Chapter Text
La campana que da inicio a la hora del descanso resuena por todo la estructura del instituto Hokuyou. Una chica de cabello negro recogido a un costado con un clip rosa sale de su aula en busca de su única y especial amistad, ahora ubicada en otra clase.
El inicio del curso era un tiempo difícil, caras nuevas, centro nuevo, ambiente nuevo, espacios llenos de gente... Algo muy sobreestimulante para su pobre mente. Caminaba deprisa con el único objetivo de alejarse del bullicio y llegar junto a su mejor amiga. Tan concentrada estaba que no se percató de la piedra que se interponía entre ella y su objetivo una vez llegó al exterior.
—¡Ay! ¡Mierda! —exclamó adolorida, todavía en el suelo.
—¡Pff, Chisa! —la llamó su amiga entre risas, acercándose. —¿Estás bien? Tienes que mirar por donde caminas.
Una chica de cabello castaño y rostro angelical le ofreció su mano. Una diadema negra recogía con elegante torpeza su cabello ligeramente alborotado. Y la gran cantidad de pecas que decoraban su tez pálida le daban un aspecto de "niña buena" algo engañoso.
—Sí, gracias... Qué vergüenza. —dijo mientras se levantaba. Haciendo notoria la cantidad de altura que le sacaba a su amiga.
—Juraría que nadie te ha visto.
—Normal, todo el mundo está en los pasillos ¿Sabes la cantidad de gente a la que he tenido que esquivar? Creía que iba a morir. —Su amiga se echó a reír de nuevo. —¡Oye!
—Perdón. —No lo sentía en absoluto. —Anda, vamos, tengo que contarte sobre la gente de mi clase y no puedo hacerlo con la boca seca.
—¿Algún cotilleo ya, Yumi?
—Yo también estoy sorprendida, pero que puedo decir, tengo un don. —afirmó y le guiñó un ojo.
Entre risueñas risas caminaron hasta cierta maquina expendedora. Y es que, no era cualquier maquina, era la única en toda la escuela que tenía la bebida favorita de Yumi, cuyos padres tampoco la dejaban beber. Así que sí, el instituto era el lugar perfecto para ello.
—Luego te preguntarás por qué tienes insomnio. —se burló Chisa.
—Merece totalmente la pena. —dijo agachándose para coger su Monster .
—Mi padre me ha dicho que beber mucho de esto te puede dar problemas cardiacos... —Yumi agitó ligeramente la lata frente a su cara. Automáticamente los ojos de Chisa se iluminaron. —¡Oh dios mío, es rosa! ¿¡Me la puedo quedar?!
—Sí, pero déjame joderme los riñones en paz. —bromeó, recibiendo un abrazo sorpresa.
—¡Gracias, gracias! —La otra correspondió su abrazo.
—No me las des, tonta. Anda, quita, qué te invito a un Ramune.
Pero antes de que eso pudiera suceder, un grito que advertía de lo que segundos después iba a suceder interrumpió el momento.
—¡Cuidado!
Y una gran bola de beisbol impactó duramente contra el rostro de la más bajita. De tal manera que esta cayó de culo contra el suelo.
—¡Joder! ¿¡Yumi, estás bien?!
—Esto tiene que ser el karma por haberme burlado de tí antes... —dijo tocándose la nariz, que se había llevado la peor parte del golpe. —¿¡Vosotros sois tontos o qué?!
—¡¿A quién insultas tú, niñata?! ¡No haberte puesto en medio!
—Esto no es el medio. —la defendió Chisa, pues ciertamente estaban a un lado de las pistas.
—¡Tú cállate y controla a tu kohai, puta!
—¿Kohai? Si soy de primero... —A su lado, Yumi estaba con la boca muy abierta y echando humo por las orejas a causa de ese último apodo a su amiga.
—¡Metete la lengua por el culo, analfabeto!
—¡A qué te meto otra cosa yo a tí por el culo, guarra! —Los insultos del chico, a oídos de Chisa, eran muy feos.
—¡Ey, Yamamoto! —exclamó otra voz femenina tras el dúo de chicas. Juraron ver al chico palidecer en cuanto la escuchó.
—¡T-Tadashi! —Casi se atraganta con sus palabras.
Era una chica rubia con un degradado cian en las puntas. Llevaba el cabello algo corto, ondulado y recogido en una coleta alta ligeramente desordenada. Su maquillaje le daba una imagen intimidante al mismo tiempo que "cool". Pero sin duda era su mirada avellana y afilada lo que derrochaba una seguridad infinita.
—Te veo muy chulito para tener un pene igual de pequeño que tu estatura.
Ante semejante comentario el chico se quedó el doble de pálido y rápidamente se acercó a donde estábamos. Las chicas por su parte solo abrieron mucho la boca, sorprendidas.
—Tadashi-senpai, lo lamento...
—A mi no me pidas disculpas, pídeselas a ellas. —dijo señalandolas.
—Em, lo lamento, chicas, mala mía... —se disculpó con una reverencia.
—Ahora se un hombre e invítalas a algo, venga. No será que no tienes una maquina cerca.
El chico maldijo por lo bajo y se acercó a la maquina.
—¿Qué queréis?
Las dos amigas se miraron muy confundidas.
¿Por qué había aceptado tan rápidamente? ¿Quién se suponía que era esa rubia?
—No hace falta, no te preocupes. —dijo Chisa.
—No seas modesta, nena, pide por esa boca. —exigió la rubia. Algo en ella hizo que tragara saliva, sin atreverse a seguir negándose.
—Eh... ¿Un Ramune? —contestó dudosa. La rubia miró esta vez a Yumi.
—¿Y tú?
—No sé... Una chocolatina, tal vez.
—Ya has oído. —El muchacho comenzó a rebuscar en sus bolsillos. —¡Venga, qué no tengo todo el día!
Con una prisa innecesaria el chico sacó la chocolatina y la bebida y se la extendió a las dos chicas. Ambas agradecieron y la rubia puso los ojos en blanco.
—Fuera de aquí, ¡Y controla tus putas pelotas! —le gritó mientras se iba.
—Vaya idiota. —comentó Yumi, abriendo su lata de refresco.
—Oye, muchas gracias, pero no era necesario. —agradeció Chisa, dirigiendose a la rubia.
—De nada, ¿Cómo os llamáis? ¿Sois nuevas? —preguntó despreocupada, abriendo un paquete de chicles que llevaba en el bolsillo.
—Ugumori Chisa. —se presentó y miró a su amiga.
—Nakamura Yumi, estamos en primero ¿Y tú? —La rubia abrió los ojos como platos.
—¿En primero las dos? Joder, nena, parecéis de edades distintas. —dijo haciendole un repaso de arriba a abajo a la pelinegra.
—Ya, porque Yumi es enana. —bromeó
—¡Chisa!
—Por cierto, eeh... Chisa, me encantan tus ojos. ¿Cómo se llamaba eso, monocromía?
—Heterocromía, tiene heterocromía. —respondió Yumi por ella.
—¡Eso! Y tú tampoco eres fea, tienes una cara muy bonita. Tus pecas te dan encanto. —la halagó también, haciéndola sonrojar. —Tadashi Karen, un placer. Voy a verme con mi mejor amiga ¿Os venís?
Yumi y Chisa intercambiaron miradas dubitativas durante un par de segundos. Yumi elevó los hombros, preguntando sin palabras un "¿Por qué no?" y Chisa, en respuesta, asintió con la cabeza.
Ojalá nunca lo hubiera hecho.
