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Español
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Published:
2026-04-18
Words:
3,208
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1/1
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8
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124
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947

it’s like… inevitable.

Summary:

lautaro moschini es muy buen profesor.

también es muy adorable.

Notes:

ADVERTENCIA!! (moski dice que no un par de veces pero igual manuel sigue, no es gráficamente noncon pero igual)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

manuel tenía un problema.

un problema que media menos de 1,70, usaba unas gafas que hacían que sus ojos marrones se viesen más grandes y luminosos y se arremangaba los suéteres más lindos que manuel ha visto hasta los codos.

el profesor lautaro moschini impartía una clase que a manuel no podría importarle menos. nunca realmente le importó el comercio exterior hasta que se dio cuenta que el profesor de dicha asignatura tenía el mejor culo de toda la universidad, y su elección de pantalones no hacían nada para ocultar ese hecho.

hasta tuvo la osadía de comenzar a sentarse hasta adelante.

la asignatura solo la veía una vez cada semana, y con cada clase que pasaba manuel no podía entender cómo es que un ser humano tan inteligente y perfecto terminó dando clases en una universidad cualquiera. incluso con la iluminación terrible del salón, la cual hacía que todo el mundo se viera el doble de cansados, el profesor moschini resaltaba como una entidad delicada y luminosa, como si fuese esa clase de pinturas en un museo a las cuales le ponen un cartel de no tocar.

pero manuel quería tocar.

quería tocarlo mucho, de hecho.

pero lo que realmente hizo que perdiera la cabeza completamente fue darse cuenta de que el profesor aparte de ser guapo resultó ser escandalosamente adorable. sonría de forma entrañable cada vez que alguien tenía una pregunta para hacerle, se tomaba el tiempo de escuchar mientras asentía lentamente con la cabeza y se sonrojaba hasta el cuello cuando manuel se le quedaba mirando fijo por mucho tiempo. nunca consideró que alguien siendo completamente adorable fuese algo que le pareciera atractivo, pero al juzgar las ganas de consumir al profesor moschini cuando este se sonrojaba inconscientemente, supone que la respuesta es un si.

cada vez que el profesor se sentaba en el escritorio mientras explicaba algo manuel no podía pensar en otra cosa más que ir ahí y abrirle las piernas, quería subirle ese estúpido y ridículamente lindo suéter hasta los pezones pasa poder chuparlos hasta que quedaran rojos, aveces quería ir y comerle la boca. tal vez sus lentes caerían al suelo.

manuel no era de esa clase de personas que se reprimían y esperaban en silencio. él se veía bien, lo sabía, antes tal ve era demasiado delgado pero desde que se inscribió en clases de boxeo el verano pasado había podido ganar musculatura, eso combinado con sus ojos verdes y cabello negro parecía ser suficiente para que las chicas de la universidad encontraran su instagram o quisieran acercarse a él. aveces chicos, incluso, pero tal vez… ¿el profesor lautaro sería diferente?

manuel también era una persona inteligente. sabía cómo moverse y hacer las cosas, así que no le fue muy difícil idear una especie de plan para que profesor de cabellos rubios lo notara.

se sentaba adelante todo el tiempo, hacía preguntas que sabía que a lautaro le encantaba responder, le agradecía al final por lo buena que había sido la clase. manuel simplemente quería convertirse en ese estudiante del cual el rubio se acordara luego de cada clase, quería convertirse en un alumno ejemplar y tal vez algo más.

lautaro no tenía porqué enterarse de que estaba básicamente encima de él por razones no muy académicas. si manuel estaba mal de la cabeza ese era completamente asunto suyo.

(…)

manuel tenía unos 12 años cuando su mamá le intentó explicar qué significaba ser una persona manipuladora. como la buena psicóloga que era, hizo todo lo posible para ser sutil y explicarle con la mayor claridad que aveces tendía a ser un poco… manipulador.

el manuel de 12 años lo había entendido, pero ahora, 11 años después, no cree que ha cambiado demasiado.

puso una cara de preocupación que podría ganar tranquilamente un premio de la academia mientras veía su laptop, esperando a que todos los alumnos terminaran de salir del salón para poder poner en práctica su siguiente movimiento.

“¿profesor moschini?”

lautaro apartó la vista de laptop para poder mirarlo, viendo a su al rededor como si apenas se hubiese dado cuenta que ya no había nadie más en el aula a excepción de él y el chico de ojos verdes. “manuel, ¿pasó algo”? preguntó, mirándolo a través de sus gafas redondas.

“yo… me da mucha pena, porque te juro que sos de los pocos profesores a los cuales les entiendo todo, pero hay un tema que no me termina de cerrar.”

la respuesta fue la que manuel esperaba. el rubio se levantó y se acercó a él, con una expresión de consternación que le resultaba inevitablemente adorable.

“no te tiene porqué dar pena, manuel, el tema que estamos viendo se le dificulta a mucho de los estudiantes, es completamente normal… ¿descargaste el libro que recomendé la clase anterior?”

“si, pero por más que lo leo no llego a entender muy bien cuáles son los puntos en los cuales me tengo que concentrar.” dijo, honestamente diciendo cualquier cosa. ni siquiera había descargado el libro todavía.

el rubio guardó silencio un momento. manuel podía ver claramente en cómo su cerebro intentaba pensar en algo para poder ayudarlo. dejando su obsesión de lado, creía genuinamente que moschini era muy buen profesor.

“sé que no debería, porque la idea es que ustedes como estudiantes analicen y saquen sus propias conclusiones, pero todavía tengo el libro que yo usé para esta clase hace unos años atrás, si querés yo-“

“si, por favor.” manuel asintió un par de veces, sin importar si se veía un poco desesperado. el rubio sonrió un poco.

“bien, entonces podés pasar a buscarlo a las… bueno, de hecho mi última clase de hoy es hasta las 5, no sé si querés pasarte por mi oficina a esa hora y así yo te lo puedo prestar.”

“si… si, gracias, de verdad me vendría bien.”

“entonces nos vemos más tarde. también te podría ayudar con cualquier duda que tengas.” le dedicó una sonrisa cálida antes de regresar a su escritorio.

manuel recogió sus cosas y salió del salón, dejando que su expresión falsa de preocupación se desvaneciera por completo.

(…)

 

la oficina era tal y como esperaba. pequeña, un poco ordenada hasta cierto punto y sorprendente luminosa.

manuel dejó su mochila en una de las sillas frente al pequeño escritorio mientras veía como el profesor moschini se ponía de puntitas para intentar alcanzar un libro de uno de los estantes.

yendo tal vez demasiado lejos, manuel se acercó, sintiendo el sutil aroma a vainilla que desprendía el rubio. puso una de sus grandes manos en la espalda baja del profesor y aprovechó los centímetros que le sacaba para poder alcanzar el libro sin problema. pudo percibir como el cuerpo más bajo se tensaba un poco antes de que lautaro se alejara de él.

“¿cuando llegaste…?”

“literalmente hace unos segundos, la puerta estaba abierta, por eso no toque.”

el rubio asintió en comprensión antes de carraspear un poco contra su puño. sus manos también eran muy pequeñas, manuel había notado eso… demasiado.

“okay, ese libro que tenés en la mano es el que tiene las notas de los temas que de seguro te ayudarán a entender más, así que no vas a tener ningún problema cuando se vengan los exámenes.”

“bien… me dijiste que me podías ayudar si tenía una duda, ¿verdad?”

“si, ¿qué dudas tenés?” vio atentamente como el rubio se pasaba una mano por el cabello antes de tomar asiento en la esquina del escritorio, tratando de aparentar una calma que era claro que no sentía. manuel se volvió a acercar.

“¿te molestó cuando te toqué?”

vio como los grandes ojos marrones se abrían con sorpresa y otra vez el color rojo empezaba a teñirle las mejillas.

“n-no yo… me tomó por sorpresa, eso es todo.” ¿acaso había tartamudeado? manuel no podía aguantar más la presión en el pecho. necesitaba devorar al pequeño rubio por completo.

“pero yo estaba hablando de dudas sobre el tema, ¿tenés alguna?”

“¿te molestaría si lo vuelvo a hacer?”

el rubio está vez palideció un poco mientras apretaba los labios, demostrando que sabia perfectamente a qué se refería su alumno, pero de todas formas formuló la pregunta.

“¿qué cosa?”

“todavía no me queda muy en claro todo el asunto de la logística internacional, especialmente la facturación.” cambió el tema radicalmente, porque tampoco quería asustar a su profesor tan rápido. necesitaba disimular un poco sus intenciones.

la expresión de total confusión del rubio casi lo hace sonreír.

“eh… si, yo te puedo explicar eso. acá.” el rubio rebuscó en la estantería, una parte más baja esta vez, hasta que encontró un libro y le hizo un ademán para que se acercara a él mientras lo abría y lo ponía sobre el escritorio.

manuel se inclinó hacia él, sus hombros se estaban prácticamente rozando mientras escuchaba a su profesor tratar de aclarar la duda que genuinamente no tenía. sin poder contenerse un segundo más, se acercó un poco, pretendiendo que estaba intentando ver más de cerca una de las páginas, haciendo que sus rostros quedaran peligrosamente cerca. giró su rostro hacia el mayor cuando este dejó de hablar, viviendo como el rubio lo miraba a través de sus gafas con una expresión que rozaba casi el terror, pero definitivamente había algo más ahí.

“¿por qué parás? te estaba escuchando.”

su mano se posó junto a la del rubio sobre el escritorio deliberadamente, y ambos dirigieron sus miradas hacia el pequeño roce. había una gran diferencia de tamaño, una la cual lo volvía loco. lautaro apartó la mano rápidamente antes de alejarse un poco.

“bueno, ya es tarde, podemos seguir con la… lección después.”

“pero-“

“manuel, por favor.”

y el tono un tanto desesperado fue suficiente para que el pelinegro lo acorralara en contra del escritorio, con cada brazo rodeándolo para que no se pudiera escapar a ningún lado. lautaro inmediatamente puso sus pequeñas manos sobre su pecho, en un intento débil de mantenerlo alejado de él.

“manuel, ¿qué estás haciendo-?”

“me he portado bien con vos, ¿verdad, profe? todo el semestre en la primera fila, respondiendo a todas tus preguntas, entregando todas las tareas a tiempo.”

“eso no es…”

“creo que me merezco una recompensa, ¿no te parece?”

como si se tratara de uno de sus tantos sueños, manuel agarró el borde del suave suéter y lo alzó hasta la parte superior de su pecho, dejando al descubierto el delgado y pálido torso y, lo más importante, los pequeños y duros pezones.

“no podés hacer esto, manu, por favor…” el pecho del rubio subía y bajaba como si acábese de correr un maratón. cuando apartó la vista de su pecho para poder mirarlo, se encontró con unos devastadores ojos marrones que más que miedo o culpa reflejaban un deseo mal disimulado.

“deberías por lo menos quitar la cara de puta si tanto vas a aparentar que no querés esto.”

y antes de que el profesor moschini pudiese decir algo, se lanzó hacia su objeto de deseo, mordiendo y chupando los pequeños montículos como si se tratase de hombre hambriento, tomándose su tiempo con cada uno, sin perderse de los pequeños ruiditos que el rubio trataba de contener a toda costa. por suerte, a manuel le gustaban los desafíos.

acercó su rodilla hacia la entrepierna de lautaro, esperando sentir la dureza contra esta, pero lo único que sintió fue una leve humedad que atravesaba la tela de jean. curioso, se desprendió del pecho del chico para esta vez dirigir la boca a su cuello, besando y mordiendo ligeramente mientras llevaba una de sus manos a la entrepierna de su maestro. sintió como lautaro le agarraba la muñeca rápidamente.

“n-no manuel, no podés…”

“shh.” cuando su mano por fin lo tocó a través de los pantalones, percibió la ausencia de lo que debería estar allí inmediatamente. en lugar de duro, se sentía húmedo, suave y cálido. la pequeña mano apretó más su muñeca.

“¿qué es esto, mi amor?” y sin esperar más, su ágil mano se adentró con facilidad dentro de los pantalones y ropa interior del rubio. sus dedos encontraron rápidamente una carne resbaladiza, hinchada y empapada que no se parecía en nada a lo que había esperado.

la realización casi hace que manuel se quede en blanco por un momento. literalmente se podría haber puesto de rodillas y agradecerle a quien sea que estuviese allá arriba por lo que acaba de descubrir.

una concha. el profesor lautaro moschini tenía una concha.

sentía como su propio miembro se tensaba dolorosamente en donde estaba atrapado en sus jeans mientras acariciaba los húmedos pliegues. estaba tan húmedo que era casi seguro que su pequeño profesor se había comenzado a mojar hace un buen rato ya, ¿tal vez desde que manuel lo había tocado para ayudarlo a bajar el libro? la sola idea casi lo hace gruñir mientras introducía uno de sus dedos, sacándole un pequeño gemido al de ojos marrones.

“bebé, ¿tenías esto acá todo este tiempo?”

“manuel…” el pequeño rubio temblaba, con la boca floja y su débil agarre todavía en la muñeca de manuel, apretando y jalando como si hubiese alguna oportunidad de frenar al pelinegro. “no podemos hacer esto…”

“estás goteando, profe…” la voz de manuel era de pura fascinación mientras sus dedos se movían lentamente, disfrutando y explorando, trazando patrones en lo que podría ser su nueva cosa favorita en todo el mundo.

“pará, por favor, y-yo-“

cuando los largos dedos encontraron su clítoris, el cuerpo de lautaro se arqueó y por fin le soltó la muñeca para poder sostenerse de sus hombros, tratando de encontrar balance mientras manuel frotaba ese punto una y otra vez, completamente obsesionado con lo suave y húmedo que era, guardando cada sonido y gemido perfecto que el rubio no podía reprimir. un sin fin de “manu, no podés” que lo único que lograban era que moviera la mano más rápido.

se alejó un poco para poder apreciar más el rostro que se contorsionaba de placer, siendo incluso mejor que en cualquiera de sus fantasías y, de repente, cayó en cuenta que todavía no había probado esos labios.

arregló rápidamente el asunto y tomó los labios de su profesor en un beso desesperado, un poco torpe por la sorpresa de lautaro, pero sin embargo no se apartó y se dejó besar, abriendo la boca de forma dócil mientras dejaba que tanto como la lengua y los dedos de su alumno profanaran e invadirán cada parte de él.

el rubio despejó su boca de la suya cuando le metió otro dedo, sin dejar de frotar y apretar su clítoris. soltó un jadeo lastimero mientras apoyaba su frente en el hombro del más alto, comenzando a balancear las caderas, dándole a entender que ya por fin se había rendido.

manuel no se pudo contener más y con la mano que tenía libre se abrió los pantalones, liberando su pesado y adolorido pene. su alivio fue tanto que soltó un sonido que rayaba lo primitivo, y no tardó mucho en comenzar a acariciarse, apretado y moviendo su mano a lo largo de la base mientras que su otra mano frotaba con movimientos lentos e impecables el clítoris del rubio.

“mírame, bebé.” casi suelta un gruñido ante lo rápido que lautaro lo obedeció, dejando su lugar en su hombro para poder mirarlo. volvió a reclamar sus labios mientras aumentaba el movimiento de ambas manos, tanto en su propio miembro como en el punto g de su profesor.

“manu… manu voy a…” susurró contra sus labios. los muslos apretaron con fuerza la mano de manuel mientras sentía el cuerpo del rubio tensarse por completo.

“¿si? ¿te vas a venir? ¿te vas a venir para papi?”

“manuel, no, no digas-“

“shhh, venite para papi, mi amor, yo sé que no podés aguantar más.” sentía como los pliegues se apretaban y se contrarían contra su palma, sintiéndola cada vez más húmeda mientras acariciaba su miembro con movimientos cada vez más bruscos.

“no puedo…”

“si podés, puedo sentirlo acá.” y hundió sus dedos profundamente, abriéndolos bruscamente antes de volver a pellizcar el pequeño capullo que hacía que el rubio temblara. “no puedo esperar a estar dentro tuyo.”

las palabras parecían golpear al rubio como látigos, haciendo que escondiera su rostro en el cuello sudoroso de manuel mientras temblaba y se contraía.

“no dejas de mojarte para papi, ¿verdad, mi amor?” la voz de manuel era ronca y baja, aumentando sus movimientos, sabiendo que solamente estaba hablando de lo que inevitablemente pasaría. “tenés la conchita más linda, bebé, ¿me vas a dejar cogerte, verdad?”

“m-manuel no…”

“yo sé que si me vas a dejar, bebé.”

frotó de forma dura y sin algún tipo de contemplación, sintiendo como lautaro se desmoronaba debajo de él.

el orgasmo golpeó al rubio como una bomba, destruyéndolo por completo, arqueando la espalda de una forma que tenía que ser dolorosa y apretando la mano del pelinegro entre sus muslos fuertemente. manuel se aseguró de guardar cada expresión, cada sollozo y cada gemido en lo más profundo de su mente mientras su propio orgasmo lo golpeaba con una intensidad que jamás había sentido, corriéndose en su puño y parte del muslo cubierto de lautaro.

todavía jadeando un poco, manuel actuó rápido y se sentó en la silla detrás del escritorio, llevándose al rubio consigo mismo, el cual se acomodó a horcajadas sobre él, todavía con su húmedo y caliente rostro escondido en el cuello del morocho. lautaro se sobresaltó cuando manuel llevó la mano en la que se había corrido a su espalda baja, la cual estaba un poco descubierta.

“yo…” su voz sonaba pequeñita y quebrada. “manu, ¿qué hicimos…?

manuel emitió un pequeño “shh” antes de comenzar a besarle sus hebras doradas al igual que el costado de su rostro, sonriendo cuando él el más bajito soltó un suspiro de satisfacción ante los pequeños besos.

“todo va a estar bien.”

lautaro lo miró a los ojos, y fue ahí donde apenas se dio cuenta que sus lentes estaban torcidos y empañados sobre la punta de nariz. claro, casi se había olvidado que el profesor moschini era terriblemente adorable. con una sonrisa, le acomodó las gafas antes de darle un pequeño beso en la nariz.

el rubio suspiró, derritiéndose un poco. “no podemos hacer esto, soy tu profesor, si alguien se entera…”

“nadie se va enterar.”

“igual sigue estando mal. esto no puede volver a pasar.”

“está bien.” afirmó antes de acercase para robarle un beso, sin molestarse en protestar porque todavía lo tenía encima, dócil y sonrojado, y su mano todavía estaba caliente porque su profesor se corrió sobre ella. definitivamente podía y volvería a pasar.

“hablo en serio.” se quejó mientras se separaba del beso un poquito. manuel le sonrió.

“pero te gustó, ¿o no?”

cree que nunca había visto a lautaro tan rojo. abrió la boca y la volvió a cerrar.

“eso no tiene nada que ver…”

“pero acá tengo la evidencia.” y llevo la mano todavía mojada de los fluidos de lautaro al rostro de este, tocando su mejilla y riendo inmediatamente cuando el rubio soltó un ruidito de total indignación, volviendo a esconder su sonrojado rostro en el cuello de manuel.

“entonces… ¿mañana a la misma hora?”

un ruido indignado y lindo resonó contra su cuello.

“creo que eso es un sí.”

Notes:

realmente no me importa whats going on con el mernoski no se iban a librar que yo escribiera un au profesor/estudiante ni mucho menos moski boypussy

como siempre apenas lo acabo d terminar de escribir pero como no me puedo esperar lo subí ! asi q perdon por los errores.

graciaaaas x leeeeeeer