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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-05-05
Words:
1,714
Chapters:
1/1
Comments:
7
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47
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Hits:
380

Adicto a vos

Summary:

Nunca un autógrafo había tenido un destino tan lindo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Es fin de semana, la luz cálida del atardecer ilumina la sala donde Jude mira un partido de tenis cualquiera, esperando a Franco, quien salió corriendo hace unas horas, alegando que llegaba tarde al turno programado con su nuevo tatuador.

 

Tratando de persuadirlo para que no lo deje solo, Jude se ofreció a acompañarlo, pero Franco le dijo que no hacía falta, que no hay nada más aburrido que estar horas mirando cómo a uno le pintan la piel.

 

 

 

Ahora mismo resopla aburrido y maldice a la pantalla. Su favorito va perdiendo, y el interés por el partido igual.

 

Jude cambia de canales hasta cruzarse con uno de videoclips musicales donde justo pasan a Gustavo Cerati, uno de los cantantes favoritos de Franco. 

 

Se cruza de brazos cual niño regañado.

 

Lo extraña.

 

Tal vez los cientos de apodos que le ponen sus amigos para molestarlo debido a su intensidad son acertados.

 

Pero él está profundamente enamorado. Es un hecho, ya lo asumió hace rato.

 

Y no pueden culparlo.

 

 

 

Como si su petición interna fuese escuchada, la puerta se abre y su novio aparece, pasando la vista por el lugar hasta encontrarse con el mayor.

 

Con su cabello, ahora rapado que remarcaba sus facciones y el pendiente que Jude le regaló cuando cumplieron meses, se quita el abrigo ligero y lo cuelga en el perchero junto a la puerta, revelando sus brazos envueltos en un cobertor especial para tatuajes.

 

 

—Hello, baby. ¿Cómo te fue? —baja el volumen del televisor, extiende el brazo para tomar la muñeca de Franco, sentándolo en su regazo y poniendo boca de patito para recibir el saludo habitual. 

 

– Hola. –el menor se deja caer sobre el otro y responde el beso – La sesión se hizo larga, pero valió la pena. Mirá. 

 

No eran tatuajes nuevos como tal, sino una sesión para agregar sombras, corregir detalles y remarcar aquellos que el tiempo ha desgastado un poco. 

 

– ¿Quedaron lindos, no? Ahora resaltan más. 

 

—Todo en ti se ve lindo, Fran.

 

 

Franco parlotea unos minutos, Jude lo escucha con atención, asintiendo o soltando monosílabos cuando es necesario.

 

Frunce el ceño y entrecierra los ojos cuando el menor halaga las habilidades del tatuador, Franco rueda los ojos, murmura un “tóxico” y continúa explicando el proceso de curación.

 

 

—Hurt much, baby? 

 

– No, no. Fue leve, casi te digo que extrañaba la sensación.

 

—Oh, mi novio es adicto a la tinta. So hot! —Jude se muerde los labios, la manos le pican y no puede evitar nalguearlo.

 

– ¡Ah, pará! –

 

–What? ¿Qué pasa?

 

El mayor lo pega más a su pecho, abraza su cadera y planta un beso en la curvatura de su cuello. Franco suelta una risita por las cosquillas.

 

 

– Bueno, ya que estaba ahí... Aproveché y agregué algo... 

 

—¿Otro tatuaje? –Franco asiente. Jude afloja el agarre tomándolo suave. —¿Impulsivo? —vuelve a asentir con un leve sonrojo asomando.

 

– Mmh, un poco sí. 

 

—No me sorprende. Let me see. 

 

 

Una cualidad que encanta a Jude, es que Franco es impredecible, que le surgen ideas alocadas, que es tan bueno en todo lo que hace y lo que se propone. Una cajita de sorpresas traída desde lejos que no quiere devolver. 

 

 

 

El ojiverde se pone de pie en dirección a la ventana, donde el atardecer deja lugar a la luz de la Luna.

 

Jude lo escanea con la mirada de pies a cabeza, atento a sus movimientos. Franco engancha los dedos anillados en el elástico del pantalón y lo baja unos centímetros. 

 

Ahí, sobre la parte baja y derecha de su cadera, en la piel blanca antes impoluta, ahora hay una marca de tinta, rodeada por un pequeño halo de piel enrojecida: su firma personal. 

 

 

JB

 

 

El mayor queda boquiabierto, se incorpora tan rápido que siente el corazón subir a la garganta. Su mirada viaja de los ojos contrarios a las finas y delicadas líneas. 

 

— Esa es mi... ¿de dónde la-?

 

– “Para Fran, my biggest fan. Su ídolo y ahora compañero, JB”

 

—No way! Todavía guardas el autógrafo? You’re joking?! ¿Cómo le gano yo a esto? ¿Qué ha-?

 

– Shhh... Hey, no es competencia, tonto. – Lo interrumpe, entrelaza sus manos con las del mayor y besa los nudillos uno por uno. – Yo sé cuánto me amás, me lo hacés saber cada día. Me nació hacerlo por-

 

—You're mad.

 

– Puede ser. – dice riendo y alzando los hombros en un gesto sin importancia – Y lo provocaste vos. – lo señala de manera acusadora. 

 

—Me? —Jude se levanta con una expresión divertida e incrédula, acunando el rostro de Franco con sus manos. —What have I done? Fallen for an extraordinary boy like you? –dice con ese acento que Franco adora escuchar.

 

– Sí, y no te vas a librar tan fácil. Ahora vas a tener que bancarme hasta el último de tus días, Jude Bellingham.  

 

—Sin dudarlo, Franco Mastantuono. I love you so so so much  —repite lo último tantas veces que el menor se obliga a poner el dedo índice sobre sus labios.

 

– Yo también, mi amor. Te amo tanto. – Sonríe radiante y se pone de puntillas para abrazar a Jude por los hombros, dejando un sonoro beso sobre sus clavículas, aspirando la fuerte colonia impregnada en su piel.

– ¿Y? ¿Te gustó o no? – Pregunta bajito, apenas audible.

 

 

El mayor besa castamente la coronilla de Franco, rozando sus dedos por el corto pero suave cabello del menor.

 

 

–Más que eso, baby. I loved. –responde

 

Sin vacilar Jude junta sus bocas en un beso tierno, con el pulgar acaricia su mentón y su huequito, que le gusta pellizcar cuando Franco hace pucheros. —Hermoso. My favorite, in my favorite place. 

 

– Todo tuyo. 

 

Vuelven a besarse, en un beso esquimal, ríen bajito y se miran a los ojos. 

 

Los verdes de Franco más intensos que nunca, como si un bosque entero naciera ahí. Los de Jude tan oscuros como la noche que se aproxima, con sus pupilas como un agujero negro. 

 

Franco siente que esa mirada lo puede abducir. 

 

Y sabe que cayó cuando Jude se quita la camisa de tirantes, lo abraza por detrás, pasando las grandes manos por todo su torso y quitándole su fresca camisa de lino. Ambas prendas perdiéndose en algún rincón de la sala.

 

Se mecen juntos al compás de un ritmo silencioso. Pecho y espalda encajando como piezas perfectas.

 

 

 

Por la mente de Franco pasa el fugaz deseo de presumir su acto de amor.

 

Las reprimiendas que le van a dar los superiores por revelar cosas respecto a su relación no puede importarle menos. No si demuestran al mundo que ellos se pertenecen el uno al otro. 

 

 

Miles la tienen en papel, pero yo la tengo para siempre en la piel.

 

 

Jude comienza un camino de besos, de lamidas, desde los hombros, pasando por el tatuaje de espiral, hasta bajar por su columna vertebral. Las manos firmes en las caderas impidiendo que Franco se voltee, obligándolo a solo mover su cuello, dejándolo expuesto para que lo bese. 

 

Franco intenta apresurar las manos de Jude para que le quite la prenda restante.

 

—Tan bueno. Tan mío. —dice el mayor, poniéndose de rodillas con una paciencia que al ojiverde le irrita.

 

– ¿Qué vas a hacer? 

 

—Analizar un poco más.

 

No admitiría en voz alta que el tatuador hizo un trabajo muy bueno. Le quedó prolijo, claro y auténtico, cada curva respetada en líneas fluidas.

 

 

– ¡Jude, Jude! ¿Me firmás? Acá atrás, de paso manoseame un poco. Soy tu fan número 1, por favor, por favor. – Dice Franco con tono de burla y voz chillona, suplicando con las manos. 

 

El mayor suelta una carcajada: —How am I supposed to say no to that pretty face?

 

 

Con un bolígrafo imaginario, simuló escribir la firma en ese instante, como si empuñara una varita mágica que realiza un hechizo, o como un artista firmando su obra finalizada.

 

Con el pecho rebosando de orgullo por ser parte de tal monumento, retira el pantalón acariciando sus piernas en el proceso, y lo arroja hacia quién sabe dónde. 

 

Acorta la distancia, y en la carne aun sensible, enrojecida, anteriormente penetrada por agujas, hunde los dientes.

 

 

– Jude, me los vas a... ¡Ah!... arrancar. – el dolor y la sorpresa sumado al despertar de su entrepierna.

 

El ojiverde lleva sus manos al tatuaje, rozando suavemente y sintiendo el húmedo relieve de la mordida sobre las letras.

 

Una idea pasa por su mente. 

Sonríe con picardía:

– Me la puedo tatuar también. 

 

Mirándose, Franco de pie y Jude aún de rodillas, este niega: —No. —su agarre ahora más fuerte— Prefiero que sea real. Hacerla yo mismo las veces que quiera. 

 

– Tenés razón, es buena idea.

 

—¿Y el tatuador tuvo que ver y tocar aquí? —Interroga, más irónico que enojado. Sabe que tuvo que hacerlo, pero valió la pena si dejaba en claro para quién iba dedicado.

 

– Sí, pero fue rápido. Reconoce tu firma. Sabe que me tatuaba el nombre de mi dueño. Mi único. – Franco se muerde la lengua y bate las pestañas en un gesto coqueto.

 

—Así debe ser.

 

Jude desliza su lengua por cada centímetro de sus glúteos, separándolos para enterrar su rostro entre el calor de su punto sensible. 

 

Se deleita un rato, embriagándose con el sabor y los sonidos obscenos que su novio suelta. Franco siente sus extremidades flaquear. 

 

Toma el cabello de Jude con fuerza, lo pega más a su piel.

 

 

– Seguí ahí, por favor... –refuerza el agarre y sube una pierna al sofá, dejando su intimidad más expuesta. 

 

Jude decide que no va a torturarlo, no lo merece, no después de semejante obsequio.

 

 

Continúa hasta que Franco ve las estrellas, grita su nombre y se desploma sobre el sofá cuando acaba. El corazón acelerado, el rostro con tonos carmesí, como si terminaran el peor de los entrenamientos.

 

 

Pasan unos segundos, Jude se relame los labios. Espera las palabras mágicas:

 

 

 

– Quiero seguir, mi amor... – pide con urgencia.

 

 

Jude suelta un gruñido, ayuda al menor a ponerse de pie y lo guía hacia la habitación con una lentitud casi asfixiante.

 

Los vellos de Franco se erizan al sentir la dureza del miembro de Jude. 

 

La frescura de la noche fue reemplazada por el calor que emanaba de sus cuerpos y el aliento de sus respiraciones, mientras pronuncian el nombre del otro, ciegos del placer.

 

Solo la tinta recién grabada siendo testigo y culpable del caos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El tatuaje va un poquito más abajo.🪄

Notes:

 

Me obsesioné con ellos jeje. Cada día entro a ver si hay algo nuevo. No aguanté mas y dije ya fue, deliremos un rato. 🫃🏻🙏🏻 Perdón por cortar el coito pero no me sale. Ahhh pero para leerlo 🤑