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Un regalo de cumpleaños

Summary:

Tendrías que haber cuidado lo que dices. Muchas personas pueden llegar a ser muy... literales. Buh, que importa, ¡feliz cumpleaños!

Notes:

¡Hoy es mi cumpleaños! esa es la razón por la que hice este OS. No es mi mejor trabajo, pero cumple con lo que esperaría ;3 disfruten

Work Text:

A partir de cierta edad, habías aceptado que cada 365 días sería la misma mierda: soplar las velas del pastel y rogar por un regalo decente de cumpleaños.
Solo faltaba un día. Tus ánimos estaban por los suelos, abrumada en tu habitación solo querías dormir unas 40 horas y después volver a tu monótona realidad.

¿Por que eras tan pesimista? Las chicas de tu edad se suelen emocionar con sus cumpleaños. Planean su fiesta con un mes de antelación e invitan a todas sus amistades. Para cuando llega el día tan esperado, sus habitaciones se llenan de decoraciones hermosas pensadas especialmente para ellas por sus novios.

No podías evitar sentir una pizca de envidia. Como añorabas ese tipo de detalles, de gestos bonitos, el hecho de que a alguien parecía importarle que cumplías un año más con vida.

A solo unas horas de tu día, todos en casa parecían haber armado un plan para joderte. Tus hermanos invaden tu privacidad y tus padres están irritados por la mínima cosa mal que hagas, Tienes la “suerte” de tener el mismo temperamento que ellos, lo que genera que tu hogar se vuelva un campo de guerra con gritos, y para finalizar, agresión física, leve, pero el golpe que tu madre ha soltado en tu muslo no parece que se irá en un buen tiempo.

Llegas a paso firme a tu habitación. Aunque estás llena de rabia y frustración, cierras con sutileza la puerta. Te recuestas en tu cama y no puedes evitar que las lágrimas resbalen por tus mejillas como si de un grifo abierto se tratase.

Agarras el celular y tecleas temblando.

“¿Por qué son así conmigo? ¿Es que acaso nadie puede tenerme lástima por un día?”

Dejas caer el dispositivo a tu lado y clavas tu mirada en el techo.

No dura mucho ahí. Vibra.

“Yo no te tengo lástima”

Cuando entraste a la adolescencia, no volviste a tocar pasto. Usando un lenguaje urbano, obviamente.

Podías pasarte horas en redes sociales simplemente deslizando. Muchas de tus desveladas habían sido a causa de ello y no de trabajos escolares como suele ser.
Uno de tus refugios resultaba ser Twitter. Solo lo usabas para cosas muy concretas, como para estar al día con las noticias o interactuar mínimamente con cuentas de cosas que te gustaran. Pero, si se tuviera que extraer lo que más hacías allí, era twittear el como te sentías. Esperabas que alguien algún día se identificara con ello y no se sintiera tan solo, así como tú. Sin embargo, no todo era tristeza y oscuridad. También posteabas cosas random; chistes, imágenes graciosas pero sin sentido, incluso fotos tuyas.

Tu cabeza estaba un poco podrida, eso sí. Ocasionalmente, si te sentías muy bonita, había alguna foto rondando tu perfil por algunas horas. Tu cara no era exactamente el centro de atención de la imagen, ni la razón por la que esos posts resultaban ser los más vistos en todo el tiempo que llevabas ahí, sino lo que podías mostrar.
Era sencillo; solo lo hacías cuando te sentías muy bonita, aburrida en conjunto. La dejabas allí unas horas y cuando los comentarios se empezaban a llenar de señores diciéndote vulgaridades te reías y la eliminabas. Y la regla esencial: nunca mostrar más lo que no podrías dar.

La mayoría de ellos dejaba de seguirte una vez que se daban cuenta que no contestarías sus mensajes privados, pero había un perfil que no lo había hecho, y que, sobre todo, seguía interactuando con cada cosa que subieses, fuera “erótica” o no.

“@riddlerone3000”

Claro que te habías percatado de él. Un día simplemente empezó a interactuar con todo aquello que subieras a tu perfil. No estabas segura si pertenecía al nicho anteriormente mencionado o si era un troll más de internet, pero preferías mantener la guardia baja.
Su cuenta era, en lo que suponías, normal para lo que alguien como él compartía: política. Bueno, concretamente publicaciones de los noticieros de Gotham que informaban de posibles casos de corrupción, crímenes y ese tipo de cosas que por tu salud mental intentabas evitar a toda costa. A veces solo eran repost, y alguno que otro comentario que dejaba en la publicación original.
Su foto de perfil solo era la imagen de un signo de interrogación. No había descripción, fotos o videos. Lo único que se podía considerar un delatante de su identidad, era que muy probablemente era alguien de Gotham por lo que compartía y que era hombre, por los pronombres que usaba consigo mismo.
Era todo. No había donde más indagar.

A veces, en tus momentos de ocio, estabas a punto de enviarle un mensaje. Contestarle algún comentario o dejarle like a algún repost suyo para que a él le llegara la notificación, pero nunca lo hiciste. ¿Qué tal que lo tomaba como gancho y ahora no dejaba de hostigarte por mensajes?
Sin embargo, al ver una respuesta suya ante tu último desahogo, decidiste abrirle la puerta. La mezcla salvaje de tus sentimientos en ese momento solo te hacía desear con intensidad un poco de atención. “¡Alguien esta preguntando como me siento!” no dejaba de retumbar en tu cabeza.

“Es bueno saber eso” tecleaste. Publicar.

No pasaron ni 15 segundos cuando a tu bandeja de solicitudes llegó un mensaje.

“Alguien como tú no merece que la traten así”

¿Qué?

 

“¿A qué te refieres?”

“He visto tus últimos tweets. Parece que la vida no está siendo buena contigo”

Ah, cierto, esta semana había sido pésima. Habías dejado como 30 posts quejándote de lo estúpida e ignorante que podría llegar a ser la gente contigo.

“Bueno, eso no es algo nuevo”

“Es lo que suele pasar con nosotros, los olvidados de esta ciudad”

“Estoy segura de que mi abuelo todavía recuerda mi nombre. No creo ser uno de… ¿ustedes?”

“Que gracioso”

“Hago lo que puedo”

Bueno, hasta ahora, no podías tachar nada. Tenía una ortografía decente y no te había enviado la foto de su miembro. Que raro, usualmente pasaba en el segundo mensaje.

Sin darte cuenta, ya te encontrabas sonriéndole al celular. A pesar de que la persona detrás de la pantalla estaba siendo algo parca, se veía interesado en ti y tus opiniones políticas. Parecía que le había agradado el hecho de que fueras una ciudadana consciente, aunque te estaba alentando en hacer algo más por tu ciudad.

“He ido a protestar algunas veces por distintas causas sociales. Creo que es un avance”

“Lo es. Incluso un repost aquí sirve de mucho”

“Lo sé”

Sin darte cuenta, la madrugada ya había llegado. Platicar con este tipo te resultaba bastante interesante, algo pesado puesto que se casi toda la plática fue de consciencia social. Tus ojos empezaban a arder y bostezabas cada 30 segundos. Dejaste el celular a un lado de tu cama y cerraste los ojos, durmiéndote con una pequeña sonrisa en el rostro que llegó ante el pensamiento de un interés probablemente genuino.

Siempre quisiste que los rayos de luz inundaran tu habitación y que los pájaros cantaran al unísono para despertarte, vaya tontería. El sonido de los camiones y coches fue lo primero que escuchaste tan pronto volviste en si luego de un gustoso sueño.

Tu pequeña alcoba estaba casi completamente a oscuras. Solo era un poco de luz tenue colándose por las ventanas; ese era tu primer regalo del día.
Solo una vez cumples esta edad, deberías alegrarte.

Como mal hábito, tomaste tu celular. Algunos mensajes ya estaban en tu bandeja, todos de amigos que habías hecho al menos en estos últimos 5 años; era bueno saber que estabas presente en su vida. Sonreíste levemente y dejaste el celular a tu lado de nuevo. Tenías una pequeña corazonada de que este cumpleaños sería diferente. Ojalá así fuera.

Lo tomaste de nuevo y empezaste a revisar tus redes sociales. Algunas otras felicitaciones te hicieron llegar a manera de historias temporales y uno que otro tweet de gente que habías conocido en comunidades con tus gustos en común, donde intentabas estar lo más activa posible. Reposteaste todo.

Seguiste scrolleando después de eso. Se empezaba sentir bien el ruido lejano de los vehículos y la oscuridad amena de la habitación.

Una de las ventajas que tenías al ser tu cumpleaños era que podías faltar a la escuela. ¿Quién lo decía? Nadie en especial, afortunadamente los profesores eran comprensivos con ello. Y bueno ¿tus padres? No lo notaban realmente a menos que alguno de tus hermanos fuera de metiche.

Esa fue la fortuna del día. Después de ir al baño y darte cuenta que no había nadie en casa volviste a tu habitación.

“Feliz cumpleaños”

El mismo tipo de ayer.

“Gracias”

“¿Harás algo especial?”

“Ahogarme en mi desgracia probablemente”

Saliste de la conversación y seguiste en tu página principal.

Tu mirada quedó fija en una animación porno. Lo malo de que fueras una persona con varias aficiones y poca moral social para ciertas cosas era que tu inicio se llenaba de estas cosas muy a menudo. Podías estar leyendo una noticia muy seria y bajar para encontrarte con un adulto en pañales, o en este caso, porno.
Que más daba, era tu día. Que mejor que iniciarlo con una pequeña carga de dopamina.

Sabiendo que no había nadie en casa todo se volvía más divertido. Podías quitarte completamente la ropa y dejar la puerta abierta. Si no fuera por tu exceso de pereza, incluso de animarías a tocarte en el suelo de la cocina o el sofá de la sala de estar. Y lo más importante, podrías tomarte tu tiempo.

Empezaste a acariciar tu zona por encima de tu ropa interior. Solo bastó un poco para que empezaras a humedecerte por el tacto y el sonido del video que era más que nada un dirty talk. Luego alzaste tu camisón para dormir, dejando a la vista lo erectos que empezaban a ponerse tus pezones. Delicadamente te deshiciste de todo ello y fue cuando empezaste a ser un poco más brusca contigo. Movías tu mano desenfrenadamente y luego parabas. Un golpe a tu intimidad, seguido de otro y otro.

Dejaste todo por un momento para tomar algo de aire. Ahí abajo estaba siendo un desastre.

No pensaste mucho. Tomaste de nuevo el celular.

“Lo único que pido como regalo de cumpleaños es que alguien venga y me viole :c”

Publicar.

Gemiste al confirmar que se subió. Había dos posibles bandos ante esto: la gente que sabía que publicabas este tipo de cosas justo para incomodar y los pajeros que el algoritmo hacía llegar hacia ti. Cualquiera fue el público al que llegara te daba igual. Solo querías externalizarlo.

“¿Por qué querrías que alguien te viole? ¿Sabes cuantas personas han sufrido eso?”

Ah, el mismo tipo de los enigmas. Apretaste las piernas para seguir estimulándote de alguna manera.

“Solo es un fetiche sexual, todo consensuado, LOL”

“No sabía que eso podía serlo”

“Créeme, es de lo mejor”

Te saliste de ahí. No querías desperdiciar más tiempo. Volviste al video y terminaste de una buena vez.
Tus piernas temblaban ante el fuerte orgasmo. Dejaste salir fuertes gemidos al sentirlo apoderándose de ti, mientras te retorcías en la cama presionando tu clítoris.
Amabas como se sentía el desconectarte de todo por un minuto. Te pusiste en posición de estrella a la vez que intentabas recobrar un poco de respiración.
Solo después de unos minutos te avergonzaste de toda la situación, y como no, ya estabas en tus 5 sentidos. Tomaste el celular y viste que la publicación ya tenía interacción. Tus amistades virtuales comentaron cosas como “Que necesidad, estoy desayunando” “Te imaginé cogiendo y me vomité” y uno que otro morboso mostrando su verga que nadie pidió. Entre los likes estaba el mismo “enigma”.

Solo eso, que sobrio.
Reíste por toda esa interacción y eliminaste el post.

Solo media hora después estabas caminando a la cafetería más cercana. Nadie en casa había dejado siquiera una nota de feliz cumpleaños para animarte. Suponías que esperar incluso unos huevos revueltos era mucho pedir, así que preferiste salir a comer por ti misma.
Te movías en forma de media luna sobre tu asiento giratorio, ansiosa de recibir tus wafles. Ibas a menudo a esa cafetería, más cuando las cosas no marchaban tan bien en casa. Probablemente esa visitaba estaba ligada a ese motivo.

Sonreíste tan pronto tu desayuno estuvo frente tuyo y comenzaste a comer como si no lo hubieras hecho en días. La camarera de dio una pequeña sonrisa y siguió con lo suyo.
Otra mala costumbre con el celular: usarlo mientras comes. Respondías las felicitaciones que tenías en la mensajería, la mayoría de familiares. Algunos amigos preguntaban si harías algo en especial, pero la verdad es que, para este punto de tu vida, empezabas a creer que era un poco infantil reunirse a cantarte con el pastel. ¿Te gustaba? Carajo, claro que sí, pero tus padres no querrían tener a tus amigos ocupando casi todo el apartamento.

—Ou… —Bajaste la mirada. Una bola de helado con jarabe de chocolate había caído hasta tu pantalón. Tomaste una servilleta y empezaste a intentar limpiarte.
—Linda, solo lo esparcirás más. Ve al baño a lavarte.

—Tiene razón. —Suspiraste. —Ahora vuelvo.

Fue rápido llegar. Mojaste el área con un poco de agua luego presionaste con una toalla de papel. Tal vez sería mejor comer con una servilleta encima por ahora.
Te sentaste de nuevo en la barra del lugar. Cuando miraste hacia tu comida, había otro plato.

—Disculpa, yo no pedí esta rebanada de pastel.

Que rico. Era de chocolate con trozos de galleta, tu favorito.

La misma camarera se dio la vuelta y dejo a un lado de tus platos la cuenta. Pagada.

—Su tío pagó la cuenta por usted.

¿Tu tío?

—Eh… ¿está segura que era mi cuenta?

—Sí, mencionó que es por su cumpleaños. —Miró detrás de tu hombro. —Ah, es él, está sentado en aquella mesa.

Frunciste el ceño y giraste gracias a la silla. En efecto, había un hombre sentado en una de las mesas que había atrás de ti. Tomaste la rebanada y la cuenta.

—Disculpe, la mesera me dijo que usted pagó esto por mí.

—Sí, lo hice.

Total calma. Se encontraba resolviendo un crucigrama. A su lado, una rebanada de pay de calabaza y un café. No podías observar su rostro.

—No se preocupe, tengo para pagar mi desayuno. —Sacaste tu cartera. —Déjeme devolverle el dine…

—Es solo uno de mis regalos de cumpleaños.

¿Acaso escuchaste bien?

—¿Disculpe?

—Solo digo que es uno de mis regalos de cumpleaños.

Terminó el crucigrama. Dio un sorbo a su café y por fin reveló su rostro ante ti.

Unos ojos verdes oscuros que eran protegidos por unas gafas de armazón transparente, mejillas redondas que abrían paso a una pequeña sonrisa.
—Eh… ¿cumpleaños? ¿a que se refiere?

—Dijiste que hoy era tu cumpleaños. —Apretaste los labios sin entender nada. ¿Quién rayos era este tipo y como sabía que era tu cumpleaños? ¿cuándo tu dijiste eso? —En twitter, ¿recuerdas?
No jodas.

Dios no. No por dios. Rogabas que no fuera lo que estabas pensando.

Textualmente en tu cabeza apareció: “Lo único que pido como regalo de cumpleaños es que alguien venga y me viole :c”

Las personas que te odiaban deberían estar festejando ahora. Al fin eras víctima de tus propias decisiones.

Negaste levemente, en shock. Dejaste el plato y la cuenta en su mesa. —Perdóneme, con permiso.

No diste más de un paso. El tipo te tomó del brazo deteniéndote.

—¿Qué pasa?

—No se ofenda, pero no lo conozco. —Estabas a nada de decirle que la situación ya había empezado a darte miedo, pero no, estarías mucho más vulnerable.

—¡Pero si estuvimos platicando toda la noche! —Al notar tu incomodidad, se dio cuenta que ni siquiera se había presentado. —Soy… Riddlerone3000, ¿recuerdas?

Sentiste un alivio instantáneo. Claro, como si saber que este tipo era el mismo que simplemente no se había sobrepasado contigo hiciera alguna diferencia.

 

—¡Ah! Sí, lo recuerdo. —Su mano seguía sujetándote. Te estremeciste. —No pensé que vivieras en Gotham.

¿Qué mierda? ¡Claro que lo pensabas! Solo un vistazo a sus posts en contra de la política de la ciudad para saberlo.

Asintió. —Ahora, ¿comerás el pastel?

Fue incómodo, pero aceptaste. Te sentaste a su lado, saboreando el postre.

—Me gusta mucho este sabor. —Murmuraste un poco incómoda, sin dirigirle la mirada.

—Lo sé.

Todo venía en bombardeo. Claro, él era el mismo que no dejaba de interactuar con tu contenido, aunque no le respondieras.

Miedo.

Reíste muy forzosamente. Es más, eso estaba muy lejos de sonar a risa.

—Supongo que vives cerca, está cafetería no es tan famosa.

—Bueno, me gustan los wafles que venden aquí. Les ponen helado.

Levantaste la vista. Su mirada estaba fija en ti y en cada movimiento que dabas con total precisión. Sí, era lindo, muy tu tipo realmente. Nunca estuviste completamente interesada en los típicos chicos atléticos por las que la mayoría se moría.

—Y… ¿qué edad tienes? No te ves como alguien que me seguiría en alguna red social. —Intentaste sacar algo de plática para averiguar más de esta persona.

—Tengo 38 años.

Ah, perfecto, tal vez si era uno de esos locos que buscaba tener encuentros casuales con chicas más jóvenes.

—Ya veo. —Llevaste otro pedazo de pastel a tu boca. —Eres muchísimo mayor que yo.

Un pequeño escalofrío recorrió tu cuerpo al decir ello. Te llevaba mucho más allá de 10 años, ¿qué hacía alguien como el siguiéndote en twitter y, para colmo, invitándote el desayuno por tu día especial? Que casualidad fue que se encontraran justamente hoy. Él te dedicó una sonrisa cuando mencionaste la diferencia de edad. Te “acomodaste” en el banco y volviste a bajar la mirada.

—¿Acostumbras desayunar fuera en tu cumpleaños? —Cambió de tema.

—No. Solo hoy.

—Y veo que vienes sola.

Qué.

—No.

Eras muy mala mintiendo.

—Tal vez deba irme. —Murmuraste al sentir como tu cabeza empezaba a doler. Tal vez el exceso de azúcar como desayuno no había sido buena idea.

—¿Estás segura?

—Sí.

Ni siquiera volteaste atrás. Mantuviste tu mano en tu frente, como si eso fuera a bajar el dolor. Saliste torpemente de la cafetería, intentando orientarte. Un pasó mal dado hizo que casi cayeras, pero de nuevo, este tal “Riddlerone3000” había metido su mano.
Era lindo, si. Reíste muy boba. ¿Qué rayos estaba sucediendo? Eras estúpida, sí, un poco, pero, ¿por qué todo da vueltas? ¿por qué este tipo de está guiando? Tu casa ni siquiera esta de ese lado… ¿Dónde está la rebanada de pastel?

Hacía mucho que un dolor de cabeza no te daba ganas de desaparecer. Te revolcaste en la cama y gritaste sobre la almohada más cercana.

Frío. ¿Qué?

Te separaste y observaste a tu alrededor.

Esta no es tu habitación.

Y estás desnuda.

Te paras rápidamente, lo que te hace dar un grito de dolor. Solo sigue siendo la cabeza.

Buscas rastro de tu ropa pero no hay nada. No sabes por donde empezar.

Tu memoria esta lo demasiado nublada para hacer un recuento de los hechos. Tus extremidades se sienten flojas y tienes un nudo horrible en el estómago.

Te acercas a la manija de la puerta pero no abre.

Al carajo. Estas secuestrada.

El olor a humedad es casi insoportable. Te recordaba mucho a como olía tu ropa vieja luego de una temporada de 5 años en los cajones de tu abuela, multiplicado por 100.
Por más que quieras forzar más la puerta tu debilidad corporal no te deja. Te sientas en el borde de la cama, intentando buscar algo. Una ventana detrás de ti.
Puedes visualizar solo un poco, tu vista se intenta adaptar a la luz. Que las cortinas escondían hacía unos segundos. Das con la cafetería donde sueles desayunar cuando hay problemas en casa.
Cafetería, desayuno, problemas en casa.

Claro, hoy es tu cumpleaños. Dijiste que irías por unos wafles. Fuiste, ¿no?

Sí, fuiste. Perfecto, otro cabo atado. ¿Luego qué? Los comiste, algo de helado cayó sobre tu ropa. Mamá se molestaría, mejor vas a limpiarlo al baño cuando la mesera te lo recomienda. Vas, te limpias y vuelves.

El pastel.

¡Claro, el pastel!

Antes de formular otra cosa, se escucha como el cerrojo se mueve; hay alguien detrás de la puerta.

Te vuelves a acostar en la cama, tal como estabas hace unos segundos. Acomodas rápido una parte de la sábana para que la persona que entré no noté que estás despierta; eres una persona muy expresiva.

No sabías en donde dejar la mente. Querías seguir recordando que pasó después de ver el pastel en tu lugar, pero los recuerdos no llegaban. El sonido de unas pisadas inunda la habitación, cosa que te hace sentir escalofríos en todo el cuerpo, pero haces lo posible por no moverte. Todo tu cuerpo esta expuesto, y quien sea que esté contigo, es muy probable que lo este viendo.
La cama se hunde en medio, al ras. Aprietas los labios para no hacer ruido alguno, y menos cuando algo toca tu pierna.

Es frío, definitivamente no es piel, también se siente un poco rígido.
Luego, el mismo material toca tu otra pierna. Sí, es una mano, pero tal vez tiene guantes.

Te entraron unas ganas terribles de llorar en aquel momento, pero seguías resistiendo lo más que pudieras. Lo que crees que son manos cubiertas, suben hasta tu abdomen, estrujándote ahí, como si quien estuviera haciendo eso quisiera arrancar la grasa que alojas ahí. Inesperadamente abres los ojos completamente. Esa cosa te está mordiendo muy cerca del ombligo. Tus piernas se contraen ante el horrible sentir que eso te provoca.

—Estás despierta. —Es una voz completamente penetrante, profunda, tanto que te erizas más si eso es posible. No respondes, permaneces igual de dura. —Puedo sentirte diferente a como estabas hace rato.

Ah, no podía ser posible. Volvías a atar cabos. Sí estás desnuda, es porque él te dejó así. ¿Tal vez era una mujer? Muy poco probable, no creías que una podría hacer esto.
Con sus manos aún en tus piernas aprovechó en abrirlas. Que vergüenza, q,uien sea que fuera ahora estaba viendo toda tu vulva expuesta. Nunca nadie lo había hecho.

Sentiste una corriente de aire cerca de ella; la persona había acercado su rostro, podías percibir lo que parecía una respiración agitada en tus muslos.
Presionó su pulgar en tu clítoris. No aguantaste más y dejaste salir un gemido ante el tacto.

Mierda, empezabas a humedecerte, lo presentías muy bien. No era el momento, pero tu cuerpo no sabía eso. El simple tacto rígido sobre tus pliegues hacía que tu boca dejará salir pequeños sonidos como indicio de placer. Que culpable te sentías.

—¿A esto te referías cuando publicabas que te mojabas muy rápido por cualquier cosa? No pensé que fuera verdad.

¿Cómo sabía que tu hablabas de eso? Espera, ¿acaso es alguien de…?

Te quita la sábana que cubre tu cara, dejando a la vista tu rostro asustado, te ves tan indefensa así y él empieza a comprender porque te “gustaba” este tipo de sexo.

Esta persona tiene una máscara puesta que te da mucho miedo. Solo deja a la vista sus ojos protegidos por gafas. Lleva puesta una gabardina del mismo color de su máscara y los guantes que sentiste hace unos minutos. Te está observando como un cazador a su presa.

Lleva algo en su mano. Se acerca a ti y parece molestarse cuando retrocedes en la cama, por lo que te da un tirón para acercarte a él.

Estás demasiado asustada como para reaccionar. Te cuelga en tu pecho una banda rosa con la leyenda “Feliz cumpleaños” y en tu cabeza coloca con sumo cuidado un gorrito de fiesta; parece satisfecho con el resultado,

—Te ves muy linda así.

—D-Déjeme ir. —Lloriqueas abrumada. —Tengo, tengo que volver a casa.

—¿Para qué quieres volver ahí? Nadie se acuerda que hoy es tu día especial. Solo quiero cumplirte tu deseo de cumpleaños.

—¡N-No sé de que habla! —No espera a que digas algo más, deja caer la gabardina, revelando que no tiene más ropa debajo. Tiene la piel pálida y algunas cicatrices adornándola. Su verga ya se encuentra erecta y goteando.

No puedes evitar sentir una pequeña descarga en tu clítoris. Te cuesta admitirlo, se ve muy bien. Su tamaño incluso es más pequeño de lo que puedes esperar, pero en conjunto con su panza y el vello abundando allí te causa mucho deseo.

Te quedas atónita, fija en su miembro. Él lo nota y se coloca rápidamente encima de ti, acostándote en la cama y abriéndote de piernas.

Lo toma entre manos y empieza a restregarlo en tu coño, provocando un gemido en unísono; los fluidos de ambos han empezado a mezclarse.

No entendías ni un carajo lo que estaba sucediendo. Te secuestraron y ahora están a nada de abusar de ti. ¿Por qué no te estás defendiendo? En otra ocasión lo harías, ¿no es así? ¿Por qué inconscientemente quieres que pase?

Los ojos de tu contrario están en blanco. No puedes apartar la vista de ellos, son lo único visible que muestran cómo se está sintiendo.

No tarda mucho para que se introduzca dentro de ti. Tu rostro lleno de sorpresa parece que lo excita aún más. Empieza a moverse rápido, causando una fricción que se te hace completamente deliciosa. Tienes la mirada fija en como su verga entra y sale de ti, parece que estás hipnotizada por ello y a él lo pone muy feliz.

Por un momento alzas de nuevo la vista para observarlo, lo que hace que conecten de nuevo miradas. Mierda, todo estaba pasando muy rápido. Ni siquiera 10 minutos habían pasado de cuando despertaste a ahora que estabas follando con tu raptor.

Se veía tan peligroso con esa máscara. Cuantas veces te tocaste pensando en cosas como estás, de ti siendo cogida por alguien a quien no conoces, pero eran fantasías, ¿no? Te repetías a ti misma que nunca desearías eso en realidad, que equivocada estabas.

Dejó de moverse y se salió de ti, frustrándote. Bruscamente te dio la vuelta y se colocó encima de ti, alzando tu trasero.

Oíste como velcro siendo quitado. Viste como algo cayó cerca de tu rostro.

La máscara.

Se la había quitado.

Te morías por ver a la persona detrás de ella, pero tampoco te atrevías por el miedo que aún seguía presente, por más excitada que estuvieras. Sentiste algo húmedo sobre tu intimidad. Perfecto, te estaba comiendo.

Que feliz serías con un espejo en frente. Había uno de cuerpo completo a tu derecha. ¿Él sería tan amable de ponerte frente a él? Quieres observar bien como te ves siendo usada por alguien.
Mueve por todos lados su lengua. Succiona de vez en cuando pero no se despega de allí, ¿y tú? Gimiendo a todo volumen mientras aprietas las sábanas. Cuando él se separa por un momento te colocas, ahora si, frente al espejo. Te niegas a abrir los ojos, aún no quieres verlo, prefieres verlo cuando estés a nada de correrte; estás convencida que hacerlo así te asegurará el mejor orgasmo de tu vida.

Él ve tus ojos cerrados y decide colocarte detrás de ti. Puede verlos a ambos completamente en ese espejo que tanto había querido evitar toda su vida, pero por fin le encuentra un buen uso. Se introduce de nuevo dentro tuyo y vuelve a follarte con intensidad.

No sabe nada sobre tener relaciones sexuales. No es el tipo de hombre que se la vivía masturbándose, pero cuando lo hacía podía ser muy exigente. Con la ayuda de algunos videos porno pudo guiarse de lo que podría hacer contigo.

Esta fascinado viendo como te folla, como no estás poniendo resistencia. Recuesta una buena parte de su pecho encima de ti para poder penetrarte más duro y menos rápido.

Abres la vista ante esto. Puedes ver su cabello castaño claro, pero solo eso. Ahora si, te observas muy bien en el espejo, acción que te sonroja demasiado.

—Se siente muy bien. —Dejas salir. —Sigue violándome así.

No puede ser, lo dijiste, lo admitiste. Te estaba violando.

En la mañana… En la mañana bromeaste con eso. No podía ser que…

Por fin todo había llegado a tu mente. El recuerdo de la mañana.

El tipo de la cafetería que te pagó la cuenta. ¿Riddlerone3000? Él… te dio el pastel y luego empezaste a sentirte mal, mareada. Te guió fuera de y…

Volviste en si y miraste de nuevo el espejo.

Era él.

Lucía muy exhausto. Su boca estaba entre abierta y sus ojos en blanco. Las gafas que tenía se resbalaban y su fino cabello estaba pegado a su frente gracias al sudor.

El sonido del celular los desconcentro. Paró por un momento y lo tomó de su gabardina.

—Es tu madre.

Te lo dio, pero de nuevo volvió a penetrarte, siendo incluso más brusco ahora.

—N-Necesito contestar. —Balbuceaste al sentirlo de nuevo dentro tuyo.

—Hazlo mientras abuso de tu coño.

Puaj, otra descarga de excitación. Nerviosa, tomaste la llamada.

 

—¡Hasta que te dignas en contestar! ¿Dónde carajos estás? —Sonaba molesta.

—Y-Yo… eh… Salí a d-desayunar. —Que difícil era formular palabras mientras cogías.

—¿A esta hora? ¡Son las 4 de la tarde!

—S-Sí mamá. E-Estoy ocupada. —Una sonrisa boba se apoderó de tu rostro. Este tipo estaba llegando lo suficientemente profundo para tocar tu punto G.

—Te estamos esperando en casa. Compramos un pastel para celebrarte.

—T-Te digo que estoy… ocupada…

Colgaste abruptamente y lanzaste el celular. Dejaste escapar un fuerte gemido ante esto; muy complicado el no gemir cuando contestas una llamada.

El espejo te brinda por fin una vista espectacular. El hombre follándote en cuclillas, el gorro de cumpleaños de tu cabeza empieza a resbalarse.

—No pensé que este fuera el regalo que querías… —Río débilmente. —Y-Yo pensaba regalarte la secadora de cabello que habías posteado que querías, pero cuando subiste eso hoy, lo de la violación, no entendía…

Que envidia que él pudiera hablar bien aún con el lívido por los suelos.

—E-Es el mejor regalo que me han dado. —Murmuraste con una pequeña sonrisa. — Q-Quiero… u-uh… gemir tú nombre cuando terminemos…

—Me llamo Edward, Edward Nashton.

Tu sonrisa se hizo un poco más grande. —Señor Nashton, córrase dentro mío.

No lo pensó dos veces y aceleró un poco más su ritmo. Bajaste tu mano y empezaste a masturbarte rápidamente, deseosa de poder terminar.
Comenzaste a pensar en todo lo que te había llevado hasta aquí. Solo querías bromear mientras estabas excitada y él se lo tomó como algo literal. Él, Edward, era literalmente un señor. Alguien mucho mayor que tú te estaba follando, solo porque creyó que realmente querías vivir un abuso. ¿Eso lo convierte en verdad? Te drogó, te desnudó y se dejó ver con un disfraz escalofriante con la intención de que tuvieras miedo de la situación.

—V-Voy a… voy a…

—Por favor hágalo. Chillaste apretando más tus paredes vaginales.

Gritos guturales inundaron toda la habitación. Abofeteaste tu clítoris cuando por fin llegaste al clímax; tú también gemiste como loca al sentir como te llenaba a la par todo tu interior sin miedo.
Edward se alejó para observar como te había dejado. Tú culo seguía expuesto y completamente rojo por los azotes que te había dado, sus manos marcadas en tus caderas por el fuerte agarre. Tu gorrito de cumpleaños estaba a nada de caerse de tu cabeza y la banda estaba pegada a tu cuerpo por el sudor, y lo más importante, tu coño estaba hinchado y chorreando su esperma.

Ese fue el mejor regalo de cumpleaños que pudiste recibir en mucho tiempo.