Chapter Text
Cuando era niño y pensaba en su trabajo soñado se imaginaba más como un Clark Kent y menos como Dobby de Harry Potter. Si Dobby midiera dos metros por supuesto.
Se suponía que estaría afuera cubriendo las noticias sociales que realmente importan, escribiendo artículos y ensayos sobre cambios políticos y ambientales. Si su padre adoptivo lo viera ahora probablemente le diría que no le pagó la carrera de periodismo para terminar recogiendo café a las 8am y llevando ropa cara de marca a tintorerías igual de caras en sus “días libres”.
El estruendo de la pesada caja cayendo en su escritorio lo sacó de los recuerdos de su padre.
-Organizalos por tipo de tela y color. Si te equivocas, lo vuelves a hacer todo desde el inicio.
Los ojos lilas lo veían con desagrado desde arriba de sus lentes de sol, mientras se quitaba el abrigo de piel y lo dejaba hacer encima de su computadora.
-Lo quiero para la una. – dijo antes de entrar a su oficina.
Rowan al otro lado de la oficina le gesticuló un “buuuu” sin sonido.
Duncan giro los ojos como respuesta. Mira la hora en su computadora, 11:46. Luego la caja con papeles y carpetas sobresaliendo de ella.
Excelente.
☆: .. .. :☆
ÉCLAT era más que una revista de moda. Era una institución, una autoridad en el mundo de la moda. Diseñadores, marcas y celebridades pesaban por ella y podía levantarlas o hundirlas.
Más que reflejar tendencias como el resto de las revistas, ÉCLAT las definía.
Era LA revista de moda.
Cualquiera que tuviera un mínimo interés en esto mataría por este trabajo.
Cualquiera menos Duncan.
Tenía suerte si encontraba ropa que le quedara bien, que le gustara era un lujo poco común. No se imaginaba invirtiendo horas de su día para buscar las combinaciones correctas o los patrones adecuados para cada ocasión.
Sabía, desde que había puesto un pie dentro del gran edificio de ventanales grandes, que él no debería estar ahí. Ese no era su lugar.
Cumpliría los seis meses obligatorios para ganar experiencia y no dejar en mal a la agencia de trabajo ni a su amigo Raymund. Luego renunciaría y buscaría un trabajo de verdad en algún periódico decente y por fin podría dedicarse para lo que realmente se había esforzado tanto en aprender.
Nunca había sido bueno con las palabras. La mayoría de la gente, incluyendo a su padre, solía decirle que era lento y tonto. Pero Arlan había sido el primero en mostrarle que eso no era un impedimento para hacer cualquier cosa que quisiera. Tal vez le costaría el doble de trabajo y se tropezaría el doble de veces en el camino, pero lo conseguiría. Y lo hizo. Graduado de la escuela de periodismo con uno de los promedios más altos.
Duncan quería ser escritor, periodista. Contar las historias de gente como él que venían de lo más bajo y no tenían nada, ni siquiera una voz para ser escuchada. Él sería esa voz.
Ahora, en cambio, trabajaba en una caja de oro y cristal diciéndole a la elite del mundo cuál sería el maldito color de temporada.
Bueno. Si es que él pudiera decir algo. Tal vez eso lo haría sentir menos miserable. En realidad, se dedicaba a cargar las bolsas de la persona que sí les decía qué hacer.
Aerion Targaryen.
Editor en jefe de ÉCLAT.
Hijo mimado de una de las familias más ricas de todo Westeros.
El diablo en forma humana.
La fantasía sexual recurrente de Duncan.
Ah. Si.
Y su jefe.
-¿No encontraste otro saco de papas menos viejo que ponerte?
Casi se había acostumbrado a la mirada despectiva recorriéndolo de arriba abajo. Pero, estando lado a lado en el asiento trasero del auto, esos ojos se sentían más intensos de lo normal, provocándole un cosquilleo en el vientre bajo.
-Lo siento señor pondré..
-No me interesa.
Bajo del auto con la gracia de un felino. Duncan se apresuró a tomar sus bolsos y seguirlo al interior del edificio.
Lyonel Baratheon apareció a su lado en el pasillo.
- En serio, amigo, necesitas buscarte otros zapatos. Déjame hacerte un cambio. Incluso el conejito rabioso podría apreciarlo.
-Mis zapatos no me hacen mejor en mi trabajo.
- Tampoco peor, pero sí hacen que parezca que no sabes lo que haces aquí. Con esa altura y esa cara, es casi un crimen que te vistas así.
-Hay cosas más importantes que eso.
-Aquí no.
Si. Aquí lo era todo.
El estudio fotográfico era pequeño y lujoso, incluso en su decoración minimalista. La gente corría de aquí a allá con cámaras y otros equipos de trabajo, maquillaje, telas brillantes y cajas con logos de diseñador.
No importa cuantas veces lo hubiera visto antes, la forma en que un espacio lleno de vida se silenciaba inmediatamente con la aparición de Aerion seguía siendo sorprendente de ver.
El fotógrafo se acercó a Aerion con familiaridad, aunque con una sonrisa nerviosa en el rostro, saludándolo y explicándole la visión del proyecto. Un grupo del personal corrió hacia ellos con fotografías y bocetos en las manos, colocándolos frente a él con sumo cuidado, como si fueran una ofrenda para un dios cruel e irascible.
A Duncan no podría importarle menos. Frente a él, en el centro de la habitación y de las cámaras había una mujer.
Piernas largas, piel morena y largo cabello negro trenzado. El maquillaje azul eléctrico en sus párpados hacía parecer que sus ojos oscuros brillaban con la luz del estudio. El vestido vaporoso formaba figuras a su alrededor cada vez que ella se movía. La forma en que estiraba sus extremidades, con gracia y suavidad, solo lo había visto una vez en televisión cuando transmitieron el ballet ruso.
Parecía flotar. Era preciosa.
La modelo debió haber sentido su mirada perpleja en ella. Sus ojos lo buscaron entre las demás personas, se levantó a toda su altura, vaya que era alta y cuando sus miradas se encontraron ella le sonrió de una manera tan dulce.
Lyonel le lanzó un codazo burlón cuando la chica volvió a sus poses.
-Detente.
El estudio entero se congeló.
Aerion ni siquiera había alzado la voz. No lo necesitaba.
-¿Sabes cuál es el problema? -dijo, inclinando apenas la cabeza como un gato viendo un ratón-. Que llevas un vestido que vale más que toda tu carrera y aun así no muestras nada.
La modelo tragó saliva.
-No estás vendiendo nada. No emoción. No historia.- sus labios formaron un puchero – Te veo y no veo nada ¿Eso es lo que eres? ¿Nada?
Duncan apretó los dedos alrededor de las bolsas, anclándose. Cada palabra de su jefe hacía que su mandíbula se apretaba.
El fotógrafo abrió la boca, queriendo intervenir, pero Aerion lo detuvo con un movimiento suave de su mano. Su vista seguía fija en la modelo, esperando su respuesta.
El corazón de Duncan se retorció. La bonita silueta que bailaba en el aire hace unos segundos se había reducido a un cuerpo tenso que parecía querer esconderse en sí mismo.
Aerion chasqueó la lengua ante el silencio.
-Ya he visto suficiente. Consigue a otra que sepa lo que está haciendo. Más te vale no volver a hacerme perder el tiempo.
Salió del estudio sin siquiera una mirada.
☆: .. .. :☆
-Tanto potencial desperdiciado. No puedo creer que hayamos tenido que ir hasta allá para verlo.
Todo el camino de regreso se la había pasado despotricando sobre la modelo.
“Una pérdida de mi tiempo”
“Esto pasa cuando le das tu confianza a gente incapaz”
Duncan apretaba los dientes, inhalando profundo por la nariz tratando de calmarse, solo asintiendo al inicio. No es como si su jefe notara su falta de respuesta, se satisfacía con el sonido de su propia voz.
El rostro sonrojado de la chica volvió a su mente. La forma en que sus pómulos se habían elevado cuando le sonrió la hacía parecer una muñeca de porcelana. Ella brillaba. En cada gesto, en cada movimiento elegante. Duncan solo la había visto unos momentos y se había quedado pasmado.
¿Cómo se atrevía Aerion a decir que no era nada? ¿Qué tan podrido estaba su corazón para no poder apreciar la belleza cuando la tenía enfrente?
Incluso cuando su gesto se torció por la vergüenza y su labio tembló, con cada palabra de Aerion clavándose en ella, aun así, era hermosa.
-No tenías que ser tan cruel.
Era como si toda la oficina se hubiera enfriado de repente.
Duncan se quedó inmóvil. No había querido decirlo en voz alta.
-¿Crees que eso fue cruel? -el tono aparentemente calmado se sentía como un trozo de hielo recorriéndolo.
-Yo… solo digo que
-Ah. Ahora dices, resulta que ahora piensas. -lo interrumpió con burla.- No. Tú no “dices”. Tú cargas mis bolsas y vienes cuando te llamo. Eso es lo único que haces aquí.
La ira se cocinaba dentro de Duncan con cada palabra.
-Esa mujer -continuó – tuvo la oportunidad de hacer algo bien con su vida y eligió no ser nada. Otra supuesta cara bonita que no es más que eso.
-No era nada -murmuró Duncan, más firme de lo que esperaba.
Algo brilló en la mirada de Aerion.
Interés.
Duncan no pudo parar, aunque lo hubiera querido. -¿Qué rayos vas a saber de algo? Te crees mejor que todos solo porque tienes este tonto trabajo comprado de papi, jamás has tenido que trabajar de verdad en tu vida. No puedes reconocer la belleza o el esfuerzo ni aunque te la pongan enfrente…
-Soy mejor, señor Penytree. - lentamente dio un paso hacia él. Apoyo un dedo delgado en la amplitud de su pecho. – Definitivamente mucho mejor que tú. Un perro callejero tan tonto como grande. ¿Que no sé reconocer la belleza? Tú ni siquiera sabes qué es. Nunca has visto nada bueno en la cloaca de la que saliste.
Hablaba con calma y sin alzar la voz. La punta del dedo trazando patrones en su pecho.
-¿Crees que puedes hacer esto mejor que yo? Eres torpe incluso como perchero. Ni siquiera te esfuerzas. Dices que yo me creo mejor, pero tu juzgas mi mundo sin siquiera conocerlo, te crees superior solo por no interesarte “las banalidades” - Se inclinó hacia él. -Bájate de una vez de tu escaloncito moral y limítate a hacer lo único que no has hecho bien desde que llegaste aquí. Tu trabajo.
Aerion se alejó de él con un empujoncito de su mano. -Te estoy haciendo un favor perro. No creas que mi tolerancia te da derecho a tener una opinión sobre mí.
☆: .. .. :☆
Prácticamente había corrido fuera de la oficina de Aerion.
-Va a matarme. O despedirme y luego matarme.
Ante la mirada confundida de Lyonel comenzó a relatarle la discusión que había tenido con su jefe.
Finalmente, este soltó una carcajada -No puedo creerlo. Creo que nunca había conocido a nadie que le hablara así al principito y vivido para contarlo.
Le dio unas palmadas en el hombro.
Duncan se tallo el rostro con las palmas -Él me odia.
Lyonel tarareo alegremente en respuesta.
-¿Qué se supone que debo hacer ahora?
-Fácil. Renuncia.
-¿Qué?
-Renuncia. -repitió, ya de vuelta a los bocetos y papeles en su escritorio en los que estaba trabajando antes de que el gigante entrara a lloriquearle -Tu jefe te odia, tú odias tu trabajo. Vete y todos felices. Habrá alguien nuevo en tu silla en menos de 5 minutos.
-¡No quiero renunciar!
Eso llamó la atención del Baratheon.
-¿Por qué no? Es obvio que no quieres estar aquí.
-Solo estoy intentando…
-Dunk, no lo estás intentando solo te estás quejando. Escucha. No me encanta hacer esto, pero debo admitir que cuando se trata de ECLAT, Aerion siempre tiene razón.
Duncan no podía creer lo que estaba escuchando. Sabía que Lyonel amaba su trabajo y amaba la revista, pero jamás había escuchado otro comentario que no sea apenas respetuoso hacia Aerion.
-Habría sido un proyecto más de la familia Targaryen de no ser por ese niño.- Continuó- Volvió a ponerlo en el mapa de la moda y luego lo convirtió en un faro ¿Sabes cuánta gente le debe su carrera a ECLAT? ¿Cuántos artistas han salido de estas páginas? Por supuesto que no lo sabes y lo peor es que no te importa. Ni siquiera quieres que te importe, no te esfuerzas por hacer tu trabajo. Cada vez que te veo hay quejas, suspiros y ojos volteados y esperas un besito en la frente por eso.
Le mostró una mueca de simpatía.
-¿Crees que Aerion mira a todos hacia abajo? Amigo deberías mirarte a un espejo. – soltó una pequeña risa - Aunque claro, eso no quita que el maldito siga siendo un psicópata con el culo apretado. Nop.
Duncan ya había perdido la cuenta de cuántas veces se había quedado pasmado ese día.
-¿Dices que soy igual que él?
-Peor. Él dirige una empresa multimillonaria y no me molesta con sus desgracias cuando estoy trabajando. Por muy divertidas que sean -lo miró de reojo, sonriendo. -Y siempre se ve fabuloso.
¿Qué carajos? Él solo quería ser periodista. Solo quería hacer bien su trabajo. No quería los grandes premios o fama, pero al menos le habría gustado que reconocieran su esfuerzo.
¿Cuál esfuerzo? ¿Hacer mandados?
Tuvo que admitir, incluso para sí mismo, que entró a este mundo con un sesgo ya bien establecido. Ni siquiera se trataba de su jefe, se trataba de él. Se dio cuenta que no valoraba la empresa en la que estaba, ni la gente que trabajaba ahí.
¿Cómo podía empezar a cambiarlo ahora y demostrarle a Aerion lo equivocado que estaba sobre él?
-Lyonel… - canturreo cuando por fin la bombilla en su cabeza se encendió.
Layo en el parecido a leerle la mente o tal vez su tono lo delató, ya que solo lo miró con un suspiro resignado.
-Justo ahora que en serio estoy tan ocupado.
☆: .. .. :☆
Aerion entró a la oficina como cualquier otro día. Los tacones de sus botas resonando por el mármol. Dejó caer sus cosas sobre el escritorio sin mirarlas siquiera.
-El archivo de Calvin Klein del 92. Y los borradores que pedí esta mañana- dijo, quitándose los lentes de sol -¿Dónde está mi café?
-En su escritorio, señor. Junto con el archivo y los borradores organizados por autor y temporada.
Aerion se detuvo. Levantó la vista.
Duncan estaba de pie al otro lado del escritorio, las manos detrás de su espalda y por primera vez desde que lo conoció, recto en toda su altura.
No encorvado. No incómodo.
La camisa beige le caía limpia sobre los hombros, ajustada lo suficiente para mostrar su figura marcada por el rugby juvenil. El pantalón de vestir, por una vez de su talla, remarcaba la línea de su cintura y la larga caída de sus piernas.
Los zapatos. Brillantes y estilizados. Finalmente, algo que no parecían dos bolsas de plástico amarradas con cinta a sus pies.
Los ojos lilas lo recorrieron con lentitud. Sin prisa o sutileza.
De arriba abajo. Y de vuelta. Luego permaneció un instante más en su rostro.
Duncan sostuvo la mirada. Esperando.
El aire alrededor se había vuelto más caliente. Fruta madurando al sol.
Aerion se giró como si nada hubiera pasado y entró a su oficina.
Rowan se acercó lo más rápido que sus tacones de aguja se lo permitieron, intentando no hacer ruido con ellos.
-¿Hace calor aquí?
-Rowan…
-Siempre supe que eras guapo. Siempre lo dije. Pero esto Dunk - la uña color vino lo señaló entero - Eres sexy amor. En serio.
Duncan se dejó caer frente a su computadora, bufando divertido.
-Solo es la ropa y el corte.
Rowan hizo un sonidito negativo.
-Es la actitud bebé. Finalmente estás sacando la tuya.
☆: .. .. :☆
Aún no se acostumbraba a la imagen que le devolvía el espejo. Igual que la noche anterior después de que Lyonel lo vistiera y desvistiera con todo el almacén de ECLAT.
-No te muevas -había ordenado Lyonel, ajustándole el cuello de la camisa. -Si respiras mal, arruinas todo.
Duncan frunció el ceño.
-Solo es ropa.
-Exacto-respondió -Y aun así logras hacerlo mal. Debe ser tu talento. Ahora, enderézate. Esto no sirve de nada si te la pasas encorvado todo el tiempo. Eres alto y algunos dirían que guapo. Aprovéchalo.
Cuadro los hombros frente a su reflejo.
Lyonel tenía razón. No importa cuando quisiera esconderlo, era muy alto. Había un montón de gente queriendo ser más alta de lo que era, haciendo de todo para disimular unos centímetros más. Él nació así.
Rowan también tenía razón. Se veía sexy. Se sentía más confiado, aunque sea un poco.
Acostado en su cama, se tomó el tiempo de repasar todas las miradas que había recibido en el día desde que salió de su departamento en la mañana. Muchas eran insinuaciones no dichas. Otras venían acompañadas de feromonas invitándolo a probar.
Pero hubo una en espacial.
Aún podía sentir la mirada de Aerion cayendo pesada sobre él. Evaluándolo, casi como lo hacía con una pieza de alta costura que le gustaba especialmente.
El aroma dulce y bochornoso que sabe no fue su imaginación.
Y si esa noche se corrió pensando en ojos lilas y una boca suave y cruel, solo él lo sabría.
☆: .. .. :☆
Aerion nunca mencionó nada sobre su cambio de apariencia en los días que le siguieron. Aunque sí puedo captar una que otra mirada intensa sobre él, no hubo mucho más reconocimiento.
La gente a su alrededor, por otra parte, empezaban a tomarlo en cuenta.
Algo había cambiado. Dentro y fuera de él.
Duncan empezó a llegar unos minutos antes. Revisaba los pendientes del día antes de que Aerion los pidiera. Confirmaba citas, ordenaba archivos no porque se lo exigieran, sino porque empezaba a notar cuando algo estaba fuera de lugar.
Genuinamente comenzó a interesarse por ECLAT y lo que representaba para la gente que dependía de ella. Podía apreciar que había cosas en ella tan cercanas al arte.
Y una tarde su jefe lo llamo a su oficina.
-Cancela tu noche.
Duncan levantó la vista de la agenda en sus manos.
-¿Señor?
Aerion no lo miró. Revisaba la pantalla de su portátil con esa misma calma irritante de siempre.
-Tienes exactamente dos horas para hacerte presentable. Vas a venir conmigo.
Duncan parpadeó.
-¿A dónde?
Una ceja apenas alzada.
-Intenta seguir el ritmo, Penytree ¿O no sabes en que día vives?
Ay buen señor, no.
-¿Se refiere a la gala Targa..?
-Molesta a alguien más con tus preguntas idiotas. Roland pasara por ti a las 6. Mas te vale estar puntual o te iras caminando.
El estómago de Duncan dio un vuelco mientras veía a Aerion recogiendo sus cosas.
Silencio. Quiso decirle que esa definitivamente no era una buena idea. Sobresaldría como una jirafa entre caballos pura sangre en campo abierto.
Duncan cerró la boca cuando Aerion quedo frente a él en su camino a la puerta.
-¿Por qué sigues aquí?
Así fue como termino en la gala Targaryen. Un evento exclusivo que la familia de Aerion celebraba anualmente y que incluía a todas las ramas y negocios de la familia. Una recaudación de fondos extremadamente cara para otras personas asquerosamente ricas que se sentían un poco mejores por donar a alguna causa igual de extravagante.
El lugar brillaba. Cada luz, cada textura, cada persona parecía estar exactamente donde debía estar.
Trajes impecables. Vestidos imposibles. Perfumes caros flotando en el aire como una nube invisible.
Todo era demasiado.
Y en medio de todo Aerion.
Fácilmente la criatura más hermosa que Duncan jamás había visto.
El viaje en auto hasta ahí había sido una de las pruebas más difíciles que Duncan había tenido que superar.
El aroma delicioso de Aerion lo ahogaba en el asiento trasero. El cabello blanco lanzaba reflejos dorados con las luces de la ciudad que se colaban por la ventana. Era hiperconciente del balanceo del pendiente de gota rojo cada que el omega hacia cualquier movimiento. Quería meterse la joya a la boca y seguir con su lengua el camino a su cuello.
Alguien debería felicitar su esfuerzo por mantener sus manos (y su pene) quietas en su lugar.
Tuvo que detenerse un segundo a tomar aire cuando bajaron del auto y se posiciono tras de él. La camisa roja que se ajustaba como corset a su cintura estaba completamente abierta de la espalda. Solo había una cadena que cruzaba de hombro a hombro a juego con los pendientes que llevaba. Si bien, definitivamente quería poner su boca ahí también.
Iba a dejar marcas de sus dientes en cada una de las vértebras hasta llegar a la base de ese precioso trase…
-Mantente cerca de mi todo el tiempo. No quiero que metas la pata con tu poca gracia.
Duncan se mantuvo un paso detrás por horas. Observando, escuchando, aprendiendo.
Aerion hablaba con celebridades, empresarios y políticos como si fueran viejos conocidos, probablemente lo eran, por lo menos de su familia.
Hablaba con seguridad y a veces incluso con un poco de coquetería tan natural en él.
Hubo un sutil cambio en su postura cuando se movieron hacia una parte más privada del gran salón.
-Carajo…- susurro Aerion con la vista fija en un punto más allá del grupo de personas frente a ellos.
Duncan siguió la dirección de su mirada.
Sentado con la espalda recta estaba Valaar, el heredero de todo el imperio Targaryen. A su lado casi completamente desparramado sobre el sillón estaba Daeron, el hermano mayor de Aerion. Su pierna colgaba cómodamente sobre la rodilla de Valaar quien, más que parecer incómodo, se dedicaba a dibujar patrones circulares con sus dedos en la pierna que estaba sobre él.
Aerion movió la cabeza con rapidez, escaneando el lugar como si buscara
-Creo que es hora de que nos vaya…
-Aerion.
La voz tras de ellos hizo que la columna de Aerion se enrazada como un látigo. Una tensión en su postura que Duncan no había visto antes.
Inconscientemente quiso acercarse a él. Aliviar su malestar.
Había algo en la presencia del hombre tras de ellos, en la manera en que el espacio parecía abrirse para él, que dejaba claro quién era.
Maekar Targaryen. El padre de Aerion.
- No te había visto en toda la noche.
-Padre. - Aerion no tardó en recomponerse. Para cuando se giró, su expresión era el muro impenetrable y frio de siempre. - He estado ocupado. Hay demasiados invitados esta noche. Gente a la que saludar.
-Y aun así ninguno es más importante que tu familia.
Duncan sintió que estaba viendo algo que no debería. Aerion apretó los labios, un gesto apenas visible.
-Bueno, ya sabes cómo es esto. El trabajo también es importante.
Los ojos del hombre se deslizaron entonces hacia Duncan. Como si acabara de aparecer ahí. Un gran mueble nuevo que no había notado antes y que no le encantaba precisamente.
Aerion dio apenas un paso. Suficiente para colocarse ligeramente delante de él.
-Mi asistente -dijo sin apartar la mirada de su padre—. Duncan Penytree.
-Es un honor señor.
El silencio que siguió fue más pesado que el anterior.
-Ya veo -murmuró el hombre. Su mirada volvió rápidamente a su hijo. Por un momento Duncan podía jurar que sus ojos se suavizaron, pero volvieron a su dureza en cuestión de un segundo. - Tenemos que hablar.
Una mano ya en el codo del joven omega. No fue una sugerencia.
Aerion apretó apenas la mandíbula.
-Por supuesto.
Se giró hacia Duncan.
-Ve a tomar algo. En cuanto vuelva nos vamos.
Su voz era baja.
Controlada.
Había algo debajo de su tono controlado. Un cansancio resignado que no encajaba con su seguridad habitual.
Duncan asintió y lo observó alejarse entre la multitud tras su padre y tuvo que obligarse a no ir tras él.
☆: .. .. :☆
-Entonces Duncan.
Un poco de vino salpico cuando la copa fue puesta a su lado en la barra.
Daeron Targaryen se veía un poco achispado cuando le sonrió.
A Duncan normalmente le gustaban las sonrisas, mucho más si venían de un rostro tan hermoso como el de Daeron Targaryen.
Esta vez, en cambio, el gesto lo puso incomodo de inmediato.
Le recordó a la escuela. Cuando los demás niños se burlaban a sus espaldas y todos entendían el chiste local excepto él.
Porque él era el chiste.
Era la sonrisa de alguien que sabe mucho más que tu y disfruta de tu ignorancia.
-Señor.
-Daeron. Solo Daeron, me haces sentir como un anciano.
Hizo un gesto al bar tender para ambos.
-Si que llamas la atención ¿eh?
-Es un poco difícil pasar desapercibido. – señalo su altura con la mano. -Estoy acostumbrado.
-Mmmmm eso es bueno. Con suerte te hará más fácil acostumbrarte a esta mierda – Daeron paseó la mirada a su alrededor, haciendo un gesto vago que abarcaba todo el salón -Bonito por fuera, pero es una maldita jungla. Sobre todo, para la carne nueva.
Duncan frunció el ceño -¿Carne nueva?
-Tu. Obviamente. – levanto su copa recién servida hacia él y se lo tomo de un solo trago.
Continuo antes de que Duncan pudiera responder.
-¿Siempre lo sigues así de cerca? —preguntó inclinándose hacia él.
Duncan tomó la copa sin mirarlo.
-Es mi trabajo.
-Claro -murmuró, divertido. -¿Te gusta mucho tu trabajo, Duncan?
-¿Disculpe?
-Creo que podría gustarte bastante. Soy muy bueno adivinado lo que va a pasar -inclinó la cabeza, observándolo con detenimiento -y adivino que tu llegaste para quedarte.
Duncan apretó los dedos alrededor de la copa.
-Con todo respeto, señor, hago lo mejor que puedo en mi empleo. Pero no creo que sea mi verdadera vocación.
-Oooh -Daeron dejó escapar una risa baja. -Créeme. Ya encontraste tu lugar.
Antes de que Duncan pudiera replicar, una mano apareció rodeando la cintura de Daeron.
-¿Te estás divirtiendo? -preguntó Valaar en voz baja.
Daeron dejó escapar una risa suave, recargándose contra él.
-Mucho. La conversación con Duncan ha sido muy entretenida. Me agrada. Pero creo que ya terminé por hoy. Quiero irme a casa.
-Claro -respondió sin vacilar -Vámonos a casa.
Era algo tan honesto la forma en que Valaar miraba a Daeron que tomo desprevenido a Duncan. Como si no hubiera nada más importante. Como si no hubiera nadie más en la habitación.
Valaar se giró entonces hacia Duncan con una sonrisa amable, tan diferente a la que le había tenido el omega en su regazo hace apenas unos momentos.
-Fue un placer, Duncan. – dijo con cálida familiaridad.
Duncan asintió, un poco sorprendido.
Daeron se apoyaba en la mano de Valaar para levantarse del banquillo.
-Deberías darte una vuelta por la biblioteca -murmuró antes de irse, casi como un secreto. -Pasillo a la izquierda. -Su sonrisa maquiavélica volvió. -Alguien te está buscando.
Y entonces se fue. Su mano nunca soltó la de su primo.
☆: .. .. :☆
El ruido y música de la gala eran apenas un murmullo lejano cuando doblo por el pasillo.
Sabía que no debería estar ahí. Esto le pasaba por hacerle caso a un “médium” borracho con probables tendencias fetichistas.
Aun así, había algo en su pecho empujándolo a cada paso.
Duncan dudó en la entrada de la biblioteca.
-No me estás haciendo un favor Aerion. -la voz de Maekar sonaba irritada, pero sobre todo cansada. Como si esta fuera una conversación que ya habían tenido demasiadas veces, siempre con el mismo resultado. -Si dejaras de ser tan necio.
-¿Es una orden entonces?
Desde su escondite en la puerta pudo escuchar el suspiro de Maekar.
-Solo quiero lo mejor para ti.
-¡Por favor! Ni siquiera conoces bien a ninguno de tus hijos y crees saber que es lo mejor para nosotros. Y esperas que yo sea igual a ti.
-Aerion…
-¡Tengo una empresa que sostener! ÉCLAT está viendo su mejor momento gracias a mí. Mi trabajo y yo representamos uno de los mayores éxitos del complejo Targaryen ¿Y aun así no es suficiente para ti?
-No cuando estas ignorando lo más importante.
-¿Importante? -Aerion soltó una risa histérica -¿Forzarme a casarme con alguien que no quiero? ¿Tener hijos solo para cumplir con una imagen?
-Eso no es lo que…
Y entonces un crujido.
Maldita sea.
El leve sonido del suelo bajo el considerable peso de Duncan. Ambos giraron al mismo tiempo.
Duncan se quedó inmóvil.
Maldita, maldita sea.
-Yo… lo siento, señor, no quise…
Aerion cruzo la distancia entre ellos en segundos, sujetándolo del brazo con firmeza al pasar junto a él por la salida.
-Nos vamos. Ahora.
Y fue arrastrado fuera de la biblioteca.
El agarre era fuerte. Sentía las uñas clavándose en su brazo a través del traje.
☆: .. .. :☆
El viaje de regreso fue igual de tenso que el de ida. Solo que por razones diferentes esta vez. Aerion no lo había mirado ni una sola vez desde que salieron de la gala sin despedirse.
Duncan tampoco se atrevió a hablar y el silencio entre ellos era denso.
Cuando finalmente el auto se detuvo frente al complejo departamental de Aerion, pensó que podría dar la noche por terminada. Rowan lo dejaría en su casa, por fin podría quitarse las capas del traje elegante que comenzaba a asfixiarlo y repasar obsesivamente toda la información que había recopilado sobre la familia de su jefe.
Sus planes se vieron frustrados cuando en lugar de arrancar el auto se quedo estacionado con la puerta abierta y Aerion gritándole que se apresurara a entrar tras de él.
Bien. Doble turno entonces.
Aerion lanzo sus cosas al suelo alfombrado junto a la entrada y camino quitándose los zapatos para lanzarlos en direcciones opuestas.
Duncan miro el desastre en el suelo y lo recogió con calma, poniendo todo con cuidado en el mueble más cercano.
-Necesitamos revisar el itinerario de mañana. - El omega se dejó caer con fuerza en un sillón blanco que combinaba perfectamente con el arreglo de alcatraces en la mesa de centro. Señalo con impaciencia el asiento frente a él.
-Cancela la cita con Hightower, no hay nada interesante que pueda decirme. Ve si puedes adelantar la reunión con Tyrell, necesitamos las telas lo antes posible. Avisa al equipo de maquetado que estén listos a primera hora mañana.
-Tiene agendado un desayuno familiar a primera hora mañana.
Los labios de Aerion se apretaron sin mirarlo.
-No ya no. Cancela eso. Si llaman asegúrate de decirles que estaré muy ocupado dirigiendo la empresa que saque del cobertizo y definitivamente no embarazándome pronto.
Duncan no pudo evitar la velocidad con la levanto la mirada de s libreta de apuntes hacia la figura delgada de su jefe.
Aerion seguía sin mirarlo. Los hombros hundidos y las manos jugando con una pelusa imaginaria de su pantalón.
-Quiero que rechaces todas las reuniones y llamadas que tengan que ver con mi padre. -Soltó un resoplido sin humor. -Probablemente aprovechara cualquier oportunidad que tenga para intentar emparejarme con alguno de sus conocidos preaprobados por él.
Inhalo profundo y largo. -No importa cuanto lo intente, cuanto dinero gane, cuanto avance en mi carrera. Nunca puedo hacerlo feliz. Quiere que me case y tenga cachorros. No pronto, ahora. Como si eso le hubiera funcionado a él.
Otro suspiro. -Es una lucha perdida. Por mucho que lo quiera o intente, no hay alfa, beta u omega. Hombre o mujer que tolere todo esto. – se señalo a si mismo. -El “omega dragón”, obsesionado con su carrera. Aleja a cualquiera que intente acercarse.
“Por mucho que lo quiera”
Por primera vez desde que entraron al departamento Aerion lo miro.
Duncan se mantuvo en silencio, solo escuchando. Se sentía fascinado al ver por primera vez la vulnerabilidad en alguien que creía era incapaz de experimentarla, y ahí estaba, cruda y como casi todo lo que rodeaba a Aerion, increíblemente hermosa.
-¿Hablaste con Daeron?
La pregunta lo tomo desprevenido. El cambio brusco de tema no le permitió responder de inmediato.
-Si.
-¿Qué fue lo que te dijo?
-Nada importante, señor. Solo tomamos una copa juntos. Creo que solo quería conocerme.
Aerion lo observó con más atención ahora. -¿Y Valaar? ¿él te dijo algo?
-No señor. Apenas nos saludamos.
Aerion hizo un sonidito, asintiendo.
Duncan dudó un segundo, pero el recuerdo de toda la interacción de los primos seguía rondándole la cabeza.
-Ellos son…bastantes cercanos.
-Están cogiendo.
-Oh.
Oh.
La mirada de Aerion se volvió evaluadora ahora. Midiendo su reacción.
-En realidad… -hizo un puchero divertido. –Están haciendo más que eso. Se van a casar pronto.
Sun tono era una rara mezcla de pesar y alegría cuando lo dijo.
-Si alguno llama para hablar sobre eso, avísame de inmediato.
-Por supuesto, señor.
Y luego porque no puedo evitarlo.
-Con todo respeto, señor. Creo que los dragones son geniales.
Los ojos de Aerion se abrieron ligeramente, sorprendidos.
-¿Y tú que carajos vas a saber? – le respondió. Si Duncan no lo conociera mejor podría jurar que vio el inicio de una sonrisa en su rostro.
☆: .. .. :☆
Hacia calor.
Conocía el calor de la ciudad en primavera. Incluso entrada la noche como lo era ahora.
Este era un calor diferente.
Se desabrocho el primer botón de la camisa para dejar entrar aunque sea un poco de aire. Su mirada se levantó hacia la figura recargada al otro lado del escritorio.
Aerion lo había hecho quedarse tarde en la oficina detallando la entrega del siguiente numero de la revista, el cual ya había sido revisado y aprobado antes, Aerion aseguraba que no era tan perfecto como las otras entregas e iban a pasar toda la noche encontrando el problema si era necesario.
La revista era, honestamente, lo ultimo que ocupaba la mente de Duncan en ese momento.
Aerion apoyado sobre sus manos en el escritorio observaba intensamente el borrador bajo él. Cada inclinación hacia adelante dejaba a la vista una pequeña fracción de piel en su escote. Se había arremangado las mangas de la camisa por el calor y Dunca nunca antes había pensado que las muñecas descubiertas pudieran ser tan excitantes.
Cristo hacia calor.
-¿Algún problema?
Duncan parpadeo hacia su jefe.
Si. En realidad, si había un problema grande en sus pantalones. El aroma de Aerion y la imagen de su cuello descubierto era otro.
Tuvo que parpadear varias veces para enfocar la mirada. Las extremidades comenzaban a hormiguearle. Sentía que el aire le faltaba.
-No señor. -Se obligo a responder.
-No te ves muy bien.
-Es solo cansancio.
No se dio cuenta en que momento Aerion se había acercado tanto a él. Cuando volvió a levantar la vista el omega se encontraba parado frente a él, demasiado cerca, observándolo con interés.
-Te ves terrible.
Intentó enfocar la mirada, pero le estaba costando mucho más esfuerzo del que pensaba. Le costaba incluso ordenar las palabras en su cabeza.
Solo era consciente del sudor acumulándose en su nuca y la sensación interminable de bochorno.
Y entonces el dorso fresco de una delicada mano contra su frente.
Duncan se sobresaltó ligeramente ante el contacto.
-Tienes fiebre, Penytree —murmuró Aerion. Su voz sonaba más lejana de lo que debería.
En algún lado de su subconsciente podía escuchar a Aerion hablando de un posible resfriado y que debe irse a casa, pero Duncan solo puede concentrarse en el aroma frutal de Aerion a su alrededor. Cálido y dulce envolviéndolo.
El contacto entre su piel y la del omega.
Antes de que pueda pensarlo correctamente toma delicadamente la mano de Aerion y se lleva la parte interna de su muñeca a la nariz. Aspira el delicioso aroma hasta que siente que le arden los pulmones y luego con la lengua traza las venas azules que se logran ver a través de la piel translucida.
Es el sonido fuerte de una aspiración sobre de él lo que lo regresa un poco a la realidad. Solo un poco.
-Duncan, escúchame ahora perro gigante.
Hizo un sonido afirmativo mientras su boca bajaba hacia la palma y luego a besar la punta de cada dedo.
Eran manos tan bonitas.
Todo en el omega parecía haber sido hecho un el cuidado de un artesano experimentado. Una joya valiosa, una obra de arte que solo podía ser contemplada y nunca tocada.
Él era solo basura de la calle que ahora podía rozar, aunque fuera un poco, una de las estrellas más brillantes.
No desaprovecharía su única oportunidad.
-Estas en pre-celo.
¿Qué?
Fue un balde de agua fría.
Soltó la mano que segundos antes había querido recorrer con la lengua, como si quemara y se tallo el rostro para obligar a su cerebro a reaccionar.
Pre-celo.
No podía ser posible. Aun no era tiempo. No podía ser tan descuidado y olvidarlo. Simplemente algo estaba mal, aun no era tiempo.
Y sin embargo ahí estaba. Se acerco el cuello de su propia camisa a la nariz y aspiro. El aroma a celo temprano.
Mierda.
-Lo siento mucho Aerion… señor. Me iré ahora y yo…
Tropezó mientras avanzaba a la salida.
Debió ser más lento de lo que pensaba porque cuando su mano alcanzo la perilla dispuesta a girarla la palma de Aerion (que antes había estado en su boca. Dios santo) se estampo contra la puerta, bloqueándola.
La mirada de Aerion era severa. Firme. y Duncan quiso esconderse dentro de sí mismo.
-Espera aquí, mi auto nos llevara a un lugar seguro. -dijo después de una profunda respiración.
-No creo que eso sea prudente señor...
-Lo que no es prudente es un alfa de dos metros en celo aterrorizando a la gente por la calle. Quédate aquí, es más seguro.
-Señor. -Duncan prácticamente suplico. -No creo que sea una buena idea.
Los ojos de Aerion brillaron. La forma en que lo recorrió con la mirada le recordó a Duncan la vez que por fin decidió cambia su apariencia.
Un dedo adornado con su clásico anillo de dragón se poso en el final de su garganta y bajo lentamente hasta donde la camisa aún no había sido abierta.
-Tal vez yo pueda ayudar.
☆: .. .. :☆
Lo estampado contra la puerta y luego lo había besado hasta que sintió las piernas de Aerion temblar y sus pulmones protestar. Continuo el camino de su boca por la garganta descubierta.
La ropa estaba siendo arrancada sin pensar y Dunca nunca se había sentido tan borracho y pleno en su vida.
Tan impaciente también.
El sonido de la ropa rasgándose saco un quejido de Aerion.
-Ese era un Chanel, salvaje…
Duncan lo cayo metiéndole la lengua en su boca. Sus manos recorrieron todo el torso blanco frente a él hasta llegar a estrujar las nalgas del omega acercando su cuerpo desnudo al suyo.
Aerion hizo un sonidito complacido cuando los dedos de Duncan rozaron su centro mojado. Rios de lubricante omega bajaban por el interior de sus muslos.
Si Duncan hubiera estado en sus cinco sentidos se hubiera esmerado más en abrir al omega. Lo hubiera llevado a una superficie suave y plana para empezar, luego lo hubiera preparado con sus dedos y boca hasta obtener como mínimo un orgasmo de Aerion.
Ahora su cabeza solo estaba en hundirse en el delicioso y hermoso manjar ante él.
Tomo una de las piernas de Aerion, la engancho en su cadera y bajo su mano para explorar con sus dedos su entrada jugosa.
Un gemido en forma salió de Aerion cuando el grueso dedo entro en él.
-Dame más. Quiero más. -Jadeo.
Dos y luego tres dedos entraron sin resistencia, casi como si el omega fuera el que estuviera en celo.
Los sonidos que salían de Aerion eran tan bonitos, como el resto de él.
Principito ruidoso.
Aerion bajo su propia mano para frotar su clítoris a la par de los dedos moviéndose en él, pero Duncan empujo su mano y lo reemplazo por su propio pulgar.
-Duncan…- su nombre en la necesitada boca de Aerion termino por romper de dique en él.
Aerion grito cuando el alfa le tomo ambas piernas y lo levanto en el aire. Se apresuro a rodear a Duncan con sus extremidades.
Lo levantaba como si no le costara nada, probablemente así fuera. El alfa ajusto su agarre bajo sus muslos, podía sentir la punta de su pene besando levemente su entrada y eso le hizo voltear los ojos.
Con un beso más tierno de lo que Aerion había recibido nunca durante el sexo, se hundió en su cuerpo.
-Eres grande – susurro Aerion, el aire se había ido de sus pulmones.
La gravedad hacia su magnifico trabajo y los brazos fuertes de Duncan lo movían con facilidad y la velocidad precisa para que las entrañas de Aerion se apretaran de placer.
Dios santo, ojala le pusiera un cachorro adentro.
-Muchos. -gruño Duncan. -Te pondré todos los bebés que quieras, siempre que quieras.
Oh dios.
La boca suelta de Aerion no paraba de balbucear estupideces cursis mientras las embestidas de Duncan aumentaban de fuerza.
Lagrimas se acumulaban en cada salto de sus caderas. La succión en su pezón le hizo apretar los dedos entre los cabellos del alfa.
El pene de Duncan lo estiraba de maneras que nunca había sentido antes y llegaba tan profundo en él. Cada empuje lo sentía en el estómago.
Duncan lo apoyo en la puerta tras de él. Usando el nuevo apoyo abrió más las piernas de Aerion comenzó a (no hay otra forma más linda de decirlo) taladrar en el interior del omega.
El grito ronco resonó por toda la oficina. Gracias a dios estaban solos porque definitivamente los hubieran oído. La mano de Duncan se coló entre ellos acariciando con brusquedad el pequeño montículo de nervios de Aerion.
Eso fue todo.
Aerion estaba seguro que quedarían marcas de sus uñas en la espalda del alfa. Las olas de placer se extendían desde su centro al resto de su cuerpo lo hicieron arquearse mientras se corría. Más lubricante se desbordaba de su agujero que aun estaba siendo usado por Duncan.
No tuvo mucha conciencia en los minutos que le siguieron. Solo sentía a Duncan moverse dentro y fuera de él hasta que todo su cuerpo cosquilleaba de tensión y sensibilidad. En una embestida particularmente profunda Duncan clavo sus dientes en su hombro, haciéndolo jadear y entonces sintió la corrida del alfa llenándolo.
Se quedaron completamente quietos unos segundos y luego la mano de Aerion se enredo en los cabellos de Duncan una vez más y acaricio con suavidad.
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