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Heridas del pasado

Summary:

Roier nota las similitudes que tiene con el nuevo integrante de la isla, las cuales lo hacen querer vomitar de la amargura que siente su corazón.

***

Basado en los primeros días del QSMP 2, en QSMP 1 y en Tortillaland.

Juan de este universo es Juan Cúbito, antes de convertirse en verde.

TW: Menciones de suicidio.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

—Cuqui...

La voz chillona de su nuevo vecino logra alterarlo un poco, aún cuando es él quien decidió molestarlo en primer lugar.

—¿Está cuqui aquí, lo has visto?—. El tono del castaño baja, volviéndose melancólico y necesitado de un pronto a otro.

—Cuqui no está, cuqui se fue...— Tal vez no fue buena idea molestar al chico nuevo, más cuando nota como sus ojos naranja se llenan de lágrimas.

Una parte de él quiere advertirle, decirle que no debería de estar encariñándose de alguien que trabaja para los que lo tienen ahí encerrados, que debería de estar preparándose y no encariñarse con un posible enemigo.

Que no cometa el mismo error que él.

—¿Sí lo ves... puedes decirle que me llame? hace días no lo veo y ya no sé qué más hacer...

—¿Sabes Juan? tú le dices cuqui, yo le digo Osito Bimbo, no somos iguales...

La sorpresa e indignación no dura en aparecer en el rostro del castaño, sus cejas se fruncen una vez logra interiorizar las palabras que escuchó.

—¡Entonces si tuvieron algo!

Y aún cuando una parte de él, esa que está llena de empatía, lo hace humano y quiere advertirlo de todo mal, no lo hace.

Su corazón es agrio y su mente lo envenena con cada palabra que piensa

Por que después de todo, la desconfianza y el medio a ser traicionado es mucho más grande.

—¡Mira, que a ti te gusten un furro no significa que a mí también!

Un par de ojos morados aparecen en sus recuerdos y trata de no prestarle atención al punzón que siente en su espalda, traspasando su precho.

—Deberías fijarte en algún humano y dejarte de complicar la vida con ese oso que ni te pela.

—¡Para tu información, no es ni el primero ni el segundo oso que me gusta! tengo experiencia en esto—. El ego en la voz de ese chico de gafas le resulta incluso más estresante que su voz normal. —¡Incluso estuve comprometido con uno! ohhh ruby...

—¿Y con el otro?—. necesita preguntar, sacarse esa duda que tiene desde la primera vez que observó al castaño.

—Ese era un prepotente y estúpido oso, solo quería poder y ambición ¿Puedes creer que empezó una guerra por más que lo quise detener? !Dioses! era tan odioso, Spreen me hacía perder la cabeza.

Y por supuesto se arrepiente de haberle preguntado, siente un nudo en la garganta y tiene que apretar su mandíbula y parpadear un par de veces para que las lágrimas que amenazaban por caer, desaparecieran.

El odio y el rencor no dudan en invadir su cuerpo, lo que lo hacen soltar una risa llena de sarcasmo, haciendo que el de ojos naranja ría de forma incómoda.

Necesita distraerse, así que su mejor decisión es acomodar sus cofres, ignorando al chico que ya estaba observándolos.

Juan da vueltas por todo su cuarto, tocando todas las cosas que ya se había encargado de ordenar.

—¿Me lo regalas?—. Cuando Roier observa a Juan maldice en voz alta, dando pasos pesados hacia su vecino, para luego arrebatarle el globo terráqueo.

Roier aún no entiende porque conserva los regalos que Spreen se atrevió a darle, incluso luego de su gran traición.

Seguro lo hacía porque una gran parte de él no se ha logrado recuperar de ese primero momento que arruinó su vida.

La maldición que inició con su vida llena de tragedias.

Porque después de todo ese había sido el inicio de todo.

No la muerte de Bobby, no la desaparición de Cellbit, no volver a quedar atrapado en una maldita isla. Lo que había iniciado con su sufrimiento era como esa amor e ilusión que tenía por la vida, por él, lo habían asesinado.

—No toques mis malditas cosas.

Sabe que su voz no suena tan divertida como siempre finge hacerlo, no por nada Juan se hace chiquito a su alrededor.

¿En serio Spreen salió con ese?

Claro, al estúpido oso le gustaban las personas inferiores a él, las que son faciales de dominar, las que no hacen más que tener buenos sentimientos ante el mundo.

—No era... no quería hacerte molestar, lo siento yo.

Juan habla, con temor en su boca y Roier tiene que exhalar todo el aire que venía acumulando.

—No te preocupes—. Responde con sinceridad. —Sí me permites darte un consejo. No confíes en nadie, mucho menos en Cucurucho.

—Pero Cuqui es lindo, yo lo amo.

—Los que dices amar son los primeros que te traicionan.

El brillo en ojos color miel de Juan le traen un poco más sentimientos, agrios y dolorosos, recordando que el también fue un ingenuo chico los primeros días de la isla.

—¿Quién te lastimó tanto?

¿Cuál de todas las veces? la voz de Doied aparece en su cabeza.

No le contarás de Spreen ¿verdad? es el turno de Melissa de hablar y eso lo hace sonreír.

—No pienso contarte eso. ¿Pero sabes? mi prima es psicóloga.

Chinga tu madre Roier, no estoy para hablar con este idiota

—¿Puedes pedirle una cita, por favor? creo que si necesito ayuda.

Roier puede escuchar como en su mente Melissa cambia rápidamente de decisión, sintiendo una gran necesidad de cuidar el castaño.

—Te aviso si me contestas.

—¡Gracias!—. Dice el chico de bandana roja antes de salir de su habitación.

Roier cierra las puertas, sentándose en el piso tras de ellas.

No sabe en qué mierda se han metido, pero sabe que su corazón no sanará si ese chico sigue rondando su alrededor.

Era la prueba viviente de que Spreen era peor de lo que pensaba.

Toca su herida en el pecho, la cual había sanado de mala manera al no ser tratada como se debía.

Recuerda los besos que dejó su esposo en ella, luego de contarle su oscuro pasado.

Recuerda el apoyo incondicional que le dio su hijo, en el peor momento de su vida.

¿Y ahora?

Estaba completamente solo, habitando una isla que de ser por él no habitaría.

Recordando las veces que intentó no estar más y ese oso blanco aparecía, sacándolo del mar; rejuntándolo del suelo, luego de una larga caída; quitándole el mechero; haciéndolo escupir las pastillas.

Estaba condenado a vivir un infierno en esa isla.
Completamente solo, tal como se sintió ese primer día que inició todo.

Su pecho sangra y el dolor en su corazón vacío es tan intenso, gracias a todos esos momentos que le recuerdan lo horrible que se siente vivir.

Notes:

Antes de ser Spiderbear shipper, fui Spruan shipper, así que sabrán cómo me siento.