Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-04-23
Updated:
2026-04-27
Words:
7,345
Chapters:
4/?
Comments:
2
Kudos:
2
Hits:
12

Aterrorizadora oscuridad

Summary:

(Reader) Arialdi siempre ha sido incomprendida, comparada e escondida. A los siete años le diagnosticaron lo que marcó el resto de su vida: esquizofrenia. Oía voces, susurros del más allá con lo que debía aprender a convivir. Poco sabía que aquello iba a ser lo que la mantuviera cuerda y que los doctores estarían muy equivocados.

Notes:

¡Buenas!
Esta es mi primera vez escribiendo un fanfic, así que, si tenéis alguna corrección, por favor, hacédmelo saber de la forma más amable posible.
Intentaré seguir el canon siempre me sea posible. Si en algún momento, la creadora de la serie establece que los fanfics no pueden ser escritos, lo borraré sin dudarlo. De hecho, ruego que me lo hagáis saber lo antes posible.
Dicho esto, disfrutad de vuestra lectura.

Chapter 1: 001: Sumida en un abismo

Notes:

¡Buenas! Este es mi primer fanfic así que espero que os guste. Dentro, se mencionan temas sensibles como trastornos mentales, estoy intentando ser lo más fiel y respetuosa con el tema, pero si tenéis alguna sugerencia, no dudéis en escribirla en los comentarios respetuosamente.

Muchas veces se verá que no es 100% fiel a la enfermedad mencionada en el resumen, puesto que es un falso diagnóstico, pero no por ello intento ofender a ningún colectivo o minorizar este tipo de casos.

Dicho esto, estoy abierta a todo tipo de cambios.

¡Muchas gracias por leer! ^-^

Chapter Text

Oscuridad.

Vacío.

Una niebla atravesaba todo su cuerpo de una forma agonizantemente lenta. ¿Cómo había llegado hasta aquí?

Un surco de emociones pasó por su cuerpo que flotaba en medio de lo que parecía ser un mundo sin forma. Pena, compasión, melancolía y, sobre todo, rabia.

No recordaba que le había llevado hasta aquí, pero pequeños destellos de recuerdos, punzantes, se proyectaban, nublándole la vista.

Un cabello anaranjado débil, tumbado sobre un suelo de hormigón; una chica siendo guiada inconscientemente por una puerta, y un ojo azul. Ojos azules penetrantes que parecían atravesar toda su alma y poder leerla con facilidad. Una voz masculina llamó su nombre cuando una sombra la golpeó. 

“Qué estúpida”, pensó, “qué ingenua he sido al pensar que podría ayudarlos”, y así fue como acabó en este sitio.

Su cuerpo flotante notó presencias girando a su alrededor. Sombras corriendo demasiado deprisa, evaluando la situación. Susurros sobre que ella no debía estar aquí, una voz entre masculina y femenina discutiendo consigo misma.

“¡No! Esto no era parte del plan; hay que expulsarla”

“Podría ser un buen recipiente”.

“¡Ni hablar! Tenemos al chico, no necesitamos nada más”.

Sus ojos parpadearon, intentando ajustarse al entorno. Le escocían; su visión era tan borrosa que no pudo distinguir la presencia que tenía delante durante unos pares de segundos hasta que se dio cuenta de que fue esa misma criatura la que la condenó con un solo golpe.

Intentó recuperar sus fuerzas, alzarse, pero la niebla la debilitaba y se sentía demasiado pesada. Hubo un parpadeo, dos, tres, y entonces pudo ver con claridad el mismo chico de ojos azules que había intentado protegerla. A ella, a su hermana.  No recordaba su nombre, ¿por qué no recordaba nada? ¿Por qué este sitio se le hacía tan familiar a pesar de no tener recuerdo de ello?

“(Reader)”. El chico levantó la cabeza milimétricamente; su voz sonó amortiguada por el suelo, un mero suspiro: “Sálvala… sálvala a ella. Vuel…ve”

Con la poca fuerza que su cuerpo podía aguantar, el pelinegro alzó su mano, y la chica salió disparada. Únicamente pudo soltar un pequeño jadeo ante el improvisto, intentando alcanzarlo también ahora que estaba comenzando a recordar. Rememorar qué había pasado y qué estaba por pasar. 

La chica recordó en apenas unos instantes, donde todo se movió rápidamente, la situación en la que estaba. Estaban rescatando a su hermana, Sylver Arialdi, de haber sido secuestrada por una organización de nombre místico; había ido con sus amigas porque ella misma no tenía y, por culpa suya, por creer que podría ayudar, este chico resultó herido. Liam, el mejor amigo de Sylver.

Su primer amor.

“¡LIAM!” exclamó con todas sus fuerzas, pero la luz se tornó cegadora y volvía a estar en el mundo natural, terrenal, siendo transportada por un equipo médico de urgencias, la cabeza dándole vueltas, sintiendo cómo crecía el dolor gradualmente y unas voces que decían

“No te preocupes, te vas a recuperar, te pondrás bien”

Pero ella no quería otra cosa más que desaparecer ahora mismo.

Las lágrimas ardían, ya que sentía que su cuerpo no respondía con sus emociones. Frustración, era lo único que sentía, una impotencia que empezaba desde su pecho y que se arrastraba como un gel líquido hasta sus manos y su cerebro. Le era imposible hablar, aunque su mente lo único que repetía eran sollozos y palabras malsonantes.

Si tan solo hubiera estado allí antes

Si tan solo hubiera estado más atenta a lo que hacía su hermana.

Si tan solo no arruinara todo.

Si tan solo…

Si… tan solo…

La puerta doble se abrió tan deprisa que no se sobresaltó por el ruido; acomodaron su camilla en el centro de la sala y comenzaron a chequearle las constantes vitales. Sabía que los médicos reaccionarían deprisa y severamente si se tornaba violenta, así que les dejó el cuerpo flojo para que hicieran lo necesario. Eran profesionales al fin y al cabo, o eso es lo que expresaban.

“Serías muy importante para nuestra organización, (reader)” 

Había expresado un hombre pelinegro, alto, de ojos a juego, de carácter despreocupado. ¿Cómo podía darle esperanzas a alguien como yo?

“Está perdiendo la consciencia otra vez, ¡rápido!”

Odiaba los chillidos, los ruidos altos. Solo quería que desaparecieran, que desaparezcan todos, solo quería silencio.

Su cabeza se giró a tiempo para ver a las amigas de su hermana asomadas por la puerta de la sala de urgencias, con aspecto preocupado. ¿Siempre se habían preocupado por ella? ¿Por qué no sintió ese amor, esos sentimientos antes?

Ahora no importaba.

Sentía que debía reencontrarse con ese chico. Dejarse llevar. Volver con Liam.

Liam.

No pudo evitar que una sonrisa pequeña y tímida le asomara en la cara. Casi podía volver a sentir cada instante de nuevo, cada aliento, cada caricia, cada risa.

Qué recuerdos tan bonitos, una pena que acabaran siendo suprimidos. Borrados como arte de magia al volver a tomar ese bote blanco sin etiqueta. Su mano tembló unos instantes, mas fue reprimida de inmediato.

Todo volvería a estar como antes, ¿no?

Médicos arriba, abajo, visitas constantes, cambios de dosis, miradas de lástima, de miedo, de asco. Voces amables que la guiarían a otro agujero sin salida ahora que había conseguido escapar de este. 

Todo iría igual… excepto que él ya no estaría.


6 DE SEPTIEMBRE DE 2021 - DÍA

No podía esconder la fatiga, los nervios y las náuseas que amenazaban con asomarse. Me ajusté la totebag que llevaba sobre mi hombro. Mi mente me repetía que me calmase, tan solo era mi primer día en la universidad, y no es como si fuera a hacer amigos de repente.

“Te noto tensa”, dijo mi hermana, todo lo divertida que podía dentro de esa máscara que siempre había usado conmigo. Esa amabilidad que podía mezclarse con falsedad si se tomaba radicalmente, esa necesidad de tenerlo todo bajo control, era lo único que había heredado también de ella.

“No entiendo por qué lo estoy. No debería estarlo. Solo he venido a estudiar”

“Oye, recuerda que también puedes hacer amigos, ¿vale?”

“¿Para qué? El momento en que tarde un mínimo en contestar o actúe más lento que ellos, ya van a saber que hay algo mal conmigo.”

“No hay nada malo en ti, (reader)”.

“No gracias a químicos.” Suspiré; estas pequeñas discusiones eran más comunes de lo que parecían en casa. “Podría haberme inscrito en tu carrera; hubiera sido más fácil encontrarnos”.

“¿Y qué perdieras uno de tus hobbies porque yo estuviera ahí? No seas boba, salimos a la misma hora, volveremos a casa juntas igualmente”.

Asiento. El horario de tardes era para personas empleadas; me sentía mal por haberlo cogido.

“Ah, por cierto, sé que estabas intentando aplicar a diferentes trabajos”.

“Es lo mínimo que puedo hacer.”

“¿Estás segura de querer trabajar cara al público? No quiero desanimarte y te apoyaría en todo, pero…”

Mentirosa.

“Pero tienes miedo a que sufra un episodio”.

Hubo un silencio entre nosotras.

“Estaré bien, simplemente quiero ayudar”

Dejar de ser una carga.

“Es en las pocas áreas que no piden tener tanta experiencia o carreras universitarias. No me importa parecer borde o no llevarme bien con mis compañeros mientras pueda llevar dinero a casa”.

Los pétalos de los cerezos parecían hacer ruido comparado con el absoluto silencio que volvía a reinar. Odiaba que nuestra relación fuera así, pero no había más remedio. Nunca me curaría. Tenía que asumir que ya no volveríamos a ser aquellas niñas cantando en coro en karaokes caseros, comiendo pizza los findes y hablando hasta la madrugada en tiendas de campaña improvisadas por pañuelos translúcidos estirados que robábamos a nuestra tía, aquella mujer amable que nos acogió tras quedarnos huérfanas.

De alguna manera, esa nostalgia se había transformado en dolor cada vez que era recordada.

“Si es así, podrías intentar aplicar a La Arcadia”.

La Arcadia era la cafetería donde trabajaba Sylver. Los dueños eran los padres de su mejor amigo, al cual (reader) no veía desde hace mucho tiempo, cuando apenas eran unos niños.

La Arcadia era una mezcla entre la cafetería local y una librería donde se incitaba a los clientes a tomar un café antes de iniciar las clases del turno nocturno y a visitar obras de arte que se exponían de vez en cuando. No la había visitado mucho porque no solía salir de casa, pero Sylver siempre mencionaba que el ambiente era cómodo y apacible, aunque no se atreviera a entrar a ella.

“Sabes que no suelo ir muchas veces. Además, ¿eso no contaría como enchufe?”

“No seas tonta. Puede serlo, pero si tan urgente quieres ese trabajo, podrías tomarlo, ¿no? Liam y yo estaremos ahí, así que si hay algún problema, nos tienes a nosotros”.

Volvíamos a las mismas. Otra vez esa necesidad de controlarlo todo enmascarada por protección fraternal. Sin embargo, que estuviera Liam…

No iba a mentirse a sí misma. Sabía de sobra que cada vez que ese niño se acercaba a ella cuando apenas tenían seis años, su cuerpo no respondía y parecía ser más torpe en las acciones más cotidianas. Siempre había sido así: él la saludaba, ella se ponía nerviosa, él seguía a lo suyo con Sylver y ella acababa siendo el segundo plato. La carnada que alimenta a los buitres.

“No podemos contar con Liam”

“¿Qué hay de malo con él? Es nuestro amigo”.

No. No lo era. No mío.

“No sé si sabe la verdad”

Sylver inhaló profundamente.

“Podría… intentar hacérselo caer”.

“¡No!”

Dije más rápido de lo que pretendía; mis pendientes se movieron al unísono, creando un pequeño destello y tintineo que sorprendió a mi hermana. Reaccioné bastante rápido incluso para estar detrás del efecto tardío de las pastillas. Agradecí que la puerta de la pequeña taquilla me tapara el rostro.

“No le digas nada, ¿vale? No tiene por qué saberlo”.

Cree que Sylver no comprendió el cambio de actitud de su hermana. Aunque siempre había sido muy observadora, el amor frágil por su hermana le cegaba la realidad que poseía delante.

“Muy bien. Nos vemos a la salida. Cuídate, ¿vale? Y cualquier cosa, estoy a una llamada”.

Asintió, sería una noche larga.