin, diciendo que el príncipe estaba herido… Sonaba alarmado. El maestre fue hacia los aposentos del príncipe y una vez lo revisó, me mandó a buscarlo.

—¿Y qué es lo qué tiene? —le espetó bruscamente. 

La joven se encogió. 

—No lo sé, mi señor. El príncipe solo permitió que pasará el maestre. Yo me quedé esperando afuera con sir Duncan.

¿Es posible ser tan incompetente? 

 Contener un gruñido le cuesta más de lo que está dispuesto a admitir. Hay pocas cosas tan desagradables como el aroma y humor de un alfa nervioso. Dyanna le había dicho una vez que podía ser tan sobreprotector como un omega cuando se trata de sus cachorros. 

A la joven le cuesta seguir su ritmo y termina casi corriendo detrás de Maekar. La urgencia lo apremia, por lo que no se detiene a considerar moverse de forma digna: se apresura a donde su hijo está herido. 

El maestre luce pálido bajo el calor de las antorchas. Una fina capa de sudor hace brillar su frente. 

—Mi señor —lo saluda de forma solemne, como alguien que va a entregar malas noticias—. Alys, puedes volver a la cama. Yo me encargaré de esto.  

La joven no necesita que se lo digan dos veces. Desaparece al final del pasillo en un par de zancadas, como un roedor que huye de una escoba. 

La puerta de los aposentos de Aerion nunca le había parecido tan inmensa e impenetrable. Siente la necesidad de tirarla abajo con sus propias manos. 

—¿Qué sucedió? —pregunta por lo que se siente como la doceava vez. 

El maestre se retorció las manos.

—Lo cierto es que aún no lo sé con certeza. Esperaba que el joven príncipe estuviera más dispuesto a decírselo a usted. 

Maekar frunció el ceño.

—La chica dijo que lo trataste. 

—Así fue, mi señor, y debido a la naturaleza de la… lesión, decidí que lo mejor sería llamarlo. 

Maekar inspiró profundamente. 

—¿Y qué naturaleza sería esa?

—Una delicada, mi señor. El príncipe presenta abrasiones frescas en sus partes privadas. 

Maekar sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. 

—Me ordenó que le preparara té de la luna, pero insistí en revisarlo primero. 

Su boca estaba seca. Maekar se lamió los labios. 

—¿Crees qué…?

No se atrevió a decirlo. Como si pronunciar las palabras fuera a volverlo una realidad. 

—Podría tratarse de una indiscreción —se escucha decir, pero suena desesperado, como si estuviera tratando de convencerse así mismo además del maestre.

—Eso mismo pensé, pero sir Duncan estaba blanco como una sábana cuando llamó a mi puerta y las heridas del príncipe…

El estómago de Maekar amenazó con vaciarse a los pies del maestre.

No quiere escucharlo, no quiere saber los detalles de cómo su hijo fue violentado de la forma más brutal en la que un omega puede ser atacado. Sin embargo, el maestre continúa sin piedad.

—Sus glándulas están intactas, no lo han mordido y no vi señales de que lo hayan golpeado… Pero hay marcas en sus muñecas y me temo que todo indica que lo han anudado, o al menos intentado. Yo mismo limpié la sangre de su doncellez de entre sus muslos, es posible que se haya desgarrado cuando…

Eso es suficiente para Maekar. 

Sin más, abre la puerta de los aposentos de Aerion. 

El fuego que ruge en el hogar es la única fuente de luz en la habitación. Las ventanas están abiertas, dejando entrar la briza nocturna. Un palillo de incienso lyseno se quema sobre el escritorio de su hijo.

 Maekar se adentra con resguardo. 

Divisa primero a sir Duncan, que está cernido sobre la cama, sobre Aerion, con preocupación. Aerion parece casi sereno en comparación, está sentado de brazos cruzados contra la cabecera de la cama, y sus ojos reposan sobre las llamas, apenas hinchados como si hubiese estado llorando. La bata que lleva puesta está entreabierta, exponiendo parte de su pecho pálido. 

—Aerion…

Sir Duncan se sobresalta ante el sonido de su voz, poniendo distancia entre él y el príncipe.

—Padre —Aerion lo saluda con voz tranquila—. Le dije al maestre que no era necesario despertarte, pero veo que los deseos de un príncipe valen poco y nada si se trata de un omega. 

—Esto va más allá de tus deseos —bramó sin paciencia. Dyanna no apreciaría el tono que está usando con su hijo—. Aerion, el maestre dijo que…

Su lengua se tropieza con las palabras, rehusandose a formarlas. 

—Lo que sea que te haya dicho es falso —enunció delicadamente—. Ha habido un malentendido, eso es todo. 

—¿Un malentendido? ¡Fuiste manchado por un alfa! 

Sir Duncan se estremeció y de repente la ira de Maekar encontró un objetivo digno.

—Y tú, ¿dónde estabas cuando pasó esto? ¡Su escudo juramentado!

El alfa empalideció.

—Mi señor…

—¡Callate! —ordenaron padre e hijo a la vez.

Aerion frunció los labios y Maekar entrecerró los ojos. 

—Debería hacer que te castren y enviarte al Muro. 

—¡Padre! —Aerion gruñó, en ese tono que solo puede producir un omega enojado. A Maekar no lo impresiona, poco más que el maullido de un cachorro ante su padre—. Sir Duncan estuvo afuera de mi puerta toda la noche. 

—¿Y cómo fue que sucedió esto? ¿Acaso el alfa se escabulló por la ventana?

La habitación de Aerion se encontraba en el tercer piso, metros sobre el suelo.

—...no hubo ningún alfa, padre. 

—¿Un beta entonces? 

Es información importante, puesto que los guardias deben saber lo más que puedan sobre el hombre que van a cazar y destripar como a un jabalí. 

Aerion sostuvo su mirada y habló con una voz engañosamente neutra.

—No hubo ningún beta, o cualquier otra cosa que te estés imaginando. Como si una bestia común pudiera subyugarme —resopló. 

—¿Qué sugieres? 

Aerion tragó saliva.

—No es el tipo de conversación que uno desee tener con su padre…

—¡Aerion!

—...pero si te tranquiliza, lo haré. Se acerca mi celo, por lo que me encuentro más sensible que de costumbre. 

Hizo una pausa. Maekar ni se inmuto. Tiene seis hijos. 

Aerion se encogió de hombros. Los ojos de sir Duncan se clavaron en el suelo.

—No lograba conciliar el sueño, por lo que me dispuse a buscar alivio sin mucho éxito. No es sencillo para un omega que no está apareado, y en tal estado de necesidad… tomé una mala decisión. 

—¿Y esa sería?

Descaradamente, la mirada de Aerion se movió hacia uno de los postes al final de su cama. Madera de cerezo, rojiza y tallada, pulida y barnizada… 

No. 

Le tomó un segundo darse cuenta que lo dijo en voz alta. 

—Me temo que sí. Sobreestime mi capacidad y grite cuando…

Maekar lo abofeteó. 

Las manos de sir Duncan volaron a su espada, pero no la desenvainó. 

—¿Por qué… Por qué te comportas así? ¡Eres un príncipe, no una zorra común!

Una parte de él suspiró aliviado, pero otra ardió de la vergüenza. 

Nunca había tenido que preocuparse por algo así con respecto a Aerion, no cuando el omega se encarga de dejarle saber a todo aquel que lo escuche que no tiene ningún deseo de mezclar la sangre del dragón con la de una bestia inferior. 

Al menos no se trata de un alfa, se dijo, ni de un beta

Se le vino a la mente lo que el maestre le había dicho.

—¿Y por qué solicitaste té de la luna?

—Ayuda con los dolores. Ya que sir Duncan llamó al maestre sin mi permiso, supuse que podría aprovechar su visita… Pero entonces insistió en involucrarte.  

Un dolor de cabeza comenzó a formarse detrás de los ojos de Maekar. No podría volver a dormir después de esto, pero aún así quería poner la mayor distancia posible entre él y los aposentos de su hijo. 

—Ni una palabra de esto. A nadie. Si escucho un solo susurro sabré que salió de ti. 

El alfa se sobresaltó.

—Por supuesto que no, mi señor. 

—Y tú… No dejaré que te arruines. Desde mañana usarás un cinturón de castidad hasta que te encuentre un alfa adecuado. 

Eso finalmente logró romper su compostura. Los ojos de Aerion se abrieron, alarmados. 

—¡No puedes! ¡Padre! Nadie me tocó, y todos saben que soy un buen jinete, nadie sospecharía si no sangro cuando…

—¡Basta! ¡Ya oí lo suficiente! —Maekar se giró hacia el caballero—. Sir Duncan, no le quites el ojo de encima. Te haré responsable de cualquier comportamiento inapropiado. 

El caballero solo pudo asentir, profundamente incómodo. Maekar desearía no haber tenido esta conversación en frente suyo, pero ya estaba al tanto de la situación de todas formas. 

Él lo escuchó gritar y probablemente fue quien lo apartó del…

Miró ferozmente al poste de la cama. Tendrá que hacer algo al respecto si Aerion encuentra la forma de remover el cinturón. 

Sin más, se fue.

 

-

 

—Creo que deberíamos aprovechar el tiempo que nos queda.

Dunk levantó la cabeza de donde estaba enterrada en sus palmas. 

—¿Cómo puede pensar en eso ahora?

—Estoy pensando en que mi coño no verá la luz del día hasta que me encuentren esposo, por lo que te sugiero que lo uses mientras puedas.

Dunk balbuceó.

—Pero… Está herido. 

Aerion hizo una mueca. 

Todo había sucedido muy rápido. 

No fue una mentira que se despertó en medio de la noche ardiendo de deseo, pero no le dijo a su padre que lo que más pesaba era la necesidad de ser ultrajado por su noble caballero. 

Dunk lo deseaba y Aerion lo sabía. Meses y meses de tenerlo cerca y a la vez tan lejos solo habían hecho que el hambre creciera y se convirtiera en una bestia feroz. Su pequeña danza culminó en el caballero entrando a sus aposentos luego de que Aerion le diera una probada del aroma que nacía entre sus muslos. 

Desafortunadamente, las cosas solo fueron cuesta abajo desde que subieron a la cama. 

Aerion estaba mojado, sí, pero no lo suficiente. Y en su afán por llegar al evento principal, temiendo que Dunk entre en razón antes de darle una probada de su miembro, se abrió de piernas muy rápido y permitió que el caballero lo penetrara después de unas torpes caricias. 

Dolió, sí, pero Aerion difícilmente es una frágil doncella. Hubiera podido lidiar con el gran tamaño del alfa si no fuera por el hecho de que este anudo sin aviso apenas logró meterlo por completo. 

Gritó, más que nada de la sorpresa, y unas lágrimas se le escaparon de los ojos sin permiso, lo cual asustó al alfa y lo hizo tirar hacia afuera. El nudo no salió con facilidad. La sangre solo lo espantó aún más. 

—Lo siento —dijo Dunk suavemente, otra vez.

Aerion rodó los ojos. 

—Ya sé cómo podrías compensarme…

Se abrió de piernas ligeramente, dejando que la bata se deslice sobre su cuerpo y desnude su piel. Pero no encontró una gota de deseo en la mirada del alfa, solo aprensión.

Aerion suspiró, frustrado.

—Después de todo lo que dije para que conservaras el miembro… Y te niegas a usarlo. 

—Sigo sin saber cómo pudo mentirle así a su padre.

—La otra opción era que te corten el miembro, y no iba a dejar que eso pase antes de que me diera un par de gustos. 

Dunk enrojeció. 

Sus dedos acariciaron el talón de Aerion tímidamente. 

—Lamento decepcionarlo, pero no lo usaré esta noche.

El omega frunció el ceño, pero Dunk apartó el resto de la tela y expuso por completo la mitad inferior de su cuerpo. 

—¿Qué piensas hacer, caballero?

El alfa se lamió los labios. 

—Algo que vi en un burdel. Apárteme si le disgusta. 

Aerion se recostó contra las almohadas y cerró los ojos.

Notes:

¡Espero que les haya gustado! Y si así fue, déjenme saberlo <3 Me mantiene motivada.

Tal vez termine escribiendo una segunda parte que incluya lo que paso antes de que tuvieran que llamar al maestre jaja, me encanta una buena y desastrosa primera vez.

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