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Language:
Español
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Published:
2026-04-16
Updated:
2026-06-22
Words:
13,033
Chapters:
3/?
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27
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74
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965

All We Are Is A Memory

Summary:

Cuando Frank considera buena idea la propuesta de Gerard sobre cómo celebrar su cumpleaños, él piensa que será una noche entre bromas como cualquier otra. Sin embargo, el universo parece querer jugar un poco con él, enviándolo directo a una realidad que desconoce.

Chapter Text

Frank siempre había soñado con salir de gira con su banda. Cuando era más joven y se imaginaba a sí mismo dedicándose a la música, siempre estaba presente el aspecto de las giras. Pensaba en la emoción de subirse a un escenario con un gran público esperando por su banda, coreando sus canciones, gritando sus nombres, emocionándose cuando comenzara a sonar su canción favorita. Ahora estaba teniendo todo eso junto a personas que consideraba familia, y eso era mucho más de lo que había podido soñar alguna vez.

—¿Vas a comerte eso? Me muero de hambre —preguntó Mikey, señalando una barrita de cereal a medio abrir que Frank sostenía en sus manos mientras se perdía en su propia mente mirando a través de la ventana del autobús.

—Perdona, ¿qué dices?

Mikey suspiró y le arrebató la barrita sin esperar ninguna respuesta afirmativa, bajo la atónita mirada de Frank.

—En mi defensa, te lo pedí amablemente.

Frank suspiró, negando con la cabeza mientras veía a Mikey comer una de las pocas cosas comestibles que tenían ahí dentro.

Quizá, Frank omitía el viaje en sí mismo como parte de sus fantasías de giras.

Convivir en un espacio tan pequeño podía ser problemático a veces. “Privacidad” era una palabra que desconocía durante esos instantes, al igual que tal vez la palabra “ducha”, y quizá era una de las cosas que más le estresaba de todo aquello. Comprendía que todo era parte de, y que disfrutar del proceso era todo lo que debía hacer, pero extrañaba bastante la sensación de un agradable baño con agua caliente y mucho, mucho jabón.

De alguna manera, su nariz se había acostumbrado al terriblemente desagradable olor del bus.

Decidió que no le importaba el hurto de su barrita, iban a detenerse a comer en unos instantes después de todo. Podía esperar un poco más.

Dejó a Mikey que volvía a estar absorto en su teléfono para ir a la zona de las camas, no necesariamente buscando la suya.

Podía escuchar los suaves ronquidos de Ray y Bob cuando se deslizó silenciosamente en la cama de Gerard.

—Hey, ¿qué estás haciendo, Gee?

Gerard se movió para dejarle espacio sin siquiera preguntar o quejarse al respecto. No era necesario, hacía tiempo que ya no lo era.

—Estaba boceteando un poco —Gerard giró el cuaderno que tenía en sus manos para mostrarle a Frank exactamente a qué se refería, pero luego hizo una mueca al dejarlo a un lado bajo la almohada junto a su lápiz. Frank apenas había podido registrar de qué se trataban los bocetos con tan poco tiempo.

—Y no te gusta, ¿verdad?

Gerard no tenía que decírselo directamente, Frank ya lo sabía.

—No es tan bueno, quizá sea un concepto estúpido.

—Eres demasiado crítico contigo mismo.

—¿Qué sentido tendría no serlo?

Bueno, él tenía un punto. Gracias a ser críticos consigo mismos habían conseguido grandes resultados como banda. No era algo malo cuando ser crítico te llevaba a impulsarte, pero tenía la sensación de que Gerard estaba más bien saboteándose a sí mismo.

Envolvió la cintura de Gerard con un brazo de forma perezosa, simplemente dejando descansar la mano en su cintura. Comenzó a dibujar pequeños círculos con el pulgar sobre la zona, buscando relajarlo y distraer su mente.

—Eres la persona más creativa que conozco, te besaría el cerebro si pudiera y sabes que lo digo en serio.

Observó cómo Gerard mordía su propio labio inferior, desviando la vista unos segundos antes de atreverse a soltar:

—¿Es lo único que besarías?

Frank sonrió ante esa pregunta, y no dudó ni un solo segundo en tomar los labios de Gerard en un suave beso. No necesitaban nada más en ese momento, no había prisas, no había presiones; solo eran dos personas disfrutando de un momento donde solo parecían existir los dos. El mundo entero pareció silenciarse por un momento.

Pero, por supuesto, las cosas nunca eran tan perfectas.

—Si ya acabaron de derramar azúcar será mejor que vengan, vamos a bajar a comer —anunció Ray, cuya voz parecía la de alguien que había sido despertado unos pocos segundos atrás.

Tras dejar un último beso sobre la punta de la nariz de Gerard, ambos abandonaron la cama.

 

 

 

—Y bien, Frank, ¿ya sabes qué vas a hacer por tu cumpleaños? 

Frank se detuvo un momento al escuchar la voz de Ray, la cuchara llena de comida que sostenía quedó suspendida en el aire antes de volver a bajar al plato. Lo cierto era que no lo había pensado con detenimiento. Usualmente sus cumpleaños no eran difíciles de planear y, por la fecha, una fiesta de disfraces nunca era una mala opción. Jamás le daba demasiadas vueltas al asunto y, teniendo en consideración lo ocupados que habían estado esas semanas, apenas había tenido el tiempo de incluso recordar la fecha.

—He oído que hay una casa embrujada por la zona en la que estaremos esos días. Ya saben, fantasmas y esas cosas. ¿Quizá es un buen plan para Halloween?

Viniendo de Gerard, ese tipo de idea le sorprendía más bien poco. Era algo que hasta podría haber adivinado si le hubiesen dado la oportunidad de hacerlo. Gerard había estado bastante interesado en las historias de terror que circulaban por Internet, así que más bien se preguntaba cómo es que no lo había sugerido antes.

—¿Qué es exactamente lo que propones? —preguntó Frank antes de llevarse por fin la cuchara a la boca, solo por querer saber qué pasaba exactamente por la cabeza de Gerard. Lo cierto era que le habría dicho que sí sin siquiera tener información sobre los detalles, pero era una persona curiosa, especialmente si tenía que ver con él.

Gerard se encogió de hombros, aparentemente considerando qué proponer a continuación cuando estaba claro que ya había pensado en ello. Frank había podido leer a través de ese gesto, pero no se lo haría saber.

—Últimamente internet está lleno de historias de terror, rituales de invocaciones y ese tipo de cosas.

—¿Invocaciones? ¿No es algo repetitivo? —intervino Mikey, que estaba aparentemente absorto en su teléfono pero escuchaba atentamente todo lo que se estaba hablando allí.

—¿Entonces qué propones? —Ray levantó una ceja, observando al menor de los hermanos que no les había dirigido ni una sola mirada desde el inicio de la conversación.

—Tenemos tiempo de pensar y buscar ideas, aún faltan algunas semanas —respondió Mikey, y Frank apretó los labios conteniendo una risa.

En cuanto terminaron de comer, juntos se pusieron en marcha para regresar al autobús de la banda. A propósito, Frank caminó un poco más lento que los demás, buscando quedarse ligeramente detrás al abordar casualmente a Gerard.

—A mí sí me gustó tu idea —le hizo saber. —Creo que es genial.

Lo cierto era que a Frank le gustaría cualquier cosa que Gerard propusiera, solo porque se trataba de él. Y Gerard lo sabía.

Él le dedicó una suave sonrisa, sin decir nada más.

Su relación con Gerard siempre había sido… complicada. Eran muy buenos amigos, de eso no había duda, pero esa era una etiqueta demasiado simple para todo lo que realmente ocurría entre ellos.

Había algo en Gerard que a Frank siempre le había resultado inevitablemente atrayente desde el minuto en que lo conoció, tanto que había terminado prácticamente orbitando a su alrededor apenas siendo consciente de ello. Quizá era su rostro delicado, quizá la manera en la que hablaba de las cosas que le apasionaban cuando alguien le prestaba un poco de atención a lo que tenía que decir, quizá eran las pobres habilidades sociales que demostraba tener cuando intentaba acercarse a conversar con alguien. Había sido testigo en primera persona de esa torpeza social tan característica, de cómo le costaba seguir una conversación pero lo intentaba con entusiasmo, de cómo a veces se trababa al tratar de expresar alguna idea que tuviera en su cabeza, de cómo se emocionaba cuando alguien podía seguir el hilo de sus pensamientos.

De alguna manera, todas aquellas pequeñas cosas que hacían a Gerard ser… Gerard, le parecían increíblemente dulces. Y Frank realmente nunca supo en qué momento terminó cayendo de esa forma por él hasta que ya estaba hundido hasta el cuello.

Frank se había visto a sí mismo más de una vez buscando a Gerard entre el público cuando tocaba con Pencey Prep, más de una vez le había invitado a subir con él con la excusa de necesitarlo para cantar sus coros solo porque eso significaba verlo un poco más, y más de una vez había estado él mismo entre el público solo para ver a Gerard en un escenario con su propia banda. Le gustaba estar cerca de él, como un cachorro que sigue a su humano favorito a donde quiera que vaya solo por el placer de su compañía, y aquello solo se acentuó cuando Gerard le invitó a unirse a la banda después de que Pencey Prep se disolviera oficialmente. Durante un momento se había sentido como la protagonista de alguna tonta novela romántica adolescente, donde su interés amoroso por fin se fija en ella y comienza a convertirla en parte de su mundo. Frank podría haber gritado de emoción en ese instante, y solo se contuvo por lo poco apropiado que hubiese sido en realidad.

Frank podía percibir por parte de Gerard un interés similar al suyo, podía sentir la electricidad cada vez que estaban cerca el uno del otro, la necesidad mutua de tocarse, de estar en contacto aunque solo fuese un momento. Nunca habían hablado de ello, pero estaba ahí. Estuvo ahí la primera vez que se miraron más de la cuenta, la primera vez que decidieron compartir un beso, la primera vez que se habían entregado el uno al otro en la oscuridad de una habitación. 

Pero su vida no era una novela adolescente, y él no era el protagonista de ningún relato amoroso cursi con un vomitivo final rosa lleno de arcoíris y corazones.

Frank no sabía qué significaba para Gerard todo lo que compartían. Sabía lo que significaba para sí mismo y a dónde quería llegar con ello, pero estaba perdido en cuanto a conocer las intenciones de Gerard. Era como sentirse solo en medio de la calle con una densa neblina rodeándolo en pleno invierno. No era capaz de ver más allá de sus zapatos, ver más allá de sí mismo, sabiendo que Gerard estaba en algún lugar fuera de esa pared nubosa que no podía disipar aunque quisiera y que le impedía llegar a él.

No quería preguntarle nada directamente tampoco. Sería incómodo, ¿no? La típica conversación sobre “qué somos” que usualmente termina de destruir todo lo que alguna vez pudo ser. Lo cierto era que Frank tenía miedo de obtener una respuesta directa a esa pregunta, tenía mucho que perder en el proceso de conocer esa verdad, y lo cierto era que prefería mantener la dinámica que tenían a la espera de que las cosas avanzaran naturalmente en lugar de tomar riesgos absurdos y echar a perder cualquier oportunidad que pudiera existir de ser algo más.

Quizá no era la mejor estrategia, pero era la que había elegido.

No quería presionar a Gerard.

No cuando estaba en ese limbo en el que sentía eran todo y nada al mismo tiempo.

Frank no quería llegar a ser nada.

 

 

 

—Feliz cumpleaños, Fankie.

La mañana de su cumpleaños, Frank se había despertado con un muy entusiasmado Gerard colándose en su cama y besando ruidosamente su mejilla.

Si pudiera despertar así todos los días la vida mejoraría considerablemente, de eso estaba seguro.

—Buenos días —murmuró con una sonrisa mientras frotaba uno de sus ojos con pereza. —¿No te parece que es demasiado temprano? —Tomó a Gerard de la cintura y se apoyó ligeramente en su pecho, como si pretendiera usarlo de almohada para seguir durmiendo un poco más.

—No lo es —riendo, Gerard había palmeado uno de sus hombros en busca de hacerle espabilar. Frank abrió los ojos con una mueca de desagrado. —No me mires así. Tengo algo para ti.

Fue entonces cuando Frank realmente despertó, incorporándose un poco con ojos expectantes, como un cachorro que espera a que su dueño saque una golosina de su bolsillo.

—Está bien, no vayas a reírte… —Gerard sacó de su bolsillo lo que parecía ser una especie de talonario hecho con hojas de cuaderno grapadas entre sí, cada una de ellas presentando dibujos hechos por él de ellos dos en diferentes situaciones de acuerdo al texto que los acompañaba, y se lo entregó en las manos.

Frank hojeó el talonario hecho a mano durante unos segundos.

—¿Son vales? —preguntó, mirándolo con diversión mientras levantaba ambas cejas.

—Sí, ¡no te burles! No hemos tenido tiempo estas semanas ni para respirar, es solo hasta que pueda conseguirte un regalo de verdad. —Gerard se veía algo apenado, con sus mejillas ligeramente rosadas al considerar que tal vez ese regalo provisional quizá no había sido tan buena idea.

Los ojos de Frank estaban llenos de ternura mientras miraba lo que tenía entre sus manos. No necesitaba un “regalo de verdad”, ese ya era un regalo de verdad. Gerard era un regalo de verdad.

—Me encanta, gracias —y era completamente honesto al decirlo.

Gerard parecía feliz con ello, con una timidez casi adolescente mientras Frank revisaba con calma cada vale.

—¿Vale por un masaje con final feliz? Creo que quiero usar este ahora mismo…

—¡Ah, no, claro que no! Al menos esperen a que el autobús esté vacío, qué asco —gritó Mikey desde la cama de al lado. Quién sabe cuánto tiempo había estado escuchando sin querer hacerse notar. Frank y Gerard compartieron risas cómplices mientras molestaban a Mikey fingiendo comenzar con ello.

 

 

 

—Bien, aquí es —anunció Gerard una vez estuvieron frente a la antigua propiedad.

Finalmente había logrado convencerlos de que una noche de terror en Halloween sería divertida.

Días antes del cumpleaños de Frank, Gerard se había tomado el tiempo de ir a un ciber café y recopilar e imprimir algunas de sus historias de terror favoritas que rondaban en Internet, la mayoría de ellas seleccionadas por contener rituales que supuestamente funcionaban en realidad. Ninguno de ellos creía realmente en la veracidad de esas historias ni en la efectividad de dichos rituales, pero al menos podrían divertirse un rato con ello. Al menos eran algo distinto a la clásica ouija.

—¿Solo entramos y ya? ¿Esto no tiene ningún tipo de seguridad?

—Está abandonada, Mikey. —Gerard puso los ojos en blanco, negando un par de veces con la cabeza.

—Entremos ya, antes de que alguien nos vea merodear por aquí —sugirió Ray.

Ciertamente no se veía como un barrio muy concurrido. Era la noche de Halloween y apenas se podían ver un par de luces a unas casas de distancia. Casi no había decoraciones en ningún lugar y, desde luego, tampoco había niños pidiendo dulces en las puertas de las viviendas.

—Procuren no cagarse en los pantalones, no trajimos ropa de cambio. —Bob, que había decidido no participar, se había quedado en el auto estacionado justo frente a la casa. Había llevado sus audífonos y su teléfono para pasar el rato mientras les esperaba, y les hacía un gesto con la mano para instarlos a que hicieran de una vez lo que habían ido a hacer.

Frank rió por aquella broma, la cual esperaba que solo se quedase en eso.

—Iré primero —anunció, y trepó la pequeña reja que separaba la acera del patio principal. Pudo sentir a los demás chicos hacer lo mismo detrás de sí, los cuatro observando en todas direcciones a la descuidada propiedad.

La maleza crecía sin control a ambos lados de un estrecho camino de piedra que llevaba hasta la puerta, la cual tenía el pomo roto y ya parecía haber sido forzada un par de veces. Colgaba extrañamente de lado en medio del umbral, complementada a los costados por dos grandes ventanas con marcos de madera roìda y vidrios rotos y polvorientos. No había duda de que nadie habitaba el lugar desde hacía años, y nadie se había molestado tampoco en reclamar el terreno. Frank se preguntó por un segundo por qué nadie había reclamado el terreno, pero dejó de pensar en ello cuando Mikey se adelantó para acercarse despacio a una de las ventanas de la casa.

—Por dentro es un asco, pero está completamente vacía —anunció, sin dejar de observar el interior.

—Eso son buenas noticias —Gerard pasó por su lado, abriendo despacio pero con decisión la puerta principal.

La tenue luz de la luna y la de una farola de la calle era lo único que aportaba algo de visibilidad a una sala de estar sin muebles, con una chimenea de piedra al fondo, y una escalera de madera que conducía directamente al segundo piso. Todo lo que estaba en su campo de visión estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, tanto que los pies de los cuatro chicos dejaban huellas sobre el suelo a cada paso que daban.

Gerard dejó la mochila que llevaba en los hombros en medio de la sala y tomó asiento mientras Ray cerraba la puerta principal. Encendió una pequeña linterna que llevaba en su bolsillo para aportar algo más de luz y comenzó a sacar todo tipo de objetos que acomodó en el piso, desde velas hasta una bolsita de sal, pasando por algunos pequeños peluches y elementos que Frank no fue capaz de identificar. También había llevado varias latas de bebidas.

—¿Qué es todo esto? —Frank preguntó con curiosidad, sentándose frente a él sin importar llenarse de polvo en el proceso.

—Todo lo que necesitamos para llevar a cabo los rituales. Investigué bien y todo tiene su utilidad, ya lo verás.

Gerard le dedicó otra de esas cálidas sonrisas con un pequeño toque de travesura en ellas, una de esas que hacían que su corazón pareciera saltarse un latido dentro de su pecho y dejara de respirar por un segundo.

—Bien —preguntó Ray mientras Mikey y él tomaban asiento también a cada lado de ellos, formando una especie de círculo—, ¿con qué empezamos?

 

 

 

Gerard observaba cuidadosamente cada hoja impresa que había traído consigo, tratando de averiguar si había algo que hubiese pasado por alto a la hora de preparar los materiales necesarios. Habían probado de todo, desde llamados a supuestos espíritus hasta invocaciones a entidades diversas que no se habían molestado en responder el llamado. Ninguno de ellos pensaba que nada de eso funcionaría en realidad, y estaban allí más por el gusto de hacer juntos algo “apropiado” para la fecha que por una creencia genuina en ese tipo de cosas.

—Admito que casi me cagué un poco cuando ese gato aterrizó en el techo, estaba demasiado metido en el ambiente —Frank descansaba casualmente apoyado con sus brazos hacia atrás para sostener su peso, riendo al recordar el salto que todos habían dado al escuchar el fuerte y repentino estruendo al estar inmersos en ese ambiente de misterio que pretendían crear.

—¿Tienes algo más ahí? —Mikey se dirigió a Gerard mientras jugueteaba con la linterna ya apagada, haciéndola girar en su mano. La estancia estaba ahora iluminada gracias a una serie de velas encendidas a su alrededor, situadas en las posiciones estratégicas que se exigían en el último ritual que habían intentado.

—Tengo algo más —Gerard asintió, apartando una de las hojas impresas y colocándola en el centro del círculo, a plena vista de los otros tres chicos.

—¿Para qué es esta vez? —cuestionó Ray, girando un poco su cabeza para lograr leer algo de lo que decía la hoja.

—Intercambiar lugar en el tiempo —respondió alegremente, levantando ambas manos frente a sí para hacer callar a los demás chicos antes de que comenzaran a hacer las preguntas obvias. —Es decir, contigo mismo en el futuro, si es que eso tiene sentido.

Frank entrecerró los ojos, tratando de comprender a qué se refería Gerard exactamente, y pudo ver que Ray y Mikey estaban teniendo el mismo problema que él.

—Está bien, imaginen esto: ustedes, con su aspecto actual, harían una especie de viaje temporal hacia el año del futuro que elijan, mientras su yo futuro viajaría hasta este momento conservando su aspecto y sus recuerdos de ese entonces. —Con ayuda de un lápiz, Gerard trazaba dibujos sobre la hoja de papel para ilustrarles a los demás su explicación. —Solo es necesario elegir el año, ya que el momento del futuro al que llegarían será equivalente a este día; es decir, un 31 de octubre a la hora en la que se marchen. Es como un intercambio: no se toparían con su yo futuro porque él estaría aquí con nosotros la misma cantidad de tiempo que ustedes que estén fuera.

Frank admitía que eso sonaba interesante. Se alejaba bastante de todo lo que habían probado hasta ahora, y la verdad es que estaba un poco cansado de las invocaciones a espíritus que brillaban por su ausencia.

—¿Eso no sería peligroso? —apuntó Ray, como si estuviese considerando con seriedad la idea. —Quiero decir, nuestro yo futuro podría venir aquí y alterar completamente la línea temporal.

Ray tenía razón. Todos habían visto suficientes películas sobre viajes en el tiempo como para saber que nunca era tan buena idea como sonaba.

—Esa es la mejor parte —sonrió Gerard, balanceándose ligeramente en su lugar. —Al regresar, lo harían exactamente al momento desde el que partieron. Sin alteraciones. Sería como si nunca hubiese sucedido.

—Pero, en ese caso, podríamos ser nosotros al volver quienes alteráramos el futuro al conocer parte de él —razonó Frank, observando los rostros de sus amigos en busca de validación.

—Frank tiene razón —coincidió Mikey—, podríamos volver al punto de partida y estropear todo de ahí en adelante si es que quisiéramos cambiar algo.

—O terminar provocando accidentalmente aquello que querramos evitar —intervino Ray. De pronto, aquella conversación se había tornado bastante seria.

—Aquí dice… —Gerard comenzó a leer la hoja con la información— que no es un viaje temporal real, sino como una especie de ventana al futuro. Solo el viajante recordaría lo sucedido.

—¿Cómo se supone que funciona eso? —preguntó Frank con los ojos entrecerrados, visiblemente confundido.

—No lo sé, yo no hago las reglas —el chico frente a él se encogió de hombros—. Aquí solo dice que hay que procurar no conocer demasiado, habla de consecuencias en la psique del viajante y ese tipo de cosas, no de posibles alteraciones temporales.

“Ese tipo de cosas”. No sonaba como algo muy seguro de hacer.

—Si ese es el caso, el viajante sigue pudiendo alterar eventos de los que tenga conocimiento al volver aquí. ¿Eso no crearía un bucle temporal? —Mikey parecía decidido a atar todos los cabos sueltos.

—¿Donde haya un futuro al que el viajante vaya y paralelamente un nuevo futuro que se cree a partir de sus decisiones? —cuestionó Ray.

—¿Asumo que tienen miedo? —Gerard sonrió maliciosamente, e hizo el amago de comenzar a guardar los utensilios necesarios. —En ese caso, supongo que podemos irnos…

—No tengo miedo —respondió Frank.

No tenía miedo, por supuesto que no. Era solo un tonto ritual de internet, y estaban siendo todos un poco estúpidos al tomárselo tan en serio. Como si realmente fuera a funcionar, ¿no? Nada de lo que habían probado esa noche había dado resultados, y no tenían motivos para creer que esta vez fuese diferente. No era como si ese tipo de cosas fuesen posibles. Simplemente jugarían un rato más como lo habían estado haciendo y volverían al autobús a continuar con la gira.

—Perfecto —sonrió Gerard. —Y, como eres el cumpleañero, creo que deberías ser tú quien lo probara.

Frank suspiró, cerrando sus ojos con pesadez durante unos segundos y sopesando las posibilidades.

En serio, ¿qué era realmente lo que podía pasar?

—Está bien. Hagámoslo.

 

 

 

Cuando Frank despertó por la mañana lo hizo cansado y algo adolorido. Se removió entre lo que se sentían como suaves sábanas con aroma a limpio, y hundió su rostro en la cómoda almohada que parecía invitarlo a quedarse ahí un poco más. Sin embargo, dentro su estado de somnolencia, una sensación de confusión le invadió al percatarse en algún lugar de su mente que esa cómoda cama donde ahora descansaba definitivamente no era la incómoda y dura cama de su autobús.